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Las democracias deben identificar a Cuba y Venezuela como agresores por Carlos Sánchez Berzain – Panampost – 25 de Noviembre 2019

Los gobiernos democráticos han ignorado las capacidades e historial criminal de Cuba

El espacio dejado vacío por la inacción en la recuperación de la democracia en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia (que se está liberando sola), ha sido llenado por la agresión del castrochavismo.

Con la caída del dictador Evo Morales en Bolivia el castrochavismo se ha reducido a detentar el poder en Cuba, Venezuela y Nicaragua, mas la subordinación de México y de los Fernández/Kirchner de Argentina. Ejecutan su ofensiva contra la democracia en toda la región, utilizando conspiración y violencia y una extensa red de propaganda internacional. Los países víctimas tratan la agresión como un tema de política interna lo que da más ventaja a Cuba y Venezuela que deben ser identificados por las democracias como los agresores.

En el siglo XXI hay DOS AMÉRICAS, la democrática y la dictatorial. El eje de confrontación es entre DEMOCRACIA y DICTADURA. La América dictatorial liderada por Cuba e integrada por Venezuela y Nicaragua está en crisis, en quiebra, en evidencia de ser narcoestados, con el permanente y creciente riesgo de perder el poder por la heroica resistencia interna de sus ciudadanos como acaba de suceder en Bolivia. Los crímenes de las dictaduras son señalados internacionalmente y soportan un creciente conjunto de medidas ejercidas fundamentalmente por Estados Unidos, Canadá y en menor grado por la Unión Europea.

Para sobrevivir, el castrochavismo que es la América dictatorial, desarrolla una estrategia que consiste cuanto menos en: 1.- aumentar la represión interna en Cuba, Venezuela y Nicaragua mostrando su condición de regímenes de facto, sostenidos solo por la fuerza; 2.- incrementar sus acusaciones y ataques a los tan imprescindibles —como falsos— enemigos externos que identifica como “el imperialismo” y “la derecha”; 3.- articular alianzas con quienes considera enemigos comunes del imperialismo y la derecha; 4.- desatar una ofensiva regional violenta para desestabilizar y derrocar gobiernos democráticos, repitiendo la metodología aplicada desde los sesenta hasta la desaparición de la Unión Soviética.

En esta realidad objetiva, llama la atención la posición de los gobiernos democráticos atacados por el castrochavismo, que han entrado en esta fase de agredidos y víctimas luego de un largo periodo de inercia e inacción, ausente de iniciativas efectivas respecto a la situación de la usurpación en Venezuela y el intervencionismo de Cuba. Han sido la falta de decisiones concretas en cuanto a las dictaduras de Cuba y Venezuela, de parte de los miembros de la Organización de Estados Americanos, del Grupo de Lima y recientemente del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca lo que ha permitido la agresión desestabilizadora que se vive hoy, que los voceros del crimen organizado llaman “brisa bolivariana”, confesando crímenes premeditados que las democracias siguen resistiendo señalar.

Los gobiernos democráticos han ignorado las capacidades e historial criminal de Cuba. Con Venezuela, mas allá de reconocer al Presidente Encargado, no han hecho mucho para ayudar a que Guaidó ejerza efectivamente esa Presidencia, mediatizada por un sistema de asamblea tejido por los partidos políticos con el tristemente celebre “estatuto para la transición” aprobado para evitar que Guaidó se convierta en un formidable líder para las elecciones en democracia. No han tomado medidas diplomáticas, comerciales o de seguridad respecto al régimen usurpador de Venezuela y menos a su titiritero el régimen de Cuba, lo que equivale a ignorar medidas preventivas para evitar el ataque que ahora se produce contra su propia estabilidad social y política.

El espacio dejado vacío por la inacción en la recuperación de la democracia en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia (que se está liberando sola), ha sido llenado por la agresión del castrochavismo en una acción inversa que vemos en operación contra Ecuador, Chile, Colombia, la Bolivia de la transición a la democracia y más. Los gobiernos agredidos han reaccionado expulsando operadores cubanos y venezolanos y en el caso de Ecuador y Bolivia suspendiendo relaciones con Venezuela y cortando algunos programas con Cuba que permitían la infiltración, pero siguen permitiendo la amenaza y la conspiración bajo cobertura diplomática.

Los gobiernos democráticos de América Latina parecen dominados por la propaganda de “solidaridad con Cuba”, controlados por la falacia de la “revolución cubana”, o paralizados por la “diplomacia de la amenaza”. Es claro que el agresor en jefe es Cuba con su principal operador la usurpación de Venezuela, manipulando narcotráfico, las FARC y grupos delictivos. Es tiempo que identifiquen a Cuba y Venezuela como agresores.

Carlos Sánchez Berzain es abogado experto en derecho constitucional, master en ciencia política y en sociología, politólogo. Miembro fundador del Ateneo Jurídico Boliviano y director del Interamerican Institute for Democracy. También se desempeñó como ministro de Estado (1993-94 y 2002-03), ministro de Gobierno (1994-96 y 1997) y ministro de Defensa (2003) de Bolivia.

¿Qué nos enseña Bolivia? por Alfredo Michelena – El Nuevo País – 12 de Noviembre 2019

La salida de Evo Morales del poder es un hecho que debe hacernos reflexionar sobre  algunas ideas que siguen acechando a la oposición y otras críticas que a la luz de estos hechos comienzan a carecer de sentido o al menos a verse en otra perspectiva.

Golpe o renuncia

Maduro y la izquierda han condenado el “Golpe de Estado” a Evo Morales; pero como tal no fue un “golpe” formalmente hablando. Evo renunció. En realidad no renunció, lo renunciaron al sugerírselo públicamente el comandante en jefe de la institución castrense y el de la Policía Boliviana-“la cual se aceptó”-.

Al observar la reciente historia del país mediterráneo vemos que Evo había violado sistemáticamente las leyes y la constitución para mantenerse en el poder.  En 2007 impone su constitución a troche y moche;  en 2014 contra lo establecido en ella va a reelección para un tercer período, argumentando que el primer período no contaba pues era con otra constitución –lo mismo sucedió con Chávez-; pierde referéndum en el que solicitaba  una nueva reelección, pues era su derecho humano–  eso mismo argumentó  Chávez-  y lo desconoce; y finalmente hace trampa en estas últimas elecciones. Así que hablar de la legalidad o constitucionalidad o legitimidad de origen de Morales en el poder, es harto difícil. De modo que estando en el poder ilegal e inconstitucionalmente, no aplica lo del Golpe de Estado.

 ¿Por qué Bolivia?

De los países que cayeron en la órbita del castrochavismo,  Bolivia fue el que logró los mejores índices socioeconómicos.  En la última década, el PIB per cápita boliviano subió de US$ 1.994 a US$3.720, es decir creció casi 90%, siendo el segundo entre los países latinoamericanos. Y si se ajusta por la inflación creció un 50%. La Bolivia de Evo triplicó el PIB del país. La pobreza extrema se redujo de 38,2% a 15,2% y la clase media subió de ser un cuarto de la población a ser dos tercios de ella.

Las políticas económicas de Evo se parecieron más a las de los socialdemócratas que a las de los chavistas. Nacionalizó el petróleo y el gas – en el marco de acuerdos con el FMI y del Banco Mundial- y creó su propia industria nacional: Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Y aunque al comienzo fue muy hostil con el empresariado, en los últimos años lograron ciertos acuerdos. Claro que luego de la baja de los precios de las materias primas, la economía boliviana se ha resentido y ha aumentado el gasto del Estado, han bajado las reservas y ha crecido la deuda del país.

En realidad Bolivia ha mejorado incluso más que muchos países latinoamericanos, y todo parece indicar que  a pesar de que en los últimos años la economía sintió el impacto de una recesión internacional de los precios, últimamente  se venía recuperando. Por esto, lo que pasó en Bolivia no es necesariamente atribuible sólo a lo económico, ni incluso a socioeconómico, pareciera que es lo político lo que tomó preponderancia.  Empero, en esto la percepción de la realidad es más importante que los datos fríos que hemos presentado.

 Fracturar el bloque en el poder

En lo político Evo siguió el manual del castrochavismo al promover el silenciamiento de los medios independientes y periodistas críticos, acosó a sus opositores y trató de polarizar y dividir al país.  Pero…

En Venezuela la pajarera (Twitter) autóctona comenzó a comparar lo sucedido en Bolivia con nuestro proceso político. Y muchos han barajado una serie de críticas a nuestros líderes. Pero el asunto es que son dos casos distintos de los que podemos sacar conclusiones pero no lineales y simples.

Comencemos por decir que la oposición venezolana con base a unas enormes manifestaciones populares, sacaron a Chávez del poder (2002). Otra cosa es que las divisiones internas entre grupos, más que todo empresariales, permitieron su vuelta.  Así que: ¡ojo Bolivia!, hasta ahora sólo está hecho la mitad del mandado.

Hemos repetido una y otra vez que lo clave para salir de la dictadura de Maduro y sus compinches es fracturar el bloque en el poder;  dictadura, que hemos llamado “pranato” por su carácter delincuencial.

Esta fractura sucedió en Bolivia cuando la cúpula del ejército y la policía le pidieron la renuncia a Evo Morales – ¿les recuerda esto algo?-.  Recientemente aquí esto se ha vuelto a intentar, esta vez  sin mucho éxito. Lo que no quiere decir que no pueda suceder. Eso de que hacer lo mismo y esperar un resultado diferente es incoherente, no se aplica en política, pues las fuerzas y las circunstancias pueden haber cambiado. Claro que la diferencia con Bolivia  es que desde el comienzo, Chávez como militar corrompió y cooptó al ejército, y Cuba le brindó el apoyo necesario para purgarlo. Pero de nuevo, con el debido estímulo y en un cambio de circunstancias, la fractura puede suceder.  Recordemos la teoría del cisne negro.

“Seguid el ejemplo que Bolivia dio”

“Es la calle la que tumba gobierno”, es una conseja bien extendida. Y en realidad pocas comprobaciones sostienen esa propuesta. Lo que sí puede hacer la calle, es poner al poder y en especial poner al poder las armas en la coyuntura de tener que reprimir y sentir que la represión no va a parar a los manifestantes y va a poner el peligro las prebendas de la institución y de sus integrantes.  No se trata de solo ir  todos los días al mismo sitio a manifestar; se trata de avanzar sabiendo ambos bandos que el costo en vidas humanas es alto. En otras palabras no basta con pelear en Altamira o Chacaíto una y otra vez,  si no se avanza. Lo de Bolivia fue masivo e ininterrumpido por tres semanas y puso al ejército y la policía en la disyuntiva de masacrar al pueblo o no. Y esto facilitó el quiebre.

También hay que descartar eso de que “dictadura no sale con votos”, pues es claro y evidente que Evo salió a partir de unas elecciones que se sabían de antemano amañadas y difíciles de ganar, y que incluso Evo pudo haber ganado.  El asunto es que esas elecciones provocaron una serie de incidentes que quebraron al grupo en el poder.

Otro dato importante es que si bien la comunidad internacional no ha actuado en Bolivia tan masivamente como en Venezuela, el contexto internacional le era definitivamente contrario. Pero especialmente,  la participación de la OEA con una misión de observación y la denuncia hecha, cuando afirmó que no podía validar el resultado oficial de las elecciones, fueron claves para dinamizar el proceso que terminó con Morales fuera del poder.  Incluso la  empresa auditora Ethical Hacking, contactada por el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE) consideró que el proceso electoral estuvo viciado de nulidad.

Los venezolanos podemos sacar muchas conclusiones de estos hechos y valorar el esfuerzo que hemos emprendido para sacar a la camarilla castrochavista del poder.  Una manera de saber si hemos entendido y aprendido de lo sucedido en Bolivia,  es la actitud de la población y los líderes (e influencers ) sobre la convocatoria del 16N.

Connect the Dots by Carlos Alberto Montaner – LatinAmerican Herald Tribune – 25 de Agosto 2019

“The Venezuela of Nicolás Maduro only survives thanks to the sinister help of Havana’s intelligence and counterintelligence,” writes Latin American genius Carlos Alberto Montaner. “The ideological issues have taken a back seat and the countries of the “Socialism of the 21st Century” – Cuba, Venezuela, Nicaragua and Bolivia – are dedicated to drug trafficking, extortion, murder, torture and imprisonment or exile of opponents.” 

It all happened last Thursday. It’s just a matter of collecting the data and drawing the conclusions. In their enviable language of synthesis, Americans call it “connect the dots.”

The Wall Street Journal published on its first page that the U.S. government spoke with the anti-Maduro factions of the Venezuelan regime. They were referring, first, to Diosdado Cabello. The main author of the information was José de Córdoba, a distinguished journalist who would not risk his reputation in a sensational hoax.

Cabello is an accomplished businessman willing to sell his grandmother’s corpse to McDonald’s. That is perfectly well known to Washington strategists, especially Mauricio Claver-Carone, the principal adviser of the White House for Latin America, or “Comeniños” (Child-eater) as Maduristas call him in their paranoid clandestine jargon.

Simultaneously, Reuters published an extensive analysis of military relations between Cuba and Venezuela. The paper was based on two documents signed between Caracas and Havana that demonstrate something that the academic María Werlau has said and explained a thousand times – the Venezuela of Nicolás Maduro only survives thanks to the sinister help of Havana’s intelligence and counterintelligence.

That night on Thursday, August 22, a book was presented in Miami at the headquarters of the Interamerican Institute for Democracy. The book is titled Castrochavismo and was written by the Institute’s Executive Director Carlos Sánchez Berzaín. Its subtitle reveals and summarizes the content of the work: “Organized Crime in the Americas.” At the same time, it suggests how to deal with this criminal phenomenon – resort to the Palermo Convention to fight the mafias.

CSB argues that the ideological issue has taken a back seat and the countries of the “Socialism of the 21st Century” – Cuba, Venezuela, Nicaragua and Bolivia, since Ecuador left the cartel after the election of Lenin Moreno – are dedicated to drug trafficking, extortion, murder, torture and imprisonment or exile of opponents.

These activities, which include, if necessary, the creation of “functional oppositions,” are hidden behind a false democratic mantle creating the first “electoral dictatorships with leftist language” in the history of the continent.

Cuban foreign minister Bruno Rodríguez denies (uselessly) that Cuba has phagocyted Venezuela. How can Cuba be the head of that setup if it is a very poor nation, totally unproductive, eight times smaller, from which all those who can flee, which has lived attached to the USSR, to Venezuela, and survives renting professionals abroad or from the crumbs of the remittances sent by their hundreds of thousands of emigrants?

Simple, Cuba learned from the USSR how to control a country with its military. Between 1960 and 1963 some forty thousand Soviet intervention agents helped build the Moscow satellite of Cuba. In addition, when the Soviet subsidy disappeared in 1991, Cuba developed a system of government that mainly benefits the uniformed leadership – the “Military State Capitalism.”

Cuba had it all: the ideological rhetoric, the economic system, the satisfied operators (the military commanders), who guaranteed that power would continue to be held by the ruling elite. Naturally, “the Cuban model” meant the progressive impoverishment of the country and the “pauperization” or “Haitianization” of the base of material support, but those circumstances were of no importance to those who ruled. They could live in an artificial bubble of comfort and resources.

But the most serious part of this nightmare of poverty and brutality is that the “Cuban model” has to grow at the expense of other societies. Cuba needs to export its revolution in order to survive. That was the Cuban goal of the Sao Paulo Forum. The merchandise it offers in return is its own example – sixty years of tight control of a poor people who have lost any vestige of freedom.

I hope Latin America reacts and is able to “connect the dots.” Their lives depend on it.

Votar por opositores funcionales en dictadura electoralista es votar por el dictador por Carlos Sánchez Berzaín – Infobae – 18 de Agosto 2019

Las dictaduras delincuencia organizada transnacional de las Américas que controlan Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, son «dictaduras electoralistas». Realizan elecciones en las que se vota pero no se elije, pues están manipuladas para que los detentadores del poder lo retengan indefinida e impunemente.  Participan opositores que el régimen permite, con la función de legitimar la farsa, llevando al pueblo a la situación en la que al votar por opositores funcionales votan por la permanencia del dictador.

Las dictaduras castrochavistas de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua son además dictaduras electoralistas porque son regímenes que «por la fuerza o la violencia concentran todo el poder político en una persona o en un grupo, reprimen los derechos humanos y las libertades fundamentales y utilizan las elecciones como medio de simulación y propaganda para mantenerse en el poder»,  con el sofisma de revolución o movimiento popular.

El castrochavismo reduce su falsificación de democracia a manipular elecciones que no son libres ni justas, ni respetan el voto universal como expresión de la soberanía popular. Buscan legitimidad democrática por suplantar la voluntad popular en procesos electorales que son una cadena de delitos, mientras violan los derechos humanos, mantienen presos y exiliados políticos, sin estado de derecho y sin división ni independencia de los órganos del poder publico.

Los crímenes de las dictaduras castrochavistas en materia electoral son denunciados y están en evidencia desde hace muchos años, pero inexplicablemente el Secretario General de la Organización de Estados Americanos Luis Almagro reconoce como democracias a Nicaragua y Bolivia, incurriendo en el doble estándar ya que por las mismas condiciones ha calificado correctamente -luego de cuatro informes- como «dictadura total a Venezuela» y declarado públicamente como «dictadura jinetera a Cuba».

Que en las dictaduras electoralistas se vota pero no se elije, está demostrado por procesos electorales preparados solo para que el dictador y su régimen permanezcan en el poder. Pueden ser «candidatos de oposición» los que el régimen permite, pues muchos potenciales candidatos, líderes democráticos y cívicos son presos políticos, están exiliados o son inhabilitados, quedando los que pactan o aceptan ser «candidatos funcionales» que hemos definido como «opositores de mentira», aceptados y «autorizados por la dictadura que los diseña y organiza atendiendo la facilidad, utilidad y comodidad de su empleo».

El éxito de la oposición venezolana para poner en evidencia la dictadura castrochavista de Nicolás Maduro en las elecciones de Mayo de 2018 y luego probar la condición de «usurpador» del dictador consistió en no participar de tales elecciones. El dictador manipuló candidatos funcionales pero los crímenes fueron tan públicos y notorios que hoy cerca de sesenta países han desconocido al usurpador Maduro y reconocen como Presidente de Venezuela a Juan Guaidó.

Si la oposición venezolana hubiera participado de las elecciones de Mayo de 2018, hoy Maduro estría posesionado para un nuevo mandato legitimado por  la presencia en las elecciones de una oposición que además habría sido derrotada a puro uso de fraude electoral, como en anteriores elecciones. La no participación es no complicidad, es no legitimación y ha permitido a Venezuela avanzar muy cerca de terminar con la usurpación de la dictadura electoralista de Maduro.

En dictadura electoralista lo que se diputa con el régimen no es la legalidad sino la legitimidad.  La legalidad dictatorial está toda construida, controlada y manipulada por el régimen que hace y cambia sus «leyes infames» a su conveniencia y las aplica a mansalva con sus jueces y tribunales prevaricadores.  La legitimidad es «lo lícito, lo justo, cierto genuino y verdadero en cualquier línea», lo permitido según la justicia y la razón. Las dictaduras electoralistas se legitiman con la participación de opositores funcionales. Sin candidatos opositores no hay legitimidad.

En este escenario, los votantes que convencidos de la falta de democracia y de la existencia de dictadura terminan siendo convencidos que votar por un candidato opositor debilita al dictador, cuando lo que en verdad hacen es legitimar al dictador, porque en una dictadura electoralista votar por un opositor, por cualquier opositor funcional es lo mismo que votar por el dictador, ya que cumple el objetivo estratégico que busca la dictadura.

 

Foro de San Pablo, el disfraz político de la delincuencia organizada por Carlos Sánchez Berzain – Infobae – 21 de Julio 2019

Foro de San Pablo, en la reunión del 2016 (laprensagrafica.com)

Foro de San Pablo, en la reunión del 2016 (laprensagrafica.com)

El Foro de San Pablo presentado como un espacio de debate de los partidos y organizaciones de izquierda latinoamericana cumple en los hechos el rol de instrumento para dar condición de políticos a los detentadores del poder en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, a los que ya fuera del poder buscan impunidad, y a quienes conspiran contra los gobiernos democráticos de las Américas. Fue creado y es operado como una herramienta de la dictadura cubana para ejecutar su estrategia de politizar sus acciones criminales y desestabilizar a quienes representen una amenaza o no sean amistosos. Es el disfraz político de la delincuencia organizada transnacional que usurpa la acción y el poder político.

Autoproclamado como foro de partidos y grupos de izquierda, el Foro de San Pablo fue creado por la dictadura castrista de Cuba con el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil para debatir sobre los efectos de la caída del Muro de Berlín. Lo que sucedía era que la dictadura de Cuba se quedó sin el soporte económico de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y sin discurso político por la victoria del capitalismo sobre el comunismo. En ese escenario, Castro implementó un instrumento político de sobrevivencia con el Foro de San Pablo, que fue prácticamente intrascendente hasta que en 1999 Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela.

Chávez en la Presidencia de Venezuela tiene como acción inmediata su alianza con Fidel Castro que produjo la recreación del castrismo bajo nombres de movimiento bolivariano, alba o socialismo del siglo XXI, hoy señalado como “castrochavismo”. El siglo XXI en Latinoamérica está marcado por el destrozo de la democracia, la violación de derechos humanos, el establecimiento de dictaduras, la corrupción, los narco estados, presos y exiliados políticos, crisis económicas de los países controlados por el catrochavismo, ruina institucional y mas, hasta llegar a la crisis humanitaria de Venezuela.

Durante los últimos 20 años el Foro de San Pablo ha sido uno de los principales instrumentos para que la alianza delictiva, conspirativa y antidemocrática de Chávez y Castro tenga aspecto de política. Reivindica como parte de sus logros la expansión de lo que llama gobiernos de izquierda como los de Lula da Silva en Brasil, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, Morales en Bolivia, los Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Funes en El Salvador, Humala en Perú, Fernández de República Dominicana y otros, hasta Nicolás Maduro en Venezuela.

Como ejemplo, el escándalo de corrupción conocido como “lava jato” en Brasil y “Caso Odebrecht” en el mundo, resulta parte de la contribución del Foro de San Pablo a la creación y encubrimiento del sistema de “delincuencia organizada transnacional” que es el castrochavismo. El caso Odebrecht se describe como la “investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos junto con otros 10 países de América Latina sobre la constructora brasileña Odebrecht, en la que se detalla que la misma habría realizado coimas de dinero y sobornos a presidentes, ex presidentes y funcionarios del gobierno de por lo menos 12 países”.

Lo que falta recordar es que el sistema Odebrecht se basó en recursos federales de Brasil operados por el gobierno del PT. Los gobiernos del sistema del Foro de San Pablo y luego gobiernos amigos, accedían al crédito de Brasil manejado por Lula da Silva y el gobierno del PT para obras que debían ser construidas por empresas brasileñas. Los contratos se firmaban entre las empresas brasileñas y el gobierno deudor, el gobierno de Brasil pagaba a las constructoras y Odebrecht repartía las coimas. Entre los líderes del Foro de San Pablo la premisa era que “nunca mas falte dinero” en alusión a los años noventa que consideran la década perdida.

El Foro de San Pablo certifica que es el disfraz político de la delincuencia organizada en su declaración de La Habana de 2018 en la que sobre el slogan “hasta la victoria siempre” politiza -entre otros- los actos delictivos de Nicolás Maduro, los crímenes de Daniel Ortega, califica de persecución política la acción de la justicia contra Rafael Correa y de golpes parlamentarios o judiciales la vigencia del estado de derecho, respalda la cuarta candidatura consecutiva de Evo Morales, defiende los cultivos de coca, encubre y justifica la violación de los derechos humanos del pueblo de Cuba y llama a la conspiración contra las democracias con el sofisma de que la puesta en evidencia de las dictaduras y la lucha de los pueblos contra su opresión “impone un ejercicio practico del internacionalismo mutuo entre todas las fuerzas de izquierda de América Latina”.

Cuba gana una vez más la partida por Elizabeth Burgos – Un Nuevo País – 9 de Mayo 2019

Cuba gana una vez más la partida. Crea los conflictos bélicos y luego negocia la paz.

A raíz de los acontecimientos del 30 de abril en Caracas, el viernes pasado tuvo lugar una reunión de emergencia del Grupo de Lima, al término de la cual los cancilleres acordaron invitar a Cuba y al Grupo de Contacto Internacional (GPI) a participar “en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela”.

Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar. Muchos alegaron su sorpresa ante una decisión que interpretaron como una anomalía al no comprender cómo Cuba, siendo origen del problema, se convierta, de la noche a la mañana, en mediador del conflicto.

No es la primera vez que por parte de la oposición se expresen decisiones que, a falta de explicaciones, sorprendan o sumerjan en la perplejidad a la opinión pública, dejando el espacio a las elucubraciones periodísticas, a los campeones del teclado, o a los expertos en manipulación. Es preocupante porque, de repetitiva, muestra una tendencia que ya aparece como algo estructural, que resta credibilidad y genera más angustia de la que ya vive la población del país.

Ante la avalancha de reacciones que causó la noticia, Julio Borges, representante diplomático del presidente interino Juan Guaidó ante el Grupo de Lima -que según los testimonios que han ido apareciendo tuvo un protagonismo importante en el montaje de los acontecimientos del 30 de abril- intentó dar una explicación a propósito de la invitación a Cuba. Haciendo gala de su estilo, nunca claro, afirmando algo que inmediatamente relativiza, declaró que a Cuba no se le invitó, sino que se le hace venir para presionarla y para que acepte abandonar Venezuela. Ahora bien, es poco creíble que un responsable político serio crea que pueda atraer, para mejor combatirlos, a profesionales que tienen sesenta años de experiencia conspirativa y de intervención en los asuntos internos de varios países del mundo, como es el caso del régimen cubano.

En cambio, en Cuba, sí comprendieron el mensaje cursado por el Grupo de Lima, que cuesta creer no haya sido hablado con anterioridad con las autoridades de la isla, debido a la celeridad de la respuesta del gobierno cubano que suele tomarse su tiempo antes de tomar una decisión que  comprometa al régimen.

El primero en responder de inmediato fue el propio presidente Miguel Díaz Canel, nada menos que desde Canadá donde causalmente se encontraba. Informó por medio de su cuenta Twitter que sostuvo una conversación con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en la que “enfatizó la necesidad de diálogo con Nicolás Maduro, basado en el respeto a la soberanía de Venezuela y al Derecho Internacional sin amenaza ni intervención extranjera” (sic). Por su lado, Canadá publicó un comunicado el mismo viernes, subrayando que ambos -Díaz Canel y Trudeau- buscaron la forma de “trabajar juntos para encontrar una solución a la crisis”. Si analizamos la reacción cubana, ésta se dirige a la comunidad internacional y de ninguna manera se digna a responderle al Grupo de Lima. Cuba acudió a Canadá, el representante del “primer mundo” en el Grupo de Lima, con el que Cuba mantiene relaciones privilegiadas desde siempre. Díaz Canel dejó muy claro que participará en las negociaciones de la mano de ese aliado poderoso, un país del norte, potencia económica: nada de mezclarse y ponerse a nivel de países subalternos del sur.

Inmediatamente llegó la declaración, también por medio de Twitter, del canciller Bruno Rodríguez desde La Habana, quien puntualizó que Cuba “contribuirá a la solución de las diferencias a través del diálogo respetuoso de la igualdad soberana de los estados, basado en el Derecho Internacional, la no amenaza de la fuerza, ni la intervención extranjera”.(sic)

Pero el que aparece como el “cuadro” de mayor nivel de la diplomacia cubana, y aparentemente será el encargado de monitorear esa delicada tarea, parece que será el director para Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío. Este es un diplomático de alto nivel que se expresa en un inglés impecable, y en un español que no tiene ni asomo del acento de origen popular de los cubanos que “le deben todo a la revolución”. Se ve que la diplomacia cubana escogió para esta escena a Nueva York y la redacción de «Bloomberg» -grupo mediático ligado al mundo financiero. Al igual que el presidente y el canciller, Fernández de Cossío condicionó la “ayuda” de Cuba para “negociar un final pacífico” a la presencia de Nicolás Maduro en la mesa de negociaciones. Puntualizando que “no es ni Cuba ni el grupo de Lima los que deben decidir quién es el líder de Venezuela”. Léase, no es el grupo de Lima, es Cuba quien lo decide. Hay que destacar los diferentes escenarios escogidos para dar su asentimiento a participar en las negociaciones en las que se va a decidir el destino de Venezuela: Canadá, La Habana, Nueva York.

Hasta ahora, Venezuela ha conocido la versión militar/policial del castrismo que éste ha venido aplicando desde que Hugo Chávez le cedió la soberanía de Venezuela a Fidel Castro. A partir de ahora, se enfrascará en un ciclo que será largo, en el que conocerá la versión diplomática del castrismo; materia, que, al igual que en la militar/policial, tiene grado de excelencia.

Si durante los veinte años de castrochavismo Cuba impuso el lenguaje militar (misiones, comandos, campaña), le llegó la hora al lenguaje aséptico diplomático. Esperemos que el Grupo de Lima esté consciente de enfrascarse en un período de negociaciones de duración incierta. Lo más seguro es que se extienda más allá de lo que se imaginan las partes involucradas en el proceso. Deberían recordar el tiempo que duraron las negociaciones de Angola hasta que las tropas cubanas abandonaron ese país, y, las de las FARC, realizadas en La Habana bajo la égida del poder castrista, las de Guatemala durante la crisis centroamericana, que se extendieron durante diez años.

No es reciente la idea de que Cuba sea considerada como la mejor opción para resolver el conflicto venezolano. Varias veces el “New York Times”, vocero por excelencia del poder cubano, ha manifestado esa opción en diversas  ocasiones.

El castrismo es, ante todo, una estructura de poder militarizada, no por ello no deja de contar con cuadros diplomáticos de alto nivel, curtidos, en particular, en el marco de sus actividades en la ONU. En ese entorno internacional han desplegado sus cualidades de seducción y han utilizado el inmenso prestigio que le otorga su condición de “enemigo por excelencia del imperio”; liderazgo que no se priva ejercer ante los países que profesan el mismo resentimiento. En lo tocante al “imperio” mismo, han logrado construir redes de apoyo en los más variados medios oficiales, académicos, religiosos, hasta haber logrado la proeza de infiltrar a la CIA. Y no sólo eso, sino que, durante 16 años, la experta en materia de política cubana en el Pentágono trabajó para los servicios cubanos, orientando sus informes a favor del régimen cubano, determinando así la política de Washington hacia la isla; de allí la drasticidad de la nueva política americana hacia la isla.

Si ya Venezuela ha comprobado en la práctica el profesionalismo de los servicios de inteligencia, de los expertos militares y hasta de los torturadores cubanos, ahora tendrá la experiencia del profesionalismo de sus diplomáticos. Codearse con los diplomáticos cubanos significará una buena escuela para Julio Borges como representante del gobierno interino en el Grupo de Lima. Se hará acreedor de un conocimiento y una experiencia invalorables, que le será muy útil en su vida política en el futuro.

Para completar este nuevo escenario cubano-venezolano, la ministra de relaciones exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, declaró el miércoles 8 de mayo que “Cuba tiene que dejar de ser parte del problema de Venezuela para convertirse en parte de la solución”. Y recalcó que espera que Cuba vea que es el “enfoque correcto para el pueblo de Venezuela, para el hemisferio y para Cuba”.

Todo parece indicar que al haberse agotado todos los intentos de negociación propuestos por Washington y evitar llegar a la improbable intervención militar, Cuba percibió que se había llegado a un límite, que de persistir en su postura numantina, podía perderlo todo. Es el momento en que los contrincantes de una guerra admiten negociar. Pero no hay que engañarse, la presencia de Cuba en el Grupo de Lima, y tácitamente aceptada por parte de EE.UU., va a convertirla en chica buena. Cuba impondrá sus condiciones, luchará por hacerlas aceptar, ganará todo el tiempo que desee, además de al contar con su tropa en el interior del país, seguirá teniendo la capacidad del chantaje de la violencia. Intentará por todos los medios cansar a los integrantes del Grupo de Lima y al GPI, ganando tiempo, esperando los cambios de gobierno que van a darse próximamente en el continente incluyendo en EE.UU., esperando elijan gobiernos afines a Cuba y así apuntalar a Nicolás Maduro, oficializando de hecho su presencia en el territorio venezolano: el mayor triunfo del castrismo de su política internacional. La primera fase de la estrategia cubana en Lima será la de intentar mantener a Maduro en el poder. En una segunda fase, puede sacrificar a Maduro y lo más seguro es que tenga en reserva a un candidato proveniente de las filas de la oposición que se adapte al verdadero poder; el entramado militar. Ante las disyuntivas que plantean los conflictos, una de las características del castrismo es tener siempre a la mano varias opciones posibles. En eso siempre se adelantarán a los venezolanos, quienes ante los conflictos apenas si logran estructurar una opción, y además esperando que el desenlace sea rápido.

Todo depende de la actitud que tome Washington ante el nuevo escenario que se le plantea con la presencia de Cuba en el Grupo de Lima. Igualmente, a los gobernantes latinoamericanos que parecen estar conscientes del peligro que representa para toda la región el afianzamiento del régimen de Maduro apuntalado por Cuba y compañía.

Para EE.UU., la actitud del régimen iraní de retomar el procesamiento de uranio destinado a fabricar armas ofensivas, debería ser un objeto de preocupación suplementario debido a la influencia innegable de ese régimen en el escenario venezolano.

La época actual presencia la voluntad de grupos de poderes deseosos de recuperar la influencia hegemónica que otrora tuvieron, en particular Rusia, que conforma un bloque aliada con Irán y Turquía. Independiente del petróleo, del coltán, del uranio etc., que posee Venezuela; es legítimo dudar que Rusia, Irán y Turquía abandonen de buena gana un espacio geoestratégico tan bien situado, fronterizo con el mar Caribe, con la Amazonía, la cordillera de los Andes, y en pleno corazón del continente, además vecino de la sede de la todavía primera potencia mundial, enemigo tradicional del bloque mencionado.

La pérdida de Venezuela significa para Cuba, no sólo perder su fuente de manutención, sino que verá debilitado su papel de Celestina al servicio de los poderes con proyectos imperiales, en lo que radica gran parte de su poder. Pese a su inexistente poder económico, al haberse aliado, primero con la URSS al punto de alcanzar ante la comunidad internacional un estatus real de poder político, su papel de Celestina de los imperios hace a Cuba complementaria de Rusia, la cual, sin poderío económico para ser considerada como una potencia mundial, cuenta con una capacidad de conspiración, de crear conflictos regionales, que le permiten lograr un poder de nocividad innegable. Cuba, incluso actúa más directamente mediante su especialidad de alquilar grupos mercenarios, sean militares, represivos, personal médico, deportivo, que le permite a la vez, ejercer una influencia política decisiva, y asegurar su condición de querida mantenida.

Venezuela dejó de ser un conflicto nacional, para convertirse en un caso geopolítico. Tal vez en la negociación ya comenzada entre Washington y Moscú, la opción de Trump sea la de abandonar la intervención en el conflicto Rusia/Ucrania, a condición de que Putin abandone Venezuela.

Mientras tanto, China se mantiene discreta, a sabiendas de que, en última instancias, le tocará la mejor tajada.

La opinión de José Guerra sobre las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 31 de Marzo 2019

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**** Una actitud bien intencionada que podría ser                                                      contraproducente

José Guerra ha escrito un artículo sobre los miembros de la Fuerza Armada que han colaborado con Hugo Chávez y con Nicolás Maduro en el desastre venezolano de los últimos 20 años, ver: https://www.lapatilla.com/2019/03/31/jose-guerra-fracaso-la-fanb/ . En este artículo, después de hablar de militares corruptos como Manuel Quevedo, Víctor Cruz Weffer, Ramón Carrizales, Jesse Chacón, Justo Noguera y otros y de la censurable actuación de la Fuerza Armada durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, Guerra dice que debido a este mal comportamiento de los militares chavistas: “aquel respeto y admiración que se sentía por los insurrectos del 4 de febrero, ahora en funciones de gobierno, se fue mermando”. Esta es una aseveración extraña en boca de un líder de la oposición anti-chavista. Con todo el respeto que me merece su opinión no creo que los militares golpistas que acompañaron a Chávez el 4 de Febrero en su fracasada asonada contra un presidente democráticamente elegido, rechazada por el grueso de los venezolanos demócratas,  la cual causó muchas muertes,  merecieran el respeto y la admiración de los venezolanos y que tal admiración solo fuera “mermando”, debido al desastre de esos militares en plan de funcionarios públicos. En el supuesto negado de que lo que dice Guerra fuese cierto  debemos preguntarnos si tal aseveración es estratégicamente deseable a estas alturas, si esta aseveración es esperable, por parte de un miembro distinguido de la Venezuela que conoce el grado de corrupción del chavismo y  cuál ha sido el resultado del gobierno chavista.
¿Fue el gobierno de Hugo Chávez objeto de la admiración y el respeto de la Venezuela democrática?  O ¿fueron, simplemente, sus políticas populistas objeto de la aceptación temporal de una gran masa de venezolanos necesitados que se dejaron engañar por sus promesas y acciones demagógicas? Esto último no infunde ni admiración ni respeto, apenas infunde tristeza. 
La otra aseveración del respetado José Guerra que nos llena de asombro llega al final del artículo y es la siguiente: “la FANB es una institución fundamental para el país y no ha fracasado. Fracasaron algunos de sus hombres en funciones de gobierno. El desprestigio es transitorio y tendrá que ser recuperado”.
Esta es una frase que suena a exoneración, a absolución. En mi criterio la FANB si ha fracasado, de manera estrepitosa, ha sido prostituida hasta sus raíces más profundas por el castrismo cubano y el chavismo dadivoso durante los últimos 20 años. Y este comportamiento reciente no es el único. El mismo Guerra nos habla de la complicidad de la fuerza armada en la dictadura de Pérez Jiménez. También pudiera haber hablado del papel que los militares jugaron en el derrocamiento de Medina Angarita y, luego, de Rómulo Gallegos. El papel histórico de la Fuerza Armada venezolana ha sido claramente  negativo para la Nación venezolana pero nunca se había rebajado y corrompido tanto como en estos últimos 20 años. Su desprestigio es añejo, no transitorio. 
Interpreto lo dicho por José Guerra como una estrategia para tranquilizar a la institución, haciéndole saber que no se tomará represalia alguna en su contra (lo cual, además, es muy difícil de hacer) y que el país está dispuesto a perdonarla si se portan bien de ahora en adelante.
Comprendo lo que José Guerra trata de hacer pero pienso, con todo respeto, que esa estrategia equivale a apaciguamiento y absolución de una institución que ha traicionado al país y solo resultará en darle a la Fuerza Armada una sensación de que – no importa lo que haga – siempre será perdonada.
Ayer hablábamos en este blog del Efecto Pigmalión, ver:http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2019/03/quien-liderara-la-nueva-venezuela-un.html . Creo que esto es lo que persigue José Guerra con su artículo, es decir, un refuerzo positivo, un llamado a lo que se cree es la conciencia de la institución, con el objeto de apelar a sus mejores instintos. Es una acción bien intencionada pero  me temo que ni José Guerra es el profesor Higgins ni, mucho menos, la Fuerza Armada venezolana es Eliza Doolittle. 
Hay que recordar el viejo dicho venezolano: Perro que come manteca mete la lengua en tapara.

Así es la silenciosa guerra interna en el régimen para suspender la constituyente por Alex Vallenilla – En Efectivo – 21 de Julio 2017

El sector castrocomunista sabe que se expone al final abrupto, si continúa adelante con la ejecución de la “constituyente”, el sector militarista la quiere porque así desplazaría a los cubanos para negociar su situación de sanciones directamente con EEUU

La semana que transcurre es crucial, será muy noticiosa. Hay demasiada inquietud en el régimen, el cual ha desatado una ola de detenciones masivas contra manifestantes, sobre todo de quienes lideran los “plantones” y agitan las calles, el propósito es desmantelar la mayor cantidad de grupos que hacen este tipo de protestas para que el 30 de julio, día las elecciones de la “asamblea constituyente” no haya fuerza en las calles, sin embargo se puede adelantar que la rebelión popular ya está bien avanzada, muy arraigada en la Primavera que hay en Venezuela, la cual, los Castro no la comprenden, porque nunca les ha tocado lidiar contra una revolución del tipo que se desarrolla en el país, esto no es la CIA ni Europa del Este, en la era del comunismo. Leer más de esta entrada

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