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El Perverso-Castrismo y la crisis venezolana por Miguel Henrique Otero – ABC – 1 de Febrero 2020

IMG_1200_400x400Autoridades canadienses -su primer ministro, Justin Trudeau, y su ministro de Exteriores, Francois-Phillipe Champagne- han sugerido a Juan Guaidó, la necesidad de gestionar ante Cuba -eluden, al menos en sus declaraciones públicas, nombrar a Raúl Castro y al castrismo- ayuda para buscar una solución a la crisis venezolana. Dicen los dos principales jefes de la diplomacia canadiense, país con importantes intereses económicos en la isla: hay que incorporar a La Habana en la negociación.

Hay que preguntarse, ¿cuál es la probabilidad de que el perverso-castrismo, que participa de forma directa, no solo en el diseño y el entrenamiento de los funcionarios torturadores, sino en la ejecución misma de las cada vez más cruentas prácticas de tortura, contra presos políticos civiles y militares, quiera encontrar una solución a la tragedia venezolana, de la que es beneficiario neto e impune?

El perverso-castrismo es el responsable de planificar y asesorar en la materialización de crímenes de lesa humanidad en Venezuela (también en Nicaragua), cometidos durante distintas protestas pacíficas protagonizadas por ciudadanos venezolanos. Más todavía: ha sido factor de estímulo para la creación de estrategias que, combinando la acción conjunta de fuerzas militares, policiales y paramilitares, han derivado en la brutal represión en contra de marchas de personas indefensas. En esas acciones, no podemos olvidarlo nunca, han sido asesinadas centenares de personas. Y miles y miles han sido baleadas, gaseadas, golpeadas brutalmente, robadas, secuestradas, torturadas y abusadas sexualmente, por funcionarios guiados, en campo, por el perverso-castrismo.

El perverso-castrismo -es decir, sus técnicas envolventes; su capacidad para mentir por décadas y falsear la realidad a extremos inauditos; su estructura policial y de espionaje; su inocultable odio a cualquier forma de libertad; su capacidad para movilizar la opinión de ilusos y falsos ideólogos; su experiencia para escenificar una teatralidad según la cual es víctima histórica del imperialismo; su vínculo estructural con las narco guerrillas de Colombia y con la red de corruptos del foro de Sao Paulo- es, lo quieran o no reconocer ciertas complicidades disfrazadas de “tolerante espíritu democrático”, corresponsable, pero por encima de todo, y esto es lo esencial, el ganador indiscutible de la debacle venezolana.

El perverso-castrismo ha alentado la destrucción de la institucionalidad y la separación de los poderes públicos en Venezuela, requisito necesario para garantizar que Chávez se mantendría en el poder de forma indefinida. El perverso-castrismo hizo los arreglos tras bastidores -de ello se jacta el embajador de Cuba en Venezuela, en sus fiestas con generales venezolanos para que el “más manejable” de sus títeres -el pachanguero que asistía, como diputado del Movimiento Quinta República al Congreso Nacional, con un ejemplar de la Gaceta Hípica doblado en el bolsillo trasero, que leía mientras se producían los debates en el Hemiciclo-, asumiera el poder, en un procedimiento violatorio de la Constitución.

El perverso-castrismo es el autor de la más onerosa estafa cometida contra los bienes de la nación venezolana, en la forma de un intercambio de petróleo a precios irrisorios, a cambio de unos servicios, especialmente servicios médicos, cuando lo que en realidad enviaban a territorio venezolano, eran policías, militares, adoctrinadores y solo unos pocos médicos o paramédicos, muchos de ellos personas incompetentes, desactualizados, sin experiencia, ineptos para gerenciar, ni siquiera un modesto servicio de consultas médicas en cualquier barrio de Venezuela.

Una de las más escandalosas vertientes de la propuesta de Trudeau&Champagne, se refiere al mismo pueblo cubano. ¿Cómo es que el régimen del perverso-castrismo podría contribuir a la liberación de Venezuela, cuando ha cumplido 61 años de opresión inclemente y sostenida sobre sus ciudadanos, cuando los ha empobrecido de forma estructural, cuando los persigue, los encierra y los tortura, cuando les impide expresarse o informarse, cuando persigue a escritores y artistas solo por opinar, cuando amenaza, detiene y encierra a cualquiera por el delito de formular preguntas, cuando mantiene una red de espías y sometimiento esparcida por toda la geografía de la isla, cuando ha puesto en marcha una nueva constitución cuyo único propósito es cronificar el modelo opresivo comunista por los siglos de los siglos?

¿Cómo es que el perverso-castrismo, que financiado por el narco régimen de Venezuela, está ahora mismo dedicado a la desestabilización de América Latina, bajo la tesis de que ello impulsará, en un relativo corto tiempo, el ascenso de gobiernos afines, detendrá su tóxica estrategia para facilitar un proceso por el cual, Maduro saldría del poder para facilitar que se organicen elecciones libres y transparentes?

Pero sobre todo, ¿cómo es que el perverso-castrismo, que vive del petróleo venezolano y de toda una red de empresas fantasma a las que Petróleos de Venezuela envía dólares, que se beneficia de la extracción y venta ilícita de los minerales venezolanos, que recibe financiamiento desde distintos entes de la administración pública venezolana, como es qué, insisto, facilitará un cambio en Venezuela, cuando ese cambio significará, ni más ni menos, que no continuará recibiendo los inmensos recursos que le han regalado por dos décadas, primero Chávez y ahora Maduro?

La FANB, hoy y mañana por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 29 de Diciembre 2019

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Se repite, cada vez con más frecuencia, que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana es el soporte central, la estructura que permite que Nicolás Maduro, rechazado por alrededor de 90% de los ciudadanos venezolanos, se mantenga en el poder.

Hay la idea de que el conjunto ha sido penetrado, ideologizado, adherido en su totalidad, a través de múltiples mecanismos -cargos en el Ejecutivo, contratos de las instituciones del Estado, participación abierta y organizada en ilícitos, impunidad, prebendas y beneficios de distinta índole-, a cambio de un apoyo irrestricto e ilimitado a Maduro y su grupo. A ello se suma la constante campaña, de los altos cargos militares, que promocionan a la FANB como una organización política, dedicada a la tarea de apoyar al poder ilegal, ilegítimo y corrupto que somete a la nación venezolana.

Esta visión, que se anuncia como un paradigma, tiene un problema o, al menos, una falla significativa: no explica el surgimiento de rebeliones militares. En cuatro años, de 2016 a 2019, se han producido ocho, de acuerdo con múltiples fuentes. En algunas habrían participado oficiales de los más altos rangos; en otras, de los primeros rangos de la escala. Casi todas han sido develadas antes de cualquier acción. En líneas generales, puede decirse: no ha habido tiros. Pero hay más de 200 oficiales presos, muchos de ellos sometidos a las más terribles torturas. Se acosa, humilla y agrede a sus familiares. Hay toda una línea de acción, una política pública en curso, que no ha sido debidamente denunciada, que es la persecución sistemática de las familias y abogados de los presos políticos venezolanos, tanto civiles como militares.

Una somera revisión del estado de las cosas en la FANB arroja información que habla de realidades muy complejas. La primera que cabe mencionar es la proliferación, simplemente inaudita, de generales: de los aproximadamente 60 que había en 2002, hoy suman alrededor de 2.000. En febrero de este año, Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, declaró que esos 2.000 generales constituyen “el centro de gravedad” del poder de Maduro. Un elemental ejercicio de lógica permite suponer que el resultado de tal incremento debe ser la atomización de la fuerza en todos los sentidos: en lo administrativo, lo operativo y lo logístico. Se trata de un plan ejecutado con un objetivo: debilitar, convertir a la FANB en una red de pequeñas fuerzas. Un sistema de feudos.

Asociado con lo anterior está la decisión tomada por Chávez -práctica de traición a la patria- de entregar la inteligencia militar al castrismo, hecho que toca una fuente esencial de la soberanía y que, en términos históricos, solo se ha producido en países que han perdido una guerra. El análisis que hacen expertos en la cuestión me advierte de dos cambios significativos que se estarían produciendo en la FANB: una concentración del poder en el Alto Mando y, vinculado a lo anterior, la entronización de oficiales rusos al mando de las tareas de inteligencia, que han comenzado a sustituir a los cubanos. Estos dos hechos tienen relevancia: permiten concluir que, en el nivel superior de la estructura, se está construyendo otra cohesionada y comprometida con el poder de Maduro, bajo la guía militar de Putin.

Pero estas no son las únicas realidades. Una de las más hirientes, sin duda, es la de las desigualdades. Mientras la inmensa mayoría de los oficiales de menor rango debe vivir con salarios menores a 50 dólares/mes -lo que les convierte en los militares peor pagados de América Latina-, hay un pequeño sector que se ha enriquecido de forma visible y escandalosa: funcionarios que protegen las operaciones del narcotráfico, que forman parte de las redes de contrabando, que están dedicados a grandes negocios en las aduanas, con empresas del Estado y más. Aquí hay una doble cuestión que no puede pasar inadvertida para nadie: la primera, es que la desigualdad es visible -y humillante- para todos los miembros de la institución. La segunda, es que cada vez está extendida, puertas adentro, la idea de que la FANB no está al servicio del país, ni siquiera de las funciones de gobierno que les han asignado, sino que su tarea es la de proteger intereses particulares de jefes militares, cuyo ostentoso modo de vida está vinculado con ilícitos.

A pesar de que hay dirigentes de la oposición democrática que han expresado fuertes críticas a las posiciones asumidas por el Alto Mando y por alguna de sus unidades -por ejemplo, la Dgcim-, la gran mayoría sabe que en la FANB el espíritu institucional y democrático, de apego a la ley, no ha sido erradicado, ni vencido, ni superado. Los demócratas son mayoría no solo en el universo civil venezolano: también lo son en el seno de una FANB dispersa en la base, concentrada en la cúpula y vigilada por rusos y cubanos.

Son numerosos los analistas y los políticos que sostienen que no será posible realizar el cambio que el país demanda con urgencia, sin la participación de la FANB. El presidente Guaidó, de forma reiterada, ha llamado a los militares a cumplir con la obligación de restablecer el hilo constitucional. Los episodios militares, aunque no hayan cristalizado, son síntomas del malestar que recorre los cuarteles. Es probable que estemos en camino a un escenario en el que podrían converger las fuerzas lideradas por Guaidó, los otros factores opositores, empresarios y trabajadores, estudiantes y las comunidades de todo el país que, sumados a los militares institucionales que están distribuidos en todo el territorio nacional, pongan fin a la pesadilla de Maduro y den paso a la refundación de la democracia venezolana.

La corporación del mal en América Latina por Miguel Henrique Otero – Red de Noticias – 13 de Octubre 2019

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La principal corporación del mal en América Latina tiene una historia que supera los 60 años. Durante ese período, otras feroces corporaciones aparecieron en distintos países -como la red que, en su momento, constituyeron las dictaduras del Cono Sur y su fallida Operación Cóndor-, pero no lograron mantenerse en el poder por un tiempo tan prolongado como el castrismo en Cuba.

El 1 de enero de 1959 no solo marca el inicio de la creación de la cárcel más grande que ha tenido nuestro continente -casi 110 mil kilómetros cuadrados donde sobreviven encerrados y sometidos a un opresivo sistema de vigilancia, alrededor de 11.8 millones de presos políticos-, sino también, una época marcada por los constantes esfuerzos del castrismo para sacar provecho de las riquezas, las economías y las fragilidades político-sociales del resto de los países del continente.

A comienzos de este año, cuando el castrismo celebró sus seis décadas en el poder, los balances publicados hicieron evidente en qué ha consistido la estrategia de fondo de la corporación: el de crear mecanismos de recolección de lealtades políticas y de dólares, sobre la base de la más falsa y engordada mentira que se haya sido creada y propagada en todo el siglo XX: que en Cuba se estaba produciendo una revolución, gestora de un hombre nuevo, hombre que se liberaría de la dominación imperialista para siempre.

Esa grotesca ficción -reinventada, maquillada, disfrazada de defensa de los derechos humanos o del derecho de los pueblos a su autonomía- ha tenido una eficacia y utilidad extraordinaria. Ha servido para que políticos, centros académicos, intelectuales y oenegés crearan una servidumbre castrista; fue el motor que fundó y diseminó por América Latina movimientos guerrilleros; fue el mecanismo para que, durante todos estos años, “el problema de Cuba” dividiera a los países, de las más diversas maneras. El castrismo, esto hay que reconocerlo, ha logrado ser un núcleo del debate político del continente, y siempre ha contado, cuando menos, con apoyo de fuerzas internacionales, aunque hayan ido declinando con el tiempo.

Pero en el transcurso la corporación ha cambiado de forma sustantiva. De la fuente de ilusiones que fue, especialmente durante los sesenta y los setenta, ha derivado en una considerable estructura delincuencial, que tiene su casa matriz en La Habana, desde donde se dictan los lineamientos a las dos filiales que, ahora mismo, controlan de forma directa: Venezuela y Nicaragua.

Ambas son esenciales para el régimen cubano: la primera constituye su principal fuente de ingresos. Venezuela no solo es proveedora de petróleo subvencionado, maletas de dólares y una cantidad de negocios de incalculable volumen, que recién comienza a ser investigado. El caso de Nicaragua, a su escala, guarda semejanzas: además de importantes negocios, el país bajo la dictadura de Ortega y Murillo, funciona como un aliviadero y estación de paso para militares, asesores, espías y funcionarios, que entran y salen de La Habana a través de Managua, sin registros ni control alguno.

Pero la Corporación del Mal opera bajo otros modelos: tiene franquiciados como los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil. Tiene cómplices y lobistas políticos como Manuel López Obrador en México y Tabaré Vázquez en Uruguay. Tiene una entidad especializada en el activismo y la propaganda, el Foro de Sao Paulo, que ha mostrado una maléfica habilidad para engatusar a las buenas conciencias de Europa y otras partes del mundo. Los tentáculos de la corporación, luego de seis décadas, se han diseminado por el mundo, hasta los lugares más insospechados como, por ejemplo, entre algunas corrientes del partido Demócrata de Estados Unidos. Estas son solo algunos de los elementos de la cara A de la corporación.

La cara B configura el poderío oscuro de la corporación cubana: alianzas con las narcoguerrillas del ELN y las FARC, operadores del narcotráfico, organizaciones terroristas del Medio Oriente, traficantes de armas y capos de la corrupción que encuentran refugio y protección en ese país.

Tanto en Venezuela como en Nicaragua, la corporación castrista tiene bajo su supervisión directa a los más altos niveles de las fuerzas armadas y de los cuerpos policiales. Son responsables directos de estrategias, diseño de planes de represión y tortura, entrenamiento y de las actividades de inteligencia dirigidas a las propias instituciones armadas. Quienes han permitido este estado de cosas en ambos países, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, han traicionado a las leyes, a la soberanía, a los principios esenciales de sus respectivas Patrias.

El objetivo de la Corporación del Mal es inequívoco: mantenerse en el poder, al costo que sea. Por ello no titubea cuando reprime, tortura y mata a los disidentes en su propio país, en Nicaragua y Venezuela, ni le importan las vidas que puedan perderse en las calles de Ecuador, una vez que ha activado el plan para acabar con el gobierno democrático de Lenin Moreno.

En nombre de la justicia, de la compasión y de la dignidad exijo intervención por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 29 de Septiembre 2019

borrel-arreaza.jpgEl Canciller de España saluda a su amigo el corrupto Canciller de Maduro, Jorge Arreaza

  • Una mujer está siendo asesinada por un criminal drogado en plena luz pública
  • Un niño está siendo azotado por un padre borracho ante los estudiantes y maestros de su escuela
  • Una joven menor de edad está siendo violada por un sádico en un parque público, ante la mirada de los transeúntes
  • Un preso es torturado con conocimiento de las organizaciones de derechos humanos
  • Una madre da a luz al lado de un basurero en una esquina de la ciudad
  • Un anciano muere de hambre, semi-desnudo, frente a un edificio del gobierno
  • Un paciente se asfixia en un pasillo de un hospital que carece de medicinas y de oxígeno para salvar su vida

Tragedias como estas suceden a diario en Venezuela, ante los ojos del mundo. Y no desde ayer sino desde hace años, de forma progresiva, desde que el régimen chavista está en el poder. Y nadie interviene, por indiferencia, temor o complicidad.

Pero esto no es todo.

El régimen forajido maneja mucho del tránsito y envío de drogas al mundo desde Venezuela. Esto es conocido.

El régimen forajido documenta terroristas para que entren a los países de la región con la misión de subvertir a sus gobiernos legítimos. Y ello es documentable y ha sido documentado

El régimen forajido ha financiado por años una pandilla kleptocrática regional compuesta por similares gobiernos como los de Cuba Nicaragua, Bolivia y, en ocasiones, Argentina bajo Kirchner o Brasil bajo Lula, para tratar de implantar en la región latinoamericana una ideología fracasada en el resto del planeta. Y ello es harto conocido

El régimen forajido apoya, patrocina y permite a las guerrillas terroristas colombianas hacer vida en territorio venezolano, hasta el punto de que ya existen áreas de ese territorio bajo control de fuerzas irregulares extranjeras

El régimen forajido ha creado y sigue creando un caos ambiental en la zona Sur de Venezuela, la cual forma parte del escudo de Guayana y de la Amazonia,

El régimen forajido le quita el pan de la boca a los venezolanos para dárselo a los castristas cubanos, en forma de regalos petroleros y transferencias financieras, mientras permite al castrismo cubano el control de las decisiones de política venezolana, todo lo cual está perfectamente documentado.

Todo este inmenso cuadro de miserias y tragedias, de atentados contra la población y el medio físico venezolano y latinoamericano está en marcha sin que alguien intervenga. Esta destrucción masiva, la cual ya desborda las fronteras de Venezuela y surge como un torrente hacia el sur, hacia Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y llega a Chile y Argentina y se derrama hacia todos los demás continentes aumenta cada día, mientras  burócratas internacionales dan discursos llenos de clichés sobre Venezuela  y luego se van a almorzar, pensando que han cumplido con su deber.

La muerte de Venezuela está siendo vista en vivo y en directo por el resto del planeta. Como sucede con los transeúntes cobardes los gobiernos cierran los ojos y pasan en silencio, sin intentar salvarle la vida a la nación moribunda. Esto ya ha sucedido antes en la historia de la humanidad: masacres, genocidios, abusos gigantescos de poder han ocurrido ante los ojos de un mundo egoísta, siempre atento a sus propios intereses. La pasividad es promovida por cómplices del régimen forajido, tanto en el exterior, a lo Zapatero y Federica Mogherini, como en el país, a lo Timoteo y la legión de castrados morales que continúan oxigenando al régimen.

Como venezolano y ciudadano de un planeta Tierra, tan deteriorado y amenazado por la cobardía y el egoísmo, exijo a la región, en nombre de la justicia, de la compasión y de la dignidad, que acuda en urgente auxilio de Venezuela antes de que el país se convierta en un cementerio sin flores.

Quienes piensen, desesperados, en ir a prenderse fuego frente a la OEA, frente a la Unión Europea o frente a la ONU, a fin de mover esas organizaciones a la acción, deben pensarlo dos veces. Porque sus sacrificios individuales serían inútiles si quienes los ven desde sus ventanas son gente como Federica Mogherini, Josep Borrell o Tabaré Vásquez.

  Un ejército integrado por miembros de los países de la región no sería un ejército invasor, sería un ejército de liberación

Cuba gana una vez más la partida por Elizabeth Burgos – Un Nuevo País – 9 de Mayo 2019

Cuba gana una vez más la partida. Crea los conflictos bélicos y luego negocia la paz.

A raíz de los acontecimientos del 30 de abril en Caracas, el viernes pasado tuvo lugar una reunión de emergencia del Grupo de Lima, al término de la cual los cancilleres acordaron invitar a Cuba y al Grupo de Contacto Internacional (GPI) a participar “en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela”.

Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar. Muchos alegaron su sorpresa ante una decisión que interpretaron como una anomalía al no comprender cómo Cuba, siendo origen del problema, se convierta, de la noche a la mañana, en mediador del conflicto.

No es la primera vez que por parte de la oposición se expresen decisiones que, a falta de explicaciones, sorprendan o sumerjan en la perplejidad a la opinión pública, dejando el espacio a las elucubraciones periodísticas, a los campeones del teclado, o a los expertos en manipulación. Es preocupante porque, de repetitiva, muestra una tendencia que ya aparece como algo estructural, que resta credibilidad y genera más angustia de la que ya vive la población del país.

Ante la avalancha de reacciones que causó la noticia, Julio Borges, representante diplomático del presidente interino Juan Guaidó ante el Grupo de Lima -que según los testimonios que han ido apareciendo tuvo un protagonismo importante en el montaje de los acontecimientos del 30 de abril- intentó dar una explicación a propósito de la invitación a Cuba. Haciendo gala de su estilo, nunca claro, afirmando algo que inmediatamente relativiza, declaró que a Cuba no se le invitó, sino que se le hace venir para presionarla y para que acepte abandonar Venezuela. Ahora bien, es poco creíble que un responsable político serio crea que pueda atraer, para mejor combatirlos, a profesionales que tienen sesenta años de experiencia conspirativa y de intervención en los asuntos internos de varios países del mundo, como es el caso del régimen cubano.

En cambio, en Cuba, sí comprendieron el mensaje cursado por el Grupo de Lima, que cuesta creer no haya sido hablado con anterioridad con las autoridades de la isla, debido a la celeridad de la respuesta del gobierno cubano que suele tomarse su tiempo antes de tomar una decisión que  comprometa al régimen.

El primero en responder de inmediato fue el propio presidente Miguel Díaz Canel, nada menos que desde Canadá donde causalmente se encontraba. Informó por medio de su cuenta Twitter que sostuvo una conversación con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, en la que “enfatizó la necesidad de diálogo con Nicolás Maduro, basado en el respeto a la soberanía de Venezuela y al Derecho Internacional sin amenaza ni intervención extranjera” (sic). Por su lado, Canadá publicó un comunicado el mismo viernes, subrayando que ambos -Díaz Canel y Trudeau- buscaron la forma de “trabajar juntos para encontrar una solución a la crisis”. Si analizamos la reacción cubana, ésta se dirige a la comunidad internacional y de ninguna manera se digna a responderle al Grupo de Lima. Cuba acudió a Canadá, el representante del “primer mundo” en el Grupo de Lima, con el que Cuba mantiene relaciones privilegiadas desde siempre. Díaz Canel dejó muy claro que participará en las negociaciones de la mano de ese aliado poderoso, un país del norte, potencia económica: nada de mezclarse y ponerse a nivel de países subalternos del sur.

Inmediatamente llegó la declaración, también por medio de Twitter, del canciller Bruno Rodríguez desde La Habana, quien puntualizó que Cuba “contribuirá a la solución de las diferencias a través del diálogo respetuoso de la igualdad soberana de los estados, basado en el Derecho Internacional, la no amenaza de la fuerza, ni la intervención extranjera”.(sic)

Pero el que aparece como el “cuadro” de mayor nivel de la diplomacia cubana, y aparentemente será el encargado de monitorear esa delicada tarea, parece que será el director para Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío. Este es un diplomático de alto nivel que se expresa en un inglés impecable, y en un español que no tiene ni asomo del acento de origen popular de los cubanos que “le deben todo a la revolución”. Se ve que la diplomacia cubana escogió para esta escena a Nueva York y la redacción de «Bloomberg» -grupo mediático ligado al mundo financiero. Al igual que el presidente y el canciller, Fernández de Cossío condicionó la “ayuda” de Cuba para “negociar un final pacífico” a la presencia de Nicolás Maduro en la mesa de negociaciones. Puntualizando que “no es ni Cuba ni el grupo de Lima los que deben decidir quién es el líder de Venezuela”. Léase, no es el grupo de Lima, es Cuba quien lo decide. Hay que destacar los diferentes escenarios escogidos para dar su asentimiento a participar en las negociaciones en las que se va a decidir el destino de Venezuela: Canadá, La Habana, Nueva York.

Hasta ahora, Venezuela ha conocido la versión militar/policial del castrismo que éste ha venido aplicando desde que Hugo Chávez le cedió la soberanía de Venezuela a Fidel Castro. A partir de ahora, se enfrascará en un ciclo que será largo, en el que conocerá la versión diplomática del castrismo; materia, que, al igual que en la militar/policial, tiene grado de excelencia.

Si durante los veinte años de castrochavismo Cuba impuso el lenguaje militar (misiones, comandos, campaña), le llegó la hora al lenguaje aséptico diplomático. Esperemos que el Grupo de Lima esté consciente de enfrascarse en un período de negociaciones de duración incierta. Lo más seguro es que se extienda más allá de lo que se imaginan las partes involucradas en el proceso. Deberían recordar el tiempo que duraron las negociaciones de Angola hasta que las tropas cubanas abandonaron ese país, y, las de las FARC, realizadas en La Habana bajo la égida del poder castrista, las de Guatemala durante la crisis centroamericana, que se extendieron durante diez años.

No es reciente la idea de que Cuba sea considerada como la mejor opción para resolver el conflicto venezolano. Varias veces el “New York Times”, vocero por excelencia del poder cubano, ha manifestado esa opción en diversas  ocasiones.

El castrismo es, ante todo, una estructura de poder militarizada, no por ello no deja de contar con cuadros diplomáticos de alto nivel, curtidos, en particular, en el marco de sus actividades en la ONU. En ese entorno internacional han desplegado sus cualidades de seducción y han utilizado el inmenso prestigio que le otorga su condición de “enemigo por excelencia del imperio”; liderazgo que no se priva ejercer ante los países que profesan el mismo resentimiento. En lo tocante al “imperio” mismo, han logrado construir redes de apoyo en los más variados medios oficiales, académicos, religiosos, hasta haber logrado la proeza de infiltrar a la CIA. Y no sólo eso, sino que, durante 16 años, la experta en materia de política cubana en el Pentágono trabajó para los servicios cubanos, orientando sus informes a favor del régimen cubano, determinando así la política de Washington hacia la isla; de allí la drasticidad de la nueva política americana hacia la isla.

Si ya Venezuela ha comprobado en la práctica el profesionalismo de los servicios de inteligencia, de los expertos militares y hasta de los torturadores cubanos, ahora tendrá la experiencia del profesionalismo de sus diplomáticos. Codearse con los diplomáticos cubanos significará una buena escuela para Julio Borges como representante del gobierno interino en el Grupo de Lima. Se hará acreedor de un conocimiento y una experiencia invalorables, que le será muy útil en su vida política en el futuro.

Para completar este nuevo escenario cubano-venezolano, la ministra de relaciones exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, declaró el miércoles 8 de mayo que “Cuba tiene que dejar de ser parte del problema de Venezuela para convertirse en parte de la solución”. Y recalcó que espera que Cuba vea que es el “enfoque correcto para el pueblo de Venezuela, para el hemisferio y para Cuba”.

Todo parece indicar que al haberse agotado todos los intentos de negociación propuestos por Washington y evitar llegar a la improbable intervención militar, Cuba percibió que se había llegado a un límite, que de persistir en su postura numantina, podía perderlo todo. Es el momento en que los contrincantes de una guerra admiten negociar. Pero no hay que engañarse, la presencia de Cuba en el Grupo de Lima, y tácitamente aceptada por parte de EE.UU., va a convertirla en chica buena. Cuba impondrá sus condiciones, luchará por hacerlas aceptar, ganará todo el tiempo que desee, además de al contar con su tropa en el interior del país, seguirá teniendo la capacidad del chantaje de la violencia. Intentará por todos los medios cansar a los integrantes del Grupo de Lima y al GPI, ganando tiempo, esperando los cambios de gobierno que van a darse próximamente en el continente incluyendo en EE.UU., esperando elijan gobiernos afines a Cuba y así apuntalar a Nicolás Maduro, oficializando de hecho su presencia en el territorio venezolano: el mayor triunfo del castrismo de su política internacional. La primera fase de la estrategia cubana en Lima será la de intentar mantener a Maduro en el poder. En una segunda fase, puede sacrificar a Maduro y lo más seguro es que tenga en reserva a un candidato proveniente de las filas de la oposición que se adapte al verdadero poder; el entramado militar. Ante las disyuntivas que plantean los conflictos, una de las características del castrismo es tener siempre a la mano varias opciones posibles. En eso siempre se adelantarán a los venezolanos, quienes ante los conflictos apenas si logran estructurar una opción, y además esperando que el desenlace sea rápido.

Todo depende de la actitud que tome Washington ante el nuevo escenario que se le plantea con la presencia de Cuba en el Grupo de Lima. Igualmente, a los gobernantes latinoamericanos que parecen estar conscientes del peligro que representa para toda la región el afianzamiento del régimen de Maduro apuntalado por Cuba y compañía.

Para EE.UU., la actitud del régimen iraní de retomar el procesamiento de uranio destinado a fabricar armas ofensivas, debería ser un objeto de preocupación suplementario debido a la influencia innegable de ese régimen en el escenario venezolano.

La época actual presencia la voluntad de grupos de poderes deseosos de recuperar la influencia hegemónica que otrora tuvieron, en particular Rusia, que conforma un bloque aliada con Irán y Turquía. Independiente del petróleo, del coltán, del uranio etc., que posee Venezuela; es legítimo dudar que Rusia, Irán y Turquía abandonen de buena gana un espacio geoestratégico tan bien situado, fronterizo con el mar Caribe, con la Amazonía, la cordillera de los Andes, y en pleno corazón del continente, además vecino de la sede de la todavía primera potencia mundial, enemigo tradicional del bloque mencionado.

La pérdida de Venezuela significa para Cuba, no sólo perder su fuente de manutención, sino que verá debilitado su papel de Celestina al servicio de los poderes con proyectos imperiales, en lo que radica gran parte de su poder. Pese a su inexistente poder económico, al haberse aliado, primero con la URSS al punto de alcanzar ante la comunidad internacional un estatus real de poder político, su papel de Celestina de los imperios hace a Cuba complementaria de Rusia, la cual, sin poderío económico para ser considerada como una potencia mundial, cuenta con una capacidad de conspiración, de crear conflictos regionales, que le permiten lograr un poder de nocividad innegable. Cuba, incluso actúa más directamente mediante su especialidad de alquilar grupos mercenarios, sean militares, represivos, personal médico, deportivo, que le permite a la vez, ejercer una influencia política decisiva, y asegurar su condición de querida mantenida.

Venezuela dejó de ser un conflicto nacional, para convertirse en un caso geopolítico. Tal vez en la negociación ya comenzada entre Washington y Moscú, la opción de Trump sea la de abandonar la intervención en el conflicto Rusia/Ucrania, a condición de que Putin abandone Venezuela.

Mientras tanto, China se mantiene discreta, a sabiendas de que, en última instancias, le tocará la mejor tajada.

Una guerra silenciada por Dámaso Jiménez – La Patilla – 19 de Octubre 2018

Venezuela agoniza ante un parásito “paraestado” invasor. Los 22 mil funcionarios castristas denunciados por el secretario general de la OEA, Luis Almagro,  es el último eslabón de una guerra silenciada que ya lleva 57 años.

Luis Almagro se atrevió a develar por fin el quid del asunto de la insoportable verdad que llevó al país a la más dura crisis y que tiene pasando hambre y viviendo en la miseria a millones de venezolanos, mientras otro tanto decidió mutar como extranjeros en el mayor movimiento migratorio sufrido por todo un país durante este siglo.

Almagro logra aclarar la existencia de un “paraestado” instaurado solo para mantener a Nicolás Maduro como fachada de un gobierno invasor, por encima de cualquier derecho constitucional de sus ciudadanos convertidos en rehénes.

La infiltración de 22 mil funcionarios de la dictadura castrocomunista en puestos estratégicos de poder para mancillar y someter a toda una nación despojada de sus normas, economía, trabajo, educación, cultura, forma de vida y modo de producción, es sin duda alguna un episodio de guerra moderna ganada por el intruso. Hasta ahora ningún país vecino ha puesto sus barbas en remojo.

¿Qué hace este ejército invasor moderno?  Primero irrumpieron en los sistemas por internet y al acceso a datos privados desde las computadoras del Estado, para luego acceder a las cuentas bancarias, eliminando accesos desde fuera y amenazando con disponer incluso de los recursos de quienes tuvieron que abandonar el país. Los funcionarios castristas tienen acceso a cualquier documento en las oficinas públicas,  pueden sembrar o cambiar pruebas desde su particular justicia. Son los dueños de los pasaportes, tienen acceso al interruptor de la electricidad desde el Guri pudiendo dejar las ciudades a oscuras cuando se les antoje.  Eliminaron todo servicio médico y dejaron en la ruina a los hospitales, cancelaron todas las medicinas, son los amos de la soberanía alimentaria, se apoderaron de las fuerzas armadas que ahora son castristas y cubanas con Padrino a la cabeza, tienen acceso a todo el armamento de guerra y cuentan para sí con los servicios de inteligencia para espiar, perseguir voces y acciones disidentes, de protesta o de resistencia de los venezolanos en su propio país, uno muy afectado y sometido como siempre lo previó Fidel Castro hace 57 años, el mayor enemigo de la República de Venezuela en 188 años, pero que nunca fue reseñado como tal en ninguna de las líneas de los libros de historia.

La guerra de Fidel formó parte de un plan implacable y maquiavélico concebido en las entrañas mismas de la maldad del castrocomunismo, los reductos soviéticos rusos, sus alianzas con el eje del terrorismo islámico y la bancada usurera china, para apoderarse de una patria hermosa, con riquezas inimaginables, habitada por ingenuos nativos que nunca fuimos educados sobre los verdaderos peligros que atentaban desde fuera y dentro del país contra la democracia y el sentido real de la Patria, con las miles de muertes que se produjeron y que fueron echadas al olvido.

Entre 1961 y 1967 miles de venezolanos murieron en defensa de la soberanía, pero se siguió conspirando gracias a una pléyade de asesinos y la ayuda de una montonera de guerrilleros nacionales que nunca pagaron por sus crímenes, ni por los intentos de magnicidios, o la incursión de armamento para matar a los connacionales y por los ataques a la poblaciones rurales.

Un artículo del general Ángel Vivas publicado en enero del 2011 da cuenta del rechazo de la FAN venezolana ante la invasión impuesta: “La peor humillación al honor militar venezolano es que ahora se le rinde homenaje a Fidel Castro y a su tiranía aquí mismo, dentro de nuestro propio territorio, donde ellos derramaron la sangre de ese Ejército al que pertenezco, y a los descendientes de quienes la derramaron, a nuestros oficiales y soldados actuales, se les obliga por conducto de quienes debían evitarlo, sus generales y almirantes, a gritar el lema de nuestro enemigo, el lema creado en Cuba por el dictador Fidel Castro el 5 de marzo de 1960 “Patria, Socialismo o Muerte el mismo lema que gritaban los militares cubanos infiltrados en nuestro territorio en los años 60, cuando mataban a nuestros oficiales y soldados del Ejército de Venezuela, cuando cortaban sus genitales para colocárselos en la boca, cuando abrían con cuchillos sus gargantas para sacar por el orificio sus lenguas a la modalidad de corbata o cuando asesinaban a nuestros campesinos para infundir miedo y obligarlos a no denunciarlos”.

Fueron derrotados militarmente en Machurucuto en 1967 por los temidos “Cazadores” de ese insigne Ejército venezolano de principios de la democracia.

Los traidores venezolanos que ahora gobiernan se sumaron a una pacificación propuesta por Caldera en su primer gobierno que solo sirvió como estrategia para inocular el castrismo soviético al Estado desde el propio Ejército, con la infiltración de Hugo Chávez y otros árboles torcidos que fueron sembrados en complicidad para hacer vida desde 1971, primer gobierno de Caldera, en la Academia Militar de Venezuela.

Castro también fue el peor error cometido por CAP en la toma de posesión de 1989 en su segundo gobierno. Lo trajo como “payaso” de una extensa “coronación” para hacer las veces del divo de la prensa que lo acompañaría entonces, pero no contó con que entre su gruesa comitiva de invitados fueron colocados espías infiltrados en los principales barrios de la capital para llevar a cabo el para nada espontáneo “Caracazo” del 27 y 28 de febrero de ese año, poco menos de un mes después de esa asunción al poder.

Nadie duda que las dos asonadas de 1992 contra la democracia venezolana llevaron la firma del maligno comandante, gracias a la ambición de colaboradores políticos, empresarios, dueños de medios de comunicación y oficiales que se las jugaron todas como oportunistas en su afán de obtener mayor riqueza y poder, que fue lo que les prometió el mefístoles de la guerra a muerte contra la República de Venezuela.

Con Chávez en el poder el sistema castrista se apoderó de Venezuela como una fuerza invasora que logró entorpecer la cotidianidad de los venezolanos desde sus propias oficinas públicas, espiando todos sus movimientos, estudiando la conducta bonachona, parrillera, amante del bonche, el puente, el fin de semana cervecero y la escapada permitida cortesía del cupo cadivi, que mantuvo distraído a una clase media y popular con anormal fanatismo por un gobierno con fachada regalona, que como caballo de troya preparó el golpe de timón y la peor traición contra una nación libre y soberana.

Ninguna nación del mundo permitiría una felonía tan flagrante de gobierno alguno. Sería un autogol, un acto de suicidio colectivo, una enorme estafa piramidal en complicidad con los estafados, pero Castro y Chávez lo ejecutaron a la vista de todos, promocionado incluso a cielo abierto a través de las misiones y el incomparable programa dominical “Aló Presidente”.  La historia no absolverá a Hugo Chávez, figura irrefutable del acto de entrega de la Patria a estos “ Piratas del Caribe”.

Aún los venezolanos no hemos salido del estupor pero tampoco hemos entendido lo que está ocurriendo. Acostumbrados a una economía subsidiada por el petróleo y una gasolina anclada a nimios céntimos, no hay nada que explique el por qué de tanta maldad y menos comprender que el país ha sido atacado infinidad de veces por el eje comunista liderado por los Castro.

Muerto Castro y Chávez le sobrevive el poderoso sistema. Ahora con Maduro y los intocables 22 mil funcionarios en el poder el sistema convirtió una de las principales industrias petroleras del mundo no solo en chatarra para la expansión del castrismo en el resto de América Latina, sino en frontis operativo para los negocios del narcotráfico y el lavado y la utilización exclusiva de sus nimios recursos para los intereses de la cúpula terrorista.

Los venezolanos pasan actualmente por la peor crisis alimentaria inimaginable de toda su historia, con una economía destruida y una población desesperada, convertida en esclavos de un trabajo que jamás pagará ni la mitad de una cesta de alimentos básicos, o prisioneros de guerra del G2 cubano en los calabozos del SEBIN.

Un país más débil apoderándose de otro más grande y con mayores recursos a través del psicotrópico populismo ideológico.  Actualmente el muy repelido sistema castrista se mantiene en el poder gracias a la represión y a los recursos cuantiosos de los negocios oscuros que forman parte de la agenda secreta.

Sin fuerzas y rotos, los venezolanos lo han intentado casi todo para salir de esta guerra invasora y violenta de forma pacífica: Marchas, contramarchas, protestas, tomas de calles, votación masiva, diálogo. Han caído en engaños, en trampas, han sido asesinados, convertidos en presos políticos, perseguidos, expropiados, despojados de sus bienes, secuestrados, expulsados, pero no han perdido la esperanza de retomar el destino.

Algunos sueñan incluso con una fuerza poderosa que les permita sacar a los usurpadores por las buenas o por las malas. Pocos lo han entendido.

La Franquicia Cubana por Alejandro Terán – Reporte Económico – Agosto 2018

136138Image.jpgUn ex integrante de la Fuerza Aérea Venezolana, acaba de publicar un libro llamado La Franquicia Cubana, una dictadura científica.

Eduardo Hurtado, fue miembro de la FAV donde trabajó en tránsito aéreo y en defensa antiaérea. Luego ingresó al Ejército de Estados Unidos donde estudió Aviónica y Electricidad en Armamento de Helicópteros Apache.  Luego formó parte de una unidad especial de inteligencia geoespacial y más tarde fue a la guerra con el ejército norteamericano por lo que es veterano de guerra de esa fuerza militar.

Con todo ese cuadro de formación, sobre todo en investigación e inteligencia, se sentó y escribió un libro donde explica con lujo de detalles como los hermanos Castros, descubrieron una franquicia para perpetuar en el poder a los presidentes.

-¿Por qué es una dictadura científica?

Es una dictadura científica, porque todo está planificado, todo lo que pasa en Venezuela y América Latina, está planificado. Nada es casualidad, ha sido diseñado en un laboratorio de guerra psicológica, de estrategia, se planifica, se ejecuta, se supervisa, se mide y se planifican acciones en consecuencias de esas reacciones en ese determinado momento.

-¿Lo que pasa en Venezuela está preparado?

Efectivamente.

-¿La crisis económica, la destrucción de las empresas?

Todo eso es un plan de Estado para generar una sociedad adoctrinada porque una sociedad adoctrinada no ofrece resistencia, aplican la teoría del caos, de quebrantar la economía, un ser que no tenga estabilidad es un ser manejable.

-¿Hable un poco de esa Franquicia cubana?

Los cubanos se aproximan a los Estados Unidos cuando Fidel Castro llega al poder pero allí no quieren nada con él, entonces se aproxima a los rusos y aplican el método ruso en su propio país. Esa experiencia de 60 años les permite desarrollar una corporación.
Cuando digo franquicia cubana no me refiero a los cubanos, hablo de los Castros. Al sistema de gobierno castristas.

Fidel Castro, crea el Foro de Sao Paulo y allí al estilo resort, vende esa estrategia de presidencia eterna y a cambio quiero que me compres esa franquicia, te vendo la asesoría, como vas a hacer para lavar dinero, controlar las masas, los medios de comunicación, como dominar la parte de operaciones psicológica.

Además de eso te voy a dar entrenamiento y te voy a prestar personal de inteligencia, de espía, de operaciones psicológicas para que en 20 ó 30 años tú mismo aplicas el método.
Esto va a dirigido a quienes quieren perpetuarse en el poder.

-¿Una de las cosas que hemos observado es que en América Latina ha habido muchas elecciones donde han ganado los supuestos franquiciarios. Pero Cuba nunca hizo elecciones?

Cuba hace elecciones lo que pasa es que siempre gana Fidel pero eso es un protocolo para el mundo. En Venezuela desde el 2006 las elecciones fueron un acto protocolar, al mismo tiempo iba comprando tiempo e iba creando una oposición paralela.

-¿Venezuela está llegando al límite de los 20 años que es cuando la franquicia se vuelve eterna?

Podría ser eterna. Ellos han dado en el clavo, han seguido el manual.

-¿Por qué la llamas dictadura científica?

Porque es como un método científico. Hay un análisis científico. Esa es la estrategia de la Caja China, que con un escándalo tapan otro.
Es como una ruleta que persigue generar incertidumbre. Ahorita han creado un clima de esperanza para seguir hundiendo a la gente en la desesperanza.

-¿Qué objetivo persigue este libro?

Educar y quiero dejar en claro que para resolver un problema primero hay que entenderlo y la oposición no tiene nada claro.

Citó como ejemplo el paro de la semana pasada como respuesta al paquetazo de Maduro, pero la oposición va a convocar a un paro en un país que está parado, de allí que la oposición no tiene claro el objetivo, concluye. Alejandro Terán/Reporte Económico

Represión y castrismo por Elizabeth Burgos – Revista Zeta – 22 de Agosto 2018

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-Torturas al estilo cubano.

Desde hace veinte años  Venezuela vive bajo un clima de sorpresas y sobresaltos. Mantener un contexto de crisis permanente es la clave principal de la perennidad del régimen castrista. Desde 1959 el mantenimiento de un estado de  crisis permanente en Cuba con el objeto de tener a la población “en guardia” contra la “invasión del imperio”, le impide a la gente pensar en la penuria y en la instalación de un régimen totalitario.  Es el empeño de suscitar en permanencia crisis a nivel regional, (desde guerra de guerrillas, rebeliones universitarias, intelectuales “orgánicos” regidos por La Casa de las Américas) para diversificar la atención del “imperio” y para que Cuba deje de ser objetivo principal. Hoy, mientras Cuba trata de consolidar una fachada de reformas para paliar las consecuencias de la crisis económica venezolana buscando salvar el sistema, Nicaragua y Venezuela ponen los muertos.

Cuarenta años de democracia forjaron un imaginario, una manera de percibir el mundo, modelados por un orden democrático. Un modelo que se rige por una temporalidad, marcada por períodos determinados por las leyes y lapsos de tiempo en sintonía con el devenir de los ciudadanos. Se eligen presidentes por un período determinado.  La alternancia permite elegir a otro, incluso, de otra tolda política. De igual manera sucede con los poderes regionales y municipales.

La instauración en Venezuela desde 1998 de un modelo de régimen político diseñado por el castrismo, de carácter vitalicio, continental y mundial (Hugo Chávez dixit), ha trastocado la percepción del contexto político del venezolano. Y pese a la dramática experiencia que vive la población, la oposición no parece percibir aún la naturaleza, características y especificidad del régimen al que se opone.

No deja de extrañar que tras veinte años viviendo bajo un régimen diseñado en La Habana y a pedido de Hugo Chávez, (recomiendo consultar el discurso de Chávez en diciembre de 1994 en su primer viaje a La Habana en el que prometió “alimentar a Cuba, para que esta lo ayudara con su experiencia” a realizar en Venezuela el modelo cubano, para lo que se “necesitaba cuarenta años” para cambiar las mentalidades), significa que el régimen de Maduro necesita ganar todavía veinte años; así logrará formar nuevas generaciones reducidas a aplaudir a la dirigencia y a “resolver” la penuria : la democracia no será ni siquiera un recuerdo lejano. La docilidad se convertirá en la norma de comportamiento, las remesas que enviarán del exterior los exiliados, ayudarán a sobrellevar  las penurias. El cambio de mentalidades, inexorablemente, se impondrá. El carnet de la patria garantizará la permanencia del régimen.

Responsables y analistas políticos, incluso investigadores de alto nivel académico, continúan tomando como referencia al gobierno del general  Pinochet para explicar la naturaleza del régimen de Maduro. A raíz del cariz perverso de la captura de Juan Requesens, han subido el tono y han dirigido la mirada hacia el régimen de Hitler. Acuden a  Goebbels, por su empleo de técnicas modernas de manipulación de masas, como si no bastaran las desarrolladas por Fidel Castro que los hipnotizó durante medio siglo. Basta recordar el desfile de presidentes de la república, incluso europeos (François Hollande), que acudían a rendirla pleitesía al “Comandante en Jefe” durante sus últimos años de vida.  Otros, hasta ahora renuentes a referirse al comunismo, han dado el paso y han mencionado el elemento ideológico del comunismo en la manera de la aplicación de la tortura psicológica que manifiestamente le han aplicado a Requesens. Han recordado el caso de Arthur London, comunista checo, vice-ministro de relaciones exteriores bajo el régimen de Stalin, que se hizo célebre por su libro Confesión y la posterior película que le inspiró ese libro a Costa Gavras, en el que narra su experiencia de autoinculpación de “agente del enemigo”, en el marco de uno de esos tantos procesos celebrados durante el período estalinista. Lo curioso de esos intentos de explicación es la ausencia de ejemplos cubanos. Ni siquiera se menciona la cercanía con Cuba, y el hecho de que las técnicas de manipulación y de represión que se están aplicando en Venezuela, son producto de un aprendizaje de técnicas aprendidas, precisamente en Cuba.

La represión en un régimen totalitario forma parte de su doctrina militar, por lo tanto, existe una escuela de entrenamiento destinada a formar personal especializado en técnicas de represión en la que se entrenan militares y miembros de los aparatos policiales venezolanos desde hace veinte años.  Lo procedente debería ser entonces, referirse al ejemplo cubano. No hay necesidad por lo tanto de recurrir a los ejemplos de la  Alemania de Hitler, ni al la dictadura de Pinochet para ilustrar la política represiva del gobierno de Maduro.

Existen innumerables ejemplos de las técnicas de represión empleadas por el régimen castrista, incluso, desde la Sierra Maestra, en donde se instauró la pena de muerte y era aplicada de manera cotidiana, mucho antes de la llegada al poder de los hermanos Castro. Tomaría demasiado espacio, enumerar los diferentes ejemplos de la “justicia revolucionaria” castrista. Mencionaremos los más conocidos, porque el tema es demasiado amplio. Se trata simplemente de informar sobre un tema que atañe directamente la vida de los venezolanos para que perciban el grado de tecnicidad que están adquiriendo los expertos criollos encargados de la represión. Lo analiza a perfección el gran especialista sobre la formación de los revolucionarios latinoamericanos, Louis Mercier Vega, La révolution par l’État,  una obra maestra siempre vigente sobre el tema. En relación a la  especificidad del castrismo afirma que: ”reinventó una nueva categoría de dirigentes, gerentes, administradores, procedentes de todas las categorías sociales, elevándolos a niveles diversos del aparato del poder, desligándolos del sus medios de origen. Estos ya no son los intérpretes de los intereses o deseos de sus grupos sociales, sino al contrario, transformándolos en agentes de ejecución de las decisiones tomadas en la cima del poder”: en Venezuela, la cima del poder es La Habana. Este esquema erradica el sistema endogámico y de complicidades en los estratos de la élite que siempre ha existido en la Venezuela republicana. De allí que la buena voluntad de la élite dirigente de la oposición, choque contra un muro y no logre establecer un diálogo y negociar  con el poder. Ya la endogamia y la complicidad no funcionan dentro de ese nuevo esquema. O adhieres, o eres enemigo: de allí que la opinión pública, bloguista o tweetera, intuya (cosas de la inteligencia colectiva que se le deberían tomar en cuenta en lugar de reprocharle), que el diálogo no funciona, y los acuse, seguramente de manera injusta,  de traición. Pero al igual que Tocqueville, que al final de su celebre ensayo, De la democracia en América, dice que percibe una especie de opresión que amenaza a los pueblos democráticos, y que no se parece en nada  a lo ya conocido , y que él mismo no logra darle nombre; algo que anula “el libre arbitrio; que encierra la voluntad en un pequeño espacio; y poco a poco le arrebata al ciudadano hasta el uso de sí mismo”, también la intuición de los ciudadanos que vierten críticas ante lo inexplicable y no explicado, no encuentran las palabras para definir lo que les está sucediendo, pero sin embargo, perciben que algo no encaja.

El juicio más sonado en los inicios del régimen castrista, fue el de los pilotos en febrero 1959, que marcó la pauta de la “justicia” que iba a imperar e impera todavía en Cuba. Cuarenta y tres pilotos, miembros de la aviación del Ejército Nacional, acusados de “genocidio” fueron juzgados por un tribunal revolucionario. Absueltos por el mismo tribunal, Fidel Castro ordena invalidar el fallo. Fueron juzgados de nuevo y condenados a 30 años de trabajos forzados, pena abolida en Cuba desde 1902. El presidente del tribunal que los absolvió, siendo Comandante del ejército Rebelde castrista, se suicida tras el nuevo veredicto. El abogado defensor de los pilotos, hecho prisionero fue  sometido a hostigamiento durante toda su vida.

El famoso juicio a “Marquitos”, en 1964, un ex miembro de la Juventud Comunista de Cuba (del antiguo partido comunista, Partido Populista Popular  – PSP), acusado de haber delatado a unos jóvenes miembros del Directorio Revolucionario que habían intentado asesinar al entonces presidente, el general Fulgencio Batista. Más que demostrar la culpabilidad de Marquitos, el trasfondo del juicio era el de implicar a Joaquín Ordoqui, miembro del PSP, vice ministro de la Defensa, que el tribunal acusaba de haber protegido a Marquitos. Fidel Castro, después de haber utilizado los buenos oficios del PSP para establecer relaciones privilegiadas con Moscú, deseaba deshacerse  de esa influencia que disminuía la hegemonía de su poder. A Marquitos, por supuesto se le aplicaron todas las técnicas de la Stasi (tortura blanca, drogas, etc) para que confesara. Fue fusilado inmediatamente. Un amigo de Marquitos, Jorge Valls, que asistió al juicio, se levantó clamando su inocencia, fue condenado a 24 años de cárcel que cumplió hasta el último día. Experiencia que consignó Jorge Valls en uno de los mejores libros sobre las cárceles cubanas bajo el castrismo.

Ordoqui se libró de la acusación, pero poco después un documento llegó a las manos de Castro, que demostraba que Ordoqui había “colaborado” con la CIA durante su exilio en México. Hecho poco creíble dado el grado de relación de Ordoqui con los soviéticos.  Gracias a la intervención de Moscú no fue condenado a muerte. Sufrió arresto domiciliario hasta su muerte.

El encarcelamiento del poeta Heberto Padilla (1971), escritor totalmente identificado con la revolución, por haber escrito un libro de poemas, Fuera del Juego,  que sugería criticas a la revolución, sometido a una confesión pública confesó todo cuanto le dictó el aparato policial, hasta acusó a su mujer, amigos etc. en cumplimiento del dogma castrista: “Dentro de la revolución, todo. Contra la revolución, ningún derecho”. A partir de ese juicio, ningún escritor cubano se atrevió a escribir algo sospechoso de crítica. La posición de los intelectuales se fisuró frente al caso Padilla. García Márquez rehusó firmar una carta en protesta por esa detención. Sí firmó Mario Vargas Llosa, Sartre y Simone de Beauvoir. Julio Cortázar, firmó la primera carta, pero luego se desdijo.

El general Arnoldo Ochoa, se auto acusó del delito de tráfico de drogas, siendo totalmente inocente, en aras de “salvar la revolución”. Al teniente coronel Antonio de la Guardia, que sí traficó con drogas por orden de Fidel Castro, se le ordenó se auto acusara “para salvar a la revolución”, que el “asunto quedaba entre nosotros”. Es decir, que lo sacarían durante algún tiempo de la esfera pública, hasta que se olvidara el caso. Ambos fueron fusilados.

Innumerables son los testimonios de ex presos políticos cubanos sometidos a tortura y a encarcelamientos de más de 30 años. El uso de los excrementos, como lo hicieron con Leopoldo López y ahora con Juan Requesens, es una vieja técnica cubana utilizada en la primera fase del castrismo, en el Presidio Político de Isla de Pinos que albergó 15.000 presos políticos entre los años 1959-1967. Celdas de castigo, campos de trabajo forzado, torturas, eran el pan cotidiano del tratamiento que sufrían los presos. A los “plantados”, término utilizado por los presos que se negaban a ejecutar los trabajos forzados, se les obligaba a bayonetazos a ingresar a las cloacas por donde se evacuaban las heces fecales de la inmensa prisión. Es una técnica seguramente estudiada por el cuerpo de psicólogos adjunto al Ministerio del Interior cubano (MININT), experto en torturas y en métodos de ablandamiento de prisioneros.

Vale la pena recordar a los miles de “alzados”,  – “bandidos” según la apelación del régimen -. en su mayoría campesinos, que tomaron las armas contra Castro desde el mismo año 1959, contrarios a la reforma agraria que les negaba la propiedad de la tierra y los convertía en empleados del Estado mediante cooperativas. El último alzado fue apresado y fusilado en 1966.

Un poco largo este recuento en momentos en que la lectura ha cobrado el formato del Tweet. Pero creo necesario, aunque de manera somera, un cierto conocimiento de la historia del castrismo, que es también ya parte de la historia de Venezuela.

 

La agotada revolución bolivariana por Diego Carcedo – El Heraldo – 31 de Julio 2018

Este movimiento nacido en Venezuela, que siguieron varios países latinoamericanos, ha ido retrocediendo al constatarse su fracaso y ya apenas se mantiene en el régimen de Caracas y, cada vez menos, en Cuba.

La llamada Revolución Bolivariana que durante algún tiempo protagonizó la política latinoamericana y entusiasmó en ámbitos de la izquierda intelectual, está agotando sus últimos días. Nació y evolucionó en torno al petróleo venezolano y el caudillaje de Hugo Chávez, pero nada parece ya detener su final. La situación en Venezuela, la más desastrosa que ahora mismo se está viviendo en el continente, es el ejemplo mas elocuente del fracaso de una política inspirada en veleidades y nunca en realidades.

Ecuador fue el primero de los seguidores del chavismo que desertó. La elección de Lenin Moreno para sustituir en la presidencia a Rafael Correa inició la desbandada. Hoy, Correa está evadido de la Justicia y Ecuador recupera la normalidad democrática. Y Moreno estuvo comprometido con la Revolución Bolivariana hasta que se dio cuenta de que aquello era una utopía.

En BoliviaEvo Morales también se fue apartando de las ideas del chavismo y es el único de los líderes que continúa sobreviviendo a la experiencia. El que más se resistió fue Daniel Ortega, el líder sandinista que jugaba en Nicaragua con todos los recursos para perpetuarse en la presidencia, compartida para mayor escarnio de la imagen pública con su mujer Rosario Murillo. Ortega, a quien parece haberle llegado la hora, se despide perpetuando la tradición del traidor. Llegó al poder derrocando al dictador Anastasio Somoza, con el plausible argumento de devolverle la libertad al pueblo y, lejos de hacerlo, lo que hizo fue asumir su herencia autoritaria y represiva perpetuándose en el cargo. Una imparable revuelta popular, que sus matones están reprimiendo sin contemplaciones, amenaza ahora con precipitar su caída, pero no sin antes dejar el recuerdo de un baño de sangre con un saldo de 300 víctimas.

Detrás del chavismo y de sus iniciativas bolivarianas ha estado siempre el castrismo.Venezuela contribuía con su crudo a mantener el régimen cubano y La Habana ejercía de capital ideológica y motor de la revolución. Pero ahora también en Cuba las cosas están cambiando. Desde la retirada de Fidel Castro y el acceso y renuncia a medias de su hermano, el anacronismo comunista aislado ha entrado en liquidación. El nuevo presidente, Díaz Canel, parece estar moviéndose con mucha prudencia, pero sin descanso, para impulsar un cambio progresivo hacia estructuras de libre mercado. Estos días se ha filtrado, probablemente de manera intencionada, que el borrador de la Constitución que se está elaborando no incluye al comunismo como guía del Estado y reconoce el derecho a la propiedad privada.

El hecho de que el propio Raúl Castro esté al frente de la comisión encargada de redactar la nueva Carta Magna es la mejor garantía de que el cambio en Cuba está en marcha y, de rebote, que la Revolución Bolivariana está pasando a la historia, aunque no así sus desastres.

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