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Si el Niño Jesús fuera venezolano por Milagros Socorro – La Gran Aldea – 12 de Diciembre 2019

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¿Sabes lo que es llorar y que nadie te resuelva? Es un Niño Jesús que aprenderá a leer pero no terminará la primaria, y ni soñará con la universidad. Es una generación condenada a la pobreza, porque el momento de la vida en que debieron de apertrecharse de recursos internos, de capacidades metabólicas, biológicas, afectivas, se los arrebataron. El Niño Jesús venezolano tiene retardo del crecimiento. Con estas palabras Susana Raffalli nos dibuja la semblanza de un pesebre donde la realidad es abrumadora, y ratifica que el patrón de saqueo que ha hecho el Gobierno con la infancia venezolana sólo es comparable al del Arco Minero.

“Si el niño Jesús naciera este 25 de diciembre en Venezuela, el Estado llegaría al pesebre y le robaría sus primeros mil días”, dice Susana Raffalli, quien antes era experta en nutrición y ahora también es versada en inopia.

Susana Raffalli Arismendi es nutricionista con posgrado en Nutrición Clínica del Centro Médico de Caracas. Tiene maestrías de la Universidad Complutense de Madrid y la Organización Panamericana de la Salud. Pero, sobre todo, tiene una vida de trabajo en el terreno de la seguridad alimentaria (que cuando se invoca es porque ya no lo es). Fue ella quien organizó el regreso de los damnificados a sus comunidades después del tsunami en Indonesia. Ya entonces había hecho un curso en gestión de Emergencia Humanitaria con énfasis en alimentación, impartido por la Cruz Roja española y la Universidad Complutense de Madrid. Luego trabajaría en Acción Contra el Hambre y en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), lo que llevó a la incansable caraqueña hasta AngolaAfganistánPakistán, el Sahara Occidental y Colombia.

En fin, de hambre y de pasar trabajos no le echan cuentos a Susana Raffalli, Premio Franco-Alemán de Derechos Humanos 2018, y asesora de Cáritas de Venezuela. También podría decirse que es asesora de la prensa venezolana, cuyas solicitudes atiende con frecuencia y paciencia dignas de encomio. En 2018 fue distinguida por Americas Quarterly, como una de las 10 Personas Que (Algún Día) Reconstruirán Venezuela.

-Desde 2016, Venezuela padece una emergencia de progresión lenta -dice cuando se le pregunta cómo nos consigue la Navidad de 2019-, que en este punto está enquistada y sin pronóstico. Coexisten los que pueden sobrevivir, aún acostumbrados a las precariedades, con los que están muriendo todos los días. No es que baje el sentido de urgencia, al contrario, Venezuela necesita ayuda con urgencia. Más apoyo y más rápido. La ayuda humanitaria que ha logrado entrar no cubre la escala necesaria. En las emergencias enquistadas y sin pronóstico, las soluciones se alejan del patrón estandarizado.

-¿Cuál es la diferencia entre una emergencia de progresión lenta, esto es creada por alguien, y una catástrofe natural?

-La gran diferencia entre una emergencia de instalación súbita, por lo general, deslaves, terremotos, (también por un derrame petrolero, un incendio) es que esas emergencias matan por shock. Los que mueren sucumben en las primeras horas. Pero, después de eso, al hacer el balance de lo que se cayó, viene la rehabilitación, y en la medida en que el personal humanitario trabaja retorna la normalidad. Eso puede tardar hasta un año o dos, pero se sale. En la emergencia de progresión lenta, más si está enquistada, la gente va entrando en sus propios procesos de desgaste, que se van alejando de la normalidad, es un bienestar propio, aislado de la situación general. Por ejemplo, no es normal que en una emergencia súbita haya desnutrición. Un niño no se desnutre en 72 horas. La desnutrición es un proceso de privación prolongada. Y en estas Navidades 13,5% de los niños menores de cinco años, evaluados por Cáritas, tienen desnutrición grave, incluso con alto riesgo de enfermar y morir.

-La emergencia venezolana no mata por shock, sino…

-Por desgaste. Llega un punto de extenuación en que tienes que lidiar no sólo con los que están a punto de morirse sino con los que se quieren morir porque se sienten desahuciados, desolados. Muertos en vida. Quisiera decirlo de una manera que no suene ridículo por lo grandilocuente. Pero muchos venezolanos andan muertos en vida. En una emergencia llegada a este punto, se tiene que lidiar con las urgencias, pero también con problemas muy complejos que no sabíamos manejar: Suicidiosprostitucióntrata. La misma voluntaria de Cáritas que hasta ahora lidiaba con un niño desnutrido dándole una barra nutricional, según un protocolo previsto para durar seis semanas, ahora debe hacer frente a esos flagelos. Siempre es más fácil, cuando uno trata de ayudar, contar con lo poquito que aporta la persona asistida, pero en la emergencia de Venezuela nos está tocando lidiar con familias ya muy desgastadas, con un músculo de resistencia muy gastado.

“A partir de febrero no hay importación de alimentos y la gente no se puede movilizar por la falta de gasolina. El país está mantenido por las remesas”

Susana Raffalli

-Usted escribió el siguiente tuit: «Junto a Yemen y Siria, se estrena hoy Venezuela en el reporte mundial de necesidades humanitarias. Cerca de 1 de cada 4 venezolanos está en necesidad de ayuda humanitaria urgente, lo confirma ONU. El país se les desmoronó en sus manos».

-Está en el reporte del Panorama Humanitario Mundial, dado a conocer el miércoles 4 de diciembre de este año por Naciones Unidas junto con cientos de ONG. Cuando ponen a Venezuela a la par de Yemen y de Siria, no es porque sus emergencias se parezcan, sino por el número de afectados, por la cantidad de recursos que hay que invertirles, y por las dificultades de acceso a esas personas. En esto, Siria y Yemen son equiparables a Venezuela, donde las familias afectadas todavía pueden moverse para encontrar opciones, aunque sean salidas tan terribles como la prostitución e incluso las prácticas ilegales. Ya vemos, por ejemplo, un movimiento masivo hacia el Arco Minero. En Siria, si sales, te encuentras con minas antipersonales, en áreas de bombardeos o enfrentas una limitación normativa de desplazamiento por el territorio. En Yemen, 46% de los niños desnutridos se pueden morir en dos o tres días. En Venezuela estamos cerca del 15%. En 2017 tuvimos casi 21%. Va al vaivén del gasto público y de las remesas. A partir de febrero no hay importación de alimentos y la gente no se puede movilizar por la falta de gasolina. El país está mantenido por las remesas.

-¿Cuál ha sido el peor año?

-El 2017. La diócesis que peor llegó a estar tuvo 21% de desnutrición, muy por encima del umbral de emergencia. Fue en Machiquesestado Zulia. El segundo fue Vargas. El tercero, Sucre.

-¿Qué pasó en Machiques para que casi un cuarto de los niños fueran condenados a la desnutrición?

-Una coincidencia de hechos funestos: Expropiaciones de grandes fincas ganaderas; la demarcación de las zonas indígenas, que no podían ser trabajadas para la ganadería; y la intensificación del movimiento de fuerzas irregulares en la zona. Las fincas dejaron de contratar peones y la gente se quedó sin medio de vida.

-¿Y en Vargas?

-El deterioro del deslave nunca se terminó de rehabilitar, entonces hay muchas dificultades de acceso al agua potable y al drenaje de aguas negras. En Vargas hay mucha pobreza, mucho cáncer, muchas enfermedades cardiovasculares y, además, siguen estando en una zona de altísimo riesgo de un nuevo deslave.

-¿En Sucre?

-En todos los casos hay un Estado que ha tomado medidas regresivas para el goce del derecho a la alimentación, para obligar a la población a comer de lo que el Estado pone en una “caja”. En alimentación pasamos de una situación de mucha libertad a ninguna libertad. Es un salto atrás en materia de libertad y de Derechos Humanos. Tener alimentos en un mercado es un derecho humano. Hemos pasado de eso a poner una huella dactilar para comprar lo que el Estado quiera. Pero sobre ese mantel ha habido factores que afectan a los diferentes lugares en mayor grado. En Sucre, el factor añadido es la Malaria y las economías ilegales.

-Usted mencionó el reporte de Naciones Unidas. Bueno, por fin se dieron cuenta de que «Las necesidades superan sustancialmente los recursos que tenemos». No se puede decir que sean rápidos para captar la realidad.

-En su viaje a Venezuela, el subsecretario general de las Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, admitió con las manos literalmente en la cabeza: «En el reporte decimos que hay siete millones, pero yo sé que son 11». Pero el señor Lowcock sólo vino por unos días. A lo interno del país tenemos un sistema de Naciones Unidas (NNUU) muy resistente a reconocer las verdaderas dimensiones de lo que ocurre y, ni digamos, a interpelar al Gobierno con lo que hay que hacer.

“En la emergencia de Venezuela nos está tocando lidiar con familias ya muy desgastadas, con un músculo de resistencia muy gastado”.

-Usted escribió en Twitter que: «En este país en el que las cosas se pagan con oro, tenemos […] una planta humanitaria prístina enviándonos selfies desde los mejores restaurantes de Caracas…». ¿Se refería a los funcionarios de NNUU en el país?, ¿son, entonces, cómplices?

-Me refería a muchos de ellos. Y sí, lo son. Hacen lo que el Gobierno les permite. Con el argumento de que si hacen algo distinto, el Gobierno los saca. Se supeditan a lo que el Estado dice. El mecanismo por dentro está lleno de fuerzas ideológicas que no están facilitando las cosas. Incluso, hay técnicos de NNUU que insisten en que el número de quienes han emigrado es de 2 millones 400 mil personas, cuando ACNUR dice que son 6 millones. Pero, eso sí, para pedir plata para los que se fueron calculan 3 millones 800 mil.

-La FAO pasó de dar una medalla a Chávez en 2012 y luego a Maduro en 2015 porque, según ellos, Venezuela era “territorio libre de hambre”, y a 2018 dice que hay casi 7 millones de venezolanos que padecen hambre. No puede decirse que sean la mata de la coherencia.

-El aumento de personas en situación de hambre, que estima la FAO, comenzó a incrementarse sostenidamente a partir de 2012, antes, por cierto, de la aplicación de las sanciones. Ese director que le dio una medalla a Maduro está ahora en Cuba. Mientras sigamos en este simulacro según el cual aquí la situación “no es tan grave”, no se van a tomar las medidas necesarias, ni se va a llamar al Gobierno a rectificar. Mientras, se pierden vidas y oportunidades. La ayuda humanitaria no resuelve los problemas, es limitada, subsidiaria y finita. No puede ser permanente. Se supone que, mientras tanto, se va a la causa que está provocando la emergencia. Pero en Venezuela, en vez de resolver, ponen lucecitas en un cerro, se compran todas las casas de una calle o destrozan el sur del país. Cualquier Estado aprovecha la ayuda internacional para recuperar fuerzas, rectificar lo que causó el daño, aquí no. El Estado ha tomado un montón de instancias de sustitución para que hagan lo que él no quiere hacer. Unicef está apoyando al Gobierno en la rehabilitación del acceso al agua y saneamiento; es decir, en lugar de estar vacunando y desparasitando niños, están haciendo lo que le toca al Gobierno.

-La emergencia de Venezuela, entonces, es lenta, es compleja, está enquistada… ¿Qué viene?

-El último factor, el más nefasto, es que en poco tiempo será olvidada. La emergencia de los saharauis se olvidó. Más nadie habló de esa gente. Ahí están hace 40 años. Darfur es una emergencia olvidada. No quiero ser pájaro de mal agüero, pero ya comenzó el proceso hacia allá. Será olvidada por los donantes internacionales de la ayuda, por la comunidad internacional, por los medios de comunicación, que ya lo hemos empezado a ver. Incluso, olvidada por nosotros mismos. Olvidamos que así no se puede vivir. Ya se instaló la precariedad como una vida normal, y ahora estamos con la narrativa de la resiliencia, de los emprendedores que siguen en el país… que, bueno, que no tenemos agua ni luz pero que… En realidad es una miseria que tengas que atender tu emprendimiento con una planta eléctrica, porque no tenemos tendido eléctrico. El bono en dólares no te libera de un Estado que tortura y que tiene las cárceles llenas de presos políticos. No se puede perder la beligerancia. No se puede perder la percepción de lo anómalo. De la vulneración, del abuso. Se nos olvidó el disfrute del bienestar y cuando las emergencias entran en esa ruta, es muy difícil salir. Así podríamos quedarnos.

“En alimentación pasamos de una situación de mucha libertad a ninguna libertad. Es un salto atrás en materia de libertad y de Derechos Humanos”

Susana Raffalli

-¿Qué son los CLAP?

-Es un mecanismo de penetración, control social y compra de lealtades. Nunca fue un programa alimentario. Es el medio alrededor del cual se articula una vasta red de crimen organizado que lucra con eso. Los CLAP encarnan, materializan, la quinta economía ilegal de Venezuela, después del contrabando de gasolina, el tráfico de estupefacientes, la minería ilegal y la corrupción con diferenciales cambiarios. Su contenido es absolutamente inadecuado en cantidad y calidad. No es inocuo, son alimentos que vienen adulterados. No es consistente con nuestro patrón cultural. Es una aberración. Además, te obligan a pagarlo por adelantado, sin saber lo que te van a poner. Y te lo entrega un miliciano que con la caja te pasa un mensaje ideológico. Nunca debió existir este azote.

-¿Cómo llega el pueblo venezolano a la Navidad?

-Ya no hay un solo pueblo venezolano, sino varios, una Venezuela dentro de otra, nunca tan desigual. Hay una mínima población que llega comprando arbolitoscaña y panettone; y una gran mayoría que no tiene ni para el onoto. Y en el medio están los que llegan comiéndose una hallaca, solos, con la familia en el extranjero. Y si tienen esa hallaca no tienen para zapatos. Llegan desgastados por la precariedad y agotados por sus cuatro o cinco empleos de ínfima calidad.

-¿Cómo sería el Niño Jesús si fuera venezolano?

-Si fuera niña, le faltarían ocho centímetros de estatura. Como es niño, le faltan cinco. Y a ambos les faltan millones de conexiones neuronales, de facultades cognitivas, con un hueco afectivo. El hambre genera un hueco que, si sobreviven, nada habrá de llenarlos, tendrán mil problemas por su insaciable voracidad. ¿Sabes lo que es llorar y que nadie te resuelva? Es un Niño Jesús que aprenderá a leer pero no terminará la primaria, y ni soñará con la universidad. Es una generación condenada a la pobreza, porque el momento de la vida en que debieron de apertrecharse de recursos internos, de capacidades metabólicas, biológicas, afectivas, se los arrebataron. El Niño Jesús venezolano tiene retardo del crecimiento. El Estado llegó al pesebre y robó sus primeros mil días. Más aún, desde la gestación. A Cáritas llegan niños con tres días de nacidos y ya tienen retraso de talla, ya están desnutridos. Es un niño saqueado. El patrón de lo que ha hecho el Gobierno con la infancia es el mismo del Arco Minero.

-¿Y qué figuras deambulan por los cerros de cartón del pesebre?

-Los que se están muriendo, los que se murieron y a los que se les acabó la vida.

Janeth Márquez: “La crisis humanitaria nos cambió la vida totalmente” por Hugo Prieto – ProDaVinci –

 

Janeth Márquez: “La crisis humanitaria nos cambió la vida totalmente”

Hay una relación inversamente proporcional al bienestar en la conformación de Cáritas —el brazo institucional de la Iglesia Católica para atender a la población más vulnerable —, tanto en el mundo como en Venezuela. Mientras más miserables son las condiciones de vida de un país, más fortaleza, presencia y capacidades desarrolla Cáritas. Su relevancia es visible en países como Haití y Guatemala. Pero también en nuestro país que, a partir de 2014, cayó en el despeñadero en el que nos encontramos.

Ciertamente, Cáritas era una organización de bajo perfil, de escasa recordación diría un publicista, pero empezó a crecer a raíz del deslave de Vargas en 1999. Hoy es una tabla de salvación para muchos venezolanos acosados por el hambre y las enfermedades endémicas. Es inquietante la extendida sombra que puede proyectar la ruina generalizada. Y aquí cabe también un juego de palabras: en la emergencia humanitaria, Caritas ha vivido su propia emergencia. Un cambio radical, una transformación a fondo. Es la parábola que traza Janeth Márquez, su directora Ejecutiva desde hace 20 años. La organización que dirige tiene presencia en todo el país, a través de 34 Cáritas diocesanas, que a su vez repican en más de 500 parroquias de zonas populares. Márquez, además, es socióloga, politóloga, con una maestría en Planificación de la UCV.

¿A partir de qué año empiezan a trabajar bajo el concepto de emergencia humanitaria compleja? ¿Es algo que ustedes captaron? ¿Pudieron establecer una línea de tiempo? ¿Una cronología del sufrimiento de la población venezolana? 

A partir de 2014—2015, empezamos a detectar la crisis. En las parroquias la gente decía que había un marcado deterioro, que el dinero no alcanzaba para comer, que los niños se desmayaban en las escuelas, en las que había, además, deserción estudiantil. Nos preguntamos si esto eran simples anécdotas y nos propusimos recabar información para saber qué estaba pasando y llegar a un diagnóstico. Mucha gente hablaba incluso de hambruna. Nos empapamos de la literatura sobre todo lo relacionado a la crisis humanitaria y buscamos información oficial.

¿Establecieron contacto con sus pares de América Latina? ¿Se crearon redes con otras organizaciones?

Sí, empezamos a estudiar a los países que enfrentaron una situación similar a la que hoy vivimos en Venezuela. La gente de Guatemala, de Perú, nuestros hermanos de África, entre otras cosas porque no queríamos inventar el agua tibia, no teníamos tiempo ni financiamiento para eso. Nos dimos cuenta de que en Venezuela no se publicaban cifras oficiales y sin cifras no se puede llegar a un diagnóstico. En 2016, a partir de nuestro sistema para recaudar información, diseñamos una herramienta de monitoreo que le sirviera a la Iglesia Católica. La alimentación fue nuestra prioridad ese año y nos resultó de gran ayuda la experiencia de Guatemala.

¿Qué arrojó ese primer diagnostico?

Hace 25 años hicimos un primer diagnóstico, pero lo dejamos de lado porque a partir de 2004, con las misiones del expresidente Chávez, la situación alimentaria mejoró y la desnutrición se redujo. Esa experiencia, para la cual nos habíamos formado, la retomamos en 2014. Le aclaro que la intención no era hacer un diagnóstico que pudiera ser equivalente al del Estado. La idea, repito, era diseñar una herramienta que le sirviera a la Iglesia.  ¿Qué arrojó ese diagnóstico? Que la desnutrición había aumentado al ocho por ciento, cifra que en sí misma es una señal de alarma. Ese informe se lo enviamos a diversas instituciones del Estado —al Ministerio de Alimentación, a la Fiscalía General de la República, a la Defensoría del Pueblo, entre otras— y dimos una rueda de prensa para alertar a la sociedad civil. Mosca, porque si bien el número es preocupante, la situación puede revertirse si no se aplican las políticas adecuadas. Nos comprometimos a mantener el sistema de monitoreo por un año.

Ustedes empezaron por el hambre, quizás porque las tres papas al día son vitales, pero a esta señal temprana de la crisis se agregan las enfermedades endémicas y también el descalabro de los servicios públicos en general, en especial el de salud y el acceso al agua potable. 

Aumentamos la muestra de cuatro a 10 Estados, como parte de nuestra  herramienta. A través del monitoreo trimestral detectamos que la desnutrición aumentó al 10 por ciento, indicador que marca el inicio de la crisis, incluso llegó al 15 por ciento. Pero en 2018 volvió a bajar. Nos preguntamos qué factores incidirían, tanto en forma negativa como positiva.  Entre los primeros la escasez de alimentos y el problema del agua que llegaba en forma espaciada, 10 días, luego 15 días, incluso un mes. ¿Cuál era la estrategia de la gente? Hacer dos comidas para ahorrarse una, beber el agua sin hervirla porque no había gas, y los enfermos con una condición de base, como la hipertensión o la diabetes, abandonaron los tratamientos. ¿Qué implicaba eso? Un deterioro generalizado de la salud de los venezolanos que viven en los sectores populares. La migración también afectó porque los padres se iban y al cabo de cuatro o cinco meses podían enviar una remesa de 10 o 20 dólares. Hubo gente que ni siquiera pudo enviar remesas.

Dijo que la desnutrición llegó a 15 por ciento, pero que en algún momento de 2018 comenzó a bajar. ¿Qué factores revirtieron esa tendencia?

Los bonos que dio el gobierno, bonos asociados a los procesos electorales que se realizaron tanto en 2017 (Asamblea Nacional Constituyente, elecciones municipales) como en 2018 (elección presidencial). Las bolsas CLAP y las remesas se combinaron con los bonos para que la desnutrición bajara al 10 por ciento, que sigue siendo el indicador que marca la crisis de un país. Actualmente, la desnutrición se ubica en 15 por ciento. La gente no tiene posibilidades de resolver su problema alimentario, su problema de salud, su problema de agua o sus carencias afectivas.  ¿Qué causa todo eso? Un colapso en la familia.

¿Qué herramientas de trabajo, procesos, mecanismos, implementaron ustedes  para atender a la gente?

La crisis cambió la vida de nuestra organización, totalmente. Nuestra misión era capacitar a la gente, incluso llegamos a crear microempresas. Ahora pasamos a proyectos asistencialistas. Desarrollamos la olla comunitaria. Hay más de mil en todo el país. Una sopa no resuelve el tema alimentario, pero nos permite ayudar y acompañarlos a los venezolanos más vulnerables. Pese a la prohibición legal, empezamos a desarrollar bancos de medicamentos. Hay más de 100 en toda Venezuela. ¿Qué podíamos hacer ante la escasez de medicamentos o ante la incapacidad de que los puedan comprar? Establecimos vínculos con Cáritas de España, de Italia y de otros países, para que los hipertensos, los diabéticos, pudieran seguir con sus tratamientos.

¿Qué hicieron en el plano organización, gerencial, administrativo? No sería descabellado pensar que la emergencia exigió, hasta un punto desconocido, sus capacidades

En todo el país nuestro personal era de 20 personas contratadas que contaban con el apoyo de un voluntariado numeroso. En estos momentos cada Cáritas diocesana tiene entre 10 y 15 personas contratadas. En el plano institucional, hemos desarrollado capacidades que no nos corresponden. Ahora somos nutricionistas, somos farmaceutas, a veces me pregunto: ¿Para qué tantos talleres si nosotros no queremos tener farmacias? Esto es por la emergencia, que en teoría debería durar hasta un año, una vez superada, volveríamos a nuestra misión para la que fui contratada: desarrollar proyectos, monitorear indicadores sociales y crear microempresas. Pero son tres años pesando niños, repartiendo medicamentos. Tres años que no salimos de esta emergencia.

¿Ustedes prácticamente abandonaron la misión inicial?

Nos estamos dedicando a lo que hicimos en la tragedia de Vargas. Durante seis meses ayudamos con la alimentación, con el agua, pero transcurrido ese lapso, la gente empezó a incorporarse a su barrio. Y nosotros volvimos hacer lo nuestro. Pero hoy es muy diferente. Le repito, llevo tres años ayudando en el tema de la alimentación, tres años pesando niños, tres años repartiendo medicamentos.

¿La emergencia humanitaria representa una prueba de estrés para ustedes?

Sí, hemos incorporado a nuestros procesos lo que llamamos el cuidado de los cuidadores. Nada que ver con Vargas, donde nuestro personal no era el afectado por la tragedia. Hoy la situación es muy distinta. Tenemos gente cuyos hijos están desnutridos o están fuera del país o no tienen los medicamentos. El 96 por ciento del personal se encuentra afectado por la crisis. El horario es de siete días a la semana a cualquier hora. Hemos incorporado a los indigentes a las ollas comunitarias. Es una población difícil, diferente. Aquí llega muchísima gente con temas de depresión, gente que se quiere suicidar y busca una palabra de aliento. Pacientes que necesitan ser operados. Si acaso dos de cada cien tienen posibilidad de que lo operen en una clínica. Eso significa que se van de aquí pensando que se va a deteriorar, que se va a morir dentro de poco, que sólo un milagro los puede ayudar. Toda esa carga emocional hay que trabajarla con nuestra gente.

Hay que decirlo, ¿No? Este país enferma.

Enferma. Nosotros recibimos llamadas de gente con edades entre 45 y 50 años, que tienen capacidad productiva y quieren morirse. O gente que se quiere suicidar porque los hijos se fueron. Hoy día, hay toda una población que depende de otro para vivir, así trabaje. Y eso hay gente que no lo aguanta, que no lo soporta. Pasan la línea, se vuelven depresivos, se suicidan. Nunca habíamos visto ese tipo de casos en Venezuela, así como tampoco casos de trata. Madres que han venido a denunciar que a sus hijas se las han llevado para la trata. Grupos del crimen organizado que se las llevan a Trinidad donde las convierten en esclavas sexuales. Nunca habíamos lidiado con eso.

El hecho de que la crisis humanitaria se haya normalizado, con todo lo que eso implica, nos vuelve inmunes ante esa realidad. Asumimos que es lo que nos toca vivir. 

Hemos visto tres formas de comportamiento. Uno, gente que piensa que la crisis llegó para quedarse y que por tanto hay que sobrevivir como sea, vendiendo gasolina, bachaqueando, haciendo no uno sino 10 tigres. Dos, gente a quien se le metió en la cabeza la idea de que se tiene que ir del país, me tengo que ir, me tengo que ir, aunque sean personas muy pobres que no tienen posibilidad alguna de hacerlo. Tres, gente que trata de sacar provecho de esto como sea. Nos estamos viendo de otra forma. Si un muchacho no va a la escuela… total, para qué, si aquí no hay trabajo. La gente se prepara para sobrevivir el día a día. Hasta allí llegan las expectativas.

Si la gente piensa que la crisis llegó para quedarse, ¿Por qué habría de sorprendernos el conformismo?

Ahora todos nos critican, dentro y fuera del país. Es que ustedes eran ricos, es que ustedes comían bien. Pensemos por un momento que lo que teníamos era… ¡Demasiado! Pero lo que tenemos hoy ni de cerca es una vida normal. Hacia allá tenemos que avanzar, tenemos que intentarlo, dale pa’allá. A la cooperación internacional le hemos dicho: Tenemos que ayudar a la gente, pero bajemos un poco en las ollas comunitarias, en los comedores, y hagamos más énfasis en proyectos que tengan que ver con medios de vida. Cáritas ha criticado los programas asistencialistas del gobierno, entonces, ¿Vamos a hacer algo parecido? ¿Qué es lo que hemos visto? A nuestros migrantes que en Trujillo no pueden comer, y pasan la frontera, ¿Pero cómo puedes vivir en una plaza, en una carpa durante tres años? Ah, porque me dan las tres papas. Al final, la gente se vuelve robots. ¿Y cuando no haya cooperación internacional? Porque eso no va a durar toda la vida.

Lo otro es que si tengo que robar, robo; si me puedo aprovechar del vecino, lo hago; si me tengo que prostituir, no lo pienso dos veces. 

Eso está estudiado. En las crisis empiezas a desarrollar estrategias, ya mencionamos algunas. Haces lo que puedes, emigras, vendes algo de valor, ¿Qué viene después? La degradación moral. Lo estamos viendo en estos momentos. La mamá que está preparando a su hija de ocho años o al niño que lo pasa a la guerrilla o a un trabajo esclavizante. Y lo ven normal. Esa degradación aumenta en la misma medida en que lo hace la crisis. Por eso hablamos de las estrategias y si no resuelves la crisis en un año vas a llegar a las estrategias de degradación. Y eso es lo que estamos empezando a ver en Venezuela. Si voy a conseguir algo dando la información de que el apartamento de mi vecino está vacío, a mí no me importa. Si fuimos amigos, si coincidimos en el mismo bando político, no me importa, siempre y cuando pueda conseguir algo, empiezo a vender al hermano, al tío. Eso pasó en Cuba. ¿Qué quieres que haga? Yo tengo que sobrevivir, yo tengo que darle de comer a mis hijos. 

Esa degradación tiene además una dimensión social. 

Las obras sociales, las iglesias eran muy respetadas en Venezuela, así como los servicios médicos y las escuelas, precisamente porque estaban al servicio de las comunidades. Pero ya hay cosas que no se respetan, pueden robar una iglesia, como pueden robar una escuela, pueden venir a aquí a robar. ¿Y cómo pueden hacerlo si aquí tenemos una olla comunitaria, si aquí ayudamos a la gente? Hemos llegado a ese punto de degradación.

¿Qué implicaciones pudiera tener para la sociedad venezolana que la crisis humanitaria se vuelva permanente? 

Sería la destrucción total de las instituciones fundamentales, empezando por la familia. Aquí se han perdido muchas cosas. Si ves las escuelas, por ejemplo, no se han incorporado ni el 50 por ciento de los alumnos y de los maestros. Papas, tíos, muchachos de Chamba Juvenil impartiendo clases. Es una destrucción total de la educación. Si ves la administración pública, los equipos son de hace 20 años y a las puertas lo que encuentras es un cementerio de carros. Tierra de nadie, pero con una grandes burbujas, porque si vas a un club privado o puedes pagar un restaurante o un bodegón, seguramente te haces la pregunta: ¿Realmente Venezuela está en crisis? Hay una gran brecha entre la realidad y la percepción que pudiéramos tener de ella. Pero sal de esas burbujas: ¿Y qué vas a ver? Una destrucción total de cosas. De los hospitales, ni se diga. La Organización Panamericana de la Salud dice que hay mejoras y yo se lo creo, pero son puntuales. ¿Qué significa? Que llegaron insumos para dos meses. ¿Y después qué? Vacunaron hasta agosto, pero esos niños necesitan la segunda y la tercera dosis, la vacunación tiene que ser permanente. ¿Y si no es así, qué pasa? Que por ahí se cuela una epidemia. Hay mejoras para reducir la emergencia, pero no para que vivamos en un país normal.

Cuando le oyó decir al representante del Estado venezolano en Bruselas que aquí no había una crisis humanitaria, ¿Qué pensó? ¿Qué fue lo primero que le vino a la mente?

Cualquier representante del Estado que vaya a un organismo internacional se aprendió el libreto. Coinciden en que aquí no hay crisis y si hay problemas se deben a las sanciones. Entonces, ellos se aprenden el libreto y lo van diciendo en todos lados donde van. Es una ofensa porque están negando lo que está viviendo toda una población. Gente que está muriendo, pero no se sabe, porque aquí no hay cifras. Están pasando cosas que no se visibilizan. Aquí fallece una persona en un hospital y no ponen la causa de muerte. Tenemos tuberculosis, tenemos paludismo y eso no se está evidenciando. Ni siquiera las redes sociales se están haciendo eco de lo que nos está ocurriendo.

La agenda social: el mito del carácter social del régimen por Tomás Páez – El Nacional – 3 de Septiembre 2019

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Releía las entrevistas, las historias de vida durante la actualización de los datos para la próxima edición de La Voz y el Observatorio de la Diáspora Venezolana y en medio del proceso el señor Maduro declara: “Lo que hacemos en Venezuela es atender a los más humildes, llevar salud gratuita, tenemos un sistema de protección social y de salud profundamente humano, incluyente y científico». La tozuda realidad desmiente esa desatinada afirmación.

Aunque se disfrazan de Robin Hood, son el Príncipe y el Sheriff quienes utilizaban su ejército para saquear los recursos de los venezolanos, que padecen la mayor tragedia humanitaria conocida en Latinoamérica. Por eso, las declaraciones de sus compinches en el mundo son cínicas y amargas. Decía hace poco el señor Errejón: “La gente en Venezuela hace tres comidas al día”, y remataba con estas palabras “El proceso político en Venezuela ha conseguido inmensos avances en una transformación de sentido socialista, inequívocamente democrática, donde se respetan los derechos y libertades de la oposición, que dicen todos los días por casi todas las televisiones que viven una dictadura”. Le recomendamos la lectura del informe del BCV y el de Bachelet.

Como hechos son amores y no buenas razones, la realidad se ha encargado de despachurrar el mito del carácter social del régimen. Primero, el informe oficial de su Banco Central de Venezuela, cuyo título podría ser el de la canción “Todo se derrumbó”. También lo aplasta el estudio de la nutrición realizado por Cáritas y lo liquida el demoledor Informe Bachelet de hace unas pocas semanas, un completo K.O., que dejó al régimen fuera de combate.

La interacción humana, bajo este modelo, se transforma en un “sálvese quien pueda”, en la que el “otro” es un enemigo potencial. La desconfianza, así instalada, imposibilita la cooperación. Asimismo, desaparece la cultura del trabajo, la productividad, la innovación, el desarrollo tecnológico y el emprendimiento. La educación adquiere la forma de adoctrinamiento y pierde su capacidad de producir conocimiento. El encono del régimen con la educación se manifiesta en la reciente decisión, intervención disfrazada de legalidad, que acaba con la autonomía universitaria: ella muestra que el resentimiento de algunos es más fuerte que el odio.

Se jactaban de haberle otorgado rango constitucional a la seguridad social. En este terreno desconocieron los cambios y avances logrados y se opusieron, de manera rotunda, a la participación del sector privado en este terreno. Pronto violaron su “preciado logro”, su “trofeo social”, y convirtieron en letra muerta el mandato constitucional. El sistema de seguridad social requería muchos recursos; lamentablemente, ya habían sido destinados a su seguridad personal: apartamentos, cuentas bancarias, líneas aéreas.

Vendían como propio el escapulario ajeno. Se presentaban como quienes establecieron la educación gratuita y obligatoria, cuando en realidad esta comenzó en 1870. Durante el período democrático, la educación impulsó tanto la cobertura como la calidad. Sin esta última se ensancha la desigualdad. La Ley de Educación de este régimen excluyó la calidad; es la gran ausente entre las varias decenas de criterios contemplados en el preámbulo.

Han convertido al transporte en un medio inhumano de movilización. El Metro, obra de la democracia, hoy se encuentra sumido en precariedad e indigencia. Áreas como la recreación, la cultura y el ocio, el esparcimiento social, no existen o languidecen. El saqueo generalizado pesa, y mucho, en la explicación de la tragedia humana creada por este régimen. El socialismo venezolano o comunismo, como decía el mentor del modelo, el dictador más sanguinario de la región, F. Castro, son la misma cosa.

El carácter social del régimen existe solo en las palabras. La cruda realidad es otra; una inmensa tragedia humanitaria, prólogo de una gran hambruna. Corresponde a los demócratas hacer frente, a cortísimo plazo, a esta crisis social de proporciones mayúsculas y, a corto plazo, mejorar, de manera acelerada, la calidad de vida de los venezolanos. Dejar atrás la palabrería hueca del régimen y desplegar una agenda que incluya el desarrollo de la ciencia y el conocimiento, la innovación y el desarrollo tecnológico, la educación, la salud, el ambiente, el transporte, la seguridad personal y jurídica, la vivienda, la reconfiguración cultural, la superación de la desconfianza y el temor, el emprendimiento y el proceso de democratización. Será necesario establecer las acciones y los lapsos, asumiendo las limitaciones de la planificación y la necesidad de ajustes continuos, pues el futuro siempre es incertidumbre.

Es preciso recuperar la centralidad del tema social de la política, actividad social por excelencia, capaz, por tanto, de aprovechar la diversidad, los conflictos relacionados con el desacuerdo y la cooperación necesarios para construir consensos. Lo aconseja lo ocurrido en otras transiciones, como la de los países socialistas o el resultado de las elecciones argentinas. Es importante evitar las nostalgias que matan. El cambio y la transición, insistimos en ello, es una relación compleja entre las dimensiones política, social, económica, institucional y cultural. En nuestro caso, contra el cambio y la transición hacia la democracia conspira el Estado centralizado, la urdimbre legal, la destrucción de las redes, de las instituciones y la ausencia de un sistema de protección social.

Las transiciones exitosas han logrado articular la protección social con la libertad económica. El régimen, en el terreno social, no solo deja un desierto minado, se propuso reconfigurar al venezolano, cambiar su identidad, su comportamiento y actitudes, el escudo y el rostro de Bolívar, también intentó cambiar la historia y hasta la forma de concebir a la sociedad venezolana. Desmoronó a los partidos políticos, instrumentos clave de la democracia, y a los mecanismos creadores de riqueza, la empresa y el mercado. Aislaron al país, rompieron con los países históricamente amigos y los sustituyeron con sus nuevos socios. De esa práctica demoledora no escapó la Iglesia.

Los 40 años de democracia echaron raíces en la sociedad venezolana y, aunque débiles, crearon asociaciones civiles, partidos políticos, instituciones, y amplias trincheras democráticas resistentes a los embates desesperados y agónicos de los enemigos de la libertad. La participación de la sociedad será decisiva en la reconstrucción; ello ocurrirá cuando los cambios propuestos generen la confianza suficiente para que se integre activamente al proceso de consolidación democrática.

La implicación social fortalece la democracia, favorece la desconcentración del poder, facilita la integración de las instituciones a la cultura democrática y ello ayuda al éxito de la transición y a la recuperación de las libertades. De entre ellas, la libertad de expresión, fundamental para poder controlar el ejercicio del poder y exigir la rendición de cuentas. La participación social y política permite airear los potenciales conflictos entre la agenda de reformas económicas, sociales y políticas. La liberalización económica es necesario acompañarla de la construcción de un Estado democrático y retomar, por ejemplo, el proceso de descentralización interrumpido por este régimen.

El ámbito social, en completa orfandad y carente de recursos, obliga a activar “la unidad de cuidados intensivos” para atender la agobiante tragedia humanitaria y poder regresar a la calidad de vida, al sendero de la modernidad y la decencia desde el cual poder ejercer la política. Como dice Savater, “políticos somos todos”. La mayoría depauperada, con muchas expectativas de bienestar insatisfechas, necesita respuestas urgentes, una profunda inclusión y desatenderlas azuza la nostalgia por el tétrico pasado.

La desnutrición en Venezuela: Una epidemia silenciosa – NTN24 – 19 de Agosto 2019

Un estudio de la Organización No Gubernamental (ONG) Cáritas de Venezuela, reveló que la desnutrición infantil aguda severa se elevó a un 100% en 14 estados del país

Las cifras de organizaciones expertas alertan de la curva de crecimiento que está teniendo en Venezuela la desnutrición y el hambre.

En este trabajo, con imágenes de Rafael Hernández, una familia del área metropolitana de Caracas, con evidentes signos de desnutrición, dan testimonio de lo que padecen por alimentarse.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) entiende por desnutrición el consumo insuficiente de alimentos y de la aparición repetida de enfermedades infecciosas, además de que puede ser crónica y aguda.

“Aunque no hay cifras exactas por la falta de información oficial sobre salud y nutrición, hay señales claras de que la crisis está limitando el acceso a los niños a la asistencia médica, alimentos y medicinas”, señala Unicef en su portal web acerca de la desnutrición que vive el país suramericano.

Un estudio de la Organización No Gubernamental (ONG) Cáritas de Venezuela, reveló que la desnutrición infantil aguda severa se elevó a un 100% en 14 estados del país, lo que hace referencia a niños que son menores de cinco años. En tal sentido, recalcaron el fallecimiento de al menos 16 niños en el hospital José Manuel de los Ríos en el primer semestre de 2019.

Asimismo, la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi 2018), develó que “La cobertura educativa para la población de 3 a 24 años de edad pasó de 78%, en 2017, a 70% en 2018”.

Comunicado de la Fundación Justicia, Paz y Solidaridad – 11 de Abril 2019

Ante el anuncio de distribución de Ayuda Humanitaria por parte del Comité Internacional de la Cruz Roja, de la Cruz Roja Venezolana y el ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro

Este miércoles 10 de abril de 2019, el ciudadano Nicolás Maduro Moros, presidente de facto de la República Bolivariana de Venezuela, ha anunciado en cadena nacional de radio y televisión que “llegamos a un acuerdo, los comités internacionales de la Cruz Roja y el Gobierno Bolivariano, de trabajar para conjuntamente con los organismos de la Organización de Naciones Unidas, la ONU, (para) traer a Venezuela todo el apoyo, toda la ayuda de carácter humanitaria que pueda traerse”.

Al respecto, la Fundación Justicia Paz y Solidaridad, quiere hacer públicas ante la comunidad nacional e internacional, las siguientes consideraciones ante un tema tan complejo:

1. A lo largo de veinte años, desde la llegada de Hugo Chávez al poder, los venezolanos y el mundo entero ha sido testigos del desmantelamiento del orden interno y de la legalidad. A lo largo de este ominoso período se cuentan por centenares las víctimas de la desproporcionada represión propiciada por el estamento militar y los grupos paramilitares que actúan bajo la protección del régimen gobernante. Además de la destrucción de todo el aparato productivo en medio de la mayor bonanza petrolera que hayamos vivido, cuyos recursos fueron usados mayormente para la implementación de un sistema económico obsoleto, la creación de la mayor trama de corrupción de la historia contemporánea, respaldar al régimen cubano e incrementar el poder de influencia del Estado venezolano en la región para contrarrestar la influencia de los Estados Unidos y permitir la consolidación en toda Latinoamérica de factores y regímenes negativos, alentándose incluso que grupos extremistas islámicos pudiesen sentar base de entrenamiento y protección en nuestro territorio nacional, significando esto una grave amenaza para la paz de toda la región. A todo esto, se añade la consolidación de un cartel de tráfico internacional de drogas en el que se encuentran involucrados altísimos funcionarios del régimen de Chávez y de Maduro y que usa a la estructura y la seguridad del Estado para concretar sus fines.

2. Sumado a ello se presenta la explotación de nuestros recursos naturales, tanto en la Faja Petrolífera del Orinoco como en el Arco Minero, por parte de Cuba, China, Rusia, Turquía e Irán, entre otros países, cuyos dividendos sólo cumplen inmensos compromisos adquiridos por el régimen de Maduro. Esta invasión silenciosa del territorio venezolano significa la mayor ocupación por parte de fuerzas extranjeras en toda la región americana, que incluso más allá de las mismas explotaciones de recursos minerales, se ha traducido en la presencia de militares extranjeros pese a la prohibición explicita que existe respecto a ello en la Constitución Nacional de 1999 y que se usa como medida de garantía de los países antes nombrados para continuar sosteniendo el régimen que gobierna de facto a Venezuela.

3. En Venezuela se ha consolidado un Estado fallido y forajido, cuyos órganos que deberían ser administradores y garantes de justicia, seguridad y paz, sólo se han convertido en apéndice del régimen que lidera Maduro. Este testimonio de horror ha llegado a su punto culmen el pasado 23 de febrero del año en curso cuando las Fuerzas Armadas y Policiales, en unión a grupos paramilitares por el régimen, incluyendo privados de libertad del Centro Penitenciario de Occidente, que fueron armados para tal fin por órdenes de la ciudadana Iris Varela que detenta el cargo de Ministra de Asuntos Penitenciarios, IMPIDIERON el ingreso de la Ayuda Humanitaria que se encontraba en las ciudades fronterizas de Cúcuta (Colombia) e incineraron varios vehículos que la trasladan en el Puente Internacional Francisco de Paula Santander (Ureña-Venezuela) y de Pacaraima (Brasil) donde el pueblo indígena de Santa Elena de Uairen fue reprimido con una desproporcionada violencia ocasionándose la muerte de al menos 14 indígenas pemones y un centenar de heridos, así como del Barco “Puerto Rico” en aguas del Mar Caribe el cual fue expulsado bajo amenaza de fuego por parte de la Armada Nacional.

4. El Estado de Derecho y Justicia, marco del orden democrático, ha desaparecido en Venezuela. Y éste es el principal impedimento para que cualquier proceso de distribución de ayuda humanitaria coordinado por el régimen de Nicolás Maduro cumpla con los Principios Humanitarios de neutralidad, humanidad e imparcialidad establecidos por la Organización de Naciones Unidas mediante la resolución 46/182 del 19 de diciembre de 1991.

5. Sin embargo, la necesidad de iniciar el proceso de distribución de ayuda humanitaria es urgente. La Comunidad Internacional debe asumir con seriedad el compromiso de presionar para el restablecimiento de la democracia en Venezuela, sólo de esta manera se podrá detener el aumento de las víctimas de esta grave crisis, exclusiva responsabilidad del régimen de Maduro.

Es por eso, que la ayuda humanitaria NO puede significar para los venezolanos un paliativo que sólo otorga tiempo extra a la crisis. No se trata de solucionar por un corto lapso de tiempo. El fin del régimen es la única solución al drama que padecen los treinta millones de venezolanos.

6. Ante esta dramática situación, que solo agrava la crisis alimentaria y sanitaria que vive Venezuela, agotada la vía del diálogo para alcanzar una salida negociada y pacífica que condujera a elecciones libres y la imposibilidad de la sociedad civil, por su estado de indefensión, de enfrentar al régimen de Nicolás Maduro, la Comunidad Internacional debe asumir una postura más definitiva y hacer uso legítimo del principio de la RESPONSABILIDAD DE PROTEGER (R2P) a Venezuela, aprobado por la Organización de las Naciones Unidas en septiembre de 2005 en la que se acordó que “la comunidad internacional deberá estar dispuesta a adoptar medidas colectivas «de manera oportuna y decisiva», por medio del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, en cada caso concreto y en cooperación con las organizaciones regionales pertinentes, cuando proceda, si los medios pacíficos, que incluyen los diplomáticos, humanitarios y de otra índole, resultan inadecuados y «es evidente» que las autoridades nacionales no protegen a su población”.

Dicho principio fue oportunamente aplicado con resultados positivos en materia de protección a Sudán (2006), Libia (2011), Côte d’Ivoire (2011), Yemen (2011), Sudán del Sur (2011), Siria (2012) y la República Centroafricana (2013). Venezuela, inmersa en esta crisis sin precedentes en la región occidental, no puede ser la excepción. El número de víctimas producto de la hambruna y la escasez de medicinas, así como de la represión y de las prácticas sistemáticas de torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes, aumenta al pasar las horas y el fin implica el derrocamiento del régimen de Nicolás Maduro.

7. Alentamos que la ayuda humanitaria ingrese a Venezuela y así como todo el país, esperamos que el Comité Internacional de la Cruz Roja y la Cruz Roja Venezolana no acepten imposiciones inviables en este proceso. Estamos convencidos de que es necesario que Cáritas Venezuela y en su conjunto las Iglesias de diferentes confesiones se involucren como garantes de un proceso de justa distribución de esta ayuda.


Caracas, 11 de abril de 2019

Por el Consejo Directivo,

Alfredo Coronil Hartmann, Presidente
Loreno Fernández Escobar, Vicepresidente Ejecutivo
Egildo Luján, Vicepresidente Administrativo
Eduardo Blanco Larrazábal, Tesorero
Leopoldo Villasmil Herrera, Secretario

Comunicado de Caritas –

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Directores diocesanos de Caritas de Venezuela se pronuncian sobre la crisis y el irrespeto a la dignidad de los venezolanos

Los directores y delegados de Cáritas pertenecientes a la red de Cáritas de Venezuela, en 28 Diócesis y Arquidiócesis del país, reunidos los días 19, 20 y 21 de junio, en la Casa Monseñor Ibarra de la Conferencia Episcopal Venezolana, reflexionando sobre la grave crisis que afecta a todo el pueblo venezolano especialmente a los más pobres, queremos dirigirnos a la opinión pública nacional, como ciudadanos y cristianos comprometidos con nuestra gente, con el anuncio del mensaje de nuestro Señor Jesucristo y con la inviolable dignidad del ser humano.

Durante este encuentro compartimos con preocupación la penosa situación que viven nuestros hermanos, cómo sobreviven ante esta crisis económica y cómo la diáspora de la migración aumenta cada día en nuestro país. Muy a nuestro pesar, las coincidencias en el testimonio de todas las Diócesis tristemente nos lleva a concluir que en este momento la dignidad humana está siendo agredida e irrespetada, especialmente en aquellos que son los más vulnerables, en los que se ha acentuado la fragilidad y dependencia por el déficit nutricional, falta de medicamentos, el abuso de poder por parte del Estado y el deterioro de servicios básicos indispensables como electricidad, agua, transporte, carreteras, aseo urbano, gas doméstico, servicios hospitalarios, servicios fúnebres, servicio de telefonía, acceso a internet, pérdida de un gran número de medios de comunicación. La ruptura del orden social y de la normalidad de la vida cotidiana es inocultable y está a la vista de todos los venezolanos.

Desde Cáritas de Venezuela, pastoral social a cargo de la ejecución de la asistencia y promoción del desarrollo humano, somos testigos presenciales de innumerables expresiones que nos indican el recrudecimiento de la crisis.

  1. Aumenta el éxodo de venezolanos que, aún sabiendo las dificultades en muchos países receptores, se ven forzados a partir como la opción más viable para sobrevivir, trayendo un sin número de familias desmembradas.
  2. Incursión en la minería ilegal, como oportunidad de sobrevivir y preservar calidad de vida , con importantes daños inmediatos como la propagación de enfermedades infecto-contagiosas (malaria entre otras), la esclavizante situación de trata humana y, a largo plazo un notable impacto ambiental como la contaminación por mercurio de ríos y desforestación de nuestras selvas.
  3. Sentimos dolor e impotencia al conocer tanto en zonas urbanas como en zonas rurales de casos de intercambio sexual a cambio de dinero o comida, como forma de llevar alimentos básicos a sus hogares, menoscabando todo valor social y humano.
  4. Estamos impotentes ante la reaparición de enfermedades prevenibles produce muertes y afectan a niños y niñas en edades en donde los daños son irreversibles, ante el deterioro de los avances que en seguridad social el estado venezolano construyó por décadas.
  5. Sufrimos la situación violatoria a la dignidad en personas privadas de libertad, retenidas en las comandancias y destacamentos de los cuerpos de seguridad municipales y del Estado, quienes sufren enfermedad, desnudez, hacinamiento, hambre e invisibilización.
  6. Reconocemos el trabajo que está realizando la iglesia católica unida en cada diócesis y parroquias, en comunidades de vida consagrada, en movimientos de apostolado, colegios y otras agrupaciones. Así mismo, con espíritu ecuménico, valoramos el esfuerzo que llevan adelante diversas profesiones de fe y un gran número de voluntarios de la sociedad civil a favor de los más afectados por esta crisis.

No obstante ante la gravedad de las situaciones expuestas solicitamos al Estado Venezolano la garantía de los Derechos a la Vida, Alimentación y salud tal como está consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Así mismo llamamos a toda la población a organizar o sumarse a tantas acciones de solidaridad, así como a no perder de vista la perspectiva de derecho en cada una de estas acciones, pues mientras aportamos trabajando por nuestra sociedad, su valor, estabilidad y capacidades totales, exigimos el respeto de nuestros derechos fundamentales y la posibilidad de seguir desarrollando toda labor de acción social e intervención humanitaria, en pro del bienestar común y una nueva dignificación de cada venezolano y venezolana.

Suscribimos el llamado de la Conferencia Episcopal Venezolana a ser apóstoles de la esperanza, perseverando en el mandamiento del amor y mirando en nuestro prójimo el rostro de Nuestro Señor Jesucristo. Que el espíritu santo nos aliente con fortaleza, entendimiento, caridad y sabiduría para seguir trabajando por el bien de todos los venezolanos.

 

Unicef: “Niños en Venezuela sufren desnutrición como consecuencia de la prolongada crisis económica y financiera” – ProDaVinci – 26 de Enero 2018

 El 26 de enero de 2018, Unicef publicó un comunicado en el que señala que “cada vez más niños Venezuela sufren desnutrición como consecuencia de la prolongada crisis económica y financiera que vive el país”. Además, hizo un llamado “para que se agilice la puesta en marcha de una respuesta sistematizada contra la desnutrición, basada en la información desglosada y coordinada entre el Gobierno y aliados”. A continuación el comunicado.

Venezuela: aumenta la prevalencia de la desnutrición infantil 
en medio de una crisis económica cada vez más profunda

“NUEVA YORK, 26 de enero 2018 – Cada vez más niños en Venezuela sufren desnutrición como consecuencia de la prolongada crisis económica y financiera que vive el país, advierte UNICEF. Aunque no hay cifras exactas por la falta de información oficial sobre salud y nutrición, hay señales claras de que la crisis está limitando el acceso a los niños a la asistencia médica, alimentos y medicinas. La organización hace un llamamiento para que se agilice la puesta en marcha de una respuesta sistematizada contra la desnutrición, basada en la información desglosada y coordinada entre el Gobierno y aliados.

Según la información oficial disponible, publicada por el Instituto Nacional de Nutrición en 2009, la prevalencia de emaciación (peso inferior al que corresponde a la estatura) en los niños menores de cinco años era por entonces del 3,2%. No obstante, los estudios no oficiales más recientes muestran tasas aún mayores. El Informe Global de Nutrición calcula una prevalencia de emaciación del 4,1%, mientras que el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2017 sugiere que la desnutrición (una medida del hambre que indica la proporción de la población con un consumo insuficiente de alimentos) en Venezuela ha crecido de un 10,5% a un 13% entre 2004-2006 y 2014-2016.

Según el informe trimestral de Cáritas de agosto de 2017, el 15,5% de los niños evaluados presentaban síntomas de emaciación (comparado con el 11,1% en el trimestre anterior), y un 20% adicional de niños en riesgo de desnutrición. Los resultados de estos estudios, aunque no representan el total de la población, son un indicador del continuo deterioro del estado nutricional de los niños.

El Gobierno Bolivariano de la República de Venezuela ha implementado medidas para mitigar el impacto de la crisis sobre la nutrición de los niños, incluyendo la provisión de paquetes mensuales de comida a precios asequibles para las familias más vulnerables, así como ayudas en efectivo y a través del refuerzo de los servicios de valoración nutricional y de recuperación. Pero hace falta más para revertir el preocupante deterioro en el bienestar de los niños.

UNICEF reitera su disposición para reforzar el apoyo al Gobierno y los aliados en la sociedad civil para mitigar el impacto de la crisis sobre los niños más vulnerables.

UNICEF está colaborando con el Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Nutrición, y las organizaciones sociales para reforzar y ampliar la vigilancia nutricional a nivel comunitario; proporcionando servicios de recuperación nutricional a través de sus aliados; apoyando cinco centros de maternidad prioritarios en el Distrito Capital, promoviendo la lactancia materna y orientando a las familias sobre crianza y sobre dónde pedir ayuda en caso de ser necesario, entre otros servicios. Estas actividades están siendo implementadas a través de actividades como los días de revisión, en los que se ha visto a más de 113.000 niños; proporcionado alimentos terapéuticos y suplementos en los casos necesarios; programas de capacitación y campañas de comunicación”.

 

Venezuela: de la crisis económica a la crisis humanitaria por Tomás Straka – Nueva Sociedad – Enero 2018

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La falta de perniles entre los alimentos a precios subsidiados originó protestas de Navidad entre las propias bases chavistas. Pero esos hechos, que parecen folclóricos, encubren una situación social de características posbélicas. Para Nicolás Maduro, se trata solo de los efectos de la «guerra económica», pero lo que existe es un desgobierno de la economía luego del boom petrolero.
Dentro de las muchas aristas que se consignarán para la historia de estos últimos meses de la vida venezolana, es muy probable que las protestas escenificadas durante las festividades navideñas (entre otras causas, por la no entrega de perniles a precios subsidiados) reciban una especial atención de los investigadores. Ni en momentos tan conflictivos como los de la Independencia y la Guerra Federal, ni siquiera en los disturbios que siguieron a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en diciembre de 1935, se había visto que en las navidades la gente no hiciera un alto para celebrar. Por lo tanto, los saqueos y trancones ocurridos en Caracas y otras localidades del país en las últimas fiestas son una prueba del nivel de rabia y desesperación excepcional al que se ha llegado, sobre todo en los sectores populares, tanto o más patética que los emigrantes venezolanos que duermen en carpas en Cúcuta y Boa Vista. Todo esto demuestra que ya se está colmando vaso.
La carestía en Navidad es mucho más dramática que en otra época, sobre todo cuando se trata de una sociedad acostumbrada desde hace décadas a aumentar de forma espectacular sus ingresos (y gastos) durante las fiestas de fin de año. Aunque se trata de una tradición que viene de muy lejos, desde la década de 1970, durante el primer gran boom petrolero, la participación de los empleados en las utilidades de las empresas y el pago de «aguinaldos» (bonos de fin de año) han inyectado un flujo de dinero que hacía de la Navidad venezolana una de las más bulliciosas de la región.
Aunque la crisis que empezó a despuntar en los años 80 las afectó, no por eso desapareció la aspiración a comprar el estreno (ropa nueva para la Nochebuena o Noche Vieja), juguetes de moda para los niños y abundante whisky, pintar la casa y preparar una mesa engrandecida por la inmigración (los criollos hallacas y pernil, panetones, jamón planchado, nueces, turrón, roscón de Reyes, etc.).
Tras los muy duros años 90, la liberalidad con la que Hugo Chávez manejó la bonanza del segundo gran boom revivió la llama. No solo decretó el equivalente al sueldo de tres meses como aguinaldo para todos los trabajadores y organizó ferias para ofrecer perniles y productos para las hallacas importados por el gobierno y vendidos a precios muy por debajo de los de mercado, sino que la clase media pudo traer con dólares subsidiados lo que quisiera del exterior a través de compras por internet, para las cuales el dólar se cotizaba la mitad que en la calle. Fueron los años (de 2004 a 2011, más o menos) en los que los niños recibían cuantos adminículos tecnológicos aparecieron, Venezuela se transformó en el quinto consumidor per cápita mundial de whisky, los bancos daban créditos blandos para ponerse prótesis mamarias de silicón, se vendía el doble de BlackBerrys que en Brasil y las transnacionales repatriaban ganancias superiores o iguales a las que obtenían en países mucho más poblados, como México. Los más pobres duplicaron su capacidad de consumo, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello. La clase media hacía viajes y financiaba con dólares subsidiados el envío de sus hijos al exterior.
Muchas voces advirtieron el riesgo del despilfarro, pero no fueron escuchadas y la popularidad de Chávez se mantuvo en más de 70%. Tal es el telón de fondo que hay que ubicar detrás de los venezolanos macilentos de Cúcuta o los que protestaban en Navidad. El colapso de la moneda nacional frente al dólar, que pasó de 18 a más de 100.000 bolívares en cinco años, junto a la constante expansión del gasto público, generó la inflación más alta del mundo (encima de 1.369% en 2017, según datos de la Asamblea Nacional) y pulverizó los ingresos de los venezolanos. Por otra parte, las estatizaciones que Chávez hacía mientras repartía pródigamente el dinero paralizaron la producción.
Según la Federación de Productores Agropecuarios, para 2016 la producción de alimentos había caído en 70%, cosa que los altos precios petroleros permitían compensar con importaciones. Pero después de 2008 esto dejó de ser así. El Estado, que es el que tiene el monopolio de las divisas, simplemente redujo drásticamente las destinadas a las importaciones, lo que a un mismo tiempo genera escasez de bienes y de divisas, y esto provoca aumentos de precios. Para compensar, el gobierno reparte bonos, como el llamado Niño Jesús, con bolívares sin respaldo que solo presionan sobre la inflación. El resultado es que hoy el salario mínimo es de 797.510 bolívares y un pernil de seis kilos cuesta alrededor de un millón y medio de bolívares. Es una disparidad entre los ingresos y los precios que viene ocurriendo desde hace un par de años, pero que en el último trimestre se ha salido de todo control.
Así, lo que comenzó a llamarse la «dieta de Maduro», por la que en promedio los venezolanos bajaron ocho kilos en 2016 según la Encuesta de Condiciones de Vida realizada por las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Católica Andrés Bello, se convirtió en hambre pura y dura. Como durante el segundo boomVenezuela pasó a ser un país de obesos (en 2014, 38,4% de la población tenía sobrepeso, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Nutrición), la «dieta de Maduro» agarró a unos ciudadanos gordos a los que rebajar no les vino mal. Pero después de tres años de adelgazar sin control, ya las cosas son preocupantes.
Cáritas ha señalado que 70% de los habitantes tienen déficit nutricional y 15% de la población come una sola vez al día. A eso hay que sumarle la situación sanitaria, con una escasez de 90% en algunos medicamentos según un informe de la Federación Médica. La Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida habla de un millón de casos de paludismo. La ONG Acción Solidaria señala que solo 77.000 de los infectados por HIV reciben retrovirales (aunque a veces no llegan en meses) y calculan que hay al menos otros 200.000 sin medicación. No es extraño que entre los venezolanos que huyen a Brasil, las autoridades hayan encontrado muchos enfermos de tuberculosis y malaria o portadores de HIV que no suelen tener conciencia de ello, según un informe de Human Rights Watch.
En suma, una crisis humanitaria en toda ley, que tiene efectos en toda la región y para el gobierno es solo el resultado de la «guerra económica» de las elites y el Imperio. Es en ese contexto donde después de sortear las protestas de mediados del año pasado, Maduro prometió a sus electores que les entregaría perniles en diciembre si votaban por sus candidatos en las elecciones municipales. El asunto tiene mucho de simple compra de votos. Además demostró que Maduro posee mucha más gente que le cree de lo que se piensa. Pero llegó el 24 de diciembre y los perniles no aparecieron. Fue la gota que derramó el vaso. Lo último que quedaba de los viejos sueños y de las navidades muníficas se fue al traste. Ya no hay más espejismos de riqueza ni excusas que valgan: estamos arruinados, vivimos en una crisis como las que antes solo veíamos en la televisión y tenemos tanta rabia que no dejamos de protestar ni en víspera de Navidad.

El hambre como herramienta de dominación política por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 21 de Enero 2018

gse_multipart55967El 23 de Abril de 2015 fue publicada una entrevista a Marcelo Resende, representante de la FAO en Venezuela, en la cual dijo: “Las misiones sociales, creadas durante los últimos 12 años, han sido un mecanismo fundamental para erradicar el hambre en Venezuela… en base a  la política de alimentación de un país que revirtió el índice de subnutrición y logró que más de 3.000.000 de personas que antes no tenían acceso a los alimentos pudieran tenerlo…”. 

Esta absurda declaración del Sr. Resende, un mercenario al servicio del régimen chavista, fue refutada en una comunicación remitida al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, por 40 organizaciones no gubernamentales latinoamericanas el 21 de julio de 2016, así como en mi blog, ver:http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2016/07/la-indigna-actuacion-de-la-fao-en.html ,https://www.lapatilla.com/site/2016/08/01/gustavo-coronel-la-fao-sigue-insultando-a-los-venezolanos/ y http://www.analisislibre.org/mi-queja-ante-las-fao-sobre-su-representacion-en-caracas-gustavo-coronel/.

Las misiones chavistas fueron el inicio de una estrategia que terminaría en la utilización abierta del suministro alimenticio controlado a la población como herramienta de dominación política.

Orígenes de la estrategia

La utilización de alimentos cómo herramienta de dominación política tiene sus orígenes modernos en el llamado Plan del Hambre Nazi. Este plan consistió en la transferencia de alimentos producidos en Rusia hacia la Alemania nazi, a fin de alimentar el ejército nazi a expensas de la población soviética, estrategia que causó la muerte por inanición de millones de personas. En el juicio de Nuremberg contra los criminales de guerra nazis  esta estrategia de inanición fue una de las razones que condujeron a las sentencias de muerte de los acusados.

En América Latina las estrategias similares a la usada por el régimen venezolano han sido las de los Castro en Cuba y de Salvador Allende en Chile. En Cuba ha existido desde 1963 un asfixiante racionamiento para la población, el cual la ha colocado en un plan de humillación crónica. Más parecida todavía fue la estrategia llevada a cabo en Chile por Salvador Allende, con las llamadas Juntas de Abastecimiento y Control de Precios JACP. Estas juntas chilenas fueron creadas por Allende en Abril de 1972, integradas por “un grupo de trabajadores que luchan en cada vecindario por lograr un adecuado abastecimiento, control de precios y combate en contra de la especulación”.

La manipulación de los alimentos en función política se basó en una alianza político-militar

En un excelente trabajo publicado  por PROVEA, ver:https://www.derechos.org.ve/investigacion/los-clap-7-indicios-de-discriminacion-politica  se menciona que todos los ministros de alimentación del régimen han sido militares:  el teniente coronel Yván José Bello Rojas, el mayor general Carlos Osorio Zambrano, el general de Brigada Félix Osorio, el mayor general Hebert García Plaza y el general de División Rodolfo Marco Torres, quien fue recientemente remplazado por el General Luis Alberto Medina Ramírez. Las primeras actividades de este tipo que se llevaron a cabo en el régimen datan de 2000, cuando se estructuró la llamada alianza cívico militar propuesta por el anti-semita argentino Norberto Ceresole, creándose dos grupos militarizados, el Plan Bolívar 2000 y el Fondo único Social. Estos fueron centros de gran corrupción, manejados por Víctor Cruz Weffer y William Fariñas respectivamente, ver también: https://www.elcato.org/pdf_files/ens-2006-11-27.pdf

En Julio 2016 Nicolás Maduro anunció la creación del llamado  Comando para el Abastecimiento Soberano, bajo el mando del ministro de la Defensa, General en jefe Vladimir Padrino López. Todos los ministerios quedaron supeditados a Padrino López  en el desempeño de las estrategias para afrontar la escasez de alimentos. Maduro lo dijo: “El Estado Mayor de los Comités de Abastecimiento Popular es un Estado Mayor que tiene más que rango ministerial. Cuando el Estado Mayor cite a un ministro, el ministro está obligado a rendirle cuentas porque le está rindiendo cuentas al pueblo organizado”. Se llegó al extremo de nombrar un general para cada rubro alimenticio: el General Caraotas, el general Leche, etc.

El “ejército” encargado de la logística de distribución de los alimentos estuvo estructurado por tres fuerzas chavistas incondicionales: UNAMUJER, donde militan solamente las mujeres “Bolivarianas, socialistas y chavistas”; El FRENTE FRANCISCO DE MIRANDA, creado por Fidel Castro y Hugo Chávez en  la Habana en 2003 y las llamadas UNIDADES DE BATALLA BOLÍVAR-CHÁVEZ, integradas por “destacados” miembros del PSUV, el partido chavista, quienes forman la estructura base de ese partido, según dice Elías Jaua en la página oficial de ese grupo.

En Mayo de 2016 el régimen designó a Freddy Bernal como coordinador del Centro de Control de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, conocidos como CLAP (Gonorrea, en Inglés) , cuya misión es la de supervisar la distribución de alimentos en las comunidades organizadas “para combatir la guerra económica y garantizar que los alimentos lleguen directamente al pueblo”. Freddy Bernal es un antiguo hampón, miembro de una pandilla de ladrones, hecho preso por la policía de Caracas en la década de los años 60. Hoy en día figura como uno de los miembros del régimen sancionados por USA por estar involucrado en violaciones de derechos humanos y corrupción. Bernal es un civil y quien realmente da las órdenes es el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López. Hace unos días, el 19 de Enero de este año, Padrino López, se reunió  con representantes de los mercados del  sector privado y les dijo que los precios de venta en esos mercados debían mantenerse al nivel de Diciembre, imponiendo así un control arbitrario de precios. Añadió que “estaban llegando a Venezuela 1500 contenedores con cajas de alimentos, para ser distribuidos entre el pueblo venezolano”.

La estructura organizativa de los CLAP se completaba con un grupo de “Inspectores presidenciales” al mando de un militar, el Almirante Carlos Vieira.

Como opera el sistema de los CLAP

El anuncio de la puesta en marcha de los CLAP fue hecho por Nicolás Maduro en Abril de 2016. Maduro dijo: “Comienza una revolución económica en el sistema de distribución de alimentos del pueblo venezolano por la vía del socialismo”. Al decir esto no dejaba duda de que el sistema serviría para consolidar al socialismo-comunismo en el poder. Maduro definió al sistema como : el gran instrumento de la revolución bolivariana fundada por el comandante Chávez para superar y vencer la guerra económica”. El trabajo hecho por PROVEA, arriba mencionado, cita a Aristóbulo Istúriz  en Julio 2016 diciendo lo siguiente sobre los CLAP: “Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) son un instrumento político para defender a la Revolución y al pueblo”. El 8 de junio de 2016, la gobernadora del estado Cojedes, Erika Farías, había dicho: “Los CLAP son una nueva forma de lucha, una nueva organización de base en tiempos de guerra y constituyen un ejército de vanguardia revolucionaria para defender la Patria, profundizar la Revolución”.

No hay dudas de que este sistema comenzó a operar como una herramienta política, convirtiéndose rápidamente en un arma de sometimiento del pueblo.

Los testimonios del pueblo han servido para revelar el grado de exclusión y de manipulación en la distribución de los alimentos. Para comenzar, los chavistas que operan el sistema marcan las casas de los identificados como opositores y  no reparten las bolsas o cajas en esas viviendas. Pero, cuando las entregan, los dejan para el final y  entregan cajas que contienen solo cuatro productos. La distribución divide las zonas en PRODUCTIVAS Y NO PRODUCTIVAS. Las zonas productivas son aquellas donde el chavismo siempre ha ganado las elecciones y allí hacen una distribución “eficiente”. Estas zonas incluyen barrios como Gramoven, Ciudad Caribia, Blandín, etc. Las zonas NO PRODUCTIVAS, como Ciudad Tablitas, no recibe las bolsas o las recibe tarde o incompletas. En un reportaje, ver:https://impresa.prensa.com/panorama/hambre-metodo-control-social-Venezuela_0_4747775275.html , se afirma que los escuálidos (opositores) no reciben la comida.   La organización CEDICE afirma que el régimen utiliza los alimentos como instrumento de control ciudadano, ver: https://www.venezuelalucha.com/cedice-gobierno-utiliza-hambre-una-herramienta-control-la-ciudadania/

Las bolsas llegan de manera irregular, cada mes, y su contenido varía: harina pan, en ocasiones. Pasta y arroz, productos de limpieza, salsa picante o salsa de ajos. Y hay que comprar todo o nada.

El sistema es violatorio de los derechos humanos y de la constitución venezolana.

Los CLAP carecen de basamento jurídico ya que solamente se mencionan en el Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica de fecha 13 de Mayo de 2016. La manera como está puesto en práctica, al obligar al sector privado a cerrar sus puertas y al excluir a venezolanos opositores del acceso a la alimentación, viola múltiples artículos de la constitución venezolana, los cuales hablan del goce de los derechos humanos sin discriminación de ningún tipo y el derecho de los venezolanos a la alimentación. Por su parte la regulaciones de derecho internacional estipulan que un Estado viola los derechos humanos al  negar el acceso a los alimentos a determinados individuos o grupos, tanto si la discriminación se basa en la legislación como si es activa; así como al  impedir el acceso a la ayuda alimentaria de carácter humanitario en los conflictos internos o en otras situaciones de emergencia. Esto es exactamente lo que está haciendo el régimen chavista en Venezuela.

La desnutrición infantil se acerca al genocidio

CARITAS, organización internacional de gran prestigio ha expresado su gran preocupación por la situación venezolana. El problema se agudiza porque el 60% de los pacientes que muestran desnutrición grave son lactantes. Susana Rafalli, de CARITAS, dice que un 33% de la población infantil venezolana muestra retardo en el crecimiento, lo cual incidirá negativamente en su vida adulta. Un informe de CARITAS presentado ante la ONU, ver: http://revistazeta.net/2017/11/17/informe-caritas-venezuela-ante-la-onu/  dice que la mortalidad de los niños venezolanos antes de cumplir su primer año de ha triplicado en los últimos ocho años.

CARITAS afirma que:

  • 69% de los hogares han tenido que cambiar su forma habitual para adquirir/comprar alimentos.
  • 71% de los hogares reporta haber tenido un deterioro de su alimentación.
  • El 69% de los encuestados respondió que nunca ha tenido acceso a los Clap.
  • El 41% de las familias ha tenido que pedir o mendigar por alimento y obtener alimentos en lugares no acostumbrados.

Que puede hacerse?

Lo dicho en este resumen configura una situación de emergencia alimenticia en Venezuela que puede calificarse de tragedia humanitaria. No solo es una tragedia humanitaria sino que ella es  causada  conscientemente por el régimen chavista para mantener al pueblo en estado de sumisión política,  lo cual resultará en la creación de una generación futura mental y físicamente minusválida por la vía de la desnutrición.

Intervención Ya

Cuando a esto se suma la colonización de la cual ha sido objeto Venezuela por el régimen cubano con la complicidad del chavismo y la existencia en Venezuela de un estado fallido, definido como  un estado que no puede o no quiere proveer los servicios esenciales que debe garantizar a sus ciudadanos para funcionar correctamente, es decir, estabilidad, seguridad y garantía de derechos humanos para sus habitantes, es preciso concluir que el régimen venezolano debe ser intervenido cuanto antes, a fin de acelerar su salida del poder.

La naturaleza, diplomática, económica o militar,  de esta intervención será objeto de un escrito posterior.

 

 

 

Al menos 280 mil niños podrían morir por desnutrición según Caritas – La Patilla – 19 de Enero 2018

Los más pequeños de la casa se han vuelto el blanco de la crisis alimentaria y de medicinas. Cáritas de Venezuela estima que 280 mil niños podrían morir a causa de la desnutrición.

Reseña el diario El Impulso que estudios realizados por la organización revelan que durante 2017 fallecieron semanalmente entre cinco y seis niños por falta de alimentación, y al menos 33% de la población infantil presentaba retardo en su crecimiento, lo que a juicio de la nutricionista Susana Raffalli, es un daño irreversible.

El alto índice de desnutrición aguda en niños menores de seis meses duplica la de los infantes mayores de dos años; de la muestra de más de 20 parroquias, el 15% presenta sobrepeso, lo cual, según refiere la experta, podría traer consigo una malnutrición subyacente expresada en déficit de micronutrientes, como la anemia.

Aunque en 2017 la organización atendió a más de tres mil niños desnutridos, para este año los inventarios de suplemento nutricional están agotados y mantienen la incertidumbre de cuándo podrán reponer y continuar apoyando a los más pequeños.

Pablo Hernández del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS) especificó que el 60% de la población infantil se encuentra desnutrida, mientras que Edison Arciniegas, de Ciudadanía en Acción, agregó que un millón doscientos mil venezolanos padecen la desnutrición crónica, con mayor ahínco en los estados Amazonas, Apure, Delta Amacuro, Monagas y Sucre.

Contrastando un poco lo que menciona Raffalli, afirma que 50 mil ciudadanos tienen “su vida comprometida” para el primer trimestre de este año debido a la desnutrición, que probablemente vienen padeciendo desde el 2015. “Estarían presentando desnutrición proteica, es decir, consumen el 10% de las proteínas y menos del 40% de las calorías”, detalló.

 

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