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Venezuela: la pauperización del país como política económica por Aurelio Concheso – Panampost – 29 de Mayo 2019 

Cuando un programa o una estrategia económica fracasa de manera tan contundente, el camino más sensato es un cambio de rumbo radical

Un joven se zambulle río Guaire de Caracas, Venezuela (Foto: EFE)

El acervo de capital mundial acumulado creció muy lentamente desde que el momento en que el ser humano pasó de sociedades nómadas cazadoras a sociedades agrícolas asentadas, hasta los inicios de la revolución industrial a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Desde entonces a la fecha se produjo una verdadera explosión de productividad y producción, que con sus avances y retrocesos han evolucionado hacia a las economías del presente siglo y que son universalmente capitalistas en lo económico, si bien no todas necesariamente democráticas en lo político.

Hace ya tiempo que el mundo dejó atrás aquellas teorías económicas como el comunismo y el corporativismo fascista, que desde extremos opuestos de espectro político postulaban que la regimentación del ser humano guiada por el Stalin, Hitler, Mussolini o Castro de turno era la mejor forma de aumentar el caudal de riqueza de una nación. Quizás el punto de inflexión en esa dirección fue cuando los chinos, después de su desastrosa experiencia con el comunismo y «El gran salto hacia adelante» de Mao, se dieron cuenta de que lo que importa no es el color del gato, sino si este es capaz de cazar ratones.

En el mundo globalizado y capitalista de hoy, hasta el pequeño empresario agricultor de algún lugar remoto de África o el sudeste asiático tiene acceso a internet con varios megas, cuentas bancarias para negociar con sus proveedores y clientes de manera ágil, y acceso a las últimas tecnologías para aumentar su productividad, que antes eran reservadas para sus contrapartes en países considerados como de mayor desarrollo que el suyo. Puede también trasladarse a ferias y exposiciones industriales, gracias a la forma en la que se ha incrementado la frecuencia de los vuelos y disminuido el costo por kilómetro viajado. Esto es cierto en todas partes, menos en Venezuela, que cada día se aísla más de sus potenciales proveedores y clientes.

Resulta entonces irónico que, ante toda esa evidencia irrefutable, a alguien se le hubiera ocurrido trazar una política económica como el Plan de la Patria que, desde su puesta en marcha en 2013 ha logrado literalmente pauperizar a la economía venezolana, la misma una vez fue la de mayor dinamismo y más altos ingresos per cápita de Latinoamérica y que hoy le pisa los talones a la de Haití. Claro que todo eso no comenzó en 2013, los prolegómenos del Plan de la Patria 2013-2019 fueron un ataque, a veces anárquico, pero siempre continuado a la actividad económica privada exitosa, con lo cual irremisiblemente se destruía buena parte si no toda la capacidad productiva del ente ocupado, confiscado o expropiado.

Cuando un programa o una estrategia económica fracasa de manera tan contundente, el camino más sensato es el autoanálisis, y un cambio de rumbo radical según la profundidad del fracaso. Por eso es por lo que resulta inconcebible que los estrategas que asesoran a Miraflores hayan hecho todo lo contrario y  hayan recomendado un Plan de la Patria 2019-2025, como si el objetivo fuera garantizar que la pauperización de la economía venezolana se vuelva irreversible. ¿Será que piensan que si la economía se encogió a una tercera parte de lo que una vez fue en el primer ensayo, a lo mejor con seis años más logran que la misma desaparezca del todo? Si la pauperización no ha sido intencional sino por ineptitud y temor a admitir sus errores, el momento de corregirlos sería ahora, antes que el país en sus manos se paralice del todo.

Los pasos necesarios son claros, gozan de un consenso mayoritario que nos atrevemos a decir es el más grande en varias décadas, pues por primera vez pareciera que empresarios, economistas, trabajadores organizados y consumidores coinciden. Solo un pequeño grupo de planificadores económicos están empeñados en negar lo que se encuentra ante sus ojos, con el apoyo de quienes ostentan el poder, se interponen entre el país y su regreso de la ruta de la pauperización.

Chávez, Maduro y la tercera vía por Ibsen Martínez – El País – 21 de Agosto 2018

Esta expresión llegó a ser la favorita de Hugo Chávez antes de acceder al poder

Los venezolanos de mi generación aún recuerdan el tiempo remoto en que Hugo Chávez hacía su primera campaña electoral con un libro de Anthony Giddens bajo el brazo.

En materia económica, el Chávez candidato se pintaba a sí mismo como una especie de socialdemócrata ecléctico, dicharachero y nativista, solo un poquitín interventor en cuestiones petroleras. Un militar exgolpista y filantrópico, un televangelista del culto bolivariano que fingía haber leído al sociólogo por entonces favorito de la progresía europea. Tony Blair era el kennediano arquetipo de fin de siglo y Chávez no se recataba de ponerlo de ejemplo. Hablo, por supuesto, de antes de la foto que Blair se hizo con George W. Bush y José María Aznar en las Azores.

Con excepción del todavía irredento Gustavo Petro, a todos nuestros fenómenos populáricos les hemos escuchado, en campaña electoral, decir jaculatorias que tienen por tema la tercera vía.

Chávez procuraba, por supuesto, disipar temores, ya no en el grueso del electorado venezolano, rendido de adoración futurista desde el mismísimo momento en que el teniente coronel se alzó en armas en 1992, sino en eso que los cursis aún llamamos “poderes fácticos”. En esto no se distinguió de los mesías que han venido luego.

Todos, sin excepción, desde Lula da Silva a López Obrador, impostan en algún momento de sus campañas la prudente mesura y el equilibrio doctrinal en materia económica que, adornados con un toque de espontaneidad ante las cámaras, granjea una invitación al Foro Económico de Davos.

La estrategia suasoria y el habla de Chávez a fines de los 90 se llenaron de fórmulas del tipo “si bien es cierto, no es menos cierto”. Como en “si bien es cierto que el socialismo esto y lo otro, no es menos cierto que el capitalismo tal y más pascual”. Lo dicho: una tercera vía.

La beatífica tercera vía de Hugo Chávez ganó por avalancha las elecciones de 1998 con el beneplácito de banqueros, propietarios de medios, académicos, todos los poetas teporochos de América Latina, Ignacio Ramonet, Noam Chomsky y Oliver Stone. Cumplida su función embobecedora, la tercera vía dio paso al expolio y al saqueo universales que, en menos de 20 años, condujo al caos apocalíptico que es hoy la Venezuela de Nicolás Maduro.

En los medios llamados altermundistas circula un libro titulado El pensamiento económico de Hugo Chávez, cuyo autor es el tardomarxista gaditano Alfredo Serrano Mancilla, teórico español de la misma estirpe de Errejón y Monedero. Allí se dice que el de Chávez es un “pensamiento alquímico, marcado a fuego por la coyuntura, sin perder de vista la perspectiva estratégica”. También que en él hay una quincalla de Simones (Bolívar y Rodríguez), de István Mèszáros, del allendista Carlos Matus, de Oscar Varsavsky, John Kenneth Galbraith, Velasco Alvarado, de nuevo Omar Torrijos y Antonio Gramsci.

Al profesor Serrano se le tiene, con mucha razón, por mentor de Nicolás Maduro en cuanto a economía. Dicho con la parla color salmón de los suplementos económicos, Serrano es el cerebro del milagro económico venezolano. No en balde Maduro lo ha llamado el “Jesucristo español que vino a salvarnos del neoliberalismo”.

La ONU estima que la catástrofe y la tragedia venezolanas han causado más de dos millones de refugiados aventados, solo en lo que va año, al resto de Suramérica. De ellos, un millón trescientos mil clínicamente desnutridos. Fruto de la destrucción de la estatal petrolera y de una hiperinflación de un millón por ciento anual, es la mortandad infantil y de enfermos crónicos salvables que en menos de cinco años se cuenta ya en decenas de miles.

¡Otro mundo es posible! Vayamos hacia él armados del pensamiento alquímico bolivariano de Hugo Chávez y la fóquin tercera vía de Nicolás Maduro.

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