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Los emigrantes venezolanos serán “vitales” en la reconstrucción del país por María Rodríguez – Al Navio – 13 de Agosto 2017

2502_23128819719_36a92348c1_k_thumb_675.jpgEl sociólogo Tomás Páez, autor de ‘La Voz de la Diáspora Venezolana’, considera que la Venezuela del futuro ganará con los frutos del éxodo masivo que sufre el país. De los “más de dos millones” que están fuera, “el 20% son empresarios”, matiza el experto. Prefiere calificar esta oleada como “nuevo exilio” y afirma que es especialmente doloroso que el Gobierno silencie las cifras migratorias.

Tomás Páez es sociólogo y autor de La voz de la Diáspora Venezolana, un estudio que forma parte del primer Observatorio que identifica en qué países residen los “más de dos millones de venezolanos que hoy están fuera”, según apunta el experto en una entrevista con el diario ALnavío. Pero la labor de cuantificar y ubicar geográficamente a los venezolanos no es tan sencilla y más después de que el éxodo masivo se ha intensificado en las últimas semanas, antes y después de la celebración de la Asamblea Nacional Constituyente de Nicolás Maduro. Solo un dato: cerca de 560.000 ciudadanos venezolanos han solicitado recientemente una tarjeta fronteriza (TMF) para entrar en Colombia, según informaron las autoridades de ese país.

Esta situación ha movilizado a los Gobiernos de América Latina, que estudian y plantean medidas para hacer frente a una oleada migratoria que se estima que siga creciendo. Como en Colombia, Argentina y Brasil, por poner solo unos ejemplos. En este sentido, Christian Kruger, director general de Migración de Colombia, afirmó días antes de la votación de la Constituyente que las autoridades colombianas están en alerta y preparadas para asistir a una llegada masiva de venezolanos, tal como publicó El Nuevo Herald. Por su parte, Argentina ha prometido seguir con los privilegios migratorios que viene concediendo a los venezolanos a pesar de la suspensión indefinida de Venezuela de Mercosur. Y en el Estado brasileño de Roraima, fronterizo con el país que gobierna Maduro, la Justicia Federal pidió que se elimine el cobro de tasas a los venezolanos que buscan residencia temporal huyendo de la “crisis” humanitaria”, según recogió AFP.

“Terminamos hablando de la diáspora, porque Venezuela es un país que se desparramó por todo el mundo”

Toda esta oleada migratoria “impresiona mucho”, sostiene Páez. Por ello, los datos del Observatorio los actualizan “hasta donde nos permite la realidad, que anda a un ritmo muy distinto”.

– ¿Le convence la denominación de “éxodo venezolano” para calificar la crisis migratoria del país?

– No. Cuando terminamos el estudio [de La Voz de la Diáspora Venezolana] empezamos a discutir si era éxodo, nuevo exilio… y al final terminamos hablando de la diáspora, porque es un país que se desparramó por todo el mundo. La última oleada migratoria [de los últimos dos años] pudiera dar la sensación de éxodo, pero seguimos siendo partidarios de diáspora. Quizá nos guste más nuevo exilio que éxodo, por ser precisamente una nueva modalidad de exilio [en esta definición también se incluye la acepción de “expatriación, generalmente por motivos políticos”].

– ¿A qué riesgos se enfrentan los países que están recibiendo esta oleada migratoria de venezolanos?

– No veo que haya riesgos para el país de acogida; al contrario, creo que hay beneficios y un aporte enorme: primero trabajo, después consumo, una nueva cultura, un nuevo punto de vista y nuevos conocimientos. Por ejemplo, Venezuela, como uno de los países que más ha crecido a lo largo de su historia, recibió una poderosísima inmigración de España, Italia, Portugal, Colombia, Argentina, Brasil… que la enriqueció en todos los sentidos, tanto en la capacidad de trabajo como en áreas donde Venezuela no tenía tanto desarrollo.

“Los países latinoamericanos le están devolviendo a Venezuela y a los venezolanos los gestos que este país tuvo para con ellos”

– En las últimas semanas se ha intensificado la migración venezolana a los países limítrofes. Los gobiernos de estas naciones receptoras muestran su preocupación y estudian soluciones [mantener los privilegios migratorios, tasas gratuitas, etc]. ¿Son acertadas las medidas que están tomando?

– Venezuela recibió con los brazos abiertos siempre a toda la emigración del mundo y a la latinoamericana en particular, como por ejemplo en los golpes de Estado del Cono Sur en Argentina, Chile y Uruguay, que se tradujeron en un proceso migratorio. Hoy, en estas horas tan tristes, los países latinoamericanos le están devolviendo a Venezuela y a los venezolanos los gestos que este país tuvo para con ellos, como un espacio siempre abierto.

– ¿Las motivaciones para emigrar antes y ahora son, en el fondo, las mismas?

– Sí. Las dos razones por las cuales la gente se va del país son la inseguridad y la impunidad. Es muy grave cuando pierdes el más importante derecho de propiedad, que es sobre la vida misma. Lo cierto del caso es que nosotros tenemos tantos muertos como ha tenido la guerra de Siria en siete años: 400.000 muertos en la guerra de Siria, y en Venezuela en 17 años más de 350.000 homicidios, que se dice pronto cuando no hay una guerra declarada.

La tercera razón, que también se ha agravado, es el acelerado deterioro económico. Tenemos la inflación más grande del mundo: un profesor universitario hoy, equivalente a catedrático en España, que es mi caso, devenga un salario al cambio de 20 dólares (17 euros). Y a ello se suma la inmensa escasez de absolutamente todo.

– ¿En qué se basan los venezolanos a la hora de elegir el país de acogida?

– En la década de los 60 llegamos a tener un 15% de la población inmigrante en primera generación. Entonces, tienes nexos familiares que te permiten desandar el paso que dieron padres y abuelos. En las primeras oleadas de emigración tuvieron la ventaja de tener la doble nacionalidad.

La última migración, de estos dos años, es más bien por desesperanza, por salir corriendo a buscar en Colombia o Curazao los alimentos y medicinas para familiares. Es otro tipo de migración, que no tiene las mismas condiciones. Pero el hecho de que Unasur haya estado jugando con fronteras más abiertas, que permiten una mayor movilidad, ha hecho posible que hoy tengamos algo insólito, como más de 30.000 venezolanos en Argentina y otros 20.000 en Chile.

– El venezolano que ahora se marcha del país, ¿tiene en mente la idea de regresar algún día?

– Cuando hicimos el estudio preguntamos la disposición a retornar al país y la respuesta de los venezolanos fue: Si las condiciones por las que me fui persisten, ‘no voy a regresar’, en un 80% de los casos. Si las condiciones cambiasen, ese porcentaje va disminuyendo, pero ‘me tendrían que garantizar la seguridad’, que no se hace de un día para otro. Después se sumaría ‘desmontar toda la actividad que he desarrollado en el país de destino’, y que hace que resulte muy difícil el retorno a corto plazo.

– ¿Qué aportan los países de destino a los emigrantes venezolanos?

– Efectivamente no solo quien emigra aporta al país sus capacidades. Recibe del país de acogida muchísimas cosas. Por ejemplo, cuando llegas a España y ves todo lo que ha logrado en transporte público, la limpieza de las ciudades… La España de hoy no es la del año 80. Es una España que han construido los ciudadanos españoles y todos los emigrantes, de respeto, de desarrollo, con los errores que pueda haber. Eso lo recibe también el emigrante. Y en algunos casos el emigrante recibe muchísimo más, por ejemplo, la capacidad tecnológica del país al que emigra. Nuestra gente está estudiando hoy medicina con las nuevas tecnologías desarrolladas en Estados Unidos, país que le está ofreciendo unas condiciones de trabajo y de desarrollo tecnológico que permiten a la persona crecer.

– ¿También es beneficiosa la emigración para el país de origen?

– Claro. Venezuela está ganando hoy un inmenso capital humano. En Venezuela ha habido un deterioro acelerado. Hoy el 60% del parque industrial y el 40% del empresarial han desaparecido. Afortunadamente, los venezolanos que emigran pueden trabajar e investigar en el país receptor y cuando las cosas cambien, esas personas, sin necesidad de retornar a Venezuela, pueden contribuir al desarrollo del país con las nuevas redes sociales y empresariales construidas. Es decir, aprovechar esa red de venezolanos que están fuera para, junto a inversionistas, instituciones y universidades de los países de origen, participar en alianzas estratégicas en el desarrollo de Venezuela.

– Entonces, con esta oleada de emigración, ¿Venezuela gana de cara al futuro?

– Claro. En Venezuela, hoy siete de cada 10 venezolanos están entre la informalidad y el desempleo. No hay inversión ni desarrollo tecnológico. Las universidades están absolutamente asediadas y constreñidas escasamente a dar clase. Y cada vez que un profesor puede dictar fuera un curso en Ecuador, por ejemplo, formando a doctores, lo hace, y es impresionante el número de casos así.

Por eso, de cara al futuro, ese venezolano que está en EEUU tiene nuevas redes, puede participar en nuevos proyectos de investigación, conoce nueva gente que va a ser un tremendo aporte. Venezuela está ganando en know-how de manera impresionante. Eso le va a permitir, cuando las condiciones cambien, producir un salto cuántico en el desarrollo. El estudio de la Diáspora fue concebido precisamente como primera etapa de este proyecto, el de una plataforma para articular a esos más de dos millones de venezolanos que están fuera y a sus nuevas relaciones. Esas redes van a ser vitales para el desarrollo del país.

– De los más de dos millones de venezolanos que están fuera, ¿qué porcentaje son empresarios y dónde están ubicados?

– Son el 20% y sabemos que tienen inversiones en todo el mundo, en Nueva York, en Florida, en Madrid, en Barcelona… Quizás el país que tenga un poco más de porcentaje es Panamá, por ser un centro comercial muy importante de distribución.

– ¿Y en qué áreas ejercen como empresarios?

– En medios de comunicación, consultoría gerencial, informática, telecomunicaciones, en las ingenierías en general, en salud…

– “No existimos en las estadísticas nacionales”, ha afirmado en alguna ocasión. ¿Este punto es especialmente doloroso para los emigrantes venezolanos?

– Sí, porque la estadística es un bien público de la democracia y de la sociedad. Cuando se afecta o se niega el derecho a tener información sobre un fenómeno de esa magnitud, que representa hoy a más del 8% de la población, hay que ser descarado. El Estado venezolano posee la información de los movimientos migratorios en puertos y aeropuertos y también de quiénes son sus pensionados, a los que tiene que pagar y no les está pagando, por cierto [Más de 9.000 jubilados en España llevan 20 meses sin cobrar las pensiones de Venezuela].

Por eso, cuando el silencio es deliberado y consciente indigna más porque es una negación del hecho. Es querer decir que en Venezuela no hay un proceso migratorio cuando obviamente todo el mundo lo sabe.

– ¿Cuál debe ser el papel de los venezolanos en la diáspora?

– Ya se está ejerciendo en muchos terrenos, como en el envío de remesas y de medicinas. Otro elemento es la propia denuncia de la situación en Venezuela en el terreno político. También se está viendo en los medios de comunicación que han tejido redes entre comunicadores venezolanos y no venezolanos y en el desarrollo de liderazgos locales y regionales, que se están formando en Europa y EEUU. Este es el papel del emigrante venezolano en la reconstrucción de Venezuela.

 

De Venezuela a Colombia por Txomin Las Heras Leizaola – Nueva Sociedad – Agosto 2017

La emigración no se detiene
La crisis política en Venezuela ha provocado la emigración de muchos ciudadanos a países vecinos. Colombia es uno de los principales destinos.

Durante el siglo XX, Venezuela fue un país receptor de emigrantes, especialmente a raíz de la Segunda Guerra Mundial, cuando acogió a cientos de miles de europeos, principalmente italianos, españoles y portugueses. Posteriormente, a partir del boom petrolero de la década de 1970, recibió a otros cientos de miles de ciudadanos procedentes de Colombia, Ecuador, Perú y República Dominicana, quienes encontraron en el pujante país sudamericano, entonces denominado la «Venezuela saudita», oportunidades de trabajo y desarrollo profesional. También fue refugio para importantes grupos de chilenos, argentinos y uruguayos que huyeron de las dictaduras que asolaron en esa época el Cono Sur.

Esta situación cambió diametralmente a partir de los primeros años del siglo XXI cuando, por primera vez en su historia, Venezuela se vio expuesta al fenómeno de la emigración masiva de sus ciudadanos, como consecuencia de la crisis económica que vive el país y que se expresa en cifras de inflación de tres dígitos, hiperdevaluación de su moneda, graves problemas de abastecimiento de alimentos y medicinas, deterioro de los servicios públicos y del aparato productivo nacional, así como falta de oportunidades, especialmente para los más jóvenes.

Según el último estudio del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP, por sus siglas en inglés), en el cual participaron investigadores de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Venezuela y que está próximo a publicarse, patrocinado por la Universidad de Vanderbilt en Tennessee, Estados Unidos, la intención de emigrar en Venezuela alcanzó en el periodo 2016-2017 a 36,5% de sus habitantes, porcentaje que se eleva a 59% en jóvenes de 18 a 29 años. Colombia, país con el que Venezuela comparte 2.200 kilómetros de fronteras terrestres, es uno de los destinos principales de esta inédita emigración, junto con Estados Unidos, España y otros países sudamericanos.

De acuerdo con las autoridades de inmigración colombianas, en el país residen hoy en día, con visas de extranjería debidamente expedidas, alrededor de 50.000 venezolanos, y otros 70.000 tienen visas válidas apenas por tres meses, pues ingresaron como turistas. Más de 160.000 que en algún momento tuvieron esa visa temporal se encuentran viviendo en territorio colombiano ilegalmente y se calcula que al menos 140.000 han entrado al país de manera informal, por trochas de la larga frontera común. Eso da un total de aproximadamente 420.000 venezolanos que residen en Colombia. No obstante, la cifra puede ser sustancialmente mayor si sumamos a los hijos y nietos de colombianos que en su día emigraron a Venezuela y que están aprovechando que tienen doble nacionalidad para instalarse en Colombia con papeles de este país, por lo que no entran en las estadísticas como inmigrantes extranjeros.

La emigración venezolana a Colombia se ha dado en diferentes etapas. La primera se conoce como la de los petroleros, y correspondió a aquellos empleados de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) que fueron despedidos por Hugo Chávez en 2003 a raíz de la huelga que realizaron para presionar por su salida del poder, así como de empresas de servicios del sector de los hidrocarburos, que encontraron en Colombia grandes oportunidades laborales y de inversión en medio de los altos precios del petróleo. Posteriormente, se produjo una oleada migratoria de empresarios e inversionistas cuando en 2007 el gobierno bolivariano comenzó a mostrar intenciones de radicalizarse. En 2013, empezaron a emigrar profesionales universitarios con altas credenciales, así como pequeños inversionistas y emprendedores, quienes encontraron en las principales ciudades colombianas mejores sueldos y mayor seguridad personal y jurídica. A lo largo de este siglo también ha sido importante la presencia de estudiantes venezolanos en universidades privadas. Todos los grupos antes mencionados conformaron una emigración relativamente pequeña, bien formada y con recursos económicos.

A partir de 2016 y con más intensidad en 2017, la emigración venezolana ha tenido una transformación relevante, no solo porque ha crecido de manera importante, sino porque se ha dado de forma transversal y toca a todos los sectores sociales. Hasta hace poco, era normal encontrar presencia venezolana en los barrios acomodados del norte de Bogotá o de otras urbes de Colombia. Hoy, también se encuentran en zonas de clase media e incluso en barrios populares, a los que están llegando ciudadanos venezolanos empobrecidos, muchos de ellos dispuestos a trabajar en el sector informal o por salarios menores a los establecidos legalmente, con el objeto de poder sobrevivir en tierras colombianas o para mandar remesas a sus familias. Ese era el caso de dos venezolanos que murieron el pasado abril al derrumbarse un edifico en construcción en la ciudad de Cartagena de Indias. Es habitual observar a mujeres y hombres venezolanos ejercer la mendicidad o la venta ambulante de baratijas en el transporte público o en las calles.

La frontera entre Colombia y Venezuela es una de las más vivas de América del Sur e históricamente ha sido escenario de un gran intercambio comercial. Por sus puestos de control fronterizos pasa diariamente un promedio de 25.000 personas, muchas de ellas venezolanos que van a comprar alimentos, medicinas y otros bienes que son difíciles de conseguir en su país, en un viaje de ida y vuelta en el mismo día. Se trata, sin embargo, de una frontera conflictiva como consecuencia de la tensión política que se viven entre ambas naciones. De hecho, está cerrada al tránsito vehicular desde agosto de 2015 y el peatonal únicamente tiene lugar en horas diurnas. Otra cuestión fundamental es el abundante contrabando bidireccional que tiene lugar en esa frontera, una de cuyas expresiones más llamativas es la muy barata gasolina venezolana que pasa de manera ilegal al territorio colombiano.

El eje Cúcuta (Colombia) – San Antonio del Táchira (Venezuela), en la zona andina que comparten ambos Estados, es el punto fronterizo más dinámico. Por allí pasa a Colombia la mayor parte de los 590.000 venezolanos que han obtenido de las autoridades colombianas la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), un documento que les permite estar en Colombia por corto tiempo y en un radio territorial limitado. Ha sido la manera que han encontrado las autoridades de Bogotá de ejercer cierto control ante la creciente presión por la llegada de venezolanos.

Cúcuta es una de las ciudades más pobres de Colombia, con los mayores índices de informalidad y desempleo. Sin embargo, se ha convertido en el primer lugar donde recala la inmigración venezolana, con graves perjuicios para sus finanzas y los servicios públicos que ofrece a sus habitantes. Una de las áreas más críticas es la de la salud, pues la población del vecino país que acude a sus dispensarios y hospitales ha sobrepasado la capacidad de atención sanitaria. La capital del departamento del Norte de Santander es también un punto de paso para los venezolanos que siguen por tierra no solo a otras ciudades colombianas sino a Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Solamente de enero a julio de 2017, 82.000 venezolanos salieron de Colombia a Ecuador por vía terrestre, según las autoridades colombianas.

Hasta mediados de 2017 no se habían observado mayores cambios en las rígidas políticas migratorias colombianas. No obstante, ante las dimensiones que está tomando el problema y la gravedad de la crisis político-económica que padece Venezuela –la cual no parece que vaya a remitir en el corto plazo–, el gobierno colombiano optó por tomar una medida extraordinaria y sin precedentes para regularizar la situación migratoria de alrededor de 200.000 venezolanos que hoy están, o pronto estarán, ilegales. Para ello, la Cancillería les concederá un Permiso Especial de Permanencia (PEP), que permitirá a aquellos que ya emigraron trabajar en el país y acceder a servicios educativos y de salud. La medida ha sido calificada como insuficiente por organizaciones de derechos humanos, pues no se aplica a inmigrantes que lleguen al país a partir del mes de agosto.

De esta manera, Colombia adopta una política respecto a los emigrantes venezolanos similar, aunque aún no tan benévola, a la de Perú y los países que aceptan la visa de Mercosur, como Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia. Diversas autoridades nacionales y regionales colombianas y los principales medios de comunicación han expresado la necesidad de adelantar una política solidaria con la emigración venezolana, como respuesta a la que tuvo Venezuela en el pasado con sus similares latinoamericanos. Así, se pretenden frenar expresiones xenófobas –que tampoco han faltado– e incorporar a los venezolanos a la red productiva del país. De todos modos, Colombia quiere estar preparada para peores escenarios y por eso envió recientemente una delegación a Turquía con el fin de estudiar el manejo que ese país ha dado al tema de los refugiados sirios.

Mientras continúa el flujo de venezolanos hacia el exterior, todo parece indicar que las tradicionales areperas venezolanas –locales donde venden el típico pan de maíz relleno– seguirán haciendo cada vez más parte del panorama de las ciudades de América Latina.

La diáspora venezolana en movimiento por Tomás Páez – El Nacional – 21 de julio 2017

 

1500544479030.jpgEl resultado de la participación de los venezolanos en todo el mundo el domingo 16 de julio revela el enorme deseo de cambio de la sociedad venezolana de manera pacífica y democrática. Comienza a cerrarse el círculo que se inició con el resultado electoral del 6 de diciembre de 2015. Desde ese momento hasta el 16 de julio ha crecido el descontento y el rechazo de toda la sociedad al modelo del “socialismo del siglo XXI”. El modelo resultó ser un rotundo fracaso, pese a contar con el mayor volumen de ingresos que ha conocido el país en toda su historia. Se abre un nuevo capítulo, el de la recuperación de la democracia y la reconstrucción del país que ha sido devastado hasta límites insospechados. En ese proceso todos los venezolanos son necesarios, estén donde estén ideológica y geográficamente.

En este contexto se inscribe este espacio, que El Nacional ha decidido inaugurar con el apoyo del proyecto global de la diáspora venezolana, y que se publicará quincenalmente.

Cuando decidimos desplegar el estudio de la diáspora venezolana con el respaldo de la UCV y la coordinación del equipo global, nos animaba un propósito medular: facilitar la participación de la diáspora, su know-how y el nuevo capital social e intelectual en el proceso de reconstrucción de Venezuela, en definitiva, propiciar la “circulación de cerebros”. Para ello necesitábamos conocer la magnitud del fenómeno, su distribución espacial en todo el globo, su experiencia y disposición a participar en el proceso de cambio que nos anima. Comenzamos haciendo el estudio y posteriormente creamos el Observatorio de la Diáspora.

Igualmente, aspirábamos a superar el ominoso silencio del régimen, deliberado y consciente, ante un fenómeno de esta magnitud que involucra de manera directa a más de 2 millones de venezolanos y de manera indirecta, familiares y amigos, a más de la mitad de la población. Son millones las personas que por distintas razones han decidido emigrar a lo largo de los últimos 18 años. Este proceso se ha acelerado en los últimos 2 años.

El ocultamiento que hace el régimen de la información es indignante. Organismos como el Instituto de Estadísticas, el Banco Central y el Ministerio de Salud, entre otros, encubren la realidad y la ocultan al país, aun cuando poseen los registros de incremento de precios, mortalidad infantil y los de la movilización que se produce en puertos y aeropuertos y los datos de los inscritos en los consulados.

La mentira encierra un profundo desprecio por los ciudadanos y un desconocimiento de los derechos humanos fundamentales. Niega el derecho de los jubilados y pensionados, los acuerdos internacionales, el derecho de ejercer el voto y el derecho de acceder a los documentos de identidad: cédula y pasaporte. El régimen está creando ciudadanos indocumentados y ha convertido el derecho a la identidad en fuente de corrupción.

Las estadísticas son un bien público de la democracia. Los organismos están obligados a elaborar y suministrar la información y los ciudadanos tienen el derecho de estar informados acerca de los datos de inflación, la tasa de cambio, el número de homicidios, los niveles de escasez de alimentos y medicinas y los datos de la migración. Cuando se viola el derecho a la información se está violando la democracia y la libertad. Los ciudadanos padecemos a diario esta violación. El régimen no produce datos epidemiológicos, tampoco ofrece información acerca de la inflación o la escasez y cuando algún ministro se atreve a suministrarla pierde su cargo o es acusado de mentir. Como afirma Vaclac Havel, mienten hasta cuando mienten.

El ominoso silencio ante el fenómeno de la diáspora los inhabilita para conectarse con una realidad que niegan y desconocen de hecho: para ellos, el venezolano que migra dejó de existir. Pero no contentos con este desplante imponen todo tipo de trabas y dificultades para que la diáspora envíe medicinas y alimentos a familiares, amigos y personas que necesitan con urgencia de estos suministros. Las medidas adoptadas recientemente constriñen los envíos de estos productos. Poco les importa si en ellos va la vida de un venezolano.

Estas medidas y las que el mundo ha visto en la forma en que invaden el Parlamento o asesinan a quienes expresan su descontento solo se comparan con la que han cometido los ejércitos de ocupación. Las Naciones Unidas, los parlamentos de todo el mundo, la OEA, etc., han solicitado la apertura de un canal humanitario y el gobierno, de manera obstinada, la niega. Sus altos voceros se burlan de los ciudadanos cuando dicen que tal escasez no existe y aseguran que el país está en capacidad de alimentar y proporcionar medicinas a otros países.

Frente a los obstáculos que impone el régimen, las organizaciones de la diáspora despliegan un trabajo silencioso, de hormiguita, y utilizan todos los medios a su disposición para hacer llegar a los venezolanos las medicinas que se requieren para atender las enfermedades crónicas, cubriendo en la medida de lo posible las necesidades de quienes sencillamente carecen de los recursos para adquirir los medicamentos.

El régimen prefiere la muerte y la desnutrición de sus ciudadanos antes que reconocer su total fracaso, el de un modelo que solo ha traído al país hambre, miseria, racionamiento y pobreza.

Quienes han emigrado amparan, en la medida de sus posibilidades, a familiares, amigos y ciudadanos en general a través de diversos medios, como el envío de medicinas, alimentos y remesas (cuyos montos son difíciles de cuantificar debido a que el cambio se produce en el mercado negro) y se desempeñan como verdaderos embajadores. Ya son más de 2 millones de personas las que colocan en alto el nombre del país, ejerciendo las funciones que en teoría le correspondería a las embajadas. Los nuevos embajadores construyen relaciones y tejen nuevas redes personales, institucionales y empresariales que serán de enorme utilidad para la reconstrucción de Venezuela.

Conforme crece el número de embajadores también lo hace el número de embajadas, verdaderos centros de encuentro de ciudadanos venezolanos y de todas las nacionalidades en los que se realizan talleres, conversatorios, exposiciones de pintura y fotografía, lectura de poesías, encuentros de emprendedores y empresarios, presentación de libros y publicaciones, cultura, música, humor, etc., se promueve a los venezolanos y a Venezuela, lo que en teoría correspondería hacer a las embajadas.

La diáspora ha ampliado su know-how o saber hacer, adquirido nuevas competencias y relaciones que han permitido ensanchar el capital intelectual y social, que sumado al que existe en el país permitirá avanzar con relativa rapidez en la reconstrucción de Venezuela y en la recuperación de las libertades.

Lo realmente significativo e importante es su compromiso y deseo de participar en el desarrollo del país, desde allí donde se encuentran, desde sus habilidades y competencias particulares. Con ese fin ha sido concebida la Plataforma de la Diáspora Venezolana: propiciar la participación de ese inmenso potencial en el reto que se avecina. Desde Venezuela se multiplican iniciativas locales, regionales y sectoriales para utilizar el nuevo capital relacional en el desarrollo.

Este espacio que inaugura El Nacional permite dar a conocer los múltiples esfuerzos, iniciativas y proyectos de la diáspora venezolana en todos los ámbitos, así como las diversas organizaciones que han creado alrededor del globo. Es la Diáspora Venezolana en Movimiento, circulando. Organizaciones y personas en los sectores de la salud, la comunicación y la libertad de expresión, las que se han creado para atender las necesidades de la última oleada migratoria, las que asesoran y prestan servicios de inserción a los nuevos migrantes, etc. Este espacio es un medio para continuar abriendo espacios a la diáspora venezolana.

La información no se agota en las organizaciones, programas y proyectos de los que tenemos información en todo el mundo y con el fin de honrar el nombre de la columna los invitamos a participar, dar a conocer su experiencia, para lo que ponemos a la disposición las siguientes direcciones de contacto:

lavozdeladiaspora@gmail.com

Facebook: lavozdeladiaspora

Twitter: @vozdeladiasporavene

Estos jóvenes migrantes venezolanos por Mireya Tabuas – El Mostrador – 14 de Febrero 2017

e7247dc544750d971ea752bce05b355f_100x100.jpgEstoy segura de que nunca en su vida barrió el piso de su casa. Estoy segura de que además nunca cocinó, nunca lavó su ropa ni nunca zurció una media. Estoy segura de que cuando iba a algún restaurant, miraba con cierto aire de superioridad al mesonero que lo atendía y a veces –perverso- le limitaba la propina. Estoy segura de que veía con cierto desdén mezclado con lástima a quien le cuidaba el auto en la calle, e intercambiaba apenas cuatro palabras imprescindibles (y si eran menos, mejor) con la cajera del supermercado o a la recepcionista del consultorio médico.

En su vida “antes de” era quizás un estudiante de los últimos años de una buena universidad, o un recien graduado con pasantías en importantes empresas, o una joven promesa de su disciplina, o un profesional que escalaba rápidamente puestos en la compañía.

Desde niño seguramente se trazó un camino hacia el éxito profesional. Nunca le tocó más que dedicarse al cultivo de sí mismo, nunca se mentalizó que iba a hacer otra cosa. Su vida era estudiar y su destino graduarse y trabajar en una buena empresa.

A pesar del país en el que vivía.

A pesar del horror.

Pero a este joven le tocó migrar.

Y, como a él, a todos estos jóvenes venezolanos les tocó huír, salir corriendo de un país descuartizado.

Y ahora los veo aquí en Santiago de Chile (pero también están en Bogotá o Madrid, en Miami o Lima, en Londres o Buenos Aires y pare de contar…), los veo por todas partes, allí están los jóvenes venezolanos trabajando. Y siempre les pregunto qué hacen, de dónde vienen, cómo se sienten.

Veo, por ejemplo, a un ingeniero civil trabajando de garzón en un restaurant chino, a una arquitecta laborando en la cocina de un hotel, a una abogada lavando baños, a una publicista pintando uñas a domicilio, a una médico haciendo de recepcionista en un consultorio odontológico, a una psicóloga atendiendo llamadas en un call center, a un periodista cargando cajas en un almacén, a un administrador de empresas haciendo empanadas venezolanas y vendiéndolas en los alrededores del mercado La Vega.
Veo, por ejemplo, a un ingeniero civil trabajando de garzón en un restaurant chino, a una arquitecta laborando en la cocina de un hotel, a una abogada lavando baños, a una publicista pintando uñas a domicilio, a una médico haciendo de recepcionista en un consultorio odontológico, a una psicóloga atendiendo llamadas en un call center, a un periodista cargando cajas en un almacén, a un administrador de empresas haciendo empanadas venezolanas y vendiéndolas en los alrededores del mercado La Vega.

Ninguno se queja.

Ninguno critica.

Les toca limpiar pisos, fregar platos, trabajar hasta muy tarde en la noche. Lo que nunca.

Pero repito.

Ninguno se queja.

Ninguno critica.

Están contentos.

Y cuando tienen un ratico libre se compran un vino y, en la azotea de uno de esos edificios del centro que están llenos de venezolanos, donde hay piscina y gimnasio, ponen música y comparten con sus amigos. Crean lazos familiares con sus vecinos o sus compañeros de la pega. Se imaginan a su mamá en otras señoras, se inventan hermanos entre los demás compatriotas. Tienen como mesa familiar un chat de whatsapp o un grupo de Facebook.

Parecen alegres, pero también están tristes.

Como los sobrevivientes en un bote salvavidas.

Pero de pronto pienso que esos chicos, esa generación de venezolanos profesionales que están pasando trabajo, que lloran a los suyos, que están “echándole bola” (trabajando duro, para los lectores chilenos), van a ser una gran generación. Porque estos muchachos tienen la formación profesional, pero a la vez están aprendiendo una importante lección de humildad, de ponerse en el lugar del otro, de entender el valor de las labores más sencillas. Están aprendiendo que detrás de cada oficio hay un ser humano, que nadie es mejor que el otro. Además están aprendiendo a entender otro país, otra cultura, otras voces, otras formas. Están aprendiendo –literalmente- a ganarse el pan con el sudor de su frente, de sus piernas, de sus brazos, de sus hombros.

Quiero creer que esta generación será más fuerte. Que será también más bondadosa. Cuando el ingeniero encuentre trabajo en una empresa minera, ya no mirará con menosprecio al garzón que lo atiende en el restaurant; cuando la doctora trabaje en una clínica valorará la labor de su recepcionista (o tal vez el ingeniero se quede por mucho tiempo como garzón y la médico como recepcionista, y descubran que la vida también así es bella). Eso sí, cuando ellos vean a una persona vendiendo comida en la calle, la mirarán a los ojos, le preguntarán cómo está, le contarán su propia historia, le darán aliento.

Creo que no solo estos muchachos ganarán, como individuos, con esta vivencia migrante. También ganará Chile (o el país que los reciba) porque serán ciudadanos agradecidos con la nación que les dio una oportunidad y la asumirán –y defenderán- como suya. Por eso, cuando en Chile (o en otros países receptores) se abre el debate sobre la migración, yo me pregunto si quienes critican la presencia de extranjeros han reflexionado sobre lo que la experiencia migrante significa para el ser humano, cuánto transforma, cuánto nutre, cuánto potencia.

Migrar es un postgrado.

Si mis jóvenes paisanos se quedan en Chile, aportarán su bagaje, sus músculos, su intelecto, y serán hijos de dos naciones.

Y si algún día vuelven a Venezuela, llegarán nutridos de ánimos de reconstrucción y con fortaleza de luchadores. Han aprendido a valorar lo suyo desde la distancia. Además, nunca perderán los vínculos (ni la gratitud) con el país que los acogió.

Siento que lo mejor que pudo pasarle a Venezuela es esta generación de profesionales que limpian pisos en otras tierras. Porque sin duda ellos serán mejores personas que todos nosotros. Mejores venezolanos y mejores ciudadanos del mundo.

 

 

Venezolanos en España: Más solicitudes de asilo que los sirios por Esteban Villarejo – ABC – 3 de Julio 2017

La represión de Maduro provoca que por primera vez los ciudadanos de Venezuela lideren el ranking oficial de peticiones

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La inmigración se dispara en el último año

Desde España hacia Venezuela: cesta «food» (16 kgs/27 productos por 120 euros), cesta «cleaning» (12 kgs/24 productos por 110 euros) y cesta «baby» (9kgs/15 productos). Estas son tres de las opciones que una empresa de envíos madrileña ofrece a los venezolanos que quieran hacer llegar a sus familiares comida, enseres de limpieza o productos para bebés. Los impuestos y el embalaje del pedido están debidamente incluidos, se informa.

«La cesta pa’los panas», este es el eslogan del anuncio publicitario de la Revista Venezolana, una publicación mensual surgida tras el «boom» migratorio de venezolanos en España, sobre todo tras los últimos cuatro años con Nicolás Maduro de presidente, en los que la represión política en las instituciones y policial en las calles de Venezuela se ha manifestado de un modo abrupto pero al tiempo bien orquestado. Y es que Venezuela ya camina hacia la dictadura total hacia el modelo castrista.

Reflejo de estas dos realidades (carestía alimentaria y ausencia de libertades políticas) valgan dos datos oficiales conocidos este año en España. El primero lo ofrece la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR): en 2016 los venezolanos lideraron por primera vez las peticiones de asilo en España con 3.960 solicitudes del total de 15.755.

Por detrás solo se sitúan sirios (2.975 peticiones) y ucranianos (2.570) cuyos países se encuentra en escenarios de guerra abierta. En 2012, un año antes de la llegada de Maduro al poder, sólo 28 venezolanos solicitaron asilo. Estas peticiones se han multiplicado por 141 durante con el «madurismo».

El segundo dato oficial proviene del Instituto Nacional de Estadística (INE). El pasado año el número de ciudadanos «nacidos en Venezuela» y residentes en España se situó en 208.081, de los cuales 127.781 tienen la nacionalidad española, mientras que el resto ostenta sólo la nacionalidad venezolana o la venezolana y la de otro país (italiana, portuguesa o estadounidense principalmente).

El seguimiento de la estadística del INE es significativa para explicar la convulsa historia de los últimos 20 años en el país caribeño, tan poco acostumbrado a emigrar en los años 70, 80 y 90 dada la riqueza petrolera que apuntalaba su situación económica.

Si en 1998 –un año antes de la llegada de Hugo Chávez al Palacio de Miraflores– en España residían 46.388 ciudadanos nacidos en Venezuela, la mayoría hijos de españoles con nacionalidad que decidieron volver a la «madre patria», esta cifra veinte años después se ha multiplicado por 4,4. Y todo ello a pesar de que España ha atravesado una de las crisis económicas más agudas de su historia reciente entre 2008 y 2015 y que obligó al retorno a su país de origen a miles de inmigrantes de países latinoamericanos como Ecuador, Colombia o Bolivia.

Obviamente ese exilio migratorio de venezolanos a España se ha disparado con la llegada de Maduro al poder y, sobre todo, tras los acontecimientos del último año: 28.000 nuevos venezolanos llegaron a nuestro país en apenas un año (eso sólo en las cifras oficiales).

El inmigrante venezolano es emprendedor en España: restaurantes y todo tipo de comercios han aflorado en las ciudades (la cadena Goiko Grill en Madrid es buen ejemplo de ello) y aunque no abundan sus asociaciones sí han prosperado sus «clubes de networking» con el objetivo de poder asesorarse entre sí a la hora de establecer su nueva vida profesional en España. Ejemplo de ello es el «Venezuelan Business Club», también con presencia en EE.UU. o Panamá.

Dos sonadas apariciones inversoras han sido la mayor tienda de «outlet» de Europa establecida en Leganés por el Grupo Sambil o la inversión del banco privado venezolano Banesco en Galicia tras comprarle al FROB la entidad resultante de las cajas de ahorros gallegas, la actual Abanca.

Ingenieros, consultores, publicistas, informáticos, médicos y periodistas son algunas de las profesiones más corrientes de una comunidad que cada vez exterioriza más su hartazgo político con la convocatoria de manifestaciones en las distintas capitales españolas. Realizar estudios de posgrado o universitarios para luego intentar establecerse es otra de las opciones. En Madrid otra manifestación recorrerá la Gran Vía el próximo sábado demandando democracia en Venezuela y pedir apoyo político en España.

Iglesias defendió el modelo
El 15 de noviembre de 2012, estando de gira por Venezuela, Pablo Iglesias hacía estas declaraciones en la televisión venezolana: «Lo que está ocurriendo en Venezuela y lo que va a seguir ocurriendo es una referencia fundamental para los ciudadanos del sur de Europa. Lo que está ocurriendo aquí es una demostración de que sí hay alternativa, de que la única manera de gobernar no es para una minoría».

Esa alternativa del ahora líder de Podemos tiene, solo cinco años después, otro eslogan: «La cesta pa’ los panas»… para los amigos. Potitos, pañales, garbanzos, leche en polvo, protege slip… La cesta a 100 euros. De España a la Venezuela bolivariana.

 

En tres años se triplicó la intención de emigrar del venezolano por Carlos Subero – Notiminuto – 30 de Junio 2017

Según un estudio internacional, la tendencia que expresa el venezolano es siete veces mayor que la tenía en 2012

Se ha triplicado desde el año 2014 la intención del venezolano a emigrar a otro país, según un estudio presentado por María Gabriela Ponce, socióloga e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (Ucab).

La tendencia de este año es siete veces mayor que la había en el año 2012.

1 de cada tres venezolanos manifestó intención de vivir o trabajar en otro país, según la investigación el Barómetro de las Américas en su capítulo Venezuela, realizada hasta enero de 2017.

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Más de la mitad de los jóvenes entre 18 y 29 años expresó la tendencia a la emigración.

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A medida que se tiene más edad, es menor la tendencia a la emigración de Venezuela. Sólo 13% de los mayores de 60 años lo expresa.

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Migración venezolana enciende alarmas en Argentina, Brasil y Colombia – Noticias Colombia – 27 de Marzo 2016

 

Duermen en las calles, no se les permite trabajar, colapsan los sistemas de salud y generan caos en ciudades extranjeras. Diversos medios internacionales han documentado la situación que atraviesan los protagonistas de la migración venezolana. Brasil, Colombia, Argentina y Panamá son los países de la región donde las instituciones oficiales han reportado la presencia de connacionales.

Inflación, delincuencia, tasa de homicidios y escasez de alimentos y medicinas, lo que los mismos venezolanos inmigrantes denominan como “crisis”, son las razones expuestas en la cadena de noticias BBC y en los medios La Vanguardia, de Colombia y La Nación, de Argentina.

2.238 venezolanos solicitaron refugio en Brasil

Un reportaje de la BBC relata los testimonios de los venezolanos que cruzan masivamente la frontera con Brasil y se instalan en la ciudad de Boa Vista, ubicada en Roraima departamento norteño fronterizo.

En la ciudad de 300.000 habitantes han colapsado los servicios de salud con la llegada de los extranjeros, por lo que la gobernadora decretó un estado de emergencia. En el Hospital General de Roraima, en Boa Vista, de los 2 .517 casos de malaria detectados, 1.947 son venezolanos.

El gobierno de Roraima estima que alrededor de 30.000 venezolanos han ingresado a Brasil y, de acuerdo con datos de la Policía Federal de ese país, 2.238 venezolanos solicitaron refugio en 2016. A finales de 2016 se fundó en la ciudad el Centro de Referencia del Inmigrante (CRI) donde se alojan casi 200 venezolanos, la mayoría indígenas warao.

En el trabajo se menciona la historia de María José Pacheco, quien dejó en Venezuela a sus tres hijos menores de edad y un cargo como profesora de educación integral para vender naranjas 12 horas al día en la avenida Venezuela de la ciudad brasileña.

Pacheco comparte una habitación con su hermano y su esposo, todos envían dinero constantemente a sus familiares que aún residen en Venezuela. De acuerdo con la información presentada por el corresponsal Daniel García, los venezolanos que viajan a Boa Vista calculan que pueden ganar unos 400 reales al mes, que al cambio informal en la frontera son unos 480.000 bolívares, 223% más que el salario mínimo nacional.

Venezolanos en calles de Bucaramanga

Llegan a la ciudad de 500 mil habitantes, capital del departamento de Santander, solo con su cédula venezolana en mano. Como indocumentados deben someterse a salarios bajos, sin seguridad social, hay incluso reportes de que las mujeres terminan fungiendo como trabajadoras sexuales.

La vocera de los venezolanos en Bucaramanga, Alba Pereira, asegura que ha contabilizado 15 habitantes de calle; la coordinadora del programa Habitante de calle de la Secretaría de Desarrollo Social de la alcaldía de la ciudad colombiana, Juana Patiño, subió la cuenta a 20 y agregó que puede haber más “porque se esconden apenas nos ven (…) los mismos habitantes nos han contado que hay muchos más”, dijo la funcionaria.

Sin embargo, el secretario de Desarrollo Social de Bucaramanga, Jorge Figueroa, afirmó al diario La Vanguardia que tiene conocimiento de “más de 80 venezolanos viviendo en la calle”. Patiño explicó al medio de comunicación que la preocupación por la llegada de los connacionales llevó a que se creara un comité con Migración Colombia.

“Sinceramente queremos ayudarlos, pero no tenemos poder jurídico para hacerlo. ¿Qué tal que yo atienda, con el programa Habitante de calle, a un venezolano indocumentado y que esa persona resulte ser un delincuente buscado por el Gobierno de Maduro?”, dijo Patiño a La Vanguardia.

Aumenta más de 50% migración criolla a Argentina

En un reportaje del diario argentina La Nación se asegura que, en promedio, 30 venezolanos por día se radicaron en Argentina en 2016. De acuerdo con el reporte histórico sobre residencias temporarias de la Dirección Nacional de Migraciones, la cifra total de inmigrantes cerró el año pasado en 24.347, en 2015 era 54% menos.

El diario argentino conversó con el profesor e investigador de la Universidad Simón Bolívar, Iván de la Vega, quien publicó en 2014 Emigración intelectual y general en Venezuela y asegura que en base al seguimiento que ha hecho de censos y reportes migratorios de otros países, hay un estimado de 1,5 millones de venezolanos han migrado a otros 94 países.

En Venezuela no existen datos oficiales sobre la migración. Sin embargo, en enero de este año la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) expresó su intranquilidad por la cantidad de venezolanos que han dejado el país.

El organismo informó que, de acuerdo con cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), “para finales de 2012, la cifra de solicitantes de asilo de Venezuela era de 505, pasando a 1.153 en 2013, 4.820 en 2014 y 15.094 para finales de 2015”, un aumento de 2.889% entre 2012 y 2015, período presidencial del actual mandatario nacional Nicolás Maduro.

A la lista de países se suma ahora Honduras, donde este viernes, 3 de marzo, fueron detenidos tres venezolanos en situación ilegal junto a más de mil ciudadanos de otras latitudes, como Cuba y Colombia, que por lo general usan este paso en su ruta a los Estados Unidos.

Mientras, en Costa Rica quedaron varados 76 venezolanos el jueves, 2 de marzo, cuando intentaron regresar a Panamá. luego de haber salido para optar a la renovación del permiso que les permite permanecer legalmente bajo la figura de turistas. Este permiso expira a los 180 días.

 

Francesca por Verónica Colina – Sunoticiero – 13 de Abril 2017

mingo.jpgPara romper el silencio, y no darle espacio a la tristeza, bajamos al aeropuerto diciéndonos cosas cotidianas: palabras cargadas de esa complicidad tan nuestra, que sólo se logra con la convivencia. Tratamos de que las frases se parecieran más a un “nos vemos pronto”, que a las que se dicen en una despedida sin vuelta atrás: esas que no se pronuncian; pero que, tarde o temprano, aparecen entre los que se van. No es fácil volver a despedir a quien amas. No es fácil tener que decirle a tu hijita: “cuídate mucho, mi amor. Dios siempre te acompaña. Recuerda llamarme, de vez en cuando, por Whatsapp”. Leer más de esta entrada

«Little Venezuela»: El exilio se refugia en Madrid por Marta Palacio – La Razón – 27 de Marzo 2017

Los huídos de la crisis del régimen de Maduro lideran por primera vez las peticiones de asilo. Su destino preferido es la capital, donde la inmigración ha crecido un 20% el último año
Los huídos de la crisis del régimen de Maduro lideran por primera vez las peticiones de asilo

Largas colas en supermercados o gasolineras, problemas para poder ser atendidos por un médico, desabastecimiento de medicinas y, lo peor y definitivo, la inseguridad que se vive en Venezuela en el último tiempo ha llevado a miles de ciudadanos a poner un punto y aparte en sus vidas y emigrar.

La Comunidad de Madrid se ha convertido en la región que acoge a más inmigrantes venezolanos. La cifra ha ascendió a 15.345 y suponen el 28 por ciento de todos los venezolanos que residen en España; y es que sólo en el último año el número de personas procedentes del país caribeño que han elegido Madrid se incrementó en un 20 por ciento respecto a los llegados en 2015. Aquel año, la nacionalidad venezolana ya fue la que más aumentó en Madrid en términos relativos; con un 19,4% de crecimiento, sin embargo, el pasado año esta cifra creció aún más según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas, que convierten a la Comunidad, en su destino favorito.

Dentro de este porcentaje, la cifra más dramática la protagonizan los 3.960 que llegaron a España como refugiados. De las 15.755 peticiones de asilo recibidas en España en 2016, la mayoría procedieron de Venezuela, quedando Siria (2.975) y Ucrania (2.570) en segundo y tercer lugar. Y es que los venezolanos se situaron por primera vez en 2016 por delante de Siria y Ucrania en el número de las solicitudes de acogimiento por temor a permanecer o volver a su país. De este modo, un año antes, en 2015, España registró 15.000 peticiones de asilo, de las cuales, la mayoría procedieron de Siria (5.700), Ucrania (3.400), Palestina (800), Argelia, Marruelos y en quinto lugar, Venezuela, según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Aunque no se puede establecer un perfil único del venezolano que ha llegado a Madrid en los últimos años en busca de una oportunidad, lo cierto es que recientemente hay una clase media-alta que ha escogido el sector inmobiliario y hostelero bien para buscar un refugio a su dinero o para emprender sus negocios con seguridad. Sus barrios de referencia son Castellana, Salamanca y Chamberí, que muchos de ellos comparan con los barrios caraqueños de Altamira y La Castellana. Fuera de la ciudad, Pozuelo y Aravaca son las zonas preferidas para los que llegan acompañados de sus familias.

Las expropiaciones, el miedo a un corralito o simplemente la búsqueda de un futuro mejor para ellos y sus hijos ha hecho que desde estudiantes con posibilidad para inmigrar así como muchas de las grandes familias de Venezuela e importantes empresarios hayan escogido Madrid para levantar sus negocios. Varias inmobiliarias de origen venezolano han abierto recientemente sucursal en Madrid, y se han concentrado en la calle Blanca de Navarra. La idea es ser intermediario entre inversores y bienes inmuebles.

Muchos de los venezolanos prefieren invertir en edificios enteros que compran, rehabilitan y venden como obra nueva. Las últimas grandes operaciones en Madrid han sido firmadas por venezolanos. Sólo en la calle Barquillo y Fernando VI hay ahora mismo varios inmuebles que están siendo reformados por grupos venezolanos cuyo objetivo es luego revenderlos en el mercado del lujo. Este tipo de inversores llegaron a Madrid en plena crisis, convirtiéndose en un acicate para la economía madrileña y en un trampolín para que sus compatriotas diesen el salto tras ellos. Famosa fue en su momento la llegada del clan Capriles, emparentados con el líder opositor Henrique Capriles, con su irrupción en la banca y sus inversiones en el barrio de Justicia, como el de la antigua sede del COAM de la calle Barquillo, edificio convertido ahora en apartamentos de lujo.

Uno de los últimos en llegar ha sido el grupo Sambil. Esta firma venezolana ha dado el salto a Europa y ha escogido Leganés para abrir, hace sólo unos días, el mayor outlet de España.

Junto con el sector inmobiliario, la hostelería es la otra actividad convertida en el escaparate de la inmigración venezolana. «Madrid nos lo pone fácil. En Caracas tienes que mirar a todos lados antes de cerrar la verja de tu comercio por miedo a que te atraquen. Aquí podemos hacerlo con toda la seguridad. Esta ciudad no te pone trabas», explica Luis Criscuolo de La Sanducheríe, un local situado en Santa Teresa 1 que ofrece bocadillos gourmet. «Los bancos dan crédito, los proveedores sirven los productos a tiempo. Esto que aquí parece una obviedad hace que, para mí, tener un negocio en Madrid se haya convertido en unas vacaciones», añade.

Como a Luis, Madrid ha acogido en el último tiempo a miles de jóvenes de mediana edad y clase, con estudios, emprendimiento y suficiente ahorros o apoyo familiar como para partir de su Venezuela natal en busca de una oportunidad. «Hemos cambiado el sueño americano por el español», afirma Daniela Rodríguez, que tras estudiar un máster en el Instituto de Empresa y ver cómo en su país el Gobierno bolivariano expropiaba al Banco Federal decidió probar suerte en Madrid. Ahora es madre de dos hijas nacidas aquí y no tiene intención de volver. Profesionalmente Madrid le ha dado unas oportunidades que cree que en Caracas no hubiera podido conseguir. Es manager de influencers a través de una empresa de nuevas tendencias digitales que ha montado junto a su marido.

Es la generación de nietos de quienes llegaron a Venezuela huyendo de la represión franquista o de la II Guerra Mundial. «Ahora somos nosotros los que huimos de la inseguridad y la delincuencia y hay que decir que esta ciudad nos ha acogido de forma increíble», añade Luis. «Madrid nos ha dado la oportunidad que ahora no puede darnos Caracas», coincide Francesca, que tras «escapar» de la capital venezolana, montó hace sólo unos meses en Diego de León la «tarvernetta» Limone. «Vine hace unos años a estudiar a Madrid y vi que aunque esta ciudad estaba en plena crisis se estaba reaccionando rápido –no como en mi país–. Esto está lleno de gente simpática, que acoge, de ayudas y de buena disposición».

La inmigración venezolana tiene también otra cara; la que aún sufre las consecuencias del «chavismo». En Madrid vive un nutrido grupo de exiliados jubilados (unos 1.800) que desde hace más de un año no cobran su pensión de jubilación porque el gobierno de Maduro ha cortado los pagos sin dar más explicaciones. Hace sólo unos días se reunieron con el consejero de Asuntos Sociales de la Comunidad, Carlos Izquierdo, para intentar canalizar algún tipo de ayuda después de que en el Ayuntamiento de Manuela Carmena les hayan negado hasta el asesoramiento.

«Madrid nos lo ha puesto fácil a los jóvenes»

Tiene 34 años y 15 de experiencia en la hostelería caraqueña. Acaba de llegar a Madrid junto a tres amigos-socios con los que han montado La Sanducherie, un local donde siempre es primavera y de bocatas gourmet. Huyó de Caracas por la inseguridad y porque allí sus negocios no prosperaban, «sólo subsisten». «Aquí puedo cerrar la verja de mi local cada noche sin miedo a que me atraquen».

«Algunos han vivido el sueño americano. Yo, el español»

Se vino a Madrid junto a su marido después de ver que el gobierno de Chavez expropiaba el Banco Federal. Hace sólo dos años montó Soy Olivia, una agencia de nuevas tendencias digitales que representa a 30 perfiles de influencers. «Llegué a Madrid siendo una estudiante, fui becaria y ahora tengo mi propia empresa. Esto allí hubiera sido imposible»

«Aquí había crisis, pero se ha reaccionado a tiempo»

Francesca vino hace tres años a estudiar un máster con su hermana. Madrid estaba sumida en la crisis económica, pero «comparado con lo que ya había allí, ya se veía que aquí iban a salir pronto». Montó la «tavernetta» Limone el pasado mes de octubre en el barrio de Salamanca, que es «la pequeña caracas».

 

La clave del desarrollo está en el saber-hacer [know-how] colectivo por Ricardo Haussman – Harvard Center for International Development – Marzo 2017

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Hace 25 años que el apartheid llegó a su fin, y 23 desde que el Congreso Nacional Africano asumió el poder en Sudáfrica. Sin embargo, según informó el presidente Jacob Zuma en su reciente discurso sobre el estado de la nación, el control continúa estando en manos de los blancos del país.

“Los hogares blancos ganan por lo menos cinco veces más que los negros”, afirmó Zuma, y “solamente el 10% de las 100 empresas más importantes de la Bolsa de Johannesburgo son de propiedad de sudafricanos negros”. Los blancos todavía representan el 72% de los altos directivos. El coeficiente Gini, una forma ampliamente utilizada de medir la desigualdad, no muestra ninguna señal de bajar y continúa siendo uno de los más altos del mundo.

Estos hechos suceden luego de 14 años de un vigoroso programa de potenciamiento económico de la población negra llamado Black Economic Empowerment o BEE, que ha creado diversos tipos de incentivos y limitaciones para impulsar la participación de dicha población en los ámbitos de propiedad, administración, control, capacitación, adquisiciones y emprendimiento. A los propietarios de acciones de raza blanca se les exigió vender acciones a personas negras mediante transacciones que a menudo estuvieron fuertemente apalancadas y fueron financiadas con fondos públicos.

No obstante, afirma Zuma, los resultados están por debajo de la meta que en 1981 fijó el entonces presidente del Congreso Nacional Africano, Oliver Tambo, quien buscaba lograr la emancipación económica a través del “retorno [sic] de la riqueza de la nación al pueblo en su conjunto”. Esta meta debería lograrse mediante una “transformación económica radical”, lo que según Zuma significa “un giro fundamental en la estructura, los sistemas, las instituciones y los patrones de propiedad, administración y control de la economía a favor de todos los sudafricanos, especialmente los pobres, la mayoría de los cuales son africanos y mujeres”. El país necesita enfrentar lo que él y otros han llamado el “capitalismo monopolista blanco”.

Lo que Zuma parece buscar es una radical redistribución de recursos en la dirección sugerida por Julius Malema, líder de los Luchadores por la Libertad Económica y admirador del enfoque chavista de Venezuela. Allí, Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, nacionalizaron petróleo, acero, cemento, telecomunicaciones, bancos, tierras agrícolas, empresas lecheras y cadenas de supermercados, e invirtieron en empresas mixtas para producir automóviles, artículos electrónicos, electrodomésticos y una miríada de otros bienes. La producción colapsó en todas estas empresas, y las consecuencias para Venezuela han sido catastróficas.

En un mundo donde la desigualdad es un tema de gran importancia y el deseo de un cambio radical es profundo, ¿qué se debería concluir de estas experiencias? ¿Por qué tanto Venezuela como Sudáfrica no han logrado lo que sus líderes buscaban?

Gran parte del pensamiento que inspiró a Zuma, Tambo, Chávez y Maduro se remonta a Marx. Para ellos, y también para algunos intelectuales de hoy, como el economista francés Thomas Pikkety, el mundo económico consiste en dos sustancias fundamentales: capital y trabajo. Los propietarios del capital controlan los medios de producción, lo que les otorga poder sobre la fuerza laboral. La emancipación, como la llamó Tambo, implica el “retorno de la riqueza del país” –la propiedad del capital– a sus legítimos propietarios, ya sea de manera directa o a través de un Estado que los represente.

Sin embargo, el capital, al igual que el futuro, ya no es lo que era antes. Hoy día se ha transformado en un bien barato y abundante. Si uno no lo posee, puede arrendarlo.

Las 40 empresas más grandes que participan en la Bolsa de Johannesburgo son predominantemente “de propiedad” de inversores institucionales extranjeros. Otro 12,5% del mercado es “de propiedad” de la Public Investment Corporation of South Africa, que administra el fondo de pensiones de los empleados públicos. Desde esta perspectiva, el hecho de que en la actualidad inversores individuales de raza negra, según Zuma, sean propietarios del 10% del mercado bursátil, es impresionante, dado que no predominan los inversores individuales sino los institucionales. No obstante, la obsesión con la propiedad de capital por parte de los negros, fuera de haber hecho extremadamente ricos a unos pocos plutócratas, no parece estar consiguiendo la “emancipación”.

El problema reside en que la producción no requiere solo de capital y trabajo, sino también de knowhow, un factor de la producción ignorado por Marx y sus seguidores. El knowhow es la capacidad de realizar tareas específicas. Existe exclusivamente en los cerebros, y su diversidad, que incluye cocineros, auditores, plomeros, quiroprácticos y diseñadores de sitios web, es increíble.

El knowhow se transmite y se acumula de manera lenta, principalmente en el trabajo, a través de un proceso prolongado de imitación y repetición: se aprende haciendo. Un aspecto positivo de la política de BEE en Sudáfrica, es que requiere que las empresas contraten equipos de ejecutivos y trabajadores de mayor diversidad racial, para permitir que grupos que alguna vez estuvieron excluidos participen en el proceso de acumulación de knowhow.

Sin embargo, es imposible crear a un gerente con 20 años de experiencia de la noche a la mañana. Por muy radical que sea la transformación que se desea lograr, el knowhow no se puede expropiar ni nacionalizar. Tampoco se lo puede extraer, como los dientes, de los cerebros que lo poseen.

Pero, el knowhow puede ser despedido, como lo hizo Chávez con 300.000 años de experiencia en la industria petrolera en 2003. También puede ser ahuyentado, como ha sucedido con más de 500.000 personas de raza blanca en Sudáfrica. Y, se puede impedir su ingreso, por ejemplo, a través de las estrictas políticas migratorias y laborales de dicho país.

Cuando se rechaza el knowhow, la producción colapsa, como sucedió en Venezuela y en Zimbabue. El problema no solo afecta a las empresas que existen, sino también a las que no existen, ya sea porque nunca fueron creadas o porque no lograron crecer (de haberlo hecho, en Sudáfrica no faltarían los nueve millones de empleos que la gente anda buscando).

Sudáfrica corre el riesgo de seguir los pasos de Zimbabue, Venezuela y Argelia, donde gobiernos revolucionarios o post independencia heredaron un stock de knowhow ubicado en los cerebros de personas que tal vez no eran del agrado de los nuevos líderes. El knowhow se usa o se pierde; y el intento de lograr una “transformación radical” implicó perderlo, mediante la emigración y la exclusión. En el proceso, el knowhow se hizo más escaso, con lo cual su precio aumentó y la sociedad se volvió más pobre y también más desigual.

La tentativa de “retornar la riqueza al pueblo” terminó por empobrecerlo.

La alternativa es superar las divisiones del pasado creando una nueva y más inclusiva definición del “nosotros”, que reconozca la contribución potencial del knowhow existente, en los cerebros en que existe, y que asegure que este se puede traspasar a un segmento más amplio de la sociedad a través del tiempo. En última instancia, la cuestión es si Sudáfrica, al igual que Zimbabue, se considera una nación africana de población negra con unas pocas impurezas, o la “nación arco iris” que promovió Nelson Mandela, un país

más fuerte porque aprovecha su knowhow y celebra su diversidad.

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