elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: Capital humano

Migración venezolana enciende alarmas en Argentina, Brasil y Colombia – Noticias Colombia – 27 de Marzo 2016

 

Duermen en las calles, no se les permite trabajar, colapsan los sistemas de salud y generan caos en ciudades extranjeras. Diversos medios internacionales han documentado la situación que atraviesan los protagonistas de la migración venezolana. Brasil, Colombia, Argentina y Panamá son los países de la región donde las instituciones oficiales han reportado la presencia de connacionales.

Inflación, delincuencia, tasa de homicidios y escasez de alimentos y medicinas, lo que los mismos venezolanos inmigrantes denominan como “crisis”, son las razones expuestas en la cadena de noticias BBC y en los medios La Vanguardia, de Colombia y La Nación, de Argentina.

2.238 venezolanos solicitaron refugio en Brasil

Un reportaje de la BBC relata los testimonios de los venezolanos que cruzan masivamente la frontera con Brasil y se instalan en la ciudad de Boa Vista, ubicada en Roraima departamento norteño fronterizo.

En la ciudad de 300.000 habitantes han colapsado los servicios de salud con la llegada de los extranjeros, por lo que la gobernadora decretó un estado de emergencia. En el Hospital General de Roraima, en Boa Vista, de los 2 .517 casos de malaria detectados, 1.947 son venezolanos.

El gobierno de Roraima estima que alrededor de 30.000 venezolanos han ingresado a Brasil y, de acuerdo con datos de la Policía Federal de ese país, 2.238 venezolanos solicitaron refugio en 2016. A finales de 2016 se fundó en la ciudad el Centro de Referencia del Inmigrante (CRI) donde se alojan casi 200 venezolanos, la mayoría indígenas warao.

En el trabajo se menciona la historia de María José Pacheco, quien dejó en Venezuela a sus tres hijos menores de edad y un cargo como profesora de educación integral para vender naranjas 12 horas al día en la avenida Venezuela de la ciudad brasileña.

Pacheco comparte una habitación con su hermano y su esposo, todos envían dinero constantemente a sus familiares que aún residen en Venezuela. De acuerdo con la información presentada por el corresponsal Daniel García, los venezolanos que viajan a Boa Vista calculan que pueden ganar unos 400 reales al mes, que al cambio informal en la frontera son unos 480.000 bolívares, 223% más que el salario mínimo nacional.

Venezolanos en calles de Bucaramanga

Llegan a la ciudad de 500 mil habitantes, capital del departamento de Santander, solo con su cédula venezolana en mano. Como indocumentados deben someterse a salarios bajos, sin seguridad social, hay incluso reportes de que las mujeres terminan fungiendo como trabajadoras sexuales.

La vocera de los venezolanos en Bucaramanga, Alba Pereira, asegura que ha contabilizado 15 habitantes de calle; la coordinadora del programa Habitante de calle de la Secretaría de Desarrollo Social de la alcaldía de la ciudad colombiana, Juana Patiño, subió la cuenta a 20 y agregó que puede haber más “porque se esconden apenas nos ven (…) los mismos habitantes nos han contado que hay muchos más”, dijo la funcionaria.

Sin embargo, el secretario de Desarrollo Social de Bucaramanga, Jorge Figueroa, afirmó al diario La Vanguardia que tiene conocimiento de “más de 80 venezolanos viviendo en la calle”. Patiño explicó al medio de comunicación que la preocupación por la llegada de los connacionales llevó a que se creara un comité con Migración Colombia.

“Sinceramente queremos ayudarlos, pero no tenemos poder jurídico para hacerlo. ¿Qué tal que yo atienda, con el programa Habitante de calle, a un venezolano indocumentado y que esa persona resulte ser un delincuente buscado por el Gobierno de Maduro?”, dijo Patiño a La Vanguardia.

Aumenta más de 50% migración criolla a Argentina

En un reportaje del diario argentina La Nación se asegura que, en promedio, 30 venezolanos por día se radicaron en Argentina en 2016. De acuerdo con el reporte histórico sobre residencias temporarias de la Dirección Nacional de Migraciones, la cifra total de inmigrantes cerró el año pasado en 24.347, en 2015 era 54% menos.

El diario argentino conversó con el profesor e investigador de la Universidad Simón Bolívar, Iván de la Vega, quien publicó en 2014 Emigración intelectual y general en Venezuela y asegura que en base al seguimiento que ha hecho de censos y reportes migratorios de otros países, hay un estimado de 1,5 millones de venezolanos han migrado a otros 94 países.

En Venezuela no existen datos oficiales sobre la migración. Sin embargo, en enero de este año la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) expresó su intranquilidad por la cantidad de venezolanos que han dejado el país.

El organismo informó que, de acuerdo con cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), “para finales de 2012, la cifra de solicitantes de asilo de Venezuela era de 505, pasando a 1.153 en 2013, 4.820 en 2014 y 15.094 para finales de 2015”, un aumento de 2.889% entre 2012 y 2015, período presidencial del actual mandatario nacional Nicolás Maduro.

A la lista de países se suma ahora Honduras, donde este viernes, 3 de marzo, fueron detenidos tres venezolanos en situación ilegal junto a más de mil ciudadanos de otras latitudes, como Cuba y Colombia, que por lo general usan este paso en su ruta a los Estados Unidos.

Mientras, en Costa Rica quedaron varados 76 venezolanos el jueves, 2 de marzo, cuando intentaron regresar a Panamá. luego de haber salido para optar a la renovación del permiso que les permite permanecer legalmente bajo la figura de turistas. Este permiso expira a los 180 días.

 

Francesca por Verónica Colina – Sunoticiero – 13 de Abril 2017

mingo.jpgPara romper el silencio, y no darle espacio a la tristeza, bajamos al aeropuerto diciéndonos cosas cotidianas: palabras cargadas de esa complicidad tan nuestra, que sólo se logra con la convivencia. Tratamos de que las frases se parecieran más a un “nos vemos pronto”, que a las que se dicen en una despedida sin vuelta atrás: esas que no se pronuncian; pero que, tarde o temprano, aparecen entre los que se van. No es fácil volver a despedir a quien amas. No es fácil tener que decirle a tu hijita: “cuídate mucho, mi amor. Dios siempre te acompaña. Recuerda llamarme, de vez en cuando, por Whatsapp”. Leer más de esta entrada

«Little Venezuela»: El exilio se refugia en Madrid por Marta Palacio – La Razón – 27 de Marzo 2017

Los huídos de la crisis del régimen de Maduro lideran por primera vez las peticiones de asilo. Su destino preferido es la capital, donde la inmigración ha crecido un 20% el último año
Los huídos de la crisis del régimen de Maduro lideran por primera vez las peticiones de asilo

Largas colas en supermercados o gasolineras, problemas para poder ser atendidos por un médico, desabastecimiento de medicinas y, lo peor y definitivo, la inseguridad que se vive en Venezuela en el último tiempo ha llevado a miles de ciudadanos a poner un punto y aparte en sus vidas y emigrar.

La Comunidad de Madrid se ha convertido en la región que acoge a más inmigrantes venezolanos. La cifra ha ascendió a 15.345 y suponen el 28 por ciento de todos los venezolanos que residen en España; y es que sólo en el último año el número de personas procedentes del país caribeño que han elegido Madrid se incrementó en un 20 por ciento respecto a los llegados en 2015. Aquel año, la nacionalidad venezolana ya fue la que más aumentó en Madrid en términos relativos; con un 19,4% de crecimiento, sin embargo, el pasado año esta cifra creció aún más según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas, que convierten a la Comunidad, en su destino favorito.

Dentro de este porcentaje, la cifra más dramática la protagonizan los 3.960 que llegaron a España como refugiados. De las 15.755 peticiones de asilo recibidas en España en 2016, la mayoría procedieron de Venezuela, quedando Siria (2.975) y Ucrania (2.570) en segundo y tercer lugar. Y es que los venezolanos se situaron por primera vez en 2016 por delante de Siria y Ucrania en el número de las solicitudes de acogimiento por temor a permanecer o volver a su país. De este modo, un año antes, en 2015, España registró 15.000 peticiones de asilo, de las cuales, la mayoría procedieron de Siria (5.700), Ucrania (3.400), Palestina (800), Argelia, Marruelos y en quinto lugar, Venezuela, según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Aunque no se puede establecer un perfil único del venezolano que ha llegado a Madrid en los últimos años en busca de una oportunidad, lo cierto es que recientemente hay una clase media-alta que ha escogido el sector inmobiliario y hostelero bien para buscar un refugio a su dinero o para emprender sus negocios con seguridad. Sus barrios de referencia son Castellana, Salamanca y Chamberí, que muchos de ellos comparan con los barrios caraqueños de Altamira y La Castellana. Fuera de la ciudad, Pozuelo y Aravaca son las zonas preferidas para los que llegan acompañados de sus familias.

Las expropiaciones, el miedo a un corralito o simplemente la búsqueda de un futuro mejor para ellos y sus hijos ha hecho que desde estudiantes con posibilidad para inmigrar así como muchas de las grandes familias de Venezuela e importantes empresarios hayan escogido Madrid para levantar sus negocios. Varias inmobiliarias de origen venezolano han abierto recientemente sucursal en Madrid, y se han concentrado en la calle Blanca de Navarra. La idea es ser intermediario entre inversores y bienes inmuebles.

Muchos de los venezolanos prefieren invertir en edificios enteros que compran, rehabilitan y venden como obra nueva. Las últimas grandes operaciones en Madrid han sido firmadas por venezolanos. Sólo en la calle Barquillo y Fernando VI hay ahora mismo varios inmuebles que están siendo reformados por grupos venezolanos cuyo objetivo es luego revenderlos en el mercado del lujo. Este tipo de inversores llegaron a Madrid en plena crisis, convirtiéndose en un acicate para la economía madrileña y en un trampolín para que sus compatriotas diesen el salto tras ellos. Famosa fue en su momento la llegada del clan Capriles, emparentados con el líder opositor Henrique Capriles, con su irrupción en la banca y sus inversiones en el barrio de Justicia, como el de la antigua sede del COAM de la calle Barquillo, edificio convertido ahora en apartamentos de lujo.

Uno de los últimos en llegar ha sido el grupo Sambil. Esta firma venezolana ha dado el salto a Europa y ha escogido Leganés para abrir, hace sólo unos días, el mayor outlet de España.

Junto con el sector inmobiliario, la hostelería es la otra actividad convertida en el escaparate de la inmigración venezolana. «Madrid nos lo pone fácil. En Caracas tienes que mirar a todos lados antes de cerrar la verja de tu comercio por miedo a que te atraquen. Aquí podemos hacerlo con toda la seguridad. Esta ciudad no te pone trabas», explica Luis Criscuolo de La Sanducheríe, un local situado en Santa Teresa 1 que ofrece bocadillos gourmet. «Los bancos dan crédito, los proveedores sirven los productos a tiempo. Esto que aquí parece una obviedad hace que, para mí, tener un negocio en Madrid se haya convertido en unas vacaciones», añade.

Como a Luis, Madrid ha acogido en el último tiempo a miles de jóvenes de mediana edad y clase, con estudios, emprendimiento y suficiente ahorros o apoyo familiar como para partir de su Venezuela natal en busca de una oportunidad. «Hemos cambiado el sueño americano por el español», afirma Daniela Rodríguez, que tras estudiar un máster en el Instituto de Empresa y ver cómo en su país el Gobierno bolivariano expropiaba al Banco Federal decidió probar suerte en Madrid. Ahora es madre de dos hijas nacidas aquí y no tiene intención de volver. Profesionalmente Madrid le ha dado unas oportunidades que cree que en Caracas no hubiera podido conseguir. Es manager de influencers a través de una empresa de nuevas tendencias digitales que ha montado junto a su marido.

Es la generación de nietos de quienes llegaron a Venezuela huyendo de la represión franquista o de la II Guerra Mundial. «Ahora somos nosotros los que huimos de la inseguridad y la delincuencia y hay que decir que esta ciudad nos ha acogido de forma increíble», añade Luis. «Madrid nos ha dado la oportunidad que ahora no puede darnos Caracas», coincide Francesca, que tras «escapar» de la capital venezolana, montó hace sólo unos meses en Diego de León la «tarvernetta» Limone. «Vine hace unos años a estudiar a Madrid y vi que aunque esta ciudad estaba en plena crisis se estaba reaccionando rápido –no como en mi país–. Esto está lleno de gente simpática, que acoge, de ayudas y de buena disposición».

La inmigración venezolana tiene también otra cara; la que aún sufre las consecuencias del «chavismo». En Madrid vive un nutrido grupo de exiliados jubilados (unos 1.800) que desde hace más de un año no cobran su pensión de jubilación porque el gobierno de Maduro ha cortado los pagos sin dar más explicaciones. Hace sólo unos días se reunieron con el consejero de Asuntos Sociales de la Comunidad, Carlos Izquierdo, para intentar canalizar algún tipo de ayuda después de que en el Ayuntamiento de Manuela Carmena les hayan negado hasta el asesoramiento.

«Madrid nos lo ha puesto fácil a los jóvenes»

Tiene 34 años y 15 de experiencia en la hostelería caraqueña. Acaba de llegar a Madrid junto a tres amigos-socios con los que han montado La Sanducherie, un local donde siempre es primavera y de bocatas gourmet. Huyó de Caracas por la inseguridad y porque allí sus negocios no prosperaban, «sólo subsisten». «Aquí puedo cerrar la verja de mi local cada noche sin miedo a que me atraquen».

«Algunos han vivido el sueño americano. Yo, el español»

Se vino a Madrid junto a su marido después de ver que el gobierno de Chavez expropiaba el Banco Federal. Hace sólo dos años montó Soy Olivia, una agencia de nuevas tendencias digitales que representa a 30 perfiles de influencers. «Llegué a Madrid siendo una estudiante, fui becaria y ahora tengo mi propia empresa. Esto allí hubiera sido imposible»

«Aquí había crisis, pero se ha reaccionado a tiempo»

Francesca vino hace tres años a estudiar un máster con su hermana. Madrid estaba sumida en la crisis económica, pero «comparado con lo que ya había allí, ya se veía que aquí iban a salir pronto». Montó la «tavernetta» Limone el pasado mes de octubre en el barrio de Salamanca, que es «la pequeña caracas».

 

La clave del desarrollo está en el saber-hacer [know-how] colectivo por Ricardo Haussman – Harvard Center for International Development – Marzo 2017

Ricardo-Hausmann-1100x618

Hace 25 años que el apartheid llegó a su fin, y 23 desde que el Congreso Nacional Africano asumió el poder en Sudáfrica. Sin embargo, según informó el presidente Jacob Zuma en su reciente discurso sobre el estado de la nación, el control continúa estando en manos de los blancos del país.

“Los hogares blancos ganan por lo menos cinco veces más que los negros”, afirmó Zuma, y “solamente el 10% de las 100 empresas más importantes de la Bolsa de Johannesburgo son de propiedad de sudafricanos negros”. Los blancos todavía representan el 72% de los altos directivos. El coeficiente Gini, una forma ampliamente utilizada de medir la desigualdad, no muestra ninguna señal de bajar y continúa siendo uno de los más altos del mundo.

Estos hechos suceden luego de 14 años de un vigoroso programa de potenciamiento económico de la población negra llamado Black Economic Empowerment o BEE, que ha creado diversos tipos de incentivos y limitaciones para impulsar la participación de dicha población en los ámbitos de propiedad, administración, control, capacitación, adquisiciones y emprendimiento. A los propietarios de acciones de raza blanca se les exigió vender acciones a personas negras mediante transacciones que a menudo estuvieron fuertemente apalancadas y fueron financiadas con fondos públicos.

No obstante, afirma Zuma, los resultados están por debajo de la meta que en 1981 fijó el entonces presidente del Congreso Nacional Africano, Oliver Tambo, quien buscaba lograr la emancipación económica a través del “retorno [sic] de la riqueza de la nación al pueblo en su conjunto”. Esta meta debería lograrse mediante una “transformación económica radical”, lo que según Zuma significa “un giro fundamental en la estructura, los sistemas, las instituciones y los patrones de propiedad, administración y control de la economía a favor de todos los sudafricanos, especialmente los pobres, la mayoría de los cuales son africanos y mujeres”. El país necesita enfrentar lo que él y otros han llamado el “capitalismo monopolista blanco”.

Lo que Zuma parece buscar es una radical redistribución de recursos en la dirección sugerida por Julius Malema, líder de los Luchadores por la Libertad Económica y admirador del enfoque chavista de Venezuela. Allí, Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, nacionalizaron petróleo, acero, cemento, telecomunicaciones, bancos, tierras agrícolas, empresas lecheras y cadenas de supermercados, e invirtieron en empresas mixtas para producir automóviles, artículos electrónicos, electrodomésticos y una miríada de otros bienes. La producción colapsó en todas estas empresas, y las consecuencias para Venezuela han sido catastróficas.

En un mundo donde la desigualdad es un tema de gran importancia y el deseo de un cambio radical es profundo, ¿qué se debería concluir de estas experiencias? ¿Por qué tanto Venezuela como Sudáfrica no han logrado lo que sus líderes buscaban?

Gran parte del pensamiento que inspiró a Zuma, Tambo, Chávez y Maduro se remonta a Marx. Para ellos, y también para algunos intelectuales de hoy, como el economista francés Thomas Pikkety, el mundo económico consiste en dos sustancias fundamentales: capital y trabajo. Los propietarios del capital controlan los medios de producción, lo que les otorga poder sobre la fuerza laboral. La emancipación, como la llamó Tambo, implica el “retorno de la riqueza del país” –la propiedad del capital– a sus legítimos propietarios, ya sea de manera directa o a través de un Estado que los represente.

Sin embargo, el capital, al igual que el futuro, ya no es lo que era antes. Hoy día se ha transformado en un bien barato y abundante. Si uno no lo posee, puede arrendarlo.

Las 40 empresas más grandes que participan en la Bolsa de Johannesburgo son predominantemente “de propiedad” de inversores institucionales extranjeros. Otro 12,5% del mercado es “de propiedad” de la Public Investment Corporation of South Africa, que administra el fondo de pensiones de los empleados públicos. Desde esta perspectiva, el hecho de que en la actualidad inversores individuales de raza negra, según Zuma, sean propietarios del 10% del mercado bursátil, es impresionante, dado que no predominan los inversores individuales sino los institucionales. No obstante, la obsesión con la propiedad de capital por parte de los negros, fuera de haber hecho extremadamente ricos a unos pocos plutócratas, no parece estar consiguiendo la “emancipación”.

El problema reside en que la producción no requiere solo de capital y trabajo, sino también de knowhow, un factor de la producción ignorado por Marx y sus seguidores. El knowhow es la capacidad de realizar tareas específicas. Existe exclusivamente en los cerebros, y su diversidad, que incluye cocineros, auditores, plomeros, quiroprácticos y diseñadores de sitios web, es increíble.

El knowhow se transmite y se acumula de manera lenta, principalmente en el trabajo, a través de un proceso prolongado de imitación y repetición: se aprende haciendo. Un aspecto positivo de la política de BEE en Sudáfrica, es que requiere que las empresas contraten equipos de ejecutivos y trabajadores de mayor diversidad racial, para permitir que grupos que alguna vez estuvieron excluidos participen en el proceso de acumulación de knowhow.

Sin embargo, es imposible crear a un gerente con 20 años de experiencia de la noche a la mañana. Por muy radical que sea la transformación que se desea lograr, el knowhow no se puede expropiar ni nacionalizar. Tampoco se lo puede extraer, como los dientes, de los cerebros que lo poseen.

Pero, el knowhow puede ser despedido, como lo hizo Chávez con 300.000 años de experiencia en la industria petrolera en 2003. También puede ser ahuyentado, como ha sucedido con más de 500.000 personas de raza blanca en Sudáfrica. Y, se puede impedir su ingreso, por ejemplo, a través de las estrictas políticas migratorias y laborales de dicho país.

Cuando se rechaza el knowhow, la producción colapsa, como sucedió en Venezuela y en Zimbabue. El problema no solo afecta a las empresas que existen, sino también a las que no existen, ya sea porque nunca fueron creadas o porque no lograron crecer (de haberlo hecho, en Sudáfrica no faltarían los nueve millones de empleos que la gente anda buscando).

Sudáfrica corre el riesgo de seguir los pasos de Zimbabue, Venezuela y Argelia, donde gobiernos revolucionarios o post independencia heredaron un stock de knowhow ubicado en los cerebros de personas que tal vez no eran del agrado de los nuevos líderes. El knowhow se usa o se pierde; y el intento de lograr una “transformación radical” implicó perderlo, mediante la emigración y la exclusión. En el proceso, el knowhow se hizo más escaso, con lo cual su precio aumentó y la sociedad se volvió más pobre y también más desigual.

La tentativa de “retornar la riqueza al pueblo” terminó por empobrecerlo.

La alternativa es superar las divisiones del pasado creando una nueva y más inclusiva definición del “nosotros”, que reconozca la contribución potencial del knowhow existente, en los cerebros en que existe, y que asegure que este se puede traspasar a un segmento más amplio de la sociedad a través del tiempo. En última instancia, la cuestión es si Sudáfrica, al igual que Zimbabue, se considera una nación africana de población negra con unas pocas impurezas, o la “nación arco iris” que promovió Nelson Mandela, un país

más fuerte porque aprovecha su knowhow y celebra su diversidad.

Venezolanos en Euskadi por Ana Rodriguez – Diáspora Venezolana -16 de Febrero 2017

anacover.png
Nuestra búsqueda de venezolanos por el mundo nos lleva esta vez a la región de Euskadi (País Vasco) ubicada al norte de España. En esta primera entrega, visitamos la ciudad de Tolosa y entrevistamos a nuestra paisana Ana Rodríguez. Junto a ella conoceremos parte de su casco histórico, el Centro Internacional del Títere (TOPIC) , el Euskaltegi “Aitzol”, el museo Gorrotxategi del cacao y presenciaremos una danza típica vasca (Aurresku) mientras comparte con nosotros detalles de su adaptación como inmigrante en este hermoso lugar.

Visita nuestra página web:

https://www.diasporavenezolana.net

Síguenos en nuestras redes sociales:

Instagram: https://www.instagram.com/diasporavenezolana
Twitter: https://twitter.com/diaspvenezolana
Facebook: https://www.facebook.com/DiaspVenezolana

Estos jóvenes migrantes venezolanos por Mireya Tabuas – El Mostrador – 14 de Febrero 2017

Estoy segura de que nunca en su vida barrió el piso de su casa. Estoy segura de que además nunca cocinó, nunca lavó su ropa ni nunca zurció una media. Estoy segura de que cuando iba a algún restaurant, miraba con cierto aire de superioridad al mesonero que lo atendía y a veces –perverso- le limitaba la propina. Estoy segura de que veía con cierto desdén mezclado con lástima a quien le cuidaba el auto en la calle, e intercambiaba apenas cuatro palabras imprescindibles (y si eran menos, mejor) con la cajera del supermercado o a la recepcionista del consultorio médico.

En su vida “antes de” era quizás un estudiante de los últimos años de una buena universidad, o un recien graduado con pasantías en importantes empresas, o una joven promesa de su disciplina, o un profesional que escalaba rápidamente puestos en la compañía.

Desde niño seguramente se trazó un camino hacia el éxito profesional. Nunca le tocó más que dedicarse al cultivo de sí mismo, nunca se mentalizó que iba a hacer otra cosa. Su vida era estudiar y su destino graduarse y trabajar en una buena empresa.

A pesar del país en el que vivía.

A pesar del horror.

Pero a este joven le tocó migrar.

Y, como a él, a todos estos jóvenes venezolanos les tocó huír, salir corriendo de un país descuartizado.

Y ahora los veo aquí en Santiago de Chile (pero también están en Bogotá o Madrid, en Miami o Lima, en Londres o Buenos Aires y pare de contar…), los veo por todas partes, allí están los jóvenes venezolanos trabajando. Y siempre les pregunto qué hacen, de dónde vienen, cómo se sienten.

Veo, por ejemplo, a un ingeniero civil trabajando de garzón en un restaurant chino, a una arquitecta laborando en la cocina de un hotel, a una abogada lavando baños, a una publicista pintando uñas a domicilio, a una médico haciendo de recepcionista en un consultorio odontológico, a una psicóloga atendiendo llamadas en un call center, a un periodista cargando cajas en un almacén, a un administrador de empresas haciendo empanadas venezolanas y vendiéndolas en los alrededores del mercado La Vega.
Veo, por ejemplo, a un ingeniero civil trabajando de garzón en un restaurant chino, a una arquitecta laborando en la cocina de un hotel, a una abogada lavando baños, a una publicista pintando uñas a domicilio, a una médico haciendo de recepcionista en un consultorio odontológico, a una psicóloga atendiendo llamadas en un call center, a un periodista cargando cajas en un almacén, a un administrador de empresas haciendo empanadas venezolanas y vendiéndolas en los alrededores del mercado La Vega.

Ninguno se queja.

Ninguno critica.

Les toca limpiar pisos, fregar platos, trabajar hasta muy tarde en la noche. Lo que nunca.

Pero repito.

Ninguno se queja.

Ninguno critica.

Están contentos.

Y cuando tienen un ratico libre se compran un vino y, en la azotea de uno de esos edificios del centro que están llenos de venezolanos, donde hay piscina y gimnasio, ponen música y comparten con sus amigos. Crean lazos familiares con sus vecinos o sus compañeros de la pega. Se imaginan a su mamá en otras señoras, se inventan hermanos entre los demás compatriotas. Tienen como mesa familiar un chat de whatsapp o un grupo de Facebook.

Parecen alegres, pero también están tristes.

Como los sobrevivientes en un bote salvavidas.

Pero de pronto pienso que esos chicos, esa generación de venezolanos profesionales que están pasando trabajo, que lloran a los suyos, que están “echándole bola” (trabajando duro, para los lectores chilenos), van a ser una gran generación. Porque estos muchachos tienen la formación profesional, pero a la vez están aprendiendo una importante lección de humildad, de ponerse en el lugar del otro, de entender el valor de las labores más sencillas. Están aprendiendo que detrás de cada oficio hay un ser humano, que nadie es mejor que el otro. Además están aprendiendo a entender otro país, otra cultura, otras voces, otras formas. Están aprendiendo –literalmente- a ganarse el pan con el sudor de su frente, de sus piernas, de sus brazos, de sus hombros.

Quiero creer que esta generación será más fuerte. Que será también más bondadosa. Cuando el ingeniero encuentre trabajo en una empresa minera, ya no mirará con menosprecio al garzón que lo atiende en el restaurant; cuando la doctora trabaje en una clínica valorará la labor de su recepcionista (o tal vez el ingeniero se quede por mucho tiempo como garzón y la médico como recepcionista, y descubran que la vida también así es bella). Eso sí, cuando ellos vean a una persona vendiendo comida en la calle, la mirarán a los ojos, le preguntarán cómo está, le contarán su propia historia, le darán aliento.

Creo que no solo estos muchachos ganarán, como individuos, con esta vivencia migrante. También ganará Chile (o el país que los reciba) porque serán ciudadanos agradecidos con la nación que les dio una oportunidad y la asumirán –y defenderán- como suya. Por eso, cuando en Chile (o en otros países receptores) se abre el debate sobre la migración, yo me pregunto si quienes critican la presencia de extranjeros han reflexionado sobre lo que la experiencia migrante significa para el ser humano, cuánto transforma, cuánto nutre, cuánto potencia.

Migrar es un postgrado.

Si mis jóvenes paisanos se quedan en Chile, aportarán su bagaje, sus músculos, su intelecto, y serán hijos de dos naciones.

Y si algún día vuelven a Venezuela, llegarán nutridos de ánimos de reconstrucción y con fortaleza de luchadores. Han aprendido a valorar lo suyo desde la distancia. Además, nunca perderán los vínculos (ni la gratitud) con el país que los acogió.

Siento que lo mejor que pudo pasarle a Venezuela es esta generación de profesionales que limpian pisos en otras tierras. Porque sin duda ellos serán mejores personas que todos nosotros. Mejores venezolanos y mejores ciudadanos del mundo.

88% de los jóvenes tiene intenciones de emigrar por Ysabel Fernández – Notiminuto – 12 de Febrero 2017

Conforme a un estudio del año 2016 del Departamento de Migraciones de la Universidad Simón Bolívar

migraciones.jpg

“Me quiero ir” o “si puedo irme me voy” fueron las respuestas comunes de muchachos egresados de cuatro grandes áreas de estudios (Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales, Ingeniería Eléctrica y Ciencias Básicas) de las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello, Monteávila y Simón Bolívar, de Caracas, según reveló un estudio del Departamento de Migraciones de la USB, en 2016 el cual indica que el 88% de los jóvenes tiene intenciones de emigrar.

El profesor Iván Vega, quien dirigió la investigación expresó “La intención de migrar significa que algo muy grave está pasando en una sociedad”. Al tiempo señaló que los términos de la emigración en el siglo XXI ha sufrido modificaciones.

“Del patrón migratorio de 2010 que era calificado, ahora emigra todo tipo de venezolanos, y prefieren irse de cualquier modo antes que padecer la inseguridad y la escasez. Se están yendo a Guyana, Trinidad y Tobago, algo nunca visto”.

1486770730870.jpg

La diáspora por Piero Trepiccione – Revista SIC – 6 de Febrero 2017

5469cb8602ab45e32cce9ffd3bee74b7_l

Quizás no sea un tema que tenga la suficiente fuerza para estar en la agenda pública del país todos los días, pero su importancia no deja de ser trascendental. La migración de venezolanos hacia diferentes destinos en el mundo es un fenómeno al que ya nos estamos acostumbrando por lo masivo en que se ha convertido. Para el sociólogo investigador Iván De La Vega, cerca del ocho por ciento de la población venezolana de treinta millones de habitantes ha migrado hacia otras latitudes. Un porcentaje que no tiene parangón en nuestra historia republicana y que inclusive es comparativamente mayor a fenómenos similares en América Latina en décadas recientes. Este fenómeno se ha presentado con regularidad a partir del año dos mil con algunos picos de acuerdo a la evolución política y económica de Venezuela; aunque el fenómeno ha arreciado a partir de 2014 y no se ha detenido o desacelerado sino por lo contrario se ha profundizado. Según el seguimiento que constantemente hace el también profesor de la Universidad Central de Venezuela, De La Vega, alrededor de dos millones de connacionales se encuentran esparcidos por más de noventa y cinco países alrededor del orbe. Destinos como España, México, Estados Unidos, Argentina, Colombia, Panamá, Canadá, Brasil, Italia, algunas islas del Caribe, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, Costa Rica, entre muchos otros, dan cuenta de la llegada de familias venezolanas buscando mejores horizontes para la vida cotidiana.

El fenómeno migratorio es de tal magnitud y con la poca tradición en un país como el nuestro que ya se consiguen en internet manifestaciones poéticas que revelan mucho dolor por parte de quienes han tenido que hacer maletas y despedirse de la tierra que los ha visto nacer. “Venezuela queda en países que no son el suyo” por ejemplo, lo ha escrito Golca Rojas en 2015. Revelando la dureza de vivir la migración. Son comunes también las fotos que aparecen con demasiada frecuencia en redes sociales de jóvenes abrazados al tricolor nacional en el pasillo central del aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía con palabras de despedida y añoranza por los seres queridos y el terruño. Escenas desgarradoras que quedan grabadas para la historia donde miles de familias se separan para que alguno de sus miembros alcance un futuro diferente al presente complicado.

De igual manera, el investigador Iván De La Vega revela un dato que debería preocupar especialmente a quienes dirigen el gobierno venezolano y son los principales responsables de la formulación de políticas públicas. Cerca del cincuenta por ciento de quienes emigran son profesionales cualificados; tomando en cuenta que formar a un profesional lleva alrededor de veinte años mientras que para formar un investigador la cifra se alarga a treinta años, es realmente preocupante que para las próximas décadas vamos a tener limitaciones en diversas áreas del conocimiento justamente por la fuga de talentos que hemos venido padeciendo de menor a mayor grado. En mi caso particular, tuve la oportunidad de dictar la cátedra de geopolítica en el programa de desarrollo humano de la Ucla en el Estado Lara y pasaron por allí alrededor de cuatrocientos estudiantes que posteriormente egresaron. Tengo contacto con la mayoría de ellos vía redes sociales y por ello tengo la certeza de al menos ciento veinte que están fuera del país tratando de progresar. Traigo este ejemplo a colación porque es una carrera nueva y única en el país y el hecho que cerca del treinta por ciento de sus egresados estén buscando horizontes en otras latitudes nos debe preocupar enormemente.

La migración de venezolanos hacia el exterior impacta las elecciones locales, estadales, las circunscripciones parlamentarias locales y nacionales. También los procesos formativos en universidades, la generación de conocimientos para la búsqueda de soluciones a los desafíos actuales y del futuro. Impacta la calidad de los servicios de salud (muchos médicos han partido sin retorno) impacta el liderazgo de la nación y los relevos generacionales necesarios. La tranquilidad de las familias, la idiosincrasia nacional. No podemos calificar este fenómeno dentro del ámbito de la polarización política porque todas las familias sean de cualquier visión ideológica han sido diezmadas sin distingo. Pero el impacto mayor a mi juicio tiene que ver con las autoridades del país que ni siquiera mencionan el problema en sus discursos ni lo toman en cuenta para generar políticas que lo contrarresten. La actitud olímpica de ignorarlo no nos va a eximir de sus duras consecuencias en el futuro.

La dramática marcha de los venezolanos al exterior por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 6 de Febrero 2017

1007_20160617Mj2tqHNo hay palabras para describir la extensión del fenómeno migratorio en proceso: adonde quiera que se viaje, uno se encontrará con venezolanos que, en los años recientes, han salido del país para proteger y salvar sus vidas. La dimensión geográfica de lo que viene ocurriendo escapa a cualquier previsión. No se limita a los destinos más recurridos como Colombia, Panamá, Estados Unidos, Chile, España, Ecuador, República Dominicana, Australia, México, Argentina, Perú y otros. Ahora mismo hay venezolanos que se han instalado en países con los que nunca hemos tenido vínculos, muchos de los cuales viven en ciudades y pequeños pueblos de los que nunca habíamos tenido noticias.

Las razones por las que casi dos millones de personas se han marchado del país pueden describirse de múltiples formas: para buscar oportunidades de estudio o trabajo; para escapar del espectáculo de destrucción del país; para evitar los humillantes padecimientos de la vida cotidiana; para impedir que la persecución política los condujera a una prisión. Pero en todos está la cuestión fundamental de la inseguridad: lo más real, lo más apremiante, el motor decisivo de la acción de marcharse a otro país, por encima de cualquier otra consideración, es la de escapar de la violencia delincuencial. Los venezolanos se han marchado para evitar la pena de muerte aleatoria que ha tomado las calles de Venezuela.

En su conjunto, se trata de una historia dolorosísima. Apenas una minoría, haciendo uso de sus ahorros ha logrado crear un negocio o establecer una actividad profesional. Unos pocos han encontrado un empleo acorde a sus capacidades. Hay jóvenes cuyos méritos les han permitido obtener una beca para hacer estudios de posgrado. Pero en el reverso de estos casos satisfactorios, hay otros, la inmensa mayoría, que son de sacrificio, dificultades y dura sobrevivencia.

Un abogado que tenía una próspera actividad profesional trabaja en un aeropuerto plastificando maletas. En una estación de servicios, todos los empleados son venezolanos: todos eran técnicos agrícolas que se desempeñaban en Agroisleña. Una reputada y extraordinaria médico venezolana, oncóloga especialista en niños, prepara comidas a domicilio. El que era accionista de una finca de cría de cerdos, en las afueras de Maracay, vive de retirar y entregar alfombras para una tintorería especializada. Y así, no hay lector de este espacio que no tenga una historia, propia o de un familiar o de un amigo, que no sea una historia de sobrevivencia. A cambio de una mínima garantía de vida, casi dos millones de venezolanos han trastocado sus existencias por unas realidades de subempleo o desempleo, de familias dispersas en distintas partes del mundo, de aislamiento emocional y creciente desconexión con el país.

El fenómeno de la migración venezolana no ha cesado. Todos los días, más y más personas pierden la batalla y se marchan. Hay países y ciudades donde los venezolanos comenzamos a ser molestos. Motivo de preocupación para las autoridades locales, por la cantidad. No solo han emigrado personas de talento, que son acogidas con respeto y entusiasmo, sino también otras que tienen dificultades para adaptarse a realidades sociales y culturales tan distintas a la nuestra.

Este vasto y terrible fenómeno es un producto deliberado. El Estado, consagrado en buena medida a ilícitos y prácticas delictivas, ha sido cómplice del auge de la delincuencia. Y no me refiero solo a las crecientes denuncias que establecen lazos entre el narcotráfico internacional y autoridades venezolanas; entre la narcoguerrilla colombiana y autoridades venezolanas; entre las mafias contrabandistas y autoridades venezolanas; sino a una cuestión todavía más candente, que son las bandas paramilitares las que, bajo el disfraz de exhibirse como colectivos revolucionarios, delinquen con total impunidad. Matan como viene ocurriendo en la parroquia caraqueña del 23 de Enero. Impiden la presencia policial o militar en sus cotos.

Tras esta situación terrible, queda un país plagado de preguntas. ¿Venezuela ha perdido esos talentos que huyeron para salvar sus vidas o hay alguna probabilidad de que, al menos una parte, regrese a participar en la reconstrucción del país? ¿Estamos corriendo el riesgo de que nuestros compatriotas empiecen a ser víctimas de conductas discriminatorias y violentas en aquellos lugares donde su número comienza a ser molesto? Y en Venezuela, ¿hasta dónde llegará la alianza entre delincuentes y uniformados, ahora que cada día hay más civiles a los que les han sido otorgadas atribuciones relativas a la seguridad en las comunidades? ¿Será posible que en el más alto nivel del gobierno haya personas, como sostienen algunos expertos, preparando estructuras y redes para ampliar su participación en el negocio del narcotráfico?

La dramática marcha de los venezolanos al exterior por Miguel Henrique Otero – ABC – 3 de Febrero 2017

No hay palabras para describir la extensión del fenómeno migratorio en proceso: adonde quiera que se viaje, uno se encontrará con venezolanos que, en los años recientes, han salido del país para proteger y salvar sus vidas.

1007_20160617Mj2tqHNo hay palabras para describir la extensión del fenómeno migratorio en proceso: adonde quiera que se viaje, uno se encontrará con venezolanos que, en los años recientes, han salido del país para proteger y salvar sus vidas. La dimensión geográfica de lo que viene ocurriendo, escapa a cualquier previsión. No se limita a los destinos más recurridos como Colombia, Panamá, Estados Unidos, Chile, España, Ecuador, Chile, República Dominicana, Australia, Méjico, Argentina, Perú y otros. Ahora mismo hay venezolanos que se han instalado en países con los que nunca hemos tenido vínculos, muchos de los cuales viven en ciudades y pequeños pueblos, de los que nunca habíamos tenido noticias.

Las razones por las que casi dos millones de personas se han marchado del país, pueden describirse de múltiples formas: para buscar oportunidades de estudio o trabajo; para escapar del espectáculo de destrucción del país; para evitar los humillantes padecimientos de la vida cotidiana; para impedir que la persecución política los condujera a una prisión. Pero en todos está la cuestión fundamental de la inseguridad: lo más real, lo más apremiante, el motor decisivo de la decisión de marcharse a otro país, por encima de cualquier otra consideración, es la de escapar de la violencia delincuencial. Los venezolanos se han marchado para evitar la pena de muerte aleatoria que ha tomado las calles de Venezuela.

En su conjunto, se trata de una historia dolorosísima. Apenas una minoría, haciendo uso de sus ahorros, ha logrado crear un negocio o establecer una actividad profesional. Unos pocos han encontrado un empleo acorde a sus capacidades. Hay jóvenes cuyos méritos les han permitido obtener una beca para hacer estudios de postgrado. Pero en el reverso de estos casos satisfactorios, hay otros, la inmensa mayoría, que son de sacrificio, dificultades y dura sobrevivencia.

Un abogado que tenía una próspera actividad profesional trabaja en un aeropuerto plastificando maletas. En una estación de servicios, todos los empleados son venezolanos: todos eran técnicos agrícolas que se desempeñaban en Agroisleña. Una reputada y extraordinaria médico venezolana, oncóloga especialista en niños, prepara comidas a domicilio. El que era accionista de una finca en la cría de cerdos, en las afueras de Maracay, vive de retirar y entregar alfombras para una tintorería especializada. Y así: no hay lector de este espacio que no tenga una historia, propia o de un familiar o de un amigo, que no sea una historia de sobrevivencia. A cambio de una mínima garantía de vida, casi dos millones de venezolanos han trastocado sus existencias por unas realidades de subempleo o desempleo, de familias dispersas en distintas partes del mundo, de aislamiento emocional y creciente desconexión con el país.

«El fenómeno de la migración venezolana no cesa. Hay países y ciudades donde los venezolanos comenzamos a ser molestos»
El fenómeno de la migración venezolana, no ha cesado. Todos los días, más y más personas pierden la batalla y se marchan. Hay países y ciudades, donde los venezolanos comenzamos a ser molestos. Motivo de preocupación para las autoridades locales, por la cantidad. No solo han emigrado personas de talento, que son acogidas con respeto y entusiasmo, sino también otras que tienen dificultades para adaptarse a realidades sociales y culturales tan distintas a la nuestra.

Este vasto y terrible fenómeno es un producto deliberado. El Estado, consagrado en buena medida a ilícitos y prácticas delictivas, ha sido cómplice del auge de la delincuencia. Y no me refiero solo a las crecientes denuncias que establecen lazos entre el narcotráfico internacional y autoridades venezolanas; entre la narcoguerrilla colombiana y autoridades venezolanas; entre las mafias contrabandistas y autoridades venezolanas; sino a una cuestión todavía más candente, que son las bandas paramilitares las que, bajo el disfraz de exhibirse como colectivos revolucionarios, delinquen con total impunidad. Matan como viene ocurriendo en la parroquia caraqueña del 23 de enero. Impiden la presencia policial o militar en sus cotos.

Tras esta situación terrible, queda un país plagado de preguntas. ¿Venezuela ha perdido esos talentos que huyeron para salvar sus vidas o hay alguna probabilidad de que, al menos una parte, regrese a participar en la reconstrucción del país? ¿Estamos corriendo el riesgo de que nuestros compatriotas empiecen a ser víctimas de conductas discriminatorias y violentas, en aquellos lugares donde su número comienza a ser molesto? Y en Venezuela, ¿hasta dónde llegará la alianza entre delincuentes y uniformados, ahora que cada día hay más civiles a los que le han sido otorgadas atribuciones relativas a la seguridad en las comunidades? ¿Será posible que en el más alto nivel del gobierno haya personas, como sostienen algunos expertos, preparando estructuras y redes para ampliar su participación en el negocio del narcotráfico?

A %d blogueros les gusta esto: