Está bien que los diputados del régimen anuncien que van a cumplir con su deber de participar en la Asamblea Nacional para la que fueron elegidos. Mejor aún que suelten a todos los indebidamente presos por persecución política. Pero es de mal gusto el show que montó el régimen dando a entender que ya viene el cambio, cuando lo hacen para bloquearlo, prolongar el infierno y negar que desde enero tenemos un dictador no elegido legítimamente y que pretende el poder hasta 2025. Con la actual política y desastre productivo, impuestos por la represión armada y los ilegítimos TSJ y asamblea constituyente, no tenemos futuro.

Trabajadores-empresarios-productores. Solo podremos decir que Venezuela cambió el día que veamos a miles de empresarios y millones de trabajadores produciendo a tope y ganando vida y prosperidad. Pero lo ofrecido en la Casa Amarilla por Jorge Rodríguez no abre la puerta al cambio, sino que busca perpetuar esta Venezuela invivible con presidente y constituyente ilegítimos, con maniobras tácticas y mentiras. Sin un reconocimiento objetivo de la gravísima enfermedad, se agrava cada día la tragedia económica y social y la inviabilidad del régimen. ¿Dónde estaremos en Navidad si llegan hasta allá?

Habrá cambio cuando régimen y oposición –apoyados efectivamente por los países democráticos– salgamos con férrea voluntad para transformarnos de improductivos a productores en todas las áreas. Saldrá el sol si pronto amanecemos con privatización de cientos de empresas expropiadas y arruinadas, cuando la inversión empresarial nacional e internacional se sienta atraída y con garantías jurídicas, cuando la destrozada actividad petrolera se abra a la iniciativa privada y en el mundo empresarial corra como epidemia incontenible la fiebre de la producción, inversión y creatividad. Habrá cambio el día que podamos decir que 100.000 millones de dólares venezolanos están regresando al país con tecnología actualizada y vienen acompañados de otros 100.000 millones de inversión extranjera directa. Solo así cesará la catastrófica pérdida de más de 30% del PIB este año, luego del bajón increíble de 60% durante 5 o 6 años. Para que ese cambio ocurra hay que hacer algo muy distinto del simulacro de negociación donde el gobierno disimuladamente negó la salida del dictador, el fin de la constituyente “supraconstitucional” y el cambio de la ruinosa economía.

La Constitución en el artículo 233 establece que cuando no hay presidente electo el presidente de la AN “se encargará de la Presidencia de la República”. Ninguna propuesta psiquiátrica puede ocultar esto y ninguna negociación sensata puede desplazar hasta 2020 los cambios socioeconómicos que son de vida o muerte, sino que hoy mismo es necesaria la transición “Larrazábal II” con urgencia socioeconómica, como decíamos hace un par de años. Transición no únicamente con ayuda humanitaria masiva, sino con cambios inmediatos para la transformación productiva, defendidos por los partidos, los militares, la sociedad civil organizada, las iglesias, las universidades… Un gobierno de transición acordado con inmediato cambio de ruta socioeconómica productiva. De lo contrario, está garantizado el fracaso del actual régimen y también del que vendrá a sustituirlo.

Millones de chavistas, que sufren el desastre actual y desean servir al país, serán bienvenidos a esa posguerra de reconstrucción y unidad nacional con una población reconciliada, sin linchamientos político-sociales, ni venganzas por propia mano que refuerzan cadenas criminales. La verdadera justicia tiene otros caminos. Es imprescindible que todos los venezolanos y los países amigos nos concentremos en este propósito estratégico y que la Fuerza Armada Venezolana descubra su importantísimo papel constitucional en el paso de la actual muerte a la construcción de la vida. Los acuerdos políticos se necesitan para esto.