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2020: El gobierno de Pablo Iglesias y Venezuela por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 5 de Enero 2020

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Volvamos brevemente a los hechos ocurridos el pasado 27 de diciembre, en la sede de la Embajada de México en Bolivia. Nueve prófugos, presuntos delincuentes solicitados por las autoridades de Bolivia, se habían “refugiado” en la sede. En tales circunstancias, en extremo delicadas, violando las más elementales precauciones propias del ejercicio diplomático, dos funcionarios de la Embajada de España, la encargada de negocios, Cristina Borreguero, y el cónsul, Álvaro Fernández, decidieron hacer una “visita de cortesía”, escoltados por cuatro oficiales de seguridad, llamativamente encapuchados.

El despropósito, lo inadecuado de la supuesta “visita” es más que evidente. En el momento en que el nuevo gobierno de Bolivia lucha por estabilizar al país y trabaja con denuedo para organizar un proceso electoral que ofrezca garantías de respeto a la voluntad popular; en el momento en que el Poder Judicial de Bolivia actúa para castigar a los culpables del fraude electoral –documentado con amplitud y rigor en el informe Análisis de Integridad Electoral. Elecciones Generales en el Estado Plurinacional de Bolivia, del 20 de octubre de 2019–; en el momento en que ya eran públicas las tensiones entre México y Bolivia, por la decisión del gobierno de López Obrador de proteger a los nueve ex funcionarios, varios de los cuales han sido acusados de manipular los resultados electorales (lo que les calificaría, de confirmarse los señalamientos, de haber cometido delitos penados por las leyes de Bolivia), en este marco de cosas, se produce la impertinente, extraña, desajustada e impropia visita a la casa donde se encuentran los prófugos en cuestión.

Las sospechas de los vecinos, que reaccionaron en contra de los encapuchados y en contra de la presencia de los vehículos, está más que justificada: fueron desatadas por las extrañas conductas de los visitantes. La conclusión de que se aprestaban a rescatar a algunos de los prófugos, se fundamenta, no solo en la inoportuna visita, sino en los largos vínculos que unen a varios dirigentes del partido Podemos con el delincuente electoral, Evo Morales (aprovecho para recomendar aquí la lectura del informe de la OEA que mencioné en el párrafo anterior: muestra que el fraude electoral en Bolivia fue previamente diseñado, que fue posible por toda una estructura de complicidades, y que fue supervisado directamente por Evo Morales y varios de sus ministros).

Este no es un hecho aislado: inaugura la nueva diplomacia encabezada por Pablo Iglesias –y no por Pedro Sánchez–, que será quien dicte las pautas de las relaciones del nuevo gobierno de España con América Latina. Es una mala noticia para los demócratas de México, que resisten el avance del siniestro populismo de López Obrador. Lo es para los bolivianos, hartos de los fraudes cometidos por Evo Morales para eternizarse en el poder. Los es para la oposición democrática nicaragüense, que paga con la cárcel, con torturas o con la vida, el objetivo de recuperar la libertad. Y, por supuesto, es una noticia terrible para los venezolanos, que encontrarán un nuevo escollo que salvar en la política exterior de España y, en consecuencia, de Europa.

Mientras las más importantes asociaciones criminales del continente, los Ortega, los Maduro, los Kirchner, el Partido de los Trabajadores de Lula, el Foro de Sao Paulo, las FARC, Petro, los colectivos dedicados al narcotráfico, Correa y su combo, el PSUV de Diosdado Cabello, celebran la toma del poder por parte de sus socios de Podemos, Iglesias y sus asistentes ejecutan su primera gran operación diplomática, cuyo avance tuvo lugar en Bolivia: usar la estructura diplomática de España para blanquear las huellas del financiamiento ilegal recibido por los gobiernos corruptos de América Latina.

La fallida operación, impedida por los vecinos, anuncia la nueva política exterior de España hacia Venezuela y América Latina, al mando de Iglesias y Rodríguez Zapatero, que dictarán los lineamientos que deberá cumplir Josep Borrell como canciller de la Unión Europea.

Con Iglesias como jefe de gobierno, vienen trabas para la circulación de las denuncias sobre la sistematicidad de las violaciones de los derechos humanos. Trabas para impedir que los países que han reconocido a Juan Guaidó Márquez como presidente encargado de Venezuela reconozcan a sus embajadores. Vienen obstáculos para que los medios de comunicación bajo el control o influencia directa de Podemos, informen sobre la tragedia que asola a millones de familias, dentro y fuera del territorio. Viene, y esto es clave, una arremetida en el ámbito de la opinión pública, para distorsionar la realidad de nuestro país, bajo el siguiente relato: que lo que ocurre es el resultado de un enfrentamiento político entre dos poderes, y no lo que es: una dictadura que persigue al conjunto de la sociedad, al costo de sus vidas, mientras se enriquece y se aferra al poder, violando los principios básicos de la democracia.

En esta nueva etapa, en la que Josep Borrell tendrá la tarea de asegurarse que Europa siga el rumbo señalado por Iglesias y Rodríguez Zapatero, se agitará, todavía con más fuerza, la política de hacer silencio y mirar hacia otro lado mientras Maduro reprime y tortura y mata a indefensos, bajo el supuesto de que España debe proteger sus intereses empresariales. Y más: es previsible la reaparición de Rodríguez Zapatero para el relanzamiento de la inútil, agujereada y fracasada tesis del diálogo como única solución a la crisis venezolana, alentada desde ya por López Obrador y por el kirchnerismo, socios de Maduro y Morales.

Almagro niega que la estrategia de la OEA fuera sacar a Maduro del poder este año por Antonia Laborde – El País – 19 de Diciembre 2019

El secretario general afirma que el objetivo del organismo ha sido redemocratizar el país caribeño y eso ha tenido “un resultado positivo”

El secretario general de la OEA, Luis Almagro.
El secretario general de la OEA, Luis Almagro. AFP

Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha aclarado este jueves que el objetivo del organismo fuera sacar a Nicolás Maduro del poder este año. “El objetivo que podíamos tener en la OEA, y que quizá difiere con la estrategia que otros podían tener, era redemocratizar el país”, ha dicho en una rueda de prensa en Washington. Cerrando el año, Almagro califica de “positivos” los alcances y resultados obtenidos en dicho propósito “considerando la realidad venezolana”. En enero se cumple un año desde Juan Guaidó se proclamó presidente interino de Venezuela, reconocido como tal por más de 60 países, pero no ha materializado su plan: “cese de la usurpación, Gobierno de transición y elecciones libres”. Algo que sí ha conseguido la oposición al régimen de Maduro es que el embajador Gustavo Tarre, designado por Guaidó, tenga un puesto en el principal organismo de la región.

“Nuestra estrategia era que Venezuela no abandonara el sistema interamericano, que tuviera capacidades de representación de sus poderes democráticos y de aquellos que realizaban tareas de fortalecimiento institucional o de promoción de la democracia en el país”, explica Almagro, que en marzo opta por un segundo mandato frente a la OEA. Esta estrategia “no podía confundirse con una estrategia de sacar a Maduro. Yo creo que la estrategia nunca podía ser sacar a Maduro”. El trabajo del organismo se enfocó entonces, según el secretario general, en fortalecer las instituciones democráticas dentro del país, dar garantías a las víctimas de violaciones de los derechos humanos y de crímenes de lesa humanidad. Tratar de generar condiciones para paliar y aliviar la crisis humanitaria y los efectos de la crisis migratoria.

Para el secretario general lo que mantiene a Maduro en el poder son seis pilares que “nunca han sido desafiados”: la presencia de más de 20.000 cubanos en Venezuela; la financiación ilegal que recibe el Ejército de Liberación Nacional —la mayor organización guerrillera que opera hoy en Colombia—; la presencia de los disidentes de las FARC; los fondos que obtiene la Hezbolá e Irán del narcotráfico en el país caribeño; los carteles de drogas; y el propio aparato represivo que opera en el régimen. En el listado no menciona a China, el gran acreedor de Venezuela. Le ha prestado a Caracas cerca de 62.000 millones de dólares (unos 54.000 millones de euros) en la última década, según la Base de Datos de Financiación China-América Latina del Diálogo Interamericano y la Universidad de Boston. “Ese es un tema del fracaso del propio sistema bolivariano. No tiene sentido trasladar la responsabilidad a nadie”, comenta el secretario general.

La razón por la que China o Rusia no figuran en el listado de los responsables de que el líder chavista no abandone Miraflores, explica Almagro, es que ambas potencias han “resuelto siempre muchísimas cosas negociando”. “Con ellos en algún momento siempre ha sido posible arreglar y es posible arreglar y resolver. Son países propositivos para alcanzar soluciones porque les interesa que las cosas funcionen bien y les interesa ser parte de la solución. Los problemas son los otros pilares”.

La salida de Evo Morales

El lapidario informe de la OEA sobre las graves irregularidades efectuadas durante las elecciones presidenciales de Bolivia en octubre desempeñó un papel fundamental en la renuncia de Evo Morales. La mañana del 11 de noviembre, Morales, siguiendo con las recomendaciones del documento elaborado por el organismo, convocó nuevas elecciones y se comprometió a renovar la totalidad de vocales del Tribunal Supremo Electoral. Más tarde, el jefe del Ejército, Williams Kaliman, presionó al líder indígena para que renunciara al cargo. Horas después, abandonó la presidencia. Uno de los hechos que llamaron la atención durante la jornada fue el silencio de la OEA respecto a la presión efectuada por los militares, que varios países latinoamericanos como México y Uruguay han calificado de un golpe de Estado.

“Sabíamos que Morales estaba hablando con su comandante en jefe, Kaliman, habló varias veces en el día. Kaliman le recomendó como amigo ‘no hay otra, este despropósito institucional que has creado en el país no tiene otra manera de resolverse’”, narra Almagro. Para el secretario general, las presiones militares no fueron el motivo de su renuncia, sino el abandono de sus bases. “Creo que su renuncia era lo único posible, y creo que además era lo único que él mismo quería. Por las conversaciones con él, por las conversaciones que tuvo con el jefe de Gabinete, por las conversaciones que tuvo su equipo, eso ya estaba cinco días antes…”, explica Almagro, dejando caer que la salida del líder indígena estaba prevista una semana antes de que ocurriese.

Maduro dice que se está preparando el regreso de Morales a Bolivia – ABC – 5 de Diciembre 2019

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«Evo volverá hecho pueblo, hecho millones»

El gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo este miércoles que en Bolivia se está preparando el regreso de Evo Morales, quien renunció a la Presidencia de su país en noviembre pasado presionado por las Fuerzas Armadas en medio de la convulsión política generada por denuncias de fraude en las elecciones.

«Ni con golpes de Estado podrán, en Bolivia derrocaron a Evo y ¿qué están haciendo con el poder? Destruyendo a Bolivia, pero ellos lo que no saben es que se está cocinando en el pueblo de Bolivia la vuelta, el regreso», dijo Maduro durante un acto de Gobierno transmitido de manera obligatoria por radio y televisión. «Evo volverá hecho pueblo, hecho millones», apuntó Maduro.

El líder chavista, además, arremetió contra la alta comisionada de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, por, dijo, no pronunciarse sobre lo que considera violaciones de derechos humanos en Bolivia tras la renuncia de Morales.

El mandatario la volvió a acusar de mentir sobre las supuestas violaciones de derechos fundamentales en Venezuela. «¿Dónde está Michelle Bachelet ante la masacre y la dictadura que se ha impuesto en Bolivia? (…) calla la masacre de Bolivia, de Chile, de Ecuador, de Colombia», indicó.

Afirmó también que en América Latina «ha empezado una nueva ola de liberación de los pueblos» contra la que no «podrá el imperialismo ni con golpes de Estado, ni con persecución».

«No podrán porque los pueblos están en la calle contra el neoliberalismo», sostuvo. Tras la renuncia de Evo Morales, que está asilado en México, la senadora Jeanine Áñez asumió la Presidencia interina de Bolivia el pasado 12 de noviembre.

La renuncia de Morales ha sido calificada como «golpe de estado» por varios Gobiernos y políticos latinoamericanos. Otros países han reconocido al Ejecutivo interino de Áñez, mientras que parte de la comunidad internacional ha instado al diálogo sin pronunciarse sobre la crisis política.

 

¿Golpe de Estado? por Fernando Mires – Blog Polis – 28 de Noviembre 2019

Si se trata de definir sugiero hacer una diferencia: la de la definición originaria y la de la definición adquirida. Casi nunca coinciden. Mas bien, casi siempre difieren. Es el caso del término golpe de Estado. Acerca de su origen semántico los cronistas no están de acuerdo. Hay quienes lo sitúan en la Suiza del siglo XVl, usado para caracterizar revueltas en contra de los organismos centrales del poder. Otros – es la acepción más generalizada- lo sitúan en el mismo siglo XVl en Francia aunque como sinónimo de “golpe de autoridad” del Rey en contra de poderes colaterales. La frase de Luis XV “El Estado soy yo” llevada a la práctica sería un golpe de Estado.

El golpe de Estado era, originariamente, un golpe no en contra sino desde el Estado mediante el cual el monarca hacía valer la absolutidad de su poder. Partiendo de esa premisa, el jurista Carl Schmitt (“La Dictadura”) definió el poder político de acuerdo al criterio absolutista: “quién está en condición de dictar el Estado de excepción (supresión de los poderes públicos) tiene el poder”. Eso significa: quién está en condición de dar un golpe desde el Estado, tiene el poder.
El término golpe de Estado en sentido más amplio y popular provino solo en parte de la definición originaria. Fue cuando el Presidente vencedor en las elecciones francesas del diciembre de 1848, Louis Bonaparte, sobrino de Napoleón, impulsó en diciembre de 1851 una sublevación militar desde la presidencia asumiendo la totalidad del poder, suprimiendo el sistema electoral, y con ello, violando a la Constitución.
La semejanza entre el golpe de Estado monárquico y el bonapartista reside en el hecho de haber provenido desde el propio Estado. La diferencia es que mediante el primero el Rey hacía valer la Constitución monárquica hasta las últimas consecuencias. El segundo en cambio violaba a la Constitución. Y si pensamos que la Constitución es el acta que constituye jurídicamente al Estado, violaba al propio Estado.
En consecuencias, de acuerdo a sus orígenes podemos definir a un golpe de Estado como el sometimiento de todos los poderes públicos al Ejecutivo, representado en una entidad monárquica o presidencial, vale decir, un golpe de autoridad y de fuerza dentro del Estado.
En todos los casos el sujeto del golpe de Estado fue el poder Ejecutivo. No obstante esa definición de golpe de Estado, vigente a lo largo de casi todo el siglo XlX, sufriría modificaciones durante el siglo XX. El sujeto del golpe sería sustituido por los cuerpos armados y el objeto del golpe sería el propio Ejecutivo. Dicha sustitución tiene que ver en parte con los diversos golpes de Estado que han tenido lugar en América Latina.
Un clásico golpe de Estado latinoamericano del siglo XX mantenía las siguientes características: (a) toma del poder por un grupo militar sublevado el que (b) de modo repentino y violento destituía al gobierno reemplazándolo (c) por una junta militar que nombraba a un representante máximo (casi siempre militar) el que (d) prometía devolver el poder a las fuerzas cívicas (nunca ocurrió). Después del golpe (e) era instaurado un Estado de excepción, el parlamento era disuelto, el poder judicial convertido en oficina notarial del ejecutivo, las libertades individuales y colectivas suspendidas y los derechos humanos pisoteados.
Como es posible advertir, la noción de golpe de Estado del siglo XlX europeo difiere de la del siglo XX latinoamericano. Mientras la tendencia predominante en la Europa decimonónica fue la toma del poder por el Ejecutivo, en la América Latina del pasado siglo la tendencia fue la destitución del Presidente y la asunción del Ejecutivo por el Ejército. La fase más alta de esa tendencia culminó en las cruentas dictaduras militares del Cono Sur, sobre todo en las de Pinochet en Chile y Videla en Argentina.
Después de la Guerra Fría parecía que la era de las dictaduras llegaba a su fin en América Latina. No pocos, plenos de optimismo, llegamos a penar que comenzaba otra era en la cual la mayoría de los países transitarían por las amplias avenidas de la democracia. Dicha ruta, ahora lo sabemos, no era ni horizontal ni vertical sino diagonal. Eso quiere decir que no tardarían en sobrevenir gobiernos híbridos a los que es difícil definir como dictaduras en sentido tradicional pero a las que tampoco podemos definir como democracias. Gobiernos autoritarios los llaman de modo suave algunos. Autocracias es el término que parece haberse impuesto en la analítica política al definir regímenes como los de Nicaragua, Venezuela y hasta hace muy poco Bolivia (la de Cuba es un residuo de los totalitarismos del siglo XX). Fenómeno global: las autocracias latinoamericanas, o semi-dictaduras, o dictaduras parciales y no totales (hay muchas definiciones) son equivalentes a las de la Europa marginal. Las más conocidas son las de Turquía, Bielorrusia y Rusia.
Si es difícil caracterizar a las autocracias del siglo XXl, más difícil ha sido definir como golpes de Estado a hechos que han puesto fin a gobiernos autocráticos como los de Zelaya en Honduras, Lugo en Paraguay y, muy recientemente, Morales en Bolivia. ¿Pueden ser denominados “golpes de Estado”? En el sentido originario del término, no. En el sentido latinoamericano de los siglos XlX y XX, tampoco.
El hecho es que así como nos encontramos frente a nuevas formas de dominación no-democrática nos encontramos también frente a eventos que no han recibido todavía denominación en el campo de la teoría política. Por eso, antes de incursionar en el caso boliviano parece ser importante revisar episodios precedentes como fueron los sucedidos en Honduras y Paraguay.
El día 28 de junio de 2009 Manuel Zelaya, presidente de Honduras. fue secuestrado por tropas del ejército desde su residencia en Tegucigalpa y arrojado en un avión rumbo a Costa Rica. Si no más eso hubiera sucedido, podríamos hablar sin problemas de golpe de Estado. En efecto, ahí hubo violencia armada.
El tema comienza a relativizarse si tomamos en cuenta que la acción militar fue una respuesta a una violación constitucional urdida por Zelaya destinada a prorrogar ilegalmente su mandato. Más todavía si consideramos que no hubo ocupación militar del gobierno pues Roberto Micheletti asumió el cargo de Presidente interino encomendado por el propio Parlamento del cual había sido Presidente. En términos estrictos, el “golpe” a Zelaya fue una destitución del Presidente por un Parlamento llevada a cabo con auxilio de la fuerza militar.
Más aún: el gobernante interino respetó la independencia de poderes abriendo condiciones para que tuvieran lugar elecciones libres, algo que no había ocurrido en la gran mayoría de los golpes de Estados habidos en el continente. En ese sentido podríamos hablar de un “golpe al gobierno” y no al Estado. Conviene retener el término.
Distinta fue la destitución que expulsó a Fernando Lugo del gobierno paraguayo el 22 de Junio de 2012.
Allí hubo efectivamente una conjura parlamentaria, pero no hubo violencia ni intervención militar como en Honduras. En el fondo se trató de una destitución del Presidente, hecho que suele ocurrir en países europeos, aunque en países latinoamericanos –-dado el sobrepeso del poder ejecutivo sobre el parlamentario- es considerado casi como un regicidio. Mas todavía, hay constancia escrita de que el propio Lugo aceptó su renuncia. La destitución de Lugo no fue entonces un golpe de Estado, ni típico ni atípico. Fue una destitución presidencial.
Donde hay todavía discusiones es en el tema de si se trató de una destitución constitucional o puramente institucional. A favor de la primera tesis habla el hecho de que el juicio político por medio de la Cámara de Diputados y la vigilancia del Senado está estipulado en la Constitución paraguaya. En contra habla el hecho de que Lugo sólo fue acusado de mal gobierno pero no de violación a la Carta Constitucional. Pero no hay dudas que la salida de Lugo resultó de un clásico conflicto de poderes al interior del Estado. Golpe de Estado no hubo. Golpe de gobierno, tal vez.
¿Y en Bolivia? ¿Hubo golpe de Estado? Si lo hubo fue en el sentido más originario del término. Un golpe doble. Ocurrió cuando Morales desconoció el resultado del plebiscito de 2016 por el mismo convocado y ocurrió cuando la Consultoría de la OEA comprobó que el gobierno había cometido fraude en las elecciones presidenciales del 2019. En ambos casos hubo abierta violación a la Constitución. Los llevados a cabo por Morales fueron dos golpes a la Constitución, al estilo de Louis Bonaparte en su 18 de Brumario. Desde esa perspectiva, el de noviembre habría sido un contragolpe.
Hay que reiterar: los movimientos de protesta que culminaron con la huida de Morales y García Linera a México, surgieron en defensa y no en contra de la Constitución. Si el de noviembre fue golpe, habría sido el primer golpe constitucional de la historia moderna. Pero no puede haber golpes constitucionales. Hablar de golpe constitucional es de por sí una contradicción.
El movimiento adquirió las características de una auténtica rebelión popular no en contra de la persona de Morales sino en contra del doble fraude. Un movimiento que solo fue posible porque la oposición unida participó en las elecciones, comprobó el fraude, lo dio a conocer a las instancias electorales y fue evidenciado por la consultoría de la OEA, aceptada por el mismo Morales a través del TSE, confiado en que el fallo sería favorable gracias a la amistad que lo unía con el Secretario General de la OEA, Luis Almagro (así creen arreglar las cosas los autócratas)
De acuerdo al lapidario informe de la OEA hubo “falsificación de firmas y actas”, en un “proceso reñido con las buenas prácticas”, “manipulación del sistema informático de tal magnitud que deben ser investigadas profundamente por el Estado” y un “cúmulo de irregularidades” que el equipo auditor “no puede validar los resultados de la presente elección” recomendando otro proceso electoral con nuevas autoridades electorales.
Conocido el informe, la oposición ya no estaba en condiciones de transar con Morales. Solo cabía, desde el punto de vista constitucional, la abdicación del mandatario. Importante es por lo tanto ordenar los hechos de acuerdo a su sucesión cronológica: 1. Reclamos de la oposición 2. Estallido de la rebelión constitucional en Cochabamba, Sucre y Santa Cruz 3. informe de la OEA. Y después de esos tres hechos 4. La policía anunció no estar dispuesta a reprimir a conciudadanos por razones políticas y 5. Solo al final, muy al final, apareció la “sugerencia” de las Fuerzas Armadas a Morales para que dimitiera.
La pasiva intervención militar fue solo el eslabón de una cadena de acontecimientos que situaba al Ejército en el dilema de, o convertirse en guardia pretoriana al servicio de un Presidente que había violado la Constitución, o asumir el veredicto de la OEA y del poderoso movimiento político y social levantado en contra de la presidencia.
La rebelión popular fue la instancia determinante. Fue también la principal diferencia con los hechos que determinaron la salida de Zelaya en Honduras y de Lugo en Paraguay. En Honduras y en Paraguay no hubo rebelión popular.
Extraño “golpe de Estado” el de Bolivia donde las instituciones del Estado permanecieron intactas después de la salida de Morales, donde ninguna junta militar asumió el mando, donde ningún general se sentó en el sillón presidencial. Más extraño todavía cuando la presidenta interina Jeanine Añez, de acuerdo con la presidenta del Senado Eva Copas del MAS, partido de Morales, anunció convocar a elecciones en donde el mismo MAS participará sin ninguna limitación aparte de que ni Morales ni García Linera podrán ser candidatos.
Por las razones expuestas nos será posible afirmar que los sucesos acaecidos en Bolivia no permiten hablar de un golpe de Estado. Ni en el sentido original ni en el sentido adquirido del término.
Por supuesto, el hecho de que no hubiera habido golpe de Estado no impedirá al MAS y a gran parte de la izquierda latinoamericana afirmar que sí lo hubo. Algo inevitable. Gracias a Hannah Arendt (“Verdad y mentira en la política”) sabemos que la verdad política no es la misma que la verdad objetiva, que la primera se hace con arreglo a intereses y la segunda de acuerdo a los hechos tal cual fueron.
La gran filósofa de la política estableció la diferencia entre verdad factual (o verdad de hecho) y verdad de la razón (o verdad del discurso). Los políticos de profesión hacen uso continuo de la segunda. Los que sin ser políticos, pero pensamos y escribimos sobre política, nos debemos sin condiciones a la primera verdad, por amarga y dura que ella sea.

“Brisitas” y biblias: la peligrosa nueva ola que se forma en América Latina por Laureano Pérez Izquierdo – Infobae – 24 de Noviembre 2019

La caída de Evo Morales y las interminables revueltas -orquestadas o no- en toda la región dejan de manifiesto dos posiciones riesgosas para la vida democrática de los latinoamericanos

Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, escucha a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (Reuters)

Nicolás Maduro, dictador de Venezuela, escucha a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (Reuters)

Habrá elecciones en BoliviaLo aprobó el congreso que cuenta con mayoría abrumadora del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales. La fecha para que la transición tome los carriles de la normalidad aún no está: faltan algunos (muchos) detalles que podrán poner una luz al final del largo túnel de violencia, represión y muerte que vive el país desde el 20 de octubre cuando se consumó el histórico fraude. Aquel día el hombre que hoy está en México bajo asilo tras su renuncia se proclamó vencedor a pesar de las irregularidades denunciadas.

Desde el país presidido por Andrés Manuel López Obrador conduce a la numerosa fracción de la agrupación que todavía le es leal. ¿Hasta cuándo? El gobierno mexicano podría transformarse en cómplice de los delitos que pudieran caberle a su huésped si continúan las órdenes de desestabilización en lugar de las de pacificación. Evo usa su condición de exiliado y sus canales de comunicación para victimizarse y agitar las calles después de haber sido un profanador serial de la Constitución Política del Estado y las leyes de Bolivia.

Para desazón de sus defensores, el líder aymara es contradictorio cuando deja fluir su subconsciente en las múltiples entrevistas que ofrece. Habla de las “horas finales” de su gobierno antes de la “sugerencia” de su Alto Mando militar para después denunciar un “golpe político y policial”. Nunca acusaba al Ejército por su dimisión. Sólo sus aliados continentales anteponen la cuestión castrense por sobre las populares. ¿Subestiman al hombre que gobernó el país durante casi 14 años y pretenden orientar su discurso? Ambas, tareas para freudianos.

Mientras tanto AMLO, su anfitrión, suma dolores de cabeza. A su desorientada estrategia de “abrazos no balazos” que pareciera hundir a México aún más en la violencia narco, suma a un invitado político que le aumentará las jaquecas. No se animará a contradecir su propio discurso, ese que ya está golpeando lo que parecía una hermética imagen positiva de su gestión. El pueblo mexicano es la principal víctima de una política laxa hacia los carteles. ¿Dónde está el estado? Ya no es cuestión de propiedad privada, como resulta en las “protestas” de Chile: se trata de la vida.

En Chile, en tanto, se inició el proceso para la reforma constitucional. Aquella carta magna dictada bajo el yugo dictatorial de Augusto Pinochetquizás debió haber visto su reestructuración hace mucho tiempo y bajo la presión de las vías democráticas: el parlamento. El camino se inició pero el caos orquestado no cesa. Intrigante: los falsos interlocutores prefieren seguir saqueando y destruyendo lo que se les atraviesa a pesar de las concesiones de un presidente -Sebastián Piñera- desconcertado.

Equiparar las revueltas en Santiago -y a lo largo de todo el territorio- con lo ocurrido en Ecuador o Colombia o lo ya crónico de Venezuela o de Bolivia podría resultar parcial. Sobre todo en estos últimos dos casos donde la base de las protestas se da en la falta de legitimidad de dos gobiernos. La dictadura de Nicolás Maduro masacró a parte de su pueblo luego de que éste se levantara por los atropellos a las instituciones y los golpes contra la Asamblea NacionalSiete mil venezolanos fueron asesinados y otros miles fueron torturados bajo el régimen de Caracas. El desconocimiento de Morales hacia su constitución fue sistemático. Nadie en el continente se ocupó de Bolivia hasta que fue demasiado tarde.

Tarde, el brasileño Lula da Silva reconoció que su “amigo” no debió presentarse a una cuarta contienda electoral. “Fue su error, sentenció. Fue el único estandarte de la izquierda latinoamericana que admitió que el líder boliviano forzó la voluntad del pueblo. Sin embargo, ya era tarde: los amigos aconsejan cuando se anotician de los “errores”. Desde 2016 que Evo viene tejiendo ese laberinto.

En tanto, el general Diosdado Cabello –presidente de la Asamblea Nacional Constitucional de Venezuela- continúa con su eslogan desestabilizador de “brisitas”. Lo anuncia provocador a los cuatro vientos. Se entusiasma con que un manto de sangre inunde a la vapuleada Bolivia. Se celebra a sí mismo y ningún dirigente que represente su espacio -en América Latina– marca la imprudencia de tales palabras. ¿Miedo? ¿Complicidad? Parecería que quienes reciben órdenes de Cuba temen contradecirlo. Algunos sobreactúan Socialismo del Siglo XXI: quizás esperan agazapados que esa “brisita” pueda llegarles.

La respuesta popular que sí podría provocar esa “brisita” es un huracán que se gesta igualmente peligroso y extemporáneo: dirigentes que esgrimen biblias como espadas y gritan versículos sagrados en templos de la democracia. El sentido común parece haberse extraviado en parte de la región.

El fantasma del chavismo por Francisco Olivares – El Universal – 23 de Noviembre 2019

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo…

Una periodista venezolana que vive en Chile, Vanesa Arenas, a quien sigo, escribe en su cuenta de Twitter @VenessaVenezia: “El del Uber es venezolano. Me dice: ¿tú crees que con todos estos rollos en Chile valga la pena seguir haciendo el sacrificio de ser inmigrante? ¿Te devuelves? le pregunto. Sí. Ya compré los pasajes. Estoy cansado de fingir que puedo ser feliz lejos de donde estoy. Me mató”.

Otro venezolano que se vio obligado a salir de Venezuela y se refugió en Chile, el psicólogo Alberto Barradas @Psicovivir, hace igualmente una reflexión sobre su situación como inmigrante: “En fin, yo el año que viene decidiré si sigo en Chile o no. Eso no es lo importante. Lo importante es que he podido ser testigo cómo Latinoamérica le falta el gen del progreso. Puedo decir que viví en una generación que se destruyó así misma. Hemos sido testigos”.

Ayer Colombia se incorporó también al foro de países que aspiran a que el Estado provea gratuitamente a sus ciudadanos con mínimo esfuerzo, en donde no se habla de mejor educación, desarrollo, inversiones, investigación o tecnología. El vandalismo apareció al final de la tarde con saqueos y destrucción de bienes públicos como el caso de las estaciones del Transmilenio vandalizadas, 33 vehículos afectados; todos de servicio público, en Bogotá; así como en Cali, Santa Marta, Cartagena, Manizales, Tunja, Pasto, Medellín, Popayán, entre otras ciudades, que también sufrieron acciones delincuenciales durante la jornada de protesta. No faltaron 9 venezolanos involucrados en el vandalismo.

Reaparecen figuras como el ex guerrillero Timochenko, eso sí, protegido con guardaespaldas, y con una larga lista de asesinatos y narcotráfico tras de sí, hablando de paz y de la futura Colombia. Como en otros países como Chile y Bolivia, reaparece también el fantasma de una Constituyente para refundar el país.

Millones de venezolanos atravesaron sus fronteras caminando, huyendo del “mar de la felicidad”, buscaron los países con las democracias más estables y progreso económico como Chile, Perú, Colombia, Argentina y Ecuador.

Un punto en común y sorprendente, en la experiencia de los migrantes es que, en esos países, especialmente las generaciones jóvenes, no comprendían las razones que llevaban a los venezolanos a abandonar su país. La propaganda de la protección a los “más vulnerables”, la “igualdad”, la “dignificación” del indígena, frente al monstruo liberal, seguía arraigado en las universidades, en los sindicatos, en los círculos intelectuales.

A sus líderes como los Kirchner, Lula Da Silva, Rafael Correa, Daniel Ortega, las FARC, Ollanta Humala, Evo Morales, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sus bases de apoyo y seguidores les permitieron el desfalco de los dineros públicos, los negocios sin control, el enriquecimiento personal y de su entorno; y en el caso de los jefes de las FARC, manejar el gran negocio del narcotráfico y la extorsión. Todos han tenido en común la necesidad de mantenerse en el poder a como dé lugar y desterrar la alternabilidad de gobiernos mediante elecciones libres.

En Bolivia no cesan de intentar el regreso al poder, en Chile buscan la destrucción de la democracia, en Colombia ya comenzó. Tarde o temprano los factores de las FARC terminarán gobernando al vecino país en complicidad con las mafias organizadas; mientras en Venezuela ya no hay nada más que destruir. La experiencia socialista con 20 años en el poder, ha llevado al derrumbe económico al país de mayor progreso educativo y perspectivas de desarrollo del continente sur.

De la experiencia venezolana, Latinoamérica parece no querer aprender. Pero no todas son malas noticias. Tarde o temprano Venezuela producirá un cambio de nuevo hacia la democracia libre. Una nueva generación dirigirá el país, con gente que habrá asimilado la experiencia “socialista” militarista o autocrática, que los historiadores y politólogos habrán de describir como un modelo fallido y autodestructivo. La amarga historia venezolana permanecerá en varias generaciones, en un proceso parecido al que vivió la Europa Oriental bajo el comunismo, o la Alemania atrapada en el “Muro de Berlín”.

La devastación del Amazonas en nombre del “socialismo” por  Edgar Cherubini – El Nacional – 23 de Noviembre 2019

Los gobiernos “socialistas del siglo XXI” y sus falsos “presidentes de los pobres” se han caracterizado por entregar a oscuros intereses los recursos naturales y minerales de la Amazonia, llegando a ceder la soberanía sobre esos territorios a cambio de jugosos negocios en un “se vale todo” corrupto y voraz, permitiendo la extracción indiscriminada de minerales y la tala de sus bosques, causando la progresiva desaparición del pulmón que le brinda oxígeno al planeta y la extinción de culturas indígenas milenarias que allí habitan.

El Amazonas venezolano, territorio de 184.000 Km2, forma parte del ecosistema verde del planeta y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo. Pese a su importancia vital, el régimen chavista ha permitido la explotación de minerales estratégicos, la penetración de la narcoguerrilla colombiana y toda suerte de negocios de extracción de minerales, manejados por militares y mafias del crimen organizado, incrementándose a raíz de la desafectación y la liquidación del sistema de parques nacionales, reservas forestales y de la biosfera de ese territorio, cedidas al negocio multimillonario de actividades mineras, petroleras, forestales y “otros desarrollos”, establecidos en el decreto del  Arco Minero del Orinoco, que ha colocado en situación de riesgo ecológico y humano dicha región. Los proyectos extractivos promovidos por Chávez y continuados por Maduro, que arrasan indiscriminadamente la selva y utilizan mercurio en el proceso de extracción del oro, perjudicando los suelos y envenenando los ríos, se encuentran en territorios indígenas, donde estos son utilizados como guías, esclavizados en las minas, hostigados y asesinados, lo que implica la progresiva desaparición de esas etnias.

Los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional y de las FARC controlan la explotación de los recursos minerales del suelo venezolano, específicamente el oro, el diamante y el coltán. Según el diario El Tiempo (Valentina Lares Martiz, Amazonas, el Estado venezolano donde manda el ELN, 13.11.2018 ), “Se trata de la reinvención de estos grupos a la sombra de la “revolución bolivariana”, que en tiempos de Hugo Chávez tuvieron luz verde para entrar y descansar en Venezuela, pero bajo el régimen de Nicolás Maduro tienen un “trabajo” formal en las minas: organizar a los mineros para explotar el recurso, luego transportarlo y entregarlo al gobierno venezolano (…) Estas actividades de explotación y entrega de oro y coltán solían estar a cargo de los ‘pranes’ (criminales o ex convictos pertenecientes al crimen organizado que controlan a sangre y fuego la explotación de los recursos), pero poco a poco las FARC y guerrilleros del ELN que han entrado a Venezuela han ido asumiendo estos roles”.

La Amazonia brasileña del “hermano Lula”

Durante el gobierno del “socialista” Lula (2003-2010), paladín del Foro de Sao Paulo, se deforestaron 110.852 Km2 de la selva amazónica, concedidos a las corporaciones madereras, petroleras, mineras y de biocombustibles, sin importarle la destrucción de la mayor reserva de la biosfera del mundo, la desaparición de miles de especies animales y de plantas, así como las repetidas masacres en pueblos indígenas. Según informes de Green Peace, el gobierno brasileño, presidido por Lula, financió y participó como accionista de las grandes industrias y corporaciones locales y transnacionales que operan en la Amazonia, convirtiéndose en el principal impulsor de la más grande deforestación del planeta en lo que va de siglo. Además, las leyes presentadas por sus asesores ante el Congreso brasileño conceden derechos de propiedad a esas corporaciones, ocupantes ilegales de millares de hectáreas y así duplicar la porción de selva que podía ser deforestada “legalmente”. Las organizaciones Trident Ploughshares, la Fundación Right Livelihood Award y la Fundación para la Defensa del Ambiente denunciaron que durante el gobierno de Lula, Brasil fue el país que registró la mayor cantidad de asesinatos de líderes ambientales e indígenas: 365 víctimas de los sicarios de empresas ganaderas, agrícolas, mineras y madereras. Los negocios y ganancias que producen el desastre ecológico no se detienen. Entre 2017 y 2018 se talaron cerca de 7.900 km2 de bosque en la Amazonia brasileña, según Greenpeace Brasil, aproximadamente 1.185 millones de árboles desaparecieron y con ellos miles de especies de flora y fauna.

Los mineros utilizan mercurio para extraer oro, envenenando los ríos

Evo, el falso indígena

En Bolivia se recuerda a Evo Morales como el “falso indígena” cuando en 2011 ordenó reprimir salvajemente una marcha de indígenas que protestaban la ocupación de sus tierras en el Parque Nacional Tipnis, reserva en la cuenca amazónica boliviana, donde viven 14.000 habitantes ancestrales de ese territorio. Desde entonces, Morales trató de imponer el proyecto de una carretera, planificada, financiada y construida por su vecino Brasil, con el objetivo de conseguir una salida al océano Pacífico para exportar al Asia los productos de las mega corporaciones madereras y de soja que están devastando la Amazonia brasileña. A la sombra de este proyecto también se encontraban los productores de coca, a quienes se les facilitaría esta vía de comunicación dentro de la reserva. Recordemos que desde 1996, Evo Morales preside el Comité de Coordinación de las seis federaciones de productores de coca de Bolivia.

Sobre los recientes incendios forestales en Bolivia, que han devastado más de un millón de hectáreas con toda la flora y fauna que la integran, causando el desplazamiento de miles de indígenas y campesinos, Carlos Sánchez Berzaín, director del Interamerican Institute for Democracy, afirma que este ecocidio fue provocado y ejecutado «legalmente» por Evo Morales, quien desde hace 30 años promueve y defiende con violencia y muerte la implantación y expansión de cultivos ilegales de coca como materia prima de la cocaína y del narcotráfico regional.

Expresa Sánchez Bersaín: “La zona del Trópico de Cochabamba fue convertida en cocalera por medio de quemas, talas y ‘desmontes’ de bosques tropicales. Los cultivos de coca ilegal que eran de 3.000 hectáreas en el año 2003, hoy son más de 80.000 hectáreas, porque Morales, el jefe vitalicio de las federaciones de cocaleros que producen cocaína, es el jefe del Estado Plurinacional de Bolivia.

La ampliación de cultivos de coca ilegal ha llevado a Evo Morales a invadir y destrozar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure, que es un área protegida de Bolivia, declarada Parque Nacional en 1965 y Territorio Indígena en 1990, de una extensión de l.236.296 hectáreas en territorio de los departamentos de Cochabamba y Beni.

Patrulla del ELN

El ecocidio está probado por acciones concretas de Evo Morales y su régimen, entre otras, el 25 de agosto de 2017 el vicepresidente de Morales repudia la protección del ecosistema afirmando que «las áreas protegidas fueron elaboradas por los gringos para guardarse nuestros recursos naturales para el día que se hagan cargo del país».  El 10 de julio de 2019 Evo Morales por decreto supremo 3973 ordena que «en los departamentos de Santa Cruz y Beni se autoriza el desmonte para actividades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias. En ambos departamentos se permite las quemas controladas». El 16 de julio de 2019 el viceministro de Sustancias Controladas, en su informe oficial, admitió que “hay tala y quema de árboles para ampliar el cultivo ilegal de coca en la reserva del Tipnis».

La Fundación Amigos de la Naturaleza (fan-bo.org) informa que «entre los años 2005 y el 2018 se ha detectado más de 7,1 millones de hectáreas de bosque quemado en Bolivia. 71% en Santa Cruz, 21% en el Beni. En 2018 las áreas quemadas en el Beni sumaron 1,8 millones de hectáreas». Esto demuestra, además, que en sus 14 años de detentar el poder, Evo Morales y su dictadura castrochavista hicieron del ecocidio una acción reiterada para su beneficio”.

Me pregunto: ¿qué piensan los antropólogos de izquierda, que hacen activismo político dentro de las universidades latinoamericanas, norteamericanas y europeas, de esta dramática realidad que viven los indígenas de Amazonas y del ecocidio provocado por sus camaradas Chávez, Maduro, Evo y Lula? La supuesta utopía que anunciaron los ideólogos del Foro de Sao Paulo en 1990, la nueva Internacional Comunista dirigida desde Cuba, cuando decidieron fomentar movimientos políticos étnicos por los derechos de los indígenas o “pueblos originarios”, reclutando a estos “idiotas útiles” para sus fines, no se trataba de otra cosa que la de sistematizar el saqueo de esos territorios para beneficio de las mafias corruptas de Brasil, Bolivia y Venezuela.

Niña yanomami

La Amazonia, en su totalidad con una superficie de 5.5 millones de Km2, es considerado el pulmón verde del planeta y constituye una de las más prodigiosas reservas de recursos naturales del mundo. Sus bosques pluviales tienen una antigüedad de 75 millones de años y junto con otros idénticos ecosistemas a lo largo del verde cinturón ecuatorial del globo terráqueo, interactúa con las zonas polares manteniendo el equilibrio climático al producir nubes, lluvias, agua y oxígeno para hacer posible la vida en nuestro planeta. Allí habitan culturas indígenas ancestrales que viven en perfecto equilibrio con el ambiente. Se debería promover la creación de una corte penal internacional, un Núremberg ecológico, para enjuiciar y condenar a los criminales que destruyen su ecosistema.

 

 

 

Protestas buenas, protestas malas por Trino Márquez – Blog Polis – 22 de Noviembre 2019

El régimen de Nicolás Maduro celebra las protestas violentas en Chile y Bolivia. En el país del Cono Sur, los vándalos de la ultraizquierda y el anarquismo han destruido decenas de estaciones del Metro, utilizado fundamentalmente por los sectores populares y las clases medias. Han incendiado supermercados, clínicas, farmacias y hasta iglesias católicas.  Todo ha ocurrido en nombre de la lucha contra el ‘modelo neoliberal’, que según esa estereotipada versión, ha plagado de desequilibrios e injusticias a la sociedad chilena, a pesar de que durante los treinta de años que van desde la salida de Augusto Pinochet de La Moneda, hasta el presente, los socialistas han gobernado directamente, o a través de la Concertación, durante buena parte de ese período.

En Bolivia, los partidarios de Evo Morales, entre ellos los cocaleros, trancan carreteras, impiden que haya libre circulación de vehículos de carga que transportan alimentos y gasolina. La nación del altiplano confronta el serio problema del desabastecimiento, y la inflación que esta conlleva. Los protestantes exigen la renuncia de la presidente Jaenine Áñez y la restitución de Morales en el poder. Esto ocurre luego de que se comprobó de forma inapelable que el expresidente cometió un fraude escandaloso y, no contento con el delito, quebró la línea de sucesión prevista ante a la falta absoluta provocada por su renuncia, al exigirles a su Vicepresidente, al Presidente y Vice Presidente del Senado, y al Presidente de la Cámara de Diputados, que dimitieran para generar un vacío de poder y, en consecuencia, una crisis institucional que sumergiera a Bolivia en el caos. La ruptura de esa línea fue lo que condujo a que Áñez, segunda vicepresidente del Senado, asumiera la presidencia interina. Para completar el cuadro, el día que le correspondía juramentarse, los parlamentarios del Movimiento al Socialismo, partido de Morales, no concurrieron al Congreso. Luego la acusaron de ‘usurpadora’. Y entonces ¿cómo podía cubrirse la vacante respetando la Constitución, si Morales había ordenado crear un vacío de poder? Su plan apuntaba a desatar la anarquía en Bolivia. En cierta medida lo ha logrado. Actuó a lo Jalisco: si no gano, arrebato. En Bolivia, sus partidarios pretenden restituir en la Presidencia a un gobernante que cometió un delito. Veremos cuán fuertes son las instituciones, especialmente los militares, para impedir que la violación cristalice.

El gobierno venezolano celebra todos los excesos promovidos  por la izquierda afiliada al Foro de Sao Paulo. Defiende los supuestos derechos de las turbas chilenas enceguecidas por el odio, y de los grupos bolivianos que respaldan a un gobernante extraviado, que quiso arrogarse un triunfo electoral que no obtuvo en las urnas electorales, aunque poseía el control del Poder Electoral.

Todos los excesos de la izquierda extremista le parecen excelentes a Maduro. La cosa cambia cuando el protagonista es la oposición venezolana. Frente a la protesta pacífica convocada por Juan Guaidó para el 16 de noviembre, el régimen aplicó varias tácticas dictatoriales. En un país donde ocurren todas las calamidades que se conocen y en el cual abundan las razones para luchar, el gobierno insistió en que el propósito del llamado era desestabilizar la democracia. Infundió temor en los ciudadanos. Militarizó Caracas y algunas ciudades del interior desde el viernes anterior a la marcha. En la capital cerró numerosas estaciones del Metro. Tumbó la señal de internet. Los canales de televisión no pudieron transmitir informaciones relacionadas con la concentración. La condena y el cerco fueron casi totales. Tras el objetivo de minar la jornada del 16-N, encontraron un aliado circunstancial y poderoso: los enemigos internos de Guaidó, quienes se dedicaron con saña a demonizarlo y propiciar el desánimo entre los potenciales asistentes a la jornada de protesta. Entre el terrorismo de Estado y la histeria de los estratos ‘opositores’ (no entiendo por qué se autocalifican de ese modo), se formó una tenaza que afectó la concurrencia a la marcha.

A pesar de los enormes obstáculos que se levantaron frente al 16-N, la jornada fue exitosa. Más, incluso, en el interior del país. En Caracas, no tuvo el impacto, ni logró el volumen de las grandes movilizaciones de comienzos de 2019. Sin embargo, no defraudó. La gente se sacudió la modorra. Sintió que la presencia ciudadana es fundamental para cambiar el panorama. Que la pelea no es palaciega, ni de cúpulas o mesas que se reúnen a resolver los problemas que afectan a toda la nación. El cambio incluye a los ciudadanos. Asistir a las concentraciones pacíficas representa una forma democrática de contribuir con la transformación que se aspira.

Evidenciar esos enemigos que acabo de mencionar, no significa que no exista cierto agotamiento frente a la marchas,  y desencanto ante a las expectativas no satisfechas por Juan Guaidó y el plan trazado al inicio de 2019. En su discurso en el acto, Guaidó asomó una autocrítica. Conviene que la elabore mejor y proponga un plan de reconexión con los millones de venezolanos que quieren permanecer en Venezuela, y están dispuestos a resistir y luchar, no para destruir los activos de la nación o para imponer un caudillo que viola la Constitución, sino para restituir la normalidad democrática, que permite crecer e incluir.

Diez meses después por Ramón Pérez-Maura – ABC – 17 de Noviembre 2019

Cuando países con historiales de violaciones de los derechos humanos flagrantes intervienen en Estados vecinos, prima el silencio

Ramón Pérez-Maura

Gustaba decir mi admirado marqués de Iria flavia, vulgo Camilo José Cela, que el que resiste gana. Habrá que reconocer que el que Juan Guaidó haya logrado sobrevivir en Venezuela desde que la Asamblea Nacional lo proclamó presidente encargado el pasado 23 de enero es un ejemplo de resistencia por antonomasia. Guaidó consiguió un número muy relevante de reconocimientos internacionales. Países que apostaban por algo nunca antes visto.

Porque en la historia hay muchos ejemplos de naciones soberanas que reconocen un Gobierno en el exilio y no al que realmente está establecido. Sin ir más lejos, el «Gobierno» de la Segunda República Española, finiquitada en 1939, siguió siendo reconocido como el único y legítimo Gobierno de España por México hasta 40 años después. Pero, antes del caso de Guaidó, nunca habíamos visto que países relevantes reconociesen como legítimo un Gobierno o un presidente que no ha llegado a ejercer el poder en ningún momento. Y ya han pasado casi diez meses desde su proclamación.

Pero todavía esta semana conseguía un nuevo reconocimiento, el de la presidenta transitoria boliviana Jeanine Áñez. No es un reconocimiento de especial valor, porque la propia situación de Áñez es de notable debilidad, pero es muy significativo porque el gesto de la mandataria boliviana demuestra, una vez más, desde dónde se generan buena parte de los problemas de la región. Y eso que ella ha logrado el reconocimiento de Rusia, país de relevante protagonismo en todas estas convulsiones.

La capacidad de la dictadura de Maduro de resistir el acoso de las democracias del hemisferio americano y de otras partes del planeta está resultando en otro problema grave. Con la complicidad de Cuba están promoviendo la inestabilidad por el continente. Hemos visto múltiples ejemplos en las últimas semanas, como es el caso en Chile o en Perú. Pero lo más interesante es el papel jugado en las elecciones presidenciales bolivianas, donde han desempeñado en la sombra el mismo papel que ejerció Cuba en el recuento electoral de Venezuela en 2013 en las primeras elecciones a las que concurrió –y robó– Maduro.

La doble moral que sigue primando en la política internacional permite interferencias como las que la Venezuela de Maduro está perpetrando en otras partes del continente. Imaginen que un Gobierno conservador como el brasileño de Jair Bolsonaro intentase hacer algo parecido. Las condenas en la ONU serían inmediatas. El clamor en los medios políticamente correctos sería ensordecedor. Las denuncias de fascismo correrían por todas las televisiones al rojo vivo. Pero cuando países con historiales de violaciones de los derechos humanos flagrantes se dedican a intervenir en Estados vecinos, prima el silencio.

Nicolás Maduro ha conseguido recuperar el protagonismo de Venezuela allende sus fronteras. Por eso eran tan relevantes las manifestaciones convocadas ayer en Caracas por Guaidó y el propio Maduro. A nadie puede sorprender la envidia que genera en los demócratas venezolanos la derrota que han infligido a Maduro en Bolivia. Tras catorce años de populismo indigenista, la farsa no se sostuvo más. Veamos ahora si los demócratas venezolanos son capaces de copiar a sus hermanos bolivianos. Es la hora de que Guaidó demuestre que, efectivamente, el que resiste, gana.

 

Crisis en Bolivia: el gobierno interino de Jeanine Áñez rompe relaciones con Venezuela – BBC News – 15 de Noviembre 2019

Karen LongaricLa canciller interina de Bolivia, Karen Longaric, hizo el anuncio este viernes.

El gobierno interino de Bolivia anunció que rompe relaciones con Venezuela.

La canciller en funciones, Karen Longaric, aseguró que pedirán a los diplomáticos “que representan al gobierno de Nicolás Maduro” que abandonen el país.

Longaric también anunció que el nuevo gobierno, establecido tras la renuncia de Evo Morales el 10 de noviembre, abandona la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y analiza su desvinculación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), dos organizaciones forjadas por el eje progresista con el gobierno venezolano.

Los anuncios se produjeron en el marco de una rueda de prensa donde las autoridades bolivianas presentaron a nueve venezolanos arrestados, acusados de instigar las protestas en contra del gobierno actual.

Según la policía, fueron encontrados con armas de grueso calibre.

“Durante 14 años han hecho lo que han querido”, indicó, en referencia a la alianza del país con Venezuela y Cuba durante la última década.

venezolanos arrestados por el gobierno interino de Bolivia.
Durante la rueda de prensa, se presentó ante los medios a nueve venezolanos arrestados por las autoridades.

Los gobiernos de Cuba y Venezuela fueron los más cercanos al gobierno de Morales, lo cual se manifestó en acuerdos políticos, comerciales y militares.

Las relaciones entre Caracas y La Paz siempre fueron criticadas por la oposición a Morales con el argumento de que Venezuela estaba injiriendo en la política local.

Días de tensión, con el foco en Venezuela y Cuba

El anuncio del gobierno interino se produjo además un día después de que las autoridades bolivianas arrestaran a cuatro miembros de la Brigada Médica Cubana, acusados de financiar protestas violentas contra el gobierno en funciones.

Medios locales reportaron que el arresto se dio tras la denuncia de vecinos del centro de La Paz, según los cuales los cubanos estaban pagando a gente para que saquearan negocios.

rueda de prensa
El gobierno interino presentó a los venezolanos arrestados, un día después de la detención de cuatro miembros de la Brigada Médica Cubana.

El ejecutivo cubano, que rechazó dichas acusaciones, decidió retirar a más de 720 funcionarios para “evitar fricciones“.

La cancillería cubana aseguró que el dinero en efectivo que se incautó era parte del pago habitual a los miembros de la misión.

Una profunda crisis

Las elecciones presidenciales del 20 de octubre, en las que Morales buscaba un cuarto mandato entre señalamientos de abuso de poder, dejaron una profunda crisis política en Bolivia.

La Organización de Estados Americanos (OEA) realizó una auditoría de los resultados después de las numerosas denuncias de fraude electoral y en su informe preliminar habló de “irregularidades” en los comicios.

Tras el informe de la OEA, Morales anunció el domingo la repetición de las cuestionadas elecciones presidenciales.

Sin embargo, las Fuerzas Armadas “sugirieron” que renunciara, lo que el mandatario acabó haciendo horas después. Morales salió del poder tras 14 años y viajó a México en calidad de asilado político.

El asilo a Morales en México -celebrado y mediado por el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández- fue interpretado como un giro importante del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en su política hacia la región y el resto del mundo.

Análisis de Boris Miranda, enviado especial de BBC Mundo a Bolivia

La presidenta interina de Bolivia ha señalado en numerosas oportunidades que su gobierno es de transición.

Sin embargo, a solo días de haber asumido el mandato del país sudamericano, Áñez ha comenzado a tomar acciones en áreas clave del país, como la política exterior.

La más fuerte de ellas, además de haber cesado a todos los “embajadores políticos” de Evo Morales, fue la tomada respecto a Venezuela.

Decisiones tan trascendentales como romper con uno de los principales aliados políticos del país durante casi 14 años provocan en más de uno la duda respecto a la legitimidad de estas acciones hechas por un gobierno cuya principal misión es llamar a nuevas elecciones en el menor tiempo posible.

En entrevista con la BBC, Áñez insistió cada vez que pudo que su gobierno goza de toda la legalidad y autoridad para cambiar el rumbo que Bolivia llevaba durante la administración Morales.

No obstante, también es posible que esta serie de acciones que el ejecutivo de transición anuncia a toda velocidad queden en la nada en el corto o mediano plazo, cuando un nuevo presidente llegue al poder en el país.

Cambio de línea hacia Caracas

Durante el último año, decenas de países de América Latina y el mundo reconocieron al líder opositor Juan Guaidó como presidente de Venezuela y rompieron relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro, considerando que su victoria en las elecciones de 2018 fue fraudulenta.

Bajo el mandato de Morales, Bolivia era uno de los pocos países que no solo mantenía las relaciones bilaterales con Maduro, sino que lo apoyaba en las diferentes instancias multilaterales en las que el político venezolano es acusado de violar el orden democrático.

Morales y Maduro.Morales y Maduro fueron siempre aliados incondicionales.

En calidad de lo que la oposición venezolana considera como su presidente, Juan Guaidó reconoció a Áñez como presidenta de Bolivia.

El líder opositor llamó a sus seguidores a las calles este sábado. Guaidó espera que los sucesos en Bolivia sirvan de “aliciente” para sus seguidores tras meses de ausencia de protestas en Venezuela.

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