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Quo Vadis, Venezuela por Asdrúbal Aguiar – El Nacional – 23 de Septiembre 2019

Así como es fácil observar que cada treinta años se cierra un ciclo político en Venezuela, destructor de paradigmas, podemos suponer que en 2019 habrá de concluir el período de incertidumbre que se inicia en 1989. Allí fenece la república civil de partidos, forjada treinta años antes, en 1958.

Pero es audacia de ignorantes querer fijarle contenidos anticipados a lo que habrá de ocurrir. Más lo es intentar responder hacia dónde vamos los venezolanos, hasta que no hayamos definido un camino apropiado y compartido, de unidad en la pluralidad, y sobre todo eficaz para labrarnos el destino al que aspiramos todos.

Deambulamos por los caminos varios, en un ir y venir propio de desorientados o jugadores de azar, atrapados entre agentes de viajes, amos de casinos, comerciantes de baratijas, a los que solo importan sus ventas e intereses.

Pedro, sobre la Via Appia, le pregunta al Mesías: Quo Vadis, Domine. Este le responde con verdad, pues es ser y esencia plenos y en plenitud: Roman vado iterum crucifigi, ¡voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo!

Sabía bien el maestro que, si Pedro no se daba la vuelta y retomaba su destino superando los miedos, quedaría crucificada la Iglesia naciente.

A la pregunta Quo Vadis, Venezuela, susceptible de formulársele a quienes tomaron la vía de Oslo-Barbados o ahora la de la Casa Amarilla con Pedros impostores y de circunstancia, mi respuesta sería, dudando: ¡Van hacia Miraflores, crucificando una vez más a los venezolanos!

Solo una falta de memoria imperdonable –aquí sí– explica que al término del primer recorrido –Oslo-Barbados– y al que sigue el otro, se digan algunos, para justificarse, que al menos quedó en evidencia la mala fe de Nicolás Maduro y su asociación criminal transnacional.

La pregunta, entonces, no sería Quo Vadis, sino ¿cuántas veces más debemos probarnos y probarle a los otros, el espíritu zorruno y ladino de interlocutores de tan amoral trayectoria?

José Ortega y Gasset, en sus Meditaciones del Quijote, recuerda que “la misión de los árboles patentes es hacer latente el resto de ellos, y solo cuando nos damos perfecta cuenta de que el paisaje visible está ocultando otros paisajes invisibles nos sentimos dentro del bosque”.

He optado, al efecto, por la metodología que describo en mi más reciente libro sobre Calidad de la democracia. Reza así: “Solo el texto de una obra permite ordenar el reparto de los actores –en el caso, los actores de la democracia– para que, al margen de sus actuaciones respectivas [las individuales], todos a uno logren armonía de conjunto y un desenlace [exitoso] a la trama. Y para que, al término, ganen todos con la satisfacción emocionada del auditorio que los mira, que también es participe central de la obra”.

“El público que observa desde la galería –agrego– puede captar en los actores de escena discursos distintos e inconexos, que pueden corresponder o no a los niveles distintos y las variantes de los diálogos planteados; más lo cierto es que a lo largo de la obra y al término, no la pueden desconocer quienes ocupan las butacas del teatro y ya han pagado su abono con el sufrimiento o la expectativa. Luego del clímax de la obra, donde todo es aparente confusión, sucesivamente se han de resolver los conflictos entre los personajes de la trama”.

El caso es que varias obras se escenifican, juntas, en el “teatro de la democracia”, domiciliado en Venezuela. Mientras, otra, la real, avanza oculta entre bastidores. Aquellas, las primeras, distraen y confunden, chocan entre sí y se neutralizan ante un público fastidiado, decepcionado, y la última hace de las suyas, empuja su actuación hacia un desenlace fatal.

Los títulos de las primeras son populares: “Cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”; otro, que lo debemos al genial dramaturgo José Ignacio Cabrujas, “Caja de gatos”, o encuentro entre socialistas en Barbados; el último y desdoroso, “La Casa Amarilla o aquí no pasa nada”.

En el escenario se empujan los actores de estas queriendo mostrar cada uno su mejor talante, con narrativas improvisadas e imaginarias, y tras el telón se representa, en efecto, una tragedia con otro diálogo cerrado: “El señor de los cielos secuestra a Venezuela”.

Ella canibaliza al cuerpo de la nación y lo posee con violencia, lo deja sin territorio. Expulsa a sus hijos, huérfanos, y les anula la autonomía de la voluntad, les infesta con drogas y crímenes y adormece con sus dineros. En cada representación, durante cada noche, mata al Estado y al pueblo venezolano lo crucifica.

Hete aquí lo importante y la enseñanza.

Hace pocos días se presenta en el teatro un ilustre visitante, el embajador venezolano Gustavo Tarre Briceño, quien aprovecha el intermedio e invoca al TIAR gritando ¡Alerta! Advierte que se recrean dramas a la vez y hacen tráfico las ilusiones, cuando en la parte trasera “El señor de los cielos” prepara su culmen magistral, la voladura de todo el teatro con su audiencia.

Si me preguntasen y aquí termino, Quo Vadis, respondería que voy a la parte oculta del escenario para reclamar se le clausure y con ella a la tragedia de muerte y traiciones que procura el Vellocino de Oro, emulando a la Medea de Eurípides.

Luego volveré a mi butaca, conjurado el peligro, y presenciaré, ahora sí, el drama de la libertad, con sus resoluciones varias y por hacer. No sé de su final, puede ser novedoso.

Guaidó anuncia una nueva fase de lucha ya que Maduro no quiere negociar por Daniel Gómez – ALnavío – 16 de Septiembre 2019

Viene “una nueva etapa de lucha que requerirá mayor compromiso, fortaleza, determinación, sacrificio y convicción”. Eso dice Juan Guaidó ahora que da por finalizada la negociación con el régimen. Y es que Maduro lleva 40 días poniendo excusas para no hablar.
En 40 días Maduro puso dos excusas para no negociar / Twitter: @jguaido
En 40 días Maduro puso dos excusas para no negociar / Twitter: @jguaido

“Quienes usurpan el poder han bloqueado una salida pacífica, rechazando discutir y acordar una propuesta sensata, realizada por nuestra delegación para ponerle fin a este conflicto”.

Por este motivo el equipo de Juan Guaidó ha dado por rotas las negociaciones con el régimen de Nicolás Maduro facilitadas por el gobierno de NoruegaOslo no se ha pronunciado todavía. Tampoco el régimen.

En el comunicado, Guaidó hace referencia a la propuesta que su equipo “dejó sobre la mesa” en la quinta ronda de conversaciones. Desde entonces, “la pelota ha estado del lado del gobierno”, como repite el jefe del equipo negociador de Guaidó, Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional.

La pelota está en el lado del régimen, pero como dice Guaidó, este lleva 40 días negándose a hablar. Y poniendo excusas:

– La Orden Ejecutiva de Donald Trump. El presidente de EEUU la firmó a principios de agosto. Esta sanciona en Estados Unidos a empresas y países que hacen negocios con el régimen. Mientras los delegados de Guaidó esperaban en Barbadospara retomar las conversaciones, Maduro decidió no enviar a sus negociadores. El motivo: “La brutal agresión perpetrada de manera continuada y artera por parte de la Administración Trump”. Entonces el secretario general de Acción DemocráticaHenry Ramos Allup, le recordó: “Nosotros no hemos sancionado a nadie”. Y es que como es sabido, el objetivo de la negociación en Noruega era la celebración de elecciones, no la retirada de sanciones.

– “No nos verán más las caras”. Esto dijo a principios de septiembre Maduro. En esta ocasión su argumento fue la cuestión del Esequibo, un territorio que Venezuela disputa con Guyana, y que, según Maduro, Guaidó había desistido de reclamar. “Por Venezuela lo digo y lo hago por Venezuela, creo en el diálogo, la paz, pero no acepto traiciones de este tipo”.

Guaidó sigue en su estrategia: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Para ello anuncia “una nueva etapa de lucha que requerirá mayor compromiso, fortaleza, determinación, sacrificio y convicción”.

El mandatario también pidió en un tuit que “todos, dentro y fuera de Venezuela, juntos, aumentemos la presión”.

Ahora un punto clave en la estrategia de Guaidó es el Tratado Interamericano de Acción Recíproca (TIAR), activado la semana pasada en la Organización de Estados Americanos (OEA). En la fase más extrema del TIAR se abre la puerta a una intervención militar extranjera contra Maduro.

Barbados con corazón por Simón García – Blog Polis – 24 de Agosto 2019

Aunque pareciera que los acuerdos están vinculados a esfuerzos racionales, esa palabra
refiere a una acción que moviliza y armoniza afectos. El radical “cord” evoca el corazón,
así como cordial supone ser afectuoso. Acordar es estar conformes de todo corazón, tanto
como des-acordar implica no solo lo contrario, sino hacerlo despectivamente.
Las posiciones extremistas, sea en la oposición como en el gobierno, se construyen a partir del desacuerdo. Rechazan con furia galáctica todo acuerdo. Cada uno esgrime que no puede haberlo con delincuentes o con terroristas, según el lado desde el que surjan los disparos para bloquear un logro que exigió miles de años para aceptar que las pugnas humanas se podían resolver de común acuerdo y sin apelar a la fuerza de los mazazos.
La iniciativa Noruega, destinada a mediar entre las partes venezolanas enfrentadas en un conflicto de poder, es en la situación actual, una esperanza de resolución que debe ser
apoyada porque es la mejor opción disponible para salir de la crisis, pacífica y
electoralmente. Toca protegerla porque tiene muchos enemigos y pocos defensores.
Barbados es la posibilidad de resolver los conflictos entre venezolanos, recuperando una
capacidad de soberanía que todos debemos preservar con celo democrático. Barbados es
la diferencia deseable entre solidaridad e injerencia, una vez que el conflicto interno
venezolano se elevó a problema de geopolítica mundial, con participación de potencias y
países que superponen sus propias lógicas y reflejan sus propios intereses. En tal
circunstancia, al recibir la necesaria y vital solidaridad de la comunidad internacional, hay que agradecerla sin olvidar la regla del ministro británico de Relaciones Exteriores entre 1830 y 1841, Henry John Temple: lo único perpetuo en la acción de los países no es la amistad sino los intereses.
El propio Maduro se encargó de repartir cartas a Cuba, Rusia, China, Irán para extender la mesa al plano internacional, lo que generó una negociación múltiple y con jugadores por fuera de Barbados. La parte negativa la recuerda el dicho, caldo morao, presas en reparto.
La positiva es que fuera de la mesa se pueden recomponer las opciones y hay mayor
flexibilidad.
El problema principal es que Maduro, empeñado en mantenerse en el poder por cualquier medio, monta una obstrucción catastrófica, distinta a la usada noción de empate, que interfiere la más pequeña luz de acuerdo entre la mayoría abrumadora de la sociedad y una cada vez más reducida élite aferrada a obstaculizar el ingreso de la ayuda humanitaria o la convocatoria de elecciones libres y justas para que el pueblo dilucide, con su voto, el rumbo que quiere y la persona que debe emprenderlo.
Barbados tiene dos límites. Uno, que la destrucción de país que sigue en marcha termine
por convertirnos en un despojo de nación que a nadie interesa de verdad. El otro, que la
relativa paz que disfrutamos la convirtamos en un enfrentamiento bélico entre todos. El
arsenal de agresividad emocional que tenemos acumulado da para sostener una guerra
que algún día terminará en una tregua para contar las víctimas. No sería la primera vez
que partes de una misma población resulten tan estúpidas que decidan matarse.
No se sabe si el oficialismo lo ha comprendido ni se está leyendo bien que para no
implosionar, no le es suficiente el apoyo militar, porque su base social se le está
desmoronando y está perdiendo hasta capacidades mínimas de gestión como asegurar
agua, luz y gas a cada hogar. Si las conversaciones de altos oficialistas con EEUU son
ciertas, es porque la negociación comienza a ser considerada en el régimen como una
posibilidad. No son ya preparativos de saltos individuales de talanquera.
Pero no hay que soplar sobre expectativas debilitantes. Las amenazas creíbles, que
provienen de la comunidad internacional democrática, deben ser acompañadas
nacionalmente por presiones bien pensadas, movilizaciones con un sentido adicional a
mostrar fuerza en un lugar, acciones de organización y apoyo a las luchas sociales,
estímulo a acuerdos parciales que resuelvan problemas que afecten a la gente y un
diálogo persistente con los seguidores del oficialismo que padecen los mismos problemas
de quienes luchan por el cambio.
El discurso hacia la otra acera debe ser persistente, comprensivo y eficaz. Un discurso para resaltar las coincidencias y para compartir una búsqueda de verdad en relación a por qué y cómo detener el rumbo destructivo que se está comiendo al país. Las bases populares del chavismo son una reserva que tienen mucho que aportar en la reconstrucción de mejores condiciones de vida.
El liderazgo de Guaidó es el mejor posicionado socialmente, el que cuenta con un
inequívoco respaldo internacional y el que encarna la voluntad de un poder público
legítimo como lo es la Asamblea Nacional. Es un dato de la realidad que no sólo hay que
constatar, sino apoyar. Pero no se pueden exigir respaldos acrítico o que siempre tengan
que inhibir las diferencias por conveniencias tácticas. Tampoco pedir que quienes
mantengan diferencias, renuncien a organizarlas en un proyecto político que sea solidario con el Presidente Guaidó, aunque luche por ganar opinión para objetivos parciales diferentes. La unidad, se ha repetido tanto la frase que se olvida su sentido, no es uniformidad ni subordinación, sino autonomía y diversidad dentro de unos fines comunes.
Cada quien tiene derecho a tratar al líder de su época como quiera e incluso endiosarlo y
reclamar que sea único e irrebatible. Pero defender el liderazgo de Guaidó también
consiste en luchar para que supere sus lealtades parciales y pase de dirigente de la
oposición a líder de una causa nacional. Un desafío, que lo obliga a enfrentar al régimen
no sólo desde la Asamblea Nacional sino como animador de una gran coalición nacional
de fuerzas para reconquistar la democracia. El frente amplio resultó estrecho para tratar
de expresar una pluralidad social y política que va más allá de organizaciones importantes y que siguen en pié de lucha como AD, PJ, VP y UNT. ¿No deben decirse y someterse a debate este tipo de apreciaciones?
Para potenciar el liderazgo de Guaidó es importante que no se quede enganchado en
actitudes que puedan ser interpretadas como sectarias y opaquen su sentido de país y la
naturaleza alternativa e inclusiva de su proyecto de futuro. En especial, desde mi pequeña observación desde las gradas, debe nutrirse más de la mayoría social que exige posiciones intermedias, que de retóricas extremistas; darle prioridad a paliar la situación de la gente y de los sectores vulnerables golpeados por la crisis; hablar como procurador de la unificación de los venezolanos y como portador de una oferta de paz, justicia, democracia y bienestar.
Para recorrer un kilómetro hay que andar cien metros. Es importante crear ya un
mecanismo permanente de información, consulta y participación en las decisiones de
aquellos partidos que, aún no estando en la Asamblea Nacional, expresan a una franja de
la sociedad con distintas visiones sobre los modos y las rutas para salir de la crisis y de la
obstrucción catastrófica con la que el régimen bloquea los caminos a la libertad.
Hay que volver a Barbados con corazón para sacar un acuerdo que no puede tener un solo ganador ni seguir la instrucción bárbara del coronel que pedía “me lo fusilan y lleguen a un acuerdo con él”. La representación de Guaidó, porque es la del país que está por venir, debe levantar una opción atractiva que produzca apoyo en el mundo de la coalición dominante y en la institución armada. Se están creando condiciones para convertir a la negociación en la mejor opción para todos los venezolanos y todas las partes.
Hay que volver a Guaidó para revisar y mejorar su desempeño. Es un activo de las fuerzas de cambio y urge poner mucho cerebro entre todos, sin exclusiones, para reformular una estrategia que abra la transición hacia la democracia y la reconstrucción de Venezuela. 20 años son suficientes para querer y lograr otro país.
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