No es el título de una tonada. No se alude ahora a uno de  esos catos campestres que tanto deleitan al gusto venezolano. Refiere a la relación establecida por un célebre abogado español con el también famoso general Hugo Carvajal, llamado el Pollo, quien ha salido intempestivamente de la cúpula chavista para convertirse en ave canora de la oposición y, debido a  la curiosa mudanza, en cliente de un letrado y ex magistrado que trata de sacarle las castañas del fuego.

No es un letrado y ex magistrado que cobra barato, sino todo lo contrario. Tiene clientes de alto coturno desde su ascenso a la cúspide después de promover un pleito contra Pinochet por los delitos que cometió cuando mandaba en Chile, un comienzo de proceso que, así como perturbó el itinerario de un viaje del dictador, permitió que su promotor llegara a las alturas de la fama. Ya había hecho méritos en otros de la política española, hasta convertirse en una especie de paradigma de juez justiciero y corajudo.

Hablamos de Baltasar Garzón, quien no solo se ha dedicado a asuntos como los mencionados sino también a auxiliar a sujetos como el general Carvajal, quien no se ha labrado fama como dechado de probidad ni como adalid de la justicia debido a las andanzas que la DEA le atribuye desde cuando trabajaba con el comandante eterno y por las cuales está detenido en Madrid a la espera de que lo deporten a predios imperiales. El abogado Garzón puede servirle al cliente que desee, pues para eso tiene bufete con ramificaciones internacionales, y pidió por la faena 1.850.000 dólares, según las investigaciones del diario ABC que hemos leído con detenimiento.

Pero el tema se sale de lo corriente cuando sabemos, gracias a los datos que también aporta el periódico madrileño, que la cuenta la paga una compañía del también afamado señor Wilmer Ruperti, cuya fortuna se asocia con la alta política del chavismo o con sus negociados. Agrega el impreso que, tres meses después de llegar a acuerdos con el bufete de Garzón para evitarle las brasas al pollo, una compañía de don Ruperti suscribió un contrato con Pdvsa por la suma de 1.850.000 euros. No sabemos si lo segundo tiene  relación con lo primero, pero es un pormenor que no puede pasar inadvertido en el serial de historias de corrupción y complicidad que hoy conmueven a la sociedad venezolana.

También puede considerarse el caso como capítulo estelar de las crónicas de la amistad verdadera y sin fisura, como evidencia de lo que puede hacer un buen hombre por el destino de uno de sus compañeros cercanos y entrañables. Podemos estar, entonces, ante una historia de desprendimiento y ante un compendio de bíblica generosidad frente a las cuales no caben las objeciones, ni tampoco las críticas al trabajo que ha engordado las arcas del abogado Garzón. El hecho de que el Pollo sea  acusado de narcotráfico por la DEA no quita que cuente con la solidaridad de un entrañable compañero de viaje y con la asesoría de una estrella internacional del foro. Arpa, cuatro y maracas, de ser así: “Echa palante, gabán/ echa palante,  garzón / mira que te van tirando/ con pólvora y munición”.