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Exhortación pastoral – Conferencia Episcopal Venezolana – Julio 2020

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                     “TU DIOS ESTÁ CONTIGO, NO TE DEJARÁ NI TE ABANDONARÁ”
                                                                      (Dt 31, 6)

1. Los Obispos de Venezuela, convocados a nuestra CXIV Asamblea Ordinaria, como pastores y hermanos de la grey católica, y como conciudadanos de todos los venezolanos compartimos la inquebrantable esperanza en el amor de Dios, que nos sostiene en medio de tantas calamidades y sufrimientos. Conscientes de las graves circunstancias que vivimos, tenemos la plena seguridad, propia de la fe, que el Señor está con nosotros y, que su Palabra ilumina nuestros pasos, para lograr auténticas y eficaces soluciones a nuestros problemas. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero; lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos” (Salmo 118, 105-107)

2. Nos confirma en esta convicción, el hecho que hayamos recibido en estos días difíciles, para alegría de toda nuestra nación, el anuncio de la próxima beatificación del Venerable Doctor José Gregorio Hernández, lo cual interpretamos como un nuevo gesto de amor y misericordia de Dios nuestro Padre. Con la entrañable figura de nuestro amado Médico de los Pobres, muy pronto en los altares, se hace realidad una vez más aquella gran promesa que Dios le hizo al pueblo de Israel en medio de las grandes pruebas de la travesía del desierto: “Tu Dios está contigo, no te dejará ni te abandonará”. (Dt 31, 6).

3. Nos sentimos impulsados, como pastores, a caminar juntos el camino de la fe en Dios, que nos lleva a la confianza de sentirnos protegidos y acompañados. No son, éstas, palabras accesorias a esta exhortación, sino, eje fundamental, corazón, de esta nueva intervención del Episcopado venezolano. Dios no es una idea, sino la realidad más real, lo cual nos lleva a saber que las realidades políticas, económicas y sociales, no son lo único que existe: real es, sobre todo, Jesucristo encarnado, máxima revelación del Padre. Esta seguridad nos ayuda a confortarnos ante las duras pruebas por las que atravesamos.

LA ACTUAL REALIDAD DE VENEZUELA

4. Vivimos inmersos en un caos generalizado presente en todos los niveles de vida social y personal: servicios públicos básicos muchas veces inexistentes, acción política divorciada del bien común y del desarrollo, inseguridad e indefensión, vida familiar vulnerada en su capacidad de gestionar y satisfacer sus necesidades, economía inflacionaria y dolarizada, golpeando a casi toda la población, educación paralizada en su gestión con el deterioro de la calidad de ese servicio.

5. La pandemia del Covid 19 se ha ido extendiendo de manera exponencial en los distintos estados, hasta alcanzar, en el momento actual, varios miles de contagios y decenas de personas fallecidas. Esta pandemia ha sido, al mismo tiempo, un elemento paralizante de una parte sustancial de las actividades ordinarias y ha puesto de manifiesto la crisis ya presente, agravada notablemente por la debilidad del sistema de salud, la triste situación vivida de los emigrantes que vuelven al país, sin recursos ni expectativas seguras de vida, así como la escasez de gasolina y de otros insumos necesarios.

6. Ha aumentado alarmantemente el empobrecimiento de amplios sectores de la población, que sufren los riesgos del hambre y del desempleo. Cada día el pueblo se siente más desprotegido, sin estado de derecho ni instituciones que den respuestas justas a las violaciones de los Derechos Humanos.

7. Los venezolanos queremos vivir en democracia. Para ello es necesario celebrar elecciones de modo imparcial para todos los partidos políticos y de respeto del voto ciudadano. El régimen, más preocupado por mantenerse en el poder que en el bienestar del pueblo, ha convocado unas elecciones parlamentarias, valiéndose de un Tribunal Supremo de Justicia sumiso al Ejecutivo, de un Consejo Nacional Electoral ilegítimo y la confiscación de algunos partidos políticos, así como realizando amenazas y persecuciones a los dirigentes políticos e intentando comprar conciencias. Todo esto además de dibujar una ilegitimidad, provocará la abstención y la falta de confianza ante estas inciertas elecciones parlamentarias.

8. Denunciamos como inmoral cualquier maniobra que obstaculice la solución social y política de los verdaderos problemas, así como el cinismo de algunos factores políticos que se prestan a este juego desvergonzado, con el cual el régimen se consolida como un gobierno totalitario, justificando que no puede entregar el poder a alguien que piense distinto. La negativa del Ministro de Defensa a aceptar un cambio de gobierno es totalmente inconstitucional y, por tanto, inaceptable. Mientras se van endureciendo lineamientos dictatoriales, el pueblo sufre. La oposición es perseguida como nunca antes. Por eso exigimos una vez más auténticas elecciones libres y democráticas para constituir un nuevo gobierno de cambio e inclusión nacional que nos permita construir el país que todos queremos. Vemos con gran preocupación cómo las fuerzas armadas, lejos de estar al servicio y defensa del pueblo, han optado por seguir al lado de una parcialidad política. Esto hace que crezca la desconfianza del pueblo hacia ella y se desprestigie cada día más.

9. No podemos quedarnos de brazos cruzados. El gobierno, los partidos, la sociedad civil en sus diversas manifestaciones deben tener propuestas que pongan en primer lugar la vida y calidad de toda la población, comenzando por los más vulnerables. Hay que concertar para que la ayuda ofrecida por organismos internacionales llegue con el consentimiento y aval de las partes: gobierno, oposición, sociedad civil. Hay ofertas concretas para dotar a un número significativo de hospitales de equipos e insumos necesarios para atender a quien lo necesite. Con esto no se favorece al gobierno ni la oposición claudica. La calidad de vida, la supervivencia de la gente está por encima de cualquier otra connotación. Esto es prioritario porque nuestra gente se está muriendo y se está desesperanzando cada día más.

El PUEBLO DE DIOS, LA IGLESIA DISCÍPULA Y MISIONERA

10. La Iglesia peregrina en Venezuela no está exenta de ser afectada por esta profunda crisis. Por eso, como pastores de esta grey y miembros del pueblo venezolano, nos hacemos eco de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, cuando señala que “las personas y los grupos sociales están sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del hombre” (GS, 9). En vista de ello, asumimos, con responsabilidad de padres, la misión que nos incumbe: de defender al pueblo, especialmente al pobre y necesitado, dando motivaciones racionales y de fe, que convenzan y den esperanza a todos.

11. Hemos observado y compartido los innumerables signos de luz, ofrecidos por la Iglesia, en las circunstancias que emergen de la pandemia. Reconocemos y bendecimos las diferentes iniciativas de un gran número de agentes que son verdaderos servidores, que, no sin esfuerzo, han sido y están siendo luz en medio de las tinieblas, mediante actividades de ayuda social, como también actos de evangelización en los medios de comunicación: párrocos, Cáritas parroquiales, movimientos de apostolado se han volcado a prestar su aporte, grande o pequeño. También diversas organizaciones no gubernamentales y movimientos religiosos no católicos, han actuado acertadamente en la misión de acompañar y asistir. Especial admiración merece el personal de salud, quienes, cada día arriesgan la vida por servir a los enfermos.

EL SEÑOR SIEMPRE ACOMPAÑA A SU PUEBLO

12. La Palabra de Dios nos proporciona la luz de la fe, con la que podemos caminar seguros y con la mirada en el futuro; pues, nuestra esperanza no descansa en realizaciones o conquistas puramente humanas, sino, única y exclusivamente, en Dios y su Palabra. En el texto bíblico que titula esta Exhortación, Moisés, al despedirse de su Pueblo, le anima a no desmayar ni temer a las naciones enemigas. Les da una voz de aliento que podemos aplicar a nuestro país: “¡Sean fuertes y decididos, no teman ni se acobarden ante ellas! El Señor, tu Dios va contigo, no te dejará ni te abandonará” (Dt 31, 6).

13. El momento actual nos exige a acrecentar nuestra capacidad de creer, muchas veces, golpeada y frustrada por la ausencia de soluciones concretas. Allí, donde parece no haber solución, las sorpresas de Dios pueden aparecer de la forma y en el tiempo menos pensados

LLAMADOS URGENTES

14. Esta confianza plena en Dios nos dispone para la acción. Los cristianos estamos llamados a reconstruir y reedificar la realidad venezolana, impregnándola de oración y de fuerza transformadora del Evangelio, pero también de acción. Implica, en modo particular, renovar nuestra opción preferencial por los pobres e invitar a sumarse a todos los sectores sociales.

15. Exige también que la comunidad política se esmere en el servicio al bien común, ya que, como afirma el Papa Francisco, “la política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de caridad” (Mensaje para la 52ª Jornada Mundial de la Paz). Exhortamos, en modo especial, a los políticos que profesan la fe católica a que, guiados por la Doctrina Social de la Iglesia, marquen el camino y trabajen por un cambio radical de la situación del país. No son los intereses particulares ni el afán de poseer lo que debe guiarles, sino el servicio al pueblo y su bien común.

16. En este sentido, son cada vez más actuales las peticiones hechas por el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolín, “en nombre y por disposición del Santo Padre”, en su carta al Gobierno, el año 2016: “la implementación urgente de medidas destinadas a aliviar la grave crisis de abastecimiento de comida y medicinas; el calendario electoral que permita a los venezolanos decidir sin dilación de futuro; la restitución del rol previsto por la Constitución, cuanto antes, de la Asamblea Nacional; y la aplicación de los instrumentos legales para acelerar el proceso de liberación de los detenidos”.

17. Ante el deterioro progresivo de la situación política venezolana hemos señalado en nuestras recientes Exhortaciones de julio de 2019 y enero de 2020 que se hace necesaria la salida del actual gobierno y la realización de elecciones presidenciales limpias, en condiciones de transparencia y equidad. Somos conscientes, y lo reafirmamos hoy, que los graves problemas del país no se solucionan, sino con cambios sustanciales que respeten la ley, la institucionalidad y la autonomía de los poderes públicos.

18. Pedimos a las instituciones responsables de administrar la justicia, ser verdaderamente eficaces en la defensa de los Derechos Humanos; a los organismos de seguridad les pedimos respetar los Derechos de los ciudadanos y ser garantes de una real seguridad de la ciudadanía. Rechazamos la tortura, condenada por todos los convenios internacionales, y exigimos su total erradicación. A los organismos internacionales, les pedimos estar siempre atentos en la búsqueda de los medios de ayuda humanitaria: les reiteramos el grito del pueblo, de no dejarnos solos

19. Finalmente, hacemos un llamado a toda persona de buena voluntad, sea creyente en Dios o no, a unir nuestras manos, para lograr la deseada libertad de nuestra querida Patria, edificando entre todos la civilización del amor.

20. Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, nos siga acompañando con su maternal protección y nos consiga la gracia de ser constructores de la justicia, la paz, la libertad y el amor del Reino de su hijo Jesús.

Con nuestra afectuosa bendición episcopal.

Obispos y Arzobispos de Venezuela
CXIV Asamblea Ordinaria
Julio, 2020

El gobierno interino de Juan Guaidó alcanzó un acuerdo con una ONG de EEUU para el envío de 90 toneladas de suministros médicos a Venezuela – Infobae – 15 de Junio 2020

Los contenedores de ayuda humanitaria, que llegarán progresivamente en los próximos meses, “incluirán suministros esenciales como guantes, agujas, máscaras faciales, batas médicas y gasas”, entre otros

El gobierno interino de Juan Guaidó acordó el envío de 90 toneladas de ayuda humanitaria para VenezuelaEl gobierno interino de Juan Guaidó acordó el envío de 90 toneladas de ayuda humanitaria para Venezuela

Tanto el gobierno interino de Juan Guaidó como gran parte de la comunidad internacional ven con especial preocupación la crisis sanitaria de Venezuela, que ha empeorado con la llegada del coronavirus. Como parte de sus esfuerzos para paliar esa situación, el gobierno interino informó que llegó a un acuerdo con una ONG norteamericana para el envío de 90 toneladas de suministros médicos.

“La Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en los Estados Unidos anuncia una asociación con Medical Bridges para llevar suministros médicos, soluciones de atención médica y medicamentos para entregar ayuda humanitaria al pueblo venezolano”, señala un comunicado emitido por la embajada venezolana en Washington, que está a cargo de la delegación de Guaidó.

“En un esfuerzo conjunto con la organización sin fines de lucro con sede en Houston, Medical Bridges, y con el apoyo del sector privado, la embajada está organizando la movilización de hasta 40 contenedores de insumos médicos para atender la crisis de salud que hoy azota a Venezuela como consecuencia de la compleja crisis humanitaria creada por el régimen de Nicolás Maduro”, señaló Fernando Blasi, agregado comercial de la embajada.

Detalló, por su parte, que “los 40 contenedores incluyen 90 toneladas de suministros médicos y medicamentos necesarios para ayudar a los proveedores de atención médica del país a brindar servicios de alta calidad a las poblaciones desatendidas y para cerrar la brecha de salud entre Venezuela y el resto del mundo”.

Blasi indicó que los contenedores “incluirán suministros esenciales como guantes, agujas, máscaras faciales, batas médicas y gasas y equipos especializados como máquinas de ultrasonido, endoscopios, mesas de examen, máquinas de rayos X y monitores de pacientes”.

Carlos Vecchio, embajador de Venezuela en EEUUCarlos Vecchio, embajador de Venezuela en EEUU

“Esta iniciativa complementa los grandes esfuerzos y acciones del Presidente Juan Guaidó para llevar la ayuda humanitaria a quienes más la necesitan. Estamos convencidos de que es necesario integrar los sectores privados venezolano e internacional a las políticas públicas para la solución de todos los daños, sufrimientos y dolores más profundos causados por la dictadura”, remarcó el funcionario de la embajada venezolana.

De acuerdo a los informes del gobierno interino, el 51,9% del personal de atención médica denunció que no cuenta con el equipo de protección personal (EPP) necesario para tratar a los pacientes y casi el 50% dijo que no se cumplen con las condiciones adecuadas para la esterilización y los antisépticos.

La embajada sostuvo que la ayuda humanitaria será enviada a Venezuela en los próximos meses, y aclaró que se utilizarán los canales necesarios para evitar que caiga en manos de la dictadura: “El Gobierno provisional tomará todas las previsiones para garantizar que esta útil carga llegue a su destino final”.

Este sábado el régimen de Nicolás Maduro anunció la extensión hasta el 11 de julio del estado de alarma que entró en vigencia el 13 de marzo para hacer frente a la pandemia del COVID-19, si bien en las últimas semanas el país ha flexibilizado el confinamiento pese al aumento en el número de casos.

“El Gobierno Nacional extendió el Estado de Alarma Constitucional por 30 días más”, indicó una nota del partido gobernante PSUV que fue difundida en Twitter por el dictador chavista.

Hasta ahora, Venezuela registra 2.879 casos de coronavirus, la mayoría de ellos en las fronteras que el país comparte con Colombia y Brasil, con 23 fallecidos. Sin embargo, tanto el gobierno de Guaidó como parte de la comunidad internacional aseguran que el régimen manipula la información sobre el verdadero impacto de la pandemia en el país, y que los índicos de contagios y muertes pueden ser aún mayores.

EE.UU. firma un acuerdo sin precedentes con Guaidó para financiar sus políticas por David Alandete – ABC – 9 de Junio 2020

La Casa Blanca busca que el Gobierno de Guaidó tenga liquidez para poder aplicar programas de ayuda a los venezolanos ante la grave crisis humanitaria que padecen

El Gobierno de Estados Unidos ha firmado este martes por primera vez en 65 años un acuerdo bilateral con Venezuela, y lo ha hecho con enviados del presidente encargado Juan Guaidó, al que el grueso de la comunidad internacional considera único gobernante legítimo del país. El primer punto de ese acuerdo es concederles a los opositores al régimen de Nicolás Maduro 214 millones de dólares (195 millones de euros) para que el nuevo gobierno interino pueda invertir en ayudas sociales a la población.

«Así formalizamos nuestra alianza con el gobierno de Guaidó, único interlocutor legítimo en ese país porque es quien de verdad representa los intereses del pueblo venezolano», dijo este martes el administrador de la agencia de ayuda humanitaria norteamericana Usaid, Mark Green, en la firma del acuerdo en Washington. El objeto del pacto es canalizar las ayudas que EE.UU. destina a los venezolanos, que en meses recientes han superado los 568 millones de dólares (518 millones de euros)

Con este acuerdo, con pocos precedentes, la Casa Blanca busca que el Gobierno de Guaidó tenga liquidez para poder aplicar programas de ayuda a los venezolanos ante la grave crisis humanitaria que padecen, que ya ha provocado el éxodo de más de cuatro millones de refugiados. El Gobierno de EE.UU. prevé mandar 99 millones de dólares (90 millones de euros) dentro de Venezuela en los próximos días, aunque no ha explicado cómo va a hacerlo.

Según dijo el embajador venezolano en EE.UU., Carlos Vecchio, el acuerdo, en el que estampó su firma, es «histórico». «Este convenio nos permite fortalecer nuestras capacidades como gobierno interino, fortalecer a la sociedad civil venezolana y luchar por restaurar los derechos humanos», ha dicho. El presidente encargado Guaidó agradeció al Gobierno norteamericano y a Donald Trump la firma del acuerdo en una conexión grabada por videoconferencia.

La diplomacia norteamericana ha participado activamente en la negociación de este acuerdo, que supone un importante espaldarazo para los opositores prodemocráticos en Venezuela.

«El Gobierno norteamericano ha destacado repetidamente lo importante que la transición a la democracia en Venezuela, pero creemos que es importante ir más allá y asegurarnos que el apoyo internacional a los venezolanos va más allá de reconocer al presidente interino Guaidó», dijo Carrie Filipetti, vicesecretaria para Venezuela del departamento de Estado norteamericano.

La salida de John Bolton el mes pasado como consejero de Seguridad Nacional de EE.UU. hizo temer a los opositores venezolanos que el cambio de régimen en su país pasaría a un segundo plano en las prioridades de la Casa Blanca. Sina embargo, los diplomáticos estadounidenses al cargo de las políticas sobre Venezuela defienden que este acuerdo es prueba de que seguirán invirtiendo esfuerzos y fondos en conseguir el relevo de Maduro.

 

Convenio con la OPS ¿quién sale ganando? por Adolfo P. Salgueiro – El Nacional – 6 de Junio 2020

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La experiencia histórica demuestra suficientemente que pocas veces  los enfrentamientos se resuelven con soluciones perfectas. Ni siquiera en los casos en que un vencedor logra imponerse de manera rotunda fijando los más severos términos a la rendición de su oponente, queda garantizada la subsiguiente paz duradera.

En el actual drama político venezolano resulta evidente que ninguno de los dos bandos en pugna tiene la suficiente fuerza como para imponer términos de rendición al otro y es por eso mismo que la brecha que los separa no ha logrado zanjarse desde hace ya más que suficiente tiempo. Quien esto escribe desearía que la usurpación hubiera cesado y que los responsables estuvieran enfrentando la acción de una justicia basada en la ley y exenta del sentimiento de venganza que suele acompañar los enfrentamientos de alta intensidad. Eso es utopía y por la misma razón entendemos que lo mejor es lo que es posible tratando de lograr que sea lo más próximo a lo deseable.

Lo anterior viene a cuenta por el tema del acuerdo suscrito entre el Ejecutivo usurpador y la Asamblea Nacional Legítima, el cual antes de que se seque la tinta de las rúbricas ya ha dado lugar a fuertes críticas originadas en diferentes grupos que hubieran preferido que Maduro & Co. hubiesen arriado sus banderas y la distribución de la ayuda humanitaria que ha de llegar corriera por cuenta de Guaidó & Cia. Haber logrado un acuerdo menos que perfecto ha desatado fuertes epítetos especialmente por parte de aquellos que hubiesen preferido un resultado que solo se pudiera obtener después de que el combo de Miraflores y sus secuaces estuvieran derrocados, presos y –de ser posible– linchados, lo cual, como sabemos, dista de ser el caso.

Este columnista parte de la base de que el principal bien a proteger en las presentes circunstancias es la garantía de la salud y alimentación de aquellos compatriotas cuya necesidad perentoria no puede esperar la tan deseada y deseable restitución de la democracia. Tenemos la casi certeza de que los usurpadores harán lo posible por dificultar la llegada y reparto de la ayuda humanitaria procurando partidizarla e ideologizarla. La mejor ayuda, sin duda, es la que llega sin ataduras, pero el 23 de febrero de 2019 vimos en vivo y directo cómo desde Miraflores se impidió por la fuerza y el terror que ingresaran al país los productos que estaban acumulados en Cúcuta. Si hoy hay que hacer o tolerar o negociar concesiones para lograr colocar insumos en los hospitales o comida en la mesa de los más vulnerables, creemos que así debe ser. No se lo pregunten a un “guerrero del teclado” sino a quien vive la privación.

Cierto es que si se logra acercar la ayuda a quien la necesita con urgencia, el receptor no discriminará si viene de la mano de Maduro, de Lucifer, de Guaidó o de la Organización Panamericana de la Salud. En ese plano es posible que el grupo de Miraflores logre atribuirse parcialmente el éxito. Todo depende de cómo se maneje lo mediático. En política las percepciones suelen tener mayor efecto inmediato que las realidades.

Por otra parte, ha quedado meridianamente evidente que la usurpación, con su séquito de TSJ, CNE, Pdvsa y demás herramientas ha reconocido a la Asamblea Nacional por todo el cañón. Se acabó el cuento del “desacato” y la guachafita del tal Parra con su séquito “chimbo”, así como el de la constituyente, a quienes no se tuvo en cuenta en lo más mínimo. Por un lado firmó un ministro y por el otro un representante de la Asamblea Nacional Legítima. ¡Claro y raspado! Las cláusulas del acuerdo son el detalle menor.

También es cierto que la maniobra es riesgosa toda vez que pudiera generarse la percepción de que los resultados del operativo pretendieran ser exhibidos como un triunfo gubernamental si fueran exitosos o como responsabilidades compartidas  por la oposición y el coordinador designado por la Asamblea Nacional, doctor Julio Castro, si no lo fuesen. Aquí no hay nada que compartir, el desastre existía antes de que se firme el convenio, la usurpación lo mejor –o único– que puede hacer es colaborar no poniendo obstáculos.

A quienes afirman que Guaidó se entregó, o nos traicionó o decidió “cohabitar” con la chorocaria, se les invita a que promuevan u ofrezcan una solución mejor y a más corto plazo en la que los sagrados bienes de la salud y la alimentación que nos corresponden por nuestra condición humana lleguen antes, más abundantes y mejores. De no tener la llave del éxito a mano lo patriótico sería ayudar a empujar la carga entre todos, dejando para después la crítica destructiva en la que nadie se quedará ni con el chivo ni con el mecate.

Colombia y la crisis venezolana: una estrategia fallida por Sandra Borda G. – Nueva Sociedad – 30 de Mayo 2020

Pese a los cálculos iniciales, la estrategia de «cerco diplomático» no logró apartar a Nicolás Maduro del poder. La «operación Cúcuta» para introducir ayuda humanitaria, en la que se embarcó personalmente el presidente Iván Duque, resultó un fracaso. A partir de entonces, Colombia va siguiendo de manera errática la no menos incierta estrategia de Washington.
Colombia y la crisis venezolana: una estrategia fallida

El gobierno de Iván Duque ha transformado profundamente su posición en materia de política exterior frente al gobierno venezolano. En este artículo arguyo dos puntos esenciales: el primero es que esa transformación ha consistido en apoyar inicialmente una salida abrupta y no negociada del régimen de Maduro y lograrla a través de la utilización del denominado «cerco diplomático». La estrategia del cerco diplomático fue una aproximación de mano dura que involucró el reconocimiento del gobierno de Juan Guaidó, la promoción de sanciones en contra del régimen venezolano y diversas formas de presión –unas más radicales que otras–, que estaban destinadas a hacerle inviable al gobierno de Maduro su permanencia en el poder. Ante el fracaso de esta estrategia, la administración Duque primero insistió en mantenerse en su posición a pesar de su soledad y luego, cuando Washington decidió apoyar una transición negociada, Colombia dio un giro pragmático y abandonó la mano dura para respaldar la salida negociada.

El segundo punto se vincula con las razones por las cuales Colombia da un giro tan drástico. La principal causa de este cambio de orientación es que la primera estrategia, la del cerco diplomático, encuentra sus orígenes en la posición tradicional que ha mantenido el partido político del presidente, el Centro Democrático, y su líder natural, Álvaro Uribe. Desde siempre, este sector político ha sido un aliado incondicional del ala más dura de la oposición venezolana y ha compartido con ellos su escepticismo frente a procesos de negociación con el oficialismo y su creencia en la necesidad de propiciar un golpe de Estado con el apoyo de la comunidad internacional. En principio, el gobierno de Donald Trump pareció estar en sintonía con esta propuesta. Pero cuando la apuesta fracasó, sin planes alternativos, Colombia tomó la decisión de alinearse con Estados Unidos en la búsqueda de una transición negociada para Venezuela. El partido político del presidente no cuenta con propuestas alternativas y, como siempre en la historia de la política exterior colombiana, ante la ausencia de un plan concreto, la iniciativa por default es alinearse con las preferencias del gobierno estadounidense. En otras palabras, la motivación para impulsar el cerco diplomático es doméstica, mientras que las razones que explican el giro posterior son de carácter internacional y responden a la necesidad de un reacomodamiento frente al cambio de posición de Washington.

El cambio en la racionalidad política del gobierno colombiano se da en tres tiempos: el primero fue el publicitado «cerco diplomático», el segundo es el de las negociaciones de Barbados y el tercero es el de zanahoria/garrote que implementa el gobierno de Trump justo en el momento más álgido de la pandemia de Covid-19. A continuación, explico brevemente las características claves de cada uno de estos momentos y describo tiene lugar cómo el cambio de posición del gobierno colombiano.

Momento 1: el cerco diplomático

Al inicio de 2019, el gobierno colombiano puso en marcha su estrategia más ambiciosa frente al régimen bolivariano. El denominado «cerco diplomático» buscaba intensificar la presión internacional a través del reconocimiento de un gobierno alternativo presidido por Guaidó. La idea era que si muchos Estados, incluyendo Estados Unidos, reconocían un gobierno alternativo, ello reduciría sustancialmente la legitimidad internacional de Maduro, lo que, sumado a un endurecimiento del régimen de sanciones pondría al oficialismo contra la pared y no le dejaría salida distinta a dejar el poder. El corolario de esta estrategia fue el intento de introducir ayuda humanitaria desde Cúcuta organizado entre el gobierno colombiano y sectores de la oposición venezolana y del gobierno estadounidense. Se suponía que si la ayuda lograba pasar la frontera, en el marco de una esperada movilización social, iría a sectores seriamente afectados por la crisis económica en Venezuela y eso le restaría apoyo interno al gobierno. Adicionalmente, miembros de la oposición también insistieron en que ello debilitaría la relación entre Maduro y los militares y se producirían deserciones importantes.

La expectativa era alta, y en Colombia el gobierno y sectores de la derecha estaban convencidos de que este sería el golpe de gracia contra el gobierno de Maduro. Duque había logrado construir una importante coalición en el Grupo de Lima, que si bien no estaba dispuesta a apoyar ninguna transición de facto en Venezuela, sí se mostraba dispuesta a respaldar la presión creciente en contra del gobierno y en favor de Guaidó. El gobierno colombiano se mostró ambiguo sobre la posibilidad de apoyar un golpe de Estado. En algunas ocasiones el presidente Duque dijo que no apoyaría una salida de facto y en otras insistió –haciéndoles eco a las mismas declaraciones de Trump– en que todas las opciones estaban sobre la mesa. La fe del gobierno colombiano era tan inamovible que Duque declaró en ese momento que el gobierno de Maduro tenía los días contados.

En el marco de este proceso, el territorio fronterizo adoptó en esta coyuntura una gran visibilidad y se observó una avalancha de presencia estatal, probablemente sin precedentes en la historia de la relación binacional entre Colombia y Venezuela. Como es el caso con casi todos los territorios fronterizos colombianos, la presencia del Estado en materia militar y de prestación de servicios también es insuficiente en esta región. De hecho, del lado colombiano del límite la reducida presencia de la fuerza pública es particularmente preocupante. Ello ha facilitado el surgimiento de múltiples formas de criminalidad organizada, de economías informales, de contrabando y, en general, de caos y ausencia total de autoridad y de Estado de derecho. También en el campo de los grupos ilegales la situación vuelve a ser preocupante: las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército Popular de Liberación (EPL) que operan en la zona, los frentes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las bandas criminales ahora coadyuvadas por miembros de los carteles mexicanos parecen ser problemas mucho más endémicos del lado colombiano de la línea fronteriza. Los principales afectados por este terrible caldo de cultivo son justamente los habitantes de esta zona, que no solo no encuentran autoridades legítimamente constituidas cuando están en situación de vulnerabilidad frente a los numerosos actores ilegales, sino que además no encuentran formas de satisfacer mínimamente sus necesidades en materia de seguridad, de salud y de educación.

En este escenario y casi de un día para el otro, Cúcuta, la ciudad más importante de esta región fronteriza, se vio inundada de funcionarios de alto nivel del gobierno de Estados Unidos y del gobierno colombiano. La logística de la operación humanitaria convirtió una zona tradicionalmente abandonada e ignorada por todos en un foco de atención regional e internacional. El mismo secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, acudió a la cita e incluso emitió unas polémicas declaraciones de las que más tarde se tuvo que retractar en las que, fruto del entusiasmo del momento, parecía avalar una intervención militar para derrocar a Maduro. Los presidentes Sebastián Piñera de Chile y Mario Abdó de Paraguay y el grueso de la bancada republicana latina del Congreso estadounidense también se hicieron presentes en el lugar; artistas, celebridades y, por supuesto, la avalancha de medios de comunicación y de emisiones en vivo convirtieron el lugar en el epicentro de la atención regional.

El resultado fue muy distinto del esperado. Los camiones con ayuda humanitaria no lograron atravesar la frontera. La fuerza pública venezolana y varios civiles lo impidieron, e incluso uno de los camiones fue incendiado y la autoría del episodio fue objeto de múltiples especulaciones. Adicionalmente, las deserciones que se presentaron en el ejército venezolano fueron de muy bajo perfil y reducidas en número; en ningún sentido constituyeron una amenaza sustancial para el gobierno. El tiempo pasó, Maduro se quedó y Estados Unidos y varios países de la región empezaron a perderle fe a la alternativa que con tantos bombos y platillos había anunciado el presidente colombiano. El «cerco diplomático» se diluyó mientras Guaidó seguía intentando mover el ajedrez internacional en su favor y Duque abandonaba el tema gradualmente. Su baja popularidad en el ámbito interno lo obligó a desistir de la grandilocuente empresa en Venezuela y a prestarle un poco más de atención a la construcción de gobernabilidad en su propio país.

Momento 2: Conversaciones en Barbados

A finales de mayo de 2019 y en medio de la gran polarización que resultó de la fallida «operación Cúcuta», representantes de los dos «gobiernos» (el de Maduro y el de Guaidó) iniciaron conversaciones para buscar una salida negociada a la crisis. La delegación de Maduro estaba conformada por el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez y el gobernador del estado Miranda Héctor Rodríguez, y por parte de la oposición viajaron el vicepresidente de la Asamblea Nacional Stalin González y los asesores políticos Gerardo Blyde y Fernando Martínez. A pesar de que Estados Unidos declaró en varias ocasiones que no apoyaría ningún tipo de conversación que no trajera como resultado la salida definitiva de Maduro del poder, el enviado especial Elliott Abrams les hizo un par de guiños a los diálogos en Barbados y dio señales de que el gobierno de su país estaría dispuesto a apoyar los diálogos si Maduro dejaba en claro que esta vez sí se tomaría en serio la negociación.

Sin embargo, en septiembre de 2019 tanto el gobierno de Maduro como la oposición ya se habían levantado de la mesa y era evidente que los intentos de buscarle una salida institucional a la crisis venezolana habían sido hasta el momento infructuosos. En esta coyuntura, el gobierno colombiano prefirió guardar un silencio elocuente. Después del desvanecimiento del «cerco diplomático», Duque no tenía forma de convencer a su base electoral ni a su partido de virar hacia el apoyo a una negociación. Ello constituiría una suerte de abandono del objetivo central de sacar a Maduro del poder. Por esta razón, para poder moverse estratégicamente y no marginarse del juego de la transición venezolana, el mandatario colombiano debía esperar a que Estados Unidos diera señas más contundentes de apoyar una negociación. Si Washington mostraba su apoyo, Duque podría presentar el cambio en su posición como una forma necesaria e irremediable del tradicional e histórico alineamiento de la política exterior colombiana con los intereses de Estados Unidos. Esa era la única forma de hacer digerible para su base electoral y su propio partido semejante cambio.

Momento 3: el garrote y la zanahoria de Washington

La penúltima semana de marzo de 2020 y después de meses de silencio interrumpidos solo por el reconocimiento público de Trump a Guaidó en el discurso del estado de la Unión, el gobierno estadounidense tomó la decisión de acusar a Maduro y a más de una docena de miembros de su gobierno de «narcoterrorismo», ya con la pandemia de Covid-19 declarada y con el clima electoral anticipado por las primarias.

Pero pocas semanas después quedó claro que la estrategia era un poco más complicada. El 31 de marzo, el gobierno estadounidense ofreció levantar las sanciones impuestas a Venezuela a cambio de que la oposición y Maduro acordaran una forma de gobierno interino de transición. En una buena medida, la nueva propuesta de Washington se vincula con el momento de gran presión que soporta el gobierno de Venezuela, presión que, si este cálculo funcionara, debería empujarlo hacia una mesa de negociación. El ofrecimiento de una recompensa por la captura de Maduro anunciado solo una semana antes, el declive de los precios internacionales del petróleo activado por la reciente disputa entre Rusia y Arabia Saudita, la posterior y más definitiva baja de los precios del petróleo hasta los números negativos por cuenta de la pandemia global, la negativa del Fondo Monetario Internacional (FMI) a brindar un alivio a Venezuela y el efecto de las sanciones estadounidenses llevaron al gobierno de Trump a formular una nueva propuesta titulada «Marco para la Transición Democrática y Pacífica en Venezuela», que traza un «camino secuencial de salida» a las sanciones si el gobierno de Maduro coopera.

En esta propuesta, Maduro y Guaidó tendrían que dar un paso a un lado y no podrían ser parte del gobierno de transición. La Asamblea Nacional –controlada por la oposición– elegiría un gobierno de transición que incluiría a todos los sectores políticos y que gobernaría hasta que llegara el momento de las elecciones, algo que tendría que suceder en los siguientes seis o doce meses. Elliot Abrams precisó además que el plan no obligaría al exilio de Maduro y que este, en teoría, podría incluso participar en las elecciones. Adicionalmente, el secretario de Estado Mike Pompeo señaló que la propuesta también incluiría la salida de todas las fuerzas de seguridad extranjeras de territorio venezolano, particularmente las cubanas y rusas, y solo cuando ello ocurriera serían levantadas las sanciones impuestas sobre el sector petrolero y la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y sobre integrantes del gobierno de Maduro. El ministro de Relaciones Exteriores Jorge Arreaza la definió como un «esfuerzo para ganar ventaja geopolítica en el contexto de una pandemia global».

La reacción del gobierno colombiano no se hizo esperar. El mismo día, el presidente Duque señaló que la propuesta de Washington estaba en línea con la política exterior colombiana, que se centra en cuatro aspectos: «el fin de la usurpación, un gobierno de transición con participación amplia, la convocatoria de elecciones libres y la activación de un plan de recuperación económica». Para Duque, se trata de «una evolución positiva de la consistencia del cerco diplomático» y de ningún modo del resultado del fracaso de Guaidó y de la estrategia de Colombia para respaldarlo. De esta forma, Duque le puso fin a su propia insistencia en encontrar una salida a la crisis venezolana que no implicase un proceso de negociación. Su desacuerdo y falta de apoyo a las negociaciones que se adelantaron en Barbados en 2019 terminó convertido en un apoyo a la transición pactada propuesta por Estados Unidos y que se basa primordialmente en las conversaciones que han tenido lugar previamente y que el gobierno colombiano desaprobó. Es apenas natural que Duque, en su esfuerzo por no quedar marginado del proceso venezolano, presente la iniciativa de Washington como una derivación de la suya propia, pero lo cierto es que tanto el gobierno estadounidense como el colombiano fracasaron en su intento de buscar una salida forzada al régimen de Maduro, y ante ese fracaso, hoy están buscando formas de acercarse a una transición negociada.

Epílogo: el papel de la OEA

Es poco lo que se sabe sobre lo que ha pasado después de la propuesta de negociación del gobierno de Estados Unidos. El mundo ha entrado en una suerte de paréntesis por cuenta de la pandemia y es apenas natural que la dinámica de la transición venezolana se haga más lenta y difícil en un mundo a media marcha. En el marco de un manejo equívoco e improvisado, la potencia norteamericana se ha convertido en el epicentro de la pandemia: el número de contagiados y de personas que han perecido debido al Covid-19 ya lleva varias semanas en aumento y, al momento de escribir este artículo, 30 millones de personas habían perdido sus empleos por cuenta de la crisis; es muy probable que ello tenga un costo político importante para las aspiraciones de reelección de Trump. Así las cosas, en la medida en que haya un retorno gradual a la normalidad (o a los rezagos de normalidad que nos queden después de esta crisis), es posible que Washington vuelva a poner las luces sobre Venezuela e insista en una transición rápida. En un escenario de esta naturaleza, es igualmente probable que el gobierno de Duque acompañe esa iniciativa.

Un espacio adicional y amplio debe ser dedicado al análisis del papel que jugaron en estos tres momentos las organizaciones multilaterales regionales, y en particular la OEA. Almagro fue un gran entusiasta del «cerco diplomático» propuesto por Duque y de la estrategia de «mano dura» del momento 1 descrito en este artículo. Almagro, al igual que Duque, no suscribió ni promovió durante este último año y medio la posibilidad de una eventual negociación. Al contrario, desde muy al inicio de la crisis venezolana su posición ha sido la de lograr la salida de Maduro a como dé lugar y con la mayor prontitud. Ello ha producido un efecto difícil de superar para la OEA: al haberse alineado abiertamente con el discurso más radical del ala más extremista de la oposición venezolana, ahora será muy difícil que la organización multilateral pueda contribuir de alguna forma al logro de una salida negociada. No hay ni la más mínima credibilidad sobre la posibilidad de que la OEA sea percibida como neutral por las partes en conflicto. Esta es precisamente la razón por la cual la participación de la OEA en los momentos 2 y 3 ha quedado desplazada a los márgenes. A menos que Almagro logre reacomodarse, como lo ha hecho Duque, a las nuevas preferencias de Washington en favor de una transición dialogada e institucional, es muy poco probable que la OEA se reactive y asuma un papel protagónico en la búsqueda de una salida al atolladero venezolano que puede, eventualmente, significar la actual coyuntura.

La comunidad internacional compromete más de 2.500 millones para los países de acogida del éxodo venezolano por Alvaro Sánchez / Lucía Abellán – El País – 26 de Mayo 2020

Los fondos buscan mejorar las condiciones de vida de más de cinco millones de migrantes

El jefe de la diplomacia comunitaria, Josep Borrell, durante una rueda de prensa en Bruselas, el mes pasado. En vídeo, Borrell en la conferencia de donantes este martes. OLIVIER HOSLET (REUTERS) | EP

Con la pandemia esparciéndose sin freno por América Latina, nuevo epicentro del coronavirus, la situación de los más de cinco millones de migrantes venezolanos repartidos por los países vecinos se agrava. Dirigentes de 40 países y organizaciones internacionales aunaron fuerzas este miércoles en un acto organizado por la UE y España para lanzar un paquete de ayuda que limite las consecuencias del éxodo. La iniciativa sumó compromisos por 2.544 millones de euros, siendo la mayor parte préstamos. Solo 595 millones son desembolsos directos de los países. El resto constituye otro tipo de apoyo financiero.

A los países limítrofes con Venezuela se les acumulan los problemas justo cuando tratan de amortiguar el brutal impacto de la masiva llegada de inmigrantes. Colombia, Perú, Ecuador, Chile y Brasil, principales destinos, se han topado con una virulenta emergencia sanitaria que ha tensado al extremo la capacidad de sus sistemas de salud y educación para atender a los recién llegados. “Durante demasiado tiempo, los países que acogen a los refugiados lo han hecho con poca ayuda. Ahora tenemos una gran oportunidad de marcar la diferencia y movilizar recursos”, pidió al inicio de la conferencia Filippo Grandi, alto comisionado de Naciones Unidas para los refugiados.

La UE y España asumieron la organización de la respuesta internacional para aportar algo de oxígeno a los Gobiernos latinoamericanos. La recaudación superó las expectativas, con una cantidad que cubre las necesidades para 2020. Antes del evento, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) cifraron en 1.410 millones de dólares (1.285 millones de euros) los fondos necesarios para este año. “Hemos cumplido con una asignatura pendiente que tenía la UE. Las contribuciones son muy significativas y debemos felicitarnos”, celebró el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell.

Entre los donantes, la presencia más significativa fue la de Estados Unidos, ausente de otras iniciativas multilaterales de trascendencia como la recogida de fondos para financiar una vacuna contra el coronavirus. Washington anunció una aportación de 200 millones de dólares, por encima de los 144 millones de euros a los que se comprometió Bruselas, aunque estos van acompañados de 400 millones en préstamos del Banco Europeo de Inversiones.

La contribución estadounidense fue bien recibida por la UE, que aspira a recuperar el diálogo político con Venezuela de la mano de Washington. La Casa Blanca sugirió el mes pasado una solución intermedia en la que tanto Nicolás Maduro como Juan Guaidó dejaran paso a un Gobierno de concentración que manejara la transición. Y Borrell dijo tomar nota “positivamente” de la idea.

Durante la conferencia, en la que los ministros de Exteriores fueron interviniendo uno a uno por videoconferencia para anunciar sus aportaciones, los representantes de los países de acogida se mostraron dispuestos a seguir atendiendo a los inmigrantes, y no escatimaron ataques al régimen de Maduro. “Los venezolanos huyen del peor régimen totalitario que hayan conocido jamás”, arremetió el canciller brasileño, Ernesto Araújo. “Si no termina rápidamente esta dictadura la situación se va a agravar”, añadió el presidente colombiano, Ivan Duque, que dijo temer que el éxodo, el segundo mayor global solo por detrás del sirio, acabe llegando a los siete millones de desplazados. Argentina se mostró contraria a las sanciones impuestas.

Agilidad de los pagos

Una de las principales inquietudes de España y los países de acogida es garantizar la agilidad de los pagos. En la mente de los organizadores pesa la experiencia del pasado octubre, cuando una conferencia de solidaridad con Venezuela organizada en Bruselas recaudó 120 millones que aún no han sido desembolsados.

En esta ocasión, los organizadores tienen la intención de recuperar la cantidad que quedó en el limbo y de facilitar un desembolso rápido. “La covid-19 ha incrementado las urgencias. No se puede esperar más para canalizar este dinero”, explican fuentes de Exteriores. La fórmula acordada consiste en que cada donante identifique a los destinatarios de su partida, ya sean directamente los países que más refugiados acogen o los proyectos de las organizaciones humanitarias sobre el terreno. Con este esquema se busca evitar la creación de una nueva plataforma para la conferencia “que demoraría aún más el devengo”, argumentan estas fuentes. El riesgo de este mecanismo, que deja a criterio de cada donante, es que la distribución de dinero entre los países que acogen a los refugiados resulte desigual.

En un contexto económico adverso, con caídas del PIB que en muchos casos rondan los dos dígitos por el parón de la actividad derivado del confinamiento, la capacidad de movilizar recursos de la comunidad internacional tenía algo de incierto. “Podemos estar satisfechos”, concluyó la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya.

Ahora la mayor inquietud es que las promesas se desvanezcan según empeoren las perspectivas financieras. Ante la desconfianza de que así suceda, el Gobierno canadiense se ha comprometido a organizar otra conferencia de seguimiento de esos fondos.

Revista Avila/Montserrate # 46 – 15 de Mayo 2020

El venezolano que no desampara a los migrantes vulnerables en Chile por Tahiana González – eldiario – 17 de Mayo 2020

Su nombre es José Durán. A través de su fundación Un Vene Ayuda ha recolectado insumos y alimentos para colaborar con los más vulnerables por la llegada del Covid-19

Las ganas de ayudar de José Durán cruzaron fronteras. Este migrante venezolano comprometido con los demás, no se fija en nacionalidades para dar la mano y apoyar a los más necesitados.

Su labor social la realiza desde hace dos años a través de la fundación que dirige, Un Vene Ayuda, la cual opera en Santiago de Chile. Desde allí se encarga de ayudar a los más vulnerables. Ahora con la llegada del Coronavirus de Wuhan al país ha intensificado su trabajo.

Foto: Cortesía

En entrevista para El Diario, el venezolano contó detalles de su trabajo en pro de contribuir a los demás, especialmente en estos momentos de crisis por la pandemia.

Una mano para Chile 

Cuando los casos de Covid-19 comenzaron a aumentar en el país y el confinamiento se hizo obligatorio, Durán decidió tomar cartas en el asunto y lanzó la campaña Una mano para Chile, iniciativa  con la que ha solicitado donaciones de alimentos, insumos y ropa para familias en situaciones críticas. En su mayoría ciudadanos venezolanos.

He tomado como prioridad a niños, mujeres embarazadas y adultos mayores”, detalla.

La campaña ha tomado más fuerza con la delicada situación de los inmigrantes de varios países de la región que pernoctan a las afueras de las embajadas por no contar con un trabajo que les genere ingresos, lo que impide que puedan pagar alquileres.

El joven ha logrado recolectar –junto con otras organizaciones civiles– colchones, alimentos no perecederos, agua, insumos y ropa de invierno para los venezolanos que llevan más de 12 días durmiendo en un campamento improvisado en los alrededores de la sede diplomática venezolana.

Así mismo, a través de sus redes sociales ha solicitado apoyo para atender a un grupo de ciudadanos colombianos que también están durmiendo afuera de la sede de la embajada de su país.

“Todo es con el fin de ayudar a aquellas personas o familias que sean menos favorecidas. chilenos, haitianos, venezolanos, todas las nacionalidades. La ayuda es para cualquiera que lo necesite”, expresó.

Coronavirus en Chile

A partir de este viernes 15 de mayo inició la cuarentena total para la ciudad de Santiago y seis comunas (municipios) aledaños. También en las ciudades de Iquique, Alto Hospicio, Antofagasta y Mejillones.

En ese sentido, alrededor de 8 millones de personas permanecen en confinamiento en Chile, con el fin de evitar la propagación del Covid-19.

En el país sureño se han confirmado hasta la fecha más de 41.428 casos, de los cuales 421 han muerto y 18.014 se han recuperado.

Pero el virus no solo ha atacado a las personas, la economía a nivel mundial también se ha visto afectada. En Chile, se registraron 238.115 despidos solo en el mes de abril, lo que ha afectado principalmente a la comunidad migrante del país que deben pagar alquileres de viviendas, además de los servicios básicos.

Esta situación de los migrantes ha sido para Durán como un tornado en sus recuerdos. Contó a El equipo de El Diario que su madre había desaparecido por dos meses, cuando él apenas tenía 11 años, tras sufrir la pérdida de su hogar en la tragedia de Vargas.

“Yo vivía con una tía, no sabía nada de ella (mamá), no sabía dónde estaban mis hermanitos. Fueron días muy difíciles y ver a tanta gente que sufre me recuerda lo que yo sufrí”, confesó con nostalgia.

Inicios de la labor social

José Durán nació en Caracas pero su formación académica está ligada a otras entidades del país. Estudió primaria en el estado Mérida y luego la universidad en Zulia, donde se graduó como Administrador de Empresas e Ingeniero en Computación.

La tristeza del episodio que vivió de niño al no saber de su mamá y sus hermanos fueron el impulso para adentrarse a la labor social que lo inició en su período universitario, donde ayudó a niños en situación de calle en la ciudad de Maracaibo.

El 5 de julio de 2014 decidió migrar a Chile con la intención de cumplir sus sueños en otras tierras. Desde su llegada solo tenía una meta: seguir ayudando al prójimo.

No fue sino hasta en diciembre de 2018 que arrancó con su fundación Un Vene Ayuda, junto a la campaña Vene Santa en Navidad.

“Recolecté entre mis conocidos regalos, dulces y me vestí de Santa. Fui a la comunidad Puente Alto porque siento que es la comuna con más necesidad, en donde hay mucha más vulnerabilidad”, comenta sobre aquellos inicios lejos de su tierra natal.

Foto: Cortesía

El venezolano también ha realizado campañas para la temporada de invierno (entre junio y septiembre), recolectando abrigos y frazadas (cobija para soportar las bajas temperaturas) para las personas más necesitadas.

Durán aseguró que en estos dos años ha logrado ayudar un promedio de 400 personas, incluyendo niños y adultos mayores.

Incluso la ayuda ha seguido llegando a Venezuela. En 2019 pudo enviar dinero a unos allegados en el país para entregar alimentos en un liceo en Mérida, con motivo del Día de la Madre.

“Quisiera realizar más porque Venezuela lo amerita, lo necesita”, recalcó.

José Durán comentó que espera a futuro poder crear una organización en la que pueda haber voluntarios y así ayudar en mayor escala.

La labor social es la motivación diaria de José, quien demuestra a través de sus redes sociales la satisfacción que le causa poder ayudar a las personas que necesitan una mano amiga.

Mitos, egos y torpeza: anatomía de un complot disparatado en Venezuela por Javier Lafuente/ Francesco Manetto – El País – 16 de Mayo 2020

La Operación Gedeón fracasó tras un año de choques entre exmilitares, políticos y contratistas que conspiraron desde Colombia. EL PAÍS reconstruye los pasos del último plan contra Maduro

Fuerzas de seguridad de Venezuela patrullan la costa de La Guaira, donde se produjo el intento de incursión marítima.
Fuerzas de seguridad de Venezuela patrullan la costa de La Guaira, donde se produjo el intento de incursión marítima.RAYNER PEÑA / EFE

Alrededor de cincuenta hombres, dos lanchas rápidas, diez fusiles y un plan suicida. El enésimo intento de derrocar a Nicolás Maduro se quedó en un rocambolesco desembarco en dos playas próximas a Caracas, Chuao y Macuto, y fue desactivado en cuestión de horas el pasado 3 de mayo. La llamada Operación Gedeón dejó al menos siete muertos y decenas de detenidos, entre los que se encuentran exoficiales venezolanos y dos mercenarios estadounidenses. Pero ese episodio, que se enmarca en el clima belicista alentado por el sector más radical de la oposición al régimen chavista, solo es el epílogo de una larga historia. Transcurre entre Colombia —cuyos servicios de inteligencia y Gobierno quedan cuestionados—, Estados Unidos y Venezuela, y en ella intervienen políticos, militares, empresarios, contratistas, asesores de seguridad. El resultado es una muestra de la capacidad de penetración de la inteligencia del aparato bolivariano.

La incursión en la costa caraqueña de hace dos semanas es, hasta el momento, el capítulo más disparatado para intentar desestabilizar al Gobierno de Maduro. Pero no ha sido el único. El relato de lo sucedido, reconstruido por EL PAÍS gracias a los testimonios de una decena de fuentes conocedoras de los hechos, refleja el descontrol de una estrategia consecuencia de una guerra de egos que, en definitiva, se ha convertido en un bumerán que ha asestado un golpe a Juan Guaidó. El líder de la oposición rechaza, sin matices, estar involucrado e incluso haber estado al tanto de la Operación Gedeón, mientras el malestar internacional e interno, dentro de la oposición, no ha hecho sino crecer y una pregunta se repite desde hace dos semanas: ¿cuál va a ser la siguiente sorpresa?

“La caída de Nicolás Maduro se ha vuelto un negocio, es cuestión de tiempo”. La euforia con la que una persona muy cercana a Guaidó pronunciaba esta frase en febrero del año pasado, en un restaurante de Caracas, cobra más sentido con el paso del tiempo. El dirigente opositor, reconocido como presidente interino de Venezuela por más de 50 países, acababa de regresar entonces de una gira por Sudamérica después de cruzar la frontera para asistir al intento de entrada de ayuda humanitaria por Colombia en uno de los momentos políticos más tensos vividos en Venezuela. Desde entonces, se han producido varios acercamientos, al menos cuatro, de personas o empresas que se presentan bajo el eufemismo de compañías de seguridad, ofreciendo sus servicios para de una u otra manera propiciar la caída de Maduro o fortalecer lo que surgiese de ella.

El hervidero de Cúcuta

Para entender las premisas de las últimas conspiraciones hay que viajar a la ciudad fronteriza de Cúcuta (Colombia) en los días previos al 23 de febrero del año pasado. La localidad era un hervidero de operadores políticos, uniformados, representantes de agencias de inteligencia de distintos países, inversores con intereses en una transición en el país vecino, cooperantes y miles, decenas de miles de personas vinculadas a la oposición. En vísperas de esa jornada, cuando fracasó la operación promovida por Bogotá, Washington y la oposición al chavismo para introducir en Venezuela camiones con ayuda humanitaria, se celebró un concierto organizado por el magnate británico Richard Branson. Entra en escena entonces una figura clave en el último plan contra Maduro. Se trata de Jordan Goudreau, exmiembro de las fuerzas especiales de Estados Unidos, veterano de Irak y Afganistán y hoy representante de la firma de seguridad privada Silvercorp, con sede en Florida. Durante esos días Goudreau se encargó de la protección de los artistas, pero también encontró un terreno fértil para intentar hacer negocios.

Nicolás Maduro muestra los documentos de los dos ciudadanos estadounidenses detenidos.
Nicolás Maduro muestra los documentos de los dos ciudadanos estadounidenses detenidos. PRENSA MIRAFLORES / EFE

En ese momento Venezuela vivía días de turbulencias políticas después de que en enero Guaidó se proclamara presidente del país y en las filas opositoras varios cargos vislumbraron la posibilidad de formar una especie de ejército particular para intentar una incursión. Cúcuta era el epicentro de esos movimientos. “De los 1.700 hombres que Venezuela tuvo en los refugios encargados por el Gobierno colombiano y manejados por ACNUR [para recibir a venezolanos que querían salir del país], solamente 163 fueron los que en verdad pasaron de Venezuela hacia Colombia el 23 y los días siguientes”, relata una fuente al tanto de los movimientos de los militares desertores. “El resto era personal militar, policial, bomberos que estaban dispersos en América e inclusive algunos en Europa. Fueron llegando sencillamente porque pensaban que se iba a organizar una operación”.

Un exgeneral con ínfulas cercano a Chávez

Pero las expectativas de estos opositores que vieron la posibilidad de lanzar una operación contra Maduro quedaron frustradas. Sin liderazgo ni referentes, no tuvieron más alternativas que encerrarse en esos centros de acogida. El único nombre que aún resonaba entre ellos era el de Clíver Alcalá. Este exgeneral fiel a Hugo Chávez rompió con Maduro en 2016 y se fue a Colombia. Al menos dos fuentes que trabajaron a su lado en las fuerzas armadas venezolanas, y otras tantas que lo han seguido de cerca desde el ámbito político, lo describen como “una persona carismática, con mucha voluntad, mucho empuje: desde sus tiempos de servicio activo tenía fama de abusador, desviaba el poder, no respetaba, actuaba con mucha furia y apoyó al régimen en la mayoría de los desmanes que había cometido”.

Hace un mes y medio, a finales de marzo, Alcalá fue acusado formalmente por Washington de tráfico internacional de drogas. Fue incluido en una lista en la que aparece junto a la cúpula del chavismo. El exgeneral, que residía en Barranquilla, en el Caribe colombiano, decidió entonces entregarse a la DEA, pero antes habló públicamente de un complot para derrocar a Maduro que se estaba organizando en Colombia e hizo referencia a la incautación de un arsenal de armas.

El exgeneral venezolano Clíver Alcalá, en 2016.
El exgeneral venezolano Clíver Alcalá, en 2016. JUAN BARRETO / AFP

Fue precisamente Alcalá el primero en hablar de un contrato estipulado el pasado mes de octubre por el equipo de Guaidó con Jordan Goudreau y su empresa, Silvercorp, que estaría detrás del desembarco en la costa caraqueña de hace 15 días. Juan José Rendón, conocido como JJ, un controvertido asesor del líder opositor que ha participado en campañas de muchos políticos latinoamericanos y al que siempre se han atribuido operaciones oscuras, admitió hace unos días haberlo firmado. “Era una exploración para ver la posibilidad de captura y entrega a la justicia de miembros del régimen”, reconoció el consultor en la CNN, que exculpó a Guaidó ante la aparición de su supuesta firma en los mismos documentos. Rendón, que llegó de la mano de Leopoldo López, dimitió de su cargo, pero la tibieza del líder opositor, que aceptó la renuncia aunque en un principio evitó despedirlo pese a las presiones internas, ha suscitado un enorme malestar en la oposición ante lo que consideran la imposibilidad de romper con su jefe.

El hecho de que Colombia —país que comparte con Venezuela más de 2.200 kilómetros de frontera y destino de cerca de 1,5 millones de venezolanos que en los últimos años migraron en busca de oportunidades— fuera la base de operaciones hace un año para fraguar un intento de golpe pone de por sí la lupa sobre sus autoridades. Por complicidad o por omisión. Alguien de la cadena de mando militar debió de estar al tanto, al menos hasta cierto momento. Aunque todos, empezando por el presidente, Iván Duque, se desvincularon rotundamente de lo sucedido y formalmente el Gobierno instó a los dirigentes opositores en el exilio a informarles de cada paso. Las dudas sobre si un sector de la inteligencia colombiana próximo al expresidente Álvaro Uribe actuó con el beneplácito de este, pero no del de Duque, cobran fuerza con el paso de las semanas y por la versión de diferentes fuentes, tanto venezolanas como colombianas.

Esos planes, en cualquier caso, se pusieron en marcha justo después del 23 de febrero de 2019. Alcalá, con fondos procedentes de la oposición, comenzó a organizar unos campos de entrenamiento cerca del municipio colombiano de Riohacha, en el departamento caribeño de La Guajira. Se trata de un territorio poco poblado en el que se mezclan desierto, selva y montaña que linda con Venezuela y que él conoce debido a vínculos familiares y a su pasado como comandante en esa región, en la que estrechó lazos con guerrilleros de las FARC. Los ordenadores incautados en 2008 al entonces número dos de la guerrilla, Raúl Reyes, revelaban la cercanía entre Alcalá e Iván Márquez, jefe negociador de la guerrilla en La Habana, hoy un líder disidente que rompió con los acuerdos de paz.

Operadores políticos

Mientras tanto, en Caracas se intensificaba el pulso entre Guaidó y Maduro. El país sufría una crisis eléctrica sin precedentes y tomó vuelo otra opción, que se manejaba en paralelo. Todas las fuentes consultadas coinciden en que en todo momento ha habido múltiples planes sobre la mesa; pocos se explican cómo el más disparatado de todos fue el que terminó por desarrollarse. Fue la asonada del 30 de abril de 2019. Tenía el objetivo de provocar una ruptura de las fuerzas armadas y facilitar una etapa de transición con la participación de algunos altos cargos chavistas. Como los demás intentos, fracasó y terminó con un incremento de la tensión y la liberación de Leopoldo López después de pasar tres años encarcelado y casi dos en arresto domiciliario. El dirigente opositor y líder del partido Voluntad Popular encontró resguardo horas después en la residencia de la Embajada de España en Caracas, donde todavía permanece.

Esa operación se precipitó, según al menos dos fuentes, debido a la insistencia del mayor del Ejército venezolano Javier Nieto Quintero, que fue precisamente quien junto a Goudreau reivindicó el intento de incursión marítima de hace dos semanas. El fracaso del plan de abril de 2019 provocó una desbandada. El exjefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) Cristopher Figuera, que participó en esos hechos, huyó a Estados Unidos tras pasar unas semanas en Colombia. “El personal militar se quedó sin padre ni madre. Los que estaban en Cúcuta se quedaron definitivamente aislados en sus refugios y los que estaban con Clíver Alcalá también quedaron aislados en el campamento de Riohacha. Y los que estaban en Venezuela, por supuesto, temerosos de la acción del Gobierno debido al control público que se hacía”, resume un oficial.

Asistentes al concierto organizado en Cúcuta en vísperas del 23 de febrero de 2019.
Asistentes al concierto organizado en Cúcuta en vísperas del 23 de febrero de 2019. FERNANDO VERGARA / AP

¿Qué pasó entre abril de 2019 y mayo de 2020? Para empezar, entran en escena dos operadores políticos próximos a Leopoldo López. Ya a mediados de mayo del año pasado, Lester Toledo, que había sido uno de los coordinadores de la ayuda humanitaria, y Jorge Betancourt, organizan reuniones en Bogotá para explorar posibles acciones. Lo hicieron, durante esas semanas, en al menos tres ocasiones. Sobre la mesa estaba el plan que estaba diseñando Goudreau. El exmilitar norteamericano proponía en un primer momento entrar por las líneas fronterizas, ir destruyendo a los grupos de las FARC y del ELN, y posteriormente insistía en entrar con 300 hombres por la costa a través de La Guaira.

Pero otros sectores de la oposición al tanto de estos planes los consideraron disparatados desde el comienzo. “Para conquistar una cabeza de playa hay que tener un volumen de fuego y una cobertura aérea suficiente, más cuando te estás metiendo en el centro del poder militar venezolano. En La Guaira solamente está el cuerpo de infantería de la Marina, pero tienes a Caracas cerca y dos batallones de infantería muy poderosos que pueden decidir cualquier operación militar”, asegura una de las fuentes consultadas. El tenor de las apreciaciones de Goudreau, según algunos de quienes lo conocieron, daba la idea de su desapego de la realidad: “Cada uno de mis hombres equivale a 500 combatientes venezolanos”.

Este exboina verde participó en otro encuentro en junio de 2019. Fue acompañado por un puertorriqueño llamado Lorenzo que actuó como intérprete y se reunió con Clíver Alcalá, que también fue con traductor, el teniente venezolano en el exilio Arturo Gómez Morantes. Los asistentes evaluaron el coste de la operación, que al principio rondaba los 700.000 dólares y posteriormente ascendió hasta 1,8 e incluso 3 millones.

El entorno de Leopoldo López quería tener la última palabra sobre el dinero recaudado, lo que generó tensiones entre los presentes. Tanto es así que Toledo y Betancourt informaron al día siguiente de la necesidad de apartar a Alcalá, puesto que ya entonces el exgeneral estaba sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos. Lanzaron una propuesta al teniente Gómez Morantes para que él dirigiera la incursión. Este, según las fuentes consultadas, grabó la conversación y se la envió a Alcalá. Y fue así como se produjo la primera fractura entre el sector militar y político. Contactado por EL PAÍS, Toledo asegura que nunca tuvo nada que ver con Alcalá y que lo denunció desde que fue elegido diputado por el Estado de Zulia. Además, se desvincula de forma rotunda del desarrollo final de la Operación Gedeón en las costas venezolanas.

El exgeneral contaba en ese momento con no más de 70 hombres repartidos en algunas casas de campo de La Guajira, pese a que él presumiera en público de 300 soldados. La falta de ingresos profundizó su malestar. Esos hombres no tenían una dieta sana y algunos enfermaron por no tener acceso al agua potable, de acuerdo con al menos tres personas al tanto de la situación en los campamentos. Solo más tarde recibió unos fondos y la situación mejoró. Alcalá hasta llegó a comprar camisetas y zapatillas deportivas para los entrenamientos.

Por entonces, en el verano de 2019, Jordan Goudreau ya estaba instalado en una vivienda del acomodado norte de Bogotá con al menos cuatro personas: un estadounidense, un puertorriqueño, un hondureño y un mexicano.

El papel de la inteligencia colombiana

Una de las incógnitas es el papel de la inteligencia colombiana. Según las fuentes consultadas, el abandono de los campos y el diseño del plan contribuyeron a que los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de Colombia relajaran la vigilancia. Sin embargo, al menos Clíver Alcalá estuvo en contacto con la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) colombiana desde su llegada al país. En la recta final del último mandato de Juan Manuel Santos (2010-2018), le recibió el general Juan Carlos Buitrago, entonces subdirector de la agencia, y en mayo del año pasado fue captado en medio de la celebración de una cumbre por Carlos Narváez, subdirector de operaciones, con quien mantuvo relación durante meses.

En todo momento, según varias versiones, Toledo y Betancourt presumían de contactos en el Gobierno colombiano, con el expresidente Álvaro Uribe o el entonces embajador colombiano en Estados Unidos, Francisco Santos. El actual jefe de la DNI fue el jefe de la Casa Militar durante el mandato de Uribe. El sector más radical de la oposición recela de Iván Duque, a quien atribuye demasiada prudencia el 23 de febrero, y se considera más afín al ala más dura del Centro Democrático, el partido fundado por Uribe. Sin embargo, no se han aportado evidencias de que esos contactos se produjeran con frecuencia o fueran fluidos.

El estratega político J. J. Rendón.
El estratega político J. J. Rendón. YASMÍN RINCÓN / EFE

Quedan las dudas sobre si alguien en el Gobierno estaba informado y dejó que los hombres de Alcalá y Goudreau siguieran actuando. En cualquier caso, al margen de la intensidad de la vigilancia de Colombia, los agentes se encontraron con un abanico de personalidades que comprometían, de entrada, cualquier tipo de conspiración. “En Venezuela todas las conspiraciones han fracasado por cinco razones: porque hay un poco de mitómanos, gente que te dice que tiene 50 batallones dispuestos a intervenir y no es verdad; porque hay un montón de ilusos, gente que piensa que si ellos dan un paso muchos los van a seguir; porque hay estafadores, gente que ha hecho de la necesidad de restituir la democracia en Venezuela un negocio; la cuarta son los ignorantes, gente que no sabe de artes y ciencia militares; y la última son los locos, con componentes de vanidad y de ego”. Estas palabras, de un antiguo alto mando militar, son de alguna manera el punto de unión entre las premisas y lo que vino después.

La organización del operativo en Colombia se complicó. Entran en escena otros dos oficiales venezolanos, los tenientes coroneles Illich Sánchez y Rafael Pablo Soto Manzanares, que desempeñaron un papel determinante en la asonada del 30 de abril, al mismo tiempo que el mayor Nieto Quintero y Rodney Pacheco, al que se le consideraba uno de los responsables de seguridad de Juan Guaidó. Fueron ellos los que, entre finales del pasado verano y el inicio del otoño, comienzan a conversar con un grupo de militares en el exilio encabezado por los hermanos Sequea, sobre todo con Juvenal y Antonio Sequea, quien fue detenido por las autoridades venezolanas el en el intento de desembarco del pasado 3 de mayo. “Illich Sánchez y Soto Manzanares le recomiendan a Leopoldo López retomar otra vez contacto con esta gente, ya que los hermanos Sequea eran los que se iban a hacer cargo de la operación”, asegura una de las fuentes al tanto de los movimientos.

Poco después, entre finales de noviembre y principios de diciembre, Antonio Sequea es detenido en el aeropuerto El Dorado de Bogotá mientras trataba de volar a España con pasaporte falso. Los motivos de ese viaje se desconocen, aunque la sospecha de operadores al tanto del plan es que tuviera que ver con búsqueda de financiación. El exgeneral Hugo Carvajal, apodado El Pollo, hoy prófugo de la justicia española, había sido jefe de Sequea y en 2019 apoyó públicamente la causa de Guaidó.

Hay un vacío en el tiempo que no ha terminado por aclararse y que está cubierto por un manto de especulaciones más que de certezas. Tras saltar por los aires la Operación Gedeón hace dos semanas, se supo que esta había sido planeada en un principio por asesores de Guaidó, siendo el líder visible J. J. Rendón. El estratega venezolano ha insistido en que, entre octubre y noviembre, ante las exigencias de Goudreau, rompió con él. Sin embargo, el exboina verde siguió adelante con sus propósitos. Quién le dio el beneplácito es un interrogante, mientras muchos dudan que los servicios de inteligencia de Colombia no supieran de sus movimientos en la capital colombiana y por todo el país. Al menos tres fuentes al tanto aseguran que están tratando de seguir el hilo del dinero que pudo haber recibido, pues no dudan que, a través de testaferros, le siguió llegando financiación para la operación fallida. Ver si ese dinero llegaba desde dentro de la oposición, como piensan muchos pues hay un sector convencido de que una intervención militar es la única solución, o desde el Gobierno de Maduro, que se entera de los planes, es algo que de momento no está esclarecido.

Operación de contrainteligencia

De lo que hoy, en cambio, pocos dudan es de que la operación estaba infiltrada o penetrada por informadores del régimen de Maduro. Ya a finales del año pasado cundían las sospechas en sectores de la oposición. El mandatario venezolano se refirió en algunas apariciones públicas a supuestos “rambos” que conspiraban desde Colombia, una descripción que encaja con la figura de Goudreau. En segundo lugar, según la información filtrada desde la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), en enero el chavismo realizó una operación, cerca de las playas donde se intentó la incursión marítima. Las fuerzas de seguridad allanaron hoteles, albergues y posadas en busca de Clíver Alcalá, cuyo hermano es embajador de Venezuela en Irán, y ciudadanos puertorriqueños, hondureños y estadounidenses. Un rastreo que coincide con las nacionalidades de los hombres que compartían vivienda con Goudreau en Bogotá. Además, los uniformados realizaron un ejercicio de defensa del puerto, bautizado como Punto de Resistencia Bravo.

Patrulla de la Armada venezolana en la costa de La Guaira.
Patrulla de la Armada venezolana en la costa de La Guaira. RAYNER PEÑA / EFE

También hubo un simulacro de cierre de la ciudad de Caracas, ubicada a unos 30 kilómetros de la costa. En la grabación del interrogatorio de Luke Denman, uno de los mercenarios estadounidenses detenidos, este afirma que su misión era hacerse con el control del aeropuerto para permitir el aterrizaje de aviones estadounidenses y sacar a Maduro del país. Aunque en sus primeras declaraciones no lo menciona abiertamente, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía se encuentra junto al puerto de La Guaira.

El 11 de marzo, además, el Ejército venezolano capturó en una zona fronteriza de La Guajira conocida como Trocha número 30 a un teniente llamado Figueroa Fernández. La detención se produjo en uno de esos cientos de caminos informales que conectan Colombia y Venezuela y fue fortuita, según el relato de una fuente militar, porque el oficial conducía a alta velocidad en una trocha. Este, según información de la FANB, bajó del vehículo y se dijo dispuesto a colaborar. Apenas dos semanas después, las autoridades colombianas incautan un arsenal de armas, pero no hacen público el operativo durante unos días. Sin embargo, Nicolás Maduro tarda siete horas en mencionar el decomiso, mientras el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, al día siguiente, da los detalles del plan de Goudreau y Clíver Alcalá. Cuando este se entrega a Estados Unidos, muchos en las filas opositoras pensaron que era inviable continuar con el plan. Sin embargo, la operación siguió adelante.

Malestar generado

Las consecuencias que ha tenido la Operación Gedeón aún son imprevisibles, pero no cabe duda de que ha supuesto una sacudida a las aspiraciones de Guaidó y al mayor tesoro que este tiene: el apoyo internacional. Las fuentes consultadas, dentro y fuera de Venezuela, en diversos países, admiten que el malestar generado en Estados Unidos por la chapuza de hace dos semanas ha sido mayúsculo. Lo mismo ocurre en Colombia y en algunos países de Europa. Si no ha saltado por los aires el apoyo a Guaidó ha sido porque todos los actores son conscientes de que es la única figura que aún articula una unidad frente a Maduro, al menos a nivel nacional.

En Venezuela ocurre algo parecido. Las desavenencias crónicas de la oposición no tardaron en manifestarse, sobre todo en privado. En público, el partido Primero Justicia, de Henrique Capriles, que permanece en Venezuela y de Julio Borges, exiliado en Colombia, ha sido el único que ha criticado lo ocurrido y exigió a Guaidó romper con J. J. Rendón. “Parece que nos hemos subido a la máquina de Marty Mcfly y hemos retrocedido a 2018”, resume una de las fuentes, ante el reto que tiene por delante la oposición.

En el chavismo tampoco hay una postura clara sobre qué hacer ante un nuevo intento de derrocar a Maduro. Celebran que la oposición les haya brindado, sin costo alguno, una unidad en el seno de las fuerzas armadas que tapa, al menos por el momento, las grietas internas. Un sector, que encabezaría el propio Maduro y cuya figura más visible es Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, se muestra partidarios de no actuar contra Guaidó, esto es, descarta la posibilidad de detenerlo, pese a que se han intensificado los ataques contra él y el asedio a su círculo más próximo. Rodríguez siempre ha sido partidario de la idea de que el líder opositor termina por errar, y eso les beneficia. Hay otro bando, no obstante, encabezado por Diosdado Cabello, número dos del chavismo, que siente que la autoridad del Gobierno sufre un golpe, por leve que sea, cada vez que se evidencia un intento de fractura de las fuerzas armadas.

La Operación Gedeón, un nuevo plan disparatado, ha sacudido a Venezuela en medio de la pandemia de la covid-19. Antes de la llegada del coronavirus, la oposición y el chavismo ultimaban un acuerdo para la recomposición del CNE, con vistas a las elecciones parlamentarias previstas para finales de este año. La pandemia lo trastocó todo. No solo en el ámbito político. La crisis para los venezolanos se ha agudizado; la hiperinflación se ha vuelto a disparar, la escasez de combustible es total. Hasta hace unas semanas, miembros de la oposición mantenían canales abiertos con el Gobierno para tratar de que el ingreso de ayuda humanitaria fuese mayor. Una parte de los críticos con Maduro, dentro y fuera de Venezuela y en buena parte de la comunidad internacional, cunde la necesidad de que lograr un acuerdo humanitario abriría la posibilidad de iniciar una negociación política. “Que haya voluntad política, no es necesariamente lo mismo a que haya un acuerdo político”, señala una fuente. No obstante, aún hay líderes con peso que creen que la caída de Maduro es solo cuestión de tiempo y siguen azuzando el fuego de una intervención. De ahí que no pocos se pregunten: ¿Cuál será el siguiente plan disparatado?

España y la UE organizarán una conferencia de donantes para los países de acogida del éxodo venezolano por Alvaro Sánchez – El País – 15 de Mayo 2020

La recogida de fondos para ayudar a los más de cinco millones de refugiados y emigrados será el próximo día 26

El jefe de la diplomacia comunitaria Josep Borrell, junto a la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, en una videoconferencia, la semana pasada.
El jefe de la diplomacia comunitaria Josep Borrell, junto a la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, en una videoconferencia, la semana pasada. / EUROPA PRESS

La Unión Europea ha hecho de la llamada pública a donar dinero una alternativa a los métodos más tradicionales de recabar fondos. Si a comienzos de mes reunió 7.400 millones de euros para financiar la búsqueda de una vacuna contra el coronavirus, ahora vuelve la vista a la delicada situación de los países vecinos de Venezuela. España y la UE organizarán conjuntamente el próximo día 26 una recogida de fondos para los receptores de los 5,5 millones de refugiados y emigrantes venezolanos.

Los problemas previos a la pandemia no han desaparecido de la noche a la mañana. Muy al contrario, la elevada factura social y económica que algunos de los países vecinos de Venezuela soportan por la magnitud del éxodo de ciudadanos que han recibido —el mayor del planeta que no tiene como origen una guerra o un desastre natural—, no ha hecho más que acrecentarse con la crisis sanitaria. Las cifras cambian cada día, pero en todo caso, marean: Colombia (1,4 millones), Perú (860.000), Chile (371.000), Ecuador (330.000) y Brasil (212.000) se han convertido en territorios de acogida a una escala incluso mayor que la mayoría de países de la UE por la guerra en Siria.

“La crisis se ha agravado aún más por el coronavirus, por lo que esta cita llega muy a tiempo”, ha señalado este viernes en rueda de prensa el Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell. La institución ha asumido junto a España la organización de una conferencia de donantes en la que se esperan contribuciones de una cuarentena de Estados, agencias de Naciones Unidas, instituciones financieras internacionales y representantes de la sociedad civil.

Como sucedió con la recaudación obtenida para la emergencia sanitaria, la cita será telemática. El objetivo, “aliviar su situación humanitaria”, según aseguró la ministra de Exteriores española, Arancha González Laya.

Los países de acogida llevan en el punto de mira de Bruselas desde hace meses. En octubre del año pasado, cuando todavía no se había producido el relevo en las instituciones comunitarias, se celebró la denominada Conferencia Internacional de Solidaridad con Venezuela, auspiciada por la UE, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones. Pese a que no se trataba de una conferencia de donantes al uso, recaudó para ellos 120 millones de euros. La partida económica fue recibida con recelos desde el Ejecutivo de Nicolás Maduro, que acusó de estar detrás de la misma a “Gobiernos que bloquean la economía venezolana, generan sufrimiento y migración, roban recursos y amenazan con aislar y atacar a Venezuela”, en referencia a Estados Unidos.

Ahora, con Josep Borrell al frente de la diplomacia europea y el respaldo de España, casi siempre atenta para ejercer de puente entre los Veintisiete y Latinoamérica, las expectativas, aunque no han sido cuantificadas, son mayores. No solo porque la región está más necesitada de recursos que hace unos meses, sino porque la UE teme que la combinación explosiva de los flujos migratorios y la pandemia puedan desestabilizar una zona donde algunos países europeos, entre ellos España, cuentan con importantes intereses económicos.

Los datos de Google indican que el uso del término “unprecedented” ha escalado en las últimas semanas empujado por la pandemia. Borrell también lo utilizó para describir la pesada carga que afrontan los países de acogida: “Están recibiendo niveles sin precedentes de refugiados”, afirmó al término de la reunión de ministros de Exteriores de la UE. “Los países vecinos han mostrado su gran solidaridad al acoger a muchos venezolanos y su esfuerzo y solidaridad deben servir de ejemplo para todos”, añadió.

Con Maduro abriendo la puerta a la celebración de elecciones parlamentarias en el país este mismo año “si la pandemia lo permite”, Bruselas busca también elevar su perfil político en la zona. Borrell sugirió que vuelva a convocarse al denominado Grupo de Contacto Internacional, conformado por una docena de países de ambos lados del Atlántico para buscar soluciones al conflicto venezolano a través del diálogo, una vía que hasta ahora no ha dado resultados tangibles.

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