elecciones7Oenbilbao

Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Archivos por Etiqueta: ANC

¡Nikolai, imita! por Humberto Seijas Pittaluga – Noticiero Digital – 15 de Mayo 2018

Unknown.jpegYa todos sabemos qué va a pasar el próximo 20-M: la gran mayoría de los venezolanos no le haremos el juego al régimen y nos quedaremos en la casa, bien lejos de los centros de votación los cuales lucirán más desolados que en la farsa anterior, cuando designaron a una fulana constituyente que nadie reconoce y cuyos integrantes son una pila de ganapanes que son conocidos solo en las casas del Psuv. Y al igual que en esa inicua ocasión, en la noche, la muy inefable Tibi saldrá al balcón con su cara muy lavada a explicarnos que votó el 95 por ciento de la población y que la “tendencia irreversible” señala que el camarada Nicolás ganó con el ochenta y dele de los sufragios; y que, en razón de eso, será la persona que ha continuar dirigiendo lo que quede de Venezuela —si es que todavía subsiste algo después de tantos latrocinios e ineptitudes— por los próximos años.

Aunque también se comenta la posibilidad de un enroque con el otro camarada, el que se las echa de opositor cuando le conviene, y por un acuerdo negociado sub rosa por personajes tan creíbles e impolutos como Timoteo y Semtei, Nikolai le pasa el testigo a Henri con la condición de que se comprometa a no revolver la podredumbre de estos larguísimos 19 años y deje salir a toda la nomenklatura con sus caudales completos y sin rendirle cuentas al soberano. Me imagino que la huida será para un lugar acostumbrado a acoger, sin preguntarles nada, a exmandatarios con grandes fortunas. Y donde abunden la diversión y las posibilidades de “inversión”, porque eso de ir a encerrarse como ermitaños en alguna de las republiquitas que ellos han financiado desde el día uno, ¡ni de vainas!

Sea la primera alternativa (que es la más probable) o sea la otra, hay algunos protocolos que habrá que cumplir. Como es el discurso ante el Legislativo rindiendo cuentas. Conociendo al pájaro por la deposición, me imagino que otra vez le harán el feo a la Asamblea Nacional y preferirán irse a contar babiecadas ante la constituyente cubana.
Y recaerán en eso de mentir descaradamente. Hablarán de las inmensas obras que construyeron (ninguna, que yo sepa), de los adelantos en educación y salud (que tampoco los lograron), de la solidez del tesoro (en minúscula porque se referirán al que tienen en paraísos fiscales).

Yo, más bien, quisiera que emularan las lecciones que dio Sucre como administrador. Pero no conocen a ese héroe. Sus superficiales conocimientos de historia patria se restringen a Zamora, Maisanta, el Agachao y Boves II. A Sucre, a Bello, a Vargas los desconocen. Por tanto, no pudieron aprender de sus ejecutorias, sus maneras de pensar en lo referido al manejo del erario, ni de su influencia en el devenir suramericano.
Ojalá imitaran al “ángel brevemente humano”, como lo bautizó el barranquillero Alfonso Bonilla-Naar, porque Sucre fue un compatriota virtuoso e inspirador. Pero eso les queda grande a quienes han estado caracterizados por el encono, el resentimiento y la codicia. Y, al contrario de estos, el vencedor en Ayacucho nunca fue vengativo; jamás permitió que su dolor personal interfiriera con la justicia de sus mandatos. Tanto, que luego de haber perdido cinco hermanos —por horribles muertes en manos de los realistas, o huyendo de ellos— el Abel de Colombia responde con la redacción del generoso tratado de regularización de la guerra por el cual cesa la Guerra a Muerte, y con las bondadosas cláusulas que, sin que se las estuvieran pidiendo, le agrega a la capitulación de Ayacucho. A los disparos de la intentona en Chuquisaca —balazos que le dejaron baldado el brazo derecho para el resto de su vida— responde con unas caballerosas palabras para la angustiada madre de uno de los acusados y un amplio y generoso perdón en favor de los magnicidas. Generoso y bueno como el que más.

Pero, a lo que vamos, que es su pulcritud en el manejo de fondos públicos. En un país como el nuestro —donde pareciera que para ser ministro o magistrado no hay que tener currículum sino prontuario; en el cual más de una centena de jerarcas tiene requisitorias internacionales— lo que hace falta es que se imponga una norma que establezca la obligación de que todos los mandatarios, en la ceremonia de entrega del cargo, le dieran lectura a la carta por la cual Sucre renuncia a la presidencia de Bolivia: “La Constitución me hace inviolable (…) Ruego, pues, que se me destituya de esa prerrogativa, y que se examine escrupulosamente mi conducta. Si (…) se me justifica una sola infracción a la ley; si las cámaras constitucionales juzgan que hay lugar a la formación de causa (…) volveré (…) a someterme al fallo de las leyes”.

Y ya que de normas para la decencia administrativa hablamos, reitero una admonición que hice hace más de una decena de años: los candidatos a todos los cargos públicos por elección, además de presentar sus cédulas y las comprobaciones de que llenan los requisitos para el cargo (Nicky, todavía no ha mostrado su partida de nacimiento) deberían consignar un cuaderno de “planas” en el que hubieran escrito mil veces, de su puño y letra, aquella frase del mensaje de Sucre al Congreso de Bolivia que señala que “…en política no hay ni amistad ni odio, sino la dicha del pueblo que se gobierna, la conservación de sus leyes, su independencia y su libertad”.

Pero no me hago muchas ilusiones…

A un año de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente por Carlos García Soto – ProDaVinci – 15 de Mayo 2018

Asamblea_Nacional_Constituyente-768x512.jpg
Para estos días se cumple un año de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente por el Presidente Maduro. Convienen quizá algunas notas sobre el significado de este aniversario.

Las sentencias N° 155 y 156 de la Sala Constitucional

El 28 y el 29 de marzo de 2017 la Sala Constitucional dictó las sentencias N° 155 y 156.

Si bien la Sala Constitucional había anulado todas las actuaciones previas de la Asamblea Nacional, con esas dos sentencias la Sala llegó a un estadio superior: el otorgamiento de potestades legislativas al Presidente de la República y la declaración de que las funciones de la Asamblea Nacional serían ejercidas por la propia Sala Constitucional.

Las sentencias N° 155 y 156 generarían importantes expresiones de rechazo por la opinión pública venezolana y por la comunidad internacional.

Entre otras, las sentencias produjeron la reacción de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, quien hasta ese momento no había realizado pronunciamientos en contra de las actuaciones del Presidente o del Tribunal Supremo de Justicia; por el contrario, había sido una aliada del sector oficial por años.

Si bien el Presidente calificó la situación como un “impasse” y convocó a un órgano sin competencia como el Consejo de Defensa de la Nación para dirimirlo, la Fiscal Ortega mantendría desde entonces una posición crítica al Presidente y el Tribunal Supremo de Justicia.

La Sala Constitucional dictaría dos sentencias “aclaratorias” (N° 157 y 158), que sin embargo no lograron apaciguar el conflicto.

La Asamblea Nacional también reaccionaría ante las sentencias N° 155 y 156. Para la sesión del 5 de abril el orden del día inició el procedimiento para remoción de los Magistrados del TSJ y el 13 de junio en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional se consideró el informe de la Comisión Preliminar del Comité de Postulaciones Judiciales para la elección de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia.

La convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente

Las sentencias N° 155 y 156 dieron lugar a una serie de protestas ciudadanas en buena parte del país. Luego de un mes de protestas, el 1 de mayo el Presidente Maduro anunciaría al país la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente, para lo cual dictó tres Decretos, a través de los cuales (i) “convocó” a la Asamblea Nacional Constituyente; (ii) designó a los miembros de la “Comisión Presidencial” a cargo del impulso de la iniciativa y (iii) dictó las “bases comiciales” que regirían el proceso constituyente.

La “convocatoria” por el Presidente Maduro sería la primera decisión inconstitucional en el proceso constituyente, porque conforme al régimen previsto en la Constitución de 1999 (artículo 347), la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente es una potestad única y exclusiva del propio pueblo, es decir, de los ciudadanos.

La interpretación dada por el Presidente de la República al dictar el Decreto N° 2.830 fue exactamente la contraria: al pretender ejercer la facultad que tiene de iniciativa de convocatoria, en realidad intentó él mismo “convocar” la Asamblea Nacional Constituyente, sin referendo al pueblo de por medio, lo cual, por supuesto, vicia de nulidad por inconstitucionalidad el Decreto N° 2.830.

Esa interpretación del Presidente fue avalada por una muy ambigua sentencia N° 378 de la Sala Constitucional de 31 de mayo de 2017, conforme a la cual no se requeriría un referendo consultivo para que el pueblo decida si ir o no a un proceso constituyente.

Por otra parte, junto a la “convocatoria” a la Asamblea Nacional Constituyente realizada por el Presidente Maduro, éste dictó las “bases comiciales” por las cuales se regiría el proceso constituyente.

Así, a través del Decreto N° 2.878, mediante el cual se establecen las Bases Comiciales para la Asamblea Nacional Constituyente (Gaceta Oficial Nº 41.156 del 23 de mayo de 2017) el Presidente Maduro estableció las normas por las cuales se regía la elección de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, así como la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente debió ser objeto de un referendo, las bases comiciales también debían ser objeto de un referendo para que el pueblo decidiera si las aprobaba o no.

Las actuaciones de la Asamblea Nacional Constituyente

Desde entonces, la Asamblea Nacional Constituyente ha dictado distintas decisiones durante estos casi diez meses, que van desde la destitución de la Fiscal Luisa Ortega Díaz, hasta la convocatoria de nuevas elecciones en el Estado Zulia, debido a que el Gobernador electo Guanipa no aceptó juramentarse ante la Asamblea Nacional Constituyente, pasando por diversas “Leyes Constitucionales”, como la de inversión extranjera, la de precios acordados, e incluso la Ley contra el odio.

Tales decisiones, por supuesto, han implicado la usurpación de las funciones que conforme a la Constitución de 1999 corresponden a la Asamblea Nacional. Así, el proceso de desmantelamiento que se inició con las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia, ha continuado desde el año pasado con las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente.

Hasta ahora, sin embargo, la Asamblea Nacional Constituyente no ha iniciado la única tarea para la cual podía estar llamada, si hubiera sido convocada conforme a la Constitución, la redacción de un nuevo texto constitucional. Quizá inicie la discusión de una nueva Constitución luego de la elección del 20 de mayo, pero también en ese supuesto se tratará de la actuación de una instancia convocada y electa al margen de la Constitución, tal como las otras decisiones tomadas desde agosto de 2017.

 

La ingenuidad de quienes insisten en votar por Orlando Avendaño – Panampost – 11 de mayo 2018

neron.jpg

Como Nerón, que tocaba la lira cuando Roma se derrumbaba, algunos con el voto asistirán a la muestra imprudente de irrespeto e ingenuidad. (Archivo)
En su magnum opus, Vida de los doce césares, Suetonio asegura que durante el «gran incendio de Roma» (año 64) el emperador Nerón tocaba la lira. Cantaba y componía, mientras la ciudad ardía, para eludir la responsabilidad del momento. Por más que luego prestase su propio palacio a los refugiados, el mito de la lira trascendió como una muestra imprudente de ingenuidad e irrespeto. De negación de la realidad.

Algo similar estaría ocurriendo en Venezuela. Millones que tocan la lira y compondrán, para sortear la cruenta realidad que, al final, siempre termina imponiéndose. Y de la manera más odiosa.

En Venezuela existe una dictadura; y esto, aunque se denuncie al unísono, se busca ocultar. No es un sistema reciente. Desde hace años en el país no hay, si quiera, cierto vestigio de democracia. Pero la ruptura definitiva de la decadente República se dio a finales de 2016, cuando el régimen chavista decidió suspender el referendo revocatorio y, con ello, dinamitar el último mecanismo electoral e institucional para lograr el cambio del Ejecutivo.

El régimen dictatorial se fue desarrollando con la conquista de parcelas de poder. Arbitrariedades atroces enfocadas en desmantelar por completo el aparataje ya caducado. Durante los primeros meses del 2017 anularon al Parlamento; aplastaron a la disidencia y extendieron el régimen de terror y acoso. Luego, a mitad de año, impusieron un armatoste con el que cambiaron por completo las reglas del juego. Alteraron todo el panorama.

La Asamblea Nacional Constituyente llegó empañada de sangre para consolidar la etapa final del régimen. De la dictadura se pasó al totalitarismo. Con el ilegal armatoste, que implantaron con el mayor fraude electoral de la historia contemporánea de Venezuela —se debe recordar que la misma empresa Smartmatic denunció que las cifras pueden ser manipuladas con facilidad—, el régimen logró secuestrar cada espacio político e institucional del país. Desde entonces todo lo que pretenda sobrevivir como parte del sistema, debe arrodillarse ante la infamia.

Es en medio de esta coyuntura que, a través de esa misma ilegal Constituyente, se ha convocado otro presunto proceso electoral. El de las presidenciales. Y algunos, nerones todos, piensan votar. Participar en la segunda mayor estafa de la historia contemporánea, luego de la del 30 de julio.

Insistir en la posibilidad de restituir un régimen democrático a través de mecanismos democráticos es, pues, un contrasentido. Demagogia irracional para impulsar pactos e intereses políticos. Si se trata de una dictadura, lo natural es que esta no pudiera dejar de serlo, sino con la interrupción definitiva del proceso. Si llegase a sucumbir por mecanismos democráticos, quizá se erró al llamar dictadura al sistema.

Y hay quienes intentan sostener ingenuas posturas, citando distorsiones de eventos históricos. Se dice que Pinochet dejó el poder porque las gentes así lo quisieron en el plebiscito de 1988. Pero se obvia, con conveniencia, que documentos desclasificados develaron que el dictador tenía intenciones de desconocer los resultados y que fueron los militares quienes acordaron lo que debía ocurrir. Hay otros ejemplos históricos que se citan. Todos, distorsiones. Que si Stroessner en Paraguay u Odría en Perú.

Jamás una dictadura ha dejado de serlo porque la voluntad mayoritaria así lo haya querido. Mercadear esta desfiguración sería esconder, con oscuros intereses, que en los momentos en que esto pareciera ser así, lo que en verdad ha ocurrido es que los hombres fuertes del sistema han coincidido en la decisión de hacer creer a las mayorías que eligieron y su voluntad se respetó.

Pero aún suponiendo que fuese verdad —que la absurda contradicción formase parte de la historia contemporánea—, sería una exposición inmensa de inocencia pensar que el régimen chavista se comportaría igual a los que supuestamente han cedido.

Quienes votarán, creen, primero, que de forma extraordinaria una expresión abrumadora de la voluntad popular a favor del colaboracionista Henri Falcón —llamado por el periodista Oppenheimer como el “mayor traidor de Venezuela”— forzará a los criminales a no tener otra opción que aceptar los resultados. Asumen que las instituciones chavistas acatarán, que le reconocerán la victoria a Falcón y que de esa forma iniciará la deseada marcha hacia la democracia.

Pero, incluso suponiendo que este fuese un escenario probable, los fieles devotos de las urnas aún no dan respuesta a qué podría ocurrir durante los ocho meses que Falcón tendría que esperar hasta que el dictador Maduro le tuviera que entregar la banda presidencial —y, sobre todo tomando en cuenta la existencia de una Asamblea Nacional Constituyente capaz de deformar el Estado a la conveniencia de los chavistas—.

No obstante, lo que termina de desmontar este sinsentido, es lo que los fieles devotos olvidan. Cómo no sería cándido suponer, entonces, que un régimen convertido en narcoestado —y denunciado y condenado por los grandes países de Occidente—, cedería en las urnas. O una cruel dictadura que ha matado niños y mujeres, mientras el sol todavía alumbra y frente a los medios internacionales, respetaría o se dejaría quebrantar por la voluntad mayoritaria. Que ha robado con fraude al menos cuatro procesos electorales —regionales, Constituyente, revocatorio del 2016 y presidenciales de 2013—, y que aún no responde a las irrebatibles denuncias.

Es un régimen, integrado por miembros de la mafia y el narcotráfico internacional, que ha sumido a toda una sociedad en la mayor crisis humanitaria de la historia de la región. Un sistema que fusiló en vivo a un grupo de rebeldes que antes se había rendido. Que ha demostrado que la ruina económica es voluntaria, y que solo parece formar parte de un proyecto eugenésico.

Los crímenes son demasiados para expresarlos en una nota y no reunirlos en lo que debería ser el «Libro negro del chavismo». Todos, unos más dantescos que otros, solo demuestran el verdadero carácter de la dictadura de Nicolás Maduro. Una mafia comunista cuya subsistencia depende de la permanencia en el poder.

Votar no derivará en ninguna conquista política, pues todo el sistema está pervertido. El régimen solo precisa electores para simular que su estafa goza de algo de legitimidad. Y, como bien escribe Alberto Barrera Tyszka, “el Gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales”. No obstante, el individuo que participe sí se convertirá de inmediato en parte fundamental de la pantomima. Del crimen sin precedentes que Maduro está a punto de cometer. Un delito, subordinado a otro: la Constituyente.

Pero mientras el país arde con la mayor crisis de su historia, habrá algunos que con el voto intentarán mantener el delirio democrático de un país que no lo es. Una quimera con repercusiones peligrosas. Asistirán a la muestra imprudente de irrespeto e ingenuidad. De la negación de la realidad. Como Nerón, que tocaba la lira cuando Roma se derrumbaba; porque es más sencillo huir con la melodía que sentir de cerca el calor de las llamas.

 

Venezuela, una hoja de ruta – Editorial El Tiempo – 13 de Mayo 2018

En medio de la peor crisis de su historia como nación, el pueblo venezolano ha sido convocado a las urnas el próximo domingo para elegir a quien será su presidente durante los seis años siguientes. También se votará para conformar los consejos municipales y los consejos legislativos estadales.

Se trata de una cita con serios problemas de legitimidad y credibilidad. Comenzando porque se origina en un decreto de la también cuestionada Asamblea Nacional Constituyente: bueno es recordar que el mecanismo electoral para escoger sus integrantes fue meticulosamente diseñado a fin de garantizar mayorías oficialistas. A lo anterior hay que sumar la falta de garantías para la oposición, representada por la Mesa de la Unidad Democrática —que la llevó a optar por abstenerse de participar—, la reticencia de Miraflores de aceptar observadores internacionales independientes y la acertada decisión de Estados Unidos, la Unión Europea y por lo menos una decena de países de la región, Colombia incluida, de no reconocer los resultados.

Existen también serias dudas acerca de las reales motivaciones del candidato que se ha presentado como opositor: Henry Falcón. Desoyendo el llamado de la MUD, Falcón decidió inscribirse como aspirante, determinación que, por supuesto, recibió muy bien —casi como providencial— el Gobierno. Habrá que seguir de cerca las decisiones que este tome a partir del lunes para ver si tenía sustento lo ya dicho por conocedores del hecho respecto a lo que lo impulsó a prestarse para esta pantomima.

Hay que decir entonces con total claridad que lo que hoy tendrá lugar al otro lado de la frontera no es nada distinto a un desesperado intento de Nicolás Maduro por disfrazar de régimen democrático lo que hace ya mucho tiempo es una dictadura. Una cruel dictadura que no se cansa de darle la espalda a un pueblo que hoy carece de los más básicos bienes y servicios. Situación caótica y, sobre todo, inhumana.

Tal situación de necesidad extrema ha llevado a una conducta execrable del régimen: aprovecharse de las necesidades de la gente para lograr apoyos. Están cambiando bolsas con productos básicos de la canasta familiar por votos.

En su columna del domingo pasado en este diario, el analista venezolano Moisés Naím describe esta cruda realidad y la apatía de quienes ostentan el poder, comenzando por Nicolás Maduro, en estos términos: “La indolencia, el desinterés, la pasividad con los cuales Maduro trata las trágicas crisis que crecen y se multiplican, matando a diario cada vez más venezolanos, parecieran no afectarlo, no motivarlo a actuar, a buscar ayuda”.

Las cifras siguen dando cuenta del tamaño de la debacle: en apenas cuatro años, el país ha perdido más del 40 por ciento de su producto interno bruto; se espera que cierre el 2018 con una inflación del 13.000 por ciento, y la cantidad de personas que han decidido emigrar en busca del futuro que el mal rumbo de la revolución bolivariana les arrebató se calcula en 3 millones. De estas, cerca de un millón se encontrarían en territorio colombiano. Como ya se advertía desde estos mismos renglones, es muy probable que dicha cifra crezca a un paso acelerado si el desenlace, como todo apunta, es la confirmación de seis años más de Maduro en el poder. La situación en la zona de frontera es crítica: al problema de la migración masiva se suma el escaso o nulo compromiso de Venezuela para combatir los grupos armados ilegales, sean bandas criminales como ‘los Pelusos’ o el mismo Eln. Esta semana, la Fiscalía aportó testimonios que confirman las denuncias sobre la existencia de campamentos de esta organización del otro lado de la frontera.

En conclusión, hay que insistir en la necesidad de actuar para que el pueblo venezolano encuentre a corto plazo algo de alivio. Al tiempo que hay consenso entre la comunidad internacional en cuanto a que la opción de una intervención solo empeoraría las cosas, es claro también que no se puede bajar la guardia en los demás frentes. Estos incluyen presión diplomática para lograr una movilización humanitaria con ayuda a quienes permanecen en territorio venezolano y apoyo —como ya empieza a darse— a los países que, comenzando por Colombia, están acogiendo a los refugiados. La vía del endurecimiento de las sanciones a cuantos hoy se benefician de distintas maneras de la crisis es otro camino que debe recorrerse. Así mismo, debe ser una prioridad la movilización de los gobiernos de la región para lograr que dentro de poco haya unas elecciones con garantías suficientes para la oposición. Y esta tarea la tiene que seguir promoviendo, como hasta ahora lo ha hecho, el llamado Grupo de Lima. El mundo no puede darle la espalda al pueblo venezolano.

 

El 20M, en la calle por Luis Garrido – Noticiero52.com – 11 de Mayo 2018

Si se le dijo al país que las elecciones del 20 de mayo son una farsa montada por el gobierno, bajo el disfraz legal de un órgano creado con todas las marramuncias inimaginables como es la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, qué sentido tendría pensar que ese día pudieran los venezolanos -salvo el porcentaje mínimo atribuido al oficialismo- acercarse a las urnas electorales para manifestar su rechazo o aceptación a la reelección de Nicolás Maduro. La fecha de por sí, ya es una trampa; Maduro, ocho meses antes del vencimiento de su actual ejercicio, pretende asegurar la continuidad; pero mayor trampa, y con la anuencia de las señoras del Consejo Nacional Electoral, ha sido el ventajismo desenfrenado de esa campaña que ha venido desarrollando sin límite de tiempo y con recursos oficiales, aprovechándose de su condición actual, para prometer hasta lo imposible a pesar de su bochornoso fracaso como presidente.

“Cuando el rio suena es porque piedras trae”. Con mucha insistencia y argumentos razonados y contundentes, se ha dicho que el sujeto es colombiano, lo cual al colocarse la banda presidencial ya ha violado el artículo 41 de la Constitución Bolivariana de Venezuela, además de estafar a los venezolanos. Pero no es solo eso, estamos frente a una gran verdad, como es la decisión de la Asamblea Nacional de Venezuela de darle curso al antejuicio de mérito contra Nicolás Maduro, por lo que parecieran pruebas irrefutables de corrupción y lavado de dinero. Presentarse ante el escenario electoral con su cara bien lavada, pretendiendo una reelección, solo se justifica dentro de un entramado de componendas cargado de pillerías. Admitimos que tienen con qué y los encargados de ejecutarlas son profesionales en la materia. Desafortunadamente y por eso de las contradicciones, algunos nombres prestados en la comedia se encargaron de maquillar el engaño, rellenando el espacio electoral: en política abundan los aventureros.

Tal como están concebidas estas elecciones del 20 de mayo, sin las suficientes garantías que identifican a todo proceso electoral libre, confiable y transparente, lejos de aportar una solución a la grave crisis que vive el país, puede agravarla y conducirlo a una catástrofe humanitaria sin precedente. Frente a tamaña desvergüenza, están las carencias y sufrimientos del pueblo: destrucción de los salarios, el agua, la electricidad, alimentos, medicina, salud, transporte, gas y la dantesca inseguridad que sobrepasa números inimaginables y crímenes horrendos. Se requiere ser demente además de farsante para pretender hacer mañana lo que por incapaces y corruptos no hicieron ayer.

Reconocemos que aun cuando la gran mayoría toma su propia decisión, cualquier referencia de elecciones que venga de este gobierno debe comenzar por postergar las del 20 de mayo para el último trimestre de este año. Por más que se esfuerce el régimen y quienes se prestaron a jugar con las cartas marcadas, no hay el más mínimo ambiente electoral. Ese día no será de recogimiento sino de protesta pacífica: el pueblo va para la calle.

Miembro de la Asociación de Columnistas del estado Carabobo.

Comunicado de Lucha Democrática frente al 20 de Mayo de 2018 – 10 de Mayo 2018

unnamed-5.jpg

NO AVALAMOS, NO VOTAMOS Y NO ESTAREMOS EN LAS MESAS ELECTORALES DEL CONSULADO EN WASHINGTON DC ESTE 20M

En febrero pasado, en ocasión de la convocatoria adelantada de elecciones presidenciales en Venezuela proclamada por la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y avalada por las autoridades electorales del país -CNE-, Lucha Democrática, cerrando filas con un buen número de otras organizaciones democráticas de la Diáspora Venezolana alrededor del mundo emitió un comunicado fijando posición frente a la nueva situación.

En ese comunicado, tras una serie de considerandos que pasaban revista a la larga lista de violaciones a la ley y los principios más básicos de la convivencia democrática por parte del gobierno nacional que subyacen a tal convocatoria, se afirmaba que aún creyendo que la mejor salida a la actual crisis es una consulta electoral auténtica a todos los venezolanos, en los términos que definen los estándares universales, la Constitución y la Ley Orgánica de Procesos Electorales de Venezuela, nos parecía que no estaban dadas las condiciones mínimas para avalar tal proceso.

Al día de hoy no hay un CNE verdaderamente imparcial, no contamos con la presencia de observadores internacionales de reconocido prestigio y experticia electoral, no se ha levantado la inhabilitación política injusta de líderes de oposición y se han ilegalizado partidos, no se ha depurado y actualizado el Registro Electoral -RE- ni se han erradicado prácticas aberrantes tales como las migraciones masivas e intempestivas de votantes. Tampoco se ha facilitado que los venezolanos en el exterior puedan ejercer el derecho constitucional del voto entorpeciendo los procesos de registro y actualización del RE en el exterior y exigiéndole a los venezolanos que prueben un status legal de residencia en el país que viven para poder votar.

Durante los meses transcurridos desde esta declaración la comunidad internacional no ha hecho otra cosa que reiterar al unísono que no reconocerá los resultados de este proceso. El Grupo de Lima, integrado por los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, junto a los gobiernos de Canadá y Estados Unidos han declarado que se trata de un proceso viciado cuyos resultados serán desconocidos. La alta representante de la Unión Europea para la política exterior, Federica Mogherini, y los partidos de mayor representación en el Parlamento Europeo han solicitado que dicha convocatoria sea suspendida hasta lograr unos comicios con garantías. El secretario general de la Organización de Estados Americanos -OEA-, Luis Almagro, ha calificado de “farsa” esta convocatoria a elecciones presidenciales adelantadas.

En el país un gran número de organizaciones sociales y civiles han declarado su enfático rechazo al proceso electoral del 20 de mayo, argumentando su carácter inconstitucional, desequilibrado, no transparente, manipulado y controlado abusivamente por el sector oficial, solicitando su suspensión o al menos su posposición; entre ellas, la Conferencia Episcopal Venezolana, el Frente Amplio Venezuela Libre, cámaras empresariales afiliadas en FEDECAMARAS, gremios profesionales, rectores de universidades, asociaciones estudiantiles y partidos políticos.

La oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática -MUD- también ha hecho un llamado al pueblo venezolano a abstenerse de participar en el proceso calificándolo de “un simulacro fraudulento e ilegítimo de elección”. El único desarrollo reciente que contradice estos contundentes hechos es el lanzamiento, en contra de la opinión mayoritaria de los integrantes de la MUD, de la candidatura de Henri Falcón -Avanzada Progresista-, ex-gobernador del estado Lara, electo para el período 2008-2012 apoyado por el partido de gobierno y luego, para el el período 2012-2016 por la coalición opositora. Esto a pesar del hecho manifiesto de la ilegalidad de la convocatoria, de las condiciones en que se realizarán las elecciones y de la abrumadora evidencia de que el resultado de este proceso electoral será fraudulento y favorecerá la candidatura de Nicolás Maduro.

Desde Lucha Democrática también hacemos un llamado a la ABSTENCIÓN DE LOS VENEZOLANOS EN EL EXTERIOR frente al proceso del 20 de mayo próximo. En especial nos dirigimos a los electores de DC, Delaware, Kentucky, Maryland, Ohio, Virginia y a los votantes de otros estados asignados al centro electoral del consulado en Washington DC.

Creemos que participar en un proceso electoral como el que está planteado en este momento puede consolidar el fin de la democracia en Venezuela y la pérdida total de legitimidad de los partidos y dirigentes políticos de los sectores democráticos del país. Participar sería contribuir a legitimar las arbitrariedades del régimen de Nicolás Maduro y su inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente, y a prolongar la crisis política, institucional, económica, social y sus nefastos efectos sobre el pueblo venezolano.
Contrario a su tradición de casi dos décadas, esta vez Lucha Democrática NO COLABORARÁ con las elecciones organizadas por el consulado de Venezuela ni estará presente en las mesas electorales de Washington DC.

Queremos enfatizar que se trata de una abstención activa, diferente a la apatía o falta de compromiso. En concreto, convocamos a los votantes a sumarse a una iniciativa mundial que pretende exigir este 20M que los Presidentes del mundo libre se pongan del lado de la justicia y desconozcan oficialmente el resultado de esta fraudulenta elección, ayuden a los venezolanos en situación de refugio y en que el caso de Venezuela sea referido a la Corte Penal Internacional.
JUSTICE FOR VENEZUELA

El Poder de los sin poder por Luis Ugalde S.J. – El Nacional – 10 de Mayo 2018

LuisUgaldexRobertoMata-4325-e1519499432509Ahora me preguntan directamente: “¿usted va a votar, o no?” Respondo: “Iré a votar cuando haya elección libre y democrática; no iré a esta votación dictatorial y fraudulenta, impuesta por el régimen para suprimir la elección presidencial democrática de 2018 y perpetuar la actual catástrofe nacional con Maduro. Con razón los obispos recientemente pidieron aplazar los comicios del 20 M para tener la debida elección presidencial con condiciones justas. También lo hizo AVERU (Asociación de Rectores Universitarios). Todos los países democráticos así lo ven y avisan que no reconocerán el fraude de mayo. También los candidatos opositores debieran exigir aplazamiento y elecciones con condiciones democráticas para fines de año, y, en caso de negativa, renunciar, dejando en evidencia y soledad al Dictador.

Los venezolanos no saldremos de esta tragedia sin una unidad superior indispensable para reconstruir la vida, una sociedad de necesidades fundamentales garantizadas, con comida, medicinas, ingresos, libertades y esperanza. Por lo menos 8 de cada 10 venezolanos reclamamos cambio político. En las monarquías absolutas y dictaduras la soberanía está usurpada por el tirano que usa las leyes como instrumentos de dominación. Los venezolanos en décadas anteriores, aunque de modo deficiente, vivimos y gustamos la democracia con tales logros socioeconómicos que millones de otros países se acogieron a nuestras libertades y oportunidades. No somos un pueblo sometido que no añora la libertad y la prosperidad porque nunca las saboreó.

De unidad pasiva a la activa
La gran mayoría de los venezolanos somos víctimas de este impresionante desastre humano. Descubrimos la unidad pasiva como miembros de la fosa común, víctimas de la misma catástrofe, sin que nos salve ningún color político. Sobre esta condición común impuesta debemos reconocernos y generar nexos de solidaridad y de simpatía, identificar cuál es la enfermedad y el virus y cuál el agente político que nos lo inocula hasta someter al país entero a esta postración y agonía. ¿Qué modelo político y quiénes son los enemigos comunes? Al mismo tiempo descubrimos que ese enemigo común de la sociedad venezolana quiere perpetuarse y para ello inventó las votaciones del 20M, excluyendo a candidatos y partidos verdaderamente opositores, testigos internacionales, auditorías y árbitros independientes. El régimen logró que los opositores y demócratas vayan divididos y sabe de antemano con cuántos votos va a proclamar su triunfo. Y por si algo pudiera fallar al final, cuenta con el anticonstitucional poder absoluto de la Asamblea Constituyente para quitarle todo valor a los votos opositores, como lo hizo en la elección del gobernador del Zulia.

Más allá de la ya existente unidad pasiva (víctimas comunes del desastre impuesto por un régimen tiránico), tenemos que avanzar, hacia una unidad activa de ciudadanos para la reconstrucción nacional y renacer con una economía, sociedad y política plurales, con un proyecto compartido y liderazgos que antepongan las necesidades comunes a su pequeño mundo de intereses. ¡Una primavera para que brote la ciudadanía en cada uno y la soberanía en todos juntos! La gran lucha de Venezuela, frente al poder que se impone y quiere cerrar toda alternativa, es levantar el poder de los “sin poder”, el poder soberano de su conciencia y responsabilidad ciudadana. En Alemania Oriental la víspera de la caída del Muro de Berlín parecía que el régimen policial tenía todo el poder controlado y sin grietas, pero cuando las conciencias de millones tomaron en silencio su decisión de reconocerse unos con otros como “poder originario” y no seguir sometidos a la tiranía usurpadora, el Muro se cayó y las armas callaron, pues ni los militares quisieron disparar contra el pueblo, al reconocer que ellos mismos lo eran. El poder de los sin poder amaneció irresistible y cargado de esperanza.

¡Venezuela despierta!, como nos llamó Juan Pablo II, despierta unida para juntos reconstruir las condiciones de vida para los que estamos aquí y para los millones que fueron expulsados. Ante este reto del despertar nacional, queda en evidencia la fraudulenta votación perpetuadora del 20M y haremos que al día siguiente la necesidad de cambio sea un clamor mayor y genere una acción más unida y eficaz.

Venezolanos en más de 200 ciudades expresarán su rechazo al régimen de Maduro el 20 de Mayo por Salvador Mendoza – Los Panas – 9 de Mayo 2018

#JusticiaParaVenezuela:
Es una inciativa organizada por los venezolanos a nivel global, para exigir este 20 de Mayo, que los Presidentes del mundo libre se pongan del lado de la justicia, y desconozcan oficialmente el fraude electoral, ayuden a los venezolanos en situación de refugio y que el caso de Venezuela sea referido ante la Corte Penal Internacional.

Es una campaña que comienza este 20 de Mayo, el mismo día que la Dictadura pretende perpetuarse en el poder, y que no se detendrá hasta haber logrado los objetivos.

Recogeremos firmas para apoyar estas tres solicitudes las cuales serán llevadas un mes después ante las embajadas de Francia, Canadá, Suiza, Argentina, Alemania, España, Italia, Costa Rica, Suecia, Inglaterra ente otros. Todo esto con el fin de que el mundo nos escuche y apoye el proceso de Justicia que Venezuela necesitapara volver a la democracia.

Estas tres solicitudes son vitales para los próximos meses en Venezuela.

1.- Desconocimiento global de la votación convocada por la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente que será realizada el próximo 20 de mayo en Venezuela.

2.- Instar a la implementación de mecanismos de solidaridad por parte de países receptores de migrantes venezolanos como bien lo declaró el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en marzo del presente año.

3.- Instar al menos a uno de los 160 Estados que han ratificado el Estatuto de Roma para que refiera el caso de Venezuela ante la Corte Penal Internacional, y se pueda dar inicio a la etapa formal de investigación con el fin de establecer los responsables de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Venezuela.

Necesitamos que todos los países rechacen las elecciones, abran sus puertas a todos lo venezolanos en el mundo y refieran el caso de Venezuela ante la Corte Penal Internacional.

Prepárate para salir a la calle este 20 de Mayo. Es hora de alzar la voz y de convertir a los 4 millones de venezolanos que vivimos en el exterior en la diáspora más poderosa y activa del planeta.

¡Llegó la hora!

 

 

Tocar y luchar por Gabriela Montero – La Patilla – 7 de Mayo 2018

thumbnailGabrielaMontero.x70825.jpgEn la última semana -días más, días menos- me he sentido tremendamente decepcionada en dos ocasiones por el uso que Gustavo Dudamel ha hecho de un precioso espacio impreso y de televisión para no decir absolutamente nada.

Quien trabaja en el medio de la música clásica sabe exactamente lo que se necesita para obtener toda una página en el London Times o, aún más difícil, 10 minutos con Amanpour en CNN. Requiere el apoyo de importantes estructuras de relaciones públicas y Dudamel las tiene. Durante muchos años se ha beneficiado de una red global de relaciones públicas financiada por el régimen venezolano, con varios periodistas a su alcance.

Es profundamente simbólico haber tenido que ver esta entrevista tortuosamente anodina en CNN hoy, día en el que Luis Magallanes, un cantante de El Sistema y víctima emblemática del colapso del estado venezolano bajo el chavismo, vuela hacia España para presentarse en una audición del programa de Plácido Domingo en Valencia, gracias a la generosidad de los contribuyentes a una campaña de crowdfunding.

Dudamel ha utilizado estas dos entrevistas para distanciarse de la única declaración de algún relieve que hizo en más de una década de declive vertiginoso, y en la que -tras la muerte de Armando Cañizales hace exactamente un año- apeló a la restauración de la democracia en general y sin condenar específicamente a ningún agente gubernamental.

Veamos esto más de cerca.

Las protestas en las que el joven Armando fue trágicamente asesinado se debieron a la usurpación ilegal de la Asamblea Nacional de Venezuela por parte del régimen, que instaló en su lugar una “Asamblea Constituyente” ilegítima.

Esa asamblea está encabezada por Delcy Rodriguez. Rodríguez es ex ministra de propaganda de Chávez y también fue Ministra de Asuntos Exteriores cuando presentó a Dudamel y a la OSB ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas como los mejores “ejemplos de la Revolución Bolivariana”. Su departamento también está siendo investigado por servicios de inteligencia internacionales por vender la nacionalidad venezolana desde la embajada de Bagdad a cualquiera que estuviese dispuesto a pagar por ella, así como por lavar fondos de Hezbollah. Su departamento también proporcionó pasaportes diplomáticos a los dos sobrinos de la primera dama de Venezuela, condenados el año pasado en los Estados Unidos por el contrabando en avión de 800 kilos de cocaína desde el hangar presidencial.

Tras la reciente muerte de José Antonio Abreu, Delcy Rodríguez funge ahora como directora de El Sistema junto con el propio hijo del presidente, Nicolás Maduro Jr. En otras palabras, y por si alguna vez hubiese existido alguna duda, El Sistema ES el régimen venezolano.

Con Delcy Rodríguez – quien es, por cierto, hermana de Jorge Rodríguez, ex vicepresidente de Chávez y amigo íntimo de Dudamel- fungiendo ahora como directora de El Sistema, no sorprende que Dudamel esté llevando a cabo una ofensiva en la prensa mundial para retractarse de sus palabras: “mi intención no fue empezar una pelea”, dijo en ambas entrevistas.

Hablemos de tocar música y pelear, ya que el lema de El Sistema es “Tocar y luchar”.

La música no es solo una herramienta para educar y desarrollar mentes jóvenes. Es, como nos han mostrado los grandes compositores, un arma de disidencia y debe usarse como tal para combatir el cáncer que debe erradicarse del paisaje venezolano de una vez por todas, el cáncer personificado por gente como Jorge y Delcy Rodriguez. La música no sólo tiene que ver con la belleza, sino que codifica, más bien, la totalidad de la condición humana, gran parte de la cual está lejos de ser bella. Por cada Nocturno de Chopin hay una Sinfonía de Leningrado.

Debido al desastre del chavismo, cada hombre mujer y niño en Venezuela hoy, excepto aquellos dentro del régimen que disfrutan de privilegios especiales, lucha por la comida, la medicina y por el derecho básico a sobrevivir en un estado de caos sin ley. Todos los días recibo mensajes de gente como Luis, implorándome que les envíe dinero, comida, medicinas y, sobre todo, esperanza. Luis ha estado pidiéndome con paciencia durante dos años que lo saque y él es uno de los afortunados para quienes, debido a su obvio talento, hemos sido capaces de estructurar una estrategia de salida viable.

Este caos sin precedentes -la antítesis de la “belleza” indulgente y ofuscadora con la que Dudamel espera distraernos constantemente- es la consecuencia directa e innegable del chavismo, tal como lo imponen hoy los corruptos y narcotraficantes autoritarios que mantienen a Venezuela como rehén de la desesperación; Rodríguez es una de ellos y Dudamel es su marioneta ahora más que nunca, por lo que debe apaciguarla públicamente.

Lejos de desistir de la pelea porque Rodríguez ahora es directora de El Sistema, lo que debería haber dicho en estas entrevistas es “¡DEBEMOS luchar!”.

¿Eso implica poner en riesgo temporalmente El Sistema? ¡Claro que sí! ¿Por qué debería un grupo privilegiado ser inmune a las luchas de la sociedad en general? Existe un imperativo moral para liberar y depurar El Sistema de una vez por todas de su asociación con el régimen venezolano. Por un lado, a Dudamel y a El Sistema se les debería prohibir formalmente exaltar la belleza, al tiempo que se nombra como sus directores a los mismos monstruos que han convertido a Venezuela en uno de los entornos socioeconómicos más hostiles de nuestro planeta en la actualidad. Es una asociación moralmente imposible y me sorprende que Amanpour no haya escarbado más a fondo para exponer esa falacia atroz.

Por otro lado, si El Sistema es sus músicos, y a esos músicos los mata de hambre el régimen que los controla ¿cómo podemos esperar que sobreviva? Mientras que El Sistema se jacta de un crecimiento continuo para justificar la necesidad continua de financiamiento, la realidad es que Venezuela está siendo objeto de migraciones masivas. Volveré a ser testigo de ello hoy en pequeña escala cuando recoja a Luis Magallanes del aeropuerto.
La próxima vez que reciba un mensaje pidiendo medicinas, comida, un boleto de avión, o que ayude a pagar una factura de hospital -en un país cuyo salario mínimo mensual en un entorno económico del 82,000% de inflación, ni siquiera puede comprar una paquete de garbanzos- debería simplemente responder: “cuánta paz, amor, unidad y vínculos musicales de solidaridad”.

DEBEMOS luchar. Debemos luchar contra aquellos como Rodríguez, que han destruido nuestra democracia y han reemplazado toda esperanza de belleza para los hombres, mujeres y niños de Venezuela con una visión dantesca del infierno. No podemos permitir que Dudamel use cínicamente el manto de la belleza para blindar a los miembros más horrendos de la sociedad venezolana de la condena más amarga, una condena que Dudamel se niega a expresar porque él, y parte de la industria de la música clásica, han sido grandes beneficiarios del chavismo.

Ya basta. Tal vez El Sistema podría centrarse más en el segundo de los dos imperativos que forman su lema; “¡LUCHAR!” De lo contrario, Dudamel no sonará más plausible que una simple concursante de Miss Universo, a pesar de los años de entrenamiento de Abreu.

Gabriela Montero
– Cónsul Honoraria, Amnistía Internacional
– Ciudadana
– Músico

 

La rebelión de los votantes por Alberto Barrera Tiszka – The New York Times – 6 de Mayo 2018

 

ab-1285x1920

Durante todos estos años, siempre pensé que la única salida al conflicto de mi país era el voto. Sigo pensando así. Y justo por esa razón, creo que el próximo 20 de mayo los venezolanos debemos abstenernos.abstenernos.

Para la mayoría de la población, dentro y fuera del país, la situación es alarmante. Hemos llegado a un límite casi inimaginable en términos de hiperinflación, de deterioro en la calidad de vida, de violación de los derechos humanos y de control y represión oficial. El país frívolo que exportaba reinas de concursos de belleza se ha convertido en el país trágico que exporta pobres desesperados. Todo esto, bajo la mirada de un gobierno que sigue empeñado en negar la realidad, que prefiere destruir la nación que negociar.

En un artículo indignante, publicado hace pocos días en El País, Nicolás Maduro ofreció una muestra de cómo continuamente intenta legitimarse. “Nuestra democracia es distinta a todas”, afirma al comienzo del texto. “Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos”.

En realidad, su gobierno es un espejo perfecto de lo que denuncia. El chavismo se ha convertido en una élite que lleva veinte años concentrando poder. Controla el petróleo y la moneda, maneja a su antojo las instituciones y los tribunales, ha transformado a las Fuerzas Armadas en su ejército privado. Detiene, encarcela, tortura y hasta ejecuta adversarios sin respetar las leyes, sin dar explicaciones. Ha privatizado casi todos los espacios de la vida pública, ha organizado el hambre como un negocio político rentable. Una élite que necesita y desea, el próximo 20 de mayo, ganar algún tipo de legitimidad.

A medida que se acerca el día de las elecciones, aumentan la tensión y el debate sobre votar o no votar en el país. Quienes promueven la teoría de que es necesario votar dan por descontado que la abstención es una resignación inútil, un abandono de la lucha o una manera algo espuria de resistir. Uno de los éxitos del chavismo ha sido distribuir en la sociedad venezolana la idea de que el disentimiento es sospechoso, que siempre puede acercarse peligrosamente a la ilegalidad. La ambigua conjetura de que el llamado a no votar esconde en el fondo un ánimo conspirador le resulta muy conveniente al gobierno.

Dos supuestos sostienen la propuesta de participar en las elecciones: creer, primero, que de manera repentina una indetenible marea de votos le dará un triunfo incuestionable al candidato de la oposición, Henri Falcón, y, después, en segundo término, confiar que el gobierno y sus instituciones aceptarán y reconocerán esa victoria. No hay, sin embargo, ninguna garantía de que alguna de estas dos cosas pueda ocurrir.

La candidatura Falcón no depende de la política, sino de la fe. No es un problema que tenga que ver, ni siquiera, con el candidato. No hay que discutir sus cualidades o deficiencias. El problema está en el sistema. No es nueva la ilusión de un sorpresivo tsunami electoral, más aun en un contexto de crisis total como el que vive el país. Por eso mismo, la campaña oficial se ha centrado en obtener ganancias del clientelismo a través del llamado Carnet de la Patria, que permite al gobierno canjear votos por comida. La élite chavista ha diseñado una arquitectura electoral que carnetiza la pobreza y transforma la elección en un chantaje.

Supongamos, de todos modos, que la hipótesis se transforma en realidad y que una avalancha de votos hace irremediable un triunfo de la oposición. Supongamos, también, que el gobierno reconoce su derrota: ¿qué sigue? Henri Falcón debe esperar hasta enero de 2019 para que el presidente entregue el gobierno.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Las enseñanzas de lo ocurrido el 2015 deberían ser útiles. Tras la victoria de la oposición, los parlamentarios salientes aprovecharon los pocos días que les quedaban para dar un golpe de Estado y asegurar su control absoluto del Tribunal Supremo de Justicia. A esto, además, hay que sumarle la existencia de una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a la que todavía le queda por lo menos un año de ejercicio, constituida como un poder absoluto, capaz de —por ejemplo— redefinir y limitar a su antojo el papel y las funciones de la presidencia.

Esto implica que aun perdiendo las elecciones, la élite chavista retendrá el poder en su sentido amplio, incluyendo la posibilidad de despojar de facultades a la presidencia. En el supuesto negado de que Henri Falcón ganara, solo obtendría una silla hueca, un adorno y no un cargo, una representación del vacío. Todo esto hace que la elección del 20 de mayo sea un fraude anunciado.

La dirección política de la oposición tiene muchas debilidades y ha cometido bastantes errores. Sin embargo, en este momento tanto la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como el Frente Amplio están siendo leales con la mayoría que, de distintas maneras, intenta resistir ante el gobierno.

El llamado a la abstención es coherente con lo ocurrido tras las elecciones de octubre del año pasado, cuando Juan Pablo Guanipa ganó la gobernatura en el estado de Zulia y Andrés Velásquez en Bolívar. ¿Qué pasó? Al primero, trataron de someterlo a través de la ANC. La élite canceló el triunfo de los votantes e impuso nuevas elecciones. Al segundo, todavía hoy, el Consejo Nacional Electoral no le ofrece respuestas ante sus contundentes denuncias de fraude. Estos son ejemplos recientes y brutales.

Las elecciones en Venezuela están diseñadas como una estafa perfecta. El gobierno elige a todos los candidatos, establece las reglas de juego, no permite auditorías ni ningún tipo de observación independiente, extorsiona a los votantes con comida y medicinas, mientras la población menos necesitada se debate moralmente entre votar o no votar.

Es una maniobra que apuesta, además, a enfrentar a la crítica internacional. El gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales. Basta recordar una reciente entrevista con Jorge Rodríguez. El ministro de Comunicación y jefe de campaña de Maduro descartó la existencia de la crisis humanitaria usando como argumento el resultado de las últimas elecciones. Para eso necesita el gobierno que los venezolanos participen en las presidenciales.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. No estamos decidiendo entre votar o tomar las armas. Eso es parte de la trampa. Es lo que también ha propuesto Maduro. No estamos decidiendo entre votar o apoyar una invasión. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Pero es necesario que la dirigencia política de la oposición llene de sentido —simbólico y práctico— la abstención, que la convierta en un verdadero acto político. Hay muchas posibilidades e iniciativas de inventar acciones de todo tipo, dentro y fuera del país, para el 20 de mayo. No se trata de una resignación pasiva. La abstención no tiene por qué ser una renuncia. También puede ser un gran acto de rebeldía.

Alberto Barrera Tyszka es escritor y colaborador regular de The New York Times en Español. Su novela más reciente es “Patria o muerte”, recientemente traducida al francés en Gallimard.

 

A %d blogueros les gusta esto: