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Mi verdad sobre el 4 de Febrero (y VI) por  Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 19 de Abril 2020

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La inestabilidad que enfrentaba el gobierno presidido por Carlos Andrés Pérez le hizo comprender la necesidad de ampliar su base de sustentación. Inició conversaciones con el partido Copei. Eduardo Fernández tenía ciertas dudas sobre la conveniencia de que su partido ingresara al gobierno. Lo invité a reunirse conmigo en la residencia ministerial. Le informé sobre el creciente malestar existente en las Fuerzas Armadas. Lo hice con absoluta claridad. Su expresión de preocupación denotó que había comprendido la gravedad de la situación. Aceptó formar parte del gobierno. También conversé con Luis Piñerúa Ordaz. El presidente  Pérez le había ofrecido el ministerio del Interior y pidió tiempo para pensarlo. Hablé con Simón Alberto Consalvi y Luis José  Oropeza para que me ayudaran a convencerlo. Lo invité a la residencia ministerial y allí le expliqué situación militar. Al día siguiente se juramentó como ministro del Interior.

Las intrigas en mi contra se incrementaban diariamente. Su objetivo era lograr que el presidente Pérez me destituyera. El hecho fue aprovechado por mis detractores para hacer circular en la opinión pública mi supuesta vinculación con la sublevación militar. Esas intrigas comenzaron el mismo 4 de Febrero, cuando el presidente Pérez interrumpió una rueda de prensa que íbamos a iniciar el doctor Virgilio Ávila Vivas, ministro del Interior, y yo expresando, en alta voz, que él era el único que hablaba. La campaña en mi contra tenía distintos orígenes: el grupo cercano al presidente Pérez, un sector de los oficiales insurrectos y el comando del  Ejército. En ese grupo se encontraban los almirantes Iván Carratú Molina y Héctor Jurado Toro y los generales Carlos Santiago Ramírez y Herminio Fuenmayor, quienes llegaron a solicitar una audiencia con el presidente Pérez para convencerlo de mi supuesta deslealtad.

Esa campaña llegó a tener tal fuerza que el presidente Pérez en un almuerzo en casa de su hija Martha me dijo en alta voz: “Ochoa, permanentemente me dicen que lo destituya y no lo he hecho”. Un poco molesto le respondí: “Eso es verdad presidente, se lo agradezco, pero también es cierto que a mí me dicen todos los días que lo amarre y no lo he hecho”. El presidente Pérez se sonrió, con picardía, tomando mis palabras en broma. Yo hice lo mismo, pero consideré que debía renunciar antes de que me destituyera. Durante la siguiente cuenta le presenté mi renuncia y le argumenté que lo hacía convencido como estaba de haber perdido su confianza. Al escuchar mis palabras se levantó bruscamente y con un expresivo gesto, me dijo: “Ochoa, yo no he dudado de usted ni una pizquita”, señalando el pequeño espacio de la uña. Para convencerme aún más de su confianza, me recordó los fuertes vínculos de amistad familiar que nos unía. La conversación terminó gratamente.

El sector de los oficiales insurrectos, por su parte, hizo circular un documento, el 5 de febrero de 1992, dirigido al doctor Ramón Escovar Salom, fiscal general de la República, en el cual se señalaban 25 indicios según los cuales yo estaba comprometido en el alzamiento. Ese documento circuló ampliamente, evidenciando su objetivo político, en las universidades nacionales. En su libro, La rebelión de los ángeles, la periodista Ángela Zago los enumera. Ninguno de esos supuestos indicios resiste el menor análisis. En verdad, lo cercano de la fecha del documento con la del frustrado golpe de Estado muestra claramente que su objetivo político era incrementar las tensiones internas y generar confusión en las Fuerzas Armadas desviando su responsabilidad hacia mí. En las declaraciones, ante el juez de la causa, los capitanes Luis Valderrama, Gerardo Márquez, Ronald Blanco La Cruz, Antonio Rojas Suárez y el sargento técnico de segunda Iván Freites repitieron los supuestos indicios.

Voy  a responder solo el primero de esos indicios por ser uno de los argumentos más utilizados en mi contra: “Dar cargos en unidades importantes y cerca de Caracas a oficiales catalogados como conspiradores” (1). Los hechos se desarrollaron así: el T. C. Miguel Ortiz Contreras y yo coincidimos en una reunión social en la cual él me manifestó que Hugo Chávez y Jesús Urdaneta se sentían insatisfechos por los cargos administrativos para los cuales habían sido designados. Le respondí que les informara mi interés en conocer sus planteamientos. Después de haberlos escuchado llamé al general Rangel para pedirle que los recibiera y les diera la respuesta que considerara conveniente. En el caso del T. C. Chávez le sugerí que lo asignara a una unidad cercana a su residencia familiar, como la Escuela de Suboficiales del Ejército. En el caso de Urdaneta Hernández, solo le pedí que estudiara su caso y le diera una solución. De todas maneras, en los libros Habla el comandante y El comandante irreductible se narra lo ocurrido. Una circunstancia casual, la solicitud de baja del T.C. Julio Suárez Romero, comandante del batallón Briceño, fue la causa para que el comando del Ejército nombrara a Chávez en su reemplazo en el mes de agosto. Desconozco los motivos para la designación del T. C. Urdaneta.

En una entrevista al diario Le Monde, el sector de los oficiales insurrectos declaró: “Sí, el ministro estaba al corriente, pero no pertenecía al Movimiento Bolivariano, tenía uno paralelo. Logramos conocer de sus intenciones al infiltrar en sus reuniones a oficiales nuestros. Ellos concebían un “Plan Jirafa” que consistía en dejarnos actuar, conocían nuestras acciones, tenían identificados a los líderes, el día y la hora de nuestra operación y no hicieron nada para detener la insurrección. Al contrario, algunos oficiales pensaron que el general Ochoa era el líder del movimiento”. (2) Ninguno de ellos, a pesar de haberlos enfrentado desde el 4 de Febrero, ha presentado pruebas de la existencia del «Plan Jirafa”.  La razón es sencilla: nunca existió. Sólo buscaban confundir y descalificarme ante la opinión pública.

Mi actuación el 4 de Febrero es uno de los grandes mitos de ese día. Muchos venezolanos aún dudan de ella. La intriga ha logrado impactar más que la verdad. Afortunadamente, sus dos principales actores, Carlos Andrés Pérez y Hugo Chávez, dieron testimonio de mi conducta. Carlos Andrés Pérez, en el libro Memorias proscritas, ante la insistente pregunta de los autores sobre mi posible vinculación con el alzamiento respondió con firmeza: “Es falso que Ochoa Antich haya estado involucrado en el golpe del 4 de Febrero. Absolutamente falso. Si hubiera estado involucrado, con solo haberse  demorado cinco minutos en avisarme me hubieran hecho preso  en La Casona o me hubieran asesinado. No hay la menor duda” (3). Lo repite, en el libro Yo sigo acusando. Ante la tesis del “golpe permitido” de Agustín Blanco Muñoz, responde con igual fuerza: “Hablar de algún contacto entre el ministro y los golpistas es una infamia. Hubo quizá negligencia de su parte, pero no coordinación con los golpistas”. (4)

En realidad no hubo negligencia de mi parte. Lo que hubo fue, como lo he expuesto ampliamente en estos artículos, deslealtad del general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército, con el presidente Pérez y conmigo. La información que yo recibí del general Freddy Maya Cardona, comandante de la Guardia Nacional, se limitó a la existencia de un rumor sobre una posible acción de unos oficiales superiores y subalternos en el aeropuerto de Maiquetía para impedir que el presidente Pérez aterrizara a su regreso de Davos. También narré ampliamente las acciones que tomé ante la obstrucción de la autopista Caracas-La Guaira. Así mismo, el director de la DIM, general José de la Cruz Pineda solo me ratificó la información recibida anteriormente. Posteriormente, al conocer del alzamiento de la compañía del batallón Aramendi, en Maracaibo, procedí de inmediato con rapidez y acierto.

Por otra parte, Hugo Chávez en Habla el comandante, ante las insistentes preguntas de su autor desarrollando la misma tesis “del golpe permitido”, desmintió, de manera categórica, alguna vinculación mía con la sublevación militar de la manera siguiente: “Ese documento y las declaraciones de esos oficiales, las cuales, en diversas ocasiones, fueron desmentidas por mí, provenían de dos fuentes: una, del intento de un sector de los capitanes de confundir, de dirigir la investigación hacia el propio Ochoa, de tratar de despistar. Y, por otro lado, un grupo de ellos había sido manipulado, de eso no tengo la menor duda, y llegaron a pensar que de verdad Ochoa Antich tenía un compromiso conmigo y que nos había traicionado. En ese grupo de denunciantes se encuentran los capitanes Luis Rafael Valderrama, Gerardo Márquez, Ronald Blanco La Cruz y el ya nombrado sargento Freites” (5).

Notas:

Con estos 6 artículos he querido presentar a los lectores, en beneficio de la verdad histórica, un resumen del contenido de mi libro Así se rindió Hugo Chávez. Espero haber logrado el objetivo. Su copia virtual está  a la orden para quien tenga a bien requerirlo.

En el artículo V de esta serie me referí, erróneamente, a la actuación del T. C. Francisco Arias Cárdenas. Varios amigos y algunos compañeros de armas me han hecho ver que cometí un error. Los hechos se desarrollaron de manera diferente: El T.C. Arias tomó el helicóptero asignado al comando de la Primera División de Infantería, obligando a su piloto a tripularlo, y sobrevoló el Cuartel Libertador. Al hacerlo, percibió que ese cuartel había sido recuperado por fuerzas leales al gobierno constitucional. De inmediato se dirigió hacia la base Rafael Urdaneta, en la cual, de manera inexplicable, le facilitaron un avión Bronco para viajar a Caracas. Al llegar a la base Francisco de Miranda fue detenido. Esta nueva realidad también me obliga a modificar mi apreciación sobre su conducta: ella fue ineficiente militarmente e irresponsable, pero no cobarde.


1.- Zago, Angela, La rebelión de los ángeles, Warp Ediciones, Caracas, 1998, pp. 158,159;

2.- Jiménez Sánchez Iván, Los golpes de Estado desde Castro hasta Caldera, Corporación Marca. Caracas, 1996, p. 249;

3.- Hernández Ramón y Giusti Roberto, Memorias proscritas, Libros El Nacional, 2006, p. 368;

4.- Blanco Muñoz, Agustín, ¡Yo sigo acusando! Habla CAP, Cátedra Pio Tmayo,  pp. 634, 305;

5.- Blanco Muñoz, Agustín, Habla el comandante, Fundación Pío Tamayo, Caracas, 1998, ´pp. 265, 266.

 

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (IV) por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 5 de Abril 2020

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Una vez controlada la situación en Fuerte Tiuna, conversé con varios generales que habían estado detenidos en la alcabala de entrada de la Comandancia del Ejército, entre ellos los generales Iván Jiménez Sánchez y Ramón Santeliz Ruiz y el vicealmirante Germán Rodríguez Citraro. Decidí trasladarme a Miraflores a recibir al presidente Pérez. Designé al coronel Rubén Medina Sánchez para que me acompañara. Llegamos cerca de las 3:00 am. Encontré en la antesala del despacho presidencial al señor Luis Alfaro Ucero, lo saludé e intercambiamos algunas palabras. Minutos después se anunció la llegada del presidente Pérez. Lo recibí y nos dirigimos a su despacho. Subí con él a sus habitaciones. La suite japonesa mostraba los destrozos del criminal ataque. Le informé la situación militar y la urgencia de controlar y rendir el Museo Militar, la base Francisco de Miranda, la Brigada de Paracaidistas, la Brigada Blindada y el Cuartel Libertador.

En la conversación le resalté un hecho que consideraba inexplicable hasta ese momento: “Presidente, me he comunicado con todos los comandantes de Fuerza a excepción del general Rangel. Debe estar preso o se encuentra comprometido con la insurrección”. La respuesta del presidente me sorprendió: “Usted no se habrá comunicado con el general Rangel; yo, desde que comenzó la crisis, he estado en contacto con él”. Le respondí secamente: “Usted es el presidente de la República, si el general Rangel se ha comunicado con usted es más que suficiente”. Fue una demostración de la molestia que sentía ante la conducta del general Rangel. Le solicité permiso para retirarme y me trasladé a la antesala presidencial. Allí se encontraba el general Oviedo Salazar. Evaluamos la situación militar durante algunos minutos. Le ordené reorganizar la fuerza de tarea y recuperar la base Francisco de Miranda y la comandancia de la Aviación.

Seguidamente, decidí llamar por teléfono al T.C. Chávez para exigirle su rendición. El T.C. Rommel Fuenmayor logró comunicarse con el Museo Militar. Lo atendió el coronel Marcos Yánez Fernández, su director, quien me había llamado al ministerio informándome, cerca de la 1:00 am, que el T.C. Chávez había tomado sus instalaciones, planteándole mi interés en conversar con el T.C. Chávez.  A los cinco minutos atendió la llamada. La conversación duro cerca de diez minutos:

—Chávez, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Lo estoy llamando desde Miraflores. Ríndase para evitar que continúe el derramamiento de sangre. Reflexione. Piense en sus deberes militares.

—Mi general, no me voy a rendir. Tenemos el control de importantes guarniciones y los combates serían largos y costosos.

—Chávez, le repito, la situación está totalmente controlada por el gobierno nacional. Ríndase.

—Mi general, ¿por qué usted no viene hasta aquí para que conversemos personalmente?

—Usted está loco Chávez. Si voy al Museo Militar, usted me detiene.

—No, mi general, le doy mi palabra de que no será así.

—Chávez, esa propuesta suya es imposible de aceptar. Ríndase.

En ese momento vi pasar al general Ramón Santeliz Ruiz, quien, como lo habían hecho muchos otros militares y civiles, se había trasladado al Palacio de Miraflores. Conocía su amistad con Hugo Chávez:

—Chávez, aquí está el general Ramón Santeliz Ruiz. Lo voy a enviar para que le demuestre lo comprometido de su situación.

—De acuerdo, mi general.

Inmediatamente informé al presidente Pérez sobre el contenido de la conversación. Estuvo de acuerdo con enviar al Museo Militar al general Santeliz a conversar con Hugo Chávez. La gestión del general Santeliz no tuvo éxito. Juntos se lo informamos al presidente Pérez. Nos escuchó con detenimiento y con mucha serenidad me ordenó: “Ministro, ataque inmediatamente el Museo Militar con la aviación”. El general Santeliz le pidió autorización al presidente Pérez para llamar telefónicamente al T.C. Chávez. Lo hizo. Desde el teléfono nos dijo en voz alta: “Señor presidente, señor ministro, el comandante Chávez se rendirá a las 3:00 de la tarde”. El presidente Pérez se acercó y en voz alta, para que el T.C Chávez escuchara, expresó: “Dígale a ese señor que se rinda ahora o apenas amanezca será bombardeado”.

Acto seguido llamé al almirante Daniels y le ordené movilizar a la Infantería de Marina para atacar el Museo Militar. Me ratificó el control de todas las bases aéreas a excepción de la base Francisco de Miranda. Reflexioné unos minutos. Bombardear las unidades insurrectas complicaría, aún más,  la situación. Le ordené entonces movilizar la Décima Segunda Brigada de Infantería y la Sexta División de Caballería acantonadas, respectivamente, en Barquisimeto y San Juan de los Morros con la finalidad de presionar la rendición de la Brigada Blindada. Me informó que la columna de tanques que se dirigía a Caracas se había rendido, cerca de las 3:00 am, ante la imposibilidad de continuar la marcha, gracias a la fuerte posición defensiva establecida por el coronel Norberto Villalobos y efectivos del Comando Logístico del Ejército.

A las 5:45 am llamé de nuevo a Hugo Chávez desde el despacho privado del presidente de la República:

—Chávez, ¿qué ha pensado? ¿Se rinde o no?

—Mi general, tenemos el control de las guarniciones de Maracay, Valencia y Maracaibo.

—Chávez, si usted no se rinde dentro de diez minutos ordenaré el ataque con la Infantería de Marina y la Aviación. Usted no tiene alternativa. Si resiste, lo único que va a ocasionar es un mayor derramamiento de sangre. Piense en sus deberes militares.

—Mi general, conozco mis deberes militares. No me rindo.

—Chávez, voy a hacer sobrevolar la Aviación sobre el Museo Militar dentro de unos minutos. La Infantería de Marina se desplaza, en este momento, por la autopista. Piénselo. No vale la pena sacrificar la vida de sus soldados.

Hugo Chávez trataba de ganar tiempo con la esperanza de que al amanecer otras unidades se insurreccionaran. Llamé al almirante Daniels y le ordené que hiciera sobrevolar el Museo Militar con los F-16. En ese momento el presidente Pérez me llamó a su despacho. Molesto me dijo:

—Ochoa, ordené el ataque al Museo Militar. No quiero más negociaciones.

—Presidente, voy a hacer sobrevolar la aviación para mostrar nuestro poder de fuego. La Infantería de Marina se desplaza por la autopista. Pienso atacarlo con la Infantería de Marina y la Aviación en caso de que no se rinda.

—No quiero más negociaciones. Bombardéelo a la brevedad posible.

—Presidente, lo haré apenas la Infantería de Marina esté desplegada. Bombardear no es sencillo. La cercanía del 23 de Enero complica la operación. Permítame continuar la negociación.

—Ochoa, le doy diez minutos para que se rindan los insurrectos. Después, ordene el ataque.

—Entendido, presidente.

Aproximadamente a las 6:15 am llamé, nuevamente, al Museo Militar. Me atendió el coronel Yánez Fernández. Hugo Chávez se negó a hacerlo. Le dije que le informara sobre las acciones que estaba tomando para atacarlo. En su informe el coronel Yánez narra lo siguiente: “Así lo hice. Me trasladé hasta la entrada principal del Museo Militar. Allí estaba Hugo Chávez. Se observaba pálido y muy desmoralizado. Le informé mi conversación con el ministro de la Defensa. Se quedó pensativo unos minutos. Los F-16 volvieron a sobrevolar sobre el Museo Militar. Hugo Chávez me dijo en ese momento: Dígale al ministro que conversaré con él. Me dirigí hacia mi oficina. Hugo Chávez me siguió. Tomé el teléfono, le informé al general Ochoa que allí se encontraba el T.C. Chávez. Él me pidió que lo dejara solo en mi oficina para conversar con el ministro Ochoa¹:

—Chávez, ¿qué ha pensado? Observe que la Aviación, la Armada y la Guardia Nacional se mantienen leales al gobierno constitucional. Solo algunas unidades del Ejército se han insurreccionado en muy pocas guarniciones. Las unidades en Caracas en su casi totalidad se mantienen leales. Solo falta por rendirse la base Francisco de Miranda y el Museo Militar. La base Francisco de Miranda está siendo atacada con éxito. Si continúan los combates, usted será responsable de los muertos. Ríndase de inmediato. De no hacerlo ordenaré el ataque al Museo Militar con la Aviación y la Infantería de Marina. Tenga en cuenta que por su terquedad las muertes que ocurran caerán sobre su conciencia. Piénselo.

—Mi general, deme diez minutos para pensarlo.

—Chávez, le concedo los diez minutos.

Transcurrido ese tiempo llamé, de nuevo, al Museo Militar. Me atendió el teléfono el propio Hugo Chávez.

—¿Que ha pensado Chávez?

—Mi general, necesito garantías para rendirme.

—Usted las tiene. A usted y a los demás oficiales sublevados le serán respetados sus derechos humanos y su condición de oficiales de las Fuerzas Armadas. Le doy mi palabra.

—Mi general, me rindo.

—Bien Chávez. Voy a enviar al general Santeliz para que lo traslade detenido al Ministerio de la Defensa.

Eran las 6:30 am. Cerré el teléfono, el presidente Pérez estaba presente y al tanto de la conversación. Le solicité autorización para enviar al general Santeliz  al Museo Militar con la finalidad de detener y trasladar al Ministerio de la Defensa al T.C. Hugo Chávez. Me comuniqué con el almirante Daniels y le informé la rendición del Museo Militar.

1. Ochoa Antich, Fernando, entrevista al coronel Marcos Yánez Fernández, p. 165, Así se rindió Chávez, Libros El Nacional, año 2007

Mi verdad sobre el 4 de Febrero (III) por  Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 29 de Marzo 2020

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Después de pedirle al presidente Pérez que se dirigiera a los venezolanos, me dediqué a enfrentar la grave situación militar. Ante mi convencimiento que recuperar el control de Miraflores era imprescindible, urgí insistentemente al general Luis Oviedo Salazar a organizar, en el menor tiempo posible,  el grupo de  tarea con el fin de atacar la unidad insurrecta que tenía rodeado el palacio presidencial. Preocupado por el rápido avance de la columna de tanques, proveniente de Valencia, llamé telefónicamente al general Alfredo Salazar Montenegro, Jefe del Comando Logístico del Ejército. Le ordené establecer una posición defensiva en la Autopista Regional del Centro, con la finalidad de impedir el acceso de la columna de tanques a Caracas. De igual manera, al requerirse, con urgencia,  recuperar el control de Fuerte Tiuna, me comuniqué con  el coronel Jhon Torres Aquino, comandante del Regimiento de Comunicaciones del Ejército. Le  ordené preparar su unidad para atacar la compañía insurrecta que tenía rodeado el ministerio de la Defensa y el comando del Ejército. Afortunadamente, el ataque no fue necesario.

El presidente Pérez llamó al contraalmirante Iván Carratú Molina, jefe  de la Casa Militar y le ordenó organizar su salida del palacio presidencial. El CA Carratú muy sorprendido le respondió: “Eso es imposible presidente, todas las salidas están controladas por los insurrectos  e intentar salir pondría en riesgo su vida”. El presidente Pérez insistió de una manera firme y decidida: “Carratú, no le estoy preguntando qué es lo que vamos a hacer. Le estoy ordenando preparar mi salida de Miraflores”. (1) Ante la decisión del presidente de la República, el jefe de la Casa Militar pidió unos minutos para planificar lo necesario. Observó que una de las puertas, la que comunica con la plaza Bicentenaria, no había sido bloqueada por los insurrectos. El presidente de la República, acompañado del CA Carratú, el ministro Ávila Vivas, el señor Alfaro Ucero, el T.C. Dudamel y el comisario Fernández, se trasladó desde su despacho hasta el garaje de Miraflores. Un motorizado de la escolta fungió de chofer. Tomaron un automóvil particular. El señor Alfaro, debió permanecer en Miraflores al no llegar a tiempo para tomar el vehículo.

El CA Carratú ordenó abrir la mencionada puerta. Al hacerlo sonó la alarma. Se produjeron disparos contra el vehículo, desde uno de los carros blindados que rodeaban el palacio presidencial, sin consecuencias. El presidente Pérez ordenó dirigirse a Venevisión. Llamó por teléfono al señor Carlos Bardasano, gerente de la planta, quien le informó que el canal no se encontraba controlado por los insurrectos. Al llegar a la estación fue recibido por el señor Bardasano y de inmediato se preparó un pequeño estudio para que el presidente de la República enviara un mensaje a la nación: “Un grupo de militares, traidores a la democracia, liderando un movimiento antipatriótico, pretendieron tomar por sorpresa al gobierno. Me dirijo a todos los venezolanos para repudiar este acto. En Venezuela el pueblo es quien manda. Su presidente cuenta con el respaldo de las Fuerzas Armadas y de todos los venezolanos. Esperamos que en las próximas horas quede controlado. Cuando sea necesario volveré a hablar”. (2) A los pocos minutos, se escucharon las voces de Eduardo Fernández y de Teodoro Petkoff en rechazo a la asonada militar.

El presidente Pérez decidió dirigirse, de nuevo, al país. “venezolanos, venezolanas: hace una hora me dirigí a la nación para darle cuenta del atropello vandálico de un grupo de militares que desconociendo sus deberes constitucionales pretendieron dar un golpe para asesinarme al tratar de tomar “La Casona” y el palacio de Miraflores. Afortunadamente, la lealtad funcional de las Fuerzas Armadas lo ha impedido. He contado con el respaldo de toda la nación y de los países democráticos del mundo… Ahora quiero dirigirme especialmente a las Fuerzas Armadas Nacionales: oficiales y soldados, les habla su comandante en jefe, su obediencia es para quien tiene el mandato del pueblo, para quien juró la Constitución. Cualquier oficial, cual sea su jerarquía, que pretenda no acatar su mandato debe ser desconocido por ustedes. Ustedes tienen que honrar su juramento, ustedes tienen que honrar al pueblo de Venezuela. Yo les envío la orden precisa y categórica: obedecer a su Comandante en Jefe, obedecer a los comandos naturales firmes en obediencia y acato de la Constitución Nacional”. (3)

El almirante Rafael Huizi Clavier, el coronel Juan A Pérez Castillo y el señor José Hernández redactaron un comunicado, a nombre del Ministerio de la Defensa, para informar a la nación sobre lo que ocurría. Autoricé, telefónicamente, su contenido y les ordené difundirlo a través de Venevisión. Así lo hicieron. La situación militar empezó a modificarse de inmediato. La alocución del presidente Pérez tuvo un gran impacto psicológico en los oficiales insurrectos y se produjo la rendición, sin combatir, de varias unidades bajo el mando de esos oficiales, entre ellas la compañía del regimiento Codazzi que tenía rodeado el Ministerio de la Defensa y la Comandancia del Ejército. Su comandante, el capitán Humberto Ortega Díaz, informó su decisión de rendirse al general Humberto Betancourt Contreras, quien se encontraba entre los detenidos en la alcabala de acceso a la Comandancia del Ejército. El general Betancourt se lo comunicó al general Rangel y este ordenó que fuera detenido y conducido a su oficina. El coronel Raúl Salazar, tomó el mando de la unidad insurrecta con el fin de trasladarla a su cuartel.

El batallón Bolívar y 16 carros de combate pertenecientes al batallón Ayala, al mando del general Luis Oviedo Salazar, sobrepasaron las alcabalas de Fuerte Tiuna a las 2:30 am. Su objetivo: recuperar el control del palacio de Miraflores. El avance se realizó por las avenidas Baralt y Urdaneta. Durante el trayecto se agregó a la columna una compañía de vehículos antimotines del Destacamento No. 51 de la Guardia Nacional. El fracaso en la toma del palacio presidencial, la imposibilidad de capturar al presidente y la aproximación del Grupo de Tarea condujo a los mayores Carlos Díaz Reyes y Pedro Alastre López a iniciar conversaciones con el teniente coronel Rommel Fuenmayor con la finalidad de rendirse. Así lo hicieron, evitando un combate innecesario contra una unidad que los superaba en efectivos y poder de fuego. El teniente coronel Fuenmayor me llamó por teléfono para notificarme la rendición de la unidad sublevada y la llegada a Miraflores del Grupo de Tarea. De inmediato, me comuniqué telefónicamente con el presidente Pérez para informarle que podía trasladarse, de nuevo, al palacio de Miraflores.

¿Por qué fracasó la insurrección militar? El factor sorpresa, elemento fundamental para el éxito de una conspiración de cuadros medios, no se logró totalmente debido a la información aportada por el capitán René Gimón Álvarez y la orden de acuartelamiento, aunque insuficiente, dictada por el general Rangel Rojas a las unidades del Ejército de la Guarnición de Caracas. Los oficiales comprometidos en esas unidades le informaron al T.C Hugo Chávez que, ante esa medida, les era imposible insurreccionarse. Sin embargo, Chávez decidió continuar con el alzamiento. No le importó comprometer la vida de los oficiales y soldados en una operación con tan pocas posibilidades de éxito. La misión del batallón Briceño, bajo su mando directo, era apoyar el ataque del batallón Ayala a Miraflores. Inexplicablemente, Hugo Chávez, en lugar de abocarse a cumplir esa misión,  decidió tomar el Museo Histórico Militar e instalarse allí a esperar el resultado de ese ataque. Otro factor imprescindible en toda operación militar, el comando y control, brilló por su ausencia.

El informe que presentó el coronel Marcos Yánez Fernández, director del Museo, inmediatamente después de los hechos, describe la irresponsable y cobarde actitud que asumió el T.C. Hugo Chávez Frías durante el alzamiento. “En ese momento salí a las puertas del Museo Militar. Allí se encontraba Hugo Chávez. Se veía pálido. Observaba con binóculos los combates que se desarrollaban en los alrededores de Miraflores, pero no tomaba ninguna decisión. Algunos vehículos blindados tipo Dragón disparaban sobre el Regimiento de la Guardia de Honor. La inmovilidad de los vehículos blindados indicaba que estaban siendo fijados por fuego de una unidad muy superior en efectivos como era el Regimiento de la Guardia de Honor. Era imprescindible apoyar con Infantería a los vehículos blindados. Hugo Chávez se encontraba tan impresionado por lo que ocurría que no era capaz de analizar con suficiente claridad la situación militar. Sus respuestas a mis planteamientos fueron totalmente incoherentes. Al darme cuenta del estado de shock que presentaba me retiré a mi oficina”. (4) El batallón Briceño contaba, aproximadamente, con 300 hombres bien equipados y entrenados. Hugo Chávez los mantuvo inactivo hasta su rendición a las 6:30 a.m.


  1. Ochoa Antich, Fernando, Conversación mantenida con Carlos Andrés Pérez el 5 de febrero de 1992, Así se rindió Hugo Chávez p. 145. Libros El Nacional, Año 2007;
  2. Tarre Briceño Gustavo, El espejo roto, p.38, Editorial Panapo, Caracas, 1994;
  3. Wasloxten, Gustavo, Maisanta en caballo de hierro pp. 54-56. Citado por Gustavo Tarre Briceño en El espejo roto”;
  4. Yánez Fernández, Marcos, entrevista, Caracas, 14 de abril de 2006, informe que presentó al ministerio de la Defensa en febrero de 1992, Así se rindió Chávez pp.142, 143, Libros El Nacional, año 2007.

Doña Blanca de Pérez, una gran primera dama por Fernando Ochoa Antich – El Nacional – 1 de Marzo 2020

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La reciente conmemoración, siempre dolorosa, del 4 de febrero de 1992, dio pie, como siempre, a una serie de entrevistas a algunos de sus actores en diversos medios de comunicación social. En una de esas intervenciones, un personajillo de esos cuyo nombre prefiero no mencionar, hizo algunos comentarios negativos sobre doña Blanca de Pérez, los cuales me veo en la obligación de rechazar categóricamente.

No es cierto que durante las dos presidencias de Carlos Andrés Pérez, la familia presidencial utilizara los bienes públicos a su disposición, de manera indebida, y mucho menos que irrespetara al personal militar y civil a su servicio. Soy testigo de excepción. Durante dos años me desempeñé como comandante del Batallón de Custodia de la Guardia de Honor, responsable de la seguridad tanto de la familia presidencial como de La Casona. Puedo dar fe del trato recibido tanto por mi persona, como por mis oficiales y soldados, el cual siempre fue respetuoso y amable. Nunca le escuché a doña Blanca una sola palabra ofensiva para nadie bajo ninguna circunstancia.

Esa gran venezolana tuvo un admirable desempeño en su papel de primera dama de la República. Siempre secundada por su hija Carolina, dirigió con gran acierto la Fundación del Niño, responsabilidad institucional de la esposa del presidente, para velar por el bienestar y formación integral de los niños en Venezuela. Así mismo, fomentó, creó y dirigió programas dedicados al apoyo de las familias más necesitadas, como fueron los Hogares de Cuidado Diario, de grata recordación en los sectores populares, para dar el apoyo necesario a las familias de menores recursos y permitirle a las madres desempeñarse en el campo laboral, mientras sus pequeños hijos permanecían al cuidado de madres cuidadoras  de cada comunidad. Su última creación, Bandesir o Banco de Sillas de Ruedas, que estaba orientada a ayudar masivamente a sectores populares afectados en su salud facilitándoles sillas de ruedas y medios ortopédicos que, por sus costos, les eran inalcanzables, demuestran su extraordinaria bondad. Su forma de ser amable y sencilla condujo a nuestro pueblo a llamarla, con particular afecto, doña Blanquita.

Otra  de las grandes cualidades de esta admirable mujer fue su gran valor personal para enfrentar las dificultades. Precisamente, en la madrugada de ese aciago 4 de febrero, cuando la residencia presidencial fue cobardemente atacada por los alzados en armas, a sabiendas de que allí solo se encontraba doña Blanca junto a sus hijas, pudo dar muestras de valentía al exigirle, con gran determinación, al oficial comandante del Batallón de Custodia que por ningún concepto se rindiera y su permanente disposición de resistir hasta el último momento. Al visitarla en la tarde de ese día, después de haber sofocado la rebelión, me recibió y relató los hechos vividos con gran serenidad. Sin embargo, a pesar de haber sido protagonista principal de ese terrible episodio, nunca hizo alarde de valentía ni manifestó algún sentimiento de odio contra quienes se atrevieron vilmente a amenazar su vida y la de su familia. Realmente, esa visita me causó una gran impresión, al haber conocido la entereza y determinación de esa señora, amable y apacible, que hasta ese día había conocido.

Estas son las razones que me han llevado a hacer un alto en el tratamiento de los temas de interés político y militar que suelo abordar, para escribir estas breves líneas en honor de doña Blanca de Pérez, como un justo reconocimiento a sus grandes dotes personales y morales, las cuales le permitieron afrontar con gran aplomo y dignidad todas las vicisitudes que le ha tocado vivir como ciudadana honorable, excelente madre y esposa. No es posible permitir que mezquindades y rencores sirvan para cometer injusticias en detrimento del honor de personas como doña Blanca. Es lamentable que se utilicen artimañas para satisfacer deseos de venganza y figuración que, al final, terminan dejando en evidencia la estatura ética y moral de quienes las profieren. Honrar, honra.

4F: posibles lecciones por Eddie A. Ramírez – Noticiero Digital – 4 de Febrero 2020

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A casi tres décadas del alzamiento militar liderado por Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992 y ante la grave situación actual, nuestra dirigencia política debe reflexionar sobre cómo enrumbar a Venezuela hacia una democracia que promueva el crecimiento económico, favorezca a la población y sea amigable con el ambiente. Mientras esto no se logre estaremos expuestos a aventureros que ofrecen villas y castillos, pero que no cumplen y destruyen lo poco que existe.

Cabe recordar que la “justificación“ del 4F, segun sus protagonistas, fue que no había independencia de los Poderes del Estado, que el hampa actuaba libremente, no había protección a la salud, a la educación y al trabajo, que existía una gran corrupción y que el Estado se había endeudado indebidamente. Sin duda que los indicadores de crecimiento eran excelentes en 1990 y 1991, pero la inflación era elevada, así como los niveles de pobreza. Ante estos hechos innegables, la mayor parte de la población compró la oferta de Chávez, a pesar de que era evidente que nos quería llevar al triste destino de Cuba.

Para intentar evitar intervenciones no deseables es necesario que los demócratas firmen un pacto que no sea para alcahuetear la corrupción y mal gobierno, sino para poder recuperar nuestra economía y crear confianza y paz social en un marco de estabilidad política. Este pacto entre los principales partidos democráticos tiene que ser a largo plazo, no menos de veinte años, como un período de transición entre la destrucción actual y la senda del desarrollo. Es un error pensar en una transición corta del presidente (e) Guaidó, para de inmediato realizar una elección presidencial con participación de varios candidatos demócratas. Ese gobierno y los siguientes estarían condenados al fracaso y al muy probable retorno del totalitarismo chavista. El pacto sugerido no solo debe ser en cuanto al programa de gobierno, sino también de selección de un candidato de la unidad democrática que dure cinco años sin reelección, el cual enfrentaría al candidato de los partidos que no firmen el pacto. Es decir, tendríamos cuatro presidentes en el período del pacto.

Condición indispensable para la estabilidad es recuperar la economía en el menor tiempo posible. Para ello los catalizadores positivos tienen que ser el sector petrolero y el agrícola. Sobre el futuro de la industria petrolera se ha discutido mucho por parte de expertos y de aficionados como quien esto escribe. Recientemente Vente Venezuela organizó un foro sobre si la nacionalización de la misma fue un acierto o un error. Calderón Berti y Evanán Romero coincidieron en que la nacionalización fue positiva en muchos aspectos, pero que dada la situación de deterioro y de las necesidad de grandes inversiones para recuperarla, no habrá otra opción que el ingreso de capital extranjero, lo cual no es desnacionalizar, sino que el Estado asuma su papel de controlador y no de empresario. Por su parte Rafael Quiroz hizo el símil de que desnacionalizar, por el fracaso del Estado en el manejo actual de Pdvsa, es como predicar la reversión de nuestra independencia porque fracasamos en construir un buen país. Respetamos, pero no compartimos, la posición de Quiroz. Más estratégico que el petróleo es la producción de alimentos, pero después de los fracasos de la Unión Soviética, de Cuba y de las empresas creadas por Chávez- Maduro, pocos deben pensar que la producción agropecuaria esté en manos del Estado.

El ingeniero petrolero Rafael Gallegos escribió en su Blog que “privatización o apertura no significa entregar la industria petrolera a las transnacionales, sino desarrollar mecanismos legales que permitan a los venezolanos sentar las pautas de los modelos de producción , de manejo de nuestras refinerías y de volúmenes de producción”.

En todo caso, estemos o no de acuerdo con la privatización, ningún gobierno dispondrá de recursos suficientes para para volver a producir alrededor de los tres millones de barriles por día, a menos que sigamos sacrificando la salud, educación e infraestructura.

El 4 F un grupo de militares insurgió indebidamente en contra de un gobierno malo, pero electo libremente y que respetaba la Constitución.Quizá algunos de los que participaron lo hicieron de buena fe, pensando que la vía electoral para cambiar el rumbo estaba bloqueada por la actuación de muchos de los dirigentes políticos. Sin embargo, el equipo que después logró imponerse por la vía electoral resultó ser un gran demoledor.

Hoy, nuestra Carta Magna es pisoteada todos los días y se justifica que la Fuerza Armada contribuya a restituirla, pero una vez que se establezca el estado de derecho, la dirigencia política y los ciudadanos en general debemos velar para no repetir errores que den pie a incursiones no deseables.

Como (había) en botica: El Papa Francisco declaró con respecto a Venezuela que “no se alínea con una u otra parte”. Quizá tenga que releer “Civilización y barbarie”, de su compatriota Domingo Faustino Sarmiento. Menos mal que nuestros cardenales y obispos han sido solidarios con la democracia propia de los valores y principios de nuestra civilización. El presidente (e) Guaidó realizó una gira exitosa. Ojalá la narcodictadura respete sus derechos ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

El 4 de febrero: la muerte de la democracia y el nacimiento del autoritarismo por Estefani Brito – El Nacional – 4 de Febrero 2020

Analistas consideran que el golpe de Estado comandado por Hugo Chávez en 1992 fue la antesala a la tragedia nacional actual

Archivo

La antesala de una tragedia nacional. El 4 de febrero de 1992, día del intento de golpe de Estado perpetrado por Hugo Chávez, fue la fecha que marcó la muerte anunciada de la democracia y el nacimiento de un modelo autoritario, que hoy somete a los venezolanos.

A 28 años de esa fecha, que dejó tristeza, confusión y desunión, el balance es desalentador, de acuerdo con especialistas. “Ese día nace la catástrofe que vino a Venezuela en los 20 años posteriores”, afirmó el analista político, Fernando Spiritto.

Esta rebelión, denominada Operación Zamora, rompió con más de 30 años de tradición democrática dentro de las Fuerzas Armadas, señaló Fernando Ochoa Antich, ex ministro de Defensa de la época.

“Desde ese día la Fuerza Armada perdió el rumbo y nos ha conducido a esta trágica situación que estamos viviendo”, resaltó.

Para el politólogo Daniel Arias la significación cultural y política del 4-F es enorme. “Destruyó la idea que estaba arraigada en la época que los golpes de Estado eran cosas del pasado y nunca más iba a haber una rebelión militar”, indicó.

Un hecho que se pudo evitar

El descontento social y de la Fuerza Armada tiene sus raíces en el 18 de febrero de 1983, ese “Viernes Negro” que marca una crisis económica. Esto, llevó al estadillo social del 27 de febrero de 1989, con “El Caracazo”, y concluyó el 4 de febrero de 1992 con una rebelión militar, según los analistas.

Sin embargo, este golpe, que tuvo alrededor de cinco horas de duración, pudo haberse evitado, aseguró Ochoa Antich.

“El general comandante del Ejército, Pedro Rangel Roa, recibió la información precisa a las 11:00 am del 3 de febrero de que esa noche iba a haber un golpe. No me informó a mí ni acuarteló a todas las unidades de Venezuela”, mencionó.

El fracaso: Chávez no combatió

Al general dejar en la oscuridad al ministro y acuartelar solo a la guarnición de Caracas, dejó la puerta abierta a los rebeldes. Los entonces tenientes  coroneles Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta, Jesús Urdaneta y Jesús Ortiz  encabezaron el movimiento. Fueron seguidos por 14 mayores, 54 capitanes, 67 subtenientes, 65 suboficiales, 101 sargentos de tropa y 2.056 soldados alistados, pertenecientes a las guarniciones militares de los estados Aragua, Carabobo, Miranda, Zulia y el Distrito Federal.

Rebeldes del 4 de febrero de 1992. Cortesía

“La razón del fracaso del golpe fue porque Chávez no combatió, se encerró en el Museo Militar. Al no combatir hubo tiempo para que las fuerzas leales a la Constitución pudieran reaccionar, porque inicialmente fuimos sorprendidos”, precisó el general retirado.

Calificó esta acción del fallecido presidente como “un grandísimo error de él y falta de valor”, que permitió “para suerte de los venezolanos”, que se controlara la acción.

“De manera inexplicable, él permitió que sus subalternos combatieran y permaneció sin movilizar sus tropas. Si ataca Miraflores posiblemente lo toma porque no habíamos reaccionado suficientemente”, agregó.

El que se rindiera, no obstante, evitó que la cifra de fallecidos y heridos fuera superior. Según cifras oficiales, ese día se registraron 32 muertos y 95 heridos, aunque otros datos hablan de entre 143 y 300 fallecidos.

Proyecto Primera Pagina / Politica. Publicada en el diario El Nacional el 04 de febrero de 1992 (Extra). Titulo: Se rindio el jefe de los golpistas. En la imagen el militar Hugo Chavez Frias. Foto: Reproduccion Microfilm. / Archivo / El Nacional

Errores de la política: la llegada de un presidente

Aunque el golpe fue derrotado casi de inmediato, quedaron unidades que permanecieron en la insurrección. Esto llevó a que se cometiera un error político que mejoraría la imagen del entonces teniente coronel de 37 años de edad.

“Se pensó que era oportuno que él (Chávez) se dirigiera a las unidades para que se rindiera y mostrara que era derrotado. Lamentablemente, el acto fue muy mal orientado; en lugar de servir para que se rindieran generó un impacto en la opinión pública sumamente negativo, desde el punto político”, señaló.

Esta acción, acompañada del discurso de Rafael Caldera desde el Congreso, en el que desestimó el golpe de Estado, hizo pedazo la legitimidad democrática, de acuerdo con los expertos.

“Caldera le dio una especie de legitimidad moral. Habló de que la crisis económica invalidaba los logros políticos que se había conseguido en ese sentido, por tal razón el 4 de febrero cambio la historia de Venezuela”, indicó Arias.

Arias, Spiritto y Ochoa Antich coincidieron que el 4-F deslegitimó el proceso democrático iniciado con el Pacto de Punto Fijo, firmado el 31 de octubre de 1958. Llevó, además, a la presidencia de la República a Caldera, que otorgó el indulto a Chávez.

No obstante, para Spiritto el error que llevará a Caldera “al juicio de la historia”, es el de haber contribuido a deslegitimar el sistema democrático, que él mismo fundó.

Llegada al poder

Ochoa Antich y Spiritto consideraron que lo que catapultó a Chávez a la presidencia fueron los errores políticos de Acción Democrática y Copei. Estos partidos, que durante más de 30 años alternaron en el Ejecutivo, permitieron que se deslegitimara la democracia y se deteriorara la economía.

Además, estas organizaciones tampoco lograron el consenso para postular  un candidato suficientemente aceptable ante la opinión pública de cara a las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998.

“Se debilitaron las estructuras democráticas, los partidos políticos no tuvieron la capacidad de reaccionar y permitieron que democráticamente Chávez llegara al poder”, subrayó Ochoa Antich.

Cimientos cubanos

Los analistas coinciden que los cimientos del régimen cubano estuvieron desde el comienzo en los ideales chavistas. Una muestra, indicaron, es que el primer viaje que realizó Chávez al salir de prisión fue a Cuba, el 13 de diciembre de 1994.

“El elemento cubano ha tenido hegemonía en el chavismo desde que aparece Chávez en la escena nacional. Su primer viaje fue a rendirle pleitesía a Fidel Castro”, expresó Spiritto.

Aunque hay quienes alegan que Maduro se alejó del legado de Chávez, los expertos lo niegan. “Maduro es el chavismo encarnado. Lo que vemos hoy, este desastre político, económico y esta destrucción de la democracia es legado directo de Chávez”, enfatizó el politólogo.

Una Fuerza Armada destruida

El panorama para la Fuerza Armada no fue nada alentador. Desde que Chávez asumió la presidencia adquirieron un talante socialista y dejaron de ser institucionalistas. “Eso que llamamos Fuerza Armada no es tal, la institución desapareció al menos desde el 2002. Lo que tenemos hoy no es más que el brazo político del partido.”, resaltó Spiritto.

A su juicio, esta es un Fuerza Armada Nacional Bolivariana destruida, cuyos jefes son Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, líderes del PSUV. “Es una Fuerza Amada sin capacidad operativa, sin armamentos, que está presente porque es movilizada políticamente”, dijo.

Ochoa Antich sentenció: “La Fuerza Armada es la responsable de toda esta tragedia, porque debió haber reaccionado”.

Uno de los líderes del levantamiento del 4F reveló que rompió con Hugo Chávez cuando apoyó a la guerrilla colombiana por Sebastiana Barráez – Infobae – 27 de Octubre 2019

Se trata del Mayor Carlos Luciano Guyón Celis, quien analizó la crítica situación del Ejército venezolano: “Tenemos oficiales trabajando de taxistas después de las horas de trabajo para poder medio mantener a la familia”, expresó

Se autoidentifica sin complejos “lamentablemente una de las cabezas del 4 de Febrero”, dice el Mayor (Ej) Carlos Luciano Guyón Celis, alférez auxiliar de la promoción Pedro Camejo 1981. “Hay un mundo militar a quien he oído murmurando que a este país lo tiene destruido un poco de sinvergüenzas y que hay unos generales que se han enriquecido, olvidándose que fueron subtenientes, tenientes, capitanes y que a esos niveles están pasando necesidad”.

Está dedicado a la jardinería, al paisajismo, al mantenimiento de cualquier área de una casa. Dice que “tenemos oficiales trabajando de taxistas, después de las horas de trabajo, para poder medio mantener a la familia”.

Le envía un mensaje a Juan Guaidó. “Póngase de acuerdo con los demás sectores del país. Solo nadie hace nada. Aquí para recuperar la democracia y las libertades tiene que haber una combinación y esfuerzo de toda la sociedad venezolana”, dice enfatizando que el problema político no es de los partidos, es del país.

Su ruptura con el chavismo ocurre a principios del Gobierno de Hugo Chávez. “Fue en noviembre del año 99, siendo aún senador de la República. Me llegó una denuncia a la Comisión de Defensa de que el presidente Chávez le había mandado 300 mil dólares a la guerrilla colombiana, denuncia que también le llegó al comandante Jesús Urdaneta, entonces director de la DISIP (hoy SEBIN). Se la llevé al entonces Ministro de la Defensa GD (Ej) Raúl Salazar Rodríguez y así lo dije en una rueda de prensa, pero él no hizo absolutamente nada”.

Guyón Celis se fue al palacio de Miraflores para hablar con el Presidente de la República. “Ahí me conseguí coincidencialmente con Urdaneta, quien iba a hablar con Chávez de esa misma denuncia. Él me dice que va a entrar solo para conversar de comandante a comandante. A los 10 o 15 minutos salió botando espuma por la boca, porque dijo que Chávez le manifestó que eso iba a ser así y que si le gustaba nos quedásemos y si no que nos fuéramos. Y ese mismo día ambos nos fuimos de lo que era el movimiento político. Acompañé a Chávez hasta la elección de la Constituyente”.

-¿Cuándo fue la última vez que habló con Chávez?

-En el año 2002 nos saludamos en la Brigada de Paracaidismo, cuando a mi esposa le entregaron una estatuilla del paracaidista, porque ella es pionera de las mujeres en el paracaidismo militar. Él me fue a abrazar y yo no lo acepté, porque no me abrazo con quien no comparto sentimiento sincero de cariño, familia o amistad. En esa época Raúl Baduel era el comandante de la Brigada y Lucas Rincón era comandante del Ejército.

Carlos Guyon Celis

Carlos Guyon Celis

-¿No hubo acercamiento?

-En el año 2005 se graduó de bachiller la menor de mis hijas y en la fiesta de graduación estaba El Babo, así le decimos al general Canelones Guevara, quien era edecán de Chávez y quien me dijo que su comandante quería que fuera a Miraflores a hablar con él. Le dije que yo iba solo si él me iba a decir que retomaría la propuesta de la agenda alternativa bolivariana Canelones me dice que yo era muy radical, que depusiera actitudes. Pero mi radicalismo es porque soy un hombre de honor y cuando damos una palabra la empeñamos y no hay marcha atrás así esa palabra nos cause perjuicios al día siguiente.

-¿Cuál fue esa palabra?

-Nosotros nos comprometimos a recuperar al país, a acabar con la delincuencia, a quitar el burocratismo, a bajar el número de ministerios, a invertir en agua abajo en el Orinoco con el dinero de Petróleos de Venezuela, a acabar con la cantidad de escoltas de los ministros y la familia de los ministros de aquel momento de AD y COPEI.

-¿Hoy podemos decir que eso se acabó?

-Las cosas por las cuales nosotros insurgimos hoy están peores, recrudecidas y con un ingrediente dañino que es la intromisión de la bota cubana en suelo venezolano, dominando la geopolítica nacional.

-¿En esos planes de lo que fue el 4F no estaba la relación con Cuba?

-Yo la desconocía. Si lo hubiese conocido, no lo acompaño. No es que sea anticomunista, pero no acepto que los comunistas vengan a imponernos sus verdades y además a querer destruir, porque lo grave es la destrucción. Si llegan a través de las elecciones como Lula Da Silva o Michelle Bachelet y hacen un trabajo social de convencimiento de que la ideología es buena, pues bienvenida.

Pero no como lo quieren hacer (en Venezuela), a través de un Gobierno de delincuentes, de bandas armadas, desadaptados sociales. Eso lo repudió y lo enfrentó hasta que tenga respiración en mi cuerpo. Si Carlos Guyón se hubiese quedado callado fuera ministro de algo o gobernador, pero yo con delincuentes no ando.

-Me llama la atención esa relación de Chávez con la guerrilla en el 99. ¿Cree que ese camino que tomó Chávez tuvo que ver con la influencia de Fidel Castro?

-No tengo la menor duda de eso, En el año 96 o 97 me llama el coronel Luis Alfonso Dávila para pedirme que le recoja a Chávez 350 mil bolívares, que era entonces lo que podía costar un carro, y que era para pagar una deuda que tenía con el celular. Yo tenía una finca en El Sombrero y capacidad económica, por lo cual le organicé un almuerzo y le conseguí Bs. 495 mil que le entregué en la casa de mis padres. Después me entero de que ese gasto de teléfono era para Chávez llamar a Fidel Castro, con quien agarró un encompinchamiento. Presumo, porque con Fidel Castro nunca me reuní porque no me reúno con delincuentes, que le dijo: “Hugo, tengo aquí ya 50 años de presidente y bueno tú puedes ser presidente, pero tú tienes el petróleo, vamos a echarle pichón juntos y a apropiarnos de Latinoamérica”.

Hugo Chávez (Shutterstock)

Hugo Chávez (Shutterstock)

-¿Qué le dicen esos compañeros con los cuales compartió el 4F?

-Critican en silencio. Que hubo un engolosinamiento o enamoramiento con las propuestas de Fidel Castro y se enroló Hugo Chávez en ese grupo de delincuentes internacionales que se llama el Foro de Sao Paulo.

-¿Qué quiere decir cuando habla de que los militares deben reflexionar con lo que ocurre en el país?

-No se trata de dar un golpe de Estado, ni de destruir más el país, se trata de poner en cintura a quien está en Miraflores, decirle que ya basta y establecer lo que dice la Constitución y enarbolar las banderas de la democracia.

-¿Cómo fue eso que Chávez le quitó sus propiedades?

-Para el 2007 yo organicé en Aragua y Carabobo lo que llamaron “las guarimbas”. El 27 de noviembre 2007 fuimos a la calle como 18 municipios para la consulta de los universitarios. Me metieron durante 33 días en la cárcel; me liberan el 01 de enero 2008 con mi esposa muy grave en un centro hospitalario. Después de eso seguí recorriendo el país. El 4 de febrero 2008 me ametrallaron una camioneta en Barinas y me metieron preso. En el 2010 supongo que Chávez le preguntó a sus adulantes de qué vivía yo y le dijeron que de una finquita, que estaba a nombre de mi esposa que está en silla de ruedas desde hace 30 años. Ordenó que me la quitaran y así lo hicieron.

-¿Con qué argumento?

-Sin argumento válido. Lo absurdo es que eso fue un día jueves y el domingo dijo en el Aló Presidente: “vamos a apoyar a los discapacitados de Venezuela”. Le hace daño a una discapacitada el jueves y el domingo dice que apoyará a los discapacitados. Así era de farsante. Además, mi esposa fue compañera de trabajo de Chávez en la Academia Militar. Cada vez que él llegaba aquí a la casa, así yo no estuviera, ella lo atendía como a un miembro de la familia. Ese era Chávez. Hacerle daño a una discapacitada que te apoyó durante muchos años cuando no eras nadie, cuando andabas por ahí pasando trabajos.

-¿Cómo ve hoy la Fuerza Armada en comparación con esa en la cual se prepararon e insurgieron?

-Hoy la Fuerza Armada está completamente inoperativa. Déjeme demostrarle eso, pasando frente a la Casa de la Moneda, donde están los paracaidistas, que era la brigada elite de nuestro país, que era motivo de orgullo y reconocida en Latino América como la mejor. Hoy esas instalaciones están destruidas. Pasaron la Brigada dizque para Palo Negro a la Base Aérea Libertador, pero la cantidad de dinero, horas hombre, de valores y principios sembrados en el hombre de corazón púrpura, no rojo como estos delincuentes. Ahora tu ves a los paracaidistas y te sale un soldado con una retahíla de cosas de que si es chavista, imperialista y otras estupideces. Y casi no hay tropa. La Fuerza Armada está inoperante y eso lo digo con tristeza porque yo amo a la Fuerza Armada.

4F: 25 años del atentando contra la democracia por Gregory Jaimes – Notiminuto – 3 de Febrero 2017

La crisis que atravesó Venezuela en los años 80 y 90 generó el alzamiento de militares insurrectos contra el presidente Carlos Andrés Pérez

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Hace 25 años, un 4 de febrero, Venezuela, como en la actualidad, atravesaba una grave crisis económica, social y política, lo que generó que un grupo de militares insurrectos se alzaran contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez y decidieran asaltar el Palacio de Miraflores con el objetivo de cambiar de Gobierno a través de un Golpe de Estado.

La acción golpista, denominada como Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 estuvo encabezada por los Comandantes Hugo Rafael Chávez Frías, Francisco Javier Arias Cárdenas, Jesús Urdaneta Hernández, Joel Acosta Chirinos, entre otros.

Se trataba de un complot de al menos 10 años. Con antecedentes de un juramento hecho en el Samán de Güere estado Aragua, en 1982.

El plan golpista dio frutos y es que el cuatro de febrero a las 12:30 de la mañana Los insurgentes se instalaron en las principales ciudades del Sin necesidad de enfrentamientos, la guarnición en Maracay fue totalmente controlada por los alzados. El reporte de Valencia y Maracaibo fue igual de exitoso. Un golpe seco, sorpresivo y con las menores pérdidas posibles.

Caracas, el eje de la acción
Para entonces, ya Chávez había tomado sin problemas el Museo Militar. No se movería de allí en toda la noche. Al mismo tiempo, Chirinos llegó a la base aérea La Carlota. Pero, a diferencia de Maracay, hubo fuego. El combate en La Carlota sería el más largo de todos. Miraflores y La Casona estaban sitiados y el enfrentamiento entre los golpistas y los soldados leales estaba en pleno apogeo.

Mientras el Golpe de estado parecía estar encaminado al éxito, el presidente de la República, Carlos Andrés Pérez quien para a la fecha acababa de regresar de la ciudad de Davos, Suiza, donde participó en el Foro Económico Mundial, logró escapar del Palacio de Miraflores mientras una tanqueta entraba por la fuerza al palacio presidencial.

Gracias a la oportuna actuación del entonces ministro de Defensa, Fernando Ochora Antich y de los militares miembros de la escolta presidencial, Pérez Logró refugiarse en la sede de la planta televisiva Venevisión. El reloj marcaba la 1:30 de la mañana y Desde allí, el presidente anunció en vivo un intento de Golpe de estado en su contra.

Presidente Pérez se impone a los Golpistas
La espera se hizo más pesada y la tensión seguía creciendo. La incomunicación con los golpistas en Caracas no hace sino complicar el ánimo de los insurrectos en las otras ciudades.

Cerca de las 4:30 am, sucede otra vez. Carlos Andrés Pérez habla de nuevo al país. Esta vez lo hace desde Miraflores, para dejar en claro que sigue en su puesto de mando.

La rendición de la rebeldía
Son ya cerca de las 11:30 am del 4F. Las declaraciones de un Chávez rendido hicieron que 10 años de conspiración terminaran en un “Por ahora”.

En la intentona golpista participaron 5 tenientes coroneles, seguidos de 14 mayores, 54 capitanes, 67 subtenientes, 65 sub oficiales, 101 sargentos de tropa, 2.500 soldados alistados.La población no manifestó su apoyo al gobierno, pero tampoco manifestó su apoyo al Golpe de Estado. La cifra oficial de muertos fue de 14 personas y 100 heridos.

Los militares involucrados fueron juzgados y hallados culpables de rebelión. Algunos fueron sobreseídos, otros dados de baja y el resto encarcelados para después ser indultados por el Gobierno de Rafael Caldera en 1994.Entre los indultados se encontraba el líder de la revuelta, Hugo Rafael Chávez Frías, quien llegó al poder en 1998 a través de elecciones presidenciales.

A 25 años de este hecho que atentó contra la democracia de nuestro país, llama mucho la atención que los mismos problemas que llevaron a la población y las Fuerzas Armadas a rechazar la gestión del presidente Pérez, parecen repetirse con el actual Gobierno de Nicolás Maduro, quién además, enfrenta un deterioro en su fachada democrática al no convocarse a nuevas elecciones regionales y desconocer al parlamento de la República.

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