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El descubrimiento simbólico de Juan Guaidò por Fernando Mires – Blog Polis – 28 de Abril 2019

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Comienzo este texto con tres postulados:
1) La política es, en parte, simbólica: contiene un registro del deseo y el deseo se expresa siempre simbólicamente 2) El símbolo se realiza en la medida en que se materializa y así deja de ser símbolo 3) El poder no es simbólico.
Acerca de 1)
Decir que la política es, en parte, simbólica, deriva del hecho de que la política, por lo menos en muchos de sus segmentos, habita en el espacio del deseo.
El deseo, a su vez, es siempre representación del deseo. Y toda representación es imaginaria. Y porque es imaginaria busca un objeto de representación simbólica. Algo así como el amor que busca su símbolo antes de su consumación pues si no lo encuentra se empoza en el alma convertido en mal narcisista. El amor -hablemos simplemente del deseo de amor- para serlo, necesita de un objeto de representación que lo acerque a la realidad del deseo de amor. El deseo de poder, que es el de la política, también.
La realidad del deseo no se agota en la realidad inmediata, habiendo siempre un exceso de deseo inmaterializado que en el fondo es el deseo de alcanzar a otra realidad mucho más metafísica que la de nuestra pobre inmediatez, tan física que es. De esa sub-realidad -para diferenciarla de la supra-realidad lacaniana- no hablaremos en esta ocasión. Habría que hablar de poesía, música, religión. Y yo solo quiero hablar esta vez de política. Debo decir: de deseos colectivos, plurales, heterogéneos y contradictorios entre sí. “Demandas”, los llamaba Ernesto Laclau. Deseos acumulados que para ser representados requieren de síntesis formativas muy difusas.
En política a esas síntesis la denominamos liderazgo: puede ser el de una idea-fuerza (comunismo, fascismo, liberalismo), puede ser la de un grupo y casi siempre la de un líder quien se convierte en un también difuso depositario singular del deseo-amor colectivo. Ahora, la tarea acordada a ese líder es la de materializar el deseo no realizado, frase que nos catapulta hacia una paradoja, pues en la medida en que el líder nos acerca al cumplimiento del deseo colectivo, va perdiendo su calidad simbólica toda vez que el imaginario, sustento de cada símbolo, deja de ser re-presentación y emerge como simple pre-sentación material (institucional) la que para ser enterrada en tierra firme debe ser desterrada de su hábitat simbólico. Podemos así decir, rozando a Lacan, que con la materialización del imaginario se acaba el goce simbólico. Nuestro líder será ministro, presidente, dictador, o qué se yo. El símbolo será relegado al lugar del pasado, al del inconsciente convertido en material magmático para la reproducción de otros deseos, políticos o no.
Acerca de 2)
Debo decir entonces que el líder, al acercarnos a la tierra prometida, la tierra deja de ser prometida (imaginaria) perdiendo su calidad de símbolo y, en consecuencia, de liderazgo. Si el líder, en cambio, nos aleja de la tierra prometida, también deja de ser líder (conductor) En cualquiera de los dos casos, el líder, yéndose o llegando, está condenado a su des-lideración (a veces hay que inventar palabras) La honestidad del líder se mide entonces por la distancia que lo separa de su tierra prometida. No voy a hablar de Moisés. Para ejemplificar recordaré a otra tierra prometida: las Indias de Cristóbal Colón.
Cuando el judío Rodrigo de Triana gritó “Tierra”, las cartografías colombinas dejaron de ser símbolo de una posible materialidad pasando a convertirse en re-presentacion no simbólica de la pre-sentación de las Indias. ¿Se entiende? El símbolo existe (se extiende) solo hasta donde encuentra su lugar deseado. Ahí se convierte en un “tener” y, por deducción, ingresa al registro del poder. El símbolo, como el deseo del amor, existe solo cuando su objeto no se tiene. En el caso de ser mantenido debe ser remitido al pasado, ritualizado como una bandera o como un escudo patrio. Estatuizado, momificado, congelado. El poder en cambio es ejercicio de poder. El poder …….
Acerca de 3)
El poder no es simbólico. El poder, a diferencia del símbolo, existe solo cuando se tiene o se padece. El poder para que exista debe ser ejercitado. El símbolo, en cambio, no. Pero hay un detalle. El campo de poder suele no corresponder exactamente con el símbolo surgido previamente desde nuestra imaginación simbólica. En el caso de Colón, las que descubrió no fueron “sus” Indias sino la América de Vespucio. Ese espacio de no equivalencia -seguimos recordando a Laclau- es a su vez la razón que permite no solo el ejercicio del poder, sino la persistencia de un resto simbólico, vale decir, la posibilidad de embarcarnos en otras gestas vinculando nuevos deseos (demandas) gracias a la pervivencia de fragmentos de significantes no equivalentes entre el signo pre-dibujado (la cartografía puede ser geográfica o política) y su realidad terrena. Dichas inequivalencias son las condiciones que nos permiten seguir creando símbolos o, lo que es parecido: seguir deseando. O seguir soñando.
Todo descubrimiento es portador de una desilusión. Puedo imaginar entonces el “goce de Colón” al escuchar el grito ¡Tierra! Por una parte, el anuncio de la materia de su símbolo. Por otra, el miedo de que su símbolo no correspondiera con la materia pre- simbolizada. El deseo orgásmico de pisar tierra y el miedo a descender a un espacio desconocido: al lugar de la muerte del símbolo.
Background: Guaidó y los dos 23
23 de enero
El 23 de enero el diputado Juan Guaidó juró como presidente encargado de Venezuela ante una masa emocionada que aceptó su juramento como una declaración de amor. Más que un juramento fue la consagración de una relación libidinosa entre un líder ungido y una población padeciendo el estado de anomia política en que la había dejado la abstención del 20-M. Fue esa, sin duda, una creación de la, por Laclau llamada, “razón populista”.
Ese día tuvo efectivamente lugar una relación directa, pura, sin mediaciones, casi al gusto de un Carl Schmitt, entre el pueblo y su líder. Guaidó juró políticamente como líder de su pueblo y, simbólicamente, como presidente de Venezuela. Un juramento que traería consigo la posibilidad de des-simbolizar el símbolo. De acuerdo a ese objetivo, Juan Guaidó trazó una tríada: fin de la usurpación- gobierno de transición- elecciones libres. Si se quiere, las tres carabelas de Cristobal Guaidó.
Que el fin del gobierno de Maduro (fin de la usurpación) era el objetivo más importante, se deduce de por sí. Que ese debía ser el primer objetivo, no estaba dibujado en ninguna cartografía del mismo modo como no estaba dibujado desde cual carabela, si desde la Niña, La Pinta o la Santa María, iba a ser divisada por primera vez “la tierra prometida”. La política también navega sobre un mar de contingencias.
23 de febrero
El que iba a ser el día de la realización de las imágenes simbólicas, precedido por el imponente concierto en “Tienditas”, cerca de la frontera que separa a las bolivarianas Colombia y Venezuela, el día de encuentro entre el pueblo con el mundo que lo acogía a través de una gran ayuda humanitaria, fue el día de la gran desilusión. Fue también el día de la impotencia, la demostración de que no bastaba ser mayoría imaginaria para divisar el poder. Fue, no por último, el día de la encrucijada. Había comenzado el momento de elegir si el pueblo dirigido por Guaidó se mantendría en estado simbólico o asumiría el enfrentamiento imponiendo sus armas, las políticas, en contra de las armas de la dictadura, las militares. En otras palabras, ese día fue evidente que si la oposición no asumía con sus propias fuerzas, y apoyada desde todo el mundo democrático, una lucha para hacer valer su mayoría en el único lugar y forma donde puede hacerlo, en una intensa contienda por elecciones medianamente libres, iba a ser nuevamente aplastada. Y otra vez por medios no políticos. Como en el 2017.
Al escribir estas líneas esa oposición no atina todavía a dar ningún paso para elegir en la encrucijada la vía que corresponde a lo que ella es: la de lograr el fin del gobierno de Maduro con medios pacíficos y electorales y con el apoyo de todo el orbe democrático en lugar de continuar petrificada en una estructura de reconocimientos simbólicos, de embajadas simbólicas, de órdenes simbólicas, de gestos simbólicos, de poderes simbólicos. Para atravesar esa vía la oposición lo tiene todo en sus manos. Para recorrer otra vía no tiene nada. ¿Qué es lo que impide a la oposición avanzar hacia la tierra prometida? ¿El abandono del goce simbólico en el que se encuentra atascada? Pareciera ser así. Las reacciones histéricas de la parte más extremista de la oposición al solo oír el nombre elecciones, más que expresión de una política son un síntoma del dolor padecido cuando abandonamos la casa de los símbolos. O la de la infancia, según Freud. Síntoma muy bien expresado en un tuit de la talentosa dibujante Rayma. Cito: Escuchar hablar de elecciones y no del cese de la usurpacion … me produce un corto circuito, por no decir un electrocutamiento general de neuronas”. Mas claro, imposible.
Freud nos habló del miedo a tener éxito. Lacan del miedo a interrumpir el goce simbólico. Ojalá no se trate de ninguna de las dos cosas.
Colón también tuvo probablemente ese miedo. Antes de su viaje había empeñado hasta el alma, mendigado en conventos y en viciosas cortes, dialogado con potentados detestables, contrayendo toda suerte de compromisos indeseables. Quizás Colón, al fin y al cabo un viajero político, el más político de todos los viajeros de ultramar, ya pensaba en que la tierra que descubrió no iba a ser la imaginada. Y no lo fue. Pero era tierra.
¡Hay que poner, de una vez por todas, los dos pies sobre la tierra!
…….
Referencias:
Freud, Sigmund: Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analitica. Cap. II: “Los que fracasan al triunfar”, en sus Obras Completas (O.C.), Ed. Biblioteca Nueva, 4a Edición(1981)
Lacan, Jaques “Le symbolique, l’imaginaire et le réel. Conferencia pronunciada en el Anfiteatro del Hospital Psiquiátrico de Sainte-Anne, París, el 8 de Julio de 1953, en ocasión de la primera reunión científica de la recientemente fundada Société Française de Psychanalyse
Laclau, Ernesto; Mouffe, Chantal “Hegemonía y estrategia socialista”, Siglo XXl, Madrid 1987
Laclau, Enesto,“La Razón Populista” F.C.E, Madrid 2016
Schmitt, Carl “El concepto de lo político”, Alianza, Madrid 1999

Guaidó ejecuta el guión a la perfección por Orlando Viera-Blanco – RunRunes – 29 de Enero 2019

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“El desenlace que esperamos está en pleno desarrollo y vendrá. Guaidó le volteó la tortilla a Maduro. Le trancó el juego al ex-gobierno. Si optan por detenerlo  [a Guaidó], habrán cruzado una línea roja que justificará una coalición internacional de rescate.

Transcurridos unos días del 23E, comprendo el ambiente de incertidumbre. Queremos desenlaces de inmediato. Es justo y necesario. Es normal. Pero en esta oportunidad las cosas deben hacerse pensando en la toma definitiva del poder. Esto requiere un poco más que marchar o proclamar. Como dice Phillip Kotler: “es mejor hacer lo estratégicamente correcto que lo inmediatamente rentable”.

 GUAIDÓ DOMINA LA AGENDA

El reconocimiento al rompe de EEUU y una docena de países de Juan Gerardo Guaidó Márquez, más la contundente reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas-donde a lo menos le dijeron a Maduro dictador-comienza a tener sus implicaciones prácticas. Guaidó anuncia una nueva directiva para CITGO y proyecta el nombramiento de nuevos representantes diplomáticos. Carlos Vecchio asume como representantes de negocios en EEUU. Esto-entre otras cosas-es dinero. Vienen cambios en el entendimiento comercial por compraventa de petróleo a Venezuela y la disposición de esos recursos por la Presidencia Interina. Sin duda el ex gobierno de Maduro trata de seguirle el paso a la agenda de Guaidó. Los países saben que el manejo y cumplimiento de obligaciones por parte del Estado venezolano progresivamente depende del posicionamiento de Guaidó de su interinato.

Los países también siguen la agenda Venezuela establecida por EEUU, Grupo de Lima, Francia y Alemania. Tienen claro que es Guaidó quien en nombre de la República podrá representarla, pagar compromisos y cumplir tratados.

RUSIA OBSERVA. CHINA CALLA

Algunos piensan que Rusia tiene poder de intimidación frente a EEUU siendo su interés por Venezuela tan profundo que estarían dispuestos a desatar un conflicto armado en la subregión o una guerra interplanetaria. En nuestra opinión eso es una quimera. Ni los rusos se la juegan tanto por Venezuela, ni Trump ni Putin están tan enfrentados como para no sentarse a resolver el asunto venezolano. Quizá Maduro y Guaidó no vuelvan a conversar. Pero sin duda los actores internacionales con intereses en Venezuela lo harán.

China, fiel practicante de la paciencia, el silencio y la discreción, tiene mucho más interés de mantener la fiesta en paz con EEUU, no inmolarse por Venezuela ni hacer de ella un punto de honor. Cualquiera que sea la posición de EEUU con Venezuela en términos de tutela, finanzas o intervención, China esperará sentarse para negociar lo que le deben, velar por sus intereses patrimoniales e incluso cómo continuar en el país. Esto-por cierto-no comporta ninguna dificultad. Es cuestión de dinero y moderar su presencia geopolítica. China hoy es aliado de Maduro pero en minutos y al día siguiente, será el mejor aliado de cualquiera que asuma el mando en el país. Con Rusia la historia es un poco más bizarra. Rusia además es uno de los destinos de un grueso de la camarilla roja.

¿DÓNDE ESTÁ EUROPA?

Sin duda otra pieza clave del rompecabezas sería Europa. Al tiempo de escribir estas líneas mantenía respecto a Venezuela su mismo estilo materialista, vetusto, vacuo. Declaraciones difusas de la alta representante de la Comisión Europea, Franka Mogherini, llamando a diálogo y elecciones en Venezuela. Tan lírico y mitológico como pedir elecciones en Corea del Norte o Nicaragua. Venezuela espera por una resolución firme y tajante del Parlamento Europeo reconociendo a Juan Guaidó como Presidente Interino de Venezuela y muy importante, alertando sobre la necesidad de preservar la integridad del Presidente Interino, su libertad y sus derechos. Maduro-torpe y arrogante-ya los mandó a darse por el saco por lo que Europa no le queda más (Pedro Sánchez Pérez-Castejón y España incluida) que hacer lo mismo…

Europa debe desempolvar el principio de la injerencia legítima  (Capitulo Séptimo de la Carta de NNUU) y liderar un proceso preventivo diplomático que evite un genocidio en Venezuela. Las declaraciones alicaídas y suspicazmente prudentes de Padrino López en defensa de Maduro, sugieren que a lo interno de las FFAA, no tienen el mando de antes. Muy peligroso. Podríamos estar a la víspera de una fractura interna de las FFAA y otros órganos de seguridad del Estado que podría abrir un enfrentamiento de todos contra todos. Ante éste pandemónium, Europa debe despertar y dejar de lado su actitud retórica.

FALTA POCO

El desenlace que esperamos los venezolanos está en pleno desarrolló y vendrá. Guaidó le volteó la tortilla a Maduro. Se le trancó el juego al ex -gobierno. Si opta por detenerlo [a Guaidó] habrá cruzado una línea roja que justificará una coalición internacional de rescate. Apuesto chapitas a morocotas que no habrá FFAA ni FAE, ni SEBIN, ni PNB que salga en defensa de Maduro ni juegue la vida por ellos. Hasta Padrino López gritará: “Maduro vete ya”. Y con la Amnistía andando, los cuerpos medios se la piensan…

EL CAMINO NO ES CORTO

La libertad arrebatada no se logra en cuestión de horas o días. El pueblo venezolano la ha madurado, la ha luchado con sangre, sudor y lágrimas por mucho tiempo. El sentimiento colectivo es que nadie suelta las barras. Y no hay que ser un letrado ni muy optimista para anticipar que a Maduro le llegó la hora de marcharse porque el cerco es total: EEUU, Latinoamérica, Europa [Francia, Alemania, Bélgica, Reino Unido], ¡y pueblo! Falta muy poco. ¡Vamos bien!

¿Cómo se resolverá la crisis? por Trino Márquez – Noticiero Digital – 31 de Enero 2019

downloadEstamos en presencia de la crisis institucional y política más grave desde abril de 2002. Llegamos a un punto de ruptura. La mayoría del país desea que el nudo se desate de forma pacífica, pero los factores del gobierno acaudillados por Diosdado Cabello buscan un desenlace violento. Debemos imaginar escenarios sólo a partir del cuadro actual.

El régimen intenta demostrar una fortaleza de la cual carece. El Psuv es un partido útil para intimidar y chantajear votantes en períodos electorales, pero sin arraigo popular. Algunos de los miembros de la cúpula militar-civil que sostienen a Maduro tratan de convertirse en héroes. Intentan reeditar a los líderes de la revolución cubana cuando se produjo la invasión de Bahía de Cochinos. La diferencia reside en que los guerrilleros bajados de Sierra Maestra apenas tenían dos años gobernando. Carecían de recursos financieros para comprar lealtades. Apelar a la mística y al sacrificio era posible porque aún encarnaban una esperanza para numerosos cubanos y para la izquierda mundial. No habían tenido tiempo de destruir y esclavizar la isla, como lo hicieron poco después. Los rojos venezolanos pretenden recrear la historia 60 años después, pero sin ningún encanto. Perdieron desde hace años la admiración popular.

Existe un núcleo duro comandado por Cabello que, al parecer, prefiere salir a la fuerza, que los decapiten, antes que negociar lo único negociable para la nación: la salida de Nicolás Maduro, la formación de un gobierno provisional y la convocatoria en un plazo razonable de unas elecciones transparentes con supervisión internacional. Con ese sector extremista resulta imposible llegar a acuerdos. Consideran que no tienen escape. Este grupo militar-cívico bloquea cualquier opción basada en la restitución del orden constitucional roto por Maduro. Su fortaleza reside en la presión que ejerce la cúpula militar sobre lo que queda de la destartalada Fuerza Armada y en su alianza, hasta ahora indestructible, con la élite civil del Psuv. Allí se encuentran atrincherados Maduro, Padrino y Cabello. Reproducen el esquema de Noriega en Panamá. Creen que esa sociedad es suficiente para sobrevivir y retomar el control de la situación.

Los apoyos internacionales recibidos por el régimen muestran el talante autoritario de su postura. Sólo dictadores, tiranos y grupos terroristas lo han respaldado. Putin, Xi Jinping, Erdogán, Ortega, Díaz-Canel y Hezbollá son algunos de sus socios. Ninguno de ellos, desde luego, está dispuesto a asumir el costo financiero y militar de apoyar la pandilla venezolana. El respaldo militar de Putin es incierto. Venezuela queda demasiado lejos de Rusia. Esta no cuenta con una base logística en América Latina desde la cual elevar la eficacia del esa eventual ayuda. El costo económico de ese operativo resulta demasiado alto para esa economía tan maltrecha.

El apoyo internacional le sirve a Maduro para vociferar y torpedear una salida concertada. Afincado en ella y en control de los aparatos represivos, reprime. Viola los derechos humanos de los niños y adolescentes. Agrede. Comete excesos. Sanciona tímidamente a Juan Guaidó. Usa a los criminales del Faes y de los colectivos para masacrar y atemorizar. Pero no se afianza en el poder. Está rodeado por las fuerzas internas e internacionales que se desataron de forma súbita e inesperada.

La oposición vive su mejor momento desde 2002. Una nueva primavera. Se ha reconectado con la gente. La explosión popular del 23 de enero fue majestuosa. El optimismo se convirtió en un factor movilizador que se expresa a diario.  El respaldo internacional ha aumentando en cantidad y calidad. Gobiernos ambivalentes, como el de Pedro Sánchez, ahora llaman tirano a Maduro. La Internacional Socialista se deslindó de él. El único país importante de la región que no ha reconocido a Guaidó es México. López Obrador  resultó peor de lo que imaginábamos. La estrategia adoptada por la Asamblea Nacional está dando resultados. La comunidad internacional ha pasado del apoyo retórico a acciones concretas. Las sanciones  a Pdvsa son letales. Dejaron al régimen sin su músculo financiero. Esa fibra será trasladada al gobierno de Guaidó.

El nivel alcanzado por la oposición es muy alto, pero aún no logra producir la fractura de las Fuerzas Armadas que inicie una nueva fase. El gobierno no puede aplastar a la oposición. No puede entronizarse. La invasión militar, aunque aparece como opción en la mesa de Trump, nadie la quiere, empezando por los gringos. Maduro y su camarilla se hallan cada vez más acosados, aislados y débiles. El cuadro general favorece a la alternativa democrática. La caída del régimen luce posible y cercana.

Lo más importante consiste en combinar las jugadas políticas   -como el nombramiento de representantes en países y organismos internacionales y de la nueva junta directiva de Citgo- con la movilización de la gente. Los ciudadanos tienen que sentir que el cambio está ligado a su compromiso y presencia en la calle. Todo indica que el retorno a la democracia será pronto.

Compatriotas fieles, la fuerza es la unión por Juan Guaidó – The New York Times – 30 de Enero 2019

El líder de la Asamblea Nacional, juramentado presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó el 27 de enero de 2019 CreditMeridith Kohut para The New York Times

El 23 de enero, tras 61 años del derrocamiento de la viciosa dictadura de Marcos Pérez Jiménez, los venezolanos volvimos a tener un día de fiesta democrática.

Pérez Jiménez había sido electo de manera fraudulenta por una Asamblea Constituyente en 1953. Su presidencia tenía que concluir en 1958, pero a fines de 1957, en vez de convocar elecciones libres y transparentes, hizo un plebiscito sobre su gobierno y resultó electo en un proceso amañado. Después de una serie de protestas y la fractura del estamento militar, los venezolanos recuperaron la democracia el 23 de enero de 1958.

Hoy los venezolanos nos vemos una vez más ante el desafío de restaurar la democracia y reconstruir el país, pero en el contexto de una emergencia humanitaria: hay una dramática escasez de alimentos y medicinas, los servicios básicos colapsaron, un número cada vez mayor de menores sufren desnutrición infantil y enfermedades que estaban erradicadas han regresado.

Tenemos una de las tasas de homicidios más altas del mundo, que se ve agravada por la persecución política y la represión contra quienes se oponen al régimen de Nicolás Maduro. Esta tragedia ha originado el éxodo más grande de nuestro hemisferio con tres millones de compatriotas en el exilio.

Quiero dejar claro lo que sucede en Venezuela: las elecciones del 20 de mayo de 2018 fueron ilegítimas, como ha reconocido la comunidad internacional. Por eso, desde el 10 de enero, cuando finalizó el periodo presidencial 2013-2019, Nicolás Maduro está usurpando la presidencia de la república.

Mi designación como presidente interino se basa en el artículo 233 de la Constitución, que dice que si para el inicio de un nuevo periodo presidencial no hay un mandatario electo, el presidente de la Asamblea Nacional se encargará del poder hasta llevar a cabo elecciones libres y transparentes. Por estas razones, mi juramentación del 23 de enero de 2019 no puede calificarse como una “autoproclamación”. No asumí la presidencia encargada ese día por decisión propia, sino en apego a la Constitución.

Tenía 15 años cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1998. Entonces vivía en el estado costero de Vargas. En 1999, unas lluvias torrenciales generaron un deslave descomunal que dejó miles de muertes en el estado. Perdí a varios amigos y mi escuela quedó sepultada bajo el lodo.

Desde entonces quedó grabado en mi espíritu el significado de la palabra resiliencia. Mis dos abuelos sirvieron en las fuerzas armadas nacionales e inculcaron en sus hijos el valor del trabajo duro, gracias al cual mi familia y yo salimos adelante. Entendí que si quería un futuro mejor para mi país debía subirme las mangas y dedicar mi vida al servicio público.

Cuando se hizo evidente que con Chávez el país iba rumbo al autoritarismo, me uní al movimiento estudiantil que ayudó a propinar la primera gran derrota política al presidente Chávez en el referéndum por la reelección indefinida de 2007. Más adelante me involucré en la política local y en 2015 fui elegido diputado en la Asamblea Nacional por Vargas.

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Una bandera venezolana ondea en la juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado del país.CreditFederico Parra/Agence France-Presse — Getty Images

Hoy, la misma generación de hermanos y hermanas de mis días en el movimiento estudiantil está a mi lado, junto a los venezolanos de todo el espectro político que se unen en un esfuerzo por restablecer la democracia. Nos corresponde a nosotros recuperar la normalidad y construir el país próspero y desarrollado de nuestros sueños.

Pero para lograrlo primero debemos recuperar la libertad.

La lucha por la libertad forma parte de nuestro ADN desde la gesta de independencia de América hace doscientos años. En este siglo, los venezolanos nos hemos batido en el asfalto para recuperarla, porque sabemos que lo que se debate no es solo la sobrevivencia de la democracia sino nuestro destino como nación.

Hemos aprendido que el régimen de Maduro opera con un patrón. Cuando la presión popular arrecia, desata la represión y la persecución. Lo sé porque llevo en mi cuerpo los proyectiles que las fuerzas armadas dispararon contra los manifestantes pacíficos en las protestas de 2017. La mía es solo una pequeña herida frente a los sacrificios de mis compatriotas.

Durante el régimen de Maduro, más de 240 venezolanos han sido asesinados en manifestaciones y hay 600 presos políticos, incluyendo al fundador de mi partido y hermano de lucha, Leopoldo López, quien lleva cinco años preso. Cuando la represión no logra resultados, los operadores de Maduro proponen un falso diálogo. Pero ya somos inmunes a la manipulación. Han agotado todos sus trucos. Hoy solo les queda la usurpación.

Dado que el régimen de Maduro no puede retener legítimamente el poder, nuestra estrategia consiste en tres frentes de acción: el institucional, para reforzar el rol de la Asamblea Nacional como último bastión de la democracia; el internacional, para afianzar el apoyo de la comunidad internacional —especialmente el Grupo de Lima, la Organización de los Estados Americanos, Estados Unidos y la Unión Europea— y el popular, cuyo principio es la autodeterminación de nuestro pueblo.

Más de cincuenta países me han reconocido como presidente encargado o han reconocido a la Asamblea Nacional como la única autoridad legítima en Venezuela. He pedido al secretario general de la ONU, António Guterres, y a distintas agencias humanitarias apoyo para paliar la crisis humanitaria. He iniciado la designación de embajadores y la identificación y rescate de bienes de la nación en el extranjero.

Entre los venezolanos hay un amplio consenso a favor del cambio: 84 por ciento rechaza a Maduro. Por ello hemos organizado a lo largo y ancho del territorio nacional cabildos democráticos, donde la población debate libremente sobre nuestro presente y futuro.

Entre los miembros de la oposición hemos logrado concertar posiciones estratégicas en una hoja de ruta democrática de tres puntos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

La transición necesitará el respaldo de sectores clave de las fuerzas armadas. Nos hemos reunido con militares y funcionarios de seguridad a través de canales clandestinos y hemos ofrecido una amnistía para aquellos que no hayan cometido crímenes de lesa humanidad. El retiro del apoyo militar a Maduro es decisivo para el cambio de gobierno y la mayoría de los efectivos militares y de las fuerzas de seguridad sabe que las actuales penurias son insostenibles.

Nicolás Maduro ya perdió su base de apoyo popular. La semana pasada los habitantes de los barrios más pobres de Caracas salieron a protestar como no había sucedido en el pasado. Ese mismo pueblo tomó masivamente las calles el 23 de enero a sabiendas de que podía ser brutalmente reprimido, y sigue asistiendo a los cabildos.

A Maduro le queda poco tiempo usurpando la presidencia, pero para lograr su salida con el menor derramamiento de sangre, todos los venezolanos debemos permanecer unidos y presionar para el quiebre final del régimen. Para ello, necesitamos del apoyo de los gobiernos, instituciones y personas en el mundo que creen en la democracia y la libertad. Debemos encontrar soluciones efectivas a la grave crisis humanitaria que padecemos, así como seguir construyendo un camino hacia el entendimiento y la reconciliación.

En la unión está la fuerza y la salvación de toda Venezuela.

Control de daños por Luis Manuel Aguana – TIC’s y Derechos Humanos – 27 de Enero 2019

Caricatura LMA 1990 - Con Nombre

Primero el concepto. Lo tomo de un excelente artículo del periodista Oscar Mario Beteta del El Universal de México: “La Teoría del Control de daños señala que ante una tragedia, la primeras medidas que se han de aplicar deben estar enfocadas a estabilizar las áreas afectadas mediante aislamiento y bloqueo. En una especie de terapia intensiva, se debe buscar que los efectos cesen de inmediato. Con ello se impiden daños colaterales” (ver El Universal De la Crisis al Control de Daños, en https://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/columna/oscar-mario-beteta/nacion/2015/07/17/de-la-crisis-al-control-de-danos).

Y eso fue lo que hicieron y continúan haciendo desde el G4 de la antigua MUD al ver atónitos que el 23E Juan Guaidó hizo lo que el pueblo de Venezuela le pedía. No sé si con acuerdo con su jefe político Leopoldo López o no, lo cierto fue que Guaidó obedeció lo que el soberano le pedía a gritos en esa fecha, ahora doblemente histórica. Y eso es lo que no acaban de entender los partidos del G4 quienes integran esa coalición que dirige la Directiva de la Asamblea Nacional, que ni siquiera se dignaron a aplaudir la valentía de su Presidente de afrontar ese mandato popular que no sería y no sigue siendo fácil: que es el pueblo quien decide, no ellos.

Imagino que esos partidos se reunirían después de ese Cabildo y decidirían hacer Control de Daños para aislar y bloquear cualquier decisión trascendente que pudiera tomar Juan Guaidó como Presidente Encargado para encausar de nuevo las decisiones que ya habían tomado conjuntamente en materia de política con ese Acuerdo de la Asamblea Nacional para una transición “a lo Henry Ramos Allup” con negociaciones con el gobierno, que incluyen dejar las estructuras del régimen intactas como lo señalara el mismísimo Henry Ramos Allup en entrevista del año 2017: “…el régimen transicional significa: leyes de perdón y olvido, ley de punto final, comisiones de la verdad, reparación de victimas, procesos especiales –mediatización de la justicia- que es la justicia transicional, y soportamiento y aceptación de lo que se denominan enclaves autoritario, que son las instituciones del antiguo régimen, para señalarlos de alguna manera, que uno se calaría en un régimen nuevo. Es decir Altos Mandos militares, Tribunal Supremo, etc., etc., etc..” (ver Ramos Allup habla sobre la “transición”, en https://youtu.be/zzudMxJGnVU, min 0:52).

Y yo le preguntaría a esa coalición que decidió imponernos esa transición a lo Acuerdo de la Asamblea del 15 de Enero ¿por qué tenemos que “calarnos” esa transición con “enclaves autoritarios” si ya el mundo entero democrático, incluyendo la principal potencia del planeta, reconoció a Juan Guaidó como Presidente Encargado Constitucional, con plenos poderes para desalojar al usurpador de Miraflores y tomar las decisiones que deba tomar para aliviar de inmediato el sufrimiento del pueblo venezolano? Buena pregunta…

Pues la respuesta es que si lo hace, no solo el régimen saldría desalojado sino a todo el colaboracionismo opositor que lo sostuvo, incluidos los partidos de esa Directiva de la Asamblea Nacional, salvo tal vez de la excepción honrosa del partido del Presidente Encargado. Esto es duro decirlo pero hay que hacerlo porque si no reconocemos que el enemigo está en casa no lo podremos sacar. Y esa es la respuesta a la pregunta que yo me hice y media Venezuela también del porque ayer el régimen tuvo voz en ese Consejo de Seguridad con el “Ministro” Arreaza. ¿Por qué pudo entrar al edificio de la ONU en primer lugar?

Si Arreaza habló en la ONU no fue para defender al pueblo venezolano sino a los delincuentes quienes como el pretenden seguir acabando con el pueblo de Venezuela. Y entró con la autorización tácita de la oposición, aunque me duela decirlo ¿Por qué no había allí alguien que hablara por el pueblo venezolano que salió a las calles el 23E? Porque Juan Guaidó no lo nombró porque los partidos del G4-MUD son los que por encima de él tienen ese privilegio, en atención a ese Acuerdo de la Asamblea Nacional. El único nombrado hasta ahora con ese Acuerdo es Gustavo Tarre Briceño en la OEA.

¿De cuando acá Arreaza es Ministro de algo en Venezuela si ni siquiera Maduro es Presidente? Mi insistencia al Presidente Encargado y al resto de la Directiva de la Asamblea Nacional: Rompan ese Acuerdo del 15 de Enero y dejen gobernar a Juan Guaidó para que en nombre de la República designe a quien tenga que designar, comenzando por el Alto Mando Militar y al resto de los principales Embajadores fuera del país. Eso es lo que están esperando los Estados Unidos y el resto de los países que como nosotros los venezolanos estamos desesperados al ver que el delincuente aun hace cadenas desde el poder para joder a los venezolanos.

Nadie entiende porque Maduro sigue en Miraflores. Pero viendo como se desenvuelven las cosas con el grupo de la Directiva de la Asamblea Nacional, se puede entender porque aun sigue allí. Y que por favor no me digan que es para evitar “masacres” del régimen. Esa es la misma excusa que dio Capriles el 2013 al mandarnos a bailar salsa. Que cuente los muertos que si ha habido desde esa lamentable fecha. Cada día que pase  Maduro en Miraflores contabiliza muertos. Si no que lo digan las madres de los niños muertos en las maternidades de todo el país o los enfermos renales. Que no le hablen de masacres al pueblo venezolano.

El Presidente Guaidó debe deslastrarse absolutamente de esa influencia nefasta del G4-MUD y tomar decisiones. ¿Qué serán duras? ¡Claro que lo serán! ¿Qué se va a equivocar? ¡Claro que lo hará! Pero si no se toman decisiones AHORA se pierde la República. Lamentablemente veo que todavía habla como si fuera Presidente de la Asamblea Nacional y YA NO LO ES. Es Presidente Encargado de la República. Si las naciones del planeta no vieron a un Embajador de él en ese Consejo de Seguridad de la ONU, no fue porque Maduro no se lo permitió. Y no puede decir para la historia que había “un Acuerdo” que tenía que respetar. El UNICO ACUERDO QUE PUEDE TENER JUAN GUAIDÓ ES CON EL PUEBLO DE VENEZUELA QUE LO ACLAMO EL 23 DE ENERO DE 2019. Todavía esperamos que no lo defraude…

Carta abierta a Nicolás Maduro por Enrique Aristeguieta Gramcko – 25 de Enero 2019

Ciudadano
Nicolás Maduro Moros
Ex Presidente de Venezuela
Palacio de Miraflores.-

Señor Maduro:

Ésta no es la primera vez que me dirijo a usted. La primera tuvo lugar en forma verbal, en el desarrollo de un programa de televisión que se llamaba “YO PROMETO”, dirigido por la periodista Nitu Pérez Osuna. Dicho programa fue el penúltimo que ella realizó, antes de que Raul Gorrín lo sacara del aire. Y eso ocurrió a comienzos de su mandato, en el año 2013.

En esa ocasión le dije, palabras más palabras menos, lo siguiente: “SEÑOR MADURO, YO NO LO CONOZCO A USTED, PERO LE QUIERO DAR UN CONSEJO. HÁGASE UN FAVOR Y HÁGANOSLO A LOS VENEZOLANOS: RENUNCIE ANTES DE QUE ESTO LE ESTALLE EN LAS MANOS”. Me atreví a decírselo no por ser profeta, sino por conocer su capacidad y la ideología que usted profesa. Era lógico pensar que las cosas iban a terminar como están ocurriendo.

Por eso, y pese a las diferencias que nos separan, he considerado conveniente para el interés nacional, escribirle esta carta pública, con el fin de hacerle llegar a usted y a sus colaboradores una propuesta que podría serles de utilidad; si es que están dispuestos a escuchar el consejo de una persona que casi los dobla en edad.

He dedicado muchos años de mi vida a estudiar la historia, porque, además de la política, es una materia que siempre me ha apasionado. Debido a esa afición, he podido identificar en estos últimos días una situación que se ha repetido muchas veces, respecto a mandatarios que se pretenden aferrar al poder, cuando de hecho ya lo han perdido.

Me di cuenta que usted ya no mandaba, cuando escuché el argumento que esgrimieron los militares alzados de Cotiza, para justificar su sublevación. Ellos no lanzaron una proclama política, sino que hablaron del hambre y de las enfermedades que sufren ellos y sus familiares, mientras que sus superiores “se llenan de billete”, expresaron.

La respuesta del general enviado para negociar con ellos no pudo ser más desafortunada. Él no mostró interés en el sufrimiento de sus subordinados, sino en las repercusiones políticas del alzamiento. ¡Cuánta insensibilidad! ¡Qué desfase tan grande con la realidad!
Esa respuesta, hueca y politizada, fue del mismo tenor del discurso que pronunció, dos días más tarde, el general Vladimir Padrino López, acompañado del Alto Mando Militar. No hace falta tener información privilegiada para darse cuenta que existe una enorme fractura dentro de las Fuerzas Armadas, que hasta ahora no ha estallado, pero pronto lo hará.

Al día siguiente, el 23 de enero, fecha en que se conmemoró un nuevo aniversario de la caída de Marcos Pérez Jiménez, tuve la alegría de presenciar lo que seguramente fue la manifestación popular más grande de la historia de nuestro país. Se trató de una protesta espontánea y sincera del pueblo venezolano en contra de su gobierno. Entonces corroboré mi tesis, respecto a que usted ya no manda, y que el gran problema nacional le estalló en las manos.

Esta apreciación quedó plenamente confirmada, cuando, ese mismo día, luego de la juramentación del diputado Juan Guaidó como Presidente (E) de la República, comenzaron a llover los reconocimientos al nuevo mandatario por parte de todas las naciones civilizadas del mundo.

Teniendo estos factores en cuenta –y muchos otros más, como la crisis humanitaria, la hiperinflación y el colapso de los servicios– puedo asegurarle que no hay forma ni manera de que usted pueda permanecer en el poder. Lo único que usted podría hacer para alargar un poco la agonía de su gobierno –y sería un craso error– es reprimir con fiereza y crueldad, como lo ha hecho en el pasado. Este proceder le ha valido varias acusaciones ante la Corte Penal Internacional, por eso esta opción solo le causará más problemas a usted, a sus colaboradores, a su familia, y, aun así, saldrá del poder próximamente.

Dado que se trata de una batalla perdida, me atrevo a recomendarle, en nombre de la sensatez y de la tranquilidad del pueblo venezolano, que abandone usted el poder pacífica y voluntariamente. Algunas naciones le han ofrecido un salvoconducto si usted decide salir del país; no desperdicie esta oportunidad, porque ya no tendrá otra.

No soy un hombre rencoroso ni vengativo. Mi trayectoria de vida así lo demuestra. No estoy clamando por venganza sino por justicia, aplicada con cristiana misericordia, a pesar del daño tan grande que usted le ha causado a nuestra patria.

Acoja estas recomendaciones sinceras en aras del bienestar de nuestro pueblo, y de usted mismo.

Sin más a que hacer referencia, me despido de usted.

Atentamente

Enrique Aristeguieta Gramcko

Màs allá del 23E por Fernamdo Mires – Blog Polis – 25 de Enero 2019

mires   El 10-E fecha de la cual muchos esperaban todo, y no pocos esperaban nada, fue el inicio de una jornada que se expresaría multitudinariamente en las calles de Venezuela el 23-E.

   Un día que marcará un signo en la lectura de esa novela interminable que parece ser la historia del régimen. Día de rearticulación de las fuerzas democráticas y de la superación de la anomia. Día del renacimiento de la esperanza. También un día de reencuentro donde se entendió en su sentido pleno el significado histórico de las elecciones del 6-D del 2015, cuando nació la AN democrática. Pues sin ese 6-D hoy no habría nada que defender y tampoco nada ni nadie a quien seguir. El 23-E  la AN presidida por Juan Guaidó fue reconocida como la institución líder de la mayoría de la ciudadanía venezolana. Más allá de su rol institucional -dada la autodestrucción de la MUD y de la incapacidad política del Frente Amplio– la AN fue consagrada como “el partido de la oposición venezolana”.

Pero el 23-E fue sobre todo el día cuando, de acuerdo a las facultades que confieren los artículos 233 y 333 de la Constitución, Juan Gauidó –en un acto colectivo más mesiánico que político- se juramentó ante la multitud como presidente interino de la nación.

   Hoy -24-E- cuando escribo estas líneas nadie sabe cuales serán los alcances de la por muchos no esperada decisión de Guaidó. Lo único que se puede inferir por el momento es que Guaidó trazó una línea divisora entre dos poderes:  A un lado el poder del Estado representado por Maduro, avalado por las hasta ahora leales FANB, vale decir, por el poder en su más pura forma leviatánica. Al otro lado, el poder de la mayoría -desgraciadamente no evaluable debido a la no concurrencia de gran parte de la oposición a las elecciones presidenciales del 20-M- mayoría apoyada por una constelación de gobiernos de derechas surgida en América Latina y por la perentoria presión que viene desde América del Norte (a la cual se agrega la formal, pero poco trascendente solidaridad, de algunos países europeos)

   Entre el mensaje del 10-E y el juramento del 20-E no hay, sin embargo, una línea recta. En el primero Guaidó dijo estar dispuesto a asumir la presidencia interina solo si contaba con el apoyo de la ciudadanía y de las fuerzas armadas. De el 23-E supimos que la ciudadanía se hizo presente de modo contundente en las calles. De las FANB, como suele suceder, sabemos poco. Aparte de la declaración de lealtad al gobierno emitida por el general Padrino López, la correlación al interior de los mandos militares continúa siendo el gran secreto de la política venezolana. No obstante, cabe conjeturar, la unidad de las FANB no ha ser en este momento monolítica. Si lo fuera y lo supiera Guaidó -más allá de toda juristería- habría cometido el peor error de su vida. O para decirlo sin anestesia: Enfrentar a una ciudadanía inerme contra un ejército unido, dispuesto a cometer crímenes en aras de la conservación del régimen del que forma parte, significaría repetir -pero en dimensión muy ampliada-  los ejemplos sangrientos de Nicaragua y de la misma Venezuela durante los acontecimientos que finiquitaron las jornadas de protesta del 2017.    El mismo día 23-E fue cerrado con una veintena de muertos. Duro es decirlo: vendrán más.

   Todo parece indicar que la alternativa más correcta que tenía Guaidó era llamar a la ciudadanía a cerrar filas alrededor de la única institución legal y legítima de Venezuela, la AN, convertida en bastión de la democracia nacional. Llamar en cambio a juramentar una presidencia que, por muy constitucional que sea carece de “poder físico” (Capriles dixit) significa pasar a la ofensiva sin medios para llevarla a cabo, o, en su defecto: entregar toda la iniciativa a la así llamada comunidad internacional, negándose la oposición a actuar como sujeto político. En ese punto, seámos claros: la tarea de la comunidad internacional es apoyar a la oposición nacional, pero la tarea de la oposición nacional no es apoyar a la comunidad internacional.

Más allá de las informaciones que maneja (o no maneja) la AN, cabe suponer -en ese punto sigo un razonamiento de Trino Márquez- dos razones que probablemente indujeron a Guaidó a apresurar su juramentación.  La primera, la decisión del TSJ (o sea de Maduro) de impugnar a Guaidó y demás miembros de la Junta Directiva de la AN por haber sobrepasado sus competencias y después haber nombrado a Gustavo Tarré como representante oficial en la OEA. La segunda, el tuiter de Trump, donde reconoció a Guaidó como presidente interino antes de la juramentación (hecho inédito en la historia) A esas dos razones podríamos agregar una tercera: el peso de un sector político maximalista dentro de la AN, el mismo que promovió el abstencionismo del 20-M.

   De acuerdo a la primera razón, es posible pensar que Maduro intentó apresurar la confrontación entre el régimen y la AN. Pues es evidente que mientras más intensa y menos política es la confrontación, mayores serán sus posibilidades para imponer condiciones y, de paso, disciplinar con leyes de guerra al estamento militar. Lo más probable entonces es que Maduro intentará mantener el juego del “látigo y la zanahoria”. Represión sin concesiones y llamados a un diálogo destinado a dividir a la oposición, liberando incluso un par de presos políticos de renombre a fin de amansar la réplica exterior. Por el momento -reitero, por el momento- nos encontramos frente a una confrontación entre un ejército sin pueblo y un pueblo sin ejército. Naturalmente, esa correlación puede cambiar –nadie tiene las llaves de la caja de Pandora- pero es solo una hipótesis. Y como sabemos, actuar de acuerdo a hipótesis puede ser muy productivo en el ámbito científico, pero en el político suele ser fatal.

   De acuerdo a la segunda razón, el inédito reconocimiento de un gobierno antes de que se constituya -hecho que hizo aparecer a Trump dictando una orden a Guaidó: un manjar para los “antimperialistas”- si hubiera venido de otro presidente, habría sido decisivo. El problema es que Trump es capaz de cambiar de opinión de un día a otro (Putin y Erdogan ya le tomaron el pulso). Además, para Trump el problema principal no es Venezuela. Desde un punto de vista geopolítico el reconocimiento a Guaidó no fue tanto en contra de Maduro sino en contra de Putin. Entre líneas quiso decir: “Usted, Putin, puede hacer todos los negocios que quiera con Maduro, pero si intenta establecer alguna base militar o algo parecido, intervendremos directamente. En mi patio trasero, todavía mando yo”. Putin, con toda seguridad, entendió. Pedirá entonces algo para “su patio vecino” (Ukrania)

   La tercera razón tiene que ver con la composición política de la propia oposición. Pues para nadie es un misterio saber que la oposición tampoco es monolítica. Hay en su interior un sector  -al que  también pertenece el partido de Guaidó, VP- proclive a dejarse llevar por posiciones maximalistas. Su práctica se caracteriza por haber empujado permanentemente a la oposición a emprender caminos contrarios a toda lógica política. El Carmonazo del 2002, la Salida del 2014, los enfrentamientos “militares” con las tropas pretorianas del 2017, el abstencionismo con un 80%  de votación potencial en contra de Maduro, son hitos que muestran un elevadísimo grado de irracionalidad. Si el 23-E el paso dado por Guaidó solo corresponde con los deseos de ese sector -crear un poder (simbólico) paralelo a un régimen militar sin haber establecido una relación con el estamento militar- puede ser pagado muy caro. Esperemos que no sea así y la AN tenga en sus manos todas las informaciones que se requieren para establecer un poder gubernamental paralelo. Si así fuera, Venezuela sería un caso inédito. Pues, en todos los procesos de transición de la historia moderna un gobierno interino ha surgido después del derribamiento de una dictadura. Nunca antes. Séame entonces permitida una cuota de solidario escepticismo.

   Sería terrible que todo el esfuerzo movilizador que llevó a millones de personas a adueñarse de las calles, esfuerzo orientado a poner en forma un nuevo comienzo, solo fuera el comienzo de otro nuevo – y trágico- final. El pueblo venezolano no merece esa suerte. Como pocos en la historia ha dado muestras de un gran valor en una resistencia sin igual. Los caminos trazados el 10-E parecían ser los más correctos. La creación de los Cabildos apuntaba a dar persistencia orgánica a las movilizaciones populares. Los pobres sub-urbanos, hasta hace poco clientes del madurismo, habían iniciado su propio ciclo de protestas, cruzando sus demandas sociales con las demandas políticas de las clases medias. Guaidó, hablando con serenidad no tropical, había dicho las palabras precisas a las FANB: no a la división, sí a la unidad de la nación, incluyendo a los militares. Si el juramento presidencial fue parte de ese proceso, lo sabremos muy pronto. Si fue otro exabrupto voluntarista del extremismo político cuyo objetivo es dejar el país en las manos del Alto Mando Militar y de una comunidad internacional a la que solo sirve Venezuela como bola de ping pong geopolítico, también lo sabremos muy pronto. Quiera Dios, o quien más se le parezca, que esa segunda posibilidad no vuelva a darse.


PS:

De mi cuaderno de anotaciones (25.01.2019)

–          El discurso del general VPL lleva a concluir que entre Guaidó y el Alto Mando de las FANB no había el menor contacto. ¿Estamos frente a una edición ampliada de La Salida? Si es así, puede ser fatal.

–          Ruptura de relaciones políticas y diplomáticas con los EE UU. Hay tres razones posibles: 1) Un ataque histérico de Maduro 2) Un plan del régimen para galvanizar a las FANB en torno a un ideario antimperialista (a lo Cuba) 3) Una maniobra conjunta de Maduro/ Putin. 

Me estoy inclinando hacia la tercera hipótesis

–          Venezuela ha pasado a ser un objeto de transacción internacional entre las grandes potencias.

–          La represión va en aumento constante. Se reportan allanamientos en distintas ciudades del país.

–          Asoman sugerencias para un diálogo gobierno-oposición. Importante: una viene del mismo general VPL (habló de acuerdos y negociaciones)  Más allá de las intenciones cosmetizantes del régimen, la oposición política debería aceptar la posibilidad de realizar conversaciones aunque no más sea para reinsertar a la política en el plano nacional.

–          Venezuela se está transformando en un pantano de arenas movedizas

La juramentación : el nuevo escenario por Trino Márquez – Noticiero Digital – 24 de Enero 2019

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Escribo este artículo apenas unas horas después de que Juan Guaidó se juramentó como Presidente interino. Nadie puede predecir los que sucederá en el curso de las próximas horas y de los días por venir. Lo que podemos asegurar es que el escenario nacional cambió de forma radical.

El régimen de Nicolás Maduro está pagando los errores de su arrogancia. Despreció a la oposición y a la Asamblea Nacional, menospreció los efectos de las cuestionadas elecciones del 20 de mayo, desestimó el peso de la comunidad internacional en la resolución de los conflictos internos, y minimizó el impacto tan fuerte que el éxodo venezolano  ocasiona en los países de la región. Este desprecio por los opositores y por la opinión internacional, le generó enemigos acérrimos que no le perdonan su insolencia.

El otro sector que no lo absuelve es el pueblo. Durante años, Maduro ha creído que dándole migajas a la gente logra someterla. Trata a los ciudadanos como si fuesen mendigos. Extorsiona a los pobres con las míseras cajas de los Clap.  Con migajas busca aplacar el descontento. Los ciudadanos se rebelaron. El 23 de enero se movilizaron millones de personas en todo el país para atender una convocatoria que se había realizado pocos días antes, sin que existiese una estructura organizativa bien engranada. El hastío fue el factor movilizador. En contraste, Maduro y su gente, en una marcha penosa en Caracas, apenas lograron movilizar a unos pocos cientos de manifestantes.

A todos los errores estratégicos, a la pérdida de legitimidad de origen y de desempeño, agregó otros desbarros adicionales. Utilizó, primero, al TSJ y a la Fiscalía General para impugnar a Juan Guaidó y demás miembros de la Junta Directiva de la AN; y, luego, para intentar apresarlo por haberse arrogado competencias que no le corresponden, al designar a Gustavo Tarre como representante especial ante la OEA. Al tomar estas decisiones forzó la juramentación del joven Presidente de la AN como Presidente interino. Para Guaidó resultaba preferible que el régimen apresara al Presidente de la República interino, que a un simple diputado, aunque este fuese el Presidente de la AN.

La situación del régimen de Maduro luego del 23 de enero se agravó aún más. Rompe relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, el único país que le paga la factura petrolera de contado. Esto sucede en momentos en los cuales la incidencia de dejar de comprarle petróleo venezolano es mínima para el país de norte. Su nivel de autoabastecimiento de crudo es casi total. El mayor impacto negativo puede ser el incremento de unos cuantos centavos de dólar en el precio de la gasolina en algunos estados de la costa este. La mayoría de las naciones democráticas del  mundo han manifestado su respaldo a Juan Guaidó y  a la Asamblea Nacional. El mundo celebra que Venezuela haya comenzado a dar sus primeros pasos hacia la recuperación de la democracia. El aislamiento y desprestigio internacional es casi total. Los gobiernos que apoyan a Maduro son todos autoritarios, sin libertades civiles, dominados por élites despóticas.

Maduro intenta dar señalas de que aún controla el poder. Que las Fuerzas Armadas le son leales y que sus bases sociales son firmes. A pesar de que el centro de los problemas, se resiste a dar pasos que permitan una negociación y una salida concertada a la dramática situación que atraviesa el país en todos los órdenes. No puede ocultar su enorme debilidad y soledad. Depende exclusivamente de la decisión del Alto Mando para mantenerse por algún tiempo más en Miraflores. Va a resultarle muy difícil. Aunque Padrino López lo respaldó, los militares no tienen muchas opciones en el futuro cercano. Si deciden mantenerse al lado de Maduro tendrán que avalar  la captura o, peor aún, el asesinato de Guaidó. Cualquiera de las dos conductas los hará cómplices del aislamiento aún mayor de Venezuela y de la enemistad todavía más enconada de la comunidad internacional con Maduro. Entrarían de lleno en una batalla en la cual no tienen ni la más remota posibilidad de triunfar. Serían los actores de un fracaso inevitable. La baja estima y reconocimiento que poseen entre la población, se hundiría aún más.

En contrapartida, si se colocan al lado de la gente, la democracia y la Constitución, se convertirán, al igual que en 1958, en protagonistas del proceso de transición que podría conducir la nación a la normalidad institucional. Estamos a la espera de su decisión. Ya el pueblo habló.

El compromiso de ayer – Editorial El Nacional – 24 de Enero 2019

Fue una manifestación clamorosa, acaso una de las más grandes que se hayan visto en Caracas. El 23 de enero de 2019 reunió a una multitud capaz de provocar la atención del mundo por la masa inmensa que le dio vida y por su carácter pacífico. Mientras más crecía la muchedumbre oposicionista, mayores muestras se daban de civismo. Si después ocurrieron disturbios, deben atribuirse a factores extremistas que no participaron del espíritu que dominó la escena principal y que, seguramente, pretenden provocar un indeseable clima de inestabilidad y represión capaz solo de favorecer al usurpador. Actos semejantes sucedieron en las principales ciudades del país, todos caracterizados por la estadística descomunal de participantes y por su moderación, para que los endebles apoyos a la dictadura fueran en el memorable día apenas un remedo de compañía, una comparsa flaca y desaliñada, una prenda más del raquitismo de la dictadura en materia de soporte popular.

Aparte de los colegas de junta directiva, Guaidó contó con la compañía de diputados de todas las tendencias, reunidos cerca de él en la tarima, que por el solo hecho de estar allí expresaron su solidaridad con la trascendental decisión. Fue precedido por actores políticos de diferente procedencia –juventud universitaria, voceros de gremios diversos, líderes regionales, activistas arrepentidos del oficialismo, representantes de los presos políticos– que manifestaron regocijo ante quien se presentaba como presidente encargado. Por lo tanto, se cumplió un capítulo que da paso a la transición con el apoyo de lo más importante de las fuerzas políticas y sociales. Una decisión de envergadura, capaz de mover acontecimientos notorios en el futuro inmediato.

Pero después el presidente Guaidó pidió que el pueblo jurara su apoyo a la decisión y a las luchas que se pondrían en marcha para rescatar la constitucionalidad. Centenares de miles de brazos se alzaron entonces para repetir las palabras de un compromiso solemne que ahora no se limita al elenco de los dirigentes, sino al soberano en toda su extensión y profundidad. Se selló un pacto entre la cabeza de la institución parlamentaria, ahora en funciones de presidente encargado de la República, y la soberanía popular de la cual mana su autoridad y la de todos los diputados que deben ocuparse de asesorar el complicado encargo de su jefe. Se hizo en plaza pública, a viva voz y con mano alzada frente a la Constitución que mostraba el promotor del juramento. ¿Se había visto antes en nuestra historia un compromiso de este tipo, un nexo multitudinario, pero formal y cabal, sin vacilaciones frente al destino de la república? Un día histórico, sin posibilidad de duda, debido a la multitud que le dio calor y al firme compromiso inédito que salió de todos sus actores.

23E: Plazos enfrentados por Luis Manuel Aguana – TIC’s y Derechos Humanos – 23 de Enero 2019

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La demostración contundente e inequívoca de rechazo del pueblo venezolano al desgobierno de Maduro nos dio un nuevo Presidente este 23E, Juan Guaidó. Un pueblo volcado a las calles en todo el país a la espera de lo que su dirigencia les había prometido, definió el resultado de la gesta del 23E. La determinación de un joven a quien la historia puso allí hizo la diferencia. Fue imposible que se echaran para atrás. Demasiadas decepciones los hubieran enterrado definitivamente, y con ellos la esperanza de salir del tirano y sus acompañantes que a partir de hoy son como una fiera herida de muerte, mas peligrosa que nunca.

Pero el enemigo mas peligroso es el que duerme contigo porque ese te apuñala mientras duermes. Y aunque la conseja popular indica tener a los amigos cerca pero a los enemigos todavía mas cerca, en estas ocasiones la razón aconseja decisiones que cambian el curso de la historia de los pueblos dejando de lado a quien se deba dejar. Y ese es el tipo de decisión que le correspondió tomar a Juan Guaidó cuando ignorando el pacto con AD y UNT de no juramentarse el 23E, decidio aceptar jurar el cargo de Presidente Encargado de la República porque esa fue la decisión de los venezolanos al salir a las calles. De allí que ni Edgar Zambrano ni Stalin González convinieran en juramentarlo como correspondía protocolarmente en ese acto. Pero ni eso fue necesario. El pueblo venezolano lo aclamó como Presidente, honor mas que suficiente para cualquier venezolano que acceda a la Primera Magistratura.

Ante el acuerdo de usurpación del 15 de enero se puso de manifiesto que no era posible la existencia simultánea de la Asamblea Nacional y el régimen de Nicolás Maduro. Si usted desconoce formalmente al ocupante de Miraflores, y no nombra a su sucesor de inmediato, no puede esperar menos que lo cierren, por lo que es esencialmente estúpido hacer una cosa sin hacer la otra o, peor aún, hacerla “por etapas” o a cuentagotas, sin esperar una reacción inmediata de la dictadura. Lo que correspondía -y la razón nos la dieron los hechos- es que se juramentara un encargado de la Presidencia de la República que condujera el carro opositor hasta la expulsión definitiva del régimen.

Seguir insistiendo en no juramentar a Juan Guaidó como Presidente Constitucional Encargado ante esta nueva situación era prácticamente decirnos a los venezolanos que nos calaramos a Maduro para siempre, que es lo que sería el desarrollo de ese Acuerdo del 15 de Enero con lo cual lo mejor que podrían hacer esos partidos era retirarse de la política porque jamás tendrían de nuevo el apoyo de la población. Sin embargo y hasta la juramentación de Guaidó ese era el plan de largo plazo al que nos tenían sentenciados quienes hicieron ese pacto que culminó con la firma del Acuerdo de transferencia de las competencias del Ejecutivo a la Asamblea Nacional. Pero el pueblo de Venezuela les saboteó la jugada poniendo en Juan Guaidó las esperanzas de terminar con el régimen hoy mismo, y no nos decepcionó.

Lo que nos esperaba de no haberse juramentado Guaidó el 23E era terminar con unas elecciones dentro de un proceso de transición que duraría meses o años, negociado a lo Henry Ramos Allup, con la permanencia de las estructuras del régimen, sin cambiar el sistema electoral, lo que no cambiaría a Maduro ni al sistema que lo mantiene, sino que lo atornillaría con la ayuda de la oposición oficial que inventó ese Acuerdo.

Este giro de los acontecimientos les arruinó el plan de largo plazo. Planteado en los términos de lo que sucedió no creo que ahora sea del interés de los venezolanos que ese Acuerdo parlamentario del 15 de Enero que le quita las competencias al Presidente tenga continuación. Las competencias del Presidente (E) Juan Guaidó deberán ser las que le otorga la Constitución. Sin embargo en Venezuela no puede haber otro proceso electoral con las condiciones actuales en 30 días. Sería fatal que se le haga creer al país que haciendo elecciones con 4 millones de personas fuera y un sistema electoral corrupto, resolveremos este problema en un mes, luego de ser convocadas por Juan Guaidó.

Luego de la expulsión de Maduro del poder lo primero que deberá haber es una limpieza profunda de todas las instituciones, comenzando por el Consejo Nacional Electoral, CNE, con la creación de un nuevo Sistema y Registro Electoral tal y como lo sentenció la Sala Electoral del TSJ legítimo el 13 de junio de 2018, antes de pensar en nuevas elecciones.

El respaldo de ayer de los Estados Unidos expresado por el Vicepresidente Mike Pence (ver noticia en https://www.lapatilla.com/2019/01/22/mike-pence-reafirma-el-apoyo-de-estados-unidos-a-los-venezolanos-video/https://www.lapatilla.com/2019/01/22/mike-pence-reafirma-el-apoyo-de-estados-unidos-a-los-venezolanos-video/), pudo ser el detonante de las acciones de hoy pero nada de eso hubiera tenido efecto de no haber existido el apoyo decidido del pueblo venezolano en las calles el 23E en todo el país. Había que dar el paso primero antes que los apoyos se concretaran. Debo reconocer que haber asumido el 10E no hubiera tenido la misma significación e impacto que el 23E con la gente en la calle, pero reconocimientos de la importancia del Gobierno de Donald Trump no hubieran sido posibles de no haber Juan Guaidó dado un paso al frente de manera determinante, aun sin un pronunciamiento de las Fuerzas Armadas que era nuestra posición.

Ahora tenemos dos plazos enfrentados. Los de aquellos que pensamos que esto había que detonarlo hoy con todas las consecuencias que traería la radicalización del régimen al enfrentarlo de manera directa, con la ayuda de la Comunidad Internacional, tratando de evitar que Venezuela se siga deteriorando a una velocidad cada vez mayor con perdida de vidas y bienes públicos y privados; y aquellos que creen, como el caso de Ramos Allup y Manuel Rosales que con delincuentes se puede negociar dándoles en pago medio país para que no lo destruyan.

Pero lo peor no es eso. Aunque estemos muy contentos que Juan Guaidó tomó la decisión correcta al asumir la Presidencia de la República para salir inmediatamente de Maduro y su régimen corrupto, todavía existen en operación y conviviendo con la oposición aquellos que pretendían meternos en la transición de largo plazo cuando esta ya no es posible. En las próximas horas esos enemigos ocultos intentarán convencer a Juan Guaidó y su nuevo gobierno de negociar con esos delincuentes algo que no es negociable: Venezuela. No les permitamos que eso ocurra.

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