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El campo de Venezuela colapsa y Caracas resurge por Anatoly Kurmanaev – The New York Times – 15 de Enero 2020

Parmana, un pueblo de pescadores a orillas del río Orinoco, en el centro de Venezuela, ha sido abandonado por el gobierno.

PARMANA, Venezuela — Desde su palacio en Caracas, el presidente Nicolás Maduro proyecta una imagen de fortaleza. Su control sobre el poder parece seguro. Los habitantes tienen un suministro regular de electricidad y de gasolina. Las tiendas están repletas de productos importados.

Sin embargo, más allá de la capital, esa fachada de orden se disipa de inmediato. Para conservar la calidad de vida de sus principales respaldos —las élites política y militar del país—, el gobierno de Maduro ha centrado en Caracas los recursos menguantes del país y ha abandonado grandes sectores de Venezuela.

“Venezuela está rota como Estado, como país”, dijo Dimitris Pantoulas, un analista político de Caracas. “Los pocos recursos disponibles se invierten en la capital para proteger la sede del poder, lo que ha creado un mini-Estado en medio del colapso”.

En buena parte del país, el gobierno ha abandonado sus funciones básicas, como la vigilancia, el mantenimiento de las vías, la atención médica y los servicios públicos.

En Parmana, un pueblo pesquero a orillas del río Orinoco, la única evidencia restante del Estado son los tres maestros que siguen en la escuela, la cual carece de alimentos, libros e incluso de un marcador para la pizarra.

La escuela en Parmana no tiene comida ni libros. Los estudiantes a menudo salen temprano, demasiado hambrientos para concentrarse.

Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

El primero en irse de Parmana fue el cura. A medida que se profundizó la crisis económica, desertaron los trabajadores sociales, la policía, el médico comunitario y varios maestros de escuela.

Según los habitantes del pueblo, cuando se vieron rebasados por el crimen, recurrieron a las guerrillas colombianas en busca de protección.

“Estamos olvidados”, dijo Herminia Martínez, de 83 años, al tiempo que dejaba un machete que usa para atender un descuidado campo de frijol bajo el calor tropical. “Aquí no hay gobierno”.

Hace un año, y por un momento, parecía que los críticos de Maduro iban a tener una oportunidad de expulsarlo. Un líder de la oposición, Juan Guaidó, había presentado el mayor desafío para el mandato de Maduro hasta la fecha: fue proclamado presidente interino y consiguió el respaldo de Estados Unidos y casi sesenta países más.

Ahora, los adversarios de Maduro han perdido fuerza. El gobierno de Trump sigue respaldando a Guaidó: el 13 de enero, Estados Unidos emitió nuevas sanciones en contra de los aliados del gobierno que intentaron bloquearlo en su intento por asumir el liderazgo de la Asamblea Nacional. A pesar de esta presión, Maduro pareciera haber garantizado su permanencia en el cargo, en parte por el éxito de sus políticas para levantar Caracas.

Sin embargo, la economía venezolana —que ha tenido una administración deficiente, sufrido la reducción en las exportaciones de petróleo y oro y, además, padecido las sanciones de Estados Unidos— está entrando en el séptimo año de una recesión devastadora.

Esta larga depresión, aunada a la disminución del Estado, ha provocado que buena parte de la infraestructura haya quedado abandonada.

Asimismo, ha producido la fragmentación de Venezuela en economías localizadas que tienen vínculos con Caracas que son solo nominales. Cuando la inflación desbocada le quitó el valor al bolívar —la moneda del país—, los dólares, los euros, el oro y las monedas de tres países vecinos comenzaron a circular en diferentes partes de Venezuela. El trueque es rampante.

Para obtener productos básicos en Parmana, unos venezolanos hacen trueques con pescado.

Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

“Cada lugar sobrevive a su manera, lo mejor que puede”, dijo Armando Chacín, director de la federación de ganaderos de Venezuela. “Son economías completamente distintas”.

Fuera de Caracas, los ciudadanos de la que alguna vez fue la nación más rica de América Latina pueden estar relegados a sobrevivir en condiciones casi preindustriales.

Casi la mitad de los habitantes que viven en las siete ciudades más importantes de Venezuela está expuesta a apagones diarios y tres cuartas partes se las arreglan sin un suministro confiable de agua, según un estudio que realizó en septiembre el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, una organización sin fines de lucro.

En Parmana, las inundaciones del año pasado se llevaron el único camino que sale del pueblo, por lo tanto se quedaron sin la entrega regular de alimentos, combustible para la central eléctrica y gasolina. Para sobrevivir, los 450 residentes que quedan han recurrido a limpiar los campos con machetes, remar sus botes pesqueros y usar como moneda los frijoles que cultivan.

Guillermo Loreto, de 19 años, trabaja en el campo de frijoles de su abuela.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Después de décadas de gastar el petróleo de una manera fastuosa, el gobierno venezolano se está quedando sin dinero. El producto interno bruto del país se ha contraído un 73 por ciento desde que Maduro asumió la presidencia en 2013: uno de los declives más pronunciados en la historia moderna, de acuerdo con estimados que hizo la Asamblea Nacional —el órgano legislativo que controla la oposición— a partir de estadísticas oficiales y datos del Fondo Monetario Internacional.

Al ser incapaz de pagar salarios significativos a los millones de empleados del Estado, el gobierno se ha hecho de la vista gorda a los tejemanejes, tráfico de influencias y negocios complementarios que hacen los trabajadores estatales para sobrevivir. El salario oficial del máximo general del ejército venezolano es de 13 dólares al mes, de acuerdo con Control Ciudadano, un grupo venezolano de investigación.

Al sector privado en Caracas —el cual ha sido difamado por el gobierno socialista de Maduro y por su predecesor, Hugo Chávez— se le ha permitido llenar algunos de los vacíos de los productos de consumo que generó la disminución de las importaciones del Estado.

En cuanto los sacrosantos controles económicos desaparecieron de la noche a la mañana, la capital se llenó de cientos de tiendas nuevas y salas de exhibición que ofrecen de todo, desde autos deportivos importados hasta frituras hechas de algas marinas producidas en Estados Unidos.

Y la carga del colapso del país ha caído principalmente en las provincias venezolanas, donde muchos habitantes han quedado totalmente aislados del gobierno central.

Girls waiting for fishermen to arrive with a catch that they can take home.

Credit…Adriana Loureiro Fernandez for The New York Times

Las regiones cercanas a las fronteras de Venezuela han recurrido al contrabando y al comercio transfronterizo para sobrevivir. Las ciudades agrícolas en el interior de Venezuela se han hundido en la subsistencia, ya que el colapso del sistema de carreteras y la escasez de gasolina diezmaron el comercio interno. Los sitios turísticos populares han sobrevivido gracias a la inversión privada y al abastecimiento de las élites.

Los comandantes militares locales y algunos caciques del partido gobernante con vínculos limitados con Maduro han tomado el control político de regiones remotas. A medida que la policía nacional perdía terreno, los grupos armados irregulares tomaron su lugar, incluidas las guerrillas marxistas colombianas, ex paramilitares de derecha, bandas criminales, milicias pro-Maduro y grupos de autodefensa indígenas.

En todo el interior venezolano, estos grupos a menudo se han encargado de hacer cumplir los contratos comerciales, castigar los delitos comunes e incluso resolver los divorcios, según decenas de testimonios de residentes recopilados durante meses en tres regiones.

El colapso del Estado venezolano ha seguido su curso en Parmana, un pueblo de pescadores y agricultores que alguna vez prosperó en las planicies centrales de Venezuela.

Por falta de pago, la unidad de la policía local empacó sus cosas y se fue un día de 2018, seguida por los trabajadores públicos que estaban a cargo de los programas sociales. Poco tiempo después, los locales ahuyentaron al destacamento de la Guardia Nacional del pueblo por su ebriedad y sus extorsiones.

Una estación abandonada de la Guardia Nacional Bolivariana
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Para remplazar a los guardias, los líderes del pueblo decidieron viajar a la mina de oro más cercana, la cual está bajo el control de las guerrillas colombianas, con la intención de pedirles que montaran un puesto en Parmana.

Durante los últimos cuatro años, a fin de proteger sus líneas de suministro, las guerrillas aniquilaron a los piratas de río que habían aterrorizado a los pescadores de Parmana, robando sus lanchas de motor y asesinando a varias personas.

“Necesitamos una autoridad aquí”, denunció Gustavo Ledezma, un tendero y el alguacil de la comunidad.

Las guerrillas “traen orden”, mencionó. “No bromean”.

El descenso de Parmana hacia la subsistencia sin ley es una caída pronunciada de sus días de gloria, cuando exportaba arroz, frijoles y algodón. Los humedales y los manantiales prístinos del pueblo atraían multitudes de turistas cada año.

“Parmana, Parmana, qué bonito contigo despertar”, decía una canción del legendario cantautor rural de Venezuela, Simón Díaz.

Las líneas eléctricas, que ya no suministran electricidad, se extienden a lo largo de una propiedad abandonada en Parmana.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

Chávez había visto el futuro de la economía venezolana en el potencial agrícola de la región. Hace una década, invirtió al menos mil millones de dólares en la construcción de un puente sobre el Orinoco para conectar la región con los mercados brasileños.

El puente, inconcluso, ahora está abandonado. Los manantiales de Parmana se secaron después de que un terrateniente con conexiones políticas desvió el agua hacia sus campos de algodón en 2013, y eso destruyó la industria turística.

En la actualidad, en las calles polvorientas del pueblo, los pescadores desesperados detienen a los choferes ocasionales que pasan de visita en busca de gasolina para los motores de sus botes.

Una familia sentada al lado de un montón de sandías de sus campos había intentado enviar un mensaje telefónico a un mayorista para que recogiera su cosecha, pero la torre celular llevaba dos semanas sin funcionar, y no estaban seguros de que fuera a llegar, o cuándo.

“Ahora hay que depender de uno mismo, no del Estado”, dijo Ana Rengifo, la lideresa del consejo comunitario.

Una celebración evangélica en Parmana. El servicio termina antes del anochecer por falta de electricidad.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

En octubre, el médico del lugar fue al pueblo más cercano a buscar medicamento para sus estantes vacíos. No volvió. La iglesia católica, abandonada, está llena de bates y las bancas han sido convertidas en leña.

El pastor de un grupo evangélico aún visita una vez por semana. El grupo se reúne a diario y canta pidiendo salvación pero se disperasa al atardecer por falta de electricidad.

La ambulancia de la localidad, sin llantas, se oxida bajo un cobertizo y su chofer abandonó el trabajo hace tres años para plantar frijoles y sobrevivir.

En la escuela, después de cantar el himno nacional y hacer calistenia, los estudiantes toman clases básicas de lectura y matemáticas pero vuelven a casa después de una o dos horas. Los profesores dicen que muchos de ellos están demasiado hambrientos y no se concentran.

A pesar del colapso del pueblo, la mayoría aquí prefiere quedarse en su tierra, donde pueden sembrar algo de comida, en lugar de arriesgarse a ir a otro lado.

“Sales y el hambre te mata” dijo Inselina Coro, una mujer de 29 años y madre de cuatro. “Al menos aquí vas al río y consigues un pescado”.

Coro vive con sus hijos y su novio, un pescador, en un cuartito de lámina corrugada con piso de tierra. Los seis comparten dos hamacas. Su hija mayor, Ana Herrera, de 14 años, está embarazada pero la familia no tiene medios para llevarla al doctor.

Los anhelos de Coro para su familia se limitan a mudarse a Caicara, un pueblo río arriba, a tres horas de distancia. ¿El motivo? “Allá hay electricidad”, dijo.

La familia de Inselina Coro prepara el almuerzo.
Credit…Adriana Loureiro Fernández para The New York Times

El régimen chavista y el embajador de Zapatero en Venezuela desviaron más de USD 38 millones de PDVSA – Infobae – 19 de Enero 2020

La Fiscalía Anticorrupción española investiga el fraude del entonces representante del gobierno español en Caracas, Raúl Morodo, y su hijo Alejo. Según el diario español El Mundo, lavaron el dinero mediante contratos ficticios de asesoría. Usaron cuentas en Suiza y Panamá

Raúl Morodo, embajador español en Caracas durante el gobierno del socialista Zapatero

Raúl Morodo, embajador español en Caracas durante el gobierno del socialista Zapatero

Un nuevo capítulo en la trama de corrupción de la petrolera Estatal de Venezuela se conoció hoy. El diario El Mundo informó que la causa por desvíos de fondos que involucran al entonces embajador de José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela durante el régimen de Hugo Chávez no es de 5 millones de dólares como se creía sino que la Fiscalía Anticurrupción de España investiga un fraude mucho mayor, de 38 millones de dólares.

Según el diario, el ex embajador de España en Venezuela, Raúl Morodo, su hijo Alejo, y dos socios suyos de nacionalidad venezolana y afincados en España se apropiaron presuntamente de más de esa suma millonaria y los introdujeron en España a través de cuentas bancarias en Suiza y Panamá

Según la investigación, el dinero lo fueron lavando mediante contratos ficticios y facturas falsas y lo ingresaron a territorio español en trasferencias desde Suiza y Panamá para la compra de inmuebles de lujo.

José Luis Rodríguez Zapatero,a hora como ex presidente, sigue vinculado al régimen chavista (AP)

José Luis Rodríguez Zapatero,a hora como ex presidente, sigue vinculado al régimen chavista (AP)

A los investigados en esta causa se les atribuye un delito de blanqueo de dinero procedente de corrupción en las transacciones comerciales internacionales, así como falsedad documental y delito fiscal, por hechos ocurridos entre los años 2012 y 2015.

Esta causa contra el que fuera embajador español en Venezuela con el régimen de Hugo Chávez en el país sudamericano y el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en España tiene relación con el expolio a la petrolera estatal venezolana que se investiga en varios juzgados españoles.

Pero el saqueo a PDVSA lo investigan tres países europeos (Portugal, Andorra y España), además de Estados Unidos, que tienen en el punto de mira a decenas de ciudadanos venezolanos por lavar cientos de millones de dólares obtenidos de sobornos cuando ostentaban cargos en empresas públicas bajo la presidencia de Chávez.

Hugo Chávez

Hugo Chávez

Solo en España la justicia persigue a una veintena de ellos. Otro país que tiene bajo la lupa a estos funcionarios corruptos es Andorra, donde una juez procesó a antiguos altos cargos de PDVSA, por un presunto expolio de 2.000 millones de dólares a la compañía.

Los desvíos de PDVSA, que se considera el mayor caso de corrupción que se ha hecho público del gobierno chavista, se investigan también en Venezuela y casi un centenar de funcionarios de la empresa pública, entre ellos dos exministros y directivos de varias filiales, han sido detenidos o están siendo buscados.

La oposición denuncia el fraude del chavismo que arrebató a Juan Guaidó la Asamblea Nacional por Alonso Moleiro – El País – 17 de Enero 2020

Los opositores muestran pruebas de que Luis Parra no contaba con los votos suficientes en la sesión legislativa para autoproclamarse presidente del Parlamento

Juan Guaido
Juan Guaidó, antes de una sesión de la Asamblea Nacional, el pasado 15 de enero. YURI CORTEZ AFP

Venezuela es, desde el pasado 5 de enero, un país con dos Parlamentos —tres, con la chavista Asamblea Nacional Constituyente— y donde impera un desgobierno generalizado. Las maniobras del oficialismo encarnado por Nicolás Maduro para despojar a la oposición del poder obtenido en las urnas en 2015 han propiciado una situación cada vez más insostenible. Las irregularidades con las que dan por buena la autoproclamación del opositor disidente Luis Parra como presidente de la Asamblea Nacional, se topan con la convicción e insistencia de Juan Guaidó y sus afines de que la elección de Parra fue fraudulenta.

Los miembros del equipo político que acompaña a Guaidó, reconocido como presidente de la Asamblea Nacional y mandatario interino de Venezuela por cerca de 60 países, afirman tener la lista de asistencia a la sesión que Luis Parra ha dado por extraviada. Este documento, que ha sido dado a conocer este viernes, atestigua que el diputado disidente opositor habría sido electo sin el quórum reglamentario. El acta solo incluye la firma de 58 diputados, por lo que, en consecuencia, no podría ser reconocido como presidente de la Asamblea Nacional. La oposición asegura que disponía ese día de 88 votos.

El Tribunal Supremo de Justicia ha emitido una resolución en la cual ordena a Parra mostrar el acta para dirimir la pugna y habilitarlo como presidente del Legislativo. Aunque con toda claridad están detrás de la maniobra de promoción de Luis Parra, como se viene afirmando desde el pasado diciembre, los dirigentes del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) hacen un esfuerzo por mostrarse distantes y retratar la querella como el síntoma de una pugna menuda de una oposición que no está lista para gobernar el país. Ya en navidades, el diputado Francisco Torrealba, del PSUV, declaró que “habría sorpresas” en la elección de la directiva legislativa.

“El acta existe. Está firmada por un director de debates accidental, porque el cobarde del presidente saliente [Guaidó] y los dos vicepresidentes, no quisieron entrar a instalar la sesión”. Torrealba ha dejado entrever que la crisis de la Asamblea Nacional puede traducirse en la figura constitucional de la “omisión legislativa” y que, de persistir, será el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por el chavismo, quien designe a los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral y abra las puertas a las elecciones parlamentarias de este año, tal y como Maduro tiene planificado.

El chavismo argumenta que el pasado 5 de enero estaban dentro del hemiciclo 151 de los 167 diputados que forman parte del Parlamento y que, con 81 votos, Parra quedó electo presidente del Legislativo. El chavismo solapa deliberadamente “votos a favor” con el quórum, que incluye a los diputados opositores que sí pudieron pasar. La Guardia Nacional impidió entrar a la Asamblea a 25 diputados, incluido Guaidó, el día de la elección de Parra.

“El artículo 11 del Reglamento de Interior y de Debates estipula que es el presidente en funciones quien instala la sesión. Por eso, no dejan pasar a Guaidó: sabían que iban a perder. Nunca hubo sesión; el presidente no la pudo instalar porque unos militares le impidieron la entrada”, afirma el diputado opositor Stalin González.

Guaidó, por su parte, celebró su reelección en una sesión paralela en la sede del diario El Nacional con el apoyo de 100 diputados. De ellos, 88 eran principales y 12 suplentes. Algunos de estos ocupan los escaños de los opositores disidentes ausentes. Hay 30 diputados opositores adicionales en el exilio. La directiva de la Asamblea quiso darles el derecho al voto y el chavismo se opuso tenazmente. En la sesión de este miércoles 15, Guaidó concitó el apoyo de 92, ocho menos que los 100 anunciados. No asistieron por razones logísticas –dificultades para trasladarse a Caracas- o por motivos de salud, como fue el caso de William Barrientos, Héctor Vargas y Chaím Bucaram. A Julio César Reyes el chavismo le expropió su finca y no se pudo trasladar a la capital; Ismael León y Gilberto Sojo tienen nuevas acusaciones judiciales.

Luego de su discutida elección, el pasado 5 de enero, los periodistas preguntaron a Parra, que tiene escoltas militares y ya ocupa el despacho de la Presidencia de la Asamblea Nacional, por el quórum legislativo y los votos. Este respondió que su investidura se ha concretado gracias a “una mayoría evidente” de los presentes. En la oposición temen que el golpe definitivo al parlamento se concrete si Parra muestra cualquier lista de votación, aunque sea una forjada, y el TSJ, controlado por Maduro, sentencie a su favor. Eso habilitaría teóricamente al Ministerio Público a proceder penalmente en contra de Guaidó por usurpación de funciones. Henri Ramos Allup, veterano dirigente opositor de Acción Democrática, ha declarado que si Parra tiene el quórum y los votos para presidir la Asamblea Nacional, lo único que tiene que hacer es convocar a una plenaria y dejar pasar a los diputados. Tal cosa no ha ocurrido, ni la semana pasada ni esta.

La maniobra chavista para comprar la voluntad de los diputados opositores y evitar la reelección de Juan Guaidó, lo que se ha denominado como Operación Alacrán, se ha venido denunciado desde finales del año pasado por los diputados opositores que se negaron al ofrecimiento. Este viernes, el equipo de Guaidó hizo público un audio en el que se muestra a un disidente afín a Parra tratando de sobornar al diputado opositor Alfonso Marquina. Parra y un grupo de diputados opositores disidentes están envueltos en un caso de corrupción que destapó el portal de investigación Armando.info. Según las revelaciones, el autoproclamado presidente de la Asamblea Nacional está envuelto a empresarios corruptos cercanos a Nicolás Maduro, relacionados con los subsidios de comida, conocidos como CLAP.

Desde el 5 de enero parece estar en vigor, sin decretarlo y con la total anuencia de las Fuerzas Armadas venezolanas, una decisión para impedir Guaidó entrar al Palacio Legislativo de Caracas. Esto se puso en evidencia el pasado domingo 5; el martes 7, momento en el cual logró entrar por la fuerza venciendo la resistencia de una línea de soldados, y muy especialmente a partir del miércoles 15.

El anuncio del número dos del chavismo Diosdado Cabello de que sus simpatizantes —muchos de ellos de los grupos civiles armados, conocidos como colectivos— no se alejen de la sede de la Asamblea Nacional echa de momento por tierra cualquier conjetura numérica en favor o en contra de una u otra tendencia. En un esfuerzo por aparentar equidistancia y legitimidad institucional, Luis Parra aseguró este miércoles, a través de un comunicado, que condenaba la actuación del chavismo. Un nuevo ejemplo que ilustra un país con dos Parlamentos y un desgobierno.

El Supremo venezolano investiga pagos de 1.000 millones de dólares del chavismo a partidos como Podemos por Carlos Cuesta – OK Diario – 18 de Enero 2020

El Supremo venezolano investiga pagos de 1.000 millones de dólares del chavismo a partidos como Podemos

Miguel Martín Tortabú

El Tribunal Supremo venezolano avanza en su investigación a Podemos por la financiación recibida de narcodictaduras. Ya ha analizado 17.000 documentos probatorios de los pagos a la formación morada y otros partidos de extrema izquierda extranjeros, y, según sus propias explicaciones, ha encontrado el rastro de abonos por valor de mil millones de dólares del chavismo destinados a crear partidos de extrema izquierda como Podemos.

La información ha sido confirmada por el presidente del Tribunal Supremo de Venezuela en el exilio, Miguel Ángel Martín Tortabú. Y él personalmente afirma que “nosotros revisamos casi 17.000 elementos probatorios” en el análisis de los pagos procedentes de Venezuela. Se trata de contratos abonados a empresas afines al chavismo y no ejecutados, informes encargados a organizaciones de tipo político carentes de sentido, pagos por labores de consultoría, etc. Y en ellos se pueden llegar a sumar “mil millones de dólares” cuyos conceptos no se han cumplido o son totalmente superfluos.

“Hay banqueros y organizaciones peligrosas que hay que revisar, no sólo venezolanas, porque estoy hablando no sólo de dinero venezolano, sino que se está utilizando dinero sospechoso que va a otros sitios. En el caso de Odebrecht, nosotros encontramos que hay dinero en Andorra, dinero que llegó a España, a bancos españoles, dinero que fue a Estados Unidos —millones de dólares llegaron a EEEU—, dinero que fue a paraísos fiscales en el Caribe, dinero que fue a República Dominicana. Es decir, nos encontramos con un entramado criminal donde no sólo está involucrado Nicolás Maduro. Él no es el único, es un entramado grande”, señala Martín Tortabú.

Todo ese material será sumado en breve a una línea de investigación conjunta formada entre el Tribunal Supremo de Venezuela en el exilio, la Fiscalía General de Bolivia y las autoridades brasileñas. Una línea que puede llegar a contar con un país más: España.

Y es que Vox se ha sumado a esta iniciativa y no está dispuesto a que el caso por la financiación ilegal de Podemos quede tapado, ni en España, ni por la nueva fiscal general y los deseos de Pedro Sánchez. El partido de Santiago Abascal ya ha presentado denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción contra la formación de Pablo Iglesias por financiación ilegal procedente de narcodictaduras, tal y como adelantó OKDIARIO.

La acción de Vox pretende que, si la fiscal general Dolores Delgado opta por no secundar el caso y negar la acusación, será el propio partido de Abascal el que emule lo ocurrido con el 1-O y los golpistas separatistas y se persone como acusación popular para exigir llegar hasta el final en los cobros de la cúpula de Podemos procedentes de dictaduras extranjeras.

Y esa investigación a los fundadores de Podemos y su estructura de apoyo se suma a la mencionada del Tribunal Supremo Venezolano en el exilio y las autoridades brasileñas, que han cerrado un pacto de colaboración para relanzar esta investigación y llegar hasta el final en las cuentas de la cúpula de Podemos.

Bolivia parte de un posible delito de malversación de fondos públicos realizado por el Gobierno de Evo Morales y quiere saber el destino exacto de ese dinero bajo el convencimiento de que ha sido dirigido a fomentar sus apoyos políticos en su país y en el extranjero: en concreto, y en este caso, en España, por medio de pagos a quienes posteriormente fundaron Podemos.

Maduro dio a Rusia e Irán la explotación de torio, un mineral para misiles por Sabrina Martín – Panampost – 17 de Enero 2020

El diputado Américo De Grazia informó que soldados rusos e iraníes de Hezbolá, estarían a cargo de la explotación del mineral en el parque nacional Canaima

De Grazia advirtió que desde Venezuela, sobre todo desde el Arco Minero existe un financiamiento al terrorismo. (oro información)

El régimen de Nicolás Maduro otorgó a Rusia e Irán la explotación exclusiva del torio en Venezuela, un mineral estratégico para la construcción de misiles con el que se estaría financiando el terrorismo internacional.

El diputado Américo De Grazia informó que tanto soldados rusos como iraníes de Hezbolá estarían a cargo de la explotación de dicho mineral en el parque nacional Canaima, declarado por la Unesco como patrimonio de la humanidad; esto a cambio de apoyo al régimen de Nicolás Maduro.

Americo De Grazia

@AmericoDeGrazia

Cómo opera las FAN de Padrino López el ? con una “empresa” llamada CAMIMPEG (compañía anónima militar de minería, petróleo y gas); encargada de asignar operaciones ilícitas, para que los grupos criminales exploten minerales.

Americo De Grazia

@AmericoDeGrazia

Salvo el Torio, mineral estratégico para la construcción de misiles, cuya explotación exclusiva está reservada para los Rusos, con soldados; y los Iraníes, con Hezbolá. Dónde, en el parque nacional Canaima, declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad.

De Grazia advirtió que desde Venezuela, sobre todo desde el Arco Minero existe un financiamiento al terrorismo, situación que se habría convertido en un «seguro de vida» para la tiranía.

Hay que recordar que en noviembre de 2019 el régimen de Maduro firmó un acuerdo con Irán que según Joseph M. Humire, especialista en Seguridad regional, podría convertirse en una amenaza mundial.

«Yo no he podido descubrir qué están haciendo con la nanotecnología, pero puedo especular que sería utilizado más por un programa de armamento, contando desde misiles hasta armas de destrucción masiva, no lo puedo asegurar, pero creo que es por esa dirección es que hay que mirar, porque Irán tiene la capacidad de hacerlo, hay que recordar que el Departamento del Tesoro los llamó Los Reyes del doble uso», enfatizó.

El país suramericano tiene 300 000 toneladas en dos yacimientos de torio, el más grande está en el Cerro Impacto en el Amazonas y el segundo en El Baúl, en el estado Cojedes en el centro occidente del país.

Para nadie es un secreto que Maduro ha otorgado minas a potencias extranjeras a cambio de respaldo político, militar y de inteligencia.

El pasado 4 de diciembre se conoció la presencia de un numeroso grupo de militares rusos que habría llegado al estado Bolívar en Venezuela, la cual podría estar relacionada con el Arco Minero del país.

Nueva masacre en el Arco Minero

La Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco es un área rica en recursos minerales que el Gobierno de Nicolás Maduro pretende explotar. Ocupa mayoritariamente el norte del estado Bolívar y en menor proporción el noreste del estado Amazonas y parte del estado Delta Amacuro. Cuenta con 7 000 toneladas de reservas de oro, cobre, diamante, coltán, hierro, bauxita y otros minerales.

Sin embargo, ahora la tiranía de Maduro estaría interesada en desplazar a los pranes (líderes carcelarios) del poderío de algunas minas, para entregarle el control de las mismas a la guerrilla colombiana ELN a cambio de «complicidad, lealtad política y el compromiso de sostenerlos en el poder».

Americo De Grazia

@AmericoDeGrazia

ELN & Pranes, se enfrentan en El Manteco, por el control de las minas de la zona. Víctimas directas e inocentes, de estos enfrentamientos? Los campesinos y productores del sector. Rol de las FAN? cómplices de los guerrilleros.

Americo De Grazia

@AmericoDeGrazia

Qué persigue la entregándoles las minas al ELN y desplazando a los Pranes? Complicidad, lealtad política y el compromiso de sostenerlos en el poder. A cambio de qué? De compartir dividendos, producto del Oro, diamante, coltán.

El diputado De Grazia denunció este viernes 17 de enero una nueva masacre por el control del oro entre el ELN y los pranes. Dijo que se presume que hay 20 muertos.

Según el periodista holandés los militares venezolanos están clandestinamente involucrados en la industria ilegal del oro, apoyando a las pandillas a cambio de una parte de sus ganancias. “Los mineros pagan dinero de extorsión, conocido como ‘vacuna’, a los pranes o líderes carcelarios, a cambio de que se les permita trabajar”, señala el reportaje.

Disparos en las piernas y otras torturas: cómo opera la mafia chavista del oro en Venezuela por Demian Bio – Infobae – 18 de Enero 2020

Un video publicado el viernes en redes sociales ilustra el alcance de las prácticas implementadas por estos grupos irregulares, los cuales cuentan con la complicidad del régimen de Nicolás Maduro. El rol de la minería ilegal en sus finanzas y los pasos de la oposición y la comunidad internacional para limitar su comercio

“Pon la pata, dale” ordena una voz anónima que porta una pistola. La pierna no se apoya en el suelo, pero igualmente recibe un disparo. “Dale, el otro”, exige la voz. Y uno tras otro, cuatro jóvenes enfrentan el mismo desenlace en menos de 30 segundos.

Las imágenes, compartidas el viernes por el diputado venezolano Américo de Grazia, ilustran las violentas prácticas de las distintas mafias que -con el beneplácito y complicidad del régimen de Nicolás Maduro- controlan la minería ilegal de oro en Venezuela.

Las sanciones a la comercialización del petróleo -implementadas en 2019 por Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros actores internacionales de peso- han exacerbado las limitaciones financieras de un régimen que ha sumido a Venezuela en una crisis sin precedentes para un país que no está en guerra. Ellas implican la prohibición de la importación por parte de empresas estadounidenses, y de realizar transacciones que involucren petróleo venezolano en la divisa del país.

En consecuencia, la mayor parte del comercio de este recurso que todavía se realiza involucra a los pocos aliados que conserva el régimen: Rusia, China y Cuba. Pero los envíos suelen tener el propósito de reducir las amplias deudas que el régimen tiene con estos países, más que generar efectivo fresco. De hecho, Bloomberg reportó el viernes que las reservas líquidas del país se encuentran por debajo de los USD 1.000 millones. Las reservas internacionales, en tanto, están en su nivel más bajo en 30 años.

Por esta razón, la extracción irregular de oro ha pasado a tener un rol preponderante en la economía chavista. El mineral se encuentra presente en el área conocida como el Arco Minero del Orinoco, ubicada en la región centro-sur del país. Tiene una superficie de más de 100.000 kilómetros cuadrados y se extiende desde la zona fronteriza con Guyana hasta aquella que limita con Colombia.

En 2016, Maduro anunció la creación del “Plan de Oro”, mediante el cual aseguró se explotarían los recursos presentes en el área, algo que permitiría obtener un beneficio estimado de USD 5.000 millones por año a partir de 2019. Eso no sucedió.

Nicolás Maduro sostiene una barra de oro durante una reunión con representantes del sector minero en Puerto Ordaz, Venezuela (Reuters)

Nicolás Maduro sostiene una barra de oro durante una reunión con representantes del sector minero en Puerto Ordaz, Venezuela (Reuters)

Ante la falta de infraestructura -tanto física como legal- los agentes del régimen han estimulado la minería a pequeña escala, una actividad que, además de tener efectos nocivos para el medio ambiente, plantea peligros para aquellos involucrados en la extracción física del mineral en dos áreas: por los perjuicios de salud que acarrea la tarea en sí, y por el hecho de tener que someterse a las bandas criminales que las controlan.

En diálogo con Infobae, De Grazia explicó que las imágenes corresponden a un castigo aplicado por grupos criminales -conocidos también como pranes- en control de una mina. “(Los disparos) son una forma de penitencia que le ponen a los mineros cuando estiman que ‘se comió la luz roja’: esto significa que haya reportado menos oro del que se suponía había producido, o alguna otra falta, menor o mayor”.

En este caso particular, estimó que la falta “no debió haber sido grave porque los disparos fueron en las piernas”. “Si hubiera sido más grave, les hubieran tirado a las manos y en otros casos los podrían haber matado”. “Una persona a la que le dan un tiro no puede trabajar más en esa mina. Y no lo hacen solo para castigar a quien comete una falta, sino para que los demás entiendan como se pagan”.

El diputado explicó que, pese a subyugar a los mineros, las bandas no tienen dificultades para reemplazarlos. “Cuando matan a uno llegan 10. Es una de las pocas maneras de subsistencia que existen en el área. Hay gente que llega de Venezuela, Brasil, Colombia, Guyana, gente de pueblos indígenas”, detalló. E indicó que la alternativa, sobre todo para este último grupo, son los “cambalaches”: es decir, vertederos de basura.

El vínculo con el régimen, explicó De Grazia, se da a través de la llamada Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, o Camimpeg. “No te puedes meter sin su aval”, dijo. Además, CNN reportó que numerosos militares tienen presencia en compañías que refinan el oro extraído en las minas, lo que contribuye a ilustrar el vínculo entre estos grupos.

Una vez operativos, los grupos criminales toman el control del área, al punto de asumir atribuciones que normalmente le corresponden a un Estado, como lo es el monopolio de la fuerza.

Una mina en el Callao. Foto: Reuters

Una mina en el Callao. Foto: Reuters

Según consignó The New York Times, Maduro ha decidido canalizar los recursos del régimen hacia la capital en detrimento de las zonas rurales, lo que ha llevado a que, en distintos casos, oficiales de policía abandonen sus destacamentos para buscar maneras de subsistir. El medio describe el caso de los habitantes del pueblo de Parmana que, al verse rebasados por el crimen, recurrieron a una guerrilla colombiana en control de una mina de oro cercana para que les proveyera protección.

Sin embargo, el vacío de poder implica también la posibilidad de que los distintos grupos peleen entre sí para expandir sus áreas de influencia, y la cantidad de minas que tienen bajo su control.

El mismo viernes se reportó que miembros del Ejército de Liberación Nacional, una guerrilla colombiana con presencia en Venezuela, se enfrentaron con una banda por el control de una mina ubicada cerca de El Manteco, en el municipio Piar de Bolívar. De acuerdo a El Pitazo, que recogió testimonios de vecinos del lugar, ocho personas habrían muerto a manos del ELN.

De Grazia echó luz sobre el episodio: “La zona esta controlada por un pran llamado ‘El Ciego’, pero el régimen decidió sustituirlo por el ELN. Para poder hacerlo tienen que matarlos. De eso se trató lo que ocurrió en la mañana del viernes”.

Pero hay zonas que también están vedadas a los grupos criminales. Según indicó De Grazia, estas son aquellas donde tienen intereses Rusia e Irán. “Además de oro, en el cinturón hay presencia de un mineral llamado torio. Este se usa para la fabricación de misiles y es de administración exclusiva y está monopolizado por los rusos e iraníes”, aseguró.

No obstante, el chavismo tiene su foco puesto en el oro. Y expertos aseguran que, una vez extraído, puede tomar uno de dos caminos: uno esser comercializado por el régimen. El otro es desconocido.

Con respecto al primero, se han documentado envíos de oro a Turquía a cambio de efectivo que se usado para comprar alimentos. Sólo en 2018 el chavismo vendió 73 toneladas de oro venezolano a los Emiratos Árabes Unidos y Turquía

Y pese a que Estados Unidos impuso sanciones a su comercio, a lo largo de 2019 el régimen logró evadirlas en distintas ocasiones y concretar ventas en los Emiratos Árabes Unidos, Uganda y Turquía.

Por ello, con el objetivo de continuar cerrando el cerco, el presidente encargado Juan Guaidó solicitó oficialmente a la Unión Europea que catalogue al oro como “oro de sangre” para evitar que “financie al paraestado”. “Es parte de lo que podemos hacer más efectivo, ¿para qué? Para que no alimenten al paraestado”, sostuvo Guaidó, que destacó que la oposición busca que “ese tráfico de oro se transforme en vacunas para los niños de nuestros hospitales (…) en tratamientos médicos”.

En tanto, sobre el segundo se explayó la periodista de investigación Lisseth Boon, quien en un foro sobre la minería ilegal en Venezuela organizado en diciembre por el Atlantic Council, un think tank ubicado en Washington D.C, explicó que “organizaciones sin fines de lucro calculan que un promedio de 80 toneladas de oro al año se están fugando de Venezuela, por caminos irregulares, sin ningún tipo de rendimiento de cuentas“.

A su vez, explicó que las rutas del contrabando tienen dos destinos: las Islas Aruba, Bonaire y Curazao, en el caribe y, por tierra, mediante las fronteras con Colombia y Brasil. Según cifras de Transparencia Venezuela, el 30 por ciento de la producción de oro se destina a estos propósitos.

A juzgar por las cifras disponibles, la combinación del efecto de las sanciones y los niveles de producción alcanzados no son suficientes para satisfacer las necesidades financieras del régimen. Desde que Maduro está a la cabeza del régimen, las reservas de oro han disminuido en un 60 por ciento, graficó Boon. Y la evidencia indica que la tendencia continuará en esta dirección.

Cobijas, atún enlatado y fe en Dios – cómo sobreviven los venezolanos que huyen por Andrea Castillo – Los Angeles Times – 16 de Enero 2020

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A través de la lluvia y el viento, los migrantes venezolanos hacen el peligroso viaje a través de una meseta helada conocida como El Páramo de Berlín para llegar a Bucaramanga, Colombia.

Los ricos fueron los primeros en irse. Enviaron sus ahorros al extranjero y se subieron a vuelos internacionales.

La clase media fue la siguiente en salir. Se subieron a los autobuses, a veces viajando durante días a través de varios países.

Los pobres se quedaron.

Se quedaron cuando la economía se derrumbó, los alimentos escasearon, la escasez de medicamentos se volvió mortal y la electricidad se cortó durante días. Pero finalmente ellos también comenzaron a salir de Venezuela.

Simplemente se fueron.

La salida de la gente que huye a pie comenzó lentamente en 2017, con los jóvenes que esperaban encontrar trabajo y enviar dinero a casa.

Para el 2019, las mujeres y los niños, los enfermos y los ancianos también habían decidido arriesgarse, expandiendo un éxodo que ya es una de las mayores migraciones en masa de la historia moderna.

Se estima que cada día huyen unas 5.000 personas.

La salida más popular es a través de la ciudad fronteriza de Cúcuta en Colombia. Luego viene una de las partes más difíciles del viaje: un pasaje de 125 millas que sube a más de 9.000 pies de altura, hasta una larga y helada meseta llamada El Páramo de Berlín, antes de descender a la suave y verde ciudad de Bucaramanga.

El Times se propuso documentar el viaje, con un reportero y un fotógrafo compartiendo la experiencia durante cinco días, junto al río de gente. Ninguna historia por sí sola lograría captar la magnitud de la crisis.

Por eso el plan era observar desde los refugios instalados por buenos samaritanos a lo largo de la carretera.

El viaje comenzó un lunes por la mañana del pasado mes de mayo en las afueras de Cúcuta en una estación de la Cruz Roja, donde un trabajador se paró frente a un grupo de migrantes y les habló de un hombre de 21 años que había muerto de hipotermia mientras intentaba cruzar la meseta.

“No se los cuento para que se asusten. Se los cuento para que tengan cuidado y entiendan que estas tragedias han pasado”.

Cuando preguntó a dónde se dirigía la gente, gritaron destinos en Colombia – “¡Bogotá!” “¡Medellín!” “¡Cali!” – y más allá – “¡Ecuador!” “¡Perú!”

Llevaban mantas, colchas y mochilas caseras, folletos de la Cruz Roja, salchichas cocidas, galletas, agua embotellada y atún enlatado. Pero sobre todo, llevaban una profunda fe en Dios.

Valentina Durán llevaba a su hijo de un mes.

Samuel nació el 2 de abril en Cúcuta cuando Durán, de 22 años, huía por segunda vez a Colombia.

La primera vez fue en 2016. Durante los dos años siguientes, trabajó en una fábrica de ropa en la ciudad industrial de Cali, enviando lo que podía a sus padres y a los dos niños pequeños que había dejado a su cargo.

Cuando su hija se enfermó de neumonía el año pasado, Durán regresó a su ciudad natal de Maracay y apenas la reconoció. El dinero en efectivo que enviaba apenas alcanzaba y los estantes de las bodegas estaban vacíos.

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Un policía colombiano vigila a los venezolanos que cruzan la frontera de San Antonio del Táchira a Colombia a través de caminos ilegales cerca del puente internacional Simón Bolívar.

Seis meses después, regresó a Colombia e inmediatamente dio a luz.

Una mujer en el hospital la escuchó decir a los médicos que ella y Samuel no tenían hogar y se ofreció a acogerlos.

Se quedaron unas semanas antes de que Durán decidiera que era hora de volver a salir en busca de un trabajo. El autobús costaría unos 60 dólares, pero ella no tenía esa cantidad.

Por eso, ahora estaba cargando a su hijo por la Ruta 55, mirando una cinta de asfalto que desaparecía entre las montañas.

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A nueve millas de la frontera con Venezuela, Valentina Durán se detiene a descansar con su hijo Samuel después de sentirse mareada.

A nueve millas de la frontera, Durán se sintió mareada. Le habían diagnosticado baja presión sanguínea y desnutrición.

El sol del mediodía golpeaba. Los camiones de carga pasaban zumbando, levantando una nube de polvo que se les pegaba en la piel. El niño soltó un gemido.

“Ya, amor, ya. No llores”.

Se sentó a un lado de la carretera bajo la sombra de un gran árbol con Samuel envuelto en una manta de lana en su regazo.

Durán buscó en su pequeña mochila una botella de agua, llenó cuidadosamente la tapa y se la puso en los labios.

Bucaramanga estaba a 116 millas de distancia.

Unas eran las cosas que la gente llevaba consigo. Pero también estaban las cosas que la gente había dejado atrás – los barrios en los que crecieron, los abuelos que ayudaron a criarlos, las tumbas de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de salir.

Leidy Paredes y María Colmenares dejaron cuatro niños cada una.

Las dos mujeres, ambas madres solteras de unos treinta años, vivían en el mismo barrio de Maracay. Paredes dejó a sus hijos con su madre. Colmenares dejó a cada uno de ellos con un vecino diferente.

Su plan original era llegar a Bogotá, donde Paredes tenía un primo que había prometido enviarle un pasaje de autobús. Como nunca llegó el dinero para el pasaje, decidieron buscar trabajo en Bucaramanga.

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Leidy Paredes envía mensajes a amigos y familiares en Venezuela mientras otros migrantes cargan sus teléfonos en una estación de la Cruz Roja cerca de Cúcuta, Colombia.

A la mayoría de la gente le toma unas 50 horas caminar hasta allí desde la frontera. Conducir toma cinco.

Los caminantes hacen todo lo que pueden para que alguien los lleve. Agitan sus manos o banderas venezolanas. Levantan los dedos mostrando cuántos asientos necesitan. Les suplican a los conductores que los lleven.

Viajando el lunes con siete personas que conocieron en la carretera, Paredes y Colmenares descansaban en la orilla de la carretera, donde saltaban y reían.

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Mientras camina por la Ruta 55, Leidy Paredes le hace señas a un camión que no la quiso llevar.

Los camiones pasaban rápidamente frente a ellos.

Finalmente, alrededor de la 1 p.m., un autobús local se detuvo y el conductor hizo señas a su grupo para que subieran. Las dos mujeres se pusieron contentas.

Cuando el autobús pasó por delante de uno de los camiones que las había ignorado, Paredes levantó su dedo medio y se rio.

“Tenemos que reír, hermana”, le dijo Colmenares. “porque si no ríes lloras”.

Quince minutos después, la ruta del autobús terminó. El viaje les había ahorrado 45 minutos de caminata.

La vista desde la autopista explota en un collage de montañas ondulantes, valles exuberantes y ríos caudalosos.

Edgar Blanco y su hijo Leonardo, de 13 años, rara vez levantaban la vista para admirar el paisaje. Se concentraron en la única línea blanca que marca el borde exterior derecho de la carretera.

Sus pensamientos viajaban a la deriva, llevándolos a Venezuela, al estruendo del hambre en sus estómagos, o a Marvy -la esposa de Blanco y madre de Leonardo- que se había adelantado ese lunes por la tarde en un camión de plataforma.

Pero la línea blanca siempre estaba ahí. Era su vía escape.

Todo lo que tenían que hacer era seguirla.

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Leonardo Pereira, de 13 años y su padre, Edgar Blanco, de 46, caminan en la oscuridad hacia un refugio para dormir, en su primera parada nocturna en Colombia en el viaje que hacen a Quito, Ecuador.

Blanco conocía bien la ruta. Había viajado a solo a Ecuador en 2018, caminando y haciendo autostop para cubrir 1.000 millas en 11 días.

En Quito, la capital, ganaba 120 dólares a la semana trabajando en la construcción y enviaba a casa lo que podía. Lejos de su familia, la soledad le roía el alma.

Siete meses después, cuando Venezuela se había deteriorado hasta el punto de que sus remesas ya no cubrían ni siquiera el costo de los alimentos, volvió a casa a buscar a su esposa e hijo.

El cielo se tornó negro mientras él y Leonardo caminaban bajo las estrellas. El chirrido de los grillos y el silbido ocasional de Blanco rompían el silencio. Los camiones pasaban sin que nadie los viera.

Mantenían un ritmo rápido, esperando que su impulso los llevara pronto sobre el temido Páramo de Berlín.

“El Páramo es el más bravo que hay”, dijo Blanco.

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Niños venezolanos duermen bajo delgadas lonas de plástico en un campamento en Bochalema, Colombia, después de llegar con sus familias a pie.
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Jóvenes migrantes toman un baño antes de continuar su camino.

Cuando los dos llegaron a un campamento en Bochalema justo antes de las 8 p.m., Marvy los estaba esperando. Blanco se dobló sobre el pequeño cuerpo de su esposa mientras se abrazaban.

A su alrededor, otros viajeros colocaron finas mantas sobre la tierra en medio de la charla acerca de dolores de espalda, ampollas y el frío. A la mañana siguiente, la gente se bañó en el río.

Bucaramanga estaba todavía a 95 millas de distancia. Pero Blanco y su familia volvieron a estar juntos.

Lo más pesado que llevaban los viajeros eran sus historias de dolor.

Ana María Fonseca Pérez tenía sólo 40 años, pero ya conocía el tipo de pérdida que algunas personas no experimentan nunca en toda su vida.

Su esposo, José Tomás Hernández Durán, sufría de diabetes y dependía de las inyecciones diarias de insulina. Un día en 2017, el medicamento se agotó. Su familia buscó por todas partes, pero todas las farmacias estaban agotadas.

Murió poco más de un mes después a los 44 años.

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Ana María Fonseca Pérez y su sobrina Francesca Huerta Pérez, de 4 años, caminan por la Ruta 55, seguidas por otros seis familiares y amigos. Fonseca salió de Venezuela después de que su esposo e hijo murieron. “Vine aquí para poder olvidar”, dijo.

Luego, en abril de este año, su hijo Sergio Manuel Fonseca Pérez estaba entrenando con la guardia nacional cuando sufrió apendicitis y fue llevado al hospital.

Los apagones generalizados hicieron imposible su operación. Antes de que se restableciera la electricidad, había muerto.

En esta mañana de martes, esa madre caminaba con su hija de 15 años, un sobrino, dos sobrinas y tres amigos.

Una de las sobrinas, Francesca Huerta Pérez, de 4 años, veía a las vacas en un pasto cercano y le ladraba a un perro encadenado.

Se asomó a través de una valla que rodeaba una escuela primaria, donde niños y niñas con uniformes azules y blancos impecables, miraban a la pequeña que vestía un sucio suéter rosa que le quedaba grande.

“Llévanos”, le dijo a nadie en particular. “No quiero caminar demasiado”.

Otro hijo ya había llegado a Perú y le envió a Fonseca un mensaje advirtiéndole que el viaje era difícil.

“No vas a llegar”, le dijo.

Pero Fonseca había llegado a la conclusión de que no tenía más remedio que intentarlo.

“Yo vine aquí para poder olvidar”, dijo.

Martha Duque observaba a los migrantes desde su ventana.

A finales de 2017, el flujo de personas a través de Pamplona – su ciudad de 60.000 habitantes, situada a 48 millas de la frontera venezolana – se había hecho tan grande que Duque no podía ignorar su situación, especialmente cuando llovía.

“Me dio mucho pesar ver a la gente mojándose”, dijo. “Y nadie les abría una puerta”.

Así que empezó a permitir que algunos hombres durmieran en su garaje cada noche. Pronto comenzó a recibir a mujeres y niños en el interior de su casa.

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Decenas de venezolanos hacen cola frente a la casa de estuco de seis dormitorios y dos pisos de Martha Duque en Pamplona, Colombia, que ella ha convertido en un refugio para migrantes.

Algunos llegaban con hipotermia, así que Duque los envolvía en mantas y los calentaba con secadores de pelo. Algunas le decían que habían sido asaltadas sexualmente por los camioneros.

La operación de ayuda creció a partir de ahí, convirtiéndose en un pilar de una infraestructura siempre cambiante de refugios nocturnos, paradas de descanso y estaciones de la Cruz Roja.

A las 6 de la tarde del martes, las oscuras nubes de lluvia cubrían el cielo. Docenas de viajeros cansados se sentaron encima de sus pertenencias, esperando entrar en la casa de estuco de seis habitaciones y dos pisos.

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Martha Duque prepara comida para docenas de venezolanos que esperan afuera de su casa convertida en refugio.
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En 2017, comenzó a permitir que algunos hombres durmieran en su cochera cada noche. Pronto comenzó a dar la bienvenida a las mujeres y los niños en el interior de la casa. Duque vive arriba con su esposo e hijo, junto con nueve voluntarios – todos venezolanos que decidieron quedarse y ayudar a otros.

Duque, de 65 años, salió a saludarlos. Pidió que todos los que tuvieran hambre se pusieran en fila para que ella pudiera repartir tazones de pollo y arroz. La comida se agotó rápidamente antes de que muchos pudieran comer.

En ese momento, los trabajadores de un grupo de ayuda llegaron con pan de una panadería local. Ayudaron a Duque a mezclar leche, maicena y azúcar en una bebida caliente y espesa conocida como colada de maizena.

Los niños lloraban en una oficina convertida en dormitorio. Los sofás se apartaban y se colocaban esteras de plástico en la sala, cuyas paredes blancas estaban salpicadas con las huellas de los niños.

Duque se ubicó en el piso de arriba, donde ella, su esposo y su hijo viven con nueve voluntarios, todos venezolanos que decidieron quedarse y ayudar a otros.

En el piso de abajo, más de cinco docenas de personas durmieron hombro a hombro.

Una sudadera con capucha gris, era delgada y de algodón, pero resultó ser la prenda más abrigadora que Josué Moreno y Ángel Verde poseían después de haber sido robados en la frontera.

Durante días, los dos adolescentes -amigos de la ciudad de Valencia-, habían estado cambiando de ropa cada pocas horas.

Dormían bajo la lluvia el martes por la noche en una acera de Pamplona.

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Josué Moreno, izquierda, lleva la sudadera con capucha que comparte con su amigo Ángel Verde. La sudadera era la prenda más abrigadora que ambos aún poseían después de haber sido asaltados en la frontera entre Colombia y Venezuela. La intercambiaban llevándola unas cuantas horas cada uno.

A la mañana siguiente todavía lloviznaba mientras se acurrucaban fuera de un remolque de la Cruz Roja, temblando bajo una lona negra en una larga fila de personas que esperaban que alguien abriera una puerta y los dejara entrar.

Cuando Josué llegó al frente de la línea, discutió con los trabajadores por su falta de identificación -que le habían robado- antes de que cedieran y le dijeran que esperara a que lo llamaran por su nombre.

Él y Ángel no habían comido nada en más de un día cuando les entregaron tazones de carne de res desmenuzada y arroz que devoraron. La ayuda que recibieron también incluía comida enlatada, botellas de agua y una manta.

Cuando estuvieron listos para salir, el valle se llenó de niebla, y el consenso entre los migrantes fue que sería más seguro esperar hasta la mañana para seguir adelante.

Los dos muchachos regresaron a Pamplona y se instalaron para otra noche en la acera. Josué se puso la sudadera con capucha sobre su camiseta rosa y desplegó la manta para compartirla con su amigo.

La peligrosa meseta estaba ya a 22 millas de distancia.

“He caminado mucho para devolverme”, dijo Josué.

Cuando Hugo Chávez se convirtió en presidente de Venezuela en 1999, Eva Alfaro Aldana lo celebró junto con gran parte del país.

Al principio, el líder socialista cumplió sus promesas de elevar los niveles de vida, expandiendo el control del gobierno sobre las enormes reservas de petróleo de Venezuela durante un auge sin precedentes de los precios del petróleo canalizando mucho dinero hacia programas sociales.

Alfaro era propietaria de una casa y ganaba lo suficiente en un supermercado local como para vivir cómodamente con su hijo, Luis Mario Fuenmayor Alfaro.

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Eva Alfaro Aldana, de 61 años, rellena sus zapatillas, que son dos tallas más grandes, con papel higiénico.

Pero entonces los precios del petróleo cayeron y el experimento social comenzó a desbaratarse. Después de la muerte de Chávez en 2013 y de la toma de posesión de su sucesor, Nicolás Maduro, el país se sumió en una profunda recesión.

Alfaro se aferró al sueño hasta 2015, cuando hombres armados irrumpieron en su casa y dispararon a su hijo en la mano y la pierna.

Pronto su trabajo en el supermercado desapareció. A los 61 años, barría las tiendas en busca de monedas, mientras que Fuenmayor, de 30 años, que antes comerciaba productos electrónicos, ahora vendía cigarrillos sueltos. Para sobrevivir escarbaban en los contenedores de basura buscando comida.

Ahora Venezuela estaba 68 millas detrás de ellos. Era jueves por la tarde y llevaban cuatro días caminando.

Alfaro decidió cambiar sus zapatos gastados por un par de su hijo. Eran dos tallas más grandes, así que rellenó las puntas con papel higiénico.

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Luis Mario Fuenmayor Alfaro ayuda a Liliana Mendoza, izquierda, y a su madre, Eva Alfaro Aldana a subir una última colina antes de llegar a una estación de la Cruz Roja en La Laguna, Colombia.

Los dos estaban descansando en un pedazo de césped cerca de la autopista cuando un todoterreno negro se detuvo y cuatro hombres se bajaron.

Uno se presentó como Wilmer Azuaje. Dijo que había sido un legislador de la oposición en Venezuela y que el gobierno de Maduro lo había encarcelado y torturado antes de que lograra huir a Colombia a principios de 2019.

Ahora trabajaba con una organización benéfica para los venezolanos, explicó mientras sus compañeros les daban a Alfaro y a su hijo pan y botellas de agua, que devoraron con rapidez.

Uno de los hombres levantó un teléfono para grabar un video, diciendo que iban a mostrar el material a los políticos en Washington.

Azuaje le pidió a Alfaro que explicara en cámara por qué huyó.

“Yo no tengo nada en Venezuela”, dijo, rompiendo en lágrimas. “Ni siquiera una casa a donde regresar”.

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El político venezolano Wilmer Azuaje consuela a Eva Alfaro Aldana mientras llora al explicarle por qué huyó de Venezuela.

“O tratamos de llegar a otro país o nos morimos”, dijo su hijo “Lo que estamos haciendo en Venezuela es muriendo de hambre. ¿Cómo vamos a pagar un pasaporte si ni siquiera tenemos para comer? No estamos saliendo, estamos escapando”.

Azuaje trató de consolarlos.

“Esto va a cambiar. Créame”, dijo. “Con la fe en Dios, vas a regresar”.

El Páramo de Berlín se encuentra a 10.500 pies sobre el nivel del mar y se extiende a lo largo de 27 desoladas millas, un paisaje formado por el aire enrarecido debido a la altura, la lluvia helada y los vientos cortantes.

Cuando los caminantes llegan a la meseta, han escuchado rumores de muertes de migrantes y relatos sobre la locura de tratar de atravesarla a pie.

“Busque el dinero para viajar seguro”, dice la advertencia en un mapa repartido por los grupos de ayuda.

Nelly Briseño no tenía dinero – mientras que otros dormían bajo los porches, ella había gastado sus últimos pesos para compartir una habitación con cuatro amigos en un hostal en La Laguna, a 70 millas del viaje y el último pueblo antes de la meseta.

Pero sí tenía atún.

Las latas de pescado, distribuidas por la Cruz Roja, se han convertido en una moneda de cambio importante aquí.

Poco después de que Briseño y sus amigos comenzaran a caminar de nuevo el viernes por la mañana, un camión vacío con lonas negras que cubrían un marco de madera se detuvo frente a ellos.

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Yosmary Aular, de 37 años, reconforta a su hijo Brian Pineda, de 13 años, minutos después de haberle rogado que los dejara subir a un camión que transportaba migrantes a través de La fría meseta. El camionero cobró 1.000 pesos, unos 30 centavos, y ella se quedó sin dinero. Se negó a dejarlos subir al principio, pero luego cedió.

El conductor pidió a cada uno de ellos tres latas de atún. Explicó que estaba infringiendo las leyes de tránsito al transportarlos, por lo que más tarde vendería las latas para obtener una ganancia.

El conductor se detuvo para recoger más migrantes. Los dejó a unos kilómetros en otra estación de la Cruz Roja y les dijo que lo esperaran mientras él volvía a buscar a los rezagados.

Cuando regresó con otras dos docenas de personas, explicó que el viaje a través de la meseta le costaría a cada uno de ellos 1.000 pesos, o 30 centavos de dólar. Esta vez, no aceptó el atún.

“Todo es un negocio”, dijo.

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Los venezolanos evitan una noche fría y sin refugio haciendo autostop en la parte trasera de un camión de carga a través de una meseta helada. Algunos se ven obligados a permanecer de pie durante los 90 minutos del viaje por falta de espacio.

La gente lo rodeaba, suplicando. Ofrecieron todas sus latas. Pero él no cedió.

Los que tenían dinero lo juntaron y le pagaron al conductor. Pero una mujer con los ojos muy abiertos que viajaba con su hijo y su sobrina de 13 años le rogó que los dejara subir. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras expresaba su temor de quedarse atrapada de nuevo en el frío durante la noche.

“Por favor”, dijo.

Finalmente, el conductor cedió. Les dijo a sus 40 pasajeros que se mantuvieran callados en caso de que la policía lo detuviera.

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Un pequeño es subido a la parte trasera de un camión mientras los migrantes se apresuran a hacer autostop en el frígido Páramo de Berlín en su peligroso viaje para escapar de Venezuela a través de Colombia.

Mientras el camión avanzaba, el frío se colaba entre las lonas. Los pasajeros pudieron ver los pastos de las vacas y la carretera vacía.

Nadie habló. Los únicos sonidos eran el tambaleo del motor, el bocinazo ocasional, el golpeteo de los ganchos de metal que aseguraban una lona y la tos constante de una mujer.

Al mediodía, el granizo comenzó a golpear la lona. Diez minutos después, el camión se detuvo. La parte más temida del viaje -el cruce de la meseta- había durado una hora y media.

Entonces el conductor, que había parecido tan indiferente a la difícil situación de los viajeros, se despidió de ellos mientras bajaban del camión.

“Dios los bendiga y los proteja”, dijo.

Todavía estaban a 28 millas de Bucaramanga, pero ahora todo era cuesta abajo.

En los últimos cinco años de decadencia de Venezuela, más de 4 millones de personas han huido del país. Con 29 millones todavía allí, el éxodo podría continuar fácilmente durante años.

Y números incalculables pasarán por Cúcuta, donde Valentina Durán, Edgar Blanco, Ana María Fonseca Pérez y los demás iniciaron su viaje.

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Las madres que sostienen a sus hijos observan cómo otros desembarcan del camión que los transportó a través de la fría meseta.

Cada día más enfermeras, maestros, mecánicos, obreros de la construcción, peluqueros y comerciantes llegan al río Táchira y cruzan puentes construidos con cantos rodados, sacos de arena y ramas de árboles a través de los cañones y subiendo por las orillas hasta la ciudad.

Se detienen para almorzar en un comedor de beneficencia. Se dirigen a la Cruz Roja y se conectan a Facebook o WhatsApp para que sus familiares sepan que han llegado hasta aquí.

Esperan sus turnos para hacerse revisiones médicas y recibir atún, galletas saladas y agua. Asisten a las conferencias sobre los peligros que se avecinan.

Luego se levantan de sus asientos y se dirigen a la carretera.

Algunos se detienen fuera del edificio para examinar los mensajes que otros caminantes han dejado en una de las paredes de estuco, transformándola en un monumento a Venezuela.

“Sé que estamos pasando por un momento súper difícil, pero también sé que con la ayuda de nuestro Papito Dios saldremos adelante”.

“Dejando a nuestra familia – esposa, hijos, hermanos- con el corazón roto”.

“Pronto volveremos a ti, mi país querido, con el favor de Dios”.

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Un grupo de venezolanos cruza la frontera de San Antonio del Táchira a Colombia por caminos ilegales cerca del puente internacional Simón Bolívar. Cada día, 5.000 personas huyen del país.

¿Quién es Goyo Noriega, el compradiputados? por Frank Thomas – Venepress – 17 de Enero 2020

El 5 de enero, el parlamentario figuró en la plancha liderada por Luis Parra

1579271369_Goyo_Noriega.jpgEn 2016 José Gregorio “Goyo” Noriega fue electo como diputado por el estado Sucre, representando al partido Voluntad Popular (VP), con 111.646 votos en la circunscripción 3. Sus inicios como dirigente político están en la izquierda venezolana. Fue profesor de la Universidad de Oriente (UDO).

Durante los años 90 perteneció a la Unión de Jóvenes Revolucionarios del estado Sucre y después pasó a las filas de Bandera Roja. Más tarde, ingresó al partido de centroizquierda Un Nuevo Tiempo (UNT), donde fue secretario general del municipio Sucre, fue electo como diputado suplente en 2010 por la tarjeta de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

En 2014 fue expulsado de UNT por no apoyar a Robert Alcalá, de Acción Democrática, en sus aspiraciones a la Gobernación de Sucre. Voluntad Popular lo aceptó en sus filas y lo postuló como candidato a la Asamblea Nacional, donde integró la Comisión de Defensa. También, se encargó de recoger firmas en su estado para activar un referendo revocatorio en contra Nicolás Maduro Moros.

“Vendió la voluntad del pueblo sucrense”

Tras su vinculación con la “operación alacrán”, que buscaba comprar diputados para que negaran su voto a la reelección del presidente encargado Juan Guaidó como líder del Parlamento, para el período 2020-2021, la legisladora Manuela Bolívar sentenció que Noriega “vendió la voluntad del pueblo sucrense”.

Manuela Bolívar@manuelabolivar

Lamentable la decisión de Goyo Noriega. Vendió la voluntad del pueblo sucrense quien votó por el Para impulsar la libertad en Vzla. Hoy se vende al régimen, se entrega al asesino. Dios lo perdone.

Operación Alacrán

Este viernes, Noriega fue acusado por el diputado Alfonso Marquina, de intentar sobornarlo para que no legitimara a Juan Guaidó como presidente del Parlamento. Según detalló el legislador aurinegro, tras presentar el audio de una conversación con el segundo vicepresidente de la junta directiva paralela de la AN, la suma que habría sido pagada a los diputados para que no respaldaran a la junta directiva legítima del Capitolio,  superó los 700.000 dólares. Noriega reveló haber pedido inicialmente para esta operación, 1.200.000 dólares.

Su trabajo en la AN

Desde el 2016, Noriega denunció los problemas del agua en Sucre, que se acrecentaron ese año con el fenómeno metereológico denominado “El Niño”.

“El gobierno tiene que dejar las mentiras, como en la cumbre climática de Río de Janeiro cuando se dijo que Venezuela no tenía problemas con el acceso al agua, por eso propongo declarar el estado de emergencia por el acceso al agua en el país. No verlo solo como servicio público sino como un problema de salud”, José Gregorio Noriega.

Fue incluido el 26 de enero de 2016 en la comisión de diputados que se reuniría con el entonces vicepresidente, Aristóbulo Istúriz, para evaluar el decreto de emergencia económica que Nicolás Maduro promulgó ese año.

Voluntad Popular y Sucre

El partido de Leopoldo López no ha tenido suerte con los representantes del estado Sucre. Antes de Noriega, el secretario general de la entidad era Hernán Núñez, quien en 2013 expresó su apoyo al gobierno y al presidente Chávez.

VP emitió un comunicado en el que anunció la expulsión de Núñez del partido. “Al declarar que rompe lazos con la MUD, de manera inmediata asume romper lazos con nuestra organización, en consecuencia, el ENA le informa al país que el diputado Hernán Núñez queda automáticamente fuera de toda militancia partidista, conforme a nuestros estatutos”.

Los cubanos introducen en Venezuela sus métodos de tortura para hacerlas más crueles por Manuel Trillo – ABC – 17 de Enero 2020

La presencia de «los isleños» al frente del aparato represor de Maduro introduce «innovaciones» para aumentar el dolor en las técnicas de descargas eléctricas, asfixias o violencia sexual, según el informe anual del Instituto Casla

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La injerencia cubana en Venezuelaha recrudecido en los dos últimos años los métodos de tortura que emplea el régimen de Nicolás Maduro en la represión sistemática de la disidencia, incorporando «innovaciones» que aumentan el sufrimiento de las víctimas, de acuerdo con el último informe anual del Instituto Casla, que han presentado este viernes en Madrid la directora de esta organización, Tamara Suju, y la exeurodiputada Beatriz Becerra.

La perforación de uñas en manos y pies para pasar los cables de las descargas eléctricas, el uso sistemático de bolsas plásticas para asfixiar a los torturados, el colgamiento con grúas sin tocar el suelo durante los interrogatorios, las lesiones en los genitales al ejercer violencia sexual o la intoxicación con sustancias psicotrópicas desconocidas son algunos de los ejemplos del ensañamiento que ha introducido la presencia de los llamados «isleños» en la cúpula del aparato represor, de acuerdo con el documento de la citada organización, con sede en Praga, que promueve la democracia y el estado de derecho.

Según Tamara Suju, «el régimen se ha vuelto más sanguinario y usa la tortura como castigo ejemplarizante». Desde 2017, asegura, se están registrando «las torturas más terribles, porque la intención ahora es llevarlas al punto de pedir a sus familias que no denuncien, que no digan nada, porque cualquier cosa que dicen significa quitarles las visitas y los abogados durante meses».

Desde hace años, Suju viene trasladando los casos de torturas y la lista de sus responsables a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, que abrió en 2018 un examen preliminar sobre la situación de Venezuela y que espera resolver a principios de este año su competencia sobre las denuncias, para entonces valorar la admisibilidad del caso.

«El régimen se ha vuelto más sanguinario y usa la tortura como castigo ejemplarizante», según la directora del Instituto Casla, Tamara Suju

Partiendo del «caos general» en que está sumida Venezuela, «donde la crisis humanitaria se cruza con la represión sistemática», el estudio del Instituto Casla se centra en el empleo de la tortura, en especial desde la División General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) que dirige Iván Hernández Dala, y en cómo el régimen cubano y su estructura represiva han influido para que «los patrones de las torturas se incrementen, cambien o sean innovadores».

A lo largo de 2019, año en el que se produjeron acontecimientos como la juramentación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela en enero o el fallido intento de sublevación de abril, el Instituto Casla recibió nuevos testimonios referidos a 83 víctimas directas de presuntas violaciones de derechos humanas y crímenes de lesa humanidad. «El 100% de las víctimas fueron torturadas en centros de detención o en zonas militares, con la particularidad de que 13 de ellas fueron trasladadas, además, a centros clandestinos de torturas donde podían realizarlas sin que sus gritos pudieran ser escuchados por otros testigos».

La citada Dgcim, bajo la influencia de oficiales cubanos, se ha convertido en el órgano represor de civiles y militares más cruel, estando presente en el 95% de los casos denunciados de detención arbitraria, tortura y violencia sexual, según el Instituto Casla.

«El recrudecimiento del crimen de la tortura y los terribles métodos aplicados en el 2019 fueron dirigidos en su mayoría por la Dgcim, involucrados también en hechos de represión que conllevaron a asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y desplazamiento forzado de personas, junto a la Guardia Nacional, el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), las FAES (Fuerza de Acciones Especiales), la PNB (Policía Nacional Bolivariana) y los colectivos (bandas de paramilitares armados por el régimen)».

La organización alerta en su informe de «la importancia que tiene la presencia cubana en la inducción y represión que lleva el régimen venezolano contra toda la población», basándose en testimonios de exfuncionarios de inteligencia y desertores, así como de militares y civiles que han indicado cómo participa el régimen de la isla en la inducción de la represión.

La cabeza que «organiza, controla y conoce todo sobre quiénes son, cuántos llegan, qué hacen y cómo participan» es el embajador de Cuba en Venezuela, explica el estudio, que recalca: «Nada sucede sin su conocimiento». «Los cubanos instruyen constantemente en técnicas de represión, intimidación y seguimiento, a miembros de la FANB e inteligencia, para que ellos realicen labores de investigación y espíen a sus propios compañeros y sus familias, a líderes políticos y sociales, y hacerle seguimiento directo al malestar social», continúa. Además, estas labores de inteligencia cubana se realizan «con pleno conocimiento» del ministro de Defensa, Vladimir Padrino; el Comando Estratégico Operacional (Ceofanb) a cargo de Remigio Ceballos, y la propia Dgcim.

Más aún, detalla que el G2 (inteligencia cubana) y Gruce (Grupo Estratégico Cubano) estarían implicados directamente en la tortura en Venezuela. Los «isleños», como los llaman los propios militares y funcionarios venezolanos, tendrían su propia sala de operaciones en las intalaciones militares conocidas como Fuerte Tiuna, en Caracas. Así mismo, cubanos acreditados con credenciales de la Dgcim «dan órdenes a generales venezolanos y entrenan a funcionarios de inteligencia, que se suman a cientos de personas en todo el país, y son conocidos como “Los Acreditados” o Dgcim paralelo», señala el informe.

El Instituto Casla recoge que entre 2018 y 2019 han muerto tres personas bajo custodia del Estado: el concejal Fernando Albán, el exmilitar Modesto Díaz y el capitán Rafael Acosta. «En estos dos últimos años las golpizas y torturas por días y semanas vienen acompañados de hambre, deshidratación, humillación y vejación tanto física como psicológica», explica la organización, que añade: «Las víctimas son privadas de alimentos y agua, y en muchos casos, cuando se las suministran, los obligan a comer del piso como animales».

Los nuevos métodos

Entre los patrones de torturas detectados en estos dos últimos, el estudio apunta las «esposas y ataduras por largos periodos de tiempo, fuertemente ajustadas para causar heridas a propósito en las muñecas e incluso parálisis en los dedos», así como las «asfixias y ahogamientos mediante el uso de bolsas plásticas». Mientras que en el periodo 2013-2017 ese método representaba el 6% de las denuncias de tortura con asfixia, en 2018-2019 fueron el 54,6%, con 106 víctimas.

Han aumentado las descargas eléctricas, con 93 personas sometidas a esa tortura en los dos últimos años, con «innovaciones» para aumentar el dolor como la perforación de uñas de las manos y de los pies para pasarles los cables de la descarga. A las víctimas se les pone o incrusta agujas u objetos metálicos en tetillas y genitales o debajo de las uñas para, a través de ellos, hacer las descargas, o se les mete cables en los testítculos o en el ano, explica el Instituto Casla entre otras técnicas.

También se dan dos nuevos patrones en los colgamientos de los torturados: en unos casos se les cuelga sin que toquen el suelo, atados con las manos delante o en la espalda por largos periodos de tiempo, y en otros dejando que apenas la parte delantera de los pies toque la superficie, en algunos casos llantas de ruedas de coche, permaneciendo días enteros en esa posición.

También hay novedades en la violencia sexual sobre las víctimas. Según el informe, en estos dos años el 34% de las víctimas tenían lesiones en sus genitales, producto de las torturas, como descargas eléctricas intensas y prologadas, o golpes y patadas.

A ello se suma el uso de sustancias psicotrópicas desconocidas. La organización ha obtenido testimonios de personas que dicen haber sido drogados o haberse sentido mareados mientras los torturaban o interrogaban. Se utilizan productos químicos que dan a tomar a las víctimas o polvos que colocan en heridas sangrantes de la piel.

En la variación de estos patrones, insiste el Instituto Casla, «han estado involucrados directamente los cubanos».

«Cuando me torturaban había militares cubanos con su uniforme. Los identifico a cada uno», afirma el expolicía Gilberto Rafael Martínez Daza

Durante la presentación del documento en Madrid se proyectaron vídeos de algunos de los testimonios recogidos. Entre ellos el del expolicía Gilberto Rafael Martínez Daza, que describe su detención por la FAES, su traslado a un centro clandestino y las crueles torturas sufridas durante ocho días con varios de esos métodos -asfixia con bolsas plásticas, choques eléctricos en los genitales, colgamientos…-, con la participación de «militares cubanos con su uniforme». «Los identifico a cada uno», asegura.

«Las torturas no distinguen edad ni condición social, y hay víctimas a partir de los 14 años de edad», señaló Tamara Suju, que mostró un vídeo con el testimonio de un joven, Frank Alonso Flores, detenido y torturado a los 16.

Otras novedades de estos años son la utilización de una cámara frigorífica en los sótanos de la Dgcim, las torceduras de miembros superiores e inferiores, la utilización de un camión blindado y de un ascensor en los sótanos de la Dgcim, o de centros de torturas clandestinos.

«Los que apoyan a la tiranía son cómplices»

Beatriz Becerra pidió durante la presentación del informe que los países europeos se sumen a las denuncias ante la Corte Penal Internacional. «Son crímenes que no prescriben», señaló la exeurodiputada española, que pidio que esas torturas sean «investigadas y juzgadas».

En esa línea, Tamara Suju dijo que «ojalá algún país europeo se sumara a la denuncia ante la CPI», al tiempo que criticó a los eurodiputados españoles que se alinearon este jueves con Maduro en una votación (los de Unidas Podemos y EH Bildu, así como Carles Puigdemont y Tony Comín). «Los que están del lado de la tiranía son cómplices de crímenes de lesa humanidad y la historia se lo va a reclamar», advirtió.

Para la directora del Instituto Casla, es además «importante para los venezolanos, para la justicia internacional y las víctimas de estos crímenes» la reelección de Luis Almagro como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que se someterá en marzo, dado el apoyo que ha brindado hasta ahora a la causa por la democracia en el país caribeño. «No nos podemos permitir que la OEA pase a ser un club de amigos, como era antes», apuntó.

 

Esta pareja de venezolanos tenía un problema en España y lo resolvió montando un negocio que hoy es todo un éxito por Cándido Pérez – ALnavío – 17 de Enero 2020

La necesidad de enviar unos paquetes a Venezuela desde Barcelona, España, fue el acicate para que estos tres amigos venezolanos crearan Euroenvío, empresa que en cuatro años ha conseguido un lugar en el segmento del negocio de courier.
Aleska Bossa es la encargada del mercadeo de Euroenvío / Foto: cortesía
Aleska Bossa es la encargada del mercadeo de Euroenvío / Foto: cortesía

Aleska Bossa y su esposo Oswaldo González, buscaban el 15 de noviembre de 2015 enviar unos paquetes a Venezuela y no encontraban una empresa que lo hiciera porque Correo Express había dejado de prestar servicios a Caracas.

Aleska Bossa es directora de marketing de Euroenvío. Y dice al diario ALnavío que ese momento lo marcó todo. Fue el punto de partida para convertir aquella necesidad –la de ellos y la de muchos venezolanos en España– en una apuesta que les ha funcionado. Al punto que los primeros sorprendidos son ellos mismos.

-Más tarde probamos a enviarnos un paquete nuestro a Venezuela y llegó sin ninguna clase de problemas. Le planteamos la oportunidad del negocio a un compañero de trabajo de Oswaldo, que ya tenía más de 10 años en España, y así Julio Álvarez, se convirtió en nuestro socio.

Ya los González Bossa tenían experiencia en el aspecto logístico del negocio de courier por su desempeño en empresas en Miami, Estados Unidos. Oswaldo González es administrador al igual que Julio Álvarez. Aleska Bossa estudió comercio internacional. Los tres socios tienen 39 años.

Pequeña inversión y mucho trabajo

En enero de 2016 arrancó la empresa. “Desde el primer día que empezamos a correr la voz y anunciamos que estábamos en funcionamiento, la gente llegó al local en Barcelona para ordenar envíos a Venezuela. Desde entonces no hemos parado”.

La inversión inicial para instalar Euroenvío fue de poco más de 10.000 euros. Los gastos de registrar la empresa sumaron alrededor de 3.100 euros. Luego hubo que armar la oficina.

-Comenzamos a trabajar con nuestras computadoras personales y tuvimos que invertir en material de oficina, escritorios, impresora, fotocopiadora, ese tipo de cosas, que sumaron cerca de 7.000 euros -explicó Bossa.

El dinero invertido salió de los ahorros de los tres socios y no requirieron ningún préstamo bancario. El pequeño local, que podía resultar lo más complicado de gestionar en los inicios de una empresa, ya estaba alquilado por Julio Álvarez, para otra empresa, la que dejó para asociarse en Euroenvío.

Los precios de la paquetería aérea de España a Venezuela van desde 12 euros el primer kilo, y aumenta 8,89 euros por cada kilo adicional. El kilo adicional vale 10,99 euros para el resto de Europa. Los envíos marítimos son de al menos 50 kilos, que se cobran a 2,99 euros por kilo. El precio de envío de documentos en sobres de hasta un kilo es de 15 euros.

En cuatro años la firma ha crecido al punto de que no sólo gestiona los envíos de paquetería de España a Venezuela, sino que colocan despachos en toda la Unión Europea, Colombia y Estados Unidos.

Ya cuentan con 23 oficinas en el viejo continente que remiten la paquetería hacia España, de donde salen vía aérea, dos veces por semana, y por vía marítima, una vez al mes.

-Nos sorprendió -contó Aleska Bossa- el mercado estadounidense. La cantidad de envíos es tremendamente grande. También hemos incursionado, con buena acogida, en los países nórdicos.

En sus inicios, esta empresa que arrancó en Barcelona, usó el Metro de la ciudad condal para la entrega de pequeños paquetes, luego compraron una furgoneta conducida por alguno de los socios, más adelante vinieron nuevas inversiones en vehículos y acuerdos con la empresa Correo Express para la recogida de paquetes a domicilio y desde hace cierto tiempo, lograron una alianza con DHL.

De acuerdo con la experiencia adquirida en estos cuatro años, en los meses de enero a marzo, hay una baja actividad, que vuelve a subir en mayo, sobre todo por el Día de las Madres, y se mantiene a la baja hasta agosto. Ya a partir de octubre, suben las solicitudes de envíos y esa actividad creciente llega a su tope en diciembre. “Exhortamos a nuestra clientela a iniciar sus gestiones para enviar los regalos de la temporada decembrina en octubre, porque ya en diciembre se hace muy difícil”.

Las operaciones no son fáciles con Venezuela. Se presentan problemas a diario. Cambios de todo tipo. Nuevos aranceles, nuevas medidas en las aduanas, restricciones momentáneas que obligan a cambios en la operación con España.González y Bossa tienen todo un equipo en Madrid / Foto: cortesía

González y Bossa tienen todo un equipo en Madrid / Foto: cortesía

Los socios, caraqueños de origen, mantienen, casi sin variaciones, los precios de los servicios cada año. Apenas en 2019 variaron un poco, sobre todo por los cambios de condiciones en Venezuela, donde también ahora cuentan con empleados y sede.

Uno de los rubros más solicitados desde Venezuela son los medicamentos, y afortunadamente Euroenvío suele cubrir ese servicio. Sin embargo, en los envíos desde las Islas Canarias tienen una restricción. Indica Aleska Bossa que “sólo se puede permitir el envío de seis cajas de medicamentos, cualquiera que sea, desde Canarias. En el resto de Europa no hay problema, si son para el uso personal”.

-El aumento del mercado en los últimos dos años ha sido impresionante, cuando salimos de nuestro país pensamos que ya se iba mucha gente, pero desde 2016 la emigración ha crecido de manera exponencial.

Eso explica que el volumen de envíos entre 2017 y 2019 se ha ido incrementando, año tras año, en más de un 100%.

Expansión de Euroenvío

Oswaldo González y Aleska Bossa vivían en Miami. Regresaron a Venezuela en 2014 pero no se adaptaron a la situación del país, por lo que decidieron salir nuevamente rumbo a España en 2015.

Llegaron inicialmente al País Vasco y luego se trasladaron a Barcelona. Los padres de Aleska ayudan con los niños de la pareja, mientras ellos están enfocados en la instalación de nuevas oficinas, la supervisión de las que ya están operativas y en general en el funcionamiento de la empresa.

-El año pasado decidimos centralizar la operación en Madrid. Instalamos un almacén de 500 metros cuadrados y una oficina central de 100 metros en Coslada. Por eso vivimos “a caballo” entre Barcelona y Madrid.

Euroenvío también mudó la pequeña oficina pequeñita del centro de Madrid para el barrio de Las Ventas. Ahora reciben al público en la calle Francisco Navacerrada, número 6.

-Nuestros planes son crecer y cubrir nuevos destinos en Latinoamérica, pensamos que nuestras próximas oficinas estarán en Perú y Chile -destacó Bossa.

Han aprendido sobre la marcha los secretos del negocio. Resolviendo problemas en cada etapa del camino. “Antes éramos empleados de otras empresas, y ahora somos empresarios. Creo que supimos ver en nuestras propias necesidades un negocio y tuvimos la ventaja de que Julio es hijo de gallegos, y por su doble nacionalidad y el tiempo que ya tenía aquí, algunas cosas se nos hicieron más fáciles”.

Ahora que inician su quinto año de operaciones, se puede decir que Euroenvío va por buen camino. La empresa tiene oficinas propias, agentes autorizados y seis franquicias. Ofrece trabajo a 12 personas de manera directa y a 31 de manera indirecta en España. El centro de distribución en Caracas emplea a 15 personas directamente y contrata a repartidores independientes que hacen las entregas.

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