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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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Venezuela tiene otra elección defectuosa – The Economist/La Patilla – 20 de Octubre 2017

“Esto solo sucede en Venezuela”, se jactó Nicolás Maduro cuando la comisión electoral declaró los resultados de unas elecciones regionales largamente postergadas este 15 de octubre. Por alguna vez, el presidente del país puede haber tenido razón. En medio de una calamidad económica en gran parte de su propia creación, con encuestas de opinión que muestran apoyo entre los venezolanos para su gobierno en menos del 30%, su Partido Socialista Unido (PSUV) ganó 18 de las 23 gobernaciones y más de la mitad del voto nacional.

Ni los venezolanos ni el mundo se tragarán esta ficción”, declaró Gerardo Blyde, director de campaña de la coalición opositora Unidad Democrática (MUD). El consejo electoral, que toma sus órdenes del régimen de Maduro, había realizado otra ficción antes, en julio, cuando afirmó que más de 8 millones de personas votaron para seleccionar a los miembros de una “asamblea constituyente”, un parlamento simulado diseñado para eludir a la Asamblea nacional controlada por la oposición. El consejo electoral exageró la participación en al menos 1 millón de personas.

La MUD, una coalición de partidos formada en 2008 para oponerse al chavismo, el movimiento fundado por el difunto predecesor de Maduro, Hugo Chávez, boicoteó esa elección. El ejercicio fraudulento provocó una condena internacional generalizada y la imposición de sanciones por parte de Estados Unidos a Maduro y a otros funcionarios.

Pocas personas fuera del régimen piensan que el voto de gobernador de este mes fue justo. La organización deshonesta de la elección puede haber contribuido al resultado inesperado, pero no está claro cuánto de eso hubo. Otros factores también jugaron un papel. Incluyen divisiones dentro de la MUD y el agotamiento entre la gente común después de meses de protestas este año en las que murieron al menos 125 personas. El gobierno también capitalizó su organización superior para mover sus votantes. El resultado ha puesto una primavera en el paso de Maduro y deja a la oposición sin rumbo y desmoralizada.

La MUD no sabía si participar en las elecciones, que deberían haberse celebrado el año pasado. Las partes más pequeñas se opusieron, diciendo que el voto legitimaría el gobierno dictatorial de Maduro. Fueron rechazados por la mayoría, que calculó que ganarían muchas gobernaciones o que tendrían motivos adicionales para atacar al régimen como antidemocrático.

Pero la oposición no obtuvo ni una victoria real ni una moral clara. Le costó mucho reunir a sus seguidores. “Hubo un bajo entusiasmo dentro de las bases de la oposición para estas elecciones”, dice Félix Seijas, estadístico de la Universidad Central de Venezuela. Deprimidos después de cuatro meses de protestas infructuosas, “nunca vieron el vínculo entre las elecciones regionales y el juego más grande”.

El régimen hizo todo lo posible para mantenerlos en casa. Cambió la ubicación de los colegios electorales en bastiones antigubernamentales horas antes de las elecciones. Sembró confusión al dejar en las boletas los nombres de algunos candidatos de la oposición que habían perdido en los concursos primarios. Al mismo tiempo, el gobierno intimidó a la gente para que respaldara al PSUV. Envió mensajes de texto a los trabajadores estatales diciéndoles dónde votar y para quién. En al menos un estado, Vargas, paquetes de alimentos subsidiados se colocaron fuera de un colegio electoral el día de las elecciones. En un momento de escasez de alimentos e inflación de más de 700%, estos habrían sido difíciles de resistir, especialmente para los votantes más pobres, que tienen más probabilidades de apoyar al gobierno.

La participación fue un poco más del 61% según las cifras oficiales del CNE y los candidatos del PSUV obtuvieron el 54% de los votos. Para lograr ese resultado sin alterar las papeletas, casi todos los partidarios del gobierno tendrían que haber votado, dice el Sr. Seijas. Y eso, piensa, es “improbable”.

La MUD está sacudida. Mientras que Maduro celebró la democracia “récord” de Venezuela, reinaba la confusión en la sede de la oposición en Caracas. Los líderes al principio respondieron a los resultados con un sorprendente silencio por más de una hora. Salieron a decir que el MUD no reconocería los resultados; pero no hicieron acusaciones específicas de fraude. Su temblorosa reacción es “desconcertante”, dice David Smilde de la Oficina de Washington para América Latina, una ONG. “¿Cómo es posible que no hayan considerado varios escenarios y no tuvieran un plan?”

Las divisiones dentro de la MUD se han ampliado. Los candidatos exitosos, incluidos los gobernadores electos de Táchira y del Zulia, en la frontera con Colombia, reconocieron sus propios resultados, aunque se negaron a prestar juramento ante la asamblea constituyente. Lo mismo hizo Henri Falcón, el gobernador de Lara, quien perdió su asiento. “Perdimos y tenemos que aceptarlo”, dijo.

Animado por el voto regional, Maduro puede seguir adelante con una elección presidencial, que se realizaría a fines de 2018. Algunos analistas creen que los chavistas encontrarán un candidato más popular para reemplazarlo, disminuyendo la necesidad de robo electoral. Héctor Rodríguez, un joven confidente del presidente que ganó la gobernación del estado Miranda, es una posibilidad.

Quienquiera que sea, el candidato chavista pudiera correr sin oposición. La MUD ha sugerido que no participará en otras elecciones a menos que la comisión electoral se haga independiente. Tendría problemas para elegir un abanderado. El líder de la oposición más popular, Leopoldo López, se encuentra bajo arresto domiciliario después de pasar más de tres años en prisión. Henrique Capriles, el ex gobernador de Miranda, quien casi derrotó a Maduro en las elecciones presidenciales de 2013, ha sido acusado de delitos menores relacionados con el presupuesto y ha sido excluido de optar a cargos de elección durante 15 años.

Muchos venezolanos están hartos de la política. La emigración de la clase media se ha disparado. Colombia dice que la migración neta mensual de Venezuela se duplicó con creces a 56,000 de junio a agosto. Sabine Rodríguez, estudiante de medicina, hizo cola durante horas para votar en las elecciones, pero con poco entusiasmo de que tenía sentido. “Creo que este país está perdido”, dijo.

 

Cuatro pasos indispensables para la recuperación espiritual y material de Venezuela por Gustavo Coronel – Blog Las Armas de Coronel – 18 de Octubre 2017

gse_multipart55967En un escrito anterior ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2017/10/venezuela-debe-regresar-las-calles-el.html dije que en Venezuela deberán suceder cuatro eventos como condición indispensable para recuperar la dignidad y lograr la redención del país. De seguidas paso a comentarlos en mayor detalle:
1. Los miembros principales de la narco-dictadura deberán ser investigados, enjuiciados y castigados por sus horribles crímenes contra el país
Ciertamente hay, por dar un número documentable, unos 600 militares y civiles que deben ser investigados y enjuiciados por su papel en los crímenes que el chavismo-madurismo han cometido en contra del país. Una primera lista de miembros y amigos del régimen que deberían ser objeto de una investigación debería incluir, según la información de dominio público sobre ellos, a: Nicolás Maduro, Cilia Flores, Adán Chávez, María Gabriela Chávez, Diosdado Cabello, Jorge Giordani, Elías Jaua, Rafael Ramírez, Ali Rodríguez Araque, Néstor Merentes, Eulogio Del Pino, Pedro Carreño, Calixto Ortega, Maikel Moreno, Jorge Rodríguez Gómez, Delcy Rodríguez Gómez, Tibisay Lucena, Tarek William Saab, Tareck El Aissami, Alejandro Andrade, Vladimir Padrino López, Hugo Carvajal, Ramón Rodríguez Chacín, Antonio Benavides Torres, Jorge Carneiro, Néstor Reverol, Ernesto Villegas, Isaías Rodríguez, Wilmer Ruperti, Henry Rangel Silva, José Vicente Rangel, Mario Silva, Luis Britto García, Darío Vivas, Earle Herrera, Maximilien Sánchez Arvelaiz, Roy Chaderton Matos, Francisco Rangel Gómez, Francisco Arias Cárdenas, Jorge Valero, Jesse Chacón, Wilmer Castro Soteldo, Carlos Mata Figueroa, José David Cabello, José Gregorio Vielma Mora, Jacqueline Farías, Héctor Rodríguez, Ricardo Sanguino, Justo Noguera Pietri, Luisa Estela Morales Lamuño, Eladio Aponte Aponte, María Iris Varela, Arcadio Delgado Rosales, Aristóbulo Istúriz, Gladys María Gutiérrez Alvarado, Francisco José Ameliach Orta, Elvis Eduardo Hidrobo Amoroso, (a) Elvis Eduardo Amoroso, Freddy Bernal, Francisco Antonio Carrasquero López, Andrés Guillermo Izarra, William Alfredo Castillo Bolle, Eleazar Díaz Rangel, Desiré Santos Amaral, Héctor Alberto Dávila Mendoza, José Salamat Khan Fernández, Eudomar Rafael Tovar, Rodolfo Clemente Marco Torres, Jorge Alberto Arreaza, Miguel Eduardo Rodríguez Torres, Gustavo Enrique González López, Iván Rafael Hernández Dala, Alexis López Ramírez, Rafael Alfredo Sarría Díaz, Danilo Díaz Granados, Adrián José Vázquez Figueroa, Roberto Rincón, Hermann Escarrá Malavé, Haiman El Troudi, Elías Eljuri, Carlos Aniasi Turchio, Diego Molero, Ramón Carrizales, Lucas Rincón Romero, Samark López Bello. Para llevar a cabo esta investigación y enjuiciamiento deberá crearse una organización autónoma, integrada por expertos venezolanos y extranjeros que preparen los documentos de apoyo al proceso. Bajo ningún concepto deberá negociarse una Ley de Amnistía, lo cual sería una aberración y en la cual ya hay gente sin escrúpulos trabajando.
La razón de este proceso es sencilla. La impunidad garantizaría el retorno de la pesadilla. Si no hay castigo es seguro que dentro de pocos años tendremos en Venezuela otro Chávez u otro Maduro, probablemente un miembro de la pandilla chavista que regresará al país con su dinero mal habido ya lavado y utilizado para financiar su campaña presidencial.
Venezuela no podrá recuperar su dignidad como Nación y su posición en el mundo civilizado si no hay castigo para los culpables del desastre

2. La Fuerza Armada venezolana, este inmenso parásito que se ha chupado a Venezuela como parte de la pandilla chavista, deberá ser objeto de una purga ejemplar y de una reducción en su tamaño, cuando no de eliminación total, admitiendo que este paso no será fácil de lograr
Nadie podrá acusarme de exageración cuando digo que la Fuerza Armada venezolana es un cáncer primario de la sociedad venezolano. Ello no es un fenómeno exclusivo de la etapa chavista-madurista pero es en esta etapa que se ha manifestado en toda su virulencia, en todo su horror. Nunca antes en nuestra historia se había visto el espectáculo de una fuerza armada comandada por traidores a su misión y a la constitución, integrada por oficiales ladrones, contrabandistas o narcotraficantes, cómplice descarado de una dictadura o arrodillada frente a un gobierno extranjero como el cubano. La dictadura venezolana es un híbrido en el cual los militares ocupan posiciones claves y se han adueñado de los negocios más productivos de país, la mayoría de ellos ejercidos de manera criminal, ver: http://runrun.es/nacional/venezuela-2/249995/militares-consolidan-su-poder-economico-con-11-companias-creadas-por-gobierno-de-maduro.html . Mientras una organización como esta continúe activa en el país, actuando de esta manera, Venezuela seguirá siendo un país de medio pelo, atrasado y esclavo de las pandillas criminales armadas.

3. La Venezuela post-chavista deberá abrirse al mundo democrático en busca de ayuda, eliminando toda asociación con los gobiernos forajidos del planeta, desconociendo aquellos arreglos financieros que se hayan hecho al margen de la constitución venezolana
Venezuela tiene casi 20 años atada a los regímenes forajidos del planeta: la Cuba de los Castro, la Siria de Asad, la Nicaragua de Ortega, la Libia de Gadafi, etc. La combinación de esta perversa alineación con la ineptitud y corrupción del régimen chavista ha colocado al país en los últimos lugares sociales y económicos. Se impone una total ruptura con este mundillo de atraso y de miseria. Un nuevo gobierno democrático deberá emprender el regreso de Venezuela a la comunidad civilizada de naciones, estableciendo relaciones económicas, sociales y políticas con los países desarrollados o en desarrollo democrático. Aquellas transacciones financieras hechas con países extranjeros que prueben ser ilegales deberán ser desconocidas y los funcionarios responsables debidamente castigados por la justicia.

4. Deberá llevarse a cabo un profundo cambio actitudinal en la sociedad venezolana en lo concerniente a los derechos y deberes de sus miembros. Si ello no sucede el país quedará indefinidamente relegado a los peldaños inferiores del desarrollo, junto a los países más miserables del planeta.
Los venezolanos debemos de dejar de pensar en soluciones mágicas para el país. No es posible escapar a la pobreza a fuerza de limosnas y subsidios, como lo quiso hacer el difunto, sin educarnos y trabajar. No es posible ser una potencia mundial, como lo pregonaba el corrupto difunto y lo pregona todavía el payaso que ocupa la presidencia. No es posible ser un país soberano e independiente arrodillándonos frente a Cuba. No es posible ser médico o ingeniero a base de una educación fraudulenta, como la que han creado las universidades “bolivarianas”. No es posible seguir pensando en nuevas asambleas constituyentes o nuevas constituciones cuando lo realmente necesario es un cambio actitudinal de los venezolanos frente a sus derechos y deberes ciudadanos.
Venezuela tendrá que convertir a su gentío, a sus masas ignorantes e indiferentes, a sus legiones que lo esperan todo del estado benefactor, en ciudadanos. Eso se puede lograr mediante un programa nacional de largo alcance, ver: https://www.lapatilla.com/site/2017/06/12/gustavo-coronel-la-fabrica-de-ciudadanos-es-clave-para-nuestro-progreso/

Estos cuatro pasos no son los únicos pero sin ellos no será posible salir del pantano en el cual chapotea la nación venezolana, un pantano de atraso, miseria, ignorancia, corrupción y mediocridad. Es necesario vernos en el espejo tal cual somos, basta de mentiras piadosas, de atajos dañinos, de sueños irrealizables, de promesas incumplibles.

Educarnos, trabajar, esa es la única vía que conduce al progreso. No hay otra. ¿Lo comprenderemos algún día?

Tendencias irreversibles, por Vladimiro Mujica – La Patilla – 18 de Octubre 2017

thumbnailvladimiromujica.x43795.jpgEs difícil imaginarse un ícono más emblemático de la complicidad de los poderes públicos para usurpar la soberanía del pueblo, que la imagen sempiterna de la presidenta del CNE anunciando una nueva “tendencia irreversible” en los cada vez más viciados procesos electorales venezolanos. No cabe duda alguna, ni en nuestro medio, ni internacionalmente, que el acto democrático elemental de votar se ha ido transformando en la Venezuela de estos días en una odisea para enfrentar los abusos y tropelías contra el ciudadano que se expresan no solamente en las decisiones del Poder Electoral, sino en la connivencia con las bandas organizadas del chavismo.

Soy de quienes estaban convencidos que aún con toda la trampa y el abuso de poder anunciados y practicados por el régimen para impedir que la mayoría se pudiera expresar con claridad en las elecciones de gobernadores, era indispensable participar en ellas. Pero votar en dictadura no tiene la misma connotación ni el mismo significado que votar en democracia, y los venezolanos acudieron a un acto electoral bajo las condiciones impuestas por un régimen dictatorial, que solamente preserva un impúdico taparrabos de legitimidad. El verdadero dilema de la oposición era participar para evidenciarse como mayoría, o participar para evidenciar el fraude ante el país y la comunidad internacional. Pero, la paradoja trágica de lo que está ocurriendo es que corremos el riesgo de no poder hacer ni lo uno ni lo otro, a menos que terminemos por aprender lo que tanto nos ha costado aprender en estos eternos 20 años de chavismo: que recuperar el país depende de un cambio profundo en la manera de hacer política y de relacionarse con la gente. Leer más de esta entrada

Levántate y camina por Luis Ugalde S.J. – Blog Cesar Miguel Rondón – 19 de Octubre 2017

LuisUgaldeColOpi-848x478La dictadura se atribuyó el triunfo en las elecciones a gobernadores del modo como lo hacen los dictadores, que deciden hasta el porcentaje (94% o 60%) que les conviene como meta y luego combinan arbitrariamente los medios para presentar el resultado preestablecido. Ante el hecho de que el 80% de los venezolanos repudiamos esta dictadura, el gobierno tenía que preparar cuidadosamente el conjunto de trampas y manipulaciones. Ya la votación del 30 de julio para la Asamblea Nacional Constituyente había sido un enorme y descarado fraude de fondo y de forma. Pero la gran mayoría de la población y de la dirigencia opositora esperaba que con una participación opositora masiva de la población y con diligentes testigos de mesa en todos los rincones del país, tenía la posibilidad de triunfar impidiendo el fraude sistemático que se proponía el Gobierno y de ganar la mayoría de los gobernadores. El hecho de que en las elecciones parlamentarias de 2015 los demócratas opositores fueran capaces de defender su rotundo triunfo, hacía creer que podrían hacerlo ahora. Pero los hechos han demostrado que la dictadura está más desesperada y decidida a imponerse sin cuidar mucho las formas, pues ya el mundo la ve como dictadura. Por otro lado la oposición democrática ha demostrado que no tenía ni la organización ni la unidad, ni la conexión con la gente movilizada, imprescindibles para enfrentar eficazmente a un gobierno aferrado a su supervivencia totalitaria. Pero lo que no puede controlar esta dictadura es que en los últimos largos meses viene acelerándose una inflación que este año va a pasar de 1.000% y el próximo se anuncia superior a 2.000%, con su brutal empobrecimiento y desesperación para la población, ruina para la empresa productiva. Un gobierno corrupto, inepto (salvo para la trampa política) y aferrado a un modelo totalitario que destruye los derechos fundamentales a la vida, la salud y la libertad, tiene delante una realidad que se agrava cada día y no se resuelve con trampas electorales.
Ahora todos los demócratas debemos ser serenos y lúcidos para reconocer los propios fallos, más que echar la culpa a los otros. El país entra en un estadio nuevo y más grave, que solo con unidad y claridad estratégica frente a la dictadura y con apoyo internacional podrá salir de este régimen y emprender la dura tarea de la reconstrucción.

La Conferencia Episcopal Venezolana una vez más tuvo el acierto de invitar de manera insistente “Vayamos todos a votar por nuestro futuro”, mientras que el Gobierno maniobraba para dividir y empujar a la abstención de los demócratas para perpetuar la dictadura. El resultado es que con un conjunto de manipulaciones la apertura al futuro ha sido negada, lo cual nos pone mayores retos a todos los venezolanos, con un futuro totalitario, miserable y sin esperanza.

El Gobierno seguirá con su juego. Ahora exigirá que los gobernadores electos, incluso los opositores, vayan a arrodillarse ante la fraudulenta ANC. La obligación de los gobernadores es someterse a la vigente Constitución de 1999 y no a la ANC constituida desde la dictadura para matar a la Constitución.

¿Y ahora qué?
En los primeros años del cristianismo los discípulos de Jesús vivían perseguidos y con miedo de que los mataran como a su Maestro. El ambiente externo era difícil y hostil, pero era más fuerte el fuego interno de la experiencia espiritual de Jesús Resucitado. Esta fuerza interior les llevó a vencer todos los obstáculos. Un día Pedro y Juan, como judíos piadosos, entraban al templo de Jerusalén a orar y en la puerta se encontraron la mano extendida de un paralítico que desde el suelo pedía esa limosna diaria que no cambia nada, pero permite sobrevivir. Pedro le miró a la cara al paralítico y le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y camina. Y tomándolo de la mano derecha lo levantó. De inmediato se le robustecieron los pies y los tobillos, se levantó de un salto, comenzó a caminar y entró con ellos en el templo, caminando, saltando y alabando a Dios” (Hechos de los Apóstoles 3, 5-8). En Venezuela ya no tenemos oro ni plata para vivir de la limosna estatal y el clientelismo político, han saqueado el país y el régimen quiere convertir a la mayor parte de la población en mendigos con mano extendida para recibir la bolsa CLAP o cualquier otra limosna, insuficiente pero necesaria para la sobrevivencia sumisa típica de estos regímenes.

Ahora más que nunca nuestro futuro está en no plegarse a la limosna pública, sino en escucharnos, decirnos unos a otros y practicar el “Levántate y camina” democrático y productivo. Esto hoy está más claro que antes del último fraude electoral, a pesar de la comprensible depresión luego de la burla ocurrida. Los dirigentes todos unidos, con autocrítica y renovación, deben coincidir en el “Levántate y camina”. También en todas las áreas de la actividad social, económica y cultural se tiene que articular ese 80 % de los venezolanos para no seguir postrados a la puerta del templo de la “revolución” pidiendo una humillante sobrevivencia de un país que quiere libertad, justicia y convivencia digna para todos.

Venezuela: votar en dictadura por Carmen Beatriz Fernández – Blog Polis – 17 de Octubre 2017

La autora analiza cómo transcurrieron las elecciones de gobernadores venezolanas: árbitros partidistas, votos forzados y un fuerte argumentario para disuadir a los opositores de que fueran a votar.

El domingo en Venezuela pistoleros asaltaron dos autobuses de pasajeros. Sucede casi todos los días, en realidad. Caracas se ha convertido en capital hemisférica del crimen. La novedad está en que los asaltantes actuaron sobre autobuses que trasladaban electores migrados. Al finalizar la acción criminal los ladrones se llevaron las llaves de los buses, para que de esta forma sus choferes no pudieran seguir trasladando electores. Y es que a escasas 72 horas de celebrarse las elecciones más de 700 mil votantes, aquellos que sufragaban en los circuitos más fuertemente opositores, fueron cambiados de su centro de votación, hacia otros más distantes geográficamente y más hostiles políticamente. El cambio se hizo a última hora y sin la suficiente advertencia a los electores, muchos de los cuales se enteraron del traslado justo al llegar a su centro de votación. Allí los esperaba el apoyo en movilización del candidato opositor, y deberían trasladarse a sufragar en centros saturados, con logísticas deliberadamente complicadas, fuertes colas y cerca del doble de electores del que fueron diseñados para manejar.

Desde hace ya varios años el árbitro electoral venezolano dejó de serlo para convertirse tímidamente en un jugador oficialista. Un árbitro que imponía condiciones leoninas a la oposición y se las facilitaba al oficialismo, un árbitro que inclinaba el campo de juego para que a su equipo favorito le fuera más fácil meter goles. Un recurso muy manido en los últimos años fue dejar en evidencia la parcialidad del árbitro electoral y su posibilidad de torcer el resultado de las urnas, ello facilitaba desmotivar al elector opositor a ejercer su voto y dificultaba los acuerdos entre quienes adversan al gobierno. Son también frecuentes los casos de votos forzados donde se acompaña, a veces militarmente, al votante más pobre y rural. Tampoco se le permite votar al elector de la cada vez más abundante diáspora que representa ya más del 10% del padrón electoral.

Mientras que el 25% chavista de la sociedad iba a votar, el 75% opositor se debatía entre ir o no
Nunca durante la llamada revolución bolivariana las condiciones electorales han sido equilibradas, pero en las elecciones que se celebraron el domingo, se entró en una nueva fase. Ese árbitro cedió a su timidez inicial para convertirse descaradamente en el único jugador relevante del equipo de Maduro: el que mete todos los goles.

El domingo unos 18 millones de electores fueron llamados a votar en las elecciones para escoger gobernadores. Fueron éstas unas elecciones extemporáneas que habían debido celebrarse el pasado diciembre, por mandato constitucional. El chavismo, que alardeaba tanto de la muy frecuente convocatoria a las urnas, dejó de celebrar elecciones apenas comenzó a perderlas y llegó a estas en parte por presión internacional, y en parte por un esfuerzo de Maduro de aligerar la presión interna, aún a costa de sacrificar a algunas de sus propias fichas.

En Venezuela 3 de cada 4 electores adversan duramente al gobierno de Maduro y con esos números se podría esperar que la oposición se hiciera con al menos 20 de las gobernaciones. Pero nunca fue ése el pronóstico, pues mientras que el 25% chavista de la sociedad estaba convencido de ir a votar, el 75% opositor al régimen de Maduro se debatía entre si ir a votar o dejar de hacerlo, con lo cual la batalla en las urnas electorales se hacía mucho más equilibrada.

Los problemas serios comienzan cuando el electorado se convence de que no hay salidas por la vía electoral
En una elección normal una campaña de gobiernos regionales sería ocasión de presentar y debatir propuestas, contrastar lemas, destacar imágenes. Nada eso pasó en esta contienda. Fue un proceso con perspectiva nacional: durante la campaña el gobierno central usó toda su fuerza argumental para disuadir a los opositores de que fueran a votar. Un argumento fue categorizar a las negociaciones gobierno-oposición como evidencia de un pacto de convivencia, tratando de convencer a las bases opositoras de que hay acuerdos turbios y colaboracionismo. Otro argumento insistía en que votar era reconocer a la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente. Un tercero, ya reiterado, hacer siempre evidente la parcialidad del árbitro electoral. Quizás uno de los momentos más interesantes de la campaña se dió cuando más de 20 presos políticos suscribieron desde su cárcel una carta invitando a votar. Las campañas electorales también se juegan durante las dictaduras, pero en ellas los mensajes son distintos…

Sin embargo durante las últimas dos semanas el liderazgo opositor había sido capaz de convencer a sus electores sobre la importancia de asistir a votar. La disposición al voto entre los opositores, que se mantenía en niveles inferiores al 50% fue creciendo hasta alcanzar un compromiso superior al histórico para elecciones regionales. Así las cosas el oficialismo recurrió a su plan B, con el que consiguió hacerse con 17 de las 23 gobernaciones. Fallada la táctica de impulsar argumentalmente la abstención, se buscó lograrla por la vía de inclinar aún más la cancha para dificultar al máximo el voto opositor. Es posible incluso que se haya ido un paso más allá en el pucherazo, y el fraude en las condiciones electorales se haya complementado con fraude en la votación, particularmente en aquellos centros de menor tamaño. Un indicador no venial es que existen numerosos centros de estas características en los que el candidato oficialista obtuvo más votos de los que nunca obtuvo el difunto comandante Chávez.

Quizás no haya nada demasiado nuevo en esto: a fin de cuentas ningún sistema se juzga como más o menos democrático porque existan reclamos de fraude. El poder suele jugar con ventajismo en todas partes del mundo. Sin embargo el dilema sobre si participar o no, no es banal en un sistema político. Los problemas serios comienzan cuando buena parte del electorado se convence de que no hay salidas por la vía electoral.

*** Carmen Beatriz Fernández es profesora de Political Systems en la Universidad de Navarra y preside la consultora DataStrategia.

Los únicos venezolanos que volverán por Mike Blaster – Diáspora Venezolana – 17 de Octubre 2017

Los únicos venezolanos que “volverán” son aquellos a los que les fue mal, los demás serán -si el país se recupera- sólo turistas ocasionales.

¿Por qué?

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No es necesario estar físicamente en el país para reconstruirlo, de hecho, es más eficiente ayudar financiera y hasta culturalmente desde un lugar con economía estable.

Eso ya se está haciendo.

Calculo que las remesas con cerca de 3 millones de venezolanos viviendo permanentemente fuera del país, estarán en el orden de los USD $ 6,200 millones al año para el 2020.

¿Qué pasa con la familia y los amigos?

En el momento actual, es más sencilla a veces organizar la logística para una cena familiar en Buenos Aires, Miami o Madrid que en Caracas.

Es más viable compartir con los amigos un par de veces al año tras un concierto en Londres o Panamá, que conseguir pasaje para la pequeña Venecia.

Las visitas puntuales a familiares, viajes para compartir conocimiento, encargos de medicinas y presentar el nieto nuevo a la abuela sin duda seguirán, al menos mientras lo permitan las posibilidades y las autoridades.

Sin embargo, en mi humilde opinión, el “regreso definitivo” es poco probable.

Es un concepto que erradamente pareciera estar sólo en sintonía con el estrato pudiente de la sociedad, pero que cada vez se hace más permeable a los menos favorecidos.

Luego de apenas un par de años, la mayoría de quienes han logrado subsistencia hasta ese momento, tienen lazos económicos y funcionales con su nueva ciudad.

Ya incluso han creado las bases de su propio sistema de soporte, llevan en la agenda de su teléfono 2, 3 o 10 números -dependiendo de su habilidad de crear tejido social- de personas a las cuales llamar “por si algo pasa”.

Han abierto cuentas bancarias, solicitado tarjetas, obtenido documentación de residencia formal y pagado puntualmente sus impuestos.

Ya no son más extraños a las palabras, los alimentos y las costumbres, se han convertido en habitantes formales de sus nuevas ciudades.

No sienten nostalgia por las “parrillas cada fin de semana”, porque las han sustituido por patinar de noche en el Obelisco, salir a los antros de la Zona Rosa o bailar tango a las riberas del Sena.

Pero principalmente, porque los asistentes a esos entrañables encuentros también están viviendo ahora en 5 países diferentes.

No quisiera que se malinterprete esta breve reflexión con tristeza o pesadumbre, todo lo contrario.

Esta coyuntura empujó a una enorme cantidad de personas al límite de su intelecto y capacidad de trabajo.

Para mí, superar esas fronteras siempre estará muy bien.

Siento que es nuestra obligación hacer de nuestra corta permanencia en el mundo la mejor experiencia posible, devolviendo además una huella positiva para los otros.

Sólo tenemos un turno al bate.

 

La clave para superar la depresión postelectoral por Iván Zambrano – El Estimulo – 16 de Octubre 2017

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De nuevo, llegó la depresión post electoral. Un déjà vu que nos azota desde hace 18 años. Los jóvenes que hemos vivido la mayoría de edad de la Revolución Bolivariana tenemos pocos recuerdos de lo que fue la vida fuera de la Quinta República. Parece que Dios nos sigue dejando en azul, ¿tendrá a Venezuela activada en su GPS? Mientras el Tribunal de la Justicia Divina se digna a sesionar, quienes apostamos por una salida pacífica nos seguimos aferrando a lo único que no podrá regular el gobierno: el buen humor.

A los 9 años mi mayor preocupación era poder llegar vivo a los 11. “Un asteroide acabará con el mundo en el año 2000”, repetía en 1998 el conductor de “Ocurrió Así”, Enrique Gratas, un señor al que le tenía tanto respeto como a Porfirio Torres, el locutor de “Nuestro Insólito Universo”.

Entre los cuentos macabros que oía en la televisión y la radio terminé creyendo en la Niña Vampira, el Satanás guatemalteco y, por supuesto, en el Chupacabras. Crecí siendo un niño que se asustaba cuando oía la armónica de “El Amoladoooor” y cuando veía cómo Tyanny se interponía entre el amor de Roxana y Servando en “De Sol a Sol”. Pero todos estos villanos se quedaron en pañales cuando conocí al más grande y mediático de todos: Hugo Rafael Chávez Frías.

Antes de que la Quinta República se instaurara, yo solo sabía que Salas Römer era “el bueno” y Hugo era “el malo”. “¡Coño de la madre! ¡Ganó Chávez!”, dije por primera vez a los 9 años de edad y mi mamá no me voló los dientes. Cuando cumplí 10 años ya tenía licencia para decir groserías abiertamente. Las aprendía viendo “South Park” y “Aló Presidente”. Chávez me parecía mejor animador de TV que político. Me hubiese encantado verlo en “Los Sábados de Hugo”, “Chaverísimo” o “Chávez tipo 11”; pero no, él quería un espectáculo más grande.

El mundo no se acabó en el 2000. Pude estar tranquilo hasta que salió a la luz la profecía maya que reprogramaba el Apocalipsis para 2012. Porfirio Torres seguía narrando las tétricas historias de “Nuestro Insólito Universo” y unas peores: las cadenas presidenciales. Ahora los anuncios importantes del Ejecutivo los hacía el mismo hombre que advertía la presencia de platillos voladores en el Ávila y barcos fantasmas en el Caribe.

El terror se apoderó de la cotidianidad. Los 5000 mil bolívares con los que compraba en la cantina, pasaron a ser 5 bolívares “fuertes”. El Escudo Nacional ahora tenía que dibujarlo con la cabeza del caballo mirando a la izquierda, y para hacer la bandera con papel lustrillo debía recortar una estrella extra. Además, al membrete de los trabajos debía agregarle “República Bolivariana de…”.

A los 12 años mi preocupación ya no era el fin del mundo, sino perder la virginidad. Nadie me paraba bolas, pero Chávez me enseñó a manejar mi frustración. En medio de una adolescencia de amores no correspondidos y elecciones en las que “El Comandante” salía victorioso, crecí sabiendo que no siempre se podía ganar.

Tiempo después, fui yo quien le dijo “No” a Chávez, junto a las otras 9.002.438 personas que votamos en el referéndum consultivo en contra de la reforma de la Constitución en 2007, con la que Chávez buscaba atornillarse en la silla. Es ese entonces yo tenía 18 años, el doble de la edad que tenía cuando dije “¡Coño de la madre! ¡Ganó Chávez!”.

Esa vez perdió, aceptó que la oposición había tenido una “victoria de mierda”. Él no se quedó con esa y, como buen tramposo, se jugó las cartas para alcanzar la reelección indefinida, como si realmente fuese inmortal. El poder lo envició, como a mí los ansiolíticos. Equaliv, Sedival, Paxil, Ipran, Rivotril, las golosinas que me volvieron invulnerable a la alegría o la tristeza.

Nada me conmovía ni me emocionaba. Era la mejor manera de sobrevivir a un país en el que los homicidios son números y no personas, en el que la vida vale lo mismo que el celular que cargas en el bolsillo, en el que todas las semanas se despiden seres queridos en Maiquetía o en el cementerio.

Hoy tengo 28 años, el triple de la edad que tenía cuando dije “¡Coño de la madre! ¡Ganó Chávez!”. La escasez de medicamentos y el alto costo de los vicios me han hecho tener que enfrentar la situación estando sobrio. Mi mayor prioridad, además de terminar de perder la virginidad, es encontrar la manera de reconstruir el país sin alimentar esa fantasía de “este gobierno sale a punta de plomo”. Yo no sé manejar una ametralladora y tampoco sería capaz de matar a nadie, a menos que esté jugando Resident Evil.

El humor es el arma con la que he aprendido a afinar mi puntería. Una cosa es que la situación de Venezuela no dé risa, y otra muy distinta es que tengamos que dejar de reír. ¿El país no está para chistes? Yo creo que no está es para malos chistes. Que en tu casa no haya agua y afuera esté lloviendo, es un mal chiste. Que la quincena te dure quince segundos, es un mal chiste. Ser un país rico y tener la mayor inflación del mundo, es un mal chiste, y esperar a que salga en Gaceta Oficial que vivimos en dictadura es el peor de todos los chistes.

¿De qué sirve estar las 24 horas del día sumergidos en un sentimiento de impotencia y frustración ante algunos problemas que se nos escapan de las manos? Hay que saber movernos hacia adelante, pero no con los músculos contraídos por la arrechera.

El humor no es evasión, es reflexión. Es el único lenguaje con el que algunos aprendimos a decir verdades, el sustituto del Ipran, el Lexapro y los demás antidepresivos que no se consiguen.

Los comediantes son un problema serio para los gobiernos del mundo. El humor le da una patada en el ego al poder, lo muestra vulnerable, lo desnuda. Hoy, a pesar del cóctel de amargos sentimientos que nos embargan, debo volver a mi oficio, el que me gusta y por el que me pagan: hacer reír.

Creo que hablo por muchos de los que se dedican al entretenimiento cuando digo que, aunque no sea fácil, seguiremos intentando hacer nuestro trabajo incluso en los días en los que se nos acaban las endorfinas.

Venezuela se puede quedar sin petróleo y sin misses, pero no sin el buen humor. El único recurso natural renovable que no ha podido regular el gobierno. El humor crítico es uno de los puntos débiles del poder. No en vano hay tantos presos políticos como comediantes censurados. En esta guerra yo elegí esta subestimada trinchera en la que cambiamos el plomo por carcajadas para combatir el mal chiste de la dictadura.

 

La salida ordenada por Eduardo Colmenares Finol – Octubre 2017

Los venezolanos estamos ante una encrucijada decisiva cuando nos acercamos a la última etapa de esta pesadilla sembrada desde la mente extraviada de los supuestos “idealistas” de la revolución, quienes al cabo de casi 20 años han formado, por su manifiesta incompetencia, un verdadero estado fallido donde nada funciona, que unido a su incuestionable prontuario de delincuentes nos han convertido, además, en un estado forajido, rechazado, con un pañuelo en la nariz, por toda la comunidad internacional de naciones respetadas.

El desbarajuste político del PSUV se inició a partir del 2015 cuando la tan promocionada unión     “cívico militar”, establecida por Chávez como una de sus premisas, ha tenido que recurrir a su brazo militar para mantener con vida la maltrecha revolución, hecha añicos políticamente desde entonces, cuando perdieron el apoyo popular. Son las FANB el verdadero problema de la política venezolana de hoy. Sus integrantes han utilizado las armas de la república para defender, no su juramento de hacer respetar la constitución instaurada en 1999, sino para preservar sus propias fechorías y el botín de sus iniquidades. Es entonces racional suponer que el verdadero enemigo que enfrenta la democracia y el pueblo venezolano son sus fuerzas armadas y que nuestro enfoque debe dirigirse a su rescate y reconstrucción hasta lograr el retorno al estado democrático constituido.

El debilitamiento institucional del gobierno ha venido ocurriendo a partir del 2016 cuando tuvo que recurrir a los trucos de la anti política para evitar lo que más temen: votaciones limpias y transparentes, que los deslegitimicen ante los ojos del pueblo y ante la comunidad internacional, al impedir la realización del referéndum revocatorio del Sr. Maduro y las elecciones de gobernadores en el 2016. Nada de esta tragedia resultaba evidente ante los ojos de esa comunidad internacional, cuando todo se ocultaba tras la propaganda de la izquierda internacional y el manejo de la chequera de petrodólares. Solo es cuando se inician las más que justificadas protestas, tanto del 2014 como las del 2017, que despierta la atención internacional ante la aguerrida resistencia de los venezolanos donde resultaron más de 170 muertos, más de 5000 heridos y miles de detenidos, atropellados por unas FANB de espalda a la constitución y a los DD HH más fundamentales.

Hoy, el gobierno y sus FANB lucen acorralados y como mecanismo de defensa han creado todo un andamiaje de la anti política, montando un precario sistema judicial y electoral espurio, a espaldas de una AN legitimada con dos tercios de sus miembros opositores, nombrados en una votación donde participó cerca del 70% del electorado. Para colmo terminan designando un CNE manejado desde el poder por militantes del PSUV y una ANC conformada con los “payasos del circo” nominados a dedo tras un fraude electoral, que quedará desnuda ante los resultados de las elecciones regionales del 15 Oct. Todo lo anterior está siendo soportado solo sobre los hombros de quienes despliegan las armas de la república. Pero si observamos con detenimiento la única persona que verdaderamente ostenta alguna legitimidad de origen, que pueda ser “negociada” dentro de ese cascaron que hoy representa al PSUV, es un inculto y desprestigiado Maduro y nadie más. Ni Cabello, ni El Aissami, ni Padrino, ni Cilia, ni Reverol, ni los Rodriguez, incluyendo todo el alto mando militar, se sustentan en legitimidad alguna y por lo tanto para continuar en el poder dependen del delgado hilo constitucional que sostendría a Maduro como presidente constitucional ¿Qué sucederá entonces?, ¿Desconocerán los militares del alto mando las elecciones presidenciales del 2018, usando la chimba ANC? Lo dudo, si consideramos que la presión internacional ejercida por la ONU, OEA, EE: UU, UE, Canadá y 16 países de América Latina encierran cada día más al régimen, al punto que hoy solo cuentan con el apoyo de Cuba, Bolivia y Nicaragua. Las condiciones internas del país se agravan cada día más, con una hiperinflación del 1.500% anual, con el éxodo de venezolanos haciendo crisis a nivel de los países vecinos, más la presión internacional exigiendo una salida electoral y EE UU, Canada y la UE decretando nuevas impugnaciones sobre personeros del régimen (mayormente militares) incursos en corrupción y narcotráfico.

Entonces cuales son las alternativas que quedan: A groso modo solo dos: Una salida ordenada o una segunda, desordenada, que pudiera consistir en cualquier aventura golpista, o una intervención extranjera, o un alzamiento popular ante el hambre y la frustración de las clases populares de los barrios de Caracas. Empecemos por analizar estas últimas posibilidades. La aventura golpista debería ser un recurso que debe estar en las mentes de los traidores dentro de las FANB, que, contando ahora con el apoyo de la ANC, sueñan en instalar, de una vez por todas, el Estado Totalitario Comunal. Ante el supuesto negado que las fuerzas democráticas sean neutralizadas por las armas, ¿Cuál sería la aceptación internacional de un autogolpe de tal naturaleza? Ninguna. Y si además consideramos que ante este hecho; se hace muy cierta la posibilidad de una intervención extranjera para evitar la instauración de un NARCOESTADO TOTALITARIO, probado y comprobado, que además contaría para hacer sus fechorías, con las mayores reservas de crudo del planeta, situado a solo 250 millas de las costas de los EE. UU. No importa desde donde se mire, esta aventura seguramente estaría encaminada al más rotundo fracaso. Soy de los que no cree en un alzamiento popular. Si en algo no tuvieron éxito las protestas de la resistencia del pasado 2017 fue en lograr la incorporación de las masas que habitan los barrios populares de Caracas, atemorizados como están por las bandas delincuenciales de los colectivos paramilitares.

Como fervientes demócratas, tenemos que apoyar una salida ordenada dentro de los preceptos constitucionales. El fraude contundente en las elecciones del 15 Oct obliga a los venezolanos y al mundo a continuar nuestros esfuerzos en esa dirección, aun cuando la misma oposición luce desarticulada, con buenos lideres pero sin liderazgo ¿Cuáles serían entonces esas posibles salidas ordenadas?

  • Una solución, es la negociación (llámenlo “Dialogo” si desean). Si esa posibilidad se llegara a dar, sería sobre bases formales, conducida con seriedad y bajo la presencia de naciones y facilitadores reconocidos internacionalmente, cuyo único objetivo sea negociar la salida de Maduro a favor de un nuevo gobierno de transición en el más corto plazo, para evitarle mayor padecimiento y dolor a los venezolanos, incluyendo la de aquellos presos y exilados. Ese poder de exigir que Maduro posee hoy, se le estaría agotado para junio del 2018, fecha donde constitucionalmente se debería estar llamando a elecciones presidenciales.
  • Que la AN convoque, con 2/3 de los diputados opositores, conforme al Art 247, a una Asamblea Nacional Constituyente autentica y que el pueblo vote en un referéndum organizado por la sociedad civil (como el 16 Julio) las bases comiciales propuestas por la AN usando como referencia el proyecto del MID, una ONG que se dedica desde hace años a preparar un programa estratégico para hacer del país una democracia moderna.
  • Las elecciones presidenciales previstas en el Art 230 de la constitución. Esta eventualidad aterra a cualquier venezolano, incluida la comunidad internacional.

A

Venezuela’s Latest Election Fraud por Mary Anastasia O’Grady – WSJ – 15 de Octubre 2017

Venezuela held elections for its 23 state governors Sunday amid rising malnutrition, hunger, hyperinflation and a looming debt crisis. In a fair contest, candidates backed by dictator Nicolás Maduro would have been crushed. But Venezuela is now a police state at war with its people. The truth has little chance on a good day, even less on a so-called election day.

This is not to say opposition victories were impossible. As we went to press, results had not yet been announced. But Maduro controls the national electoral council (CNE) and therefore has significant power to influence the outcome. In states the regime considers strategically important, he will put his thumb on the scale as necessary. He might also allow some opposition victories to support his claim that Venezuela remains a democracy.

To interpret Sunday’s results requires context. Remember that this election was held—10 months after its regularly scheduled date—to ward off European Union sanctions. Maduro sought to showcase a fair election so that the EU will back his continuing charade of “dialogue” with the opposition. An international community that is paying attention won’t fall for it. Sunday’s exercise in the Cuba-backed dictatorship was a sham.

Maduro had other motives as well. He wants to lull Venezuelans into the false sense that a transition away from communism is possible at the ballot box. That illusion has so far held back rebellion.

He also seeks to legitimize his illegal “constituent assembly,” elected on July 30—from an unchallenged list of candidates—to replace the Legislature and rewrite the constitution. He said voting Sunday was an endorsement of the new assembly and any opposition governor who will not swear allegiance to it will be removed.

The fraud was under way long before the first vote was cast. The dictatorship announced the election only a month in advance. Candidates rushed to submit their names under a five-day deadline. Later the regime decided to hold a day of primaries. But when antigovernment candidates who lost the primaries asked to withdraw and throw their support to the primary winners, the regime refused to take their names off the ballot.

The effect was to spread the opposition vote among numerous candidates, all running against a single regime-backed candidate appearing on multiple party tickets. For example, in Táchíra state, which is known for its anti-Caracas, rebellious character, incumbent chavista Gov. José Vielma Mora appeared on the ballot under 10 pro-government logos. He squared off against nine opposition candidates on 11 tickets. Ballots in the other states looked similar.

The government further weakened the opposition’s chances by relocating voting stations, some to dangerous neighborhoods. Some 274 polling places were moved, creating public confusion. With no free press, candidates, who have few resources anyway, had a hard time getting their message out.

Frustrating the public with tricks has been the modus operandi of the regime since Hugo Chávez first consolidated power in the 2000s. In practice they are only games. The regime holds the trump card in that the CNE uses electronic voting machines, controls the voter registry, and does not allow opposition audits. Yesterday it made sure voting lines moved at a glacial pace.

Government critics long held that London-based Smartmatic, which used to provide the regime with voting-machine technology, was complicit in its shenanigans. The company always denied it. Smartmatic is no longer a provider for Venezuela and now it alleges regime cheating in the July 30 constituent assembly election. It says the government invented one million votes in its final tally. The CNE rejects the claim.

Monkey business at the polls is only part of the story. There are more than 400 political prisoners in Venezuela today, including many sitting mayors. The regime also has forbidden some opposition candidacies on trumped-up charges so as to eliminate political talent from the competition.

Venezuela’s opposition leaders initially called for a boycott of Sunday’s elections. They later backtracked, arguing that the opposition could win. Yet even if they do score victories, even in a majority of states, opposition governors will be essentially powerless. In a country where most of the wealth is concentrated in the state-owned oil industry, the regime can and does often starve states governed by opponents of resources. Maduro won’t hesitate to put the most effective opposition governors in jail.

The National Guard will continue to enforce the repression, which will grow worse as hunger and famine spread and the population gets more desperate. Even Maduro understands that he sits on a ticking time bomb. Last month he announced “Plan Rabbit,” a project aimed at getting Venezuelan city-dwellers to breed and eat the furry creatures as a source of protein.

Sunday’s phony balloting changes nothing. Venezuelan democracy is dead.

 

Los dos únicos caminos del venezolano: resistencia o esclavitud por Gustavo Coronel – Blog las armas de Coronel – 16 de Octubre 2017

gse_multipart55967El descaro del ladrón Nicolás Maduro y su pandilla llevó a un desenlace electoral que, paradójicamente, favorecerá la causa de los venezolanos decentes y dignos. En las elecciones de ayer se hubiera podido creer en una victoria holgada de la oposición o, dado un alto nivel de abstención por parte de la oposición, de una distribución más simétrica de las gobernaciones. Pero es imposible creer en una avalancha de gobernadores chavistas como la que ha sido anunciada.
En la opinión del analista Pedro Mario Burelli, este resultado ha sido el “mejor de los escenarios posibles”, dado que un resultado “balanceado” hubiese sido vendible al país y al mundo exterior por parte del narco-régimen. Pero este resultado confirma lo que muchos sabíamos, que se preparaba un fraude electoral, con la concurrencia de la porción blandengue y egoísta del liderazgo opositor. Ahora, solo nos quedan dos caminos a los venezolanos: la resistencia o la esclavitud. No sabemos cuál de los dos caminos terminará siguiendo el pueblo, que clase de sociedad prevalecerá en Venezuela. No sabemos cuanta gente armada seguirá humillada en silencio por los narco-militares que forman parte de la pandilla chavista. Lo único que está claro es que en Venezuela no hay diálogo que valga, no hay elecciones que valgan, no hay apaciguamiento que valga. La coexistencia pacífica con el narco-régimen le dará a quienes la practiquen la categoría de traidores. Se acabaron las medias tintas, las reunioncitas y nadie podrá seguir creyendo en los llamados a votar o a negociar con una atroz dictadura.

Hoy lunes Venezuela amanece en necesidad de un nuevo liderazgo de resistencia al narco-régimen. Los acomodos de Falcón y de Rosales o los cálculos cortoplacistas de Ramos Allup, ya han probado ser ingenuos, en el mejor de los casos, o francamente deshonestos. Que cada venezolano se forme su propia opinión. Una vez más se comprueba que el apego a los principios es no solamente lo éticamente requerido sino lo estratégicamente deseable para la Nación venezolana. Machado y Ledezma tenían razón.

La resistencia o la esclavitud. No hay coexistencia posible. En Venezuela solo quedan dos clases de ciudadanos: los dignos y los esclavos.

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