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El ramillete de noticias que viene de Venezuela no puede ser peor. Perdón. Corrijo y pido disculpas; en Venezuela las cosas siempre pueden estar peor. Es solo que las últimas semanas han sido pródigas en malas nuevas.

Para empezar, resulta que el régimen, a través del tsj ilegítimo que siempre cumple sus encargos de forma diligente y pulcra, expropió a 3 de los partidos políticos del llamado G4. A partir de ahora, la representación, el logo y los estatutos de AD, Primero Justicia y Voluntad Popular pasan a formar parte de la oposición oficial, con nuevas autoridades -billetes de por medio, no faltaba más- y una postura dócil ante las elecciones parlamentarias que se cocinan para fin de año en la olla que está meneando el nuevo cne (también con minúscula). Se imagina uno que los partidos renovados presentarán sus listas de candidatos a la AN -con más de un chavista disfrazado, por supuesto- y también que los números de diputados por cada agrupación política deben estar en plena negociación. Llegado el momento del sufragio, ni la abstención ni los votos que sume cada quien tendrán mayor relevancia, porque ya es sabido que los electores no cuentan en el juego de los rojos. Si no los hay, se inventan, y si los hay se cambian de sitio.

Otra novedad es la asonada del ministro de Defensa. En palabras del ratificado Vladimir Padrino, pronunciadas con motivo del 5 de julio, la oposición “no será poder político en Venezuela jamás en la vida (…) mientras exista una Fuerza Armada como la que hoy tenemos, antiimperialista, revolucionaria, bolivariana”. O sea, ocurrió un golpe militar. No un golpe civil, como pudo haber sido en su momento el bloqueo de la csj a la AN, sino un alzamiento de las FAN. Y si eso no es un golpe, es difícil ponerle otro nombre cuando la máxima autoridad militar del país lanza un pronunciamiento oficial negando el acceso a los representantes opositores hacia cualquier cargo de elección o de “poder político”, si es que hay alguna diferencia entre ambas cosas. El jefe de la montonera dice, en dos platos, que cuando haya elecciones y por esas sorpresas del destino la oposición (la de verdad, no la de utilería) llega a ganar algo, ahí estarán los milicos para sacarla del coroto.

Y al final, last but not least, los resultados de la encuesta de condiciones de vida (Encovi), presentados por la UCAB, muestran en números lo que uno ve y oye en las noticias, en las redes sociales y en las conversas con la familia: Venezuela es tierra arrasada. Entre otras cifras, 76% de sus habitantes son pobres extremos; es decir, no llegan a ingerir el mínimo de 2200 calorías diarias que se necesitan para nutrirse de forma adecuada. Un 20% adicional está en la categoría de pobreza, pues ingiere las 2200 calorías diarias pero no le alcanzan los ingresos para pagar los servicios básicos; se compra la comida y no hay más. Al sumar los dos grupos resulta que 96,2 % de los venezolanos están en situación de pobreza, lo cual incluye, además, un dato devastador: el 30% de los niños se encuentra en estado de desnutrición.

Sacando unas cuentas simples, de las 28 millones de personas que viven en Venezuela (4 millones menos de lo que maneja el régimen a través del INE), el 3.8%, poco más de un millón, come completo, paga los servicios básicos y vive bajo un techo, con puertas y ventanas. De este millón, unas decenas de miles serán enchufados, funcionarios y militares que viven del dinero del público o del contrabando y la droga, mientras que el resto es lo que queda de la clase media y alta de otros tiempos. Y volviendo al primer párrafo, la situación se puede poner peor. El piso de la miseria venezolana es que solo sobrevivan los que mandan, y hay suficiente dinero ilícito para mantenerlos. Los demás se pueden caer al abismo de la pobreza o se pueden ir a otra parte. Al régimen le tiene sin cuidado.

Ahora, hablemos de la conveniencia de votar en las próximas elecciones parlamentarias.