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Archivos en la Categoría: Libros

El Avila en su asombro por Humberto J. Caballero Lindner – Julio 2019

Acerca del libro

Texto del libro completo :

https://www.elavila.com.ve/wp-content/uploads/2019/04/El-Avila-En-Su-Asombro.pdf

Se estima que el hombre apareció por primera vez en territorio venezolano hace aproximadamente 16.000 años.
Es muy probable que ese homínido prehistórico haya incursionado en nuestra montaña, al menos para beber el agua cristalina de las quebradas. Seguramente, allí se maravilló con la danta, ese animal sagrado que, según el erudito ¨Caimán de Sanare¨ Renato Agagliate, inspirara el término cumanagoto Guariarepano, para referirse a ¨La Danta¨ o ¨Gran Bestia¨. Así, Wariarepano, significaría ¨Lugar de Dantas¨, o ¨Donde abunda la Gran Bestia¨.

El Ávila resguarda una gran sabiduría y está unido de forma indeleble a nuestra cultura. La impronta de los conquistadores, las incursiones de piratas y corsarios legendarios, el tránsito de Humboldt y los artistas viajeros, Manuel Gual y José María España conspirando y refugiándose en sus estribaciones, prefiguran nuestra memoria colectiva.

Francisco de Miranda pudo andar y desandar el ¨Camino a la mar¨ desde Caracas, buscando el regreso a Europa. También trazó sus pasos por estos caminos Simón Bolívar, el Libertador, primero junto a su esposa María Teresa de regreso al viejo continente, y luego en los honores fúnebres, trasladando su cuerpo hacia Caracas en 1842. El ilustre matemático Don Juan Manuel Cagigal dejó su huella, así como Antonio Pacheco sus flores multicolores, entrando a Puerta Caracas al amanecer, los Palmeros de Chacao,  las travesuras del Conde Mestiatti, las  enigmáticas momias del Dr. Knoche,  el arte surrealista en el Jardín de las Piedras, la colonia de inmigrantes canarios en el Galipán del siglo XVIII, las leyendas de tesoros escondidos, el miedo a las supuestas erupciones volcánicas en los tiempos de Páez, el ferrocarril Caracas – La Guaira, el sueño de un observatorio astronómico, el prodigio para construir el hotel Humboldt en solo 6 meses, la tragedia de Vargas, el sueño inconcluso de un túnel desde Altamira a Caraballeda, entre muchos otros recuerdos, se trazan aquí y han ido modelando nuestra personalidad vernácula con el paso del tiempo.

A esto hay que sumar la iniciativa de caminar la montaña, de registrar los caminos, de enaltecer el embeleso y el respeto por la naturaleza. Se incluye un álbum de imágenes satelitales con las rutas a través de la tecnología GPS. En una búsqueda insaciable de introspección, también se aborda la cordillera a través de una visión literaria, con la firme ilusión de enhebrar la idiosincracia en nuestra cultura. Y alborotando el poder de las imágenes con la ironía de la palabra, se intenta incrementar nuestro acervo a través del ¨Diccionario íntimo del Dr. Ávila¨, un bagaje de emociones encontradas, una reinvención de las definiciones, una afirmación de lo que somos, lo que fuimos y lo que aspiramos ser.

Dedicado a mi hijo Humberto Rafael Caballero Hernández,

El mejor amigo que se puede tener en una montaña. Y con admiración plena, a mi maestro, el Padre Pedro Galdos S.J. por ser esa cima que todos deseamos conquistar.

Joven autora venezolana es la ganadora del XIV Concurso de Literatura Infantil El Barco de Vapor 2019 – El Mostrador – 3 de Julio 2019

Joven autora venezolana es la ganadora del XIV Concurso de Literatura Infantil El Barco de Vapor 2019

Con su obra “Apartamento 11”, Mayi Eloísa Martínez se convierte en la segunda mujer en ganar el importante certamen.

La joven escritora es traductora y actualmente cursa el Diplomado en Edición de Literatura Infantil y Juvenil de la Universidad Diego Portales.

El jurado estuvo compuesto por Francisca Solar, novelista y especializada en fomento lectoescritor; Luz Yennifer Reyes, Máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil; Kristina Cordero, directora Académica del Diplomado en Edición y Publicaciones de la Facultad de Letras de la Universidad Católica; Alejandro Aliaga, editor de Literatura Infantil y Juvenil de SM Chile, y Sergio Tanhnuz, director de Publicaciones Generales de SM Chile.

Contingencia actual

“Encontramos que ‘Apartamento 11’ es una obra de contingencia actual, que se puede desarrollar en cualquier lugar del mundo y que retrata muy bien la voz de un niño en un momento de angustia”, indicó Luz Yennifer Reyes, presidenta del Jurado, tras la decisión.

La obra, relatada con la voz de un niño de aproximadamente 9 años, trata una historia llena de suspenso, pero también de cariño y esperanza que invitan al lector interpretar, en diferentes capas, lo que sucede.

“Este relato permite crear imágenes únicas en el lector, y seguramente el lector infantil va a encontrarse identificado con el protagonista que está viviendo una situación angustiosa, que a pesar de no poder manejar, consigue vivir su propio mundo al interior de este apartamento y de su imaginación”, señaló la especialista en fomento lector.

Sobre el certamen

Desde 2006 la Fundación SM convoca a participar a chilenos y extranjeros residentes en Chile, mayores de 18, a este certamen anual que busca fomentar la creación literaria de calidad y hacer que la cultura llegue al mayor número posible de niños, niñas y jóvenes, con temáticas diversas y actuales que van desde la comedia, hasta la inclusión.

Lo anterior responde a la misión socioeducativa de la Fundación SM, cuyas líneas de trabajo son la formación docente, la investigación educativa, la promoción de la lectura y de la literatura infantil y juvenil, y los proyectos educativos en sectores desfavorecidos social y económicamente.

El certamen es patrocinado por SM, IBBY Chile, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, la Biblioteca de Santiago, Fundación La Fuente y Fundación Había Una Vez.

Los ganadores de años anteriores fueron Mauricio González, autor de El gran forastero (2017); David Avello, con El niño Manuel (2016); Camila Valenzuela, con Nieve negra (2014); Marcelo Guajardo, con La bicicleta mágica de Sergio Krumm (2013); Sergio Gómez, con Los increíbles poderes del señor Tanaka (2012); Jaime Caucao, con La fiebre (2010); Esteban Cabezas, con María la Dura en: no quiero ser ninja (2009); Sergio Gómez, con El canario polaco (2008); Roberto Fuentes, con Oreste y las luces volcánicas (2007); y Felipe Jordán Jiménez, con Gallito Jazz (2006).

La crisis venezolana: Impactos y desafíos por Eduardo Pastrana Buelvas/Hubert Ghering – Fundación Konrad Adenauer – Junio 2019

Presentación

Ante la creciente crisis que atraviesa Venezuela, Colombia enfrenta nuevos desafíos relacionados con su capacidad institucional, la población migrante que diariamente atraviesa la frontera, su relación bilateral y la seguridad en la región, entre otros. En ese sentido, la Fundación Konrad Adenauer (KAS) ha querido contribuir al análisis de la crisis venezolana y ofrecer una reflexión sobre el papel que debe desempeñar Colombia frente a este fenómeno.

Con tal objetivo en mente, convocamos a un grupo de expertos nacionales e internacionales para abordar la crisis desde múltiples enfoques que hemos recogido en el presente libro, del cual esperamos que sirva como insumo para el diseño y la ejecución de políticas públicas en Colombia y para la implementación de estrategias multilaterales que permitan atender las necesidades más urgentes de los migrantes y mitigar los efectos de la crisis en la región.

Siendo Colombia el principal receptor de población proveniente de Venezuela, y reconociendo los esfuerzos realizados hasta el momento, es necesario que se implementen acciones más de mediano y largo plazo que permitan atender de manera efectiva este fenómeno. Al ser una problemática multidimensional, necesita de respuestas con un enfoque diferencial, coordinadas e intersectoriales que, además, involucren a todos los niveles de gobierno, a organizaciones de la sociedad civil y a la comunidad internacional.

En efecto, no puede dejarse de lado el papel de la comunidad internacional como garante de una posible transición política en Venezuela, principal proveedor de ayuda humanitaria y facilitador de una eventual recuperación económica.

Colombia debe apoyarse en las instancias internacionales y hacer uso de los mecanismos que ofrecen instituciones como la ONU o la OEA, e incluso la Unión Europea, para continuar el liderazgo que ha ejercido hasta ahora en la visibilización de la crisis y la mitigación de sus efectos.

Sabemos de los enormes esfuerzos que demandan la atención humanitaria, una transición democrática y la restauración económica en Venezuela. Sin embargo, la comunidad internacional debe tomar una posición más activa y responsable frente a la crisis humanitaria y ejercer una presión contundente para restablecer la democracia en Venezuela.

En este orden de ideas, de lograrse dicha transición, aún quedaría un camino largo por recorrer para la reconstrucción de la sociedad venezolana y su economía; un camino que sin duda exigirá sacrificios y la solidaridad de muchos actores a nivel nacional, regional e internacional.

Por ese motivo, este libro incluye, entre otros, una reflexión en torno a las capacidades institucionales propias de los sistemas de la ONU y de la OEA para hacerle frente a la crisis política y humanitaria, y la competencia de la Corte Penal Internacional de cara a las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades venezolanas. También un análisis sobre el papel que desempeñan algunas potencias globales y los principales socios políticos y comerciales en el contexto de la crisis. De igual manera, un balance sobre los retos y las oportunidades para la relación colombo-venezolana en el marco de la crisis humanitaria.

Ahora bien, somos conscientes de que algunos temas se escapan del alcance de este análisis, por lo que esperamos inspirar otras reflexiones que incluyan nuevos y distintos puntos de vista sobre un tema que además de ser importante, es urgente para Venezuela, Colombia, la región y el mundo.

Finalmente, agradecemos a todo el equipo de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) por su apoyo. A los autores que contribuyeron con sus reflexiones y propuestas a la realización de esta iniciativa. Y al profesor Eduardo Pastrana Buelvas, nuestro más sincero reconocimiento por su liderazgo, compromiso y acompañamiento en la implementación de este proyecto editorial.

Esperamos que el lector encuentre en este libro una guía útil para ampliar y profundizar sus conocimientos alrededor de estos temas y, de ser posible, luces para posibles soluciones a los problemas expuestos.

Dr. Hubert Gehring

Representante en Colombia

Fundación Konrad Adenauer

Para acceder al texto completo de este libro abrir este enlace :

La crisis venezolana. Impactos y desafíos (1)

“La hija de la española” por Ramòn Peña – La Patilla – 1 de Julio 2019

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“El país enloqueció. Para vivir tuvimos que hacer cosas que jamás imaginamos que llegaríamos a hacer: predar o callar, saltar al cuello de alguien más o mirar hacia otro lado.” Así medita, con desespero, la protagonista de la primera y portentosa novela de la joven periodista venezolana Karina Sainz Borgo, titulada La hija de la española (*).

En este maravilloso relato, ya de reconocimiento internacional, de sutil calidad narrativa, la ficción se apropia de la caótica realidad de Caracas. Tan desgarradora ésta que hasta la imaginación podría quedar en deuda con ella. Una original y conmovedora trama en esa suerte de ciudad gótica, que es hoy la capital del país, en la que a diferencia de la Gotham del justiciero Batman, el crimen organizado cuenta con licencia,  recursos y aplauso oficiales.

La novela exhala cómo las promesas de un mundo mejor, el engañoso espejismo del paraiso socialista, escondían una carga de resentimiento, de no se sabe qué cuentas por cobrar y cómo, en lugar de felicidad, se fertilizó el miedo, ese de la respiración entrecortada de quienes apurados se refugian en sus hogares, cuyas paredes tampoco son seguras y por donde se cuela el humo de la muerte.

Su lectura nos hace sentir lo que fuera inimaginable: que Caracas, seductora para gente de cualquier latitud, del país y de afuera, pudiese ser devalijada de sus atributos proverbiales de amable metrópolis y arrastrada a la condición de urbe sombría y quebrada.

Karina Sainz Borgo, ella misma embarcada en la diáspora, pincela desde España en el criollísimo personaje de la obra, llamado Adelaida Falcón, el espíritu de quienes –valiéndose de cualquier medio- han huido de su país, canibalizado, del que se sintieron excluidos. De esa tierra que hoy expulsa a unos y devora a otros…

(*) Sainz Borgo, Karina, La hija de la española, Lumen, Barcelona, marzo de 2019

 

 

Florecer lejos de casa / Testimonios de la diaspora venezolana por Ángel Arellano – Fundación Konrad Adenauer –

P R E S E N TAC I Ó N

Y así como los terremotos producen reacomodos en las capas de la tierra, los flujos migratorios, cada tanto, redistribuyen la semilla humana escribiendo la historia con esa letra grande que nos cuesta tanto leer.

Héctor Torres

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La preocupante situación política y económica que atraviesa Venezuela desde hace algunos años no ha dejado indiferente a ningún país del continente americano ni de Europa. Impacta a sus vecinos inmediatos pero también a otras naciones que, aunque muy distantes geográficamente, han recibido una impresionante corriente migratoria en el último lustro.

La grave crisis humanitaria que viven los venezolanos ha ocasionado que varios millones de personas crucen las fronteras y busquen oportunidades para ellos y sus familias en otros rincones del planeta, alejados de sus hogares y de sus costumbres, dejando atrás la vida en Venezuela para aventurarse en ciudades y pueblos desconocidos pero que han representado la salvación ante la escasez y los dramáticos índices de violencia.

Este proyecto ha buscado darle voz a la diáspora para que sean los propios venezolanos, a través de una selección de textos redactados por varios de sus periodistas y escritores más destacados, quienes cuenten lo que les ha tocado vivir.

La Fundación Konrad Adenauer y la plataforma Diálogo Político se complacen en presentarles este libro que es un esfuerzo colectivo para dejar testimonio de la diáspora más sorprendente del siglo XXI en América.

Dra. Kristin Wesemann

Representante de la Fundación Konrad Adenauer

Oficina Uruguay

El texto completo del libro en el siguiente enlace :

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Paula Vásquez Lezama y el relato de un país que enloqueció por Cristina Raffalli – ProDaVinci – 19 de Junio 2019

Cada vez que Venezuela reaparece en el mapa informativo de Francia; cada vez que la mirada internacional visibiliza la tragedia venezolana gracias a alguna nueva mueca del poder feroz; cada vez que la cantidad de jóvenes asesinados, o de migrantes cruzando a pie nuestras fronteras o de niños que mueren de hambre, hace una nueva erupción en la tierra devastada que es nuestro país; cada vez que nos vuelven a escuchar, una de las voces que nos dice en Francia es la de Paula Vásquez Lezama (Caracas, 1969).

Socióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela, doctora en Antropología social y etnología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS), investigadora titular en el prestigioso Consejo Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS por sus siglas en francés), Paula Vásquez vive en Francia desde 1997 y es la experta en Venezuela más solicitada por los medios franceses de comunicación, cuando renuevan sus intentos por comprender y explicarle a la sociedad francesa cómo fue que uno de los países más prósperos y democráticos de la región se convirtió, en menos de dos décadas, en una nación desfigurada, irreconocible para los propios, inimaginable para los ajenos.

Cómo fue que lograron la proeza de arruinar a Venezuela, quiere saber la prensa y la ciudadanía, más allá de la inmediatez noticiosa. Quieren saber también (la pregunta es una de las más recurrentes) cómo hace la gente allá (ese allá que en francés también se dice en casa de ustedes, y que desgarra) para vivir con una inflación de siete cifras. Entre estas y otras incontables preguntas se intenta elaborar la imagen de lo que llegamos a ser. Nuestra agonía. Y ahí está ella, la experta, a veces con respuestas, a veces con preguntas nuevas. Si la percepción de Venezuela y del fenómeno del chavismo se ha transformado en este influyente país europeo a lo largo de los años, se debe en buena parte a la pedagogía basada en el rigor, que Paula Vásquez ha desplegado en sus entrevistas y publicaciones. Los eventos y desenlaces de nuestra historia reciente han encontrado en esta especialista una voz que traduce la ininteligible realidad venezolana.

La editorial Buchet Chastel (París) acaba de publicar Pays hors service(País fuera de servicio). Es el tercer libro de la autora, luego de Poder y catástrofe. Venezuela bajo La Tragedia de Vargas (Santillana, Caracas 2010) y Le chavisme: un militarisme compassionnel (El chavismo, un militarismo compasivo) publicado por Éditions de la Maison des sciences de l’Homme, París 2014.

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Se trata de un texto atípico en su trayectoria autoral, marcada por las publicaciones de corte científico. Pays hors service se asienta sobre un tono narrativo, y se va estructurando en un contrapunteo que ritma la realidad factual (con apoyo permanente en data dura, cifras, nombres, documentos, hechos) y la realidad de un sujeto que se sitúa, con su historia personal, frente al tema que le ocupa. Esta decisión autoral totalmente deliberada, que se permite el relato en primera persona y aporta la riqueza de la autoetnografía (un yo no anecdótico, un yoinformante) sorprendió al editor y sorprenderá a los lectores, pues el título forma parte de una familia editorial de libros políticos con énfasis en la temática de los comunismos, post comunismos y regímenes totalitarios, escritos desde la tercera persona de un observador que documenta. El recurso narrativo de la primera persona no es, valga decirlo, una simple libertad que se tomó la autora. La decisión de escribirlo desde el yo reflexivo, cuenta ella, “tiene que ver con una manera de hacer la antropología que existe sobre todo en los Estados Unidos, donde la percepción del investigador al hacer el trabajo cobra su lugar. No es, entonces, esa postura rígida que pretende una separación entre subjetividad y objetividad. Aquí se trata de ver cómo se construye el objeto y cómo el investigador, en una ciencia humana, está completamente atravesado por su historia y por su experiencia. Y es la historia y la experiencia lo que define qué es lo que se está estudiando. Pero al mismo tiempo, hay un doble juego: si yo hubiera hecho mi carrera 100% en Venezuela no podría hacer esto porque no tendría la distancia necesaria”, explica Paula Vásquez.

Pays hors service es, según la autora, el ordenamiento de piezas que fue construyendo a través de varios años, un rompecabezas conformado por premisas que guiaron investigaciones, artículos escritos para la prensa o para revistas científicas, ponencias en coloquios y congresos, respaldos elaborados para las entrevistas que le solicitan los medios franceses.

El archipiélago temático que es este libro, ofrece al lector un sistema de puentes que son, precisamente, los que tiende la autora cuando integra, en una sola voz, el diálogo permanente entre la realidad y su recepción.

Es el libro que podemos regalar a los lectores que se interesan en Venezuela, a los que saben un poco o a los que no saben nada. Y es, sobre todo, el libro adecuado para los lectores no venezolanos que creen saber.

¿Cómo recibe este libro la comunidad académica francesa de la cual formas parte?

En Francia hay una filiación política, como la hay en todos los medios universitarios del mundo, hacia los líderes que se identifican con el progresismo, entendiendo que el chavismo se presenta como progresista aunque es profundamente reaccionario en la práctica. Y como la retórica de la revolución bolivariana logró captar tantas simpatías en Francia, para hablar de Venezuela uno tiene que empezar por explicar que, con lo que se escucha en los medios simpatizantes hay que tener cuidado porque lleva una parte de propaganda. Cuando uno está en públicos aún más de izquierda, que no necesariamente son los universitarios, uno tiene que aportar muchas más pruebas empíricas del desastre venezolano, que las que tendría que aportar alguien que habla sobre cualquier otro país en crisis.

En tu opinión, y desde tu contacto con la sociedad francesa, sus medios y sus instituciones: ¿Qué queda en Francia de ese impulso inicial de empatía hacia la llamada “revolución bolivariana”? ¿Hay algún efecto de inercia? ¿Dónde está y qué lo sostiene?

La inercia de la simpatía en Francia hacia lo que queda del chavismo tiene como combustible sobre todo las gesticulaciones de Trump. Es decir, lo que queda de una eventual simpatía es un antiamericanismo que a veces es bastante básico. Pero no se trata de hacer un juicio a Francia: también hay que decir que los venezolanos no siempre hemos sabido explicar nuestro problema. En el caso, por ejemplo, de Franklin Brito, es muy significativo que para los venezolanos él no fuera construido como sí lo fue una mujer que iba a ser lapidada en Irán en el mismo momento en que Brito moría en su huelga de hambre. Las asociaciones de países musulmanes laicos y las feministas pudieron movilizar a la opinión internacional para que esa mujer no fuera lapidada. Pero los venezolanos no pudimos hablar un lenguaje que movilizara a la opinión pública con respecto a Brito. Cuántas veces yo, haciendo trabajo de campo, no me encontré con gente que me decía que Brito era un “loquito”. Franklin Brito suscitó la empatía del periódico Tal Cual, algunos líderes fueron a su entierro, pero ahí no hubo un entronque porque quizás el cultivo de ñame en Ciudad Bolívar no nos importa, o porque lo vimos como un tipo principista, como un hombre que no supo negociar… Lo cierto es que no lo vimos como un problema nuestro. No supimos comunicar nuestro drama.

Incontables son las ocasiones en que te ha tocado debatir en la televisión y la radio con personas que no conocen la realidad venezolana porque son militantes acríticos. ¿Cómo se vive esta responsabilidad?

La responsabilidad de la que hablas es agotadora, sobre todo cuando me asignan el papel de una portavoz de la oposición venezolana, cosa que no soy. Cuando voy a los medios es porque me llaman como experta. Varias veces les he dicho a periodistas que juegan a la polarización, que yo no soy la “opositora de servicio” que va a hacer que el debate tenga la apariencia de ser equilibrado. Por otra parte, es un esfuerzo intelectual interesante porque se trata de afinar los argumentos de manera corta y concisa. Quizás lo más difícil es hacer comprender a los venezolanos de Francia, que yo debo responder a las preguntas sin que mi objetivo sea pasar un mensaje. Claro, yo preparo las intervenciones y defiendo por encima de todo la causa de la democracia y de la justicia. Pero me invitan en calidad de experta, en calidad de referencia que puede ayudar a que el público de un medio comprenda lo que pasa en nuestro país. Los periodistas piensan en su público, no en Venezuela.

A veces dices cosas que molestan a ciertos sectores de la diáspora

Hoy me dijo un periodista usted es muy mala con los cubanos en su libro, y yo le contesté: eso es muy curioso porque hay una oposición venezolana que dice que yo soy muy buena con los cubanos. Esos dos extremos dicen muy bien de mi trabajo. El mejor halago que a mí me pueden hacer es que unos digan que yo soy “maluca” con los cubanos y que los otros digan que soy condescendiente. Eso quiere decir que estoy tocando un punto interesante.

¿Cómo dialogan tus tres libros entre sí? ¿Hay algún metabolismo que hace diferente a la escritora de los primeros con respecto a la de Pays hors service?

Eso del “militarismo compasivo” (que cayó muy mal a una parte de la lectoría y que era el resultado de un trabajo que tomaba en cuenta también al electorado chavista) dialoga ahora con el régimen de Maduro y una de las cosas que lo hace tan terrible: que la gente se siente muy abandonada a nivel emocional. Chávez sabía manipular emocionalmente a la gente, y ahora se rompió la conexión y se acabó la compasión. En cuanto a quién era la escritora de aquellos y quién la de éste, quizás yo entonces tenía miedo de asumirme como un yo dentro del trabajo de campo. Poder y catástrofe es el producto de una tesis de doctorado y en las tesis de doctorado uno no es aún un investigador confirmado, uno se está construyendo. En País fuera de servicio yo me suelto el moño. La sensación, escribiéndolo era: y qué más da, qué más puede pasar. Si el país está en una situación de guerra, si ya mi papá falleció, si ya la jubilación de mi mamá no vale nada, si ya yo sé diferenciar mi trabajo científico que es tan riguroso, qué tengo que perder. Me las juego. ¡Y quizás esto sea también resultado de los cincuenta años, que ya cumplí! Yo me he jugado la carrera en esto. Yo creo que quienes trabajan sobre Venezuela en el medio académico pueden compartir ese sentimiento: nos la jugamos.

¿En qué sentido?

Uno de los primeros concursos académicos fue fuerte porque yo sabía que la posición política que podía deducirse de mi trabajo, crítico hacia el chavismo, molestaba aun en el 2009. Ahora no. Si bien este libro no es un pase de factura para la academia francesa, es la posibilidad de decir las cosas que uno quisiera decir y que a veces en ciertos medios, lo piensas varias veces. Está publicado y voy con todo.

Has desarrollado un discurso menos árido, más conectivo. ¿Hay una aproximación más emocional al tema Venezuela?

Uno se forja su voz, uno se construye. La antropología política comparada me ha hecho abrirme hacia otras posibilidades. Durante los tres últimos años académicos estuve trabajando la antropología política comparada del Estado en África y en América Latina, con un colega de la República del Congo, Rémy Bazenguissa. Yo siempre me he sentido muy a gusto con mis colegas africanistas, es con ellos con quienes he establecido un diálogo intelectual más fructífero. Es apasionante, quizás porque la antropología política francesa es, antes que nada, africanista. Yo considero que aunque hay muy buenos antropólogos franceses sobre América Latina, el concepto “estudios latinoamericanos” en Francia se quedó muy anquilosado en el Instituto de Altos Estudios de América Latina, en la teoría de la dependencia de los años 60, en la herencia de la revolución cubana… en todo caso hay un latinoamericanismo francés que no es una fuente de formación para mí, yo me formé en el centro de estudios africanos de la Escuela de altos estudios, y eso fue maravilloso.

¿Está prevista una traducción al español?

Me gustaría que se hiciera una trilogía con Poder y catástrofe, País fuera de servicio y el libro sobre Franklin Brito, que está listo.

Un lector avisado compartió recientemente con la autora su particular apreciación de lo que es Pays hors service: “Venezuela como un paciente psiquiátrico”. Este libro es el diálogo entre un país que se enfermó, y un especialista que trata de desenredar el hilo de esa locura. Continuará.

Adiós Venezuela por Mauricio Stefanini – Lettera43 – 16 de Junio 2019

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Quella del Venezuela è una crisi difficile da decifrare. Molte analisi utilizzano etichette ideologiche ereditate dal passato e sono ormai inapplicabili al presente: anti-americanismo e anti-comunismo, in primo luogo, ma non solo. Fornire una bussola per orientarsi è l’obiettivo che si è posto Maurizio Stefanini in Adiós Venezuela. La fine del chavismo da Maduro a Guaidó (Paesi Edizioni, 15 euro). Lettera43.it ne pubblica un estratto.

Sono le 22.10 di lunedì 3 febbraio 1992 quando Carlos Andrés Pérez atterra all’aereoporto di Maiquetía di ritorno dal Forum Economico di Davos, dove ha passato 48 ore senza dormire. A queste vanno aggiunte altre 12 ore di volo, e adesso il 69enne presidente non vede l’ora di fare l’ultima mezz’ora in macchina per buttarsi infine sul letto. Ma già sulla scaletta gli viene incontro il generale Fernando Ochoa con una faccia strana. «Presidente Pérez, qua attorno stavano dicendo che ignoti non l’avrebbero lasciata atterrare. Questo è tutto quello che mi hanno detto, è solo una voce ma…». Il presidente si allarma, ma il sonno è troppo. «Non mi piacciono le voci che abbiano a che fare con le Forze aArmate. Domattina alle otto la aspetto con i comandanti militari a Miraflores perché aprano un’indagine», dice in tono secco. Arriva alla residenza della Casona verso le 23, si mette in pigiama e spegne infine la luce.

A mezzanotte meno dieci, tuttavia, il telefono sul comodino inizia a squillare impazzito. Ancora ubriaco di sonno, “Cap” prende la cornetta per sentire il generale Ochoa che grida disperato. «Presidente, c’è una sollevazione nella guarnigione del Zulia!» ovvero lo Stato di Maracaibo, seconda città e cassaforte petrolifera del Paese. Col vestito sul pigiama, il presidente corre per le scale, sale in macchina, arriva al Palazzo di Miraflores passando un circolo di veicoli militari, ignari che in quell’auto che sta andando a infilarsi in bocca al lupo c’è proprio lui. Prende poi un mitra inizia a sparare contro gli assalitori, stile Salvador Allende alla Moneda.

L’unico che ancora non ha svolto la propria parte è proprio Chávez. Né ci riuscirà mai. «Il piano della “Operazione Ezequiel Zamora” fu concepito in base a vari principi della guerra. Uno di questi era la sorpresa», spiegherà in futuro, con la sua tipica spocchia da grande stratega. A essere colto di sorpresa è però soprattutto lui, frenato da un contrattempo dopo l’altro. Alla testa di 460 paracadutisti – che tra l’altro non sanno neanche di stare conducendo un colpo di Stato – Chávez ha pianificato di arrestare il presidente presso l’aeroporto o al più tardi alla Casona ma, come abbiamo visto, la prima mossa è trapelata e, quando prova la seconda, “Cap” è già sgusciato via. Anzi, i difensori della Casona – tra cui cui la moglie e la figlia del presidente – a momenti non fanno secco Chávez con una raffica di mitra, mentre lui procede a quell’assalto ormai inutile. A Miraflores il tenente colonnello ha invece delegato due capitani un po’ tonti, che mandano un carro armato ad arrampicarsi sulle scale per sfondare la porta principale. Senza accorgersi che, intanto, il presidente sta sgusciando via dalla porta posteriore.

A tutta velocità, la Ford Ltd grigia con Cap a bordo punta su Venevisión, l’emittente del magnate della tv Gustavo Cisneros il cui rapporto con “Cap” ricorda molto quello tra Berlusconi e Craxi. La tv di Stato nel frattempo è già stata presa da una decina di uomini di Chávez, ma il personale ha spiegato che la cassetta col proclama dei golpisti «non si può mandare in onda per motivi tecnici», e loro ci hanno creduto.

È l’una e un quarto quando Chávez, davanti a una tv accesa in attesa di vedere il proprio volto, osserva invece un Carlos Andrés Pérez spettinato e concitato gridare al Paese che alcuni «facinorosi» vogliono porre termine alla democrazia, ma che l’azione è destinata al fallimento. Così, la mattina del 4 febbraio 1992 Carlos Andrés Pérez ribadisce dagli schermi televisivi che la sollevazione «è stata domata», anche se in realtà sono ancora in mano ai ribelli Maracaibo, Maracay, Valencia e La Carlota, mentre Chávez è asserragliato nel Museo Storico Militare. Ochoa manda a parlamentare il generale Ramón Santeliz sapendo che è amico del ribelle, ma ignorando che l’amicizia ha portato anche lui a contatto con la cospirazione. Quando alle 7,45 del mattino Chávez accetta di arrendersi non solo ottiene l’incolumità per sé e i suoi uomini e gli lasciano il fucile come garanzia; viene portato a Fuerte Tiuna su un’auto che arriva alle 9,30, quando il percorso richiederebbe solo un quarto d’ora. Davvero il tempo in più è stato impegnato a distruggere documenti compromettenti come in molti sospettano?

Arrivato al Forte, dopo aver consegnato l’arma al viceammiraglio Elías Hernández Daniels, come prima cosa Chávez chiede di telefonare alla mamma, per farle sapere che è ancora vivo. Poi, alla domanda sul perché si è ribellato, non dice di voler vendicare i morti del Caracazo. Ricorda Daniels: «Mi rispose che era per la cattiva situazione dell’esercito, parlò di stivali, radio militari, alloggi, vestiario, equipaggiamento». Più semplicemente, il “casino” che Chávez si era riproposto di fare una volta diventato generale, ha deciso di anticiparlo a partire dalla promozione a tenente colonnello, che nell’agosto 1991 gli ha dato per la prima volta il comando di un battaglione.

Anche con Chávez in galera, però, gli altri partecipanti al golpe continuano a lottare. Così qualcuno ha una brillante idea: perché non mandiamo lui in tv a dire ai suoi compagni di arrendersi? «Ammanettato e in differita», ordina Carlos Andrés Pérez. Lo prendono invece a mani libere, ma senza basco, con l’uniforme in disordine e sul viso i segni della disfatta e della stanchezza. Chávez ricorda di essersi sentito «come Noriega quando lo presero gli americani» e pone delle condizioni: che non debba leggere discorsi scritti; che gli facciano mettere l’uniforme in ordine; che gli lascino lavarsi la faccia. In cambio, dà la sua parola d’onore che chiederà la resa ai compagni d’armi. Nella fretta di chiudere la partita il prima possibile, lo accontentano.

Nella posa più marziale che riesce a prendere, con ai fianchi Daniels e il generale Iván Darío Jiménez, Chávez inizia a parlare. «Prima di tutto voglio augurare un buon giorno a tutto il popolo del Venezuela, e questo messaggio bolivariano va diretto ai valorosi ufficiali che si trovano nel Reggimento Paracadutisti di Aragua e nella Brigata Blindata di Valencia. Compagni: purtroppo, per ora, gli obiettivi che ci eravamo proposti non sono stati raggiunti nella capitale. Cioè, noi, qua a Caracas, non siamo riusciti a controllare il potere. Voi avete fatto molto bene là, ma ormai è tempo di riflettere e verranno nuove situazioni, e il Paese deve incamminarsi definitivamente verso un destino migliore. Ascoltate la mia parola. Ascoltate il comandante Chávez, che vi lancia questo messaggio affinché, per favore, riflettiate e deponiate le armi perché già, in verità, gli obiettivi che abbiamo tracciato a livello nazionale è impossibile che li otteniamo. Compagni. Ascoltate questo messaggio solidale. Vi ringrazio per la vostra lealtà, vi ringrazio per il vostro valore, per la vostra generosità e io, davanti al Paese e davanti a voi, assumo la responsabilità di questo movimento militare bolivariano. Molte grazie»

Il tutto dura un minuto, che i canali tv ripeteranno a oltranza. Tecnicamente Chávez è un Giuda che, dopo essere stato l’unico a fallire, sta ora annullando per la sua incapacità i successi altrui. E alcuni dei compari, infatti, non glielo perdoneranno: Urdaneta non vorrà più avere niente a che fare con lui; Arias Cárdenas quando gli si candiderà contro alla presidenza gli darà della «gallina» in un celebre spot, tacciandolo di vigliaccheria. Però buca lo schermo. In Venezuela è nata una star. La rivoluzione, sconfitta in tv, riprende dalla televisione stessa.
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El nuevo libro de David Placer destapa el lado más siniestro de Maduro – ALnavío – 6 de Junio 2019

El autor del libro ‘Los brujos de Chávez’ lanza ‘El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela’, su nueva obra periodística que descubre el rostro despiadado de Maduro y sus hombres de poder.
David Placer relata cómo Maduro se convirtió a la fe de Sai Baba / Foto: @davidplacer
David Placer relata cómo Maduro se convirtió a la fe de Sai Baba / Foto: @davidplacer

Nicolás Maduro, un político inseguro de los hombres que le rodean y de sí mismo, emprendió un viaje a la India para dar sentido a su vida ocho años antes de alcanzar la Presidencia. Su mujer, Cilia Flores, creyente y supersticiosa como él, lo llevó hasta la lejana India para que recibiera en persona un regalo de Sai Baba, el hombre que decía ser el Dios viviente.

Maduro, creyente en los milagros de Sai Baba, acudió a un misterioso encuentro con el gurú indio. El periplo ya había sido realizado por otros seis altos jerarcas del chavismo cuyas insólitas anécdotas describe el autor David Placer en su nuevo libro El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuela, una obra en la que relata cómo el político que buscaba el camino de la rectitud y la no violencia terminó dirigiendo una secta perversa que terminó adueñándose de todo un país.

El dictador y sus demonios es una obra con más de 60 entrevistas que destapan una faceta de Maduro desconocida dentro de la secta saibabista pero también detalla cómo el régimen venezolano fue degenerando en otra secta más despiadada que usa de forma sistematizada la delincuencia, el espionaje y el asesinato para reducir y eliminar a los críticos.

En la obra, los exaltos cargos del chavismo descubren cómo el régimen se ha convertido en un grupo que usa la delincuencia para sembrar pánico, recurre a los pranes para amedrentrar y aniquilar a enemigos y usa a una amplia red de espías para infiltrar y dividir a la oposición.

El libro está compuesto por 18 reportajes / Foto: @davidplacer

El libro está compuesto por 18 reportajes / Foto: @davidplacer

La historia del dictador Maduro y sus demonios está compuesta por 18 reportajes que se entrelazan entre sí para retratar cómo un presidente vacío de convicciones propias acude a conocer a Dios en persona, pero termina atrapado en el peor de los infiernos, con todo el país a cuestas.

Nicolás Maduro escuchó con atención los consejos de su brujo saibabista, Enrique Rodulfo, un próspero empresario radicado en Miami, y extendió la fe en Sai Baba entre sus ministros, embajadores y allegados, que prometen actuar con rectitud, verdad y no violencia. Pero, para hacerse con el poder absoluto, todas sus prédicas se desvanecieron y el chavismo comenzó a tejer una red de espionaje que delataba, apresaba y asesinaba a opositores. También potenció el poder de los pranes y delincuentes de las cárceles para aferrarse al poder con la fuerza y las armas. Algunos de ellos confiesan en el libro cómo son utilizados por el gobierno para asesinar a todos aquellos que puedan representar un peligro para el régimen.

El periodista David Placer también destapa con crudeza la red de delincuencia organizada construida no sólo con la complicidad sino también con el apoyo de una de las altas jerarcas del chavismo que también visitó en la India el ashram de Sai Baba, el recinto de la Paz Suprema: Iris Valera.

El libro describe con detalle cómo el chavismo eligió distintas fórmulas de espionaje, persecución y tortura en las tres mazmorras más terribles del régimen: El Helicoide, donde están los presos políticos; La Tumba, donde se practica la tortura psicológica; y el DGCIM, epicentro de las más crueles torturas físicas.

El dictador y sus demonios: la secta de Nicolás Maduro que secuestró a Venezuelatambién es una obra literaria que disecciona, como un cadáver, al régimen moribundo de Nicolás Maduro, en su más cruda y dramática realidad.

El libro está disponible en todo el mundo en versión impresa en Amazon.

The Night y la narrativa del postchavismo por Mariano Nava Contreras ProDaVinci – – 1 de Junio 2019

Me encontraba yo en España a fines del siglo pasado (suena tan lejos) haciendo mi doctorado y estaba muy pendiente de los libros que mes a mes se publicaban. Granada entonces tenía tres librerías con buenos fondos: la hoy desaparecida “Atlántida” al comienzo de la Gran Vía, “Babel” en la calle Gran Capitán y una cuyo nombre no puedo recordar, que quedaba al final de la calle Mesones, frente a la Plaza de la Trinidad. Obviamente había muchas más, pero recuerdo especialmente estas tres. Irme los sábados “de librerías”, así no fuera a comprar nada, era el esperado premio de toda una semana entre bibliotecas, hemerotecas y fotocopias.

Recuerdo que me llamaba la atención el hecho de que, por entonces, prácticamente no había un mes en que no se publicara una nueva novela acerca de la Guerra Civil. El asunto me interesaba porque en la insuperablemente bella ciudad en que tuve la fortuna de estudiar habían ocurrido episodios especialmente sangrientos de la guerra, empezando, nada menos, que por la muerte de Federico García Lorca. Por aquellos años, precisamente, se celebraba el centenario de su nacimiento. En Granada, además, había podido conocer a gente común, no solo académicos, cuyos padres o abuelos habían vivido el horror de la guerra, y cuyas terribles historias me habían contado.

Desde luego, toda una paraliteratura floreció por aquellos años alrededor de Lorca, vigorizando su mito un siglo después. Fueron los tiempos en que Ian Gibson publicó su clásica biografía, Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (Plaza & Janes, 1998). Otros muchos estudios históricos fueron publicados, pero a mí lo que me interesaba era la ficción que se tejía alrededor de la guerra y su consecuencia inmediata, la dictadura franquista. Recuerdo especialmente títulos como El lápiz del carpintero de Antonio Muñoz Molina (Alfaguara, 1998) y Soldados de Salamina de Javier Cercas (Tusquets, 2001). Claro que el impacto que aquellos hechos habían tenido en la literatura se había hecho sentir desde mucho antes, nada menos que con autores como George Orwell (Homenaje a Cataluña, 1938) o el mismo Hemingway (Por quién doblan las campanas, 1940), pero se trataba de extranjeros. El modo como estos hechos habían marcado indeleblemente el imaginario y el discurso ficcional de un país como España era algo que me llamaba poderosamente la atención. Cómo el recuerdo de aquel horror se mantenía en la memoria de los viejos y, sobre todo, cómo lo había reproducido la literatura, la relación que habría entre ese recuerdo vivo de la gente común y su elaboración ficcional y literaria me suscitaban una curiosidad tremenda.

Tengo que confesarlo, para mí era inevitable percibir en estas nuevas novelas un regusto a narrativa histórica. Pese a haber sido escritas a menos de setenta años de haber ocurrido los hechos que narraban, lucía inocultable el trabajo del investigador y del documentarista, casi como si se tratara de una novela ambientada en la vieja Constantinopla o en la época de las Cruzadas. Comentando el asunto con los colegas de la universidad, habíamos llegado a la conclusión de que tuvieron que pasar muchos años, generaciones si es preciso, para que un hecho histórico tan sangrante como la Guerra Civil española hubiera podido ser recreado por la literatura. En otras palabras, que había que tener mucho estómago para que un escritor pudiera hacer ficción sobre asuntos tan dolorosos y cercanos.

Eran también los años en que la sombra de Hugo Chávez y su franquicia, el Socialismo del Siglo XXI, comenzaban a crecer en Latinoamérica y Europa con una fuerza histórica innegable, si bien aún éramos incapaces de imaginar lo que significaría veinte años después. Sin embargo, en aquel momento hice una analogía que me acompañó como una certeza: también tendrían que pasar muchos años, generaciones quizás, para que pudiera escribirse la gran narrativa del chavismo, esa que contara todo lo que estábamos destinados a vivir. Durante años lo pensé y lo sostuve: tendrían que pasar muchos años, generaciones quizás, para que un venezolano pudiera escribir sobre los tiempos del chavismo.

El tiempo se encargó de desmentirme, y de qué manera. La literatura del chavismo-madurismo, llamémosla así, no solo surgió antes de que éste se extinguiera como realidad y como vivencia, sino que lo hizo de una manera lúcida y vigorosa. Sorprende sin embargo cómo pueden trazarse algunos -algunos, insisto- paralelismos entre la literatura de los tiempos del chavismo-madurismo y la de la Guerra Civil española. En un principio, el asunto mereció la atención y el análisis de los historiadores. En Venezuela, era inevitable que la coyuntura histórica nos hiciera volver la mirada a nuestro mito fundador, Bolívar. En ese sentido, fueron esclarecedores los estudios publicados por Germán Carrera Damas (El culto a Bolívar, 1970, reed. Alfa, 2008) y Elías Pino Iturrieta (El divino Bolívar, Alfa, 2003). Sin embargo, también agudos ensayistas como Teodoro Petkoff (El chavismo como problema, Libros Marcados, 2010), Ana Teresa Torres (La herencia de la tribu, Alfa, 2009) o Elisa Lerner (Así que pasen cien años, Madera Fina, 2016) supieron diseccionar nuestro complejo presente. En este sentido, tampoco puede obviarse el auge de la crónica como fenómeno literario. Quizás el título más notable sea el de Héctor Torres, Caracas muerde (Puntocero, 2012), cuyo protagonista no es otro que la violencia y el caos de la ciudad capital.

Es en este contexto, cuyo recuento ni puede ni pretende ser exhaustivo, en el que debe enmarcarse el surgimiento de una narrativa que cuenta lo vivido en Venezuela durante los años del colapso del modelo chavista-madurista. Escoger siempre conlleva riesgos, más si la escogencia es también un intento de pronóstico. Pienso que entre los títulos que deberían componer un canon de la narrativa de estos años postremos, cabe decir, del postchavismo, debería estar integrado, entre otros, por las novelas de Alberto Barrera Tyszka, Patria o muerte (Tusquets, 2015) y Mujeres que matan (Random House, 2018); La hija de la española, de Karina Sainz Borgo (Lumen, 2019) y The Night, de Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara, 2016; ed. venezolana de Madera Fina, 2016). Concedo que la apuesta es apresurada y tengo claro que el tiempo y la crítica se encargarán de corroborarme o corregirme. Ya he dicho que me he equivocado antes.

No dudo, pues, de que algunas otras novelas serán añadidas a esta mínima lista, o quizás el futuro desestime algunos de los títulos que he mencionado, puede ser, influido por la publicidad de las editoriales y por la curiosidad que el caso venezolano ha suscitado en el exterior. El tiempo lo limpia todo. Lo importante es que la literatura venezolana parece haber cumplido con los complejos tiempos que nos ha tocado vivir. ¿Qué tienen estas novelas en común? Las cuatro comparten una visión apocalíptica en que la violencia, el caos y la sinrazón componen el paisaje de unas postales oscuras y sangrientas. Así como en las viejas tragedias de Eurípides la tormentosa decadencia de Atenas se convierte en telón de fondo para escudriñar en los más oscuros rincones del alma humana, estas novelas cuentan una ciudad en que imperan las más siniestras pulsiones y donde la muerte ha dejado de ser nuestro más temido tabú para devaluarse y convertirse en anécdota cotidiana. Y por encima de todo, las cuatro comparten la existencia de un poder omnímodo tras el aparente caos, que de ninguna manera se llega a nombrar, que se adivina pero rara vez se nombra.

The Night, ya tendrán tiempo de decirlo de mejor manera los críticos, es una novela de estructura compleja. No es casual que la narración comience en una noche de apagón del año 2010, cuando la ciudad mostraba una oscuridad incontestable. Los nombres de calles y plazas nos remiten indudablemente a Caracas, pero podría tratarse de cualquier otra ciudad de Venezuela. A partir de ahí el autor nos va introduciendo en las laberínticas –a veces muy retorcidas- historias de sus personajes, historias que narran también en cierta forma la historia cercana de un país que parece haber enloquecido repentinamente. El trasfondo de muchas de estas historias es fácilmente reconocible por los venezolanos, creando una simbiosis lúdica entre ficción y realidad en un espléndido ensamblaje. Sin embargo, no nos confundamos, el hilo narrativo nos termina revelando a una cuidada gramática en la que cada personaje, cada anécdota, cada asesinato, cada diálogo están cuidadosamente dispuestos, tienen un lugar preciso. Todo pareciera confluir en una psicología del caos en la que la noche y la oscuridad terminan pareciéndonos mucho más que la metáfora de un país.

The Night me recuerda a un brevísimo diálogo que hace muchos años tuve la suerte de sostener con Augusto Monterroso. Estaba yo en Madrid y había conseguido apuntarme a un taller de narrativa que dictaba el maestro en Casa de las Américas. Al finalizar una de las sesiones, conseguí el valor para acercarme y decirle: “maestro, mi problema es que me angustia mucho no poder encontrar una buena anécdota para un cuento”. A lo que Monterroso me respondió: “pues convierta toda esa angustia en literatura”. Es lo que parece haber logrado Rodrigo Blanco Calderón con The Night.

El Avila en su asombro por Humberto J. Caballero Lindner – Mayo 2019

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Acerca del libro

Se estima que el hombre apareció por primera vez en territorio venezolano hace aproximadamente 16.000 años.
Es muy probable que ese homínido prehistórico haya incursionado en nuestra montaña, al menos para beber el agua cristalina de las quebradas. Seguramente, allí se maravilló con la danta, ese animal sagrado que, según el erudito ¨Caimán de Sanare¨ Renato Agagliate, inspirara el término cumanagoto Guariarepano, para referirse a ¨La Danta¨ o ¨Gran Bestia¨. Así, Wariarepano, significaría ¨Lugar de Dantas¨, o ¨Donde abunda la Gran Bestia¨.

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El Ávila resguarda una gran sabiduría y está unido de forma indeleble a nuestra cultura. La impronta de los conquistadores, las incursiones de piratas y corsarios legendarios, el tránsito de Humboldt y los artistas viajeros, Manuel Gual y José María España conspirando y refugiándose en sus estribaciones, prefiguran nuestra memoria colectiva.

Francisco de Miranda pudo andar y desandar el ¨Camino a la mar¨ desde Caracas, buscando el regreso a Europa. También trazó sus pasos por estos caminos Simón Bolívar, el Libertador, primero junto a su esposa María Teresa de regreso al viejo continente, y luego en los honores fúnebres, trasladando su cuerpo hacia Caracas en 1842. El ilustre matemático Don Juan Manuel Cagigal dejó su huella, así como Antonio Pacheco sus flores multicolores, entrando a Puerta Caracas al amanecer, los Palmeros de Chacao,  las travesuras del Conde Mestiatti, las  enigmáticas momias del Dr. Knoche,  el arte surrealista en el Jardín de las Piedras, la colonia de inmigrantes canarios en el Galipán del siglo XVIII, las leyendas de tesoros escondidos, el miedo a las supuestas erupciones volcánicas en los tiempos de Páez, el ferrocarril Caracas – La Guaira, el sueño de un observatorio astronómico, el prodigio para construir el hotel Humboldt en solo 6 meses, la tragedia de Vargas, el sueño inconcluso de un túnel desde Altamira a Caraballeda, entre muchos otros recuerdos, se trazan aquí y han ido modelando nuestra personalidad vernácula con el paso del tiempo.

Para leer el libro abrir el enlace :

https://elavila.com.ve/

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