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El pastel de chucho: una auténtica receta de autor por Miro Popic – ProDaVinci – 8 de Diciembre 2018

Publicado por Fresh Fish Delivery y Oscar Todtmann Editores, llega el libro El pastel de chucho: sabor de una tradición, firmado por el reconocido cocinero asentado en la Isla de Margarita Rubén Santiago y por el historiador y escritor Verni Salazar. El libro contiene textos de varios autores sobre el célebre platillo venezolano y sobre su antecesor, el cuajado, así como la receta original de Rubén Santiago y versiones que del mismo hacen importantes cocineros como Víctor Moreno, Francisco Abenante, Nelson Méndez y María del Pilar Cabrera Nieves. Lo que sigue es un adelanto de este libro, escrito por Miro Popic, galardonado este año con el Premio Tenedor de Oro a la publicación gastronómica.

¿Dónde nace una receta? ¿A quién le pertenece? ¿Quién da forma a lo que se cocina? Cada vez que pruebo una preparación determinada me pregunto sobre sus orígenes, a quién se le ocurrió, cuáles son los ingredientes básicos, cómo es su cocción, etcétera. La historia nos demuestra que la mayoría de las recetas surgieron primero en los fogones hogareños y luego llegaron a la cocina pública, generalmente como expresión de una región o de una cocina determinada, antes de hacerse nacional y en algunos casos, universal. Pero desde que las sociedades se fueron transformando en entes urbanos esto se ha ido modificando y hoy la responsabilidad culinaria nacional está en manos de los cocineros profesionales que atienden la cocina pública y las necesidades alimentarias de lo que comen fuera del hogar.

Mucho se habla hoy de receta de autor, especialmente cuando estamos frente a una preparación que requiere explicación para justificarse. Se trata, generalmente, de opciones rebuscadas y complicadas difíciles de replicar en la cocina hogareña.
Es más, algunos, para hacerse los interesan tes, prefieren mantener en secreto la fórmula para que otros no los imiten. Pamplinas. Si una cosa es buena, fácil de preparar, con ingredientes accesibles, todos podrán repetir la experiencia con mano propia y, en algunos casos, hasta mejorarla.

El único caso de verdadera receta de autor que vale la pena mencionar en la cocina venezolana es el pastel de chucho. Chucho no es el nombre de un señor ni el diminutivo de alguien que se llame Jesús. Aclaro esto antes que nada, pues recuerdo haber leído declaraciones de una cocinera mediática hablando del pastel del señor Chucho, refiriéndose a chucho como autor de una preparación típica de la cocina oriental de Venezuela, conocida como pastel de chucho. Para precisar conceptos: chucho es un pez rajiforme perteneciente al grupo de los cartilaginosos que comprende muchas familias y el autor del pastel de chucho, en su versión más popular, se llama Rubén. Entonces, lo correcto sería hablar del pastel de chucho del señor Rubén y no del pastel de Rubén del señor Chucho.

El chucho se caracteriza por sus aletas pectorales en forma de alas que utiliza para nadar y por tener la boca y las aberturas branquiales en la superficie ventral del cuerpo. El chucho pintado pertenece a la familia Myliobatidae, género Aetobatus narinari, y es fácilmente reconocible por su llamativa coloración de pequeñas manchas blancas sobre fondo azul oscuro o negro, cabeza proyectada delante de las aletas y cola corta. Está también el chucho blanco, familia Myliobatis freminvillei, parecido a la raya, con cola más grande que su cuerpo. Son comunes a lo largo de todas las costas venezolanas, especialmente en las áreas insulares oceánicas con formaciones coralinas. Su carne es comestible aunque no se cuenta entre las más apreciadas, como el mero y el pargo, y más que fresca, se consume tasajeada y salada, en preparaciones de cocción lenta, guisos, revoltillos, entre otros.

Los orígenes de este plato emblemático margariteño hay que buscarlos en las costas orientales, especialmente en Cumaná, donde el pescado salpreso constituye alimento diario en ausencia del fresco, y en una preparación conocida como cuajo o cuajado. Entre las acepciones que el Diccionario de alimentación y gastronomía en Venezuela, de Rafael Cartay y Elvira Ablan, hay una que habla de «tortilla preparada con carne, pescado o mariscos, huevos batidos y condimentos, común en el oriente venezolano. Famosos son los cuajados de cazón salpreso y el de pepitonas». También aparece otra que se refiere a «plato a base de carne de morrocoy, mapuey, plátano sancochado, pasas, aceitunas, huevos y aliños, cocidos en brasas o en horno, propio de la región oriental, muy popular en Semana Santa».

El cuajado oriental conserva en Margarita sus componentes esenciales de papas, huevos, plátanos, aceitunas, cebolla, tomate, ají margariteño y onoto, y utiliza como pescados cazón, con la variable de chucho o, en su reemplazo, raya. Es a partir de esta fórmula que nace el pastel de chucho, uno de los pocos platos de nuestra cocina que tiene nombre y apellido: Rubén Santiago. Y fecha de nacimiento: 1982 o ¿1984?

¿Todos saben quién es Rubén Santiago? Pues bien, se trata del cocinero más famoso de la Isla de Margarita, nacido en tierra andina pero anclado ya para siempre en suelo insular, gran promotor y defensor de la sabiduría popular que, en su caso, se expresa en los fogones de su cocina. En 1980 incursionó en la restauración y hasta el día de hoy continua al frente de La Casa de Rubén, su emblemático restaurante de la avenida Santiago Mariño, de Porlamar, donde los adictos a su pastel de chucho, entre los que me cuento, y otras creaciones suyas, acuden en peregrinación cada vez que visitan la isla.

La primera receta impresa del pastel de chucho apareció en 1988 en la primera edición de su libro La vuelta a la isla en 80 platos, objeto de seis ediciones posteriores en las que ha ido enriqueciendo el acervo gastronómico margariteño, aprendido de cocineros neoespartanos como Dorina, Chica Guerra, Trina Miguelina Marcano, Corina Graciela, Cachicato, Víctor Rodríguez, Ramonita Narváez y muchos otros, constituido en referencia obligada a la hora de documentar la identidad gastronómica del estado Nueva Esparta.

¿Qué hizo diferente Rubén Santiago? Simplemente algo nuevo con algo viejo. Averiguar, como él mismo lo confiesa o, para usar un término moderno,
deconstruir lo ya existente para crear un plato partiendo de lo básico, la cocina de familia, del terruño, la de todos los días. No solo se trató de una buena idea, sino que fue bien interpretada y logró sorprender con una creación de sabores incorporados a la memoria gustativa, con productos de uso habitual en la cocina venezolana.

Ferrán Adrià, creador del término, dice que deconstrucción consiste en utilizar armonías ya conocidas, transformando las texturas de los ingredientes, así como su forma y temperatura, creando un plato que conserva las características de cada producto y mantiene la intensidad de su sabor. Eso fue lo que hizo Rubén mucho antes de que surgiera el concepto. Manteniendo la base del cuajado con parte de los ingredientes tradicionales, eliminó las papas e incorporó plátanos maduros, reemplazó el huevo batido por una salsa bechamel ligera para obtener mayor suavidad y cohesión de los componentes, lo sazonó con ají margariteño y finalmente le agregó queso de bola holandés, que era el queso de consumo obligado en la isla desde que fue decretada Puerto Libre, distribuyó todo por capas y le dio forma de pastel cocinado al horno en una fuente rectangular.

El pastel de chucho se transformó rápidamente en un icono de la cocina margariteña y muchos piensan que debe ser considerado patrimonio cultural a defender. Sin embargo, ese éxito implica riesgos. De tanto replicar la receta, dentro y fuera de la isla, el chucho, como todo recurso natural explotable, corre riesgo de desaparecer, por lo que urge una política seria que promueva su aprovechamiento de forma sustentable. Una política que incluya no solo a la autoridad, sino a los propios ejecutores, en este caso los pescadores, así como a los cocineros, a través del uso de variables alternativas menos vulnerables, y a nosotros mismos como consumidores haciendo respetar vedas y restricciones, por más que nos guste el pastel.

Antes que se inventara el término de cocina de autor, ya Rubén Santiago hacía lo suyo y a él le corresponde el honor de darle nombre y apellido a una receta que trasciende la cocina de su tiempo y de su espacio, que se hace eterna y universal.

Todo Teodoro Petkoff en código de libros y más libros – KonZapata – 5 de Diciembre 2018

A propósito de la reedición de Solo los estúpidos no cambian de opinión, KonZapata publica las tapas de los libros que escribió Teodoro Petkoff, o que otros escribieron sobre él, como es el caso de las conversaciones con Alonso Moleiro. Sirva esta galería de fotos como otro homenaje al Petkoff polifacético.
Todo Teodoro Petkoff en código de libros y más libros

Se reedita Solo los estúpidos no cambian de opinión. Es el libro de las conversaciones que sostuviera Teodoro Petkoff con el periodista Alonso Moleiro. Dice la contratapa del libro que Moleiro “nos entrega en este volumen una entrevista de largo aliento que repasa la trayectoria vital de Teodoro Petkoff (1932-2018), un personaje de incuestionable honestidad intelectual e inusual agudeza analítica a la hora de valorar las difíciles coyunturas políticas que han tenido lugar en Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI”.

KonZapata aprovecha el relanzamiento de Solo los estúpidos no cambian de opinión, para brindarle este regalo a los lectores. Las tapas de los libros que escribió Petkoff o que otros escribieron sobre él, como son los casos de Alonso Moleiro, Ramón Hernández, Elías Pino e Ibsen Martínez. Señala la contratapa que “Teodoro Petkoff se ha ido para quedarse. Su erudición y su voluntad indestructible hicieron de él una referencia intelectual y moral en tiempos de desolación y miseria”.

También se recoge aquí el libro sobre los editoriales de Tal Cual y el Chavelotodo, una curiosidad colectiva, producto Tal Cual.

Carta al padre por Rodrigo Blanco Calderón – Letras Libres – 1 de Diciembre 2018

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Laurence Debray : Hija de revolucionarios Barcelona, Anagrama, 2018, 224 pp.

Laurence Debray es una escritora francesa con un recorrido atípico en la república de las letras. Después de haber obtenido una maestría en historia en la Sorbona, con una tesis sobre el rey Juan Carlos I y su papel en la transición española, viajó a Inglaterra para estudiar en la London School of Economics, lo que le serviría para desempeñarse durante diez años como analista financiera, tanto en Estados Unidos como en Francia.

Se trata de un currículo atípico en el seno de su propia familia, pues Laurence Debray es la hija de Elizabeth Burgos, escritora venezolana, autora del clásico testimonial Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, y de Régis Debray, el autor del manual de guerrillas ¿Revolución en la revolución? y compañero de armas del Che Guevara en la fatídica experiencia en Bolivia. Régis Debray se haría mundialmente famoso por causa del proceso judicial que lo mantuvo preso en el Chaco boliviano entre 1967 y 1970.

La historia de Debray y Burgos puede que resuma como la de ninguna otra pareja las relaciones entre Francia y América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Dos hechos harán de parteaguas de los distintos derroteros intelectuales y políticos que asumirán sus vidas en las décadas siguientes: la fidelidad o el distanciamiento con respecto a la Revolución cubana, y el nacimiento de la única hija de la pareja, en 1976. En esta encrucijada se sitúa este magnífico libro de tempranas memorias.

Sobre su propia llegada al mundo, dice la autora: “Yo llegaré tres años después de la muerte de Allende, como el remanente de una historia épica, saldada por los muertos y los grandes momentos de esperanza, de fraternidad y de desilusión. Yo era como un regalo de despedida a la revolución. Y un regalo de bienvenida a Francia.” Esta transición mostraría de inmediato su costado problemático, que será vivido por Debray como la conflictiva imposibilidad de tener una vida normal y en común junto a sus padres: “No tengo ningún recuerdo de mis padres haciendo juntos alguna cosa por mí o para mí.”

Además de las heridas de la infancia, están las lagunas de la conciencia. Por ello, desde su primera página, este libro se estructura también como un relato policiaco de la memoria. Pues hasta un momento avanzado de su vida, la hija de revolucionarios no sabrá que es una hija de revolucionarios. Hay un gran silencio que cubre la etapa anterior a su nacimiento y que se resume en el punto álgido del affaire Debray: ¿fue su padre el delator del Che Guevara? Laurence responde a esta y a otras preguntas indagando en periódicos, archivos y testimonios de la época, en un esfuerzo por levantar el tupido velo que sus padres han corrido sobre el pasado inmediato. Así, de esa fuente hermética manarán las contradicciones que explican su propia vida: la para nada convencional relación entre sus padres, un entorno social exótico en comparación con el de sus compañeros de clases y, sobre todo, las particularidades de la educación recibida. Por ejemplo, cuando a los diez años de edad Laurence es colocada por su padre en la disyuntiva de elegir de qué lado de la trinchera ideológica quiere estar. Para ello, la envían un mes a Cuba durante el verano de 1986, a entrenarse en los famosos “campamentos de pioneros”, donde a los niños se les enseñaba, además de las bondades doctrinarias del marxismo-leninismo, a disparar armas de fuego. El periplo cubano será completado de forma inmediata con una estadía de un mes en un típico campamento juvenil en Estados Unidos, con fogatas, malvaviscos y cánticos nocturnos.

Sin caer en la encrucijada que le propone su padre, Laurence no elige ni el confort idiotizante del imperialismo norteamericano ni la solidaridad calamitosa del socialismo cubano. Ella decide convertirse en lo que para ese entonces ya es con plena conciencia: una europea. Esta rebeldía de la sensatez es quizás el rasgo más atrayente de la personalidad de Debray, quien irá perfilando su visión de mundo a contracorriente de la de sus padres. Sin embargo, estos no solo no le impondrán horarios de llegada nocturnos ni restricciones de ningún tipo, sino que incluso le darán la libertad de ampararse bajo otras figuras maternales y paternales. Algunas provendrán del selecto grupo de amigos de Elizabeth Burgos y Régis Debray, entre quienes estaban la actriz Simone Signoret y el pintor chileno Roberto Matta, en calidad de madrina y padrino, respectivamente, así como Julio Cortázar, quien solía sentarla en sus piernas cuando era una chiquilla, o Jane Fonda, quien le regalará su primer peluche.

A lo largo del libro, el antagonismo entre Laurence y Régis se hará más pronunciado. Las memorias familiares se irán decantando hasta asumir la forma de una “carta al padre”. Este enfrentamiento se canalizará través de una fascinación que al principio luce caprichosa: la que siente Laurence por la figura del rey Juan Carlos I de España. Producto de un viaje a la península ibérica en 1981, en plena efervescencia de la transición española, Laurence hará del rey español una estrella pop cuyo afiche adornará una pared de su cuarto. Afiche que su padre intentará, infructuosamente, sustituir por uno de François Mitterrand.

Esta distancia se mantendrá y por momentos se acentuará con los años. “La escritura se convertirá en nuestro medio de comunicación”, dice Laurence, “él publicó La República explicada a mi hija y yo repliqué dos años después con La forja de un Rey, mi primer libro publicado en español”. Se refiere a su tesis de la maestría de historia de la Sorbona en torno al rey Juan Carlos I. Esta tesis, publicada en 2000, fue el antecedente de su biografía Juan Carlos de España, de 2013. A la biografía siguió un documental donde Debray pudo entrevistar al rey emérito (Televisión Española censuró la película, aunque figurara como parte de la producción).

Este interés sostenido hacia la figura del rey Juan Carlos I por parte de Laurence Debray es elocuente, pues ¿no fue ella misma quien, dentro de su historia familiar, con su nacimiento provocó la transición entre la guerrilla y París? Con la madurez, la “carta al padre” se convierte en un aguerrido texto político, lo cual explica los tres premios que el libro ha obtenido hasta ahora: el Prix du livre politique, el Prix des députés y el Prix étudiant du livre politique France Culture. Reconocimientos que, junto a los más de quince mil ejemplares vendidos en su país, pueden ser el signo alentador de un pequeño cambio. Pues Laurence, en su choque con Régis, libra una batalla intelectual contra toda una especie que todavía abunda en Francia: la del intelectual revolucionario de café. Ese que tan bien supo caracterizar Curzio Malaparte en su Diario de un extranjero en París, cuando veía a Jean-Paul Sartre forjar su leyenda en los restaurantes del bulevar Saint-Germain. “Para mi padre”, dice Laurence Debray, “América Latina constituye una aventura pasajera que le valió la fama; para mí, es una realidad que corre por mis venas”. Reivindicación de la herencia materna pero también de una genuina pasión irrigada con sus propias emociones, creencias y experiencias.

Por ello, cobra aún más valor la denuncia final que hace Laurence Debray de la naturaleza autoritaria de la Revolución cubana y su dramática encarnación actual en Venezuela, así como del papel que la izquierda exquisita europea ha tenido en la legitimación de esos regímenes: “Venezuela no es un lugar de experimentación política para entretener a la izquierda francesa, cómodamente instalada en los mejores restaurantes parisinos, mientras allá no se consigue papel toilette o medicinas. Venezuela no es una teoría, es una vivencia y un sufrimiento.”

Vivencias y sufrimientos que Laurence Debray ha reconstruido para nosotros con esa valentía e impiedad que, como ya lo advertía el epígrafe de Molière que abre el libro, solo inspira el amor más puro. ~

Carta de Pablo Neruda a Miguel Otero Silva (Caracas 1948) – Blog Polis – 12 de Noviembre 2018

IMG_1791.pngUn viajero me trajo tu carta escrita con palabras invisibles, sobre su traje, en sus ojos.

Qué alegre eres, Miguel, qué alegres somos!

Ya no queda en un mundo de úlceras estucadas sino nosotros, indefinidamente alegres.

Veo pasar al cuervo y no me puede hacer daño.

Tú observas al escorpión y limpias tu guitarra.

Vivimos entre las fieras, cantando, y cuando tocamos un hombre, la materia de alguien en quien creíamos, y éste se desmorona como un pastel podrido, tú en tu venezolano patrimonio recoges lo que puede salvarse, mientras que yo defiendo la brasa de la vida.

Qué alegría, Miguel!

¿Tú me preguntarás dónde estoy? Te contaré – dando sólo detalles útiles al Gobierno que en esta costa llena de piedras salvajes se unen el mar y el campo, olas y pinos, águilas y petreles, espumas y praderas.

Has visto desde muy cerca y todo el día cómo vuelan los pájaros del mar? Parece que llevaran las cartas del mundo a sus destinos.

Pasan los alcatraces como barcos del viento, otras aves que vuelan como flechas y traen los mensajes de reyes difuntos, de los príncipes enterrados con hilos de turquesa en las costas andinas y las gaviotas hechas de blancura redonda, que olvidan continuamente sus mensajes.

Qué azul es la vida, Miguel, cuando hemos puesto en ella amor y lucha, palabras que son el pan y el vino, palabras que ellos no pueden deshonrar todavía porque nosotros salimos a la calle con escopeta y cantos.

Están perdidos con nosotros, Miguel.

Qué pueden hacer sino matarnos y aun así les resulta un mal negocio, sólo pueden tratar de alquilar un piso frente a nosotros y seguirnos para aprender a reír y a llorar como nosotros.

Cuando yo escribía versos de amor, que me brotaban por todas partes, y me moría de tristeza, errante, abandonado, royendo el alfabeto, me decían: “Qué grande eres, oh Teócrito!” Yo no soy Teócrito: tomé a la vida, me puse frente a ella, la

besé hasta vencerla, y luego me fuí por los callejones de las minas a ver cómo vivían otros hombres.

Y cuando salí con las manos teñidas de basura y dolores las levanté mostrándolas en las cuerdas de oro, y dije: “Yo no comparto el crimen.”

Tosieron, se disgustaron mucho, me quitaron el saludo, me dejaron de llamar Teócrito, y terminaron por insultarme y mandar toda la policía a encarcelarme, porque no seguía preocupado exclusivamente de asuntos metafísicos.

Pero yo había conquistado la alegría.

Desde entonces me levanté leyendo las cartas que traen las aves del mar desde tan lejos, cartas que vienen mojadas, mensajes que poco a poco voy traduciendo con lentitud y seguridad: soy meticuloso como un ingeniero en este extraño oficio.

Y salgo de repente a la ventana. Es un cuadrado de transparencia, es pura la distancia de hierbas y peñascos, y así voy trabajando entre las cosas que amo: olas, piedras, avispas, con una embriagadora felicidad marina.

Pero a nadie le gusta que estemos alegres, a ti te asignaron un papel bonachón: “Pero no exagere, no se preocupe,” y a mí me quisieron clavar en un insectario, entre las lágrimas, para que éstas me ahogaran y ellos pudieran decir sus discursos en mi tumba.

Yo recuerdo un día en la pampa arenosa del salitre, había quinientos hombres en huelga. Era la tarde abrazadora de Tarapacá. Y cuando los rostros habían recogido toda la arena y el desangrado sol seco del desierto, yo vi llegar a mi corazón, como una copa que odio, la vieja melancolía.

Aquella hora de crisis, en la desolación de los salares, en ese minuto débil de la lucha en que podríamos haber sido vencidos, una niña pequeñita y pálida venida de las minas dijo con una voz valiente en que se juntaban el cristal y el acero un poema tuyo, un viejo poema tuyo que rueda entre los ojos arrugados de todos los obreros y labradores de mi patria, de América.

Y aquel trozo de canto tuyo refulgió de repente en mi boca como una flor purpúrea y bajó hacia mi sangre, llenándola de nuevo con una alegría desbordante, nacida de tu canto.

Y yo pensé no sólo en ti, sino en tu Venezuela amarga.

Hace años, vi un estudiante que tenía en los tobillos la señal de las cadenas que un general le había impuesto, y me contó cómo los encadenados trabajaban en los caminos y los calabozos donde la gente se perdía. Porque así ha sido nuestra América: una llanura con ríos devorantes y constelaciones de mariposas (en algunos sitios, las esmeraldas son espesas como manzanas), pero siempre a lo largo de la noche y de los ríos hay tobillos que sangran, antes cerca del petróleo, hoy cerca del nitrato, en Pisagua, donde un déspota sucio ha enterrado la flor de mi patria para que muera, y él pueda comerciar con los huesos.

Por eso cantas, por eso, para que América deshonrada y herida haga temblar sus mariposas y recoja sus esmeraldas sin la espantosa sangre del castigo, coagulada en las manos de los verdugos y de los mercaderes.

Yo comprendí que alegre estarías, cerca del Orinoco, cantando, seguramente, o bien comprando vino para tu casa, ocupando tu puesto en la lucha y en la alegría, ancho de hombros, como son los poetas de este tiempo – con trajes claros y zapatos de camino -.

Desde entonces, he ido pensando que alguna vez te escribiría, y cuando el viajero llegó, todo lleno de historias tuyas que se le desprendían de todo el traje y que bajo los castaños de mi casa se derramaron, me dije: “Ahora”, y tampoco comencé a escribirte. Pero hoy ha sido demasiado: pasó por mi ventana no sólo un ave del mar, sino millares,

y recogí las cartas que nadie lee y que ellas llevan por las orillas del mundo, hasta perderlas.

Y entonces, en cada una leía palabras tuyas y eran como las que yo escribo y sueño y canto, y entonces decidí enviarte esta carta, que termino aquí para mirar por la ventana el mundo que nos pertenece.

Cubans in Venezuela by Carlos Alberto Montaner -Latin American Herald Tribune -21 de Octubre 2018

Latin American genius Carlos Alberto Montaner on Orlando Avendano’s new book and how the small backward island of Cuba came to control Venezuela. 

Luis Almagro affirms that 22,000 Cubans infiltrated Venezuela. Almagro is the Secretary General of the OAS. He has good sources of information. There is no doubt that the intelligence services and other military branches of Cuba completely control Venezuela.

Nicolás Maduro is just a puppet managed by Havana. That is why Fidel and Raúl Castro chose him. His weakness is his greatest appeal. He has no military training, and the Venezuelan communists think he is an improvised militant. He learned everything he knows about Marxism in a course hurriedly taught in the School of Communist Party Cadres “Ñico López” in Cuba. His esoteric idiocies – he talked to the birds, he saw the image of Chávez on the walls – totally discredited him. However, that is convenient for his masters.

Venezuela’s subordination to Cuba is an act against nature. Venezuela is more than eight times the size of the island. It has three times more inhabitants than Cuba. In its 40 years of democracy, which began approximately one year before the Cuban Revolution, the country developed in every aspect, reaching an economic, social and cultural stage much greater than that of the metropolis that today firmly holds it by the crotch and absorbs a good part of its riches.

In that period, Venezuela created about fifty universities and the Venezuelan intelligentsia went to train in the world’s great cultural centers. The result was that around the year 2000, Venezuela, despite all the mistakes made by its rulers, and despite the widespread corruption that existed, was the preeminent nation in Latin America. It was also a net recipient of immigrants, seduced by the clear opportunities to prosper that the country offered to the influx of foreigners.

It is not the first time that a small, poor and culturally inferior country manages to dominate another infinitely superior one. There are other cases, but the example of Mongolia in the thirteenth century is eloquent. Genghis Khan created an empire, the largest in history, which ran from the Korean peninsula in Asia to the Danube in Europe, including China. How did he do it? He knew how to make war. Their archers shot accurately from their small, but strong horses, that at night were bled by the warriors to feed themselves during the long cavalcades.

Genghis Khan was determined to succeed. He generously rewarded those who submitted to him and was implacable with those who resisted. He used the ancient method of stick and carrots. It’s what all empires have done. He had a primitive and clumsy method of government, but it was not a disorderly horde. Simultaneously, he and his captains impregnated every fertile woman they found attractive. Today there are millions of Europeans endowed with Mongolian genes who do not even know about their ferocious ancestors.

Orlando Avendaño, a young Venezuelan journalist and collaborator of PanAm Post, has written a magnificent book about Venezuela’s submission to Cuba. Its title, Days of Submission, is immediately explained in the subtitle: How the Venezuelan democratic system lost the battle against Fidel.

The book opens with a paradoxical phrase of the French writer Michel Houellebecq as an epigraph. The novelist says: “The summit of human happiness lies in the most absolute submission”.

In its controversial anticipatory fiction, entitled Submission, in the elections of 2022 the French elect as rulers an Islamist party and an Islamist president, knowing that they will impose the implacable Sharia as a national law.

Is there a masochist component of a substantial part of Venezuelans in the relations with Castro’s power? I don’t think so. They submit because of fear. Those who leave the country think that everything is lost, and it is preferable to flee than to resist. The military, like everyone else, are aware that 85% of Venezuelans would like that nightmare to end, but they fear Cuban intelligence, secretly present in all the barracks, where rifles and ammunition are separated to avoid any potential conspiracy.

The Havana regime does not know how to create wealth, but it is an expert in maintaining power. It learned it from the KGB and the Stasi. Even the paradox of the “unhappy collaborator” occurs. He is the anguished insignificant person convinced that what he does is terribly harmful, but insists on it because it is part of the structure of terror (he feels terror and also generates it) and suffers something more powerful than the urgent internal moral judgment: the “esprit de corps”. That feeling of belonging that binds human beings and allows them to become beasts.

Carlos Alberto Montaner is a journalist and writer. Born in 1943 in Cuba and exiled, Montaner is known for his more than 25 books and thousands of articles. PODER magazine estimates that more than six million readers have access to his weekly columns throughout Latin America. He is also a political analyst for CNN en Espanol. In 2012, Foreign Policy magazine named Montaner as one of the fifty most influential intellectuals in the Ibero-American world. His latest novel is A Time for Scoundrels. His latest essay is “The President: A Handbook for Voters and the Elected.” His latest book is a review of Las raíces torcidas de América Latina (The Twisted Roots of Latin America), published by Planeta and available in Amazon, in printed or digital version.

La Franquicia Cubana por Alejandro Terán – Reporte Económico – Agosto 2018

136138Image.jpgUn ex integrante de la Fuerza Aérea Venezolana, acaba de publicar un libro llamado La Franquicia Cubana, una dictadura científica.

Eduardo Hurtado, fue miembro de la FAV donde trabajó en tránsito aéreo y en defensa antiaérea. Luego ingresó al Ejército de Estados Unidos donde estudió Aviónica y Electricidad en Armamento de Helicópteros Apache.  Luego formó parte de una unidad especial de inteligencia geoespacial y más tarde fue a la guerra con el ejército norteamericano por lo que es veterano de guerra de esa fuerza militar.

Con todo ese cuadro de formación, sobre todo en investigación e inteligencia, se sentó y escribió un libro donde explica con lujo de detalles como los hermanos Castros, descubrieron una franquicia para perpetuar en el poder a los presidentes.

-¿Por qué es una dictadura científica?

Es una dictadura científica, porque todo está planificado, todo lo que pasa en Venezuela y América Latina, está planificado. Nada es casualidad, ha sido diseñado en un laboratorio de guerra psicológica, de estrategia, se planifica, se ejecuta, se supervisa, se mide y se planifican acciones en consecuencias de esas reacciones en ese determinado momento.

-¿Lo que pasa en Venezuela está preparado?

Efectivamente.

-¿La crisis económica, la destrucción de las empresas?

Todo eso es un plan de Estado para generar una sociedad adoctrinada porque una sociedad adoctrinada no ofrece resistencia, aplican la teoría del caos, de quebrantar la economía, un ser que no tenga estabilidad es un ser manejable.

-¿Hable un poco de esa Franquicia cubana?

Los cubanos se aproximan a los Estados Unidos cuando Fidel Castro llega al poder pero allí no quieren nada con él, entonces se aproxima a los rusos y aplican el método ruso en su propio país. Esa experiencia de 60 años les permite desarrollar una corporación.
Cuando digo franquicia cubana no me refiero a los cubanos, hablo de los Castros. Al sistema de gobierno castristas.

Fidel Castro, crea el Foro de Sao Paulo y allí al estilo resort, vende esa estrategia de presidencia eterna y a cambio quiero que me compres esa franquicia, te vendo la asesoría, como vas a hacer para lavar dinero, controlar las masas, los medios de comunicación, como dominar la parte de operaciones psicológica.

Además de eso te voy a dar entrenamiento y te voy a prestar personal de inteligencia, de espía, de operaciones psicológicas para que en 20 ó 30 años tú mismo aplicas el método.
Esto va a dirigido a quienes quieren perpetuarse en el poder.

-¿Una de las cosas que hemos observado es que en América Latina ha habido muchas elecciones donde han ganado los supuestos franquiciarios. Pero Cuba nunca hizo elecciones?

Cuba hace elecciones lo que pasa es que siempre gana Fidel pero eso es un protocolo para el mundo. En Venezuela desde el 2006 las elecciones fueron un acto protocolar, al mismo tiempo iba comprando tiempo e iba creando una oposición paralela.

-¿Venezuela está llegando al límite de los 20 años que es cuando la franquicia se vuelve eterna?

Podría ser eterna. Ellos han dado en el clavo, han seguido el manual.

-¿Por qué la llamas dictadura científica?

Porque es como un método científico. Hay un análisis científico. Esa es la estrategia de la Caja China, que con un escándalo tapan otro.
Es como una ruleta que persigue generar incertidumbre. Ahorita han creado un clima de esperanza para seguir hundiendo a la gente en la desesperanza.

-¿Qué objetivo persigue este libro?

Educar y quiero dejar en claro que para resolver un problema primero hay que entenderlo y la oposición no tiene nada claro.

Citó como ejemplo el paro de la semana pasada como respuesta al paquetazo de Maduro, pero la oposición va a convocar a un paro en un país que está parado, de allí que la oposición no tiene claro el objetivo, concluye. Alejandro Terán/Reporte Económico

Admiración, respeto y afecto por Bolivar – «El Bolibar de los vascos» – 1983

Unknown.jpegPalabras del primer lehendakari vasco, José Antonio Agirre, recogidas del libro  “El Bolibar de los vascos”  publicado por el Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.

En tierras sujetas a la violen­cia, conocí el alma de América. Errante y solo, sentí la angustia del que todo le falta. Seis meses y medio estuve en países dominados por el nazismo, de los cuales cuatro y medio en Berlín, y en esas horas de incertidumbre, de ansiedad y de angustia, pedí a las almas de América que me instru­yeran. Llevo en mi corazón no sólo la gratitud y la admiración para el hombre que plasmó la más grande empresa de Libertad, sino también una gratitud particu­lar, exclusiva, para los hombres de América y de Venezuela que en ese tiempo de inseguridad y de zo­zobra que he apuntado me ayuda­ron a salvar lo que más quiero: A mi esposa y a mis hijos. Gracias a un diplomático venezolano y gracias al Gobierno y a las autori­dades venezolanas, mi esposa con mis hijos, pudo salir de Europa, como la señora viuda de Guerra, natural de la ciudad de Mérida, la andina ciudad de Venezuela.

No es éste el tema de mi confe­rencia. Quiero apuntar únicamen­te que dentro del alma de todo vasco existe para Bolibar un fondo de profunda admiración, respeto y afecto. Como libertador de pueblos, como fundador de doctrinas magníficas que alum­brarán un día en todo su esplen­dor, porque todavía la doctrina de Bolibar no ha dado todo su rendimiento. Yo os hablo con esta emoción, como vasco, hacia aquel que, sabiendo libertar pueblos, tuvo pensamientos que están ins­criptos en siglos de historia nuestra.

Bolibar. Su época, la del enci­clopedismo, la del liberalismo en la conciencia y en las leyes públi­cas, la de la emancipación de los pueblos sojuzgados. Su empresa, librar media América del yugo es­pañol, reconstituyendo pueblos libres y prósperos.

Empresa digna de quien llevaba sangre vasca en sus venas, conti­nuación de una historia de univer­salidad vasca.

Decir que Bolibar, además de Libertador de América, fue defen­sor de la fe de aquellos naturales, podrá parecer a algunos un con­trasentido.

A este propósito, un recuerdo que además de su actualidad tiene la fuerza de la prueba:

Corrían los años del levanta­miento independentista americano contra la opresión española. Como en tales casos acontece, el poder dominador aprovecha toda clase de recursos y personas para su fin de avasallaje. Entre otros eran aprovechados los eclesiásti­cos que, lejos de ser evangelizadores de una doctrina que es de todos eran propagandistas celosos del poderío español.

Bolibar se dirige a Pío VII, y, en forma personal en veces, otras por medio de embajadas, le ruega con todo el calor de un gobernan­te libertador, que el clero español y españolizante de Venezuela fuera sustituido por clero indíge­na, mejor conocedor del pueblo y más querido de él; que los obispos fueran ocupados por americanos y, en todo caso, provistos desde Roma y no desde Madrid, como acontecía en virtud del regio patronato.

Pío VII comprende rápido la magnitud del hecho expuesto por Bolibar y cruza con él interesantí­sima, cordial y copiosa correspon­dencia, recibe a algunos de sus enviados y se dispone a adoptar medidas en consecuencia. Pero la dominación que no entiende el alto lenguaje de amor que co­mienza a relacionar al Libertador de media América con el Padre de todos los fieles, amenaza con romper con Roma, mueve las Cancillerías europeas, maneja la intriga, sin importarle que con ello ponga en peligro inminente la fe de las nacientes Repúblicas suramericanas. Bolibar, para aquellos «magnánimos defensores de la fe», es masón, hereje y ene­migo de la religión…

Sin embargo, Pío VII da la razón a Bolibar, salta por encima de cuantos obstáculos se le oponen y el sacerdocio elegido desde Roma comienza a penetrar en el pueblo, al que por ser el suyo quiere y comprende.

Es la eterna lucha entre el poder despótico y la razón y el derecho, sin que importe a su ce­guera que de su actitud inicua pierdan la fe pueblos enteros… El caso se ha repetido en muchos pueblos, sin que pueda exceptuar­se a Euzkadi.

 

Historia mundial del comunismo por Elizabeth Burgos – Revista Zeta – 29 de Abril 2018

Unknown.jpegUna obra magistral del francés Thierry Wolton intitulada “Una historia mundial del comunismo”, llegó a su tomo III dedicado a “Los cómplices”, un relato acusatorio del que no escapan escritores como Sartre o Aragon, pero que tangencialmente serviría de acusación a muchos, muchísimos venezolanos que siguen siendo simpatizantes del comunismo.

EL ensayista francés, Thierry Wolton, acaba de ser galardonado con el premio Prix Aujourd’hui por su obra magistral Une Histoire mondiale du Communisme, cuyo tercer tomo, acaba de ser publicado por la Editorial Grasset titulado Les complices (Los Cómplices) en el que analiza las simpatías, incluso, la complicidad, de los intelectuales franceses con un régimen como el comunismo que ha sido culpable del asesinato de millones de seres humanos.

Diez años de investigación, centenas de testigos entrevistados, miles de libros leídos, toda una vida ha invertido Thierry Wolton para dar a la luz pública un inmenso capítulo de la historia contemporánea aún ignorado y que engloba todo un mundo de países que vivieron bajo la tutela del marxismo-leninismo, y países que todavía hoy imponen a su población el régimen totalitario inventado por Lenin y Stalin: China, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua. El primer tomo de la Historia Mundial del Comunismo, “Les bourreaux” (Los verdugos) (Grasset, 2015), versa sobre los dirigentes de los Jemeres Rojos, y los ideólogos del maoísmo y del estalinismo; el segundo tomo “Les victimes” (2015), sobre los millones de muertos en el Gulag y los movimientos de masa comunistas.

El tercer tomo, “Los Cómplices”, trata de todos los países no comunistas en los que, como en Francia, los intelectuales, fascinados por el comunismo, fueron amigos o mantuvieron una actitud complaciente con los regímenes comunistas. Un volumen en el que el autor revela la ausencia de lucidez ante la realidad de la represión masiva y del totalitarismo, hechos evidentes, que dominaban en la URSS, según el axioma de la época: “mejor equivocarse con Jean-Paul Sartre que tener razón con Raymond Aron”, y hoy siguen dominando en China, en Cuba, en Corea del Norte, en Venezuela, como lo denuncia el autor en una reciente entrevista.

El autor atribuye la simpatía particular, “la ceguera de los intelectuales franceses, y en general del mundo hacia la ideología del comunismo” al legado cultural de varios siglos de la Ilustración, a la noción de progreso que le es inherente y que ha nutrido el proyecto comunista. Pero el caso específico de Francia, el autor lo atribuye al hecho de que la mayoría de los intelectuales, como el caso de Sartre, etc., vivieron y continuaron publicando durante la Ocupación alemana, se plegaron al sistema de censura, y en el momento de la Liberación, sufrieron de un complejo de culpabilidad, sintiéndose en la necesidad de buscar la manera de borrar ese pecado original y entonces se sumaron al tren de los vencedores de Stalingrado, del Ejército Rojo, pero también al infierno que ese régimen representaba, mirando hacia otro lado o justificando la necesidad de la represión en aras de salvación de un régimen que proveía la felicidad en la tierra para los desposeídos y profetizaba la igualdad sobre la tierra.

El autor cita nombres como el de Sartre que se dedicó a apoyar a la URSS, a China y a cuanto movimiento terrorista aparecía en el firmamento: las Brigadas Rojas en Italia, los terroristas alemanes, su apoyo incondicional al régimen cubano, etc. Pero los dardos más certeros de Thierry Wolton los dirige al gran poeta Louis Aragon, que considera como el “bellaco de mayor envergadura” al que se le excusa de su complicidad con el estalinismo en tanto que militante del Partido Comunista Francés, bajo el pretexto de que se trata de un gran poeta, mientras que no se le perdonan a Celine, también un gran escritor, sus simpatías con el nazismo y su antisemitismo. El autor se rebela contra esa ley que hoy día se mantiene en vigor, la de dos pesas y dos medidas: a unos se les perdona y a otros no, cuando ambos incurrieron, o en la participación, o en el apoyo a millones de crímenes. Wolton ilustra su relato con citaciones de los escritores identificados con el comunismo, como también, la evolución de muchas personalidades de la política francesa a los que les dedica el capítulo “La ceguedad voluntaria”.

La trilogía de Thierry Wolton abarca 3.500 páginas en total. En las diversas entrevistas que el autor ha acordado, no disimula que su obra fue motivada por la indignación, su fuerza ha sido inspirada por la pasión de dar a conocer hasta dónde puede llegar la sumisión de inteligencias esclarecidas en los supuestos herederos del siglo de las Luces y convertirlas en propagandistas de un sistema asesino. Y hasta dónde puede llegar todavía hoy la negación de un proyecto que cuenta con 80 millones de víctimas, que no sólo sufrieron en carne propia la represión, sino que murieron en una soledad total, sufriendo el escarnio de una propaganda mentirosa que les valió el desprecio y el odio hasta de su propia familia. Pienso en el caso de los exiliados y los combatientes anti-castristas cubanos, tratados de “gusanos” que hasta época muy reciente, fueron ignorados por los organismos de solidaridad internacionales, en particular, por los latinoamericanos. El caso de la ignorancia en relación de la situación venezolana, o el apoyo al chavismo-madurismo de sectores de la izquierda latinoamericana, muchos de los cuales fueron favorecidos por la solidaridad venezolana cuando fueron víctimas de las dictaduras en sus respectivos países, es una prueba de esa ceguera que hoy denuncia Thierry Wolton y que en el caso francés sigue siendo de actualidad, como lo vemos cada día en el apoyo que se le prodiga al régimen de Maduro en los círculos de izquierda. Sin pestañar, Jean-Luc Melanchon y acólitos afirman que los 130 muertos durante las manifestaciones en Venezuela fueron obra de la oposición que está armada con armas de guerra. Que Leopoldo López, ha sido condenado por poseer un arsenal de guerra en su casa. Que los presos políticos, son políticos que han utilizado la violencia contra el Estado por lo que en un régimen democrático, y en Francia, también serían condenados.

La ceguedad y la condescendencia de los políticos demócratas latinoamericanos con respecto al régimen castrista y su inconsciencia al no percatarse de la obra de destrucción que desde el interior obraban los grupos adeptos a La Habana, carcomiendo las frágiles instituciones democráticas que comenzaban a retoñar, son los grandes responsables del retroceso que ha sufrido la democracia en el continente. Que un país como Venezuela, que sufrió una herida profunda en su naciente democracia cuyas consecuencias las está viviendo todavía de manera dramática, decidiera otorgarle a Fidel Castro un borrón y cuenta nueva, como si nada hubieses sucedido, y estableciera relaciones diplomáticas sin oponerle condición alguna, antes por el contrario, se le ofrecieran puertas abiertas, es un hecho que merece reflexión. Un mínimo de coherencia y rigor, son indispensables por parte de quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos.

Esperemos que la obra de Thierry Wolton contribuya a reflexionar y a corregir la norma de eximir unas dictaduras y condenar a otras.

En su monumental ensayo en tres tomos sobre la historia del comunismo, Thierry Wolton cuenta sin tapujos un siglo de ideología comunista.

Casas muertas por Miguel Otero Silva – 1955

UnknownEn 1955, Miguel Otero Silva publicó su segundo libro “Casas muertas” donde refleja la entonces situación del país en retraso. Hoy en día, un fragmento de la novela se vuelve viral por la semejanza que tiene en 2017. Quienes lo difunden resaltan la importancia literaria que tuvo hace unos años y lo reafirman actualmente.

*A continuación, el fragmento:*

“`Yo no vi las casas, ni vi las ruinas. Yo sólo vi las llagas de los hombres. Se están derrumbando como las casas, como el país en el que nacimos. No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado cómo los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice.

Los estudiantes dejaron sus casas y sus libros y sus novias, para hundirse en los calabozos de la Rotunda y del Castillo, para que los mataran de un tiro, para que los mandaran a morirse en Palenque. Sería un crimen dejarlo solos.

Los que mandan son cuatro, veinte, cien, diez mil. Pero los otros, los que soportamos los planazos y bajamos la cabeza, somos tres millones. Yo sí creo que se puede hacer algo. Yo no soy un iluso, ni un poeta del pueblo, sino un llanero que se gana la vida con sus manos, que ha criado becerros, que ha domado caballos. Y sé que se puede hacer algo.

Yo no soy partidario de la guerra civil como sistema, pero en el momento presente Venezuela no tiene otra salida sino echar plomo. El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, o en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.“

“Casas Muertas” de Miguel Otero Silva – 1955

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“Yo no vi las casas, ni vi las ruinas. Yo sólo vi las llagas de los hombres.
Se están derrumbando como las casas, como el país en el que nacimos.”

“No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado cómo los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice.”

“Los estudiantes dejaron sus casas y sus libros y sus novias, para hundirse en los calabozos de la Rotunda y del Castillo, para que los mataran de un tiro, para que los mandaran a morirse en Palenque. Sería un crimen dejarlo solos.”

“Los que mandan son cuatro, veinte, cien, diez mil. Pero los otros, los que soportamos los planazos y bajamos la cabeza, somos tres millones. Yo sí creo que se puede hacer algo. Yo no soy un iluso, ni un poeta del pueblo, sino un llanero que se gana la vida con sus manos, que ha criado becerros, que ha domado caballos. Y sé que se pueda hacer algo.”

“yo no soy partidario de la guerra civil como sistema, pero en el momento presente Venezuela no tiene otra salida sino echar plomo. El civilismo de los estudiantes terminó en la cárcel. Los hombres dignos que han osado escribir, protestar, pensar, también están en la cárcel, o en el destierro, o en el cementerio. Se tortura, se roba, se mata, se exprime hasta la última gota de sangre del país. Eso es peor que la guerra civil. Y es también una guerra civil en la cual uno solo pega, mientras el otro, que somos casi todos los venezolanos, recibe los golpes.”

Miguel Otero Silva, Casas Muertas. 1955

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