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La desinformación como política de Estado – Editorial Revista SIC – Marzo 2020

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La política comunicacional del Estado es desinformar, lo más y mejor posible a la población. Lograr que la gente realmente no sepa lo que ocurre a su alrededor. Que los ciudadanos sean como islas, hablando lenguajes diferentes, sobre realidades distintas. Este es uno de los mayores logros de la política comunicacional del Gobierno. Y su éxito no es producto de la casualidad. Como política, fue planificada y ejecutada según tiempos y contextos precisos, que les indicaron cómo y cuándo cerrar una radio, censurar a un periodista o terminar la concesión de una televisora pública.

Quizás todo comenzó en 2002, después de abril, o el mismísimo día del golpe, cuando se vieron perdidos y sin canales para enviar información a sus seguidores. Desde entonces, han trabajado disciplinadamente para ser los únicos en el espectro radioeléctrico. Que, en la mayoría de los estados del país, según el Instituto de Prensa y Sociedad (ipys), ya no haya medios impresos independientes o emisoras de radio con una oferta informativa distinta a la del poder, salvo algunas excepciones, como Radio Fe y Alegría o Unión Radio, no es casual, es una política del Estado.

OBSTRUCCIÓN ARTERIAL, OBSTRUCCIÓN COMUNICACIONAL

Es como si el Estado hubiese cerrado las válvulas que le permiten al cuerpo, al país, circular la información, la sangre que llega al cerebro y oxigena. Es como si las venas estuvieran obstruidas por toneladas de grasa y nada es capaz de pasar por ellas. Pasa lo mismo con la comunicación. Se cortaron los canales, las vías de acceso y distribución. Se cortaron no, las cortaron, para decirlo mejor.

Por estos días no basta con generar información, es aún más importante hacerla circular. Hacer que llegue hasta los ciudadanos, para que puedan ejercer el derecho a estar informados. Para que puedan tomar decisiones sobre sus vidas. Para que sean capaces de discernir y hacerse una opinión lo más ajustada a la realidad posible. La desinformación es una de las herramientas más valiosas del poder, así como los militares. Los segundos sostienen por la fuerza de la represión a un gobierno ilegítimo, la primera desmoviliza a las masas, les impide saberse cuerpo. Les coarta la posibilidad de reconocerse en las aspiraciones colectivas de libertad.

DESCONEXIÓN

Por más que suene a cantaleta, es necesario repetirlo hasta la saciedad. Venezuela es el país con el Internet más lento de América Latina. Es uno de los últimos en la lista universal de conectividad. Aunque parezca una información repetida, la mayoría de los venezolanos no lo sabe. No están conscientes de lo que eso significa para sus vidas, para su cotidianidad. No estar conectado a la red es perderse de la posibilidad de acceder a información veraz y oportuna.

Ante el cierre de los medios tradicionales, las redes sociales y los portales de noticias se han levantado para contar la historia de un país sumido en la precariedad. Los periodistas están ahí, los escritores no se han marchado. La letra sigue publicándose, aunque ya no en papel y tinta, aunque ya no escuches la voz ni veas sus caras en la televisión pública. El Internet es una vía expresa para conectar a la gente y visibilizar sus necesidades. Aunque se corra el riesgo de propagar basura informativa, la ciudadanía tendría más elementos para separar y seleccionar a su gusto y necesidad.

Decía Gabriel García Márquez: “El periodismo es una necesidad biológica”, quizás sí. Tal vez si lo entendemos como la necesidad que todos los seres humanos experimentamos, en tono de angustia, por querer saber qué está pasando a nuestro alrededor. Por eso el Gobierno lo controla casi todo; pero, definitivamente, no es capaz de controlar las ganas que la gente tiene de saber lo que ocurre, para tener una opinión, o simplemente para llevar la contraria.

RADIO Y TELEVISIÓN

Si usted prende la televisión pública a esta hora, es altamente probable que no encuentre programas informativos que interpelen la gestión del Gobierno. Es casi seguro que usted solo escuche consignas y denuncias a la intervención del imperio en los asuntos domésticos del país. También es probable que solo escuche música; es otra forma de silenciar.

Ante la imposibilidad de acceder a medios tradicionales y de alcance masivo, ¿cómo se puede informar la población? Además de los canales virtuales, a los que se accede vía internet, el “boca a boca” cobra fuerza. Según un estudio de consumo informativo, realizado por una encuestadora caraqueña en marzo de 2019, el 5,3 % de los ciudadanos asegura informarse por medio de amigos o familiares. Impera la premisa anterior del querer saber, y eso da señales de esperanza.

Ese mismo estudio revela que la televisión se lleva el 58,2 %, ¿de qué se puede informar alguien mirando la televisión nacional? y la radio, apenas, el 7,0 %. Los medios digitales (páginas web, Twitter, Facebook, WhatsApp, Instagram) suman juntos 27,9 %. Este último dato también ofrece una alternativa para hacer circular las noticias de persona a persona, de celular a celular, de mensaje a mensaje. ¿Es posible diversificar la distribución de noticias en el país? La respuesta es sí. Absolutamente sí. Solo basta que usted, que está leyendo esta página hoy, se comprometa. Que se sume a la cruzada de contar lo que ocurre a su alrededor.

Si usted es de los que tiene acceso a Internet, anote los datos, contraste, verifique, luego compártalos, cuéntele a sus hijos, a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo. Haga como ese hombre o esa mujer que hace cincuenta años se leía el periódico y luego lo comentaba en una esquina del pueblo, con un café en la mano, con ganas de hacer opinión pública.

NO ES DE INGENUOS, ES DE PERSISTENTES

La hegemonía comunicacional es cuestionable, no es absoluta. Otra cosa que no ha logrado el poder es hacer que los demás crean sus historias, aunque sean casi los únicos en aparecer en pantalla. La gente duda, porque sabe que el cuento está a medio camino, que le faltan datos. El Gobierno podrá tener el control de los medios, pero la realidad lo supera. Solo basta con generar un debate entre dos o tres para que la veracidad se imponga. ¿Vive usted mejor que hace cuatro años?, ¿se siente más seguro cuando camina por la calle?, ¿puede comprar más comida?, ¿puede comprar los medicamentos que necesita? Es sencillo, solo basta responder estas preguntas y la realidad se impondrá a los discursos, las excusas y las consignas.

La desinformación en países carentes de libertades es fundamental para la sobrevivencia de los opresores. Pero también es en estos contextos que la creatividad sale a flote. Los panfletos en el pasado, los mensajes de WhatsApp en el presente, las canciones de protesta de antaño y el uso de técnicas y aplicaciones para burlar la censura digital son indicativos de que la lucha de los ciudadanos es inagotable a la hora de recuperar las libertades.

No hay que dar por hecho el acceso a la información.

Más del 75 % de la población está total o parcialmente desinformada, apenas se preguntan en cuánto amaneció el dólar. En este sentido es de vital importancia no asumir que todos saben lo que usted descubrió, ahora más que nunca se debe asumir un rol ciudadano que promueva la necesidad de estar informado y de hacer que las informaciones circulen. Conviértase en el eslabón de la cadena que rompieron los que no quieren que usted sea libre, que decida y opine. Sin miedo.

Petróleo venezolano rumbo a Cuba por  Miguel Henrique Otero – Editorial El Nacional – 5 de Abril 2020

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El pasado 29 de marzo, cuatro buques petroleros partieron desde el Complejo Refinador de Amuay, ubicado en la península de Paraguaná, estado Falcón, y se dirigieron hacia tres puertos en Cuba: La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba. Llevaban combustibles de distinto tipo, especialmente gasoil. De acuerdo con los documentos del despacho, que se filtraron desde Petróleos de Venezuela, la cifra de carga fue de 380.000 barriles. Existe una alta probabilidad de que, en realidad, el volumen de lo exportado sobrepase los 500.000 barriles. Las prácticas de subfacturación permite a funcionarios de los dos países hacerse de unas ganancias destinadas directamente a sus bolsillos. También aquí, como en absolutamente todos los ámbitos de actuación de los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la corrupción opera en contra de intereses esenciales de la sociedad venezolana y, también en este caso, de la sociedad cubana.

La información, que no ha recibido la atención que merece, abrumada por el torrente informativo causado por la pandemia, ha causado un legítimo escándalo. Muchos nos preguntamos cómo es posible que un país atravesado por los más extremos padecimientos, muchos de ellos generados por la falta de combustibles, pueda exportarlo a otro país. Este hecho recuerda las políticas de Stalin entre los años 1932 y 1933: mientras millones de campesinos -especialmente de la región ucraniana- morían de hambre, los comunistas exportaban cereales y gastaban fortunas en campañas propagandísticas que hablaban, por ejemplo, del trigo “más nutritivo del mundo”.

Aunque no tenemos información del posible contenido económico de la transacción -si el combustible fue donado o vendido a un precio irrisorio, en relación con su valor del mercado-, lo que sí sabemos es que esos combustibles no aliviarán a los ciudadanos o a las familias cubanas: servirán para enriquecer más al poder que aplasta a los cubanos, para hacer crecer la brecha entre los que tienen acceso al sistema de prebendas comunistas y los que no, y, sobre todo, alimentará los vehículos y las plantas eléctricas de los funcionarios y los policías que viven en sus feudos de privilegio. El envío no es un gesto de solidaridad, ni tampoco su finalidad es política -aunque constituya un desafío al bloqueo-. Se trata de un negocio entre dos poderes corruptos y mafiosos, que se asisten mutuamente. La cuestión se sintetiza en esto: una banda criminal que le envía armas a otra. Porque ese es el propósito del envío: entregar al castrismo un recurso, un arma de dominación sobre la totalidad de la sociedad cubana.

En dos décadas, los subsidios por la venta/entrega de combustibles a Cuba han sumado entre 46 millardos y 54 millardos de dólares, de acuerdo con distintas estimaciones. A ello habría que añadir otros 12 millardos de dólares, que han sido entregados al castrismo, a través de otros mecanismos como donaciones, convenios sin contraprestación real, partidas extraordinarias, gastos por viajes (boletos aéreos, viáticos, gastos de alimentación), contratos por supuestos servicios, pagos por productos agrícolas que nunca llegaron a Venezuela, y más. Al régimen cubano le pagaron por productos alimentarios que no producía en su país, que compraban en el mercado internacional y que luego llegaban a Venezuela a precios inconcebibles. Muchas veces se ha denunciado la operación realizada con el petróleo venezolano: el castrismo lo recibía a precios 40% o 50% por debajo de su costo y lo revendía a precios internacionales. De hecho, muchos barcos de “petróleo para Cuba” partían desde Venezuela directamente a puertos en otros países, que los habían adquirido en negociaciones igualmente opacas.

¿Cuál ha sido el destino de esos recursos que Chávez y Maduro entregaron al castrismo? ¿En qué proyectos han sido invertidos? ¿Han beneficiado, de algún modo, a la sociedad cubana? No: la pobreza extendida y cronificada no ha cambiado en absoluto. Las condiciones de hambre sistemática, de carestía sin remedio, de permanente e irreversible deterioro de todas las infraestructuras, de precariedad en todos los planos de la vida privada y la vida pública, se han mantenido e intensificado.

De hecho, la noticia de los cuatros cargueros enviados a Cuba debe servirnos para poner de bulto el trasfondo de esta cuestión: el petróleo no solo ha sido una gran herramienta para consolidar al régimen de Chávez y Maduro, y aplastar a la sociedad venezolana: ha sido también el arma con que se ha galvanizado y endurecido el siniestro poderío del castrismo sobre cada resquicio de la nación cubana, el arsenal con el que se ha financiado el aplastamiento de la oposición democrática nicaragüense, la chequera con que se han comprado los votos de pequeños países para impedir las resoluciones de la Organización de Estados Americanos en contra de las violaciones de los derechos humanos, la fuente que ha provisto de millones y millones de dólares con que se han lucrado los Kirchner, los Lula Da Silva, los Evo Morales, los Rafael Correa, los Petro y los Vásquez, pero también los Iglesias y los Monedero, los Samper y los Rodríguez Zapatero, y tantos otros que aparecen como luchadores de causas sociales o promotores del diálogo, cuando no son más que feroces usuarios de la cada vez más exigua renta petrolera venezolana.

 

¿Política del garrote y la zanahoria? – Editorial El Nacional – 2 de Abril 2020

No cometeremos la torpeza de subestimar a los decisores políticos estadounidenses. Tampoco de creerles unos titanes infalibles. Ahora bien, con respecto a la historia de las relaciones del coloso del norte con sus vecinos latinoamericanos, resulta obligado tomar en cuenta una importante historia de errores y fracasos, en no poca medida basados en la defectuosa comprensión de sus adversarios en la región.

¿Está ocurriendo ello otra vez con respecto a la crisis venezolana? A primera vista, lo menos que cabe razonablemente decir es que desde Washington se han estado emitiendo señales confusas, y según algunos analistas contradictorias. De un lado se usó el garrote, mediante las acusaciones del Departamento de Justicia a Maduro y otros cabecillas del régimen, acompañadas por una oferta de recompensas en metálico a quienes denuncien su paradero. Del otro lado y a los pocos días, se plantó una propuesta de negociación, quizás la zanahoria de la jugada, dirigida a concertar una transición democrática que obligaría, entre otros aspectos, a la aceptación del fin de su poder por parte de Maduro y la salida de las tropas cubanas de Venezuela. Si lo interpretamos bien, el documento del Departamento de Estado, en la sección de garantías, sugiere la permanencia del actual Alto Mando Militar, incluido el ministro Padrino López, durante la etapa de transición y hasta concretar unas elecciones.

En teoría, pensamos que no se trata de acciones necesariamente contradictorias. De pronto algunos factores internos en Venezuela, del régimen y de la oposición, pidieron a Washington lanzar al aire esta propuesta como un globo de ensayo, a ver qué pasa en vista del creciente acorralamiento de Maduro. O de pronto los decisores estadounidenses están llenando un expediente, por decirlo de ese modo, para dejar en claro y más allá de toda duda que Maduro y los cubanos (es en esencia lo mismo) no están dispuestos a aceptar otra salida que la inmolación, tarde o temprano, en medio del apocalipsis delirante que tanto cautiva las mentes y corazones de nuestros revolucionarios guevaristas.

Y allí, en el guevarismo, está el detalle, como habría dicho el gran Cantinflas. Con esto queremos destacar el elemento emocional, profundamente irracional, que captura  a tantos en América Latina, en su incesante y agotadora confrontación contra el “imperio”. Desde luego que sabemos que la revolución bolivariana ha estado siempre contaminada de corrupción, ahora confirmada por el irredimible pecado del narcotráfico; pero tal realidad no debe impedirnos constatar que existe también una motivación ideológica, una justificación, que funciona para algunos y que no es conveniente menospreciar. Lo afirmamos, pues tal impulso cumple su papel en un escenario muy complejo. América Latina no es una novela inglesa. Es una novela de García Márquez.

Y en nuestro teatro del absurdo, o si se quiere del del realismo mágico, no podrían faltar otros personajes entregados a enredar aún más las cosas, en este caso del lado opositor, que insisten sobre el imperativo del “diálogo”, argumentan que la línea dura contra el régimen, de forma sistemática, lo que obtiene es fortalecerle, y que la salida debe ser pacífica y democrática. A la vez, y a la manera del Departamento de Estado, emiten señales confusas, pues no tienen más remedio que admitir que Maduro es incapaz de hacer el más mínimo gesto sincero en función de una negociación real, y que sencillamente, una y otra vez, Maduro se refugia ante las coyunturas difíciles en los llamados a un “diálogo nacional”, tan falso (diría de nuevo el gran Cantinflas) como “pistola de Mariachi”.

El garrote busca claramente agrietar al régimen desde dentro y producir su quiebre final. La zanahoria busca una negociación genuina que abra el camino del fin, con dolores atenuados. El acto de acrobacia es exigente. Podría tener éxito, o acabar en salto mortal.

¿Patadas de ahogado? – Editorial El Nacional – 1 de Abril 2020

La verdad es que cada día que pasa el régimen parece una comiquita. Para los que no sepan qué es, son secuencias de dibujos animados llenos de situaciones absurdas que provocan hilaridad en los espectadores. Si Venezuela no estuviera en tan malas condiciones, todos se reirían.

Ahora resulta que las fuerzas de seguridad del régimen se dedican a buscar a dirigentes políticos o asesores del presidente interino en sus casas y acusarlos de tener en su poder drogas.

¿Pensaban con esto decirle al mundo entero que ellos sí luchan contra el narcotráfico y no como los acusa el sistema judicial de Estados Unidos, de más bien propiciarlo?

Lo que más bien parece es una respuesta bastante débil ante la avalancha de noticias sobre la supuesta vinculación del régimen con el tráfico de estupefacientes internacional. Aunque eso es otro tema. Lo que tratan de hacer es obvio, pero esta vez no consiguieron los resultados. Es demasiado difícil voltear la tortilla.

El gobierno interino de Juan Guaidó no se va a detener por este tipo de medidas que busca amedrentarlos. El presidente y sus asesores están enfocados en lo que es ahora prioritario, tratar de ayudar a la población a enfrentar la pandemia. Elevar la capacidad de respuesta y atender la emergencia.

Pero una vez más, el régimen muestra sus costuras, porque sus prioridades quedan claras, seguir dando patadas de ahogado a ver si se libera del agua que les rebasa ya el cuello.

En este momento se trata de un asunto de vida o muerte. Los problemas que han generado los del régimen con su incapacidad se van a hacer más evidentes con el paso de los días: no hay gasolina, no hay comunicaciones, no hay producción, no hay dinero.

Si hace unos meses el ingenio del venezolano (de todos los niveles, trabajadores y empresarios) ayudó a que el país se mantuviera a flote, ahora se comienzan a cerrar más las oportunidades, principalmente porque la crisis del combustible se agudiza.

¿Qué medidas tomará el régimen para evitar, ahora sí, que Caracas se quede aislada de los centros de producción que a duras penas antes funcionaban? Les va a estallar la realidad en la cara y no tienen para dónde salir corriendo. Ya no tienen escapatoria.

Ojalá que por lo menos entiendan que lo que trataron de ocultar desde hace años ahora no podrán justificarlo. Deben ceder porque se juegan la vida de miles de venezolanos y no podrán esconderlo.

Cubanovirus – Editorial El Nacional – 24 de Marzo 2020

El régimen de Daniel Ortega anunció la llegada de médicos cubanos para asesorarlos con todo lo relacionado al coronavirus. Microbiólogos, biólogos, infectólogos e intensivistas, entre otros, fueron recibidos por los Ortega, para intercambiar experiencias según la información.

Lo mismo hizo su par en Venezuela, Nicolás Maduro, quien aprovechó las circunstancias para meter más médicos cubanos a nuestro país, con los mismos “logos”, es decir, epidemiólogos, virólogos, infectólogos, que llegan a engrosar las nóminas de pago que Maduro mantiene con el castrismo.

El Salvador, San Vicente y las Granadinas, Jamaica, entre otros, también han solicitado la cooperación del régimen cubano, quien ha sabido vender muy bien sus recetas médicas, aprovechando la actual crisis mundial, e incluso tratar de exportar la idea de que el antiviral Interferón Alfa 2B, producido en ese país a bajo costo -pero no de forma exclusiva porque también es fabricado en otros países- es una cura del coronavirus, cuando la verdad es que solo ha sido usado entre otros medicamentos en China y su impacto todavía está siendo evaluado.

La propaganda cubana funciona y en especial cuando hay crisis y miedo, y así es como logra introducir a sus agentes -aunque no dudamos que algunos sean médicos que deben cumplir órdenes- en los nuevos gobiernos de países que no están viviendo hoy la peste castrista, tal como la conocemos en Venezuela, y quizá es bueno recordarles a nuestros hermanos del continente, como son expertos en tejer redes de información e inteligencia a cuenta de “la simpatía de su lenguaje caribeño”, porque son muy buenos exportando su ideología en países donde sus democracias son frágiles y los partidos de izquierda son cuna del cubanovirus.

Si algo debemos aportar los venezolanos en esta crisis que hoy nos embarga es el alerta temprano sobre las intenciones que tienen las dictaduras de Cuba y Venezuela de expandirse, de influenciar para desestabilizar sistemas democráticos, y lo hacen con la experiencia de 70 años de formación, militancia y control social, y además, con muchísimo dinero, sumas que se pierden en la imaginación del lector, aquellas robadas al pueblo venezolano que hoy reposan en cuentas internacionales a nombre de testaferros, y además, traficando con el Oro de Sangre que no se agota nunca, y otras riquezas minerales de nuestra tierra.

El régimen cubano ha traído represión y odio, división y manipulación a través de la formación ideológica a nuestro país. Además, hay pruebas bien fundamentadas de su inducción y comisión de crímenes de lesa humanidad, como el crimen de la tortura. El pueblo cubano es víctima día a día de la represión, los lideres civiles son encarcelados, juzgados y sometidos a torturas, tratos crueles e inhumanos. Nos preguntamos: ¿cuál es entonces la simpatía que tienen los gobiernos demócratas por la dictadura cubana, muy bien llamada por el recién reelecto secretario general de la OEA, Luis Almagro, como los Jineteros de América?

Reconocimiento tácito – Editorial El Nacional  – 21 de Marzo 2020

La comunicación que le enviaron al Fondo Monetario Internacional es una prueba clara e indudable de que el régimen admite su incapacidad de afrontar la crisis de la pandemia del covid-19 por sí solo.

Es la clara admisión de que el tan cacareado sistema de salud a la cubana no funciona y no está preparado para responder a los venezolanos en estas horas tan oscuras. Bien lo han dicho numerosos analistas, el problema de la llegada de la pandemia a Venezuela se redimensiona si se piensa en el estado de emergencia humanitaria en el que se encuentra el país.

Por eso, el canciller del régimen no tuvo otra opción que contravenir una de las máximas del chavismo, enunciada por su líder máximo, el fallecido Chávez. Han tenido que dar su brazo a torcer y pedirle ayuda a uno de los organismos multilaterales más representativos del capitalismo.

Esto, porque ni que vengan millones de misionarios cubanos ni que China mande aviones de carga con todo lo necesario, es posible manejar los casos de contagiados que deben estarse multiplicando cada día, aunque no lo sepamos.

Los que eran excelentes centros de salud construidos en 40 años de democracia ahora son carcazas vacías. Se perdieron los equipos por falta de mantenimiento y se perdió el capital humano formado magistralmente en las universidades del país.

Ahora, los médicos venezolanos contribuyen en otros países a tratar a los enfermos y con su inmensa sapiencia y calidad humana seguro serán un bálsamo para los contagiados.

Ojalá pudiéramos traerlos de vuelta y asegurarles el ejercicio de su profesión como se lo merecen. Ellos sabes cuál es su deber, al contrario del régimen, que ahora se escuda detrás de las sanciones para justificar el estado de abandono de nuestro sistema de salud.

Pero que nadie se llame a engaños. Todo el mundo sabe que las sanciones no tienen incidencia en cuestiones de salud. También saben los venezolanos que para que el FMI responda afirmativamente al pedido del régimen antes exigirán garantías que ellos no están en capacidad de dar.

Una vez más, el venezolano está entrampado en un juego de intereses políticos y económicos. Ojalá reine la cordura y se pongan a trabajar para que podamos enfrentar la amenaza del covid-19.

Las FAES, grupo de exterminio por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 15 de Marzo 2020

2019082608585583990Ahora mismo, no hay en el mundo un grupo de exterminio estatal como las FAES, la unidad elite de la Policía Nacional Bolivariana -PNB-. Su nivel de letalidad supera con creces al que podría ser hoy su pariente más próximo: el Grupo de Detección e Investigación Criminal, de Filipinas, dirigido desde el más alto nivel del poder que encabeza Rodrigo Duterte, el gobernante de ese país. En tres años y medio -julio de 2016 a noviembre de 2019-, de acuerdo a cifras del propio gobierno filipino, la supuesta guerra contra el tráfico de drogas habría acabado con las vidas de 5 mil 552 personas (muchos de ellos, dirigentes sindicales, ambientalistas y defensores de los Derechos Humanos). Baste con decir que, solo en 2018, de acuerdo a cifras del régimen madurista, en nuestro país fueron liquidadas 5 mil trescientas personas (mientras, el Observatorio Venezolano de la Violencia -OVV- estima que las muertes reales superan las 7 mil 500). Esto significa que la letalidad de las FAES es más de tres veces mayor, en un país que tiene menos de un tercio de la población de Filipinas.

También las FAES, anunciadas en 2016 y puestas en funcionamiento en julio de 2017, fueron creadas por la más alta instancia del poder, con una doble y específica finalidad: matar y sembrar el país de miedo. No hay especulación en esto: se diseñó una organización uniformada de negro -que, en el marco de sus prácticas, representa el color de la muerte y el luto-, que utiliza una calavera como un elemento presente en sus uniformes, y que enmascara a sus funcionarios, tanto en sus operaciones como en sus exhibiciones públicas. Hay que entenderlo: las máscaras no solo tienen como finalidad ocultar el rostro de los funcionarios. El principal objetivo es infundir terror. Hacer de las FAES una presencia temible y temida por la sociedad venezolana.

Basta con ver los numerosísimos videos o fotografías que circulan en las redes sociales para estimar que la inversión que se ha hecho en esta organización debe haber sido enorme: toda clase de lujosos y variados vehículos, armas largas de alto calibre, uniformes y equipos del más alto costo y, por supuesto, una dotación de máscaras y pasamontañas, que no tiene antecedentes en la historia de los cuerpos policiales venezolanos.

Como es previsible, las FAES están rodeadas de opacidad. Se han publicado reportajes -Reuters, BBC Mundo, Infobae, entre otros- que hablan de una estructura de 1200 a 1500 miembros. No solo habrían sido reclutados en varios cuerpos policiales, sino que entre sus filas cuentan con miembros provenientes de las bandas de delincuentes y paramilitares conocidas como colectivos. El entrenamiento que reciben no se limita a las técnicas policiales y militares -en particular, a la producción masificada de francotiradores- sino a la configuración de un enemigo interno, encarnado por líderes de la oposición democrática, periodistas, personas que protestan, dirigentes de los barrios que reclaman sus derechos y el deterioro de las condiciones de vida de las comunidades en las que habitan. Al igual que los exterminadores de Filipinas, bajo la promesa de combatir la delincuencia, se asesinan a ciudadanos inocentes e indefensos.

Desde finales del 2017 vienen circulando testimonios simplemente pavorosos, historias de extrema ferocidad e indefensión, que han ocurrido en barriadas o zonas populares, en Caracas y en otras ciudades. La mayoría de estos ataques responden a un patrón, a un método para asesinar. Funciona así.

En la mayoría de los casos, se trata de operaciones nocturnas, aunque también se han producido a plena luz del día. Un piquete de asesinos uniformados de negro, encapuchados o enmascarados, portando armas largas, llega a un barrio o urbanización. Atraviesan uno o dos vehículos en la calle, para impedir la libre circulación. Golpean o derriban la puerta, en medio de la madrugada. A partir de ese momento, nada importa: si hay niños (como ha ocurrido), si hay ancianos (como ha ocurrido) o si hay mujeres en situación de embarazo (como ha ocurrido). El espectáculo de la atrocidad es parte del guion FAES.

De inmediato proceden a desalojar a las familias del propio hogar. Los alejan unos metros, pero no demasiado: de este modo se aseguran que los gritos y las detonaciones sean escuchados. Hay numerosos testimonios que lo reiteran: antes de matarlos, a varias de las víctimas las han golpeado y torturado. Después de los aullidos de dolor, a continuación, siguen los disparos a quemarropa. Recogen el cadáver, lo meten en un vehículo y lo dejan en un hospital o morgue. Algunos relatos publicados consignan variantes: hay quienes han sido llevados de sus casas, desaparecidos por horas, y luego asesinados en las inmediaciones. En todos los casos, los criminales reportan lo mismo: dado de baja por resistirse a la autoridad.

No solo matan a quienes, en la mayoría de los casos, son el sostén económico de sus familias. También desvalijan los hogares: se llevan dinero, medicamentos, comida, equipos informáticos, ropas, zapatos, juguetes y hasta bicicletas. Y, antes de marcharse, rompen objetos, destrozan el lugar para simular un enfrentamiento, disparan a las paredes, siembran armas, drogas u objetos robados.

Esta organización, destinada a propagar la muerte y el terror real, ha realizado su misión con éxito: la sociedad venezolana les teme, tanto o más que a los delincuentes. Los venezolanos sabemos, además, que gozan de total impunidad. Al contrario, como cuerpo de muerte estrella, se benefician del derecho al botín, al saqueo de las propiedades de las víctimas. En alguna ocasión, cuando se han levantado denuncias en contra de este ejército de asesinos, Maduro ha respondido: ¡qué viva el FAES!

El parto inhumano – Editorial El Nacional  – 5 de Marzo 2020

La ignorancia es libre y osada. Pero más lo es la maldad, que en algunos casos llega a ser hasta infinita. Cuando el jefe del régimen grita “¡A parir!”, se podría pensar que es una orden de un comandante militar que debe automáticamente cumplirse. Sin embargo, no es más que el reflejo de una infinita perversidad.

No puede decir el señor que hace semejante llamado que no sabe que entre 13% y 16% de la población infantil venezolana sufre desnutrición, de acuerdo con lo que indican organizaciones como Cáritas. No puede decir el usurpador que no sabe que Venezuela es uno de los países con mayores cifras de embarazo precoz.

Que nadie venga con que en las alturas del poder ignoran que la malnutrición se extiende a la mujer embarazada y que la falta de controles previos pueden llevar a un parto con muchas dificultades.

Ahora vienen con el cuento del “parto humanizado”. Lo dicen los que han demostrado ser más inhumanos que la palabra misma. Los que dejan que los servicios del Hospital J. M. de los Ríos cierre porque no les pagan bien a los médicos.

¿Acaso este nuevo invento importado de Cuba va a ser suficiente para que todos esos niños que nazcan tengan asegurada una infancia plena y un crecimiento feliz? Hace falta mucho más que eso.

Lo que sucede es que el heredero del legado del comandante eterno insiste en que “el socialismo se aprende desde el vientre”, y después de 20 años de sufrimiento quiere hacerle creer a los venezolanos que no hay nada más humano que ese invento que fracasó en el mundo entero y que carcome la vida de cientos de cubanos.

Pero, además, hay que seguir justificando la presencia de cubanos y hay que ponerlos a lavar los cerebros más vulnerables. Nada más hay que pensar en que 70% de las adolescentes en este país está embarazada y que caerán en manos de agentes de la isla que les hablarán de las bondades socialistas.

¿Lactancia materna? ¿Cómo puede una embarazada darle pecho a su hijo si no come? La leche de la madre es el alimento más importante, pero no puede ser el único cuando el bebé llega a cierta edad. Por más que cacaree la seguridad alimentaria, no hay nada más malo para un niño que ser alimentado solo con un tetero de agua de arroz. Si no, que lo digan los pediatras que quedan luchando en este país.

Así que, una vez más, el jefe del régimen miente descaradamente. No hay manera de humanizar un parto en este país que no le garantiza a nadie sus necesidades más básicas.

Un frente democrático contra las fuerzas del mal por Miguel Henrique Otero – El Nacional – 1 de Marzo 2020

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Están dadas las condiciones para que en Venezuela se constituya, en un imprescindible corto plazo, lo que llamo un «frente democrático contra las fuerzas del mal». La necesidad de actuar con celeridad no necesita justificación: los extremos e incesantes padecimientos que están sufriendo las familias venezolanas, en todos los ámbitos de la existencia, por una parte; y el feroz programa de represión, tortura y violación de los derechos humanos y las libertades políticas, por la otra, no dan tregua: son acuciantes y exigen respuestas inmediatas. La premisa mayor, me parece, tiene un carácter indiscutible: no es posible esperar. Hay que actuar ya y el tiempo para hacerlo es ahora. Sin más dilación.

Un frente amplio democrático supone la unidad del país en torno a un programa de acción. Eso permite que todos los ciudadanos que aspiran a un cambio y todos los sectores organizados de la sociedad, confluyan en una ruta con un objetivo claramente definido: lograr el fin del régimen de Maduro este mismo 2020. Veamos.

Para empezar, la fórmula del frente democrático permite que los diferentes y las diferencias, sin sacrificio de su respectiva identidad, se encuentren en una plataforma de acción. Significa que comunidades, grupos de trabajadores, sindicatos, empresarios y gremios empresariales, universidades, iglesias, organizaciones no gubernamentales y partidos políticos regionales y nacionales, se sumen a una gran red de acción política, alrededor del principal objetivo, en el que todos coinciden: Maduro y su banda deben ser expulsados del poder sin demoras.

Si ese posible frente democrático que sugiero, estuviese acompañado de un gran proyecto de comunicaciones, diseñado y ejecutado por los mejores profesionales del área, produciría un doble beneficio adicional: el primero, lograr que sectores de la población, que quieren un cambio, pero cuya participación es baja, se incorporen de forma decisiva. Una entidad, que encarne el tan persistente deseo de unidad que tienen los demócratas venezolanos, representa un atractivo político y social muy poderoso: podría ser el detonante que haga crecer la calidad y la participación en las movilizaciones. El segundo beneficio es emocional: revitalizaría el entusiasmo y la voluntad de acción de millones de personas, que saben que no es aceptable que la vida en nuestro país haya alcanzado tales niveles de precariedad.

Otro beneficio, que tiene un alto potencial, es el relativo a la coordinación entre las distintas acciones y formas de lucha. En todo el territorio nacional, a diario se producen protestas y movilizaciones. La reacción contra el régimen es constante y de ella no escapa ninguna región. El seguimiento que hacen organizaciones no gubernamentales especializadas no deja lugar a dudas. El rechazo al régimen no cede y se incrementa. Pero estas expresiones están desconectadas unas de otras. Necesitan enlazarse, responder a patrones, apoyarse entre sí y, en un sentido político más general, disponerse para que la presión y el deseo de cambio que todas comparten, se dirijan al mismo objetivo de sacar a Maduro del poder.

Bajo la acción coordinada de un frente democrático, las protestas podrían hacerse coincidir o ser ordenadas en un cronograma que las vaya intensificando, para que su impacto sea todavía mayor. La lucha de comunidades y trabajadores no debe limitarse a lo reivindicativo, también debe aspirar a lograr la mayor proyección política posible.

La tesis de fondo del frente democrático es obvia: la oposición democrática necesita cohesionar y concentrar sus fuerzas. Nadie discute ya que quienes nos oponemos al régimen sumamos una mayoría aplastante que supera al 90% de la población. Pero ese poderío, y esa es la gran paradoja de la política venezolana, todavía permanece en estado de latencia, porque necesita concretarse en forma más categórica y en condiciones de inequívoca unidad.

Una pregunta que muchos se hacen, dentro y fuera de Venezuela, se refiere a la cuestión de las fuerzas armadas, a las que tantas veces me he referido en estos artículos. No es una presunción: lo dicen los periodistas expertos en el área, lo narran oficiales activos, se enuncia, de forma inequívoca, en los testimonios de familiares de militares que también han tenido que huir del país. Esto lo digo sin titubeos: también la inmensa mayoría de los integrantes de la FANB entienden que es urgente salir del horror en que Maduro y su grupo han convertido a Venezuela. Un frente democrático tendría una posibilidad real de atraer y ganar a la acción por el cambio, a los militares venezolanos.

Decía al comienzo de este artículo que están dadas las condiciones. Contamos con una entidad legítima, la Asamblea Nacional, y con el reconocimiento que Juan Guaidó Márquez tiene dentro y fuera de Venezuela. Los resultados de su reciente gira por Colombia, Canadá, Estados Unidos y Europa, han preparado el terreno para impulsar un plan que, articulando las fuerzas internas y las externas, logren el objetivo que todos los demócratas del mundo compartimos: poner fin, de una vez por todas, a la dictadura de Maduro.

Chavismo y crimen organizado – Editorial ABC – 1 de Marzo 2020

El narcotráfico, el contrabando de gasolina, el tráfico de armas o la minería de oro ilegal constituyen la principal actividad del régimen de Maduro y su mejor fuente de financiación

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La única razón por la que la dictadura venezolana ha logrado sobrevivir a su propia incompetencia es porque el narcotráfico ha sustituido a los tradicionales ingresos del petróleo. Con ese dinero fresco, por ahora inagotable, el régimen puede mantenerse a pesar de la catastrófica situación económica y de las sanciones con que la comunidad internacional intenta cercarlo. Como consecuencia, la penetración de las mafias regionales de la droga en las estructuras del poder venezolano, con todas sus consecuencias, es ya un hecho que la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes ha señalado en su último informe, en el que viene a considerar al régimen chavista como un «narcoestado». Tal y como revela la información que publicamos en páginas de Internacional, la vinculación entre las principales estructuras del Ejército y del Ministerio del Interior con las oscuras redes del narcotráfico, el contrabando de gasolina, el tráfico de armas o la minería de oro ilegal constituye la principal actividad del régimen y su mejor fuente de financiación, dado que en dos décadas el chavismo ha arrasado la economía de uno de los países más ricos del mundo.

El principal responsable de permitir, alentar, controlar y rentabilizar la red de actividades criminales en todos y cada uno de los veinticinco Estados del país es el exvicepresidente Diosdado Cabello, que a todos los efectos es a quien informan -y pagan- los militares responsables de estas actividades patibularias. Cabello es, en este sentido, el principal responsable de esa siniestra deriva, que puede así penetrar e infectar a su antojo las estructuras institucionales que aún quedan en pie. Que detente el cargo de ministro del Interior -en este caso el general Nestor Riverol- alguien formalmente acusado de narcotráfico por la Justicia norteamericana y que tiene prohibida su entrada en el territorio europeo ya indica hasta qué punto la dictadura ha fundido sus raíces con las del crimen más sórdido. Con este régimen putrefacto y represivo no puede establecerse ningún tipo de relaciones, ni siquiera clandestina, como la que mantuvo el ministro de Transportes en una terminal de Barajas y que ya investiga la Justicia.

Los frutos del experimento bolivariano iniciado por Hugo Chávez están a la vista, con cinco millones de exiliados y un país encharcado en la miseria, cuyos únicos recursos, procedentes del crimen organizado, los acapara y administra la élite del régimen. La dramática consecuencia para los venezolanos es que esas conexiones criminales ya solo funcionan para mantener a los tiranos en el poder. Los que creyeron en el discurso idealista de Hugo Chávez, muchos de ellos con responsabilidades hoy en el Gobierno de España, tienen ante si el resultado: una sórdida mafia criminal.

 

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