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¿Qué se deriva del informe de la revista Semana? por – Editorial El Nacional – 15 de Septiembre 2019

Me refiero a la revista Semana, de Colombia, y a los contenidos de la edición del 7 de septiembre de 2019, #1949, titulada “Manguala contra Colombia” (la Real Academia de España define manguala como “confabulación para fines ilícitos”). De acuerdo con lo señalado por la publicación, el contenido del reportaje se basa en documentos secretos del Sebin y del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El solo hecho de que documentos de inteligencia salten al espacio público es un síntoma más, particularmente revelador, de que no existe la cohesión y unidad política e institucional que Padrino López y el resto del Alto Mando Militar proclaman: hasta en las unidades de inteligencia hay resquebrajamientos, disparidad de criterios y funcionarios que filtran materiales, para mostrar a los venezolanos y al resto del mundo, los extremos de ilegalidad que rigen las conductas del poder que somete a Venezuela.

Del material periodístico elaborado por la revista Semana se desprenden una serie de graves hechos, que listaré y ordenaré a continuación.

Uno. La alianza entre el poder usurpador de Nicolás Maduro y las narcoguerrillas del ELN y disidencias de las FARC no se limita a lo retórico o a meras declaraciones circunstanciales. Los acuerdos tienen una serie de implicaciones territoriales, militares, institucionales y con respecto a la propiedad de tierras y minas, que exceden todas las denuncias y estimaciones que se han venido publicando en los últimos tres o cuatro años.

Dos. Entre las múltiples perversiones de la narcoalianza, es obligatorio llamar la atención sobre el más grave y peligroso de sus contenidos, que compromete a sectores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. La institución que estaría llamada a desempeñar el más decisivo rol ante organizaciones que son enemigas de Venezuela y los venezolanos, enemigas del Estado de Derecho y de la convivencia, que tendría como su tarea primordial, establecida en la Constitución, la de expulsar, con todos los recursos a su disposición, a esas bandas criminales del territorio venezolano; no solo las acoge, sino que las protege, les suministra apoyo y recursos, y les entrega zonas en distintas regiones, para que operen y puedan eludir la acción de la justicia.

El reportaje cita una denuncia de la organización no gubernamental  Fundaredes, que habría alertado que estos grupos tienen bajo su control, armas y municiones provenientes del Ejército venezolano. Añade Semana que existe un memorando del día 9 de agosto, firmado por el almirante Remigio Ceballos, la máxima autoridad del Ceofanb, dirigido a generales y a prácticamente todas las unidades regionales –REDI, ZODI y ADI–, que “por orden del presidente Nicolás Maduro Moros deberán evitar entablar enfrentamiento con personal de los grupos rojos en las zonas de entrenamiento y abastecimiento desde 080106002019 hasta nueva orden. Brindar apoyo logístico y entrenamiento”.

Tres. Los documentos permiten concluir que la FABN conoce con absoluto detalle dónde están localizados los campamentos y guaridas donde se han instalado los delincuentes –entre 1.600 y 2.000 aproximadamente–, que estarían distribuidas en casi todos los estados de Venezuela. Una parte de estos delincuentes, entre 15% y 20%, serían venezolanos, lo que, es evidente, forma parte de una estrategia para convertir al ELN y las FARC en fuerzas multinacionales.

Cuatro. No solo desestabilizar a Colombia: entre los descabellados propósitos de esta siniestra malanga está el de acopiar información de carácter estratégico-militar, relativa a lugares claves –posibles blancos– en el territorio colombiano, que podrían ser atacados en el caso de una confrontación militar entre estas bandas de delincuentes y sus socios venezolanos, y la nación colombiana.

Los ejercicios militares que Maduro ordenó realizar en la frontera, tienen algo de exhibicionismo, tal como ha escrito Rocío San Miguel. La pregunta que surge de todo esto: ¿a quién pretenden impresionar o atemorizar con el pavoneo guerrerista? ¿A la estructura militar del Estado colombiano? ¿Al presidente Iván Duque? ¿Al almirante Craig S. Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos? ¿No es más que un señuelo –costosísimo, de acuerdo con los expertos– para desatar los ánimos patrioteros y crear un ambiente de mutuas amenazas?

¿O se trata de un claro e inequívoco mensaje, dirigido a los venezolanos y al resto de los demócratas del mundo, que viene a decir que no dejarán el poder, que continuarán matando y destruyendo las vidas de las familias venezolanas, que el diálogo no es más que una treta para ganar tiempo y complacer al buenismo y a la corrección política, pero que en realidad,de lo que se trata es de que esa alianza, la de militares, narcos y delincuentes, no dejará el poder en Venezuela, y que para ello harán uso de las armas contra quien sea y cuando sea necesario?

¿Esas bandas de criminales que no acataron nunca los llamados al diálogo en Colombia –el ELN– y que rompieron los supuestos acuerdos de paz –las disidencias de las FARC–, ahora aliados con militares y mafias del poder venezolano, autorizarán el diálogo, permitirán que en Venezuela se realicen elecciones libres y en igualdad de condiciones? Mi respuesta: el exhibicionismo militarista y todo lo revelado por el informe de Semana, que se suma a las innumerables denuncias que tienen realizando periodistas y organizaciones no gubernamentales  de Venezuela y otros países, no dejan lugar a dudas: no quieren diálogo sino confrontación. Balas en vez de palabras.

El ELN manda en Venezuela – Editorial El Nacional – 14 de Septiembre 2019

El usurpador se escandaliza por unos documentos que publica la revista Semana de Bogotá, a través de los cuales se corrobora la colaboración que su régimen presta a las guerrillas colombianas, y dice que forman parte de un complot del presidente Duque para declarar la guerra a Venezuela. Lo mismo aseguran el ministro de la Defensa, el ministro de propaganda y otros voceros militares, para que solo los incautos les crean. Pero, por si faltaran testimonios de la favorecida presencia de irregulares en el país, lo confirma ahora  la denuncia que acaba de hacer el diputado Francisco Sucre.

Junto con seis de sus colegas, el parlamentario Sucre se dirigía a la isla de Anacoco, estado Bolívar, cuando debió detenerse ante una inspección de la Guardia Nacional. Muy diligentes, los soldados no solo revisaron con rapidez sus credenciales, sino que, con la mayor amabilidad del mundo, les avisaron que, unos pocos kilómetros más adelante, encontrarían una alcabala del ELN. Impresionados por la información, pero también pensando que se trataba de una exageración, o de una broma, Sucre y sus acompañantes prosiguieron la ruta.

Dicho y hecho. En breve toparon con los irregulares, quienes ejercían actividades de control de los viajeros como si estuvieran en su país, o como si formaran parte de las fuerzas de seguridad del Estado. De acuerdo con la descripción que el diputado Sucre ha divulgado, y que respaldan sus compañeros de itinerario, los sujetos de la alcabala portaban “armas de guerra, armas de alto calibre, de gran potencia”. Para continuar su camino, los representantes del pueblo debieron mostrar papeles de identificación como si se tratara de una rutina frente al fiscal del semáforo.

¿Hacen falta más pruebas sobre el imperio de los irregulares en territorio venezolano? ¿Ha mentido la revista colombiana Semana, para que el presidente Duque prepare bélicos avíos? Los guerrilleros del ELN no solo detienen el viaje de un grupo de diputados de la Asamblea Nacional que transitan por el estado Bolívar, sino que, para colmos, tienen como heraldos a unos soldados de la Guardia Nacional Bolivariana, la “guardia del pueblo”. Pero el régimen usurpador afirma que su principal desvelo es la custodia de la soberanía nacional, por la cual los “revolucionarios” están dispuestos a dar la vida, a matarse con el Ejército colombiano. ¿Puede decir el usurpador cuándo ocurrirá la primera batalla, cuándo sucederá la encarnizada epopeya, para verla en el canal de las comiquitas?

¿Guerra con Colombia? – Editorial El Nacional – 13 de Septiembre 2019

La revista Semana, prestigiosa y responsable publicación que circula en Bogotá, ha revelado  documentos que evidencian los nexos que el gobierno usurpador de Venezuela ha establecido con los grupos guerrilleros que se han negado a aceptar la paz ofrecida por las autoridades colombianas después de arduas negociaciones, especialmente el ELN. La usurpación venezolana no solo se ha apresurado a negar los hechos, como era de esperarse, sino que, además,  arremete con acusaciones sobre un plan bélico que ha puesto en marcha el gobierno del presidente Duque.

Habitualmente las investigaciones de la revista Semana se caracterizan por su seriedad. Sus plumas no han estado al servicio de causas inconfesables, como pretende afirmar la dictadura venezolana sin meterse en el fondo del problema, es decir, sin analizar el contenido de los documentos publicados para demostrar su falsedad, o su exageración. Prefiere pasar por alto el asunto medular de la calidad y la veracidad de las pruebas aportadas, para hacer un llamado a la defensa de la patria porque el Ejército colombiano está a punto de declararnos la guerra.

El usurpador y sus acompañantes militares del Alto Mando están haciendo un llamado tipo Cipriano Castro, para que defendamos “el suelo sagrado de la patria”. Anuncia una invasión armada, sin manejar ninguna evidencia que pueda respaldar la patriotera arenga, o como si estuviera a punto de atacarnos una potencia enemiga. Ni Colombia es una potencia, ni es enemiga, ni hay manera de sostener la acusación temeraria que se devuelve desde Miraflores y desde el Ministerio de la Defensa para desviar la atención sobre su connivencia  con grupos irregulares del vecino país.

Los papeles publicados por Semana ponen al usurpador y a sus secuaces en un aprieto que pretenden eludir con bravatas. Hablan de una inminente invasión, sin reparar que los únicos protagonistas de invasiones en la actualidad somos nosotros,  los venezolanos, las criaturas de la diáspora, millones de personas desesperadas que huyen despavoridas por la frontera más cercana para salvar la vida y la dignidad.

 

La fusión: narcoguerrilla y poder venezolano por Miguel Henrique Otero -Editorial El Nacional – 8 de Septiembre 2019

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El anuncio que hicieron los narcoterroristas Márquez, Santrich y otros –regreso a las armas y alianza de las “nuevas” FARC con el ELN– culmina una etapa que comenzóen 2012. Ese año, además del inicio de las conversaciones para alcanzar un acuerdo que pusiera punto final a la violencia –entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos–, también marca el punto de inicio del incremento de la producción de cocaína en territorio colombiano –que había sido reducida de forma sustantiva por el Plan Colombia– y, directamente relacionado con lo anterior, un aumento significativo del involucramiento de civiles y uniformados venezolanos en las operaciones y el negocio del narcotráfico.

Muchos analistas de América Latina lo venían advirtiendo: el acuerdo de paz firmado en 2016 no resultaría viable. Para los entendidos en la materia, el que las FARC no cumpliera con el acuerdo del desarme en 180 días y que apenas entregaran un poco más de 7.000 armas en junio de 2017 encendió los botones de alarma. Desde entonces viene señalándose que una parte considerable de esas armas había sido trasladada a Venezuela, donde permanecerían a buen resguardo. La declaración de la misión de la ONU encargada de certificar el proceso sorprendió a los organismos de inteligencia, de Colombia y de otros países, porque señalaba que habían sido entregadas “la totalidad de las armas”, cuando en realidad no se disponía de información confiable sobre la cantidad, diversidad y la distribución de ese armamento. 

Y aunque el vínculo del régimen de Chávez y Maduro con las narcoguerrillas se estableció en 1999, en los últimos cinco años se ha producido un salto cualitativo: ya no son meros socios en sus múltiples actividades delictivas, sino que han pasado a ser un factor integrado, constitutivo del poder usurpador venezolano. La diputada a la Asamblea Nacional Gaby Arellano lo ha explicado con palabras que no dejan lugar a dudas: no es que una rama disidente de las FARC se ha trasladado a Venezuela. No. Es que las FARC están en Venezuela, donde sus dirigentes reciben un trato y prebendas superiores a las de un ministro: se desplazan a su antojo por el territorio nacional, viajan protegidos por largas caravanas de seguridad, se les provee alojamiento, comida, servicios médicos, servicios de telecomunicaciones y más, todo ello en medio de una cada vez más implacable hambruna y colapso de los servicios en todo el país.Mientras, por una parte, se negociaba un supuesto cese de la confrontación, entre los propios negociadores de las FARC, se ponía en práctica un plan auspiciado por los hermanos Castro, un plan B, consistente en instalar a las FARC y el ELN en Venezuela. 

La periodista Sebastiana Barráez ha hecho una denuncia que tiene especial relevancia: en Palma Redonda, municipio Ureña, estado Táchira, militares venezolanos están desocupando toda una zona. Cabe decir, están limpiando el lugar, llegando a este extremo: han asesinado a un propietario, por supuestos vínculos con los paramilitares. Las preguntas que derivan de este hecho son las que debemos hacernos los venezolanos: ¿se proponen, acaso, entregar ese territorio a las FARC, al lado de la frontera, para que sea base militar desde la cual ingresar al territorio de Colombia, atacar y luego regresar a protegerse en suelo venezolano?

Los demócratas venezolanos –y también los ciudadanos de Colombia– debemos asumir, por doloroso que sea, que la incorporación de las FARC y el ELN al poder venezolano es un hecho. ¿Para qué?, se preguntarán muchos. En primer lugar, para crear un brazo armado, capaz de una violencia inimaginable hasta ahora, al servicio del poder de Maduro y sus secuaces. Nadie debe llamarse a engaño: uno de los compromisos de las FARC y el ELN, a cambio de los bienes y ventajas que esta recibiendo –como la explotación de recursos mineros– es el de impedir el cambio político en Venezuela. No solo aumentará el uso del territorio venezolano como ruta de paso para los cargamentos de cocaína; no solo aumentarán los secuestros, las extorsiones, los asesinatos y todas las formas de violencia que el lector sea capaz de concebir; no solo tomarán el control absoluto de regiones estratégicas donde actuar impunemente y hacerse de los bienes ubicados en las mismas, sino que impondrán reinos de terror, con el propósito de impedir el derecho a la protesta, de impedir la acción ciudadana que exige un cambio inmediato en el país. 

La incorporación de las FARC y el ELN al poder de Maduro, proclamada a viva voz en el encuentro del Cartel de Sao Paulo que se celebró en Caracas a finales de julio, despeja en qué consiste el plan de Cuba hacia Venezuela: mantenerse en el poder al costo que sea, apropiarse hasta el último gramo de las riquezas del territorio venezolano, aumentar la participación en el negocio del narcotráfico, convertir a la Fuerza Armada Nacional en aliada institucional y militar de los peores criminales del continente.

El garzón del pollo – Editorial El Nacional – 3 de Septiembre 2019

No es el título de una tonada. No se alude ahora a uno de  esos catos campestres que tanto deleitan al gusto venezolano. Refiere a la relación establecida por un célebre abogado español con el también famoso general Hugo Carvajal, llamado el Pollo, quien ha salido intempestivamente de la cúpula chavista para convertirse en ave canora de la oposición y, debido a  la curiosa mudanza, en cliente de un letrado y ex magistrado que trata de sacarle las castañas del fuego.

No es un letrado y ex magistrado que cobra barato, sino todo lo contrario. Tiene clientes de alto coturno desde su ascenso a la cúspide después de promover un pleito contra Pinochet por los delitos que cometió cuando mandaba en Chile, un comienzo de proceso que, así como perturbó el itinerario de un viaje del dictador, permitió que su promotor llegara a las alturas de la fama. Ya había hecho méritos en otros de la política española, hasta convertirse en una especie de paradigma de juez justiciero y corajudo.

Hablamos de Baltasar Garzón, quien no solo se ha dedicado a asuntos como los mencionados sino también a auxiliar a sujetos como el general Carvajal, quien no se ha labrado fama como dechado de probidad ni como adalid de la justicia debido a las andanzas que la DEA le atribuye desde cuando trabajaba con el comandante eterno y por las cuales está detenido en Madrid a la espera de que lo deporten a predios imperiales. El abogado Garzón puede servirle al cliente que desee, pues para eso tiene bufete con ramificaciones internacionales, y pidió por la faena 1.850.000 dólares, según las investigaciones del diario ABC que hemos leído con detenimiento.

Pero el tema se sale de lo corriente cuando sabemos, gracias a los datos que también aporta el periódico madrileño, que la cuenta la paga una compañía del también afamado señor Wilmer Ruperti, cuya fortuna se asocia con la alta política del chavismo o con sus negociados. Agrega el impreso que, tres meses después de llegar a acuerdos con el bufete de Garzón para evitarle las brasas al pollo, una compañía de don Ruperti suscribió un contrato con Pdvsa por la suma de 1.850.000 euros. No sabemos si lo segundo tiene  relación con lo primero, pero es un pormenor que no puede pasar inadvertido en el serial de historias de corrupción y complicidad que hoy conmueven a la sociedad venezolana.

También puede considerarse el caso como capítulo estelar de las crónicas de la amistad verdadera y sin fisura, como evidencia de lo que puede hacer un buen hombre por el destino de uno de sus compañeros cercanos y entrañables. Podemos estar, entonces, ante una historia de desprendimiento y ante un compendio de bíblica generosidad frente a las cuales no caben las objeciones, ni tampoco las críticas al trabajo que ha engordado las arcas del abogado Garzón. El hecho de que el Pollo sea  acusado de narcotráfico por la DEA no quita que cuente con la solidaridad de un entrañable compañero de viaje y con la asesoría de una estrella internacional del foro. Arpa, cuatro y maracas, de ser así: “Echa palante, gabán/ echa palante,  garzón / mira que te van tirando/ con pólvora y munición”.

 

Pdvsa rancho – Editorial El Nacional – 2 de Septiembre 2019

El contenido de nuestro escrito editorial se fundamenta hoy en las declaraciones del ciudadano Iván Freites, secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros y Gasíferos. Las responsabilidades de su cargo, pero también la experiencia acumulada al servicio de la industria de los hidrocarburos, nos colocan ante una fuente confiable, capaz de suministrar pormenores que habitualmente se desconocen sobre la marcha de Pdvsa.

Ahora nos ahorraremos las cifras sobre el descenso de la producción petrolera y las comunicaciones que circulan en las publicaciones especializadas, ampliamente conocidas, para acudir a las situaciones de deterioro y abandono por las cuales nos guían las noticias de un informante tan metido en el asunto. No busquemos hoy estadísticas, ni análisis técnicos, sino solo la realidad transmitida por un elocuente y valiente sindicalista.

No hay manera de que Pdvsa vuelva a ser lo que fue o de que se levante del estado de postración en el cual se encuentra, afirma Freites. Pero no se refiere a un problema de mercado internacional, ni a un bache pasajero, ni a desencuentros técnicos con colegas del extranjero, por ejemplo, sino a un abandono de los rudimentos de vigilancia y a un predominio de conductas irresponsables e ilegales que han convertido a la primera industria del país en un rancho desvencijado, en un ventorrillo próximo al abismo.

¿Quiénes desprenden las tuberías, o roban los cables y los tornillos para venderlos después en negociados particulares, o para sacarlos de contrabando hacia Colombia y hacia las islas del Caribe? Los miembros de las fuerzas armadas que tienen obligaciones de custodia en las instalaciones. Ha ocurrido así un desmantelamiento progresivo, que se trata de paliar acudiendo al parche y al remiendo para que la primera industria del país se haya vuelto un rancho doloroso en cuyo interior se resumen la inexistencia de la probidad oficialista, la dejación de responsabilidades elementales y la tragedia de todos los venezolanos.

Si eso han hecho los chavistas con la gallina de los huevos de oro, si así se ha cebado la usurpación con la prolífica e insustituible fuente de nuestro sustento, debemos suponer que han hecho igual o peor en otras áreas fundamentales de la vida venezolana. Preguntemos a los representantes de esas parcelas de la economía y de la administración pública y seguramente harán coro con la sonora voz del ciudadano Iván Freites.

La persecución del humor honesto – Editorial – El Nacional – 28 de Agosto 2019

El título sugiere que hay un humor deshonesto, o que pueden ser deshonestos los que lo practican, pero en realidad solo queremos destacar el compromiso de Emilio Lovera con la sociedad que ha hecho reír durante décadas.

Artífice de una comedia respetuosa, que mira hacia las necesidades y hacia la sensibilidad de sus destinatarios antes de subir a la escena, es uno de los personajes del espectáculo más respetados y queridos por el público. Se lo debe a su talento, desde luego, pero especialmente a cómo investiga sin pausa las vicisitudes de los venezolanos para reflejarlas ante las cámaras o en las tablas con singular probidad. No hay facilismo en sus episodios, ni pasaje superfluo, sino la hechura de una conexión capaz de mantenerse en el sentimiento de los auditorios.

La dictadura es enemiga de los comediantes porque reflejan sus miserias y la estrechez de su criterio, pero llega a la aversión con creadores como Emilio Lovera. Está demasiado cerca de las víctimas de sus tropelías y por eso debe silenciarlo. Pone de relieve sus negociados y su falta de ideas a través del canal que establece con sus destinatarios, y por eso quieren arrinconarlo. Es lo que viene haciendo con Lovera desde hace tiempo. Por lo menos desde hace cuatro años, cuando la “revolución” prohibió sus presentaciones en las sedes de Venetur, cadena de hoteles controlada por el oficialismo. Por razones obvias: no podía permitir la burla de sus disparates y el ataque de sus oscuranas en unos lugares dependientes de una deplorable burocracia acartonada.

Pero los burócratas han vuelto de nuevo porque jamás han dejado de estar alertas contra la enemiga risa. Los funcionarios del Seniat impidieron a Emilio Lovera que se presentara el 17 de agosto en el Anfiteatro de El Hatillo debido a problemas con el pago de sus impuestos. Problemas inexistentes, por supuesto, debido a que el comediante no se había acercado a la taquilla de gravámenes porque no tenía nada qué declarar. ¿Por qué? Porque estaba sometido a un tratamiento de cáncer de colon que llevó a cabo sin alharacas, sin comunicarlo a los medios. Porque no quiso confundir lo privado con lo público, ni aprovecharse de la situación para obtener beneficios materiales. De allí que habláramos  arriba de comediantes honestos, situación que hace más digna de reproche la persecución de la cual ha sido objeto.

Sabemos que, mientras atendía su enfermedad en silencio, Emilio Lovera no dejó de trabajar en su despacho para cuando la salud le permitiera volver a la escena. De su pelea con el cáncer han salido nuevos personajes y un tratamiento diverso de los problemas que forman parte de su repertorio. Por consiguiente, regresa un ingenio repotenciado, se levanta la flamante fábrica de regocijos que necesita la sociedad harta de la mediocridad y de la rapacidad de sus gobernantes. Como la mezcla de desparpajo y honradez viene repotenciada por los disparates de sus perseguidores, estamos ante un retorno que promete especiales satisfacciones.

 

Apagones sin explicación – Editorial El Nacional – 24 de Agosto 2019

Los apagones nacionales y regionales han tenido la virtud de poner a volar la imaginación de los burócratas de la dictadura en el área de las explicaciones. Las velas salen de las gavetas junto con los análisis de los empleados de la electricidad que se afanan en encontrar a los culpables del desaguisado. Pero, detalle curioso, en relación con el último de ellos, que se cebó en el Distrito Capital y en once estados de la república, han enmudecido.

No es para menos. Se acabó el protagonismo de las iguanas malvadas. La falta de pruebas en relación con los ataques terroristas que ponían en jaque el suministro de energía, ha obligado a que cesen las acusaciones sobre un malvado complot para dejarnos a oscuras. Quizá el llamado Estado Mayor Eléctrico y la alta oficialidad sugirieron que se buscara una excusa que no los dejara tan mal parados, es decir, como inútiles perseguidores de bandas caracterizadas por su omnipotencia. Silencio sepulcral en este sentido.

Pero insistieron en la búsqueda de justificaciones, siendo la más reciente aquella que hablaba de un ataque electromagnético provocado por las fuerzas del imperialismo. Pensaron en un motivo supertécnico, en algo salido de los archivos de la ciencia ficción que dejaría convencido al estupefacto auditorio, pera nadie les creyó. Al contrario, la abundancia de burlas demostró que, en el plan de buscar la paja en hombros ajenos sin advertir la viga que entorpece la visión del ojo propio, era preferible aferrarse a la explicación de las iguanas.

Se le ha secado el cerebro que funcionaba con agilidad después de cada apagón. Las interpretaciones estrambóticas les han pasado factura, hasta el punto de conducirlos a una mudez tan lóbrega como las oscuranas que trataron de dilucidar sin éxito. Se quedaron sin argumentos, de tanto gastar los anteriores en términos totalmente infructuosos. Ahora no les queda más remedio que reconocer su incapacidad, su gusto por la improvisación y el desconocimiento supino que han demostrado en el manejo de un área vital para la sociedad.  Pero no lo harán: callarán por un tiempo, mientras encuentran una nueva linternita que les permita correr la arruga.

Las revelaciones de Bolton – Editorial El Nacional – 22 de Agosto 2019

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John Bolton, el hombre qe mueve los hilos venezolanos en Washington por órdenes de su jefe, es decir, del presidente Donald Trump, no ha tenido pelos en la lengua para revelar el contenido de las conversaciones que mantiene para encontrarle solución a la tragedia que aquí padecemos. Ya se sabe lo que procura en sus afanes hemisféricos, pero apenas se tiene idea sobre los interlocutores que frecuentan su despacho para ayudarle en la faena. Pero ahora nos ha soltado detalles dignos de consideración, que merecen el comentario que se hace de seguidas.

No solo se reúne con portavoces de la oposición, lo cual es lo más lógico del mundo. Si quiere deshacerse del usurpador, es lógico que hable largo y tendido con los que procuran el mismo objetivo. La novedad consiste en que ha comunicado que también recibe a personeros del gobierno, con los cuales abunda en detalles sobre el mismo asunto. ¿Qué quiere decir esto?

Que no los recibe  para hablar de los resultados de las grandes ligas, porque esto se sabe a través de canales regulares accesibles, no sobre el estado del tiempo, tema igualmente conocido por cualquiera  sin mayor esfuerzo. Los recibe para hablar de lo mismo que trata con los opositores, es decir, para darle el esquinazo a Nicolás. Ya es un dato elocuente, que adquiere proporciones olímpicas porque agrega Bolton que los figurones del oficialismo no le solicitan audiencia con el respaldo del hombre central de una  disputa que hace tiempo se volvió internacional, sino  por su cuenta y riesgo a escondidas de quien les paga el sueldo y los mantiene en las alturas del poder.

No da nombres el halcón, por supuesto, porque es ducho en el manejo de eso que llaman habitualmente información sensible, pero desembucha el dato de la presencia de esos curiosos e inesperados visitantes para que nos informemos del deterioro del poder que experimenta el usurpador, para que sintamos que cada vez está más solo y que es lo más parecido a un mandamás abandonado en  el desierto. Abandonado por los suyos, por los habitantes más íntimos de su casa, desde luego, porque el pueblo le marcó distancias indiscutibles desde hace tiempo y los líderes de la oposición no ocultan su empeño ya antiguo en darle la patada que merece.

¿Está el capitán Diosdado Cabello en la lista de esos insólitos visitantes, de esas personas que en la calle se desgañitan gritando su apoyo al dictador y después no dudan en jugarle sucio a escondidas? Hacemos la pregunta porque se ha dicho que se ha acercado sigilosamente a los agentes del protervo imperio, sin que él lo haya desmentido categóricamente.

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