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Monstruos sedientos de sangre: la crueldad en la independencia, por Ángel R. Lombardi B. – TalCual – 16 de Enero 2020


Nos han hecho creer que los héroes de la Independencia fueron seres desprendidos y benevolentes. Sólo motivados por luchar a favor de la libertad. Puro cuento chino. En una guerra de exterminio como la venezolana sólo hubo monstruos y estaban en los dos bandos. La Independencia nacional la ganaron los caudillos, en su mayoría, analfabetos y armados con ejércitos privados sobre una institucionalidad inexistente.

La guerra comenzó no por un anhelo de libertad sino porque la Metrópoli se ausentó de América en el año 1808 luego de ser invadida por la Francia de Napoleón Bonaparte. A partir de ese momento se desató la guerra civil que, para Jordi Canal, historiador hispano/francés, es más preciso utilizar el término de guerra incivil. El sector blanco, el rico, formado por los peninsulares y criollos intentó una transición pactada que terminó en el abismo. Hay un libro de P. Michael McKinley un tanto sorprendente porque rebate las tesis al uso de unos caraqueños descontentos contra España. Se trata de: “Caracas antes de la Independencia” del año 1985. En éste texto el autor llega a determinar que los habitantes de la Provincia de Caracas o Venezuela, la que contenía la mayor demografía, gozaban de una prosperidad económica nunca antes vista y que no tenían razones para ir a una ruptura contra la Madre Patria.

La “paz” colonial de trescientos años fue una realidad sostenida por tantas tensiones sociales reprimidas que roto el dique durante los años de la guerra emancipadora se desataron las pasiones más crueles y explican el desbordamiento de una violencia total. Los canarios pobres fueron los primeros en ir en contra de la ficción republicana que intentaron los blancos criollos a través de constituciones y congresos más aéreos que otra cosa. Monteverde los acaudilló.

No le bastó al aristócrata Bolívar restablecer la supremacía en el año 1813 porque Boves, un ángel exterminador, se puso al frente de los llaneros y pardos para aplastarlo en el año 1814. El derrotado o moría o se tenía que marchar al doloroso exilio. No había puntos medios.

La degollina la iniciaron todos los implicados. Algunas cartas se firmaron con la sangre de los ajusticiados y algunos presentes eran las cabezas fritas de los adversarios. Y esto sucedió tanto en el bando realista como en el rebelde.

Bolívar fue el creador de un Decreto de Guerra a Muerte en el año 1813 para estar en sintonía con unas ordenanzas del abogado Antonio Nicolás Briceño, apodado “El Diablo”, y que luego ostentaría el grado de coronel. Este propuso en enero de 1813 se ascendiera a los soldados luego de presentar una cantidad de cabezas de españoles.

Ahora bien, según la historiografía nacionalista nuestra, el responsable fue Monteverde que no respetó la Capitulación de San Mateo en 1812 y traicionó al mismo Miranda. En represalia a esto Bolívar en 1813 publica su controvertido manifiesto. Recordemos que los recuerdos los imponen los que escriben la historia y no importan tanto en sí los hechos tal como sucedieron (Leopold von Ranke). El discurso patriótico y heroico venezolano es muy simple: hay dos bandos, los buenos y los malos. En los buenos hay sólo virtudes y en cambio en los malos habitan los demonios. Arismendi, el llamado libertador de Margarita fue tan cruel y desalmado como Boves. Sólo que hay una diferencia. Boves perdió y Arismendi ganó.

¿Ahora bien como obviar el uso de prácticas terroristas de parte de los más connotados próceres patriotas ya que se sobrentiende que representaron al bien? Parte de la respuesta nos la ofrece Rufino Blanco Fombona cuando disculpa los actos sangrientos de Bolívar y otros “héroes” sosteniendo que: “la guerra no se hace con hermanas de la caridad”.

Es decir, en la guerra todo vale y vence por lo general el más atroz y brutal.Y en Venezuela que fue la “América militar” según Pablo Morillo, el Pacificador, venido con 12.000 españoles en el año 1815, todos ellos a morir en la Costa Firme, la guerra fue de exterminio e irregular, es decir, no se respetaban la vida de los enfermos y prisioneros.

Además, ningún soldado recibía paga, sino que la buscaban en el pillaje, la extorsión y los saqueos. Esos cuadros de Tito Salas con ejércitos a la europea con formaciones disciplinadas y vistosos uniformes no parecen estar inspirados en los hechos de una guerra promiscua y bárbara como lo fue la nuestra donde la participación de los civiles fue más relevante que la de los militares de carrera.

Hay un lúcido ensayo de Ana Joanna Vergara Sierra que se titula: “Monstruos sedientos de sangre”. Sobre la crueldad realista en la guerra de independencia”, (2011). No tiene desperdicio y desmitifica con precisión quirúrgica todos nuestros relatos sobre una guerra heroica, supuestamente de “liberación nacional”, encubridora de la historia en sí.

Lo que asumimos por historia es en realidad ideología y propaganda de Estado por parte de un poder irresponsable que ha hecho de la independencia, Simón Bolívar y el Ejército la triada que le sostiene desde la más grande y perniciosa manipulación.

Nuestra guerra de independencia no tuvo nada de gloriosa. Fue una brutal degollina. Una carnicería sin miramientos. 200.000 fallecidos de una población de apenas un millón de habitantes. Desapareció el 20% de la población y el país quedó destruido. Fue un triunfo amargo, muy amargo. En una guerra se borran todas las consideraciones legales y se entra en el terreno de la impunidad.

Las principales motivaciones de los soldados en nuestra Independencia fueron el saqueo y el cobro de rencillas personales. Hablar de la libertad para pelear era un absurdo total. Razón ésta del porqué la mayoría de los soldados y oficiales sirvieron en ambos bandos dependiendo de la fortuna de la guerra.

Sería interesante eliminar de nuestros libros escolares el tema de la guerra: una guerra es sólo destrucción y muerte y no inspira para nada bueno.

Hay que estudiar la paz, la fraternidad, la solidaridad y el resguardo de los Derechos Humanos. La guerra es para los brutos.

Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ

Arepas crudas por Federico Vegas – ProDaVinci – 14 de Enero 2020

 

La arepa ha resultado ser nuestro plato más universal. Me cuentan de una arepera en Helsinki cuya gran atracción es la Sami, en honor a los indígenas que viven al norte de Noruega, Suecia y Finlandia, donde salta y hace cabriolas el mejor salmón de Europa.

Uso la palabra indígena con precaución, pues se ha convertido en un adjetivo que encasilla minorías maltratadas. Un diccionario que define “indígena” como “un habitante nativo del país”, ofrece dos ejemplos del empleo de la palabra que revelan los avatares de su condición:

“Una vez desarmados, el ejército pasó a cuchillo a los indígenas”.

“Bartolomé de Las Casas era consciente en el siglo XVI de lo que se hacía con los indígenas».

Los adecos decían en el siglo pasado que el venezolano nace con una arepa bajo el brazo. Aún es cierto, pero solo se da cuenta cuando emigra y ya no las consigue; entonces monta una arepera, como la del maracucho que prepara la suculenta Sami rodeado de nieves casi perpetuas y más blancas que la masa.

Es curioso que nuestro plato más indígena sea el más internacional. La hallaca, tan, literalmente, enredada, no tiene ningún chance. Me atrevo a decir que en Barcelona, España, hay más areperas que en Barcelona, Anzoátegui. Las diez mejores son El Rincón de la Abuela, Arepamundi, El Chamo, Muack, El Rabipelao, Pura Vida, La Taguara, La Taberna del Eixample, La Menuda y El Arepazo. Cada uno de estos locales se fundamenta en un exilio heroico, una locura bien administrada y unos criollos fanáticos que lograron iniciar a los herméticos catalanes.

Ahora resulta que nuestra mayor conquista gastronómica se encuentra en peligro por una infamia que debe tratarse a nivel diplomático, exigiendo una aclaratoria, una disculpa y una indemnización para las areperas afectadas.

Resulta que en la sección El Comidista de El País, el periódico que prefiero de España por lo anecdótico, ocurrente y bien ilustrado, Alfonso Martín ha publicado una receta para iniciarse en el arte de hacer arepas. El preámbulo ya empezó  a preocuparme:

Es el momento de la arepa. Crujiente, tierna, sencilla y con todos los sabores que te puedas imaginar. Será el bocadillo del verano, con un pan sin gluten que se prepara a la sartén en un pispás.

Primer error. Una cosa es comerse una arepa en una arepera y otra prepararla en casa. El término “pispás” se queda corto ante la velocidad de nuestras areperas, donde no has terminado de ordenar la arepa cuando ya la tienes en la boca. Hacerlas en casa es otra cosa. Toma unos treinta minutos entre el despertar del deseo y su satisfacción plena. No es como tostar un pan.

Recuerdo que en los años ochenta inventaron una franquicia que iba a modernizar el proceso, quitarle su aire vernáculo. La idea era civilizar una receta indígena y convertir en “Fast Food” lo que ya era vertiginoso. La revolucionaria inversión fue considerable, incluso agresiva. Trajeron profundas amasadoras y hornos intimidantes, rieles y bandas donde la masa y los rellenos circulaban como en Tiempos Modernos de Chaplin, sin conocer jamás las caricias y palmadas de una mano. Así lograron hacer arepas idénticas al milímetro y tan mórbidas como un manjar de astronauta. El fracaso fue indetenible y merecido.

La receta de El Comidista comienza con un dato histórico y un ingrediente innecesario:

El relleno propuesto es una versión de la Reina Pepiada, en referencia a Susana Duijm, ganadora venezolana de Miss Mundo en 1955. Consiste en una ensalada de pollo con mayonesa, cebollín y aguacate. En nuestra receta lo acompañaremos de una salsa de mango, chiles y lima o limón…

El autor del desaguisado añade rompiendo el encanto y haciéndose el gracioso:

Si prefieres utilizar atún de lata y ahorrarte todo el proceso de cocción, pues oye, tampoco voy a perseguirte con una antorcha y una estaca. Aquí, restricciones ninguna.

Hasta aquí siento algo de dentera, pero no angustia. Es en la cocción de la masa donde se comete una adulteración que habrá ocasionado estragos:

Con las manos mojadas, coger un trozo de masa y hacer una bola. Con la palma de la mano aplastarla y ponerla sobre una sartén o plancha a fuego medio. Cocinar hasta que doren ligeramente y estén esponjosas (unos cuatro minutos por cada lado).

Servir. Abrir las arepas con un cuchillo, rellenarlas del pollo en salsa y a disfrutar.

¿Disfrutar? ¡Pero si están crudas, Alfonsito!  Es ese maldito pispás que quiere abarcarlo todo.

Según las doctas mediciones de Armando Scannone aún faltan 20 minutos en un horno precalentado a 350 grados. Y quien puede dudar de Armando si es nuestro último bastión de honestidad. He notado que en estos tiempos, donde ya nada parece ser cierto ni hay receta que valga, nos aferramos como náufragos a la mentira que más nos convenga. Esto explica que los libros de Scannone, siempre  correctos, tengan algo bíblico que congrega a la familia. Debo agregar que Armando es, además, parte de mi familia, y me refiero a la elegida, pues mi abuelo era su padrino. Cuenta Armando que su mayor don gastronómico es el olfato. Lo descubrió al ser capaz, siendo muy niño, de adivinar cuáles mujeres usaban Shalimar de Guerlain, el perfume de su querida madrina, mi abuela, (este dato se lo debo al libro de  Jacqueline Goldberg y Vanessa Rolfini,  Conversaciones con Armando Scannone)

Yo prefiero dejarlas más tiempo en la plancha (a falta de budare) y, al pasarlas al horno, uso el ardiente broil, cinco minutos por lado (ojo, no todos los hornos son iguales). Quizás mi principal placer sea auditivo y privilegio lo crocante.

Perdonen un breve desliz de inmodestia pero es que mis arepas son gloriosas. Tengo de testigos a Irene Savino y Pablo Lagarribel, vegetarianos irredentos que soltaron lágrimas de añaronza viéndome despachar una de cochino refrito que solo llegaron a olfatear y escuchar el crujir de la concha tostada.

Exagero la proporción de agua para hacerlas más tiernas por dentro, en oposición al infierno a que someto sus dos caras. Si me sobran arepas, al día siguiente las corto en tiras y las tuesto en una plancha con aceite de oliva, tomillo y sal marina.

Cuando pienso en el enorme tiraje de El País y la fidelidad que los lectores de El Comidista sienten por su director, Mikel López Iturriaga, puedo imaginar a millares de gallegos, catalanes, asturianos, navarros, andaluces y los pijos madrileños intentando tragarse esa versión apresurada que debe saber a los menjurjes de esos juegos infantiles a papá y mamá. ¿A cuantos mordiscos puede llevarlos su fe en El País? Terminarán dudando hasta de la belleza de Susana Dujim y, si se están iniciando en el primitivo ritual de nuestras arepas, no pisarán jamás El Rabipelao ni la auspiciosa Arepamundi, y exclamarán mientras escupen lo que no lograron tragarse:

—¡Con razón están tan jodidos!

El caso es que a nuestros embajadores gastronómicos, meritorios dueños de areperas, se les ha perjudicado con esa receta mocha, insolvente. Temo por la suerte de la Reina Pepeada, la Dominó, la Pelúa, la Catira, la Sifrina, la Patapata, la Rompecolchón, con sus sugerentes nombres de transformistas, ahora maltratadas por una promesa incumplida.

Hasta donde sé, no han habido cartas al director. Yo pediría que Alfonso se comiera públicamente su versión en un video trasmitido en cadena nacional y aceptara su culpa con la boca llena. Eso lo haría ser más serio al meterse con la única fórmula ganadora que hemos logrado exportar. Espero que no ofrezca como excusa que todo es relativo y es cuestión de tiempo. Ya Bartolomé de Las Casas era consciente en el siglo XVI de lo que se hacía con nosotros, los indígenas.

Y tú, Mikel López Iturriaga, que has guiado mis primeros pasos por Barcelona y me has traído tanta felicidad, aconseja a tus articulistas que preparen los platos y, de paso, se coman las consecuencias, antes de publicar la receta y alardear con mangos y piñas, adornos innecesarios, clásicos del síndrome de hacer más exótico al indígena. Mira que nuestro patrimonio cultural está muy golpeado. Estamos muy delicados y sensibles, hartos de dar lástima y nos aferramos con pasión a lo sabroso.

La receta que nos concierne salió en septiembre de 2019. La había olvidado, hasta hace un par de días, cuando comencé a imaginarme al ministro Pablo Iglesias cocinando su interpretación de las recetas chavistas que alabó tan sumiso y bien pagado, y se me revolvieron las entrañas.

Los empréstitos de la Gran Colombia por Carlos Hernández Delfino – ProDaVinci – 17 de Diciembre 2019

Hacia 1817, cuando se hacían más patentes las penurias del movimiento emancipador en Venezuela, el ambiente político, comercial y financiero en Inglaterra era propicio para armar expediciones de voluntarios y adquirir material bélico. Varios contratos de suministro fueron suscritos y desde Inglaterra se despacharon a Angostura fuerzas militares y pertrechos que contribuyeron de manera determinante a consolidar el triunfo de la causa independentista, pero a la vez representaron obligaciones imposibles de cumplir por la precariedad fiscal de aquellos tiempos. Nuevas operaciones de crédito fueron entonces contratadas para cumplir con los pagos de las primeras, hasta que Londres, ya para entonces el centro financiero de Europa, se desarrolló a comienzos de los años 1820, una notable expansión del crédito y de apetencias por operaciones crediticias de alto riesgo. Tal fue el calor de la fiebre especulativa, que una nación inexistente, el Reino de Poyais, resultado de una ficción creada por la inflamada imaginación del general Gregor Mac Gregor en la costa Atlántica de Honduras, recibió un empréstito de 200.000 libras esterlinas en 1822, para financiar la colonización de su Reino. Sobre este episodio ofreceremos algunas notas en próxima oportunidad. Varios gobiernos republicanos en Hispanoamérica (Chile, México, Argentina, Perú) contrataron empréstitos en Londres, entre ellos el de Colombia y ese frenesí especulativo derivaría finalmente en la crisis financiera de 1825. Los dos grandes empréstitos de la Gran Colombia fueron el origen de muchas calamidades, no sólo económicas y fiscales sino también políticas, y marcaron el inicio del largo y espinoso camino del endeudamiento público venezolano hasta los albores del siglo XX.

1. Los primeros tiempos y las primeras deudas. En la mañana del 17 de julio de 1817 dejó de hondear en Guayana la bandera de Castilla. Con la liberación de esta importante posición militar se alcanzó un firme avance en la unificación del mando de los ejércitos patriotas bajo la autoridad del Libertador. Pero era además necesario crear y consolidar las instituciones políticas y a partir de allí organizar la administración pública y afianzar la suprema jefatura que el Libertador ejercía desde 1816. Así pues, entre octubre y noviembre designó a los miembros del Consejo de Estado y creó el Consejo de Gobierno; instituyó el Poder Judicial, y se alcanzaron importantes progresos en el orden político y administrativo, con lo cual podían ya gestionarse acuerdos políticos y comerciales con otras naciones y procurarse auxilios para continuar la lucha contra España.

Luis López Méndez, un venezolano comprometido con la causa de la Independencia desde sus inicios, se encontraba para aquel momento en Londres, adonde había llegado en 1810 con Andrés Bello y Simón Bolívar en representación de la Junta Suprema de Caracas. En cuenta de su experiencia y madurez, el Libertador lo designó, en enero de 1817, como agente y comisionado especial de la República en Londres. En esa capacidad López Méndez comenzó a celebrar contratos para organizar expediciones de oficiales y tropas, adquirir buques, armas, municiones, vestuarios y otros materiales, aunque no siempre de la mejor calidad y, en algunos casos, altamente costosos.

El inicio de esa misión coincidió con un ambiente favorable en Inglaterra para realizar contrataciones de ese tipo. Al concluir las guerras napoleónicas, comandantes y soldados quedaron ociosos y sometidos sólo a media paga; y la alta capacidad instalada para producir y distribuir manufacturas, en especial armamento, estaba subutilizada y necesitaba de nuevos mercados para subsistir. Por otro lado, los comerciantes y financistas británicos apreciaban en las nuevas repúblicas una oportunidad para lograr importantes beneficios en correspondencia directa con los riesgos que éstas representaban y prevalecía en los espacios ilustrados londinenses una inclinación favorable a la independencia de las provincias españolas de América. Finalmente, el gobierno británico mantenía en esos tiempos una postura tolerante, mas no comprometida, hacia los movimientos independentistas americanos y aún después que impusiera restricciones a los alistamientos, continuaron organizándose expediciones hasta que en septiembre de 1820 el Libertador dispuso la prohibición de alistar tropas y oficiales extranjeros. Buques, mercancías y armamento fueron enviados a Guayana bajo la promesa de pago futuro. Cerca de 6.800 combatientes británicos y de otras naciones europeas llegaron a nuestras tierras en esos años.

En general, las contrataciones de López Méndez contemplaban pagos iniciales de contado y la aceptación de obligaciones por el remanente de su costo. Ningún pago pudo efectuarse al ser recibidos los despachos en Venezuela debido a los apremios fiscales de entonces y, en consecuencia, la totalidad de las obligaciones asumidas hubo de ser documentada por López Méndez con certificados de deuda pública. De esa manera esperaba moderar la molestia de los acreedores, pero esos certificados tampoco pudieron ser pagados, pues López Méndez no pudo contratar ningún empréstito con las casas financieras londinenses y fue a dar a las cárceles londinenses al menos una docena de veces. Se encontraba privado de lo esencial y endeudado para poder sobrevivir, cuando nuevos comisionados nombrados por el gobierno de Angostura llegaron a Londres en 1819.

Estos eran el venezolano Fernando de Peñalver y el granadino José María Vergara, quienes fueron instruidos y autorizados para gestionar el apoyo del gobierno británico, ordenar las obligaciones asumidas por López Méndez, gestionar un empréstito de tres millones de pesos, y adquirir armas y otros artículos de guerra. Pocos días después de la llegada a Londres de los nuevos comisionados, López Méndez fue apresado de nuevo.

Las gestiones de Peñalver en Inglaterra se iniciaron en septiembre de aquel año y se agotaron en el esfuerzo de ordenar las deudas contraídas. Con sus gestiones pudo dar pasos esenciales para lograr la libertad de López Méndez, después de lo cual se embarcó de regreso a Angostura sin haber alcanzado otros logros, pues el crédito de la República se encontraba en un estado deplorable. La actitud de los acreedores se tornó hostil por los reiterados incumplimientos de pago y ya no habría margen para negociar en Inglaterra nuevos auxilios.

A fines de 1819 ya la Nueva Granada era libre del dominio español y se había constituido la República de Colombia, con Bolívar como Presidente y Francisco Antonio Zea como Vicepresidente. Tal era –y fue siempre– la preocupación del Libertador con los problemas del endeudamiento, que resolvió encargar al vicepresidente Zea la misión de establecer relaciones políticas y comerciales con Inglaterra, arreglar las deudas existentes y negociar un empréstito de hasta cinco millones de libras esterlinas bajo las condiciones que Zea considerara convenientes y con la garantía de las rentas y propiedades del Estado colombiano.

2. La misión de Zea en Londres y el empréstito de 1822. Al llegar Zea a Londres, en junio de 1820, comenzó sus negociaciones con los acreedores y en agosto de 1820 suscribió un acuerdo en el que reconoció las deudas que aquellos le presentaron. De inmediato emitió pagarés por el monto de capital reconocido, el cual se acercaba a £548.000 (es decir, 2.740.000 pesos fuertes, casi la mitad de las rentas ordinarias estimadas para el año fiscal 1824-25). Zea validó las cantidades reclamadas por los acreedores sin la conformación previa de la legalidad de los documentos. Fue diligente y generoso con los prestamistas ingleses pues para él la cuestión principal era mostrar su gratitud y facilitar sus gestiones en Londres. Zea era un hombre cándido, un intelectual con importantes relaciones en Europa, pero con escasas competencias para cuestiones financieras y diplomáticas.

Zea se ocupó con poca fortuna de los asuntos diplomáticos y en 1821 decidió acompañar a José Rafael Revenga y a José Tiburcio Echeverría, en la misión que el Libertador les había encomendado ante la corona española para lograr el reconocimiento de Colombia. Para cubrir los costos de ese viaje Zea contrató un empréstito por £66.666 que sólo produjo £20.000. El dispendioso viaje, para el cual fue ordenada la fabricación de un lujoso carruaje, fue inútil y al conocerse en Madrid el desenlace de la batalla de Carabobo, los comisionados fueron expulsados de España.

Para cumplir con los pagos de los pagarés, Zea contrató, en febrero de 1822, un empréstito por £140.000, como un alivio temporal mientras concretaba una operación mucho mayor, pues la situación fiscal de Colombia era en extremo crítica. La gestión de Zea fue reprobada por el Libertador, quien ordenó la revocatoria de sus poderes, de lo cual, en apariencia, Zea no se enteró y continuó actuando en la misma forma que lo caracterizaba, pero convencido de que su proceder respondía a los más altos intereses de Colombia.

Un mes más tarde Zea contrató un empréstito por £2.000.000 con la casa londinense Herring, Graham & Powles, con 20 por ciento de descuento, lo que significa que mientras la República asumía una deuda por la cantidad indicada sólo recibiría £1.600.000, a lo que había que deducir varias cantidades de tal forma que el remanente final que le quedo a Colombia fue de £600.000. La tasa de interés fue fijada en 6 por ciento, el plazo de pago en veinte años y los acreedores recibieron en garantía los ingresos aduaneros de Colombia. Las condiciones de este empréstito eran onerosas, pero se acercaban a las que imponía la realidad de los mercados financieros en Londres, donde existía, en aquel momento, un ciclo de euforia financiera. Colombia no pudo pagar ni siquiera la primera cuota de intereses del empréstito de 1822.

Los sinsabores que acompañaron a Zea y sus quebrantos de salud, lo llevaron a la ciudad inglesa de Bath para recuperarse, pero allí murió, a los 56 años de edad, sin dejar un archivo con los documentos de sus gestiones.

Echeverría había viajado a Londres con la intención de influir en las negociaciones del empréstito, pero no pudo hacerlo por la premura y reserva con las que Zea manejo todo el asunto. Tiempo después Echeverría murió en Francia, con lo cual se perdió la única memoria de la negociación.

En junio de 1822 José Rafael Revenga fue designado ministro plenipotenciario ante el gobierno británico y llegó a Londres a comienzos del año siguiente. Revenga debía ocuparse de diversos encargos políticos, diplomáticos y comerciales, examinar las operaciones de López Méndez y Zea, y asumir la negociación de nuevos empréstitos. Pero existía en Londres un clima de alarma por el reiterado incumplimiento de Colombia y la decisión del Congreso de desconocer las transacciones celebradas por Zea. La compleja misión de Revenga tropezaba, pues, con obstáculos de muy difícil superación a lo que debe añadirse la rigurosidad con la cual el comisionado abordaba su relación con las contrapartes londinenses. Pocos días tenía en Londres, sometido a la insistente reclamación de los acreedores, cuando fue a dar a la cárcel, acusado como deudor moroso por un inglés con el que López Méndez había contratado armas y vestuarios. Y esta fue sólo una de las muchas contrariedades y tropiezos que habría se sufrir Revenga en Londres. Su tenacidad y competencia no cristalizaron en el logro de los objetivos de su misión, pero logro avanzar en las gestiones para el reconocimiento de la Independencia de Colombia por parte de Inglaterra, lo que en efecto se concretó en 1825.

3. El empréstito de 1824

En su mensaje al Congreso de 1823, Santander informaba sobre la absoluta precariedad de la hacienda nacional que impedía cumplir con las necesidades más básicas del Estado; los préstamos internos, otorgados por la influyente clase mercantil, habían alcanzado ya niveles exacerbados sin pago alguno de capital o intereses por parte del Gobierno. En esas condiciones, el estamento político se resolvió por un nuevo empréstito extranjero que fue autorizado por el Congreso en julio de 1823.

Para negociar el empréstito, fueron designados Manuel Antonio Arrubla y Francisco Montoya, importantes hombres de negocios antioqueños, quienes venían financiando regularmente al Gobierno con préstamos de corto plazo. Estos agentes actuarían bajo la dirección de Manuel José Hurtado, Senador y hombre de negocios de Bogotá, quien sustituyó a Revenga como comisionado de Colombia en Londres. Hurtado había resuelto, al menos temporalmente, las complicaciones del empréstito de 1822 y, además, los mercados financieros londinenses presentaban aún condiciones favorables para un nuevo préstamo que permitiera atender las urgencias fiscales.

En esas circunstancias, Arrubla y Montoya contrataron en abril de 1824 un nuevo empréstito con la casa B. A. Goldschmidt & Co. por £4.750.000 (23.750.000 pesos), con un descuento de 15 por ciento, a una tasa de interés de 6 por ciento pagaderos con anticipación a la entrega total de los fondos; a un plazo de 30 años y con la garantía de las rentas públicas de Colombia. Hurtado, Arrubla y Montoya recibieron una comisión sobre el monto nominal del empréstito como remuneración por sus servicios. El saldo que le quedó a Colombia, después de hechas las deducciones contempladas en el contrato, fue solamente de ₤2.941.000.

Hurtado, Arrubla y Montoya fueron acremente censurados y los ataques al Gobierno, inflamados por las pasiones políticas, aludían a los beneficios percibidos por los agentes del empréstito, a sus costos financieros, al desorden e ineficiencia y, sobre todo, al empleo dispendioso de los fondos, pues no se alcanzaron los objetivos de fomento a la economía, a la agricultura y el apoyo a la campaña del Sur. Pero además, las condiciones de la hacienda pública no permitían cumplir con las obligaciones asumidas en los empréstitos de 1822 y 1824, puesto que el servicio anual de intereses representaba más de un tercio de los ingresos públicos en esos tiempos. Algunos políticos y empresarios recibieron préstamos personales contra los fondos que produjo el empréstito. Se decía que hubo preferencias y fraudes a favor de una extensa lista de acreedores de la República. Se alegaba que hubo sobreprecios en las mercancías y servicios entregados al Estado y pagados con los fondos del empréstito.

El empréstito inglés –como en general se le conoce– fue además el origen de serias perturbaciones políticas y la referencia usual de los críticos de la gestión de Santander, quien vio mermado su capital político por los escándalos, aunque jamás fue probado que él se beneficiara de esa operación, ni que hubiese tenido ingerencia directa en las negociaciones, no obstante su cercana amistad con Hurtado, Arrubla y Montoya. La tirante relación entre Bolívar y Santander se agravó a raíz del empréstito, pues el Libertador no disimulaba su disgusto por el estado deplorable de la administración pública, la pobreza generalizada de los departamentos colombianos a cuyo alivio no contribuyó el costoso empréstito y la desastrosa quiebra de la casa Goldschmidt en 1826. Cuando se produce este desenlace, consecuencia de la desaforada actividad especulativa de ésta y otras firmas londinenses, Goldschmidt todavía tenía en su poder £402.098 del empréstito, pues Hurtado mantuvo los fondos depositados allí, quizás para aprovechar el rédito de intereses. Como resultado de las investigaciones del Congreso y del Gobierno los negociadores fueron liberados de responsabilidad en 1826. Revenga tuvo un rol de importancia en este asunto pues denunció lo que en su opinión constituían anomalías en la negociación del empréstito, que privaron a la República de condiciones de contratación más favorables.

Colombia, al igual que otras naciones hispanoamericanas, habría de sobrellevar la pesada carga financiera de una deuda que no podría pagarse sino en el curso de muchos años, a lo largo de los cuales surgieron trastornos económicos, políticos y diplomáticos en torno a los empréstitos y a una extensa variedad de reclamaciones extranjeras.

4. A manera de epílogo. En 1826 Colombia reconoció como suya la deuda pública externa por un total de £6.688.950, al igual que la deuda interna por un monto de 58.770.769 pesos. Esas cantidades sirvieron de base para la distribución de esas deudas entre las naciones que surgieron de la disolución de la Gran Colombia en 1830. En esa distribución, resultado de un proceso lento y complejo de negociaciones y aprobaciones que culminó en 1837, Venezuela asimiló 28,5 por ciento de la deuda total, además de otras obligaciones. Durante los gobiernos llamados conservadores se cumplió escrupulosamente con estas obligaciones. La dinastía de los Monagas rompió con esa trayectoria, por razones que, en parte, podrían atribuirse a circunstancias objetivamente adversas pero sensiblemente agravadas por el desorden y la arbitrariedad que caracterizó a esas administraciones. Nuevos empréstitos, nuevas negociaciones y conflictos con las naciones acreedoras por los reiterados incumplimientos incluido el bloqueo a las costas venezolanas de 1902 ejecutado por Alemania, Inglaterra e Italia, serían el signo de los tiempos por venir, durante los cuales Venezuela no podía ser vista sino como una nación privada tanto de capacidad como de voluntad de pago. A manera de ilustración de las tensiones fiscales y de otro tipo generadas en torno al problema del endeudamiento público, basta con referir que al cierre de 1902 la deuda pública total era de Bs. 192,2 millones de bolívares, lo que representaba más de seis veces los ingresos fiscales de ese año. En 1930 Juan Vicente Gómez resolvió pagar de una vez toda la deuda externa, en ese año de crisis, como un homenaje al Libertador en el primer centenario de su muerte. Esta historia signada por crisis recurrentes y aciertos esporádicos, marcó una impronta en la conducta colectiva en torno al endeudamiento público que alejó a Venezuela de las fuentes de financiamiento externo de los desbalances fiscales por más de setenta años.

“Escribeme”…el himno de los presos por Rafael Gallegos – Petroleum – 15 de Diciembre 2019

Cuando cayó la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, la empresa estatal Aeropostal envió sus aviones a muchos países donde había exiliados del régimen, para retornarlos a la patria. Imaginemos la emoción de los pasajeros cuando el piloto les perifoneaba, luego de años de persecución, privaciones, tanta lejanía y de ansiedad por abrazar a los suyos.: “señores pasajeros en estos momentos estamos entrando a territorio venezolano”. Comenzaban a aplaudir y a cantar el Himno Nacional, llenos de emoción y de lágrimas.

La emoción les llevaba otra canción a los labios: Escríbeme. Compuesta nada menos que en Guasina, por el músico venezolano y preso político Guillermo Castillo Bustamante (GCB).

Guasina, una cárcel de la terrible dictadura – todas las dictaduras son terribles. Isla en el medio del Río Orinoco, con una temperatura cercana a los 40 grados centígrados y llena de serpientes, arañas venenosas y fieras. A tres metros de altura del río, lo que significa que con cualquier lluvia se inundaba y dejaba su estela de larvas, paludismo, mal de Chagas, disentería y toda clase de enfermedades. No tenía rejas, pero nadie huía porque el río está plagado de caimanes y caribes. Cuando llegaban los presos a la isla eran recibidos por los guardianes con planazos y baldes de agua fría.

La cárcel, inaugurada por López Contreras y utilizada como campo de concentración para presos nazis de la segunda guerra mundial o de la guerra civil española, fue cerrada en 1943 debido al impacto de un informe del Doctor Arnoldo Gabaldón. El dictador Pérez Jiménez la reabrió en 1951, cuando le envió 446 presos políticos.

En ese ambiente, Don Guillermo Castillo Bustamante, pianista desde los tres años, compuso sus canciones. Escribía los pentagramas en la parte blanca de los aluminios de las cajas de cigarrillos. Su primera composición en la cárcel fue “Muchachita”. Compuso “Escríbeme” motivado a que la dictadura manipulaba y le escondía las cartas que le enviaba su hija Inés, con noticias de su esposa, también presa de la dictadura.

Son tus cartas mi esperanza
mis temores y alegrías
y aunque sean tonterías
escríbeme, escríbeme

El preso político Guido Acuña fue el primero en interpretar “Escríbeme”. Quien la hizo célebre fue el gran Alfredo Sadel. Gran cantante y gran patriota. Ayudó de mil maneras a los perseguidos, presos y exiliados del régimen. Con el tiempo fue interpretada por Lucho Gatica, Javier Solís y nuestro Simón Díaz, entre muchas otras celebridades.

En 1957, plena dictadura, Alfredo Sadel invitó para el “Show de Víctor Saume” a la hija del compositor, Norma Inés Castillo de Sáez. Con ella en el programa se sentó en el piano y cantó… Escríbeme.

Tu silencio me acongoja
me preocupa y predispone
aunque sea con borrones
escríbeme, escríbeme

La joven hija de GCB comenzó a llorar en el estudio para sorpresa de los camarógrafos y los productores, que no sabían la conmovedora historia de esa canción.

DE GUASINA A SACUPANA

Debido a las presiones internacionales trasladaron a los presos de Guasina a Sacupana, igual de inhumana; pero a las orillas de Orinoco. En esa mudanza, Don Guillermo se salvó de ser fusilado por la dictadura. Resulta que el jefe del penal, pasado de palos, dijo que Pedro Estrada le había ordenado asesinar a cinco de los presos, entre los que se encontraba Don Guillermo. Por ello los presos políticos se pusieron en huelga, protestaron arduamente y eso se filtró a los medios internacionales, y la orden no se cumplió.

Luego de Sacupana trasladaron a Don Guillermo a la cárcel de Ciudad Bolívar, donde el obispo le regaló un piano viejo, y con sus influencias logró que se lo aceptaran en la cárcel. Allí lo repararon y pudo disfrutarlo Don Guillermo.

O sea… si los judíos tuvieron su “Pianista” en medio del nazismo y hasta hicieron una película, los venezolanos también tuvimos nuestro “Pianista” en plena dictadura perejimenista.

En total Don Guillermo estuvo cuatro años preso. Su esposa, como ya referimos también fue prisionera política del régimen. Por cierto, cuando los detuvieron en su residencia, la SN dejó en su casa a los tres hijos menores, solos. Pura maldad.

A GCB lo sacaron de la cárcel – su estatura de casi 1,80 hacía menos de 50 kilos- y lo enviaron para Guatemala, donde vivía cuando acabó la dictadura. Luego, en Democracia, Don Guillermo fue Director del Canal 5, fundador de Radiodifusora Venezuela y trabajó con Don Rómulo Gallegos en películas mexicanas referentes a sus novelas.

Don Guillermo Castillo Bustamante compuso más de trescientas canciones. Murió en 1974 a los 64 años. Gloria a este gran venezolano.

Alfredo Sadel, se casó en 1960 con una hija de Valmore Rodríguez, histórico líder de Acción Democrática, Presidente del Congreso cuando el golpe a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948. Valmore Rodríguez, cumpliendo la Constitución a falta del Presidente Gallegos, se proclamó Presidente de la República desde Maracay en pleno golpe. Claro que inútilmente, ya los facinerosos habían tomado el poder.

La boda de Sadel fue apadrinada por el Presidente Betancourt y copó la primera plana de los periódicos.

ATERRIZAJE EN DEMOCRACIA

Los aviones de Aeropostal aterrizaban uno tras otro en Maiquetía y eran recibidos entre llantos por sus familiares y amigos. Cantaban el Himno Nacional y cantaban “Escríbeme”

Y aunque sean malas nuevas
Escríbeme, escríbeme

Los recibían los familiares y los amigos, etiquetas que no hacían falta. En ese momento todos eran hermanos.

Este artículo está dedicado a los héroes de la democracia de todas las épocas, entre ellos a los presos políticos de mi país, que por “negociaciones”, están liberando a cuenta gotas y con puerta giratoria, “girando” parlamentarios cuya inmunidad parece de fantasía.

Todo pasa todo queda porque los nuestro es pasar

Feliz Navidad Venezuela en unión – aunque sea cibernética pero el espíritu no conoce las distancias – de todos los suyos, y un 2020 lleno de esperanzas que se transformen en logros, en Democracia y en retorno de tantos pedazos de patria dispersos. Y ojalá podamos cantar algún “Escríbeme” de otro heroico poeta como Don Guillermo.

Hasta el nueve de enero. Dios Mediante.

Cuando la bohemia gravitaba alrededor de Parque Central por Alberto Veloz – El Estimulo – 3 de Junio 2016

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Una vida verdadera y auténticamente álgida, con un inusitado movimiento cultural, político, social y gastronómico fluyó en la zona de Los Caobos-Parque Central en las últimas décadas del siglo XX. Con solo hacer un pequeño inventario de lugares donde acudía la “crema de la inteligenza” caraqueña, nos podremos dar cuenta de que esto fue rigurosamente cierto. Y, aunque parezca increíble, toda esa vorágine se diluyó en tan solo 25 años aproximadamente. No se pueden precisar fechas exactas ya que el declive social ha sido una circunstancia paulatina. Con motivo de los 448 años que cumple Caracas, compartimos estas maravillosas anécdotas

En un rápido recorrido sentido este-oeste podremos identificar los centros neurálgicos de aquel acontecer social que comienza en la Plaza de los Museos con la Galería de Arte Nacional (hoy mudada a la Av. México) y los museos de Bellas Artes y de Ciencias Naturales. La extinta casona de la familia Ramia fue demolida para construir el edificio que fue la sede oficial del Ateneo de Caracas. Allí funcionaron muy activamente las salas de teatro Anna Julia Rojas y Horacio Peterson, la Fundación Rajatabla, la sala de cine Margot Benacerraf, la Librería del Ateneo y su famoso cafetín, lugar obligado de encuentros y desencuentros de la movida intelectual de la época.

hotel hilton caracas, parque central

Si caminamos a la izquierda encontraremos el Complejo Teresa Carreño “el corazón cultural de Caracas” el segundo más grande de Suramérica que cuenta con las salas Rios Reyna y José Félix Ribas, que albergó los desaparecidos Museo Teresa Carreño y la Fundación Amigos del Teatro Teresa Carreño. Al frente, la estructura que todavía se conserva, en apariencia, del otrora Hotel Caracas Hilton con su famoso restaurante La Rotisserie, el bar La Ronda, el Tower Lounge, L´Incontro y en el último piso la Cota 880, boite de atmósfera romántica a media luz, con vista panorámica de la ciudad, donde se presentaban shows y se podía bailar al ritmo de conjuntos musicales.

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Un muy transitado camino de pocos metros lleva a Parque Central donde nos recibe la majestuosa entrada del que se llamaba Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Maccsi) con sus grandes salas de exposiciones que albergaron obras de los más famosos artistas plásticos. La emblemática tienda y el Café del Museo. En los espaciosos pasillos de Parque Central está la Sala Plenaria, que fue centro de encuentros políticos y de importantísimos congresos internacionales. Del Museo del Teclado y el Audiovisual, galerías de arte privadas como la Graphic II y la Muci sólo queda el recuerdo. Todavía permanece ofreciendo sus servicios el Museo de los Niños, obra de Alicia Pietri Montemayor de Caldera Rodríguez, con su vistosa y llamativa estructura.

Ya entrando de lleno en materia gastronómica, tres restaurantes: El Parque, Visconti y Picadilly Pub (Hector´s) convivieron en los enjambres de este conjunto residencial, considerado en su época como el “desarrollo urbano más importante de América Latina”. Estos lugares quedaron en la memoria de sus habitués.

Los tres, tan distintos en su oferta, se parecían mucho por su calidad culinaria, gran ambiente, atención eficaz y además de compartir los mismos comensales y otros, más que comensales, eran clientes consuetudinarios y amantes de una bien provista barra. A éstos últimos no les importaba mucho la comida, pero si los 12 años “in bottle”. De aquella no tan lejana época, todavía queda en pie La Hostería de Parque Central, de lo que solo sobrevive su nombre. Los asiduos a este espacioso local, con decoración mediterránea y mucha madera, siempre recordamos a los atentísimos propietarios Pipo y Lucho, quienes consentían a sus fieles clientes en cualquier capricho epicúreo.

Nace una estrella en El Parque

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Esta frase está utilizada en el más estricto sentido literal porque en el restaurante El Parque nació una estrella el 11 de febrero de 1987, cuando Floria Márquez, la protagonista, rememora con exactitud la primera vez que se acercó al micrófono a las 5:00 de la tarde en “la hora del aficionado”. La misma Floria lo comenta así: “Para pasar una reciente viudez, mis amigas me invitaron a almorzar porque era mi cumpleaños y en la hora del pousse café me pidieron que cantara, ya que lo hacía en privado y sin escuela, solo por divertirme”.

Esa misma tarde el propietario Enrique Siso, junto a Ligia Feo, le pidieron que se quedara a cantar todos los viernes porque vieron en esta simpática señora mucho carisma, espontaneidad y capacidad histriónica. “Luego de tres meses -agrega Floria con deleite- me solicitaron que me quedara fija como anfitriona de relaciones públicas, atendiera a los clientes, de vez en cuando echara una cantadita y buscara artistas para animar las tardes. Esa propuesta me fascinó porque me divertía y a la vez me pagaban”.

Floria Márquez, Parque Central, caracas

Lo primero que sorprendía en El Parque era la terraza con grama artificial, intensamente verde, rodeada de palmeras naturales, cubierta por un gran toldo amarillo. Las paredes íntegramente de cristal separaban el comedor donde se alineaban las mesas vestidas con manteles en tonos beige y marrón; sillas modelo Cesca. Sus respaldos y asientos de esterilla de Viena le conferían una singular elegancia.

El techo estaba revestido por telas de lona en ondas y una gran mesa alta ostentaba perennemente dos soperas Crock negras que contenían sopa de rabo, de cebolla,bisque de langosta, chupe de camarones o cualquier otra crema que preparaba el chefErnesto García. Como dato curioso recuerdo que allí fue la primera vez en Caracas donde los mesoneros utilizaron delantales negros largos, al estilo bistró francés, accesorio que los hacía lucir fashion.

Definir el restaurante El Parque no es fácil porque su propuesta culinaria era de base francesa donde podían figurar las crepes de espárragos o de ajoporro, o una blanquette de pollo, pero con atisbos criollos como el asado negro o la crema de apio. Floria Márquez recuerda con sumo agrado las tartaletas de níspero o de guanábana que preparaba Helena Todd, así como la torta de nueces.

Indudablemente la diversión estaba asegurada en las tardes de El Parque, lo que se llamaba en aquel momento “viernes adecos”simplemente porque esas tardes se hacían larguísimas; había que quedarse hasta la hora del aficionado. Por allí también desfilaron profesionales llevados por la incansable Floria como María Rivas, Nancy Toro, Hedy Baena, Saúl Vera y su Ensamble. Hubo una temporada con Claudio Nazoa y sus pornotíteres, Rubén Monasterios presentaba un menú erótico, Aldemaro Romero bautizó su disco “Amiga mía”. Cualquier cosa podía suceder en el improvisado escenario que tenía como cortina musical a Chicho Barbarrosa y su grupo.

Muy pocos metros caminaba Sofía Imber para instalarse en El Parque, su blanca y moderna oficina estaba justo detrás de la terraza. Siempre se veían entre los habitués a Jesús Soto, Morella Muñoz, Carlos Delgado Chapellín, Ezequiel Zamora, Luis Alberto Crespo, así como a Daniel Fernández Shaw también socio de este recordado restaurante.

En Visconti un chef de postín

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Enzo Esposito, calificado como uno de los mejores chefs de cocina italiana en Latinoamérica, con estudios gastronómicos en la Escuela Hotelera de Salerno, fue el más respetado entre sus colegas de la época dada sus dotes de gran cocinero; sencillo, modesto y sin ínfulas de estrella, que sin embargo le sobraba con que serlo.

Mucho antes de que se acuñara la palabra fusión, Enzo ya era un experto en el arte de experimentar y combinar su sazón italiana con otros productos e ingredientes. Su extenso currículo lo inició en Franco´s en la avenida Solano López, para luego fundar y dirigir La Taberneta, Kwiki, Il Cortile, Lupo di Mare, Visconti de Parque Central, Visconti d´Este en Paseo Las Mercedes y finalizar su exitosísima carrera en Vulcano, en Altamira. Los conocedores del buen hacer de Enzo Esposito olfateaban qué nuevo restaurante abriría e inmediatamente la pléyade de clientes, fans de su sazón, se trasladaban al flamante local.

Visconti de Parque Central causó sensación porque tenía lo primordial que debe prevalecer en un restaurante de lujo que se precie de serlo: excelente comida, eso estaba asegurado con Enzo Esposito, atención de primera supervisada por su dueño Enrique Siso, el mismo de El Parque y una decoración a tono, de lujo sofisticado y elegante, sin estridencias y muy confortable, lo que estuvo a cargo del arquitecto Julio Obelmejías, quien supo conjugar hábilmente los tonos grises, espejos ovalados, apliques de cristal, manteles de hilo color rosa, sillas cromadas, luz tenue y unos espectaculares vitrales con dibujos esmerilados, amén del piano que daban un aire chical lugar. Se requería ir vestido acorde a la ocasión, con chaqueta y traje cóctel, nada de jeans y mangas de camisa.

Aquí no hay duda, este comedor era netamente de comida italiana con un toque francés y acentos mediterráneos. Así leíamos en el menú con una caligrafía estrafalaria: vieiras al Pernod, fettuccine con pimienta verde y cebollín, espaguetis de huevas de trucha, raviolis de conejo en su jugo con zucchine gratinado, ñoquis de papas en salsa de camembert, risotto con hongos y albahaca, o en tinta de calamares -por cierto los risottos eran una de sus especialidades- junto a su plato estrella, los raviolis de pato en salsa de hongos porcini.

 

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El mismo Enzo comentaba: “A los platos míos nunca les pongo nombres extraños para no estar explicando nada, escribo los ingredientes para que se entienda de lo que se trata”. En el capítulo de los postres se notaba la gran diferencia con la competencia y es que mientras en aquellos la oferta no variaba de las consabidas tortas sacripantina o Charlotte, Enzo se esmeraba en presentar una ricotta a maniera di gelato con fichi d´ India y un dulce exótico muy solicitado, las crepes de manzana y cebolla.

Visconti de Parque Central era frecuentado por personajes de la política, el arte, el espectáculo y socialités de verdad. Entre ellos recuerdo a Carmen Victoria Pérez, Herminia Martínez, Omar Lares, Marianella Salazar, Leopoldo Díaz Bruzual “el Búfalo”, Rafael Poleo, Rafael Tudela, Enrique “Catire” Domínguez, Jorge Blanco y la vecina del museo, Sofía Imber, vistiendo sus acostumbrados y precisos trajes tailleur de cuello mao.

Una noche Floria Márquez cenaba con un amigo en Visconti. De pronto, decidió que cantaría algunos boleros y casualmente en la mesa contigua estaba Omar Lares, siempre acompañado de hermosas mujeres y una botella de escocés, quien quedó sorprendido por la voz, dicción y dominio de escena de la novel cantante. En ese momento el autor de Sprit comenzó a escribir constantemente sobre Floria, quien ya había iniciado clases de canto por recomendación de su hermano, el también artista Rudy Márquez.

Esta sala que hizo honor al cineasta Luchino Visconti fue todo un éxito desde su inauguración y una de las primeras víctimas de la desidia, del caos y de la inseguridad que devoró a esta zona de Caracas.

Hectors, avenida casanova

El recordado Héctor Prosperi, luego de tantos años en su pequeño y acogedor local de la avenida Casanova, con paredes pintadas que recordaban escenas de la campiña francesa, se mudó a Parque Central para abrir el Picadilly Pub (Hector´s) y se llevó también la magia del ambiente y su buen hacer como restaurador de renombre en la ciudad.

Este nuevo local de grandes dimensiones, se estrenó con lujo y postín. Una gran barra, la mejor provista de aquel entonces, donde se podían conseguir todas las marcas de whisky habidas y por haber, y por supuesto una buena cava de vinos franceses daba la bienvenida a los asiduos clientes, quienes venían siguiendo los pasos de Héctor.

El comedor ostentaba unas cómodas sillas de estructura en madera con esterilla en asientos y espaldares. Las mesas de dimensiones más grandes de lo normal se vestían con un mullido muletón de base, manteles rojo bermellón sobre los cuales estaban el sobremantel de impoluto blanco.

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Héctor, hombre de la nocturnidad y de refinados modales, siguió su costumbre de obsequiar con una rosa roja a las damas que asistían al local, bien sea que estuvieran solas o acompañadas. Cuando estaba en la avenida Casanova, el menú lo recitaba en francés. En el Picadilly Pub había una carta formal donde no faltaba la sopa de cebolla au gratin y entre los más pedidos estaban las delicias del mar, tartaleta de cebolla, quiche Lorraine, lenguado al vapor y steak tartar. La menguada salud de Héctor mermó la longevidad de este restaurante que al desaparecer se llevó una de las mejores cocinas de Caracas.

En muy pocos años la intensa vida cultural, política y de divertimento del complejo urbanístico Parque Central se vio engullida por la mediocridad, una estética vulgar y la caótica economía del país que hizo subdividir locales, proliferaron las loterías y los cacos hicieron el resto. El espíritu de aquel complejo que nació en las oficinas de Siso, Shaw & Asociados se perdió y quizás para siempre.

On Generations and Statesmanship by Beatrice E. Rangel – Latinamerican Herald Tribune – 13 de Octubre 2019

Books authored by political leaders most often than not are meant to give the public an insider’s view into the decisions taken at the Commanding Heights of government mostly to set the record straight and enter history.

Few however have in mind the need to educate the public on how the world operates.

This latter aim has risen in value recently as the world approaches the consolidation of the digital age into what the experts dub the Era of Semantic Networks.

Most human beings feel trapped in a maze of fiber optics transferring information at lightning speed without allowing the recipients to process let alone absorb the content. They thus need digital Sherpas to safely cross the heights of the digital summits.

Henrique Salas Römer decided to take the challenge and wrote El futuro tiene su Historia (The Future has History), a book that resorting to generational theory aims at explaining to Latin Americans the nature and content of recent changes that have taken several countries several decades or even a century back as seems to be the case of his home country Venezuela.

The book takes the reader through the most significant crossroads of contemporary history explaining conflict and harmony through the analysis of the international system properties; the interests of the parties and the differentiating attributes of each generation that he considers to represent a time hiatus of 15 years.

The book thus is a great primer into international affairs with regional focus for the young while for us senior citizens it is a great refresher of historical knowledge and past current events.

The book took me back in time to the work Generations, by William Strauss and Neil Howe. In that work they describe a theoretical and recurring generational cycle in American History.

They surmise the thesis that historical events are associated with recurring generational leaderships. Each generation has an archetypical persona whose leadership template marks an era that can be differentiated from other time segments by its differentiating social, political and economic climate. For Strauss and Howe, the generational cycles represent 20 to 22 years. And that they are part of a larger cycle, the saeculum.

In every saeculum there is a crisis which is followed by regeneration. During recovery, the American ethos turns to institutional buildup and value adherence.

Henrique Salas Römer’s book adds to generation theory the figure of the Black Swan.

This are what could be described as the leaders of counter-history — that is to say, the unexpected leaderships that turn the course of history.

Black Swans announce the end of an era, but they do not build the subsequent structure.

Clearly his country Venezuela is living those days that see the Black Swan but not yet the ascent of a new cycle.

And while the region awaits this development it can use the book as roadmap.

Un sueño bolivariano por John Carlin – La Vanguardia – 13 de Octubre 2019

Un sueño bolivariano

Soñé esta semana con que viajé de Madrid Venezuela, me quitaron el pasaporte en el aeropuerto de Caracas y me deportaron, obligándome a volver a España cuatro horas más tarde en el mismo avión de Iberia en el que había llegado. Bueno, creo que fue un sueño. Lo recuerdo como un sueño, pero han ocurrido tantas cosas en el mundo últimamente que deberían ser un sueño pero aparentemente son reales, que ya no sé muy bien qué pensar.

Reconstruyendo el sueño venezolano, lo que pasó fue que estaba en la cola de migración en el aeropuerto de Caracas sobre las tres de la tarde, hora local, cuando un joven oficial vestido de verde oscuro militar me pidió el pasaporte, lo hojeó y me preguntó qué iba a hacer en su país. Le dije que iba a dar unas charlas sobre la paz y el diálogo y que tenía una carta de invitación de una universidad que así lo demostraba. “Entonces usted viene a Venezuela a trabajar”, me dijo. Le contesté que no, que iba no por iniciativa propia sino invitado por compatriotas suyos a aportar mi granito de arena para ayudar a su país a resolver sus considerables problemas. Iba a hablar, según el plan, tanto con delegaciones de la oposición como del Gobierno chavista.

“Vengo principalmente a contarles cosas de Nelson Mandela –dije–, una figura que supongo que la revolución bolivariana no considera hostil, y le aseguro –agregué con énfasis– que no voy a cobrar ni un peso”.

Pensé decirle también que Venezuela –con una inflación de un millón por ciento, malnutrición generalizada y tres millones de exiliados en los últimos dos años– no era exactamente el primer país que se me venía a la mente para ganarme el pan, pero como soy una persona cortés, incluso cuando estoy soñando, me mordí la lengua. Igual mi interlocutor no hubiera entendido de qué hablaba. Al joven agente lo vi no exactamente gordito, pero sí rechoncho, bien alimentado, como suele ser el caso, según entiendo, con aquellos afortunados que pertenecen a la secta venezolana que acude al trabajo vestida de verde.

El joven me dijo que le esperara mientras él entraba en una oficina con un cartel en la puerta en el que ponía “Jefatura”. Unos veinte minutos más tarde, reapareció y me informó de que me iban a embarcar en el vuelo de vuelta de Iberia a Madrid esa misma tarde.

No me habían quitado el teléfono móvil, así que le mandé un mensaje a la señora venezolana que había venido al aeropuerto a recogerme explicándole lo que entendía de mi situación. Intercambiamos mensajes durante un par de horas. Quedó claro que ella estaba haciendo todo tipo de gestiones para convencer a los señores de migración de que me dejaran entrar. Creo que habló con la cancillería venezolana, que, según mi borroso recuerdo, respondió no sólo con sorpresa sino con indignación, y también con las embajadas de España y el Reino Unido. ¿División en el seno de la gloriosa revolución obrera?, pensé.

Volvió el rechonchito y me informó de que tenía asiento en el vuelo de las 18.55 de vuelta a Madrid. Y se fue. Pero sin devolverme el pasaporte y no sin antes decirme que no me moviera de la zona de la puerta de embarque del avión de Iberia, como si yo fuera un criminal, como si me fuera a escapar del aeropuerto si tuviese mis documentos para poder disfrutar de las bondades de la utopía construida por Hugo Chávez, hoy presidida por su incluso más cómico heredero, el Trump del sur, Nicolás Maduro.

Bueno, cómico hasta cierto punto, reflexioné, mientras me entraban mensajes del otro lado de la frontera aeroportuaria asegurándome que había habido un malentendido, que todo se iba a resolver. Yo no lo veía tan color de rosa, pero en ningún momento sentí miedo, o siquiera ansiedad. Tenía bien claro que por más criminal que haya sido lo que los bolichavistas habían hecho, y estaban haciendo, a su país, estos no eran criminales al nivel de los gobiernos militares que yo había conocido demasiado bien en otras épocas latinoamericanas, por ejemplo, en Argentina Guatemala. Son igual de estúpidos, ridículos y mediocres, pero menos inhumanos.

Recuerdo haber esperado sentado un largo rato y que constantemente me entraban llamadas y mensajes de diplomáticos y otros que me decían que pronto habría un final feliz. O igual fue un sueño, ya que he soñado muchas cosas últimamente que tienen que ser imposibles, como que Trump, el Maduro del norte, sea presidente de Estados Unidos; el impostor de Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido; que haya presos políticos en la España posfranquista, y que en Argentina vaya a volver a ser elegida libremente para el gobierno una gente que se postulaba como defensora de los pobres mientras saqueaba el país.

Igual de improbable, o más, que un país como Inglaterra, con fama de pragmatismo y sentido común, opte por el suicidio colectivo del Brexit; o que el presidente de Estados Unidos haya dado el visto bueno esta semana a que Turquía aniquile a los guerrilleros kurdos, aliados de Occidente en la lucha contra el Estado Islámico, porque, según el tuitero en jefe, “los kurdos no lucharon en Normandía en la Segunda Guerra Mundial”; o que en un lugar que debe estar en el top ten de los mejores lugares del mundo para vivir, Catalunya, tantos de sus habitantes sientan la necesidad de cambiar el feliz statu quo y sumarse, vía ­independencia, a la locura ­inglesa de abandonar la Unión Europea.

En el sueño venezolano recibí un mensaje en mi teléfono de un amigo de Barcelona que me decía que a Maduro deberían cambiarle el nombre porPodrido . Me subió el ánimo y me subí al avión. Una vez sentado, me entró un mensaje de alguien en Caracas que me dijo que me habían negado la entrada no por el motivo oficial, que no tenía visado para trabajar en Venezuela, sino por un artículo que había escrito en el diarioEl País en el 2007 vinculando al Gobierno chavista con las FARC colombianas en el narcotráfico. No me lo creí. Aunque igual me equivoco; igual el jefe de migración que me negó la entrada se sintió aludido.

El comandante del avión tenía instrucciones de las autoridades venezolanas de no devolverme el pasaporte hasta que estuviéramos en el aire, lo cual me irritó. Pero por lo demás estaba tranquilo, tan tranquilo que me acordé de escribir un e-mail a Iberia antes del despegue diciendo que me anotasen los puntos de viajero frecuente para este inesperado vuelo. El día siguiente, ya en Madrid, Iberia me contestó que no tenían constancia de que yo hubiese volado ni de Madrid a Caracas, ni de Caracas a Madrid en las fechas que había indicado. Menos mal, pienso ahora. Lo de la deportación fue todo un sueño. Espero que lo de Trump, Johnson, el Brexit, los kurdos, los presos catalanes y Cristina Kirchner, también.

El hombre que engañó a los nazis está enterrado en Choroní – ProDaVinci – 1 de Marzo 2018

¿El mejor doble agente de la Historia? Joan Pujol García amasó logros únicos durante su inusual y excéntrica vida. En los años de la Guerra Civil Española, sirvió como soldado tanto para los Republicanos como los Nacionalistas y contaba entre sus mayores hazañas no haber disparado ni una sola bala a favor de alguno de los bandos. Sin embargo, su gran mérito se centra en su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial. Sin él, el desembarco en Normandía habría sido imposible.

Bajo los seudónimos Arabel para los alemanes y Garbo para los ingleses, desarrolló uno de los mejores trabajos de campo al suministrar información falsa para los nazis. Creó una compleja estructura ficticia de agentes y subagentes que no eran más que él mismo. De este modo llegó a entregar mensajes erróneos —o tardíos— capaces de desequilibrar importantes maniobras alemanas, gracias a la blindada verosimilitud de su red. Al mismo tiempo proporcionó datos claves a la Inteligencia Británica (MI5) sobre encriptación y quiebre de códigos, manejo de información por aire y radio, además de otros métodos de espionaje utilizados por los nazis.

Muchos lo consideran el más importante de los dobles agentes. Su singularidad radica en que la mayoría de los dobles agentes son espías capturados que, al ser extorsionados, aceptan trabajar para ambos bandos. Sin embargo, Pujol lo era por decisión propia, así que sus superiores lo ignoraban. Tanto que ganó reconocimientos como la Cruz de Hierro alemana y la Orden Real del Imperio Británico, una rareza histórica que muy pocos hombres (si es que existe algún otro) tienen en su biografía.

El futuro espía que criaba gallinas. Joan Pujol García nació en Barcelona, España, el 14 de febrero de 1914. Hijo de Mercedes Guijarro García, una andaluza que provenía de una estricta crianza católica, y Juan Pujol, hombre más bien liberal y secular, dueño de una fábrica productora de tinta que mantenía a la familia entera.

Tras estudiar de pequeño en una escuela de la Hermandad de los Maristas y de adolescente en un colegio católico en Barcelona, Joan abandonó los estudios y se dedicó a trabajar como aprendiz en una ferretería y luego en la crianza de aves de granja.

En 1931, tras cumplir seis meses de servicio militar, le desagradó profundamente la vida de milicia. Al ejército tampoco le gustaba Pujol García, apuntando su “falta de lealtad, generosidad y honor”. Pero en 1936, al estallar la Guerra Civil Española, tuvo que volver a vestirse de soldado, muy a pesar suyo. Fue capturado por las fuerzas Republicanas, luego de evitar enrolarse en el ejército, pero logró escapar una semana después. Consiguió una falsa documentación que lo hacía muy viejo para servir en la guerra, así que volvió al mundo de las gallinas en una granja comunitaria.

La práctica agrícola bajo reglas comunitarias tampoco fue de su agrado, así que ya no detestaba la estructura militar sino también detestaba el Comunismo. Poco después se unió a los Republicanos, pero con la clara intención de desertar cuanto antes y unirse al lado Nacionalista llevando algo de información. Pero la experiencia con el otro bando fue aún peor: Pujol García se sintió asqueado con la ideología fascista de los Nacionalistas, e incluso fue maltratado varias veces por sus superiores. Logró ser dado de baja y se casó con su primera esposa, Araceli González.

Al finalizar su travesía personal por distintos pensamientos y modos sociales de vida, la visión personal de Pujol estaba hecha: odiaba a los Republicanos por la persecución que realizaron en Cataluña —en un momento su madre y hermana fueron rehenes— y por sus inclinaciones comunistas, pero también a los sublevados por su claro discurso fascista y dictatorial. Pero en 1940, tras la victoria de Francisco Franco, se comprometió a contribuir de alguna manera con la humanidad, especialmente en contra de Franco, el fascismo y el comunismo en Europa.

Arabel: el titiritero nazi. Pujol García decidió aportar sus esfuerzos a la causa Aliada como espía. Ofreció sus servicios al Imperio Británico varias veces, pero fue rechazado en cada oportunidad. Esto no aminoró su entusiasmo, pero sí le hizo perseguir su objetivo desde otro ángulo: convertirse primero en un agente alemán y luego ofrecer sus servicios como agente doble a los ingleses. Creó una identidad falsa haciéndose pasar por un oficial gubernamental franquista que apoyaba los esfuerzos de Hitler y ofreció sus servicios a Friedrich Knappe-Ratey —un agente alemán en Madrid que operaba bajo el nombre “Frederico”—, apuntando su movimiento constante entre España y Londres como una ventaja.

Tras ser aceptado y haber aprendido con rapidez ciertos métodos de espionaje —como la escritura secreta y el tratamiento de códigos—, fue asignado a la labor de reclutar agentes y fundar una red de espías en Londres. Pero, bajo el nombre código de Arabel, Pujol hizo todo lo contrario: se mudó a Lisboa y desde allí redactó informes falsos que elaboraba usando guías turísticas de Londres, revistas, películas y horarios de trenes que le aportaban los datos necesarios para construir sus falsos reportes.

Aunque tenían errores factuales —Pujol nunca había ido al Reino Unido y desconocía ciertas costumbres— y no estaba relacionado con el sistema monetario inglés —algo que dificultaba la rendición de cuentas a los nazis—, sus reportes eran altamente apreciados por la inteligencia alemana. Tanto que, a propósito de sus informes sobre la contratación de nuevos agentes —todos ficticios—, los alemanes dejaron de buscar más agentes en Inglaterra, impresionados por su campaña de reclutamiento.

Ya para el final de la guerra, Pujol había creado a siete “agentes”, quienes a su vez “reclutaron” a 19 subagentes más. Su manejo de identidades falsas y de las acciones de sus agentes lo convirtió en un auténtico titiritero virtual, capaz de concretar operaciones enteras a sus falsos agentes, incluso atribuyéndoles el éxito o culpa —dependiendo del caso—, o enfermándolos y asesinándolos a conveniencia para mantener su fachada ante los alemanes.

Garbo: el héroe invisible. El servicio de inteligencia británico sospechaba que alguien le suministraba información falsa al enemigo. Tras conocer el gasto de recursos alemanes en perseguir la pista falsa de un convoy militar aliado —pista suministrada por Pujol—, el MI5 decidió contactar al agente. Pujol se mudó a Inglaterra el 24 de abril de 1942 y le fue dado el nombre código Garbo. Sus operaciones eran controladas por su oficial superior Tomás Harris, ya que hablaba español y eso le permitió trabajar en conjunto con Garbo y escribir más de 300 cartas dirigidas a un puesto de correo concertado por los alemanes en Lisboa. Estas cartas, enviadas por correo o por un piloto de KLM, fundaron la red falsa de espionaje de Garbo.

El contenido de los informes enviados a Alemania por Garbo era una mezcla de ficción, datos verdaderos sin mucha utilidad e información confidencial de gran importancia que era suministrada a los alemanes demasiado tarde para servir de algo. Un ejemplo claro fue la Operación Torch, la invasión de fuerzas británicas y estadounidenses al frente de África del Norte: a través de uno de sus “agentes”, Pujol informó (en una carta fechada antes del aterrizaje de las fuerzas aliadas, pero enviada más tarde por correo) que buques de guerra con tropas y maquinaria habían abandonado el puerto de River Clyde, en Escocia, y que iban pintados en camuflaje mediterráneo. La carta, como se esperaba, llegó tarde, pero la inteligencia alemana apreció los esfuerzos de Garbo, notando la veracidad y profundidad de los datos aportados.

Así siguió hasta ofrecer tal vez su mayor aporte al frente Aliado: su colaboración a Operación Fortitude, una de las más grandes operaciones de engaño durante la Guerra y tal vez la más importante. Destinada a engañar a la inteligencia alemana, para que creyeran que la invasión de Europa por el norte sería en Pas de Calais (sección sur de Fortitude) o en Noruega (sección Norte), aminoraron la cantidad de tropas alemanas postradas en Normandía, lo que aseguró el éxito de la Operación Overlord.

Garbo se encargó de mandar más de 500 mensajes de radio antes del D-Day con información falsa para desviar la atención y los esfuerzos militares de los alemanes hacia Pas de Calais. Alimentó a la inteligencia nazi con reportes de unidades de combate estacionadas en el sur y este de Inglaterra, comandadas por el general George S. Patton, y que esperaban la orden de ataque, cuando en realidad, se trataba de aviones de cartón y tanques inflables estacionados en la costa inglesa.

Los detallados reportes de Garbo —que incluían datos verdaderos y falsos respecto a cantidad de tropas, fecha y hora de partida del Reino Unido y destino— hicieron creer a los alemanes que el primer desembarque en Normandía sería una distracción de la invasión principal. Y cayeron. La entrada y posterior batalla en Normandía fue una victoria decisiva para los aliados. Mientras eso sucedía, el mariscal Gerd von Rundstedt se negaba a movilizar las tropas de Pas de Calais, confiado en los reportes de Garbo que afirmaban que el ataque era una trampa.

Garbo en Venezuela. Meses después de la invasión a Normandía, Garbo fue condecorado con la Orden del Imperio Británico el 25 de noviembre de 1944, de manos del rey Jorge VI, por su valiosa labor de espionaje y manipulación que resultó en tan notable aporte a la causa aliada. Irónicamente, Arabel había sido distinguido en abril del mismo año con la Cruz de Hierro, una distinción raramente entregada a espías y que requería la aprobación personal del propio Hitler.

Tras la guerra, Pujol se alejó del seudónimo Garbo temiendo represalias de antiguos nazis. Así que viajó a Angola, con asistencia del MI5, y fingió su deceso por causa de malaria. Luego de la falsa muerte, se trasladó a Lagunillas, en Venezuela.

Ya en Venezuela, vivió en varias zonas del país y era un apasionado de las costas del Caribe. Pujol asumió una nueva identidad. Años después, en la década de los ochenta, fue contactado por el político inglés Rupert Allason, quien consiguió localizar al elusivo Garbo tras una larga y laboriosa búsqueda. Allason estaba sumamente interesado en la historia de Garbo y fue él quien lo rescató de la oscuridad histórica y dio a conocer su paradero al Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, con quien Garbo logró reunirse en 1984. Aprovechó la visita a Inglaterra para reunirse en el Club de las Fuerzas Especiales con antiguos compañeros del MI5, quienes daban a Garbo por muerto desde finales de los años cuarenta.

A los 76 años de edad, Joan Pujol García murió en Caracas el 10 de octubre de 1988. Fue enterrado poco después, tal como dejó ordenado en vida, en el costero pueblo de Choroní, estado Aragua.

Referentes en la pantalla. Una historia tan nutrida parece un plato fuerte para la gran industria audiovisual. Sin embargo, no existen referencias que superen a la película Garbo, el hombre que salvó al mundo (Edmon Roch, 2009) que, aunque obtuvo varios premios en las categorías de cine documental en España, no llevó mucho más lejos de sus fronteras la historia de Joan Pujol.

Además, otra película titulada Hitler, Garbo… y Araceli descubre la participación de su primera esposa, Araceli González Carballo, en el trabajo de Garbo. Esta pieza, de mediano presupuesto y calidad televisiva, ha contado con la participación de talento e inversores de la localidad de Lugo, lugar donde nació Araceli, interesados en develar el rol aparentemente fundamental que cumplió esta paisana en la historia del siglo XX.

***

Algunos libros disponibles sobre esta historia:

Agent Garbo: The Brilliant, Eccentric Secret Agent Who Tricked Hitler and Saved D-Day

Operation Garbo: The Personal Story of the Most Successful Spy of World War II

GARBO: The Spy Who Saved D-Day (Secret History Files)

Pasado común: a propósito de “Telón de fondo” de Elías Pino Iturrieta por Manuel Gerardo Sánchez – ProDaVinci – 6 de Octubre 2019

El pasado 3 de septiembre se presentó en Barcelona, España, Telón de fondo, historias distintas de Venezuela, de Elías Pino Iturrieta. A continuación reproducimos el texto de su presentador, el historiador y narrador Manuel Gerardo Sánchez.

Telón de fondo es el resultado de un propósito —o más bien es un empecinamiento— que Elías Pino Iturrieta ha defendido a lo largo de su carrera como historiador: hacer del estudio del pasado un conocimiento potable y accesible. La enjundia metodológica, el abigarramiento de citas a pie de página y la seriedad del aparato crítico, ese que la disciplina histórica ha porfiado en refinar para endomingarse de «ciencia», lejos de seducir al interesado lo alejan de los libros. Lo ahuyentan. Por añadidura, convierten a las historiografías en mamotretos pesados que sueltan un parpadeo antipático. La mueca huraña que zapatea curiosidades y anestesia imaginaciones.

Sin burlar el método que exige hoy la labor de Heródoto, Telón de fondoabjura de la aspereza del ídem e ibídem, de los engreimientos de eruditos, de los conceptos que se vuelven fárragos y de esa prosa abstrusa, repleta de tecnicismos y máximas pomposas, tan común en las investigaciones académicas. Su índice reúne un rimero de petites histoires que, junto a la precisión del dato y a la oportuna ubicación de la fuente, no cancela el viaje en el tiempo ni reprime la ensoñación maravillosa. Al contrario, los impulsa. Los ensayos que compila este título publicado por Editorial Alfa pasean al lector por las geografías del pretérito, lo hechizan con el fragor y el chisme de antaño, lo acercan a las mentalidades que, a pesar del vestido descolorido, desfilan en las pasarelas del gerundio —por aquello de «el pasado no pasa, se disfraza de presente»— y, por supuesto, lo ponen en contacto con personajes y sucesos que amarillean en los crepúsculos del olvido. Entonces, Elías Pino, con su pluma elegante y tono entretenido, desempolva identidades y acontecimientos que se enmohecen en los archivos para convertirlos en memoria viva. Un acto de resurrección que conjura gracias a la palabra, única finalmente en obrar el milagro, el «levántate y anda» que certifican las ansias de quienes, como Lázaro, buscan luz y entendimiento.

Por su hechura narrativa y la escogencia atinada de las anécdotas, los textos que conforman Telón de fondo parecen más bien pequeñas fabulaciones o apólogos sin moralejas. ¡Menos mal! No evangelizan. No reclutan a fanáticos de propagandas. Son la prueba escrita de la voluntad de divulgación ya expresada por Pino Iturrieta: «Considero que, aparte de las investigaciones profesionales a las cuales obliga mi oficio, se debe procurar que los conocimientos lleguen a capas amplias de destinatarios que no se acercan a los libros destinados a la creación de entendimiento sobre el pasado desde una perspectiva académica».

Estos breves artículos rescatan singularidades. Ponen la lupa en hechos que la historiografía de postín desestima por preferir las convulsiones semánticas y las riquezas interpretativas de los grandes capítulos: guerras, emancipaciones, democracias y dictaduras, contiendas electorales y biografías de los héroes. Desentierran nombres de gente común, anónimos sin coronas ni charreteras, cuyas épicas se libran en el campo doméstico. Revisitan fragmentos en apariencia aislados de la vorágine social y política en la que se inscriben. Pero el autor nunca los divorcia de sus contextos: «Se debe procurar un contacto con los problemas del tiempo que les correspondió, o con la sensibilidad de los hombres de la época, con eso que algunos llaman ‘clima de opinión’, para que se pase del solaz a la reflexión y de la lectura ligera a la solución progresiva de un rompecabezas», aclara en los primeros párrafos. Por último, el conjunto suelta fulguraciones que brillan dentro del grand récit de la historia y permite que el detalle, eso que a primeras vistas luce baladí o insignificante, guíe a un panorama más amplio y complejo.

Sí, Elías Pino distingue en las particularidades, en el tráfico de la vida privada y en los vaivenes de lo cotidiano un tesoro informativo. Lo avalúa y con sus herramientas teóricas desbroza caminos para la comprensión. Pero, sobre todo, reconoce la necesidad de recurrir al pasado, su numen y objeto de estudio, para explicar situaciones de la actualidad. De hecho, los escritos de Telón de fondo nacen, tal como lo advierte en la introducción, de una noticia que pellizcó su conciencia y perspicacia para corregir las estrecheces del examen inmediato: «Los hechos del presente requieren un nexo con hechos anteriores, no solo porque lo tienen de veras sino también porque la mayoría de los análisis que ahora se producen de la vida venezolana no se salen del presente, se quedan en las vivencias del día, como si la historia comenzara con la partida de nacimiento del analista y terminara con el acta de su defunción».

Telón de fondo descubre las manipulaciones, argucias y tergiversaciones que, desde sus privilegios, ventilan los poderosos en sus discursos. Algunos liberan o esclavizan. Otros no consienten objeciones ni refunfuños e izan, como banderas, enunciados irrefutables en detrimento de la razón y de la diversidad. Por citar un ejemplo: la narrativa redactada después de las guerras de independencia. Ennoblece la naturaleza de la república, encumbra a los libertadores en recompensa de sus sacrificios, acucia la tutela y el gobierno de estos próceres por la herida sangrante en la batalla y, por supuesto, rompe todo vínculo con la colonia y el imperio español por considerarlo un período de oscurantismo y maldad. Estas páginas, asimismo, destronan a falsos ídolos, señalan los vacíos y los eventos que reclaman exégesis y reniegan de credos hasta hace poco asumidos como dogmas. ¿A principios del siglo XIX la mayoría del pueblo llano aupaba la causa patriota? Finalmente, quien se sumerja en estas profundidades no encontrará remanso, sino vértigo. Se quitará los velos que ocultan miradas y juicios. E identificará el gigantesco poder que tiene la historia —del que abusaron Bolívar, Guzmán Blanco y Chávez— para muñir y controlar voluntades, carencia y afectos por medio de relatos que sustituyen versiones por otras. Hay cuentos que abolen, barren y anulan verdades.

Con el mazo dando¿Quién es Diosdado Cabello? por Xabier Coscojuela – Nueva Sociedad – Octubre 2019

Considerado parte de la «derecha endógena», Diosdado Cabello es una figura clave del régimen bolivariano. Desde la Asamblea Constituyente hasta su programa «Con el mazo dando», su discurso se conecta más con el viejo nacionalismo militar que con la tradición de izquierda.
Con el mazo dando  ¿Quién es Diosdado Cabello?

«Nicolás [Maduro] es mi hermano, es mi camarada, y somos hijos de Chávez». Estas palabras fueron dichas en 2013 y repetidas en innumerables oportunidades a lo largo de todos estos por Diosdado Cabello, número dos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). La última vez, la mención la hizo durante su participación en el Congreso Internacional de Mujeres que se desarrolló en Caracas el pasado 20 de septiembre.

En la última aparición pública de Hugo Chávez el 8 de diciembre de 2012, Cabello estaba sentado a su derecha y Maduro a su izquierda. ¿Indicaba esto la ubicación «ideológica» de ellos dentro del chavismo? Al primero se lo señaló ya hace varios años el líder de la «derecha endógena» dentro de las filas del oficialismo. Por su parte, Maduro fue siempre un militante de la izquierda marxista. Y ambos encarnan los poderes dentro del chavismo. El extinto ex presidente se decantó por Maduro para su sucesión y los rumores de enfrentamiento con Cabello no han cesado desde ese momento pero, hasta ahora, en público han mostrado un total entendimiento.

Graduado en la Academia Militar de Venezuela en 1987 como el segundo de la promoción «general de brigada Tomás Montilla», conocida internamente como «Los Montilleros», Cabello no es un buen orador. Tampoco utiliza la fraseología típica de un líder de la izquierda marxista latinoamericana. Su discurso es más patria, dentro del enfoque nacionalista militar, que revolución. Muchas más frases hechas que ideas propias.

En la actualidad, uno de los integrantes de esta promoción, el mayor general Alexis Rodríguez Cabello, es el comandante general del Ejército, lo que pone de manifiesto la importancia de sus compañeros de promoción. Cabello es también ingeniero de sistemas graduado en la Universidad Politécnica de las Fuerzas Armadas. Con el grado de teniente, participó en el intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Por este hecho pasó 22 meses preso en la cárcel de Yare, en el estado Miranda.Fue liberado gracias a la amnistía del presidente Rafael Caldera a los participantes en la acción militar. En diciembre de 2013, Maduro lo ascendió al rango de capitán, aunque desde 1993 está fuera de la Fuerza Armada Nacional como consecuencia de su actuación en el golpe fallido. Su esposa, Marlenys Contreras, se desempeñó hasta el pasado mes de agosto como ministra de Obras Públicas.

Cabello inició su andadura en el primer gobierno de Chávez en un cargo burocrático de segunda línea: director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel).A partir de entonces su travesía ha sido larga y variada y siempre ascendente: fue vicepresidente de la República, gobernador, diputado raso, presidente de la Asamblea Nacional y, actualmente, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, que se coloca por encima de todos los poderes constituidos.

Su paso por Conatel fue muy aplaudido por la dirigencia empresarial de las telecomunicaciones. Desde ese cargo, en 2000 impulsó la Ley Orgánica de las Telecomunicaciones que fue calificada por expertos del área como la más moderna de América Latina, período en el cual asignaron las bandas del espectro radioeléctrico a empresas nacionales y extranjeras. Como vicepresidente de la República, en ocasión del golpe de Estado de abril de 2002 contra Chávez, tuvo un gran protagonismo. Aquella imagen en la que se lo ve entregándole el poder nuevamente a Chávez presagiaba un buen augurio. De ese cargo salió para ocupar el Ministerio de Interior y Justicia (2002-2003), de ahí siguió al Ministerio de Infraestructura (2003-2004), posteriormente fue electo Gobernador del estado Miranda para el período 2004-2008, luego aspiró la reelección y fue derrotado por Henrique Capriles Radonsky, un lunar que no pudo superar.

En el 2008 asumió el Ministerio de Infraestructura, más tarde denominado Ministerio de Obras Públicas y Vivienda, cargo que ejerció hasta 2010. En ese lapso y simultáneamente fue director de Conatel, aunque en esta segunda oportunidad lejos quedó el funcionario alabado por el sector empresarial. En ese momento no tuvo ningún problema en cerrar 32 emisoras de radio alegando que no contaban con los permisos correspondientes. Aquella Conatel «neoliberal» fue mutando deun ente para regular las telecomunicaciones de una manera amplia a controlar de manera férrea los medios televisivos y radiales. Más adelante le fueron acrecentadas las funciones a ese organismo público para supervisar la web.

En el interior del chavismo no han faltado los detractores de Cabello. En 2008, el diputado Luis Tascón lo señaló como el líder de la «derecha endógena». Tan es así que a diferencia de otros líderes del chavismo, su relación con Cuba ha sido más bien reciente. De hecho, pasaron varios años para que Cabello fuera recibido en La Habana.

Pasaron varios años para que Cabello fuera recibido en La Habana.

En 2010 fue elegido diputado por el estado Monagas. La mayoría absoluta del Parlamento era del PSUV y Cabello fue designado presidente de una de las comisiones menos apetecidas de la Asamblea Nacional: la de Administración y Servicios. Dos años después era el presidente del Poder Legislativo, cargo que mantuvo por tres años (2015) hasta el final del período. Aunque en el chavismo se había acordado la rotación anual en la directiva del Parlamento, Cabello no cumplió el pacto. Sus adversarios internos, y quienes lo critican desde la oposición, le atribuyen un gran poder que le ha permitido escalar posiciones y mantenerse en la palestra. Ha sido acusado de corrupción y de contar con varios testaferros. En 2015, el capitán de corbeta Leamsy Salazar lo acusó de participar del negocio del narcotráfico.

La reproducción de esta información por tres medios venezolanos les valió una demanda penal y otra civil por parte de Cabello. Los jueces que vieron los casos fallaron a favor del líder del PSUV, lo que era de esperarse porque en la Venezuela chavista ningún tribunal, en ningún nivel, ha fallado contra el gobierno o sus dirigentes, al menos en los últimos 15 años.

El policía malo

Donde Cabello se desenvuelve a sus anchas es en el programa de televisión «Con el mazo dando», donde desde 2014 reparte «mazazos» a todo opositor que crea conveniente, sea venezolano o extranjero, para lo que no se priva de utilizar informes de inteligencia. El programa se transmite todos los miércoles y dura cinco horas. Hay música, videos con palabras de Chávez, por quien dice profesar un amor infinito, así como desmentidos a los medios de comunicación, todo con mucha agresividad y violencia verbal. El símbolo de dicho espacio es un garrote y en el programa Cabello se muestra como el más duro de los chavistas. El más radical contra la oposición. El policía malo de la película. Pareciera que disfruta con ese rol. No tiene ningún problema en rechazar cualquier posibilidad de entendimiento.

De hecho, ni él ni ninguno de los dirigentes que se identifica con Cabello ha estado presente en los diálogos que ha mantenido el gobierno de Maduro con la oposición. No asistió a los que se produjeron antes del llevado a cabo en República Dominicana ni tampoco al que promovió el gobierno de Noruega a través de varios encuentros en Barbados. Ni siquiera tuvo presencia en el último que sostuvo el gobierno con el sector más moderado de la oposición.

Sin embargo, Cabello sí se habría reunido con representantes del gobierno de Estados Unidos, según información de la agencia AP divulgada en agosto pasado y desmentida por el presidente de la Asamblea Constituyente, quien afirmó que no tendría inconveniente en reunirse con «quien fuera» siempre que para ello contara con la autorización de Nicolás Maduro. Los encuentros tendrían que ser en Venezuela y sería para tratar temas de interés nacional y no personal, agregó Cabello.

Días después, Maduro reveló que había autorizado a varios de sus colaboradores más cercanos a sostener encuentros con representantes del gobierno de Donald Trump, pero no mencionó entre ellos a Cabello. De esta manera precisó que el presidente de la Constituyente no estaba autorizado para hablar en su nombre.

El autoritarismo, que ya demostró cuando presidió la Asamblea Nacional, es exhibido con fruición en ese programa. Recordemos que en 2013, luego de las elecciones presidenciales en las que resultó electo Maduro, Cabello preguntaba a los diputados opositores que pretendían tomar la palabra en el Parlamento si reconocían a Maduro como presidente. Si la respuesta era negativa, al diputado no se le permitía hablar. Un cuartel en el Parlamento.

El programa televisivo que conduce es un compendio de violaciones de la Constitución y de las leyes. En el mismo, militares activos uniformados manifiestan su inclinación político partidista –lo que está prohibido constitucionalmente–, se reproducen grabaciones de conversaciones telefónicas o de videos obtenidas sin orden judicial, se presentan «pruebas» aportadas por la Fiscalía, o se ordena la detención de algún ciudadano. El último de los casos es el del ingeniero Wiston Cabas, presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica y Mecánica, quien había declarado que en cualquier momento se produciría un nuevo apagón eléctrico nacional. Sus pronósticos se cumplieron a finales de julio de 2019. Cabello afirmó que Cabas no era vidente para saber lo que iba a pasar y pidió que lo investigaran. La Dirección de Contrainteligencia Militar fue a detenerlo pero al no hallarlo apresaron a su hijo, Arnaldo José Cabas.

De su dureza también son víctimas funcionarios internacionales. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) nunca es llamado por su nombre, Luis Almagro, sino «Almugre». Al Grupo de Lima lo denomina como «el cartel» de Lima. Michelle Bachelet también ha sido blanco de los ataques de Cabello luego de conocerse el informe presentado por ella el pasado 5 de julio, donde dejaba constancia de las graves y reiteradas violaciones a los derechos humanos en las que ha incurrido el gobierno de Maduro. En dicho reporte, Bachelet reservó un apartado especial para el programa televisivo de Cabello al que denunció por aumentar la retórica de persecución y descrédito contra los opositores al régimen bolivariano.

El presidente de la ANC respondió a Bachelet con su tradicional elegancia. Afirmó que dicho informe no le quitaba el sueño, que él se había reunido con la Alta Comisionada como un favor, que el informe lo habían redactado en Estados Unidos y que era un chantaje. Sus palabras contra la ex presidente socialista de Chile son una demostración del daño que ha producido su informe en la imagen internacional del chavismo. El candidato presidencial peronista argentino Alberto Fernández marcó distancia de Maduro basándose en las denuncias de Bachelet.

Ese rechazo también se manifestó en la última reunión del Foro de Sao Paulo reunido en Caracas en julio pasado, cuando en la declaración final el informe de Bachelet no fue nombrado. Se conoció que los representantes del Frente Amplio de Uruguay tenían la orden de oponerse a cualquier rechazo al informe Bachelet y el Partido Socialista de Chile no envió a ningún representante a la reunión.

Bajo control de Maduro

Dos hechos relativamente recientes dejan ver que el poder de Cabello en el ámbito interno del PSUV llega hasta donde Maduro lo permite. En 2017 fue elegida la Asamblea Nacional Constituyente y en el proceso de su elección el gobierno violó la Constitución en al menos dos oportunidades. La primera, al no consultar con los ciudadanos si estaban de acuerdo con su convocatoria. La segunda, al pasar por encima del principio de un ciudadano un voto y diseñar un sistema electoral que sobre representaba a la minoría, lo que hacía inútil cualquier esfuerzo de la oposición por participar en la elección de los constituyentes.

Dicha Constituyente fue elegida como un súper poder que podía disolver la Asamblea Nacional, modificar la conformación del Tribunal Supremo de Justicia, elegir, como en efecto lo hizo, el fiscal general de la República y el defensor del pueblo. En teoría tendría más poder, incluso, que el presidente de la República. Entre los elegidos, el constituyente con mayor liderazgo era Cabello, por lo que parecía lo más coherente que fuera él quien presidiera la ANC. Eso para algunos significaba que sería el hombre con mayor poder en el país. Sin embargo, cuando llegó el momento de la elección, Maduro demostró tener más capacidad de fuego interno e impuso a Delcy Rodríguez –la actual vicepresidente– para encabezar la Constituyente.

El segundo episodio se produjo el 12 de agosto de 2019.El líder opositor Juan Guaidó, nombrado por la Asamblea Nacional «Presidente encargado», aseguró que la Constituyente iba a adelantar las elecciones parlamentarias para finales de este año, aun cuando el período legislativo vence en diciembre de 2020. La sesión de la Constituyente fue convocada para un día lunes, algo totalmente inusual. Cabello había declarado que la Asamblea Nacional podía ser elegida los primeros días del año 2020 y comenzar su período de sesiones en enero de 2021, pero cuando se inició la sesión el tema fue debatido pero para negar la convocatoria de las referidas elecciones. Ese mismo día, en horas de la noche, Maduro anunció la remoción de Marlenys Contreras, esposa de Cabello, del ministerio de Obras Públicas.Había permanecido en gabinete desde abril de 2015.

La procesión anda por dentro del chavismo pero, hasta el momento, la disputa ha sido controlada de cara a la opinión pública. Sin duda Cabello tiene una cuota importante de poder, pero a la hora de la verdad, sigue siendo el segundo del chavismo, bajo control de Maduro.

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