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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

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Venezuela: votar en dictadura por Carmen Beatriz Fernández – Blog Polis – 17 de Octubre 2017

La autora analiza cómo transcurrieron las elecciones de gobernadores venezolanas: árbitros partidistas, votos forzados y un fuerte argumentario para disuadir a los opositores de que fueran a votar.

El domingo en Venezuela pistoleros asaltaron dos autobuses de pasajeros. Sucede casi todos los días, en realidad. Caracas se ha convertido en capital hemisférica del crimen. La novedad está en que los asaltantes actuaron sobre autobuses que trasladaban electores migrados. Al finalizar la acción criminal los ladrones se llevaron las llaves de los buses, para que de esta forma sus choferes no pudieran seguir trasladando electores. Y es que a escasas 72 horas de celebrarse las elecciones más de 700 mil votantes, aquellos que sufragaban en los circuitos más fuertemente opositores, fueron cambiados de su centro de votación, hacia otros más distantes geográficamente y más hostiles políticamente. El cambio se hizo a última hora y sin la suficiente advertencia a los electores, muchos de los cuales se enteraron del traslado justo al llegar a su centro de votación. Allí los esperaba el apoyo en movilización del candidato opositor, y deberían trasladarse a sufragar en centros saturados, con logísticas deliberadamente complicadas, fuertes colas y cerca del doble de electores del que fueron diseñados para manejar.

Desde hace ya varios años el árbitro electoral venezolano dejó de serlo para convertirse tímidamente en un jugador oficialista. Un árbitro que imponía condiciones leoninas a la oposición y se las facilitaba al oficialismo, un árbitro que inclinaba el campo de juego para que a su equipo favorito le fuera más fácil meter goles. Un recurso muy manido en los últimos años fue dejar en evidencia la parcialidad del árbitro electoral y su posibilidad de torcer el resultado de las urnas, ello facilitaba desmotivar al elector opositor a ejercer su voto y dificultaba los acuerdos entre quienes adversan al gobierno. Son también frecuentes los casos de votos forzados donde se acompaña, a veces militarmente, al votante más pobre y rural. Tampoco se le permite votar al elector de la cada vez más abundante diáspora que representa ya más del 10% del padrón electoral.

Mientras que el 25% chavista de la sociedad iba a votar, el 75% opositor se debatía entre ir o no
Nunca durante la llamada revolución bolivariana las condiciones electorales han sido equilibradas, pero en las elecciones que se celebraron el domingo, se entró en una nueva fase. Ese árbitro cedió a su timidez inicial para convertirse descaradamente en el único jugador relevante del equipo de Maduro: el que mete todos los goles.

El domingo unos 18 millones de electores fueron llamados a votar en las elecciones para escoger gobernadores. Fueron éstas unas elecciones extemporáneas que habían debido celebrarse el pasado diciembre, por mandato constitucional. El chavismo, que alardeaba tanto de la muy frecuente convocatoria a las urnas, dejó de celebrar elecciones apenas comenzó a perderlas y llegó a estas en parte por presión internacional, y en parte por un esfuerzo de Maduro de aligerar la presión interna, aún a costa de sacrificar a algunas de sus propias fichas.

En Venezuela 3 de cada 4 electores adversan duramente al gobierno de Maduro y con esos números se podría esperar que la oposición se hiciera con al menos 20 de las gobernaciones. Pero nunca fue ése el pronóstico, pues mientras que el 25% chavista de la sociedad estaba convencido de ir a votar, el 75% opositor al régimen de Maduro se debatía entre si ir a votar o dejar de hacerlo, con lo cual la batalla en las urnas electorales se hacía mucho más equilibrada.

Los problemas serios comienzan cuando el electorado se convence de que no hay salidas por la vía electoral
En una elección normal una campaña de gobiernos regionales sería ocasión de presentar y debatir propuestas, contrastar lemas, destacar imágenes. Nada eso pasó en esta contienda. Fue un proceso con perspectiva nacional: durante la campaña el gobierno central usó toda su fuerza argumental para disuadir a los opositores de que fueran a votar. Un argumento fue categorizar a las negociaciones gobierno-oposición como evidencia de un pacto de convivencia, tratando de convencer a las bases opositoras de que hay acuerdos turbios y colaboracionismo. Otro argumento insistía en que votar era reconocer a la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente. Un tercero, ya reiterado, hacer siempre evidente la parcialidad del árbitro electoral. Quizás uno de los momentos más interesantes de la campaña se dió cuando más de 20 presos políticos suscribieron desde su cárcel una carta invitando a votar. Las campañas electorales también se juegan durante las dictaduras, pero en ellas los mensajes son distintos…

Sin embargo durante las últimas dos semanas el liderazgo opositor había sido capaz de convencer a sus electores sobre la importancia de asistir a votar. La disposición al voto entre los opositores, que se mantenía en niveles inferiores al 50% fue creciendo hasta alcanzar un compromiso superior al histórico para elecciones regionales. Así las cosas el oficialismo recurrió a su plan B, con el que consiguió hacerse con 17 de las 23 gobernaciones. Fallada la táctica de impulsar argumentalmente la abstención, se buscó lograrla por la vía de inclinar aún más la cancha para dificultar al máximo el voto opositor. Es posible incluso que se haya ido un paso más allá en el pucherazo, y el fraude en las condiciones electorales se haya complementado con fraude en la votación, particularmente en aquellos centros de menor tamaño. Un indicador no venial es que existen numerosos centros de estas características en los que el candidato oficialista obtuvo más votos de los que nunca obtuvo el difunto comandante Chávez.

Quizás no haya nada demasiado nuevo en esto: a fin de cuentas ningún sistema se juzga como más o menos democrático porque existan reclamos de fraude. El poder suele jugar con ventajismo en todas partes del mundo. Sin embargo el dilema sobre si participar o no, no es banal en un sistema político. Los problemas serios comienzan cuando buena parte del electorado se convence de que no hay salidas por la vía electoral.

*** Carmen Beatriz Fernández es profesora de Political Systems en la Universidad de Navarra y preside la consultora DataStrategia.

Los únicos venezolanos que volverán por Mike Blaster – Diáspora Venezolana – 17 de Octubre 2017

Los únicos venezolanos que “volverán” son aquellos a los que les fue mal, los demás serán -si el país se recupera- sólo turistas ocasionales.

¿Por qué?

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No es necesario estar físicamente en el país para reconstruirlo, de hecho, es más eficiente ayudar financiera y hasta culturalmente desde un lugar con economía estable.

Eso ya se está haciendo.

Calculo que las remesas con cerca de 3 millones de venezolanos viviendo permanentemente fuera del país, estarán en el orden de los USD $ 6,200 millones al año para el 2020.

¿Qué pasa con la familia y los amigos?

En el momento actual, es más sencilla a veces organizar la logística para una cena familiar en Buenos Aires, Miami o Madrid que en Caracas.

Es más viable compartir con los amigos un par de veces al año tras un concierto en Londres o Panamá, que conseguir pasaje para la pequeña Venecia.

Las visitas puntuales a familiares, viajes para compartir conocimiento, encargos de medicinas y presentar el nieto nuevo a la abuela sin duda seguirán, al menos mientras lo permitan las posibilidades y las autoridades.

Sin embargo, en mi humilde opinión, el “regreso definitivo” es poco probable.

Es un concepto que erradamente pareciera estar sólo en sintonía con el estrato pudiente de la sociedad, pero que cada vez se hace más permeable a los menos favorecidos.

Luego de apenas un par de años, la mayoría de quienes han logrado subsistencia hasta ese momento, tienen lazos económicos y funcionales con su nueva ciudad.

Ya incluso han creado las bases de su propio sistema de soporte, llevan en la agenda de su teléfono 2, 3 o 10 números -dependiendo de su habilidad de crear tejido social- de personas a las cuales llamar “por si algo pasa”.

Han abierto cuentas bancarias, solicitado tarjetas, obtenido documentación de residencia formal y pagado puntualmente sus impuestos.

Ya no son más extraños a las palabras, los alimentos y las costumbres, se han convertido en habitantes formales de sus nuevas ciudades.

No sienten nostalgia por las “parrillas cada fin de semana”, porque las han sustituido por patinar de noche en el Obelisco, salir a los antros de la Zona Rosa o bailar tango a las riberas del Sena.

Pero principalmente, porque los asistentes a esos entrañables encuentros también están viviendo ahora en 5 países diferentes.

No quisiera que se malinterprete esta breve reflexión con tristeza o pesadumbre, todo lo contrario.

Esta coyuntura empujó a una enorme cantidad de personas al límite de su intelecto y capacidad de trabajo.

Para mí, superar esas fronteras siempre estará muy bien.

Siento que es nuestra obligación hacer de nuestra corta permanencia en el mundo la mejor experiencia posible, devolviendo además una huella positiva para los otros.

Sólo tenemos un turno al bate.

 

La clave para superar la depresión postelectoral por Iván Zambrano – El Estimulo – 16 de Octubre 2017

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De nuevo, llegó la depresión post electoral. Un déjà vu que nos azota desde hace 18 años. Los jóvenes que hemos vivido la mayoría de edad de la Revolución Bolivariana tenemos pocos recuerdos de lo que fue la vida fuera de la Quinta República. Parece que Dios nos sigue dejando en azul, ¿tendrá a Venezuela activada en su GPS? Mientras el Tribunal de la Justicia Divina se digna a sesionar, quienes apostamos por una salida pacífica nos seguimos aferrando a lo único que no podrá regular el gobierno: el buen humor.

A los 9 años mi mayor preocupación era poder llegar vivo a los 11. “Un asteroide acabará con el mundo en el año 2000”, repetía en 1998 el conductor de “Ocurrió Así”, Enrique Gratas, un señor al que le tenía tanto respeto como a Porfirio Torres, el locutor de “Nuestro Insólito Universo”.

Entre los cuentos macabros que oía en la televisión y la radio terminé creyendo en la Niña Vampira, el Satanás guatemalteco y, por supuesto, en el Chupacabras. Crecí siendo un niño que se asustaba cuando oía la armónica de “El Amoladoooor” y cuando veía cómo Tyanny se interponía entre el amor de Roxana y Servando en “De Sol a Sol”. Pero todos estos villanos se quedaron en pañales cuando conocí al más grande y mediático de todos: Hugo Rafael Chávez Frías.

Antes de que la Quinta República se instaurara, yo solo sabía que Salas Römer era “el bueno” y Hugo era “el malo”. “¡Coño de la madre! ¡Ganó Chávez!”, dije por primera vez a los 9 años de edad y mi mamá no me voló los dientes. Cuando cumplí 10 años ya tenía licencia para decir groserías abiertamente. Las aprendía viendo “South Park” y “Aló Presidente”. Chávez me parecía mejor animador de TV que político. Me hubiese encantado verlo en “Los Sábados de Hugo”, “Chaverísimo” o “Chávez tipo 11”; pero no, él quería un espectáculo más grande.

El mundo no se acabó en el 2000. Pude estar tranquilo hasta que salió a la luz la profecía maya que reprogramaba el Apocalipsis para 2012. Porfirio Torres seguía narrando las tétricas historias de “Nuestro Insólito Universo” y unas peores: las cadenas presidenciales. Ahora los anuncios importantes del Ejecutivo los hacía el mismo hombre que advertía la presencia de platillos voladores en el Ávila y barcos fantasmas en el Caribe.

El terror se apoderó de la cotidianidad. Los 5000 mil bolívares con los que compraba en la cantina, pasaron a ser 5 bolívares “fuertes”. El Escudo Nacional ahora tenía que dibujarlo con la cabeza del caballo mirando a la izquierda, y para hacer la bandera con papel lustrillo debía recortar una estrella extra. Además, al membrete de los trabajos debía agregarle “República Bolivariana de…”.

A los 12 años mi preocupación ya no era el fin del mundo, sino perder la virginidad. Nadie me paraba bolas, pero Chávez me enseñó a manejar mi frustración. En medio de una adolescencia de amores no correspondidos y elecciones en las que “El Comandante” salía victorioso, crecí sabiendo que no siempre se podía ganar.

Tiempo después, fui yo quien le dijo “No” a Chávez, junto a las otras 9.002.438 personas que votamos en el referéndum consultivo en contra de la reforma de la Constitución en 2007, con la que Chávez buscaba atornillarse en la silla. Es ese entonces yo tenía 18 años, el doble de la edad que tenía cuando dije “¡Coño de la madre! ¡Ganó Chávez!”.

Esa vez perdió, aceptó que la oposición había tenido una “victoria de mierda”. Él no se quedó con esa y, como buen tramposo, se jugó las cartas para alcanzar la reelección indefinida, como si realmente fuese inmortal. El poder lo envició, como a mí los ansiolíticos. Equaliv, Sedival, Paxil, Ipran, Rivotril, las golosinas que me volvieron invulnerable a la alegría o la tristeza.

Nada me conmovía ni me emocionaba. Era la mejor manera de sobrevivir a un país en el que los homicidios son números y no personas, en el que la vida vale lo mismo que el celular que cargas en el bolsillo, en el que todas las semanas se despiden seres queridos en Maiquetía o en el cementerio.

Hoy tengo 28 años, el triple de la edad que tenía cuando dije “¡Coño de la madre! ¡Ganó Chávez!”. La escasez de medicamentos y el alto costo de los vicios me han hecho tener que enfrentar la situación estando sobrio. Mi mayor prioridad, además de terminar de perder la virginidad, es encontrar la manera de reconstruir el país sin alimentar esa fantasía de “este gobierno sale a punta de plomo”. Yo no sé manejar una ametralladora y tampoco sería capaz de matar a nadie, a menos que esté jugando Resident Evil.

El humor es el arma con la que he aprendido a afinar mi puntería. Una cosa es que la situación de Venezuela no dé risa, y otra muy distinta es que tengamos que dejar de reír. ¿El país no está para chistes? Yo creo que no está es para malos chistes. Que en tu casa no haya agua y afuera esté lloviendo, es un mal chiste. Que la quincena te dure quince segundos, es un mal chiste. Ser un país rico y tener la mayor inflación del mundo, es un mal chiste, y esperar a que salga en Gaceta Oficial que vivimos en dictadura es el peor de todos los chistes.

¿De qué sirve estar las 24 horas del día sumergidos en un sentimiento de impotencia y frustración ante algunos problemas que se nos escapan de las manos? Hay que saber movernos hacia adelante, pero no con los músculos contraídos por la arrechera.

El humor no es evasión, es reflexión. Es el único lenguaje con el que algunos aprendimos a decir verdades, el sustituto del Ipran, el Lexapro y los demás antidepresivos que no se consiguen.

Los comediantes son un problema serio para los gobiernos del mundo. El humor le da una patada en el ego al poder, lo muestra vulnerable, lo desnuda. Hoy, a pesar del cóctel de amargos sentimientos que nos embargan, debo volver a mi oficio, el que me gusta y por el que me pagan: hacer reír.

Creo que hablo por muchos de los que se dedican al entretenimiento cuando digo que, aunque no sea fácil, seguiremos intentando hacer nuestro trabajo incluso en los días en los que se nos acaban las endorfinas.

Venezuela se puede quedar sin petróleo y sin misses, pero no sin el buen humor. El único recurso natural renovable que no ha podido regular el gobierno. El humor crítico es uno de los puntos débiles del poder. No en vano hay tantos presos políticos como comediantes censurados. En esta guerra yo elegí esta subestimada trinchera en la que cambiamos el plomo por carcajadas para combatir el mal chiste de la dictadura.

 

La salida ordenada por Eduardo Colmenares Finol – Octubre 2017

Los venezolanos estamos ante una encrucijada decisiva cuando nos acercamos a la última etapa de esta pesadilla sembrada desde la mente extraviada de los supuestos “idealistas” de la revolución, quienes al cabo de casi 20 años han formado, por su manifiesta incompetencia, un verdadero estado fallido donde nada funciona, que unido a su incuestionable prontuario de delincuentes nos han convertido, además, en un estado forajido, rechazado, con un pañuelo en la nariz, por toda la comunidad internacional de naciones respetadas.

El desbarajuste político del PSUV se inició a partir del 2015 cuando la tan promocionada unión     “cívico militar”, establecida por Chávez como una de sus premisas, ha tenido que recurrir a su brazo militar para mantener con vida la maltrecha revolución, hecha añicos políticamente desde entonces, cuando perdieron el apoyo popular. Son las FANB el verdadero problema de la política venezolana de hoy. Sus integrantes han utilizado las armas de la república para defender, no su juramento de hacer respetar la constitución instaurada en 1999, sino para preservar sus propias fechorías y el botín de sus iniquidades. Es entonces racional suponer que el verdadero enemigo que enfrenta la democracia y el pueblo venezolano son sus fuerzas armadas y que nuestro enfoque debe dirigirse a su rescate y reconstrucción hasta lograr el retorno al estado democrático constituido.

El debilitamiento institucional del gobierno ha venido ocurriendo a partir del 2016 cuando tuvo que recurrir a los trucos de la anti política para evitar lo que más temen: votaciones limpias y transparentes, que los deslegitimicen ante los ojos del pueblo y ante la comunidad internacional, al impedir la realización del referéndum revocatorio del Sr. Maduro y las elecciones de gobernadores en el 2016. Nada de esta tragedia resultaba evidente ante los ojos de esa comunidad internacional, cuando todo se ocultaba tras la propaganda de la izquierda internacional y el manejo de la chequera de petrodólares. Solo es cuando se inician las más que justificadas protestas, tanto del 2014 como las del 2017, que despierta la atención internacional ante la aguerrida resistencia de los venezolanos donde resultaron más de 170 muertos, más de 5000 heridos y miles de detenidos, atropellados por unas FANB de espalda a la constitución y a los DD HH más fundamentales.

Hoy, el gobierno y sus FANB lucen acorralados y como mecanismo de defensa han creado todo un andamiaje de la anti política, montando un precario sistema judicial y electoral espurio, a espaldas de una AN legitimada con dos tercios de sus miembros opositores, nombrados en una votación donde participó cerca del 70% del electorado. Para colmo terminan designando un CNE manejado desde el poder por militantes del PSUV y una ANC conformada con los “payasos del circo” nominados a dedo tras un fraude electoral, que quedará desnuda ante los resultados de las elecciones regionales del 15 Oct. Todo lo anterior está siendo soportado solo sobre los hombros de quienes despliegan las armas de la república. Pero si observamos con detenimiento la única persona que verdaderamente ostenta alguna legitimidad de origen, que pueda ser “negociada” dentro de ese cascaron que hoy representa al PSUV, es un inculto y desprestigiado Maduro y nadie más. Ni Cabello, ni El Aissami, ni Padrino, ni Cilia, ni Reverol, ni los Rodriguez, incluyendo todo el alto mando militar, se sustentan en legitimidad alguna y por lo tanto para continuar en el poder dependen del delgado hilo constitucional que sostendría a Maduro como presidente constitucional ¿Qué sucederá entonces?, ¿Desconocerán los militares del alto mando las elecciones presidenciales del 2018, usando la chimba ANC? Lo dudo, si consideramos que la presión internacional ejercida por la ONU, OEA, EE: UU, UE, Canadá y 16 países de América Latina encierran cada día más al régimen, al punto que hoy solo cuentan con el apoyo de Cuba, Bolivia y Nicaragua. Las condiciones internas del país se agravan cada día más, con una hiperinflación del 1.500% anual, con el éxodo de venezolanos haciendo crisis a nivel de los países vecinos, más la presión internacional exigiendo una salida electoral y EE UU, Canada y la UE decretando nuevas impugnaciones sobre personeros del régimen (mayormente militares) incursos en corrupción y narcotráfico.

Entonces cuales son las alternativas que quedan: A groso modo solo dos: Una salida ordenada o una segunda, desordenada, que pudiera consistir en cualquier aventura golpista, o una intervención extranjera, o un alzamiento popular ante el hambre y la frustración de las clases populares de los barrios de Caracas. Empecemos por analizar estas últimas posibilidades. La aventura golpista debería ser un recurso que debe estar en las mentes de los traidores dentro de las FANB, que, contando ahora con el apoyo de la ANC, sueñan en instalar, de una vez por todas, el Estado Totalitario Comunal. Ante el supuesto negado que las fuerzas democráticas sean neutralizadas por las armas, ¿Cuál sería la aceptación internacional de un autogolpe de tal naturaleza? Ninguna. Y si además consideramos que ante este hecho; se hace muy cierta la posibilidad de una intervención extranjera para evitar la instauración de un NARCOESTADO TOTALITARIO, probado y comprobado, que además contaría para hacer sus fechorías, con las mayores reservas de crudo del planeta, situado a solo 250 millas de las costas de los EE. UU. No importa desde donde se mire, esta aventura seguramente estaría encaminada al más rotundo fracaso. Soy de los que no cree en un alzamiento popular. Si en algo no tuvieron éxito las protestas de la resistencia del pasado 2017 fue en lograr la incorporación de las masas que habitan los barrios populares de Caracas, atemorizados como están por las bandas delincuenciales de los colectivos paramilitares.

Como fervientes demócratas, tenemos que apoyar una salida ordenada dentro de los preceptos constitucionales. El fraude contundente en las elecciones del 15 Oct obliga a los venezolanos y al mundo a continuar nuestros esfuerzos en esa dirección, aun cuando la misma oposición luce desarticulada, con buenos lideres pero sin liderazgo ¿Cuáles serían entonces esas posibles salidas ordenadas?

  • Una solución, es la negociación (llámenlo “Dialogo” si desean). Si esa posibilidad se llegara a dar, sería sobre bases formales, conducida con seriedad y bajo la presencia de naciones y facilitadores reconocidos internacionalmente, cuyo único objetivo sea negociar la salida de Maduro a favor de un nuevo gobierno de transición en el más corto plazo, para evitarle mayor padecimiento y dolor a los venezolanos, incluyendo la de aquellos presos y exilados. Ese poder de exigir que Maduro posee hoy, se le estaría agotado para junio del 2018, fecha donde constitucionalmente se debería estar llamando a elecciones presidenciales.
  • Que la AN convoque, con 2/3 de los diputados opositores, conforme al Art 247, a una Asamblea Nacional Constituyente autentica y que el pueblo vote en un referéndum organizado por la sociedad civil (como el 16 Julio) las bases comiciales propuestas por la AN usando como referencia el proyecto del MID, una ONG que se dedica desde hace años a preparar un programa estratégico para hacer del país una democracia moderna.
  • Las elecciones presidenciales previstas en el Art 230 de la constitución. Esta eventualidad aterra a cualquier venezolano, incluida la comunidad internacional.

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Venezuela’s Latest Election Fraud por Mary Anastasia O’Grady – WSJ – 15 de Octubre 2017

Venezuela held elections for its 23 state governors Sunday amid rising malnutrition, hunger, hyperinflation and a looming debt crisis. In a fair contest, candidates backed by dictator Nicolás Maduro would have been crushed. But Venezuela is now a police state at war with its people. The truth has little chance on a good day, even less on a so-called election day.

This is not to say opposition victories were impossible. As we went to press, results had not yet been announced. But Maduro controls the national electoral council (CNE) and therefore has significant power to influence the outcome. In states the regime considers strategically important, he will put his thumb on the scale as necessary. He might also allow some opposition victories to support his claim that Venezuela remains a democracy.

To interpret Sunday’s results requires context. Remember that this election was held—10 months after its regularly scheduled date—to ward off European Union sanctions. Maduro sought to showcase a fair election so that the EU will back his continuing charade of “dialogue” with the opposition. An international community that is paying attention won’t fall for it. Sunday’s exercise in the Cuba-backed dictatorship was a sham.

Maduro had other motives as well. He wants to lull Venezuelans into the false sense that a transition away from communism is possible at the ballot box. That illusion has so far held back rebellion.

He also seeks to legitimize his illegal “constituent assembly,” elected on July 30—from an unchallenged list of candidates—to replace the Legislature and rewrite the constitution. He said voting Sunday was an endorsement of the new assembly and any opposition governor who will not swear allegiance to it will be removed.

The fraud was under way long before the first vote was cast. The dictatorship announced the election only a month in advance. Candidates rushed to submit their names under a five-day deadline. Later the regime decided to hold a day of primaries. But when antigovernment candidates who lost the primaries asked to withdraw and throw their support to the primary winners, the regime refused to take their names off the ballot.

The effect was to spread the opposition vote among numerous candidates, all running against a single regime-backed candidate appearing on multiple party tickets. For example, in Táchíra state, which is known for its anti-Caracas, rebellious character, incumbent chavista Gov. José Vielma Mora appeared on the ballot under 10 pro-government logos. He squared off against nine opposition candidates on 11 tickets. Ballots in the other states looked similar.

The government further weakened the opposition’s chances by relocating voting stations, some to dangerous neighborhoods. Some 274 polling places were moved, creating public confusion. With no free press, candidates, who have few resources anyway, had a hard time getting their message out.

Frustrating the public with tricks has been the modus operandi of the regime since Hugo Chávez first consolidated power in the 2000s. In practice they are only games. The regime holds the trump card in that the CNE uses electronic voting machines, controls the voter registry, and does not allow opposition audits. Yesterday it made sure voting lines moved at a glacial pace.

Government critics long held that London-based Smartmatic, which used to provide the regime with voting-machine technology, was complicit in its shenanigans. The company always denied it. Smartmatic is no longer a provider for Venezuela and now it alleges regime cheating in the July 30 constituent assembly election. It says the government invented one million votes in its final tally. The CNE rejects the claim.

Monkey business at the polls is only part of the story. There are more than 400 political prisoners in Venezuela today, including many sitting mayors. The regime also has forbidden some opposition candidacies on trumped-up charges so as to eliminate political talent from the competition.

Venezuela’s opposition leaders initially called for a boycott of Sunday’s elections. They later backtracked, arguing that the opposition could win. Yet even if they do score victories, even in a majority of states, opposition governors will be essentially powerless. In a country where most of the wealth is concentrated in the state-owned oil industry, the regime can and does often starve states governed by opponents of resources. Maduro won’t hesitate to put the most effective opposition governors in jail.

The National Guard will continue to enforce the repression, which will grow worse as hunger and famine spread and the population gets more desperate. Even Maduro understands that he sits on a ticking time bomb. Last month he announced “Plan Rabbit,” a project aimed at getting Venezuelan city-dwellers to breed and eat the furry creatures as a source of protein.

Sunday’s phony balloting changes nothing. Venezuelan democracy is dead.

 

“La paciencia de la región con Venezuela tiene un límite” por Jan Martínez Ahrens – El Pais – 17 de Octubre 2017

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Uno de los cerebros de la diplomacia estadounidense analiza para EL PAÍS la situación en Venezuela, Cuba y México : Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos,
Thomas Shannon es el gran referente de Latinoamérica dentro del Departamento de Estado. Diplomático de carrera, embajador, subsecretario con George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump, su visión destila años de conocimiento directo del hemisferio. Con ese bagaje, habla con prudencia, pero sin titubeos sobre Venezuela, Cuba, el muro de México, los dreamers y el propio Trump. Es miércoles en Nueva York y Shannon acaba de participar en el Foro de Economía Global, organizado por la Cámara de Comercio España-EE UU y EL PAÍS.

Pregunta. El presidente Trump quiere construir un muro fronterizo con México y que lo paguen los mexicanos. En amplios sectores de México esto se percibe como una agresión.

Respuesta. El presidente no lo entiende como un acto de agresión sino como una manera de asegurar al pueblo americano que, después de décadas de inmigración ilegal, tenemos la capacidad de saber quién está entrando en los EE UU y por qué. No es un rechazo al migrante, sino que queremos tener capacidad de asegurar nuestras fronteras y que la migración sea ordenada, segura y predecible. Entiendo las sensibilidades y las respeto. El asunto, de hecho, tiene su controversia en el Congreso de EE UU.

P. Al Congreso le ha pedido el presidente que financie el muro con México a cambio de regularizar a los dreamers.

R. Hasta cierto punto todos somos dreamers. El propio presidente Trump ha mostrado su cariño y respeto hacia ellos. Pero insisto, necesitamos políticas sostenibles. Si no hay apoyo del Congreso, si estamos gobernando por decreto, todo lo que hace un Ejecutivo puede ser derribado por el próximo. Nuestro sistema empuja al acuerdo en las políticas más importantes. Si queremos tener una estrategia de migración, en este caso para los dreamers, es el Congreso el que debe buscar un pacto. El presidente está en el lugar correcto: está forzando al Congreso a tomar las medidas necesarias.

P. ¿Y en el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte? ¿Qué pasa si fracasa la negociación?

R. Después de décadas de Tratado se han formado unas impresionantes cadenas de valor que realmente conectan los mercados de Norteamérica. Deshacerlas sería obra de Hércules. Por eso los tres países tienen buenas razones para acercarse en la renegociación, y hacerlo con mucha seriedad y con el propósito de tener éxito.

P. Venezuela es el punto más caliente de Latinoamérica. ¿Después de las sanciones, cuál es el siguiente paso de EE UU?

R. Habrá que esperar a ver qué pasa con las elecciones regionales. Pueden representar otro empujón para sentar al Gobierno en la mesa y que busque con la oposición una salida pacífica y democrática a la crisis. Nuestra política y nuestras sanciones tratan de forzar un acuerdo. Dicho metafóricamente: cuando uno está fundiendo acero, necesita mucho calor en el crisol. Pero al final del día son los venezolanos quienes tienen que encontrar una solución. Fue el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero quien dijo que el problema de Venezuela es de convivencia. Y el mismo presidente de la Asamblea, Julio Borges, afirmó una vez que los venezolanos son los que deben decidir si quieren reconciliarse o pelear.

P. ¿Cómo ven la situación de España y lo que está ocurriendo con Cataluña?

R. España es un gran aliado y amigo, un país con quien hemos establecido una relación de beneficio mutuo y nuestro interés es profundizarla, estrecharla. No es mi propósito entrar en temas internos. Pero España unida es más fuerte que una España desunida. Eso no quiere decir que no respetemos la diversidad política, lingüística e histórica. Al norte, nosotros tenemos a Quebec con las mismas ganas y la misma trayectoria. Pero Quebec es más fuerte dentro de Canadá. Y desde nuestro punto de vista, Cataluña también lo es.

P. Pero el presidente de EE UU ha llegado a apelar a la opción militar.

R. El presidente mantuvo una serie de reuniones y llamadas telefónicas con todos los líderes del hemisferio y estos le comunicaron la importancia de la no intervención. Pero lo que el presidente está expresando es que la paciencia de la región tiene un límite. No se trata de una amenaza, sino de decir que Venezuela es un país demasiado importante para dejarlo a la deriva por años. Mire, el pueblo venezolano ha mostrado una resiliencia y una fuerza para superar la adversidad impresionantes, y eso ha permitido al país atravesar momentos de escasez que hubieran causado explosiones en otros lugares. Pero sería un error pensar que la paciencia y capacidad del pueblo venezolano representan la apatía. No es así. Es un país que requiere una solución a su crisis política.

P. ¿Hay peligro de golpe interno por parte de los militares?

R. Desde 1958, las fuerzas armadas venezolanas no se han metido en política doméstica. Y es muy importante que, con todos los problemas que les aquejan, incluidas las acusaciones de corrupción, mantengan una posición institucional y constitucional.

P. Cuba se ha vuelto otro foco de crisis. ¿Por qué han expulsado a diplomáticos cubanos por los ataques sónicos si no saben si fueron ellos los culpables?

R. Tuvimos que expulsar a diplomáticos cubanos para subrayar la importancia del problema. Hemos sufrido unos 50 ataques contra 21 cargos de nuestra embajada. Todo ello ha ocurrido en un país que controla el movimiento de nuestros diplomáticos. Es cierto que no hemos identificado al culpable, pero Cuba es el responsable del bienestar y la seguridad de los diplomáticos. En un Estado como el cubano y con unos servicios de seguridad como los que tiene y que controlan a nuestros cargos, ellos deben saber lo que está pasando. Es difícil que no lo sepan.

P. ¿Y quién podría ser?

R. No lo sabemos.

P. En febrero, Raúl Castro se retira. ¿Temen algún cambio en la relación con EE UU?

R. Si uno lee el último discurso del vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, fue de tono fidelista e indica que dentro del partido comunista hay tendencias. Cualquier persona que quiera sustituir a los Castro tendrá que sustituir a los Castro, es decir, a los dos. Pero este es un tema cubano, no tenemos mayor influencia.

 

Los dos únicos caminos del venezolano: resistencia o esclavitud por Gustavo Coronel – Blog las armas de Coronel – 16 de Octubre 2017

gse_multipart55967El descaro del ladrón Nicolás Maduro y su pandilla llevó a un desenlace electoral que, paradójicamente, favorecerá la causa de los venezolanos decentes y dignos. En las elecciones de ayer se hubiera podido creer en una victoria holgada de la oposición o, dado un alto nivel de abstención por parte de la oposición, de una distribución más simétrica de las gobernaciones. Pero es imposible creer en una avalancha de gobernadores chavistas como la que ha sido anunciada.
En la opinión del analista Pedro Mario Burelli, este resultado ha sido el “mejor de los escenarios posibles”, dado que un resultado “balanceado” hubiese sido vendible al país y al mundo exterior por parte del narco-régimen. Pero este resultado confirma lo que muchos sabíamos, que se preparaba un fraude electoral, con la concurrencia de la porción blandengue y egoísta del liderazgo opositor. Ahora, solo nos quedan dos caminos a los venezolanos: la resistencia o la esclavitud. No sabemos cuál de los dos caminos terminará siguiendo el pueblo, que clase de sociedad prevalecerá en Venezuela. No sabemos cuanta gente armada seguirá humillada en silencio por los narco-militares que forman parte de la pandilla chavista. Lo único que está claro es que en Venezuela no hay diálogo que valga, no hay elecciones que valgan, no hay apaciguamiento que valga. La coexistencia pacífica con el narco-régimen le dará a quienes la practiquen la categoría de traidores. Se acabaron las medias tintas, las reunioncitas y nadie podrá seguir creyendo en los llamados a votar o a negociar con una atroz dictadura.

Hoy lunes Venezuela amanece en necesidad de un nuevo liderazgo de resistencia al narco-régimen. Los acomodos de Falcón y de Rosales o los cálculos cortoplacistas de Ramos Allup, ya han probado ser ingenuos, en el mejor de los casos, o francamente deshonestos. Que cada venezolano se forme su propia opinión. Una vez más se comprueba que el apego a los principios es no solamente lo éticamente requerido sino lo estratégicamente deseable para la Nación venezolana. Machado y Ledezma tenían razón.

La resistencia o la esclavitud. No hay coexistencia posible. En Venezuela solo quedan dos clases de ciudadanos: los dignos y los esclavos.

Venezuela: el resultado que muchos temían – Deutsche Welle – 16 de Octubre 2017

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Fue un resultado que muy pocos esperaban, pero muchos temían. El oficialismo se quedó en Venezuela con 17 de los 23 Estados del país. Y podrían ser 18.

Varios encuestadores de renombre afirmaban fuera de grabador que debía darse un resultado exactamente inverso pero favorable a la oposición, y decían que por el efecto de las irregularidades electorales y la presión del aparato chavista -que llegó a tomar lista de asistencia a los comicios de funcionarios, de empleados públicos y de beneficiarios de bolsas de comida subsidiada, y llegó a enviar partidarios para “asistir en el voto” a discapacitados o a personas de edad elevada- la justa electoral iba a terminar empatada. Es decir que oficialismo y oposición se disputarían el triunfo en una elección de final abierto, con aproximadamente 11 gobernaciones cada uno.

Pese al “error” de los expertos de opinión pública en cuanto al resultado final, sí acertaron ciento por ciento en el nivel de participación, superior al 60 por ciento y bastante alto para este tipo de elecciones, un indicio que llevó a no pocos analistas a afirmar que, en realidad, no estaban equivocados cuando hablaban de empate técnico entre chavismo y oposición.

La elección en sí enfrentó desde el vamos muchas denuncias de irregularidades, pero la oposición creía que podía contrarrestarlas con un operativo especial, que bautizó Operación Remate contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Se trataba de recrear el espíritu que llevó al contundente triunfo opositor en las legislativas de 2015 de modo de que el apoyo popular permitiera ejercer una presión lo suficientemente fuerte como para evitar las manipulaciones electorales del chavismo.

En un país en el que los principales líderes opositores están inhabilitados o en prisión, se imprimieron boletas confusas y se cambiaron centros electorales a último momento para desorientar aún más a los militantes opositores.

Por eso, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desarrolló esquemas de emergencia para intentar acercar a los votantes a los centros de votación que les adjudicaron a último momento. Y creían haber enfrentado con creces el desafío: tal es así que importantes líderes opositores como Julio Borges o Henrique Capriles declararon que sus partidarios habían superado los obstáculos para votar poco antes de que la MUD se atribuyera -sobre las 19 horas de ayer- un triunfo electoral histórico en Venezuela. Pero había nubarrones en el horizonte.

Poco después de las 20 horas locales, la votación había ingresado en territorio desconocido gracias a los centros electorales que permanecían abiertos a pesar de que no había afluencia de votantes. Por eso, la MUD pedía a sus “testigos” (fiscales de mesa), un último esfuerzo para que permanecieran en los centros de votación y no abandonaran el voto de los venezolanos. Fue en vano.

Henry Falcón, gobernador opositor del Estado de Lara, declaró incluso que la Guardia Nacional Bolivariana se había apropiado de centros de votación después de las 18 horas, sin que la autoridad electoral comunicara el cierre oficial de los comicios.

Tras una larga demora, pasadas las 22 locales, Tibisay Lucena, la titular del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, daba a conocer los resultados, calificados después como fraude masivo por los opositores y aplaudidos por el chavismo, que habló de una jornada electoral ejemplar y del profundo espíritu democrático de Venezuela.

En realidad, ya antes había signos por doquier de que los comicios podían desbarrancarse. Maduro había declarado muy suelto de cuerpo que las autoridades electorales no eran las que habían convocado la elección de gobernadores, sino la Asamblea Constituyente, elegida en julio pasado en unos comicios muy cuestionados, en los que la propia empresa informática encargada del recuento de los votos acusó al gobierno de inflar el resultado en un millón de votos.

Como si ese no fuera un signo muy evidente de lo que iba a terminar pasando con esta votación, Maduro fue más allá: dijo que los gobernadores que asuman deberían jurar obediencia a la resistida Asamblea Constituyente como condición sine qua non para asumir su cargo.

De este modo, el voto de millones de venezolanos corría el riesgo de resultar en vano, aun si las autoridades electorales reconocían el triunfo opositor en los estados disputados. No hizo falta llegar a tanto: el chavismo arrasó, según el gobierno y las autoridades electorales. Y Maduro puede ilusionarse con que los gobernadores jurarán ante ese resistido organismo. También puede creer que él alcanzó su objetivo real de manipular esta votación para legitimar la resistida Constituyente y dotar de dotar de “nuevas armas a la Revolución Bolivariana” en medio de una crisis galopante.

Pero nadie debería llevarse a engaño. Lo que realmente está sucediendo es que volverán los días de violencia y de protestas masivas en Venezuela y se agravarán las sanciones internacionales, mientras el país avanza hacia la suspensión de pagos de la deuda, lo que aumentará el calvario que sufre el pueblo venezolano por culpa de su dirigencia.

 

Planes de radicalización de Maduro contemplan desmantelamiento de la oposición en Venezuela por Antonio Maria Delgado – El Nuevo Herald – 13 de Octubre 2017

El régimen de Nicolás Maduro aspira a desmantelar totalmente a la oposición en los próximos dos años y utilizaría una posible victoria en las elecciones regionales del domingo para radicalizar su revolución y crear un estado policial donde el precio de disentir públicamente se pagaría con la cárcel, el exilio o incluso la muerte, advirtió un ex ministro chavista.

“Sus objetivos son muy claros”, dijo el mayor general del Ejército Hebert García Plaza, en una entrevista desde Washington. “El gobierno sabe que tiene un lapso de dos años para radicalizar el proceso y quedarse con un grupito que conformarían un supuesto partido político de oposición controlado por ellos mismos [desde el régimen]”.

Maduro, cuya popularidad apenas alcanza el 15 por ciento en medio de la más aguda crisis económica en la historia moderna del país, ya comenzó a dar los primeros pasos para terminar de extinguir los últimos vestigios de democracia, descansando la estrategia sobre la muy polémica Asamblea Nacional Constituyente y planes de persecución política a ser ejecutados a través de las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad del Estado.

La justificación jurídica detrás de una nueva oleada de represión que recaería sobre la recién nombrada Comisión de la Verdad y la Ley Contra el Odio que la Asamblea Constituyente está por aprobar, advirtió García Plaza en una entrevista telefónica.

“El gobierno va al proceso de radicalización de la revolución a través de la Asamblea Nacional Constituyente y planea utilizar las instituciones como la Fuerza Armada para materializar la persecución política”, dijo García Plaza, quien aún mantiene contacto con integrantes del régimen.

“La argumentación jurídica va a ser suministrada por la Comisión de la Verdad y por la Ley Contra el Odio, y estos elementos van a ser usados para desaparecer a los partidos políticos de oposición”, enfatizó.

Para ello, es fundamental salir airoso en los comicios del domingo, dijo García Plaza, quien renunció al gabinete de Maduro en el 2014.

Más que un proceso para escoger gobernadores, los comicios del domingo determinarán si los venezolanos realmente respaldan el pronunciamiento del plebiscito organizado por la oposición el 16 de julio, que declaró ilegal a la Asamblea Constituyente, o si están con la elección que realizó el régimen el 30 de julio para escoger a los integrantes del cuestionado cuerpo legislativo, dijo.

Esa elección del régimen ha sido cuestionada dentro y fuera del país ante la aparición de evidencias de fraude masivo durante esos comicios. Gran parte de la comunidad internacional desconoce la legitimidad de la Asamblea Constituyente.

No obstante, sacar más votos que la oposición el domingo permitiría al régimen argumentar internacionalmente que el pueblo venezolano sigue respaldando el proyecto revolucionario y contener de esa manera futuras sanciones económicas internacionales mientra agudiza la represión en el país, dijo el ex ministro de Alimentación.

García Plaza opinó que la oposición venezolana cometió un gran error al acceder a participar en los comicios bajo las actuales circunstancias, pero señaló que en este momento la población venezolana no tiene más alternativa que salir a votar masivamente contra los candidatos del régimen.

El futuro de las gobernaciones en realidad se convierte en un punto de menor significado en el marco de los planes del régimen.

García Plaza dijo que las intenciones del régimen pueden verse claramente en los últimos pronunciamientos oficiales, que incluyen palabras del propio Maduro asomando la posibilidad de que el régimen procederá a “inhabilitar” a candidatos de la oposición antes, durante o después de las elecciones.

Pero las señales más alarmantes provienen de documentos internos que muestran los preparativos dentro de las Fuerzas Armadas para tratar de instaurar un estado policial en el país.

Un documento de la Fuerza Armada obtenido por García Plaza recientemente, por ejemplo, muestra la utilización de las controversiales unidades que participan en la Operación de Liberación del Pueblo (OLP) contra los manifestantes de la oposición.

Ese programa ha sido denunciado como una serie de operaciones de exterminio contra integrantes de bandas delictivas.

Esas unidades han sido incluidas como parte del Plan República, operación en la que las Fuerzas Armadas toman control de la logística en el día de las elecciones.

La inclusión de las OLP en el Plan República y la posibilidad que sus integrantes sean lanzados a actuar contra dirigentes de la oposición es una situación muy alarmante, dijo el oficial.

Otro de los elementos de alarma es la vigencia del denominado ejercicio cívico-militar “Soberanía”, que en realidad se trata de una nueva versión del Plan Zamora, un temido plan militar que contempla el uso de soldados para contener con las armas alguna situación de gran agitación.

Y más preocupante aún es el riesgo que implica para la sociedad civil la anunciada aprobación de la Ley de Odio.

“Esa ley dice que toda persona que disienta y manifieste contra el régimen está cometiendo un crimen de odio”, advirtió el general.

 

CNE chavista otorga 17 gobernaciones a la dictadura y oposición habla de fraude por Orlando Avendaño – Panampost – 15 de Octubre 2017

El régimen chavista ha vuelto a cometer fraude, según la oposición venezolana.
La presidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Tibisay Lucena, apareció a las diez de la noche (hora local) para anunciar los resultados oficiales de las elecciones regionales de este quince de octubre. A pesar de lo advertido, hubo nuevamente sorpresas: el mismo árbitro que impuso la Asamblea Nacional Constituyente otorgó 17 gobernaciones a la dictadura.

Según Lucena, este domingo la dictadura salió triunfante y se impuso sobre la Mesa de la Unidad Democrática, que perdió, al lograr solo cinco gobernaciones. En los principales estados, a pesar de Táchira y Zulia, ganó el régimen de Nicolás Maduro.

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En los estados Amazonas, Aragua, Barinas, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico, Lara, Miranda, Monagas, Portuguesa, Sucre, Trujillo, Yaracuy, Delta Amacuro y Vargas se impuso el chavismo sobre la MUD. La coalición opositora, en cambio, solo logró ganar en Mérida, Zulia, Táchira y Anzoátegui. Aún no se define el estado Bolívar.

De esa manera, varias de las gobernaciones más importantes del país ahora pertenecen al régimen de Maduro: Miranda, donde ganó el chavista Héctor Rodríguez y perdió el miembro de Primero Justicia, Carlos Ocariz; en el estado Carabobo salió derrotado el de Voluntad Popular, Alejandro Feo La Cruz, y ganó el excéntrico Rafael Lacava. En Mérida y Táchira, ambos estados andinos, triunfó la oposición. También en Zulia, entidad en la que gobernaba el reconocido oficialista Arias Cárdenas.

Se trataría no solo de la reafirmación de un mapa tiznado de rojo, sino de una victoria popular. De acuerdo con la dictadura chavista, hoy el 54 % de los venezolanos dieron un espaldarazo a Maduro.

Minutos antes del anuncio del Consejo Nacional Electoral, la oposición ya había planteado la posibilidad de que la dictadura cometiese fraude. El jefe del comando de campaña, Gerardo Blyde, aseguró que sus números no iban a coincidir con los de la dictadura. Advertía lo inevitable.

Finalmente, luego de una hora y media de espera, Blyde habló al país. La Mesa de la Unidad Democrática ratificó que se había cometido fraude, aseguraron que no reconocían los resultados y pidió a los candidatos a las gobernaciones “organizar acciones de calles”.

“Debemos decirlo: lo intentamos. Intentamos jugar con las reglas, y con las que nos iban cambiando, pero urge unificarnos en una misma política y criterio común”, dijo el dirigente opositor.

Por último, invitó a todas las fuerzas políticas venezolanos de la oposición, aunque difieran, a volverse a sentar en una mesa para estructurar una nueva estrategia de cara al escenario del fraude.

Esto también se contrasta con la información preliminar que había proporcionado Nelson Bocaranda, uno de los periodistas más reconocidos de Venezuela, en donde aseguraba, por medio de un audio, que la oposición le habría ganado por lo menos 11 gobernaciones al chavismo, esto apartir de información de fuentes cercanas al periodista.

“Se ganó la oposición en el estado Miranda, Lara, Táchira, Mérida, Zulia, Nueva Esparta, Amazonas (…) posiblemente Falcón y Bolívar. Hay una pelea cabeza a cabeza entre Marco Torres [el candidato chavista] y el también echado a perder Ismael García (haciendo referencia al estado Aragua)”.

Según la información del periodista los estados que legitimamente habría ganado la oposición habrían sido Miranda, Táchira, Lara, Nueva Esparta, Falcón, Anzoátegui, Bolívar, Amazonas, Carabobo, Bolívar y Zulia.

 

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