A un ciudadano del relieve profesional, moral y ético de Humberto Calderón Berti no se le despide con una carta lacónica, mal redactada, peor concebida, de insensibilidad elocuente, sin disciplina de forma y orden, que hace pensar en una destitución atragantada, que no fue hecha por error o mal comportamiento sino con soberbia, venganza o, aún peor, estulticia. Un escrito deliberadamente consignado para herir.

¿Cumplió mal o incumplió instrucciones de la Asamblea Nacional en su gestión como embajador? Aunque el primer error grave es que tengamos un gobierno interino colegiado, ni la carta ni el destituidor aclaran nada. El Cucutazo selló su suerte cuando expresó: “Cumplí con mi deber de conciencia como embajador y ciudadano ante la Fiscalía General de Colombia, tenía evidencias y las presenté”.

Desde entonces el desencuentro con Guaidó -no atendió sus llamadas en meses- y Leopoldo López, quien lo acusó de un daño irreparable al gobierno encargado. Pero ¿quién es el dañino? ¿Calderón Berti o López, que pretende ser titiritero de una administración, que se deja manipular y ofrece por ofrecer e incumple por resignación, y por eso en menos de un año pierde la mayor parte de la fe y esperanza? ¿Quién hace más daño, un embajador veterano, de carrera técnica y política intachable, ubicado en un país clave donde además es respetado, apreciado, que se toma la molestia de estar pendiente de cada detalle, hacer advertencias y dar consejos apropiados, o un círculo de fichas partidistas que no quieren ser molestados en sus repartos y ambiciones?

¿Diferencias en política exterior y nuevas estrategias, o quizás discrepancias entre ambiciones y egoísmos? Cambiar al embajador en Colombia pocos días antes de la reunión clave del TIAR en ese país es pésima estrategia, insensata y poco inteligente. ¿Cuál es el próximo, Gustavo Tarre?

Se repitieron en otra escala y dimensión temporal aquellos patéticos pitazos de Chávez a los empleados de la Pdvsa meritocrática y eficiente. Pitazo a pitazo aquel ignorante prepotente empezó a destruir la industria petrolera motivado solo por el afán de mando, control y hambre de dinero manejado a sus anchas.

Los que pitaron ahora están obligados a aclarar el despropósito de hoy. ¿Qué podredumbre tratan de ocultar arrancándose parte esencial del cerebro? Las verdades de un hombre digno deben ser respondidas. Destitución difícil de tragar.

Peligrosas majaderías de tontos

¿Estaba conspirando contra Guaidó? Hay que ser cándido virginal para creer semejante estulticia, burda desinformación que, en cualquier caso, debería ser probada. Entretanto, queda mal un gobierno interino que cada día logra convencer y convocar menos ciudadanos, a tal punto de que, pensando mal, hasta podría estar cumpliendo algún pacto oculto con el oficialismo.

Algunos discurren supuestos nexos con María Corina Machado, tan absurdo y simple que provoca risa, no tiene sentido ni atino. No porque no puedan entenderse dos venezolanos de talento y perseverancia conductores hacia una Venezuela moderna, libre, democrática y mucho mejor, sino porque no tienen escondrijos políticos. Claro que se conocen entre sí, pero no son conspiradores ni traidores, al contrario, si algo ha demostrado cada uno en su tiempo y circunstancia es que son frontales, abiertos, firmes en sus convicciones.

En esa consistencia están la cercanía y confianza que han asentado en el pueblo, no en complots de rincón como los que abundan en círculos politiqueros. En todo caso, no son indeseables ni delincuentes, al contrario, tienen mucho en común, profesionalismo, estudios, preparación, inteligencia y eficiencia, ¡ojalá se reunieran e intercambiaran!, sería magnífico para esta Venezuela necesitada de sus mejores mujeres y hombres de coraje, dignos, eficaces, probos, bien preparados y dispuestos a darlo todo por su país, los necesitamos más que nunca.

El interinato luce sordo, ciego, mudo, de nariz corta. Los enemigos de Calderón investigaron su pasado y presente, al no encontrar mancha susceptible de exponer al público como justificación para su destitución, inventaron pendejadas, como la denunciada por Carla Angola.

Transición es un proceso, no cohabitación

Las evidencias denuncian una cohabitación en marcha que no quieren alterar. Que nada ni nadie entorpezca el plan, a los culpables nunca les gustan ventanas abiertas. La transición se planifica, es un compromiso, no una pelea de gatos.

La despedida fue solo un memorándum seco de un jefe prepotente a un subalterno que se atrevió a pensar. ¡Qué daño hacen las juntas en esos diálogos con enemigos del conocimiento y libertad! Pareciera que, en la política venezolana del siglo XXI, pensar es un crimen y atreverse a contradecir o criticar un acto del caporal o comisario, es un pecado de honor. Y por eso, quien es intelectualmente superior a quienes le dan órdenes, no es bienvenido. Como diría Talleyrand: peor que un error es una estupidez.

No hay secretos en la vida, se va revelando ese socialismo endémico de Voluntad Popular, enfermizo por oculto, oscuro, disfrazado. No hay máscara que no termine por caer y dejar facciones crueles e hipócritas al descubierto. Muchos se preguntan si quienes pretenden sustituir la dictadura, no estaremos cambiando la bandera roja por una de varios colores, morado incluido.

La verdad de Calderón Berti

«Al inicio de ese proceso empecé a recibir información de malos manejos. Pedí información, hice lo que correspondía, ordené una auditoría. No soy juez, y estaban en cuenta en Caracas. Como funcionario le envié informe al presidente Juan Guaidó.

¿Se criticó su divulgación? No es mi estilo. Cuando digo algo, lo hago de frente. El hecho no es que se filtrara, sino que hubo manejo irregular de recursos. La prensa está para decirlo. ¿Por qué criticar que la información se sepa? Lo triste no es que se haya sabido, sino ocurrido.

Pero no fue solo el tema de Cúcuta. Cuando iniciaron los diálogos tuve mis reservas y manifesté a representantes del gobierno interino que los estaban engañando. Eso molestó mucho. Señalé lo indelicado e imprudente en el manejo con un vecino fundamental como Colombia, insólito que sobre los diálogos se haya enterado por la prensa».

Calderón se reveló a sí mismo como lo que es y ha sido en sesenta años de trabajo y experiencia: “No soy indisciplinado, lo que no soy es sumiso, por mucho poder que se ostente. Mi obligación con Venezuela y mi familia es decir lo que pienso. Prefiero equivocarme de buena fe y no haciendo cosas indebidas. Quise dar un ejemplo de lo que va a ser una Venezuela distinta. No puede haber en las empresas públicas rebatiñas y reparto partidista (el nombramiento de una incompetente nueva directiva partidista y no experta para una empresa de alta especialización como Monómeros). La gente debe estar por sus credenciales, honestidad y transparencia».

No crean que el estalinismo es solo patrimonio de partidos socialistas. Hay muchos así, intolerantes frente al disentimiento. Eso no es democrático.

A esos que han saqueado el país, los vamos a buscar para que paguen. No participé en la redacción del Estatuto para la Transición. Es ley de la República. Dice hay que cesar la usurpación, tener un gobierno de transición unitario y luego ir a elecciones. ¿Quién puede pensar que, con este régimen en el poder, y sin supervisión internacional puede haber sufragios libres? Mientras Maduro esté en el poder no puede haber votaciones independientes. Todos queremos elecciones limpias, con un Registro Electoral depurado, en las que la diáspora pueda votar.

Va a venir la transición y será muy importante, sin una transición bien hecha nunca habrá democracia en Venezuela.