Caracas ha sido tierra abierta a exiliados, aunque hoy sea exportadora obligada de quienes abandonan al país para refugiarse en otro por razones políticas, económicas y sociales, no solo de italianos, españoles, portugueses y otros que migraron a Venezuela y contribuyeron a fundarla. También vinieron Juan Domingo Perón, habitué del Todo París –dicen que ahí conoció a su segunda esposa, heredera del poder–, y que solo se fue cuando los caraqueños civiles y militares que se les pegaron, echaron a Pérez Jiménez y con él también se fue el argentino.

Años después ambos terminaron en España. Perón pudo regresar a intentar la tarea imposible que es gobernar Argentina. Pérez Jiménez, tras breve estancia encarcelado, se fue a envejecer y morir en Madrid. Ambos dictadores diseñaron, difundieron, cada uno por su cuenta, sus explicaciones de mandatos. Perón hasta una avenida tiene su nombre en la capital de España, que ahora inicia un nuevo, vacilante y peligroso rumbo con una izquierda que coquetea con el chavismocastrista y carga a Pablo Iglesias y su coleta como vicepresidente. ¡Qué vergüenza! triste la plaga que ha caído sobre la madre patria.

Con esa y muchas historias algunos imaginamos que, dado el pensamiento revolucionario, castrista y alejadamente sindicalista del usurpador, Evo Morales vendría a echar anclas rojas y cocaleras en esta Venezuela desordenada, hambrienta, sin medicinas, insegura, hiperinflacionaria, pero leal al castrismo, revolucionaria, fidelista, chavista y todo eso que tanto le gusta al hermano Juan Evo Morales Ayma.

Quizás el que falló fue Maduro; no atinó a enviarle uno de tantos jets privados tal vez ocupados en trasladar diamantes, oro, traer dólares y euros, pero pudo facilitarle uno de los transportes militares chinos que hasta ahora parecen haber demostrado ser confiables a pesar de las fallas castromaduristas de mantenimiento.

Imaginemos el recibimiento luminoso para un jefe del Estado, esplendoroso, honores militares y demás ceremonias protocolares que los camaradas al frente de la tiranía hubieran hecho al hermano Evo, vociferando que fue echado a palos y gritos por la alta burguesía boliviana desatada en las calles de La Paz, El Alto y Cochabamba, menos en Santa Cruz, la burguesía cuida sus vainas.

Si formaron una alharaca por el rescate del Pollo Carvajal en Aruba, piensen en el escándalo de Maduro recibiendo al martirizado y víctima del imperio estadounidense en la Rampa 4 de Maiquetía o en La Carlota. Lo recibiría el gabinete ejecutivo en pleno, la primera combatiente rodeada de carajitos, con ramos de flores, serpenteando banderitas de ambos países y entregando manifiestos atiborrados de ridiculeces, estulticias y sandeces, exaltando embustes de las bondades del indígena nacido en la comunidad Isallavi, del cantón Orinoca en el Departamento de Oruno, derrocado por tramposo, bribón y pícaro electoral.

En estos momentos ya en Caracas estaría celebrando el desecho fecal del Foro de Sao Paulo y su más reciente secreción, el grupo de deslastrados triunfadores de la miseria que son los caballeros del Grupo de Puebla, encabezados por el iletrado Rodríguez Zapatero.

Maduro debe estar llorando de la envidia; el héroe del rescate no fue él, se le atribuye a ese pequeño burgués manejado por los Kirchner, que dentro de unos días se encargará de la Argentina, Alberto Fernández, gestor esforzado de los permisos internacionales para cruzar cielos que querían ver a Morales más de lejos que de cerca.

Hubiera llegado seguramente el hermano Evo y acompañantes a su propio bunker en Fuerte Tiuna, custodiado, atendido con buena comida y excelente bebida, protegido por nuestros militares con tanques rusos, tanquetas chinas y la admiración de los leales siempre traidores nunca.

Eso de irse a México, al lado de Estados Unidos, es una afrenta, un insulto. Aquí estarían a su disposición canales de televisión, montón de emisoras, la tarima –sitial de honor– de oradores en la asamblea cubana constituyente, periódicos y medios digitales, no muy buenos, pero con sus grupitos de lectores, ¿qué carajo fue a buscar a la tierra de charros con un López Obrador que madruga, pero ni pendejo bloquea contactos con el catire Trump; el mismo que según Maduro diseñó, financió y supervisó el golpe de Estado que le propiciaron al indígena de ascendencia aymara?

Eso, aparte de que aquí tiene selvas para quemar, asesorías de narcoguerrilleros y muchos oídos para sus interesantes explicaciones sobre por qué la pachamama y los ciudadanos bolivianos, que pasan menos hambre y necesidades que los criollitos venezolanos, lo tiraron al pajón. Lo mandaron muy recto a lavarse el paltó.

Confiamos en que reflexionará y que la nación de la cultura maya será una escala hacia un destino en Caracas. Por lo menos se ahorraría unas horas de vuelo de regreso a Bolivia, donde más temprano que tarde regresara a rendir cuentas ante la justicia y cancele sus deudas con la sociedad.