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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

¿Capitulación universal? por Alfredo Coronil Hartmann – PanamPost – 27 de Octubre 2019

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Desde que empecé a leer Historia, supongo que cuando dejé el biberón, porque no recuerdo haber hecho otra cosa en estos excesivos 76 años de existencia, trataba de imaginarme que sentirían los romanos que vivieron el fin del Imperio o los chinos ante las hordas mongolas, es decir ante el colapso final de sus mundos, de sus maneras de vivir, de comunicarse, de amar o de crear belleza, de respirar. Pero nunca intuí que me tocaría vivir algo semejante, el solo pensarlo parecía un juego de guerra o una disquisición intelectual algo ociosa.

Pero hoy, este sábado lánguido de octubre del 2019, basta extender una mirada, elementalmente lúcida -no se necesita ser politólogo-  por el entorno, no solo continental sino del globo todo, para tener la sensación profunda de que todo se está yendo al basurero, al albañal.

Los vientos de fronda no respetan poderes terrenales o espirituales; un viajero, que estuvo recientemente en Roma, me comentaba que el Sínodo de la Amazonía parecía una reunión del Foro de Sao Paulo; en Washington, el emperador de opereta, drena sus molestias –siempre por twitter- mientras abandona a sus aliados kurdos al arbitrio sangriento de Erdogan, empeñado al parecer en reconstruir  aquel Imperio otomano que por seiscientos años dominó el Asia Menor y buena parte de la Europa Central, remedo muy pobre de Solimán el Magnífico, este aspirante a Sultán de los dos Mundos ya anuncia delirante que llegará a Damasco, y ¿por qué no? tiene un ejército de primera clase, el mayor de la OTAN, después de los Estados Unidos y si nadie se le opone…

El inefable liderazgo político venezolano –es decir la supuesta oposición democrática-  establece nuevas cotas de torpeza y sumisión, Colombia arriesga deplorablemente sus avances democráticos en un coqueteo insensato con el caos. El ponderado y querido Chile pareciera deseoso de inmolarse pese a los éxitos (impensables para quienes lo conocimos pobre y escéptico de su futuro en la década de los sesenta) y suma ya diez y nueve muertos, en poco más de una semana de locura.

Bolivia, Perú, Ecuador, la Argentina pobre de cordura política, rica en todo lo demás. México en manos de un estólido y absurdo AMLO, rindiéndole pleitesía al socialismo del siglo XXI, el mismo que destruyó a Venezuela y se lleva en los cachos los menguados restos de Nicaragua y Bolivia.

Hablar de Cuba es una redundancia, sesenta años de vileza destruyen hasta esa bella isla, otrora próspera y vital, hoy convertida en la quintaesencia de la manipulación y la rapacidad, por cierto muy exitosa en su deletérea tarea.

Pero ante este Nuevo Mundo volcado al desenfreno y al disparate, podríamos pensar recurrir a la sabiduría y el ejemplo de la vieja Europa, a la Madre Patria, a aquella España en cuyos dominios no se ponía el sol  pero, en este caso, no fue que parió la abuela, sino que enloqueció totalmente, empezando por los catalanes que parecían los más serios. La pasión autodestructiva de los españoles, quienes habían realizado el cuasi milagro de una transición , logrando pasar al lado del millón de muertos de la Guerra Civil y de la eterna dictadura de Franco, logrando pasar casi indemnes, gracias a la conjunción de un grupo esclarecido de hombres y mujeres, con sentido de Estado y de Historia. Escogen al peor de sus gobernantes, al que fracasó y destruyó la bonanza económica, al babieca de José Luis Rodríguez Zapatero, como mentor y guía político de un PSOE estítico intelectual, lamentable y torpe y van de idiotez en idiotez labrándose su propia fosa y cometiendo la imbecilidad de intentar revivir a Franco, que si les llega a salir ese muerto la carrera no se va a detener en Gibraltar.

Ah, pero La France, apenas pasar los Pirineos, la Atenas de Europa, el faro cultural de Occidente, la patria de Carlos Martel que derrotó la invasión árabe en Poitiers, la hija primogénita de la Iglesia, gesta Dei per francos y todo aquello, La Marsellesa que todo hombre libre no puede oír sin emocionarse, ahora colonizada, usa babuchas, burkas y un trapero sucio. Gracias a unos cuantos gobiernos socialistas y a un complejo de corrección política  de sus intelectuales de izquierda, que casi les costó la existencia en 1939, paralizándola con un discurso pacifista a ultranza, frente al empuje belicista del nazismo y que además la hizo sorda, frente a aquellos patriotas, como De Gaulle, que se cansaron de advertir el peligro y las deficiencias de un aparato militar obsoleto y una doctrina estratégica arcaica.

Alemania, el “coco” de ayer, purulenta de una inmigración absurda y desbordada, rica en euros e industrias, en el equilibrio precario de un espectro político menguado, la señora Merkel en nada imita a Adenauer y el SPD patina y decrece electoralmente, Willy Brandt, Eber y su elenco se desdibujan. La patria de la Reforma, parece resuelta a disolverse en el Islam. Pareciera que pasaron de aquel irritante “Deutschland, Deutschland uber alles, uber alles in der Welt”, tan belicoso y tan nazi, a súcubos de las mezquitas.

La estólida y formal Inglaterra, tan seriecita, también posesa de locura, da traspiés y se enreda lastimosamente, pareciera que su única imagen coherente, es la de la anciana reina, sin Isabel II el Reino Unido parecería hoy un pub anarquizado ¡God save the Queen!

Rusia, en manos de sus mafias formadas por la KGB y China indetenible, en el rumbo fijado por Deng Siao Ping pero hipertrofiado en el más salvaje capitalismo.

Ante este panorama ¿que queda? cuales son o es, la alternativa o mejor dicho ¿hay alternativas? Yo no logro verlas, hay que reinventar un mundo, uno que sea vivible, abierto, tolerable y si no les parece frívolo, hasta con algo de buen gusto. Esa reconstrucción tomará tiempo, vidas, esfuerzos, le tocará hacerla a los hoy muy jóvenes y haciéndole una concesión al uso, será una tarea de la “derecha”; la “izquierda” sirve para romper, pero no saben pegar dos ladrillos.

No he mencionado a Brasil, allí podría darse la génesis de ese movimiento de salvamento, dependerá de muchas cosas, entre ellas de la consistencia y proyección de sus actuales gobernantes; ser estadistas es mucho más difícil que ganar elecciones, Dios los ayude. Confío en las reservas morales y profesionales del Ejército chileno, en el buen juicio de la clase dirigente colombiana, en que en los Estados Unidos surja una dirigencia seria y digna de la gravitación histórica de ese gran país, con una dirigencia política tan gris, plúmbea por decir lo menos.

No voy a decir nada de Venezuela, entre otras razones, porque no sé si existe aún o qué queda de ella. Dios le dio en exceso el más rico subsuelo de la tierra, un pueblo generoso y abierto, inteligente, pero repito no estoy seguro de que aún exista como nación.

El ser humano ama las simplificaciones, quizá por flojera, pero -por lo pronto- sabemos que el planeta, de la mano de un Santo y de un actor de westerns, San Juan Pablo II y Ronald Reagan, dió un paso decisivo hacia la democracia y la paz. ¿Cual será el legado de Francisco Iº y de Donald Trump… Está por saberse.

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