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“¿Que ocultan las fotos de Guaidó?” por José Luis Farías – La Patilla – 15 de Septiembre 2019

Si algo no podemos subestimar en el régimen usurpador, es su infinita capacidad para mentir y manipular la verdad. Así es el poder sustentado en la fuerza totalitaria de un sistema concebido para perpetuarse.

La maldad se fortalece en sus estertores hasta el grado de la sinrazón, como lo expresara Goebbels con su consigna “vamos a vencer porque tenemos que vencer”, lanzada a tres meses de la caída definitiva de Berlín el 2 de mayo de 1945.

A todas luces, la publicación de unas fotos de Juan Guaidó con paramilitares del grupo “Los Rastrojos”, es la respuesta de la tiranía para tapar la denuncia hecha el día anterior, 11 de septiembre, del plan de Chávez “de inundar los EE.UU con cocaína de la FARC.”

Según la noticia difundida por el Nuevo Herald, “El fallecido presidente Hugo Chávez orquestó la incursión de su régimen en el narcotráfico como arma de doble filo que buscaba golpear a Estados Unidos, inundando sus calles con droga, y armar a las FARC para derrocar al gobierno democrático de Colombia, según documentos de la DEA presentados en la solicitud de extradición del ex jefe de espías chavista Hugo Carvajal.”

El reportaje del diario norteamericano revela que “La solicitud de 140 páginas muestra una detallada radiografía del denominado Cartel de Los Soles, confirmando que integrantes de la cúpula chavista, como los ex vicepresidentes Diosdado Cabello y Tareck El Aissami, estuvieron en la conformación de la agrupación desde sus inicios. El documento también muestra cómo el régimen coordinó con la guerrilla los envíos regulares de toneladas de cocaína a través de territorio venezolano como arma de guerra no convencional contra Estados Unidos.”

El tenor de la información debe haber causado pánico en la dictadura. Tanto que echaron mano rápidamente de la vieja técnica de “un escándalo se tapa con otro escándalo (que si es de tu enemigo, mejor)”.

Así, al día siguiente de saberse de las andanzas de Chávez con la narcoguerrilla aparecieron, “por casualidad”, las fotografías de Guaidó.

Las imágenes al parecer habían sido tomadas el 22 de febrero pasado cuando Guaidó cruzaba la frontera por alguna trocha hacia Colombia, para encabezar el ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela, en vista de que por orden del usurpador se había prohibido su salida del país y cerrado militarmente el paso fronterizo.

Pero es ahora, siete meses después, y al día siguiente de la noticia que inculpaba a Chávez y su pandilla, cuando son difundidas y acompañadas de un descomunal show mediático de la dictadura con un desafuero inusitado y febril.

Todo bajo el mismo guión de siempre: la algarabía en el momento para acallar la noticia que los desnuda, denuncia donde los malos son sus adversarios, acusación, investigación y represión.

Desde entonces no ha descansado el fabuloso aparataje propagandístico del régimen usurpador manejado por el G2 cubano. Una operación a la cual se incorporaron supuestos opositores adversarios de Guaidó que no desperdician oportunidad para atacarlo bajo el pueril argumento de que él está obligado a saber con quién se retrata.

En la campaña de guerra sucia, propia de Goebbels, la dictadura ha puesto a circular por las redes sociales las fotos de Guaidó con la etiqueta de #Narcoproclamado para opacar la poderosa acusación contenida en el Informe de la DEA contra Chávez y sus secuaces.

El paredón moral en cuál se pretende colocar a Guaidó con la guerra sucia madurista se barniza con un toque de presunta legalidad exigiendo una “investigación” que Tarek William Saab abrió por “presuntos vínculos con narcotraficantes y paramilitares”.

Llama la atención la diligente decisión del otrora defensor de DDHH mientras se hace el pendejo con las imágenes de militares rusos vistiendo uniformes militares venezolanos

Por cierto, eso de hacerse el bolsa con los delitos “oficiales” es una vieja enfermedad de los “altos funcionarios” del régimen que ignoraron olímpicamente infinidad de acciones de Chávez y del propio Maduro para favorecer la narcoguerrilla colombiana

Todavía está fresca en la opinión pública la bienvenida a Venezuela dada por Maduro a los narcoguerrilleros Iván Márquez y Santrich, en tanto unos aplaudían y otros más apenados con semejante desfachatez apenas si alcanzaban a volver la mirada hacia otro lado.

Respecto al “Comandante Eterno” bastaría recordar que en enero de 2008 se quitó la careta con respecto a la FARC, exigió que se le quitara el calificativo de “terrorista” y se le reconociera como una “fuerza beligerante”. Aberración de la cual no se dio por enterado ninguno de los miembros del llamado Poder Moral.

Ni mucho menos cuando se supo en marzo del mismo año que el campamento guerrillero de Raúl Reyes en Ecuador fue bombardeado cuatro días después de recibir una llamada de un teléfono digital el 27 de febrero del mismísimo Hugo Chavez.

El bombardeo en el cual murió Raúl Reyes fue calificado por Chávez como un “cobarde asesinato”, montó un show movilizando tanques a la frontera y le guardó públicamente un minuto de silencio a un sujeto que tenía en su contra “varias condenas y 25 órdenes de captura por terrorismo, homicidio agravado, narcotráfico, secuestro con fines terroristas, rebelión, lesiones personales y porte ilegal de armas.”

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