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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

¡Nikolai, imita! por Humberto Seijas Pittaluga – Noticiero Digital – 15 de Mayo 2018

Unknown.jpegYa todos sabemos qué va a pasar el próximo 20-M: la gran mayoría de los venezolanos no le haremos el juego al régimen y nos quedaremos en la casa, bien lejos de los centros de votación los cuales lucirán más desolados que en la farsa anterior, cuando designaron a una fulana constituyente que nadie reconoce y cuyos integrantes son una pila de ganapanes que son conocidos solo en las casas del Psuv. Y al igual que en esa inicua ocasión, en la noche, la muy inefable Tibi saldrá al balcón con su cara muy lavada a explicarnos que votó el 95 por ciento de la población y que la “tendencia irreversible” señala que el camarada Nicolás ganó con el ochenta y dele de los sufragios; y que, en razón de eso, será la persona que ha continuar dirigiendo lo que quede de Venezuela —si es que todavía subsiste algo después de tantos latrocinios e ineptitudes— por los próximos años.

Aunque también se comenta la posibilidad de un enroque con el otro camarada, el que se las echa de opositor cuando le conviene, y por un acuerdo negociado sub rosa por personajes tan creíbles e impolutos como Timoteo y Semtei, Nikolai le pasa el testigo a Henri con la condición de que se comprometa a no revolver la podredumbre de estos larguísimos 19 años y deje salir a toda la nomenklatura con sus caudales completos y sin rendirle cuentas al soberano. Me imagino que la huida será para un lugar acostumbrado a acoger, sin preguntarles nada, a exmandatarios con grandes fortunas. Y donde abunden la diversión y las posibilidades de “inversión”, porque eso de ir a encerrarse como ermitaños en alguna de las republiquitas que ellos han financiado desde el día uno, ¡ni de vainas!

Sea la primera alternativa (que es la más probable) o sea la otra, hay algunos protocolos que habrá que cumplir. Como es el discurso ante el Legislativo rindiendo cuentas. Conociendo al pájaro por la deposición, me imagino que otra vez le harán el feo a la Asamblea Nacional y preferirán irse a contar babiecadas ante la constituyente cubana.
Y recaerán en eso de mentir descaradamente. Hablarán de las inmensas obras que construyeron (ninguna, que yo sepa), de los adelantos en educación y salud (que tampoco los lograron), de la solidez del tesoro (en minúscula porque se referirán al que tienen en paraísos fiscales).

Yo, más bien, quisiera que emularan las lecciones que dio Sucre como administrador. Pero no conocen a ese héroe. Sus superficiales conocimientos de historia patria se restringen a Zamora, Maisanta, el Agachao y Boves II. A Sucre, a Bello, a Vargas los desconocen. Por tanto, no pudieron aprender de sus ejecutorias, sus maneras de pensar en lo referido al manejo del erario, ni de su influencia en el devenir suramericano.
Ojalá imitaran al “ángel brevemente humano”, como lo bautizó el barranquillero Alfonso Bonilla-Naar, porque Sucre fue un compatriota virtuoso e inspirador. Pero eso les queda grande a quienes han estado caracterizados por el encono, el resentimiento y la codicia. Y, al contrario de estos, el vencedor en Ayacucho nunca fue vengativo; jamás permitió que su dolor personal interfiriera con la justicia de sus mandatos. Tanto, que luego de haber perdido cinco hermanos —por horribles muertes en manos de los realistas, o huyendo de ellos— el Abel de Colombia responde con la redacción del generoso tratado de regularización de la guerra por el cual cesa la Guerra a Muerte, y con las bondadosas cláusulas que, sin que se las estuvieran pidiendo, le agrega a la capitulación de Ayacucho. A los disparos de la intentona en Chuquisaca —balazos que le dejaron baldado el brazo derecho para el resto de su vida— responde con unas caballerosas palabras para la angustiada madre de uno de los acusados y un amplio y generoso perdón en favor de los magnicidas. Generoso y bueno como el que más.

Pero, a lo que vamos, que es su pulcritud en el manejo de fondos públicos. En un país como el nuestro —donde pareciera que para ser ministro o magistrado no hay que tener currículum sino prontuario; en el cual más de una centena de jerarcas tiene requisitorias internacionales— lo que hace falta es que se imponga una norma que establezca la obligación de que todos los mandatarios, en la ceremonia de entrega del cargo, le dieran lectura a la carta por la cual Sucre renuncia a la presidencia de Bolivia: “La Constitución me hace inviolable (…) Ruego, pues, que se me destituya de esa prerrogativa, y que se examine escrupulosamente mi conducta. Si (…) se me justifica una sola infracción a la ley; si las cámaras constitucionales juzgan que hay lugar a la formación de causa (…) volveré (…) a someterme al fallo de las leyes”.

Y ya que de normas para la decencia administrativa hablamos, reitero una admonición que hice hace más de una decena de años: los candidatos a todos los cargos públicos por elección, además de presentar sus cédulas y las comprobaciones de que llenan los requisitos para el cargo (Nicky, todavía no ha mostrado su partida de nacimiento) deberían consignar un cuaderno de “planas” en el que hubieran escrito mil veces, de su puño y letra, aquella frase del mensaje de Sucre al Congreso de Bolivia que señala que “…en política no hay ni amistad ni odio, sino la dicha del pueblo que se gobierna, la conservación de sus leyes, su independencia y su libertad”.

Pero no me hago muchas ilusiones…

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