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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Gallegos y vascos buscamos la democracia en Venezuela por Iñaki Anasagasti – Blog Deia – 23 de Julio 2017

6a00d8341bf85353ef01b8d192017b970c-150wiEl pasado domingo, 16 de julio, día del Carmen, Venezuela y, los venezolanos desparramados por el mundo, votaron en un 95% contra la aventura antidemocrática del presidente venezolano Nicolás Maduro de aprobar una iniciativa que convierta aquel país en un remedo dela dictadura cubana, o de la “democracia orgánica” franquista.

Ese día fui uno de los mil quinientos que votamos en Bilbao en favor de la democracia y la libertad. Nací en Venezuela, en el exilio de mis padres, y tengo la posibilidad de votar en aquel país y en Euzkadi como miles de gallegos que también así lo hicieron. Nada mejor que conocer lo que allí está pasando para repudiar una dictadura que ha quebrado al país con la ideología populista de un Podemos que sigue creyendo que con demagogia, enfrentamiento, y aplicando un marxismo fenecido, puede solucionar los complicados problemas de cualquier país. Incluso de Galicia y de Euzkadi.

Miraba yo la cola que en forma de L casi rodeaba toda la manzana y veía gente del pueblo, mucho joven, un extraordinario civismo y ganas de que sus familiares superen aquella pesadilla. Algunos me pidieron ayuda para enviar insulina y medicamentos oncológicos a un país cuyo gobierno se niega a declarar Venezuela en crisis humanitaria y por ende impide abastecer de medicinas e implementos insumos para curar a niños y ancianos. En eso han quedado las llamadas Misiones cubanas que Monedero me explicó con todo detalle cuando visité, en calidad de Observador parlamentario a unas elecciones legislativas. Allí le conocí y no sé como todavía, a un personaje como éste se le deje dar consejos sobre cómo solucionar el bloqueo de una sociedad a la que ellos han contribuido tan activamente a llevar al abismo.

En Venezuela la colectividad gallega era una fuerte referencia de trabajo, buen hacer y respeto al país. En la Hermandad Gallega, siendo presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero supe del primer plante que se le hizo al actual ex presidente cuando les visitó por la desastrosa política que llevaba a cabo su ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, una de las desgracias, y no la menor era de la de haber nombrado embajador en Caracas a uno de esos santones de la transición, Raúl Morodo, que como decimos en criollo, ponía la torta todos los días. Un fatuo que se convirtió al chavismo e hizo negocios con él. Su hijo, y la noticia saltó al ruedo hace poco, hizo sucios negocios con Petróleos de Venezuela por casi cuatro millones de euros, sin que nuestras reclamaciones traspasaran la dura coraza de un Zapatero sordo, ciego y mudo, ante lo que estaba ya ocurriendo en aquel país en tiempos de Hugo Chávez. Los gallegos en Caracas se lo dijeron con contundencia al final de los años noventa.

Y aprovecho para denunciar la obscenidad de este hombre que con su sonrisa de plástico se pone la gran medalla del pase de la cárcel de Ramo Verde a su domicilio de Leopoldo López, uno de los líderes de la oposición venezolana. Si López está donde está no ha sido por Zapatero, sino por los casi cien jóvenes asesinados en las calles de Venezuela, por la irrupción de un numerosos grupo de matones en la Asamblea Nacional cuando ésta sesionaba en un acto conmemorativo del día de la Independencia y porque Venezuela está harta de chavismo y de dictadura, y a ese hartazgo se suman de día en día los propios chavistas que no ven futuro ni para sus hijos ni para ellos.

En el local de Bilbao, donde pusimos cuatro urnas colocamos asimismo una mesa para organizar en toda España una plataforma que vaya a Madrid y de estado a estado reclame se paguen las pensiones que arbitrariamente el régimen venezolano se niega a pagar a las miles de, entre ellas gallegos y vascos, que han cotizado durante toda su vida y ahora Maduro se niega a pagarles lo que es suyo, porque no viven en Venezuela haciéndoles sufrir situaciones harto dramáticas.

A Venezuela llegó mi padre en 1939, huyendo de la dictadura franquista y de la II guerra mundial. Y no fue solo. El PNV mayoritariamente recaló en Venezuela y desde allí se mantuvo el gobierno vasco en el exilio cuando aquellos perseguidos rehicieron sus vidas en aquel generoso país que les abrió los brazos y las puertas de sus casas. Por esta razón, me indigno cuando se dice que ya está bien de hablar sobre Venezuela y nos preguntan con retintín que se nos ha perdido en aquel país. En primer lugar, un mínimo de agradecimiento y solidaridad. En segundo lugar, gritar que todas las libertades son solidarias y en tercer lugar ocuparnos de los gallegos y de los vascos que viven en aquella Tierra de Gracia, como la llamó Colón, y que piden nuestra ayuda.

Hasta el golpe de estado de Hugo Chávez, que mató al hijo de nuestro Delegado en Caracas, Venezuela era un modelo de estabilidad democrática soportada por dos grandes partidos que recibían inalterablemente el apoyo del 90% de los electores. Era una referencia emblemática aunque, a pesar de sus logros, no estaba creando una poderosa clase media sobre la que asentar con fuerza el funcionamiento de la democracia.

Acción Democrática y Copei incurrieron en pecados capitales.

1.- Incapacidad para diversificar la economía, dependiente del petróleo.

2.- Frustración del ciudadano ante el incumplimiento de promesas demagógicas en tiempos electorales.

3.- Pasar del gobierno institucional al clientelismo

4.- La Corrupción, y eso que el precio del petróleo, el presidente Rafael Caldera lo dejó a diez dólares por barril, llegando a estar con Chávez a 140.Todo ese chorro de billones se ha malgastado en corrupción y objetivos absurdos.

La historia no perdonó tales pecados y llegaron los militares, los cubanos fidelistas, los populistas, Pablo Iglesias y Monedero. Y el resultado está a la vista.

Lo llamativo y esperanzador de esta situación es que el venezolano en su desesperación ha perdido el miedo y está dispuesto incluso a perder la vida a la hora de reclamar sus derechos y que ya, lo venezolano, no es algo a tapar y esconder, sino a seguir, divulgar y apoyar internacionalmente.

Y en esta buena causa, gallegos y vascos, vamos de la mano.

 

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