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Punto de encuentro de Venezolanos votantes en Bilbao

Para los ciudadanos, el voto es el mensaje por Amado Fuguett – El Estimulo – 14 de Julio 2017

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La Consulta Popular que promueve la Asamblea Nacional para el próximo 16 de julio se convierte en el acto de protesta con mayor vinculación al mecanismo más censurado por el régimen, pero al que aspiran los venezolanos para superar la crisis: votar.
Los altos niveles de participación que se han venido registrando en la mayoría de los comicios realizados en Venezuela en épocas recientes, indican que existe un claro compromiso político ciudadano en formar parte de las soluciones a la crisis.
Esa vinculación tiene una base en la alta estima que tiene de sí mismo el venezolano en su responsabilidad política. Lo comprueba la reciente investigación de la encuestadora Delphos realizada con el Centro de Estudios Políticos de la UCAB. ¿Qué tan importante se siente como ciudadano en Venezuela? Siete de cada diez se ven como muy importantes y 1,5 como algo, y solo 1,5 como poco o nada importantes.

Y el sello democrático de esa responsabilidad se concentra en el método a través del cual el ciudadano considera más apropiado para expresarla: el voto.

La misma investigación, al igual que lo concluyen otras encuestadoras relevantes del país, refleja que una clara mayoría quiere cambio. Delphos precisa que de darse este último, el 78,6 por ciento de la gente prefiere que ocurra a través de unas elecciones.

El segundo lugar de preferencia para darse el cambio sería entre un acuerdo entre gobierno y oposición, y el tercero, a través de protestas. Ambas cobran valor si la primera opción, la del voto, es censurada y negada.

Queda claro que el ciudadano quiere transmitir el mensaje vinculante a través de su voto sobre el destino político, económico y social del país. Es el mensaje soberano consagrado en la Constitución. Ni más ni menos. El pueblo es quien decide y es el vocero de esta decisión.

Pero ese mensaje ha estado censurado, desde que el 5 de diciembre eligió una Asamblea Nacional con mayoría claramente opositora.

La primera gran censura a la expresión popular se fue entubando a través de decisiones han sido bloqueadas y desobedecidas por el Ejecutivo y el TSJ, cuyos “magistrados” fueron designados sin la anuencia de la propia Asamblea Nacional electa.

La segunda gran censura al mensaje del voto fue el cerco que construyó el Consejo Nacional Electoral al proceso de Referendo Revocatorio previsto en la Constitución. Nunca hubo tantas maniobras para bloquear una elección en Venezuela.

La tercera gran censura al voto fue la no realización de elecciones de Gobernadores por parte del CNE que constitucionalmente debían realizarse a finales de 2016.

La cuarta censura fue la decisión a finales del primer trimestre por parte del TSJ a través de la cual confiscó todas las atribuciones de la Asamblea Nacional electa por el pueblo.

El constante bloqueo al derecho a elegir y a que se respeten sus decisiones expresadas a través del voto, los ciudadanos decidieron expresarse a través de las protestas que han venido ocupando la agenda política del país.

Como respuesta a estos reclamos de la dirigencia política, de las organizaciones civiles y de la gente; el gobierno, con la venia del TSJ y del CNE, activó la quinta gran censura al voto, al convocar la elección de una Asamblea Constituyente sin la realización del referéndum previo indispensable previsto en la Constitución para poder realizar tal convocatoria, con la gravedad de que en este caso se ha hecho a través de la manipulación y desfiguración del voto a través de bases comiciales que atentan contra el derecho individual a elegir los integrantes de esta Asamblea.

LA CONSULTA, MÁS POPULAR QUE NUNCA

Ante estas grandes censuras, la Asamblea Nacional electa por el pueblo, decidió promover la Consulta Popular que se realizará este domingo 16 de julio, y que en sí misma se convierte en el acto de protesta con mayor vinculación al mecanismo que aspiran los venezolanos para superar la crisis: votar.

Los ciudadanos quieren de esta manera expresar masivamente su mensaje, lógicamente sin la plataforma de su gran censor: el CNE.

Ha tenido que organizarse para poder hacerlo, aunque siempre bajo la sombra de la censura. Como lo han querido hacer a través de la suspensión por parte de Conatel de mensajes en los que la Unidad Democrática llama y promueve esta Consulta Popular.

Este episodio censor, por cierto, se ha convertido en un gran boomerang comunicacional, pues a partir del mismo, la Consulta Popular se ha hecho más popular que nunca.

El ciudadano se reconoce con poder y responsabilidad política, y su participación en esta consulta podría convertirse en la mayor expresión de su mensaje de protesta ante la censura al voto que ha ido instalando el régimen.

 

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