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La voz de Lilian por Luisa Kislinger – Efecto Cocuyo – 13 de Julio 2017

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Lilian Tintori pasó de ser heroína planetaria de la causa liberadora de Venezuela a traidora vilipendiada en las redes sociales en un parpadeo. Agradecer a los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez su intervención en la medida de arresto domiciliario para su esposo Leopoldo López fue su mayor pecado. Pero sin adentrarnos en los entramados políticos detrás de la medida otorgada a Leopoldo, el episodio con Lilian Tintori ha servido para constatar que la sociedad venezolana sigue siendo profunda y preocupantemente machista.

Es difícil imaginarse dar las gracias a los hermanos Rodríguez por algo. Eso lo puedo entender. Porque, ciertamente, son de las caras más visibles del cinismo y la opresión del régimen de Nicolás Maduro. Pero para bien o para mal, Lilian lo hizo. Sus razones tendría. Y es que sólo ella y su familia conocen su camino. Sólo ella y su familia conocen su dolor. No creo recordar otra situación donde la máxima “quien juzgue mi camino, le presto mis zapatos” sea más aplicable.

Pero los ataques y la manera en la cual numerosas personas se refirieron a ella en las redes sociales son sintomáticos de una sociedad donde las expectativas sociales en torno a las mujeres siguen ancladas en el siglo antepasado, juzgando en base a estereotipos tradicionales (y dañinos) de género que confinan lo femenino al ámbito privado del hogar y la maternidad, y desde los cuales lo esperado es que las mujeres no emitan opinión, máxime si son parejas de hombres socialmente prominentes como Leopoldo.

Por si decirle a Lilian traidora y vende patria fuera poco, cosas que a mi modo de ver no lo es, le dicen que tiene que mantenerse callada
Por si decirle a Lilian traidora y vende patria fuera poco, cosas que a mi modo de ver no lo es, le dicen que tiene que mantenerse callada; que cuando vaya a hablar debe pedir la autorización de su marido quien es el verdadero político; que en política las parejas deben tener un rol pasivo tras bastidores que ella no ha sabido entender. Que mantenga la boca cerrada. Que regrese a la cocina que es donde siempre ha pertenecido. La comparan con Winnie Mandela con quien, más allá de ser esposa de un preso político, poco tiene en común.

Lilian queda reducida, pues, a un accesorio de su destacado marido, a perrito faldero sin derecho a opinión propia sea esta popular o no. Se le exige que sea “esposa” y no ciudadana. Acompañante y no política. Ser la sombra y cuidadora porque su esposo ya está en casa. Lo curioso es que mientras recorría el planeta entero llevando la causa de Leopoldo y del país, fue bien vista y aplaudida. Y nadie pareció dudar de su rol como madre, aún cuando sus hijos no la acompañaban en sus prolongados periplos.

Lilian rompió el estereotipo al decidir no quedarse callada y decir lo que piensa. Y una parte de la sociedad, esa misma que quiere un país nuevo en base a la justicia y la igualdad, le cobra sin clemencia mientras continúan aferrados a esquemas discriminatorios y vejatorios de los derechos más elementales de las mujeres.

Todas las posibles explicaciones de por qué habló y dijo lo que dijo obvian el hecho de que ella tiene una voz propia
Todas las posibles explicaciones de por qué habló y dijo lo que dijo obvian el hecho de que ella tiene una voz propia con la que se puede estar o no de acuerdo. Quienes están en desacuerdo con ella, ¿no pueden simplemente decirlo sin necesidad de anularla como ciudadana y ser pensante? Parece que no. Porque cuando la voz no cuadra con el deber ser de la esposa sumisa que cumple con las expectativas que hay de ella, resulta que no sirve. Así que mejor mandarla a desaparecer detrás de alguna labor doméstica, no importa cuál. Porque ese sí que es su rol.

Vergonzoso sexismo que nos llama a la reflexión de cómo somos y seguimos siendo vistas todas las mujeres en nuestra sociedad.

 

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