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Historia de una traición (II) porFernando Ochoa Antich – El Nacional – 12 de Febrero 2017

Unknown-1.jpegEn mi anterior artículo mantuve que la insurrección militar del 4 de febrero de1992 fue una doble traición al violarse el juramento militar que obliga éticamente a los soldados, sin consideración de grado y empleo, a defender la Patria y sus instituciones e irrespetar el principio mutuo de lealtad entre superiores y subalternos. Hugo Chávez supo en la tarde del 3 de febrero que su traición había sido develada y se había ordenado el acuartelamiento de la guarnición de Caracas. Este hecho limitaba la posibilidad de que las unidades comprometidas pudieran incorporarse a la insurrección. Él sabía de antemano que el movimiento iba a fracasar. Esta realidad le fue confirmada cuando los oficiales comprometidos de la Guardia de Honor no lograron detener al presidente Pérez en el aeropuerto de Maiquetía. Este convencimiento, fue lo que lo condujo a tomar la carretera vieja de los Teques, en vez de la autopista Regional del Centro, como lo establecía la orden de operaciones Ezequiel Zamora, lo cual si hizo el batallón Chirinos. El colmo de su irresponsabilidad y cobardía fue pasar con su Unidad por las cercanías de Miraflores, en el momento en que se había iniciado el combate a las puertas de Miraflores, y no apoyar con su batallón al pequeño grupo de oficiales y soldados pertenecientes al batallón Ayala, que combatían con el regimiento de la Guardia de Honor. Esa misma actitud la mantuvo hasta que se rindió. Esa fue la razón fundamental del fracaso de la insurrección del 4 de Febrero. Sigamos…

¿Cómo logró el presidente Pérez salir de la Casona antes de ser atacada por una compañía de paracaidistas del batallón Chirino?

Al percatarme de que el rumor del atentado era en realidad una insurrección militar, llamé a La Casona para informar al presidente Pérez. Eran las 11:35 pm Me atendió el centralista. Esperé que lo localizara. A los pocos minutos me informó que el presidente Pérez no atendía el teléfono. Le insistí en la urgencia de despertarlo. Aproveché esos minutos para llamar por el intercomunicador al comando del Cuartel General del ministerio de la Defensa. Me atendió su comandante, coronel Roberto Moreán Umanés. Le ordené aplicar el plan de defensa inmediata del Ministerio de la Defensa. En ese momento, escuché la voz de Carolina Pérez, una de las hijas del presidente de la República. Le expliqué lo que ocurría. Con rapidez despertó a su padre. Por fin pude escuchar la voz del presidente Pérez. Le informé del alzamiento de la compañía de vehículos blindados en Fuerte Mara. De inmediato me ordenó: “Salga usted hacia el Ministerio de la Defensa, que yo me trasladaré a Miraflores”. El presidente fue a la sala de edecanes y ordenó que se preparara la caravana. Al darse cuenta de que pasaban unos minutos sin que llegara la escolta, decidió salir sin ella para Miraflores acompañado por el chofer y el edecán. La compañía de paracaidistas del batallón Chirinos, comandada por el capitán Miguel Rodríguez Torres, quien había iniciado el despliegue de su unidad para atacar la residencia presidencial, vio pasar el automóvil, pero creyeron que el presidente Pérez no viajaba en él. Inmediatamente me comuniqué con los comandantes de la Armada, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, ordenándoles dirigirse a sus respectivos comandos. Curiosamente, no pude localizar al general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército.

¿Qué razones incidieron para que el presidente Pérez fuera cercado en Miraflores por las tropas insurrectas?

El palacio de Miraflores cuenta para su seguridad con el Regimiento de la Guardia de Honor, unidad compuesta por más de 1.500 efectivos y con un importante poder de fuego. Inmediatamente después de que le comuniqué al presidente Pérez del alzamiento de una compañía del batallón Aramendi en el estado Zulia, el edecán de guardia conoció de dicha novedad y se la transmitió al jefe de la Casa Militar, vicealmirante Iván Carratú Molina, quien lamentablemente no ordenó al mencionador la activación del plan de defensa inmediata de las instalaciones del palacio presidencial. Si lo hubiese hecho, la unidad que lo atacó habría tenido que combatir con efectivos de la Guardia de Honor en el perímetro de Miraflores, sin amenazar la seguridad del presidente de la República. El no hacerlo permitió que los tanques lograran violentar la reja de la prevención de Miraflores y entraran en sus calles interiores, controlando el túnel subterráneo que comunica el palacio presidencial con el Regimiento de la Guardia de Honor. En esos momentos, Miraflores fue defendido por 20 soldados que prestaban el servicio nocturno en el Palacio y los miembros de la Casa Militar y Civil del presidente de la República, quienes combatieron con gran valor en la propia antesala presidencial hasta lograr repeler el ataque con varias bajas de parte de los atacantes. El combate entre los efectivos leales y las tropas insurrectas continuó por varias horas.

¿En qué momento decide el presidente Pérez dirigirse a la Nación?

La situación a la 1:00 am del 4 de febrero, era realmente comprometida. El presidente de la República se encontraba sitiado en el Palacio de Miraflores, recibiendo fuego de una unidad blindada; el Ministerio de la Defensa y la Comandancia del Ejército estaban rodeados por una compañía del Regimiento Codazzi; un batallón de paracaidistas había tomado la Comandancia de la Aviación y detenido a su comandante, general Eutimio Fuguet Borregales, y a su Estado Mayor; la Brigada Blindada se había insurreccionado en Valencia; la Comandancia de la Armada estaba siendo atacada por una compañía de Paracaidistas; el general Juan Antonio Paredes Niño, comandante de la Base Libertador había sido detenido por oficiales sublevados; Maracay continuaba incomunicado; en Maracaibo se habían insurreccionado los grupos de Artillería Monagas y Freites. La Tercera División de Infantería, acantonada en Caracas, permanecía leal y dispuesta a combatir. Al recibir la información de que una unidad de tanques se dirigía hacia Caracas tomé la decisión de hablar con el presidente Pérez. El diálogo fue el siguiente:

—Presidente, es necesario que usted se dirija a los venezolanos

—Ochoa, estoy totalmente rodeado en el Palacio de Miraflores. Sería imposible salir. Me detendrían de inmediato o me dispararían.

—Es verdad presidente, pero la situación es de tal gravedad que tiene que hacerlo. Si usted no se dirige al país, el gobierno está derrocado.

—¿Es tan delicada la situación?

—Sí presidente, la situación es de inmensa gravedad.

—¿Y por donde salgo, Ochoa?

—Por los túneles, presidente. Debe de haber alguna puerta sin control.

—Lo haré, Ochoa. Es mi responsabilidad.

Lo hizo con gran valor personal y su palabra fue el factor fundamental en la derrota de la insurrección militar.

¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos hasta el momento en que Hugo Chávez decidió rendirse?

La imposibilidad que tuve de comunicarme con el general Pedro Rangel Rojas durante toda la insurrección me obligó a llamar directamente al comando de la Tercera División de Infantería para hablar con su comandante, general Jorge Tagliaferro de Lima. El guardia de comando me informó que el general Tagliaferro se había dirigido a la sede del batallón Ayala. Entendí que algo anormal sucedía en dicho batallón. En ese momento se abrió la puerta de mi despacho. Era el almirante Elías Daniels, Inspector General de las Fuerzas Armadas. Le informé lo que ocurría. También entró el coronel Moreán a informarme que una unidad de ingenieros tenía rodeado el ministerio de la Defensa y había intentado tomar el Comando del Ejército. Le ordené al coronel Moreán, que acompañado del teniente coronel Diego Moreno, comandante del Batallón Caracas, tomara el mando directo de las tropas con el objeto de evitar cualquier deslealtad de algún oficial o suboficial comprometido en el alzamiento. De inmediato llamé al general Luis Oviedo Salazar, comandante de la 31 Brigada de Infantería. Escuché su voz a través del intercomunicador. Me sentí un poco más tranquilo. De inmediato, me informó la situación. Como temía, el Batallón Ayala se había sublevado, aunque una parte había permanecido leal. Igual ocurría con el Grupo de Artillería Ribas. Antes de terminar su información lo interrumpí. “¿El Batallón Bolívar se mantiene leal?” “Sí, mi general”. Esa última información me permitió confiar en la posibilidad de controlar la situación en el menor tiempo posible, pues conocía la capacidad de combate de esa unidad. Continuaremos…

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