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Humberto García Larralde: “El Gobierno no tiene respuesta frente a la inflación”; por Víctor Salmerón – ProDaVinci – 9 de Febrero 2017

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Después de tres años de inmersión continua y un empobrecimiento que multiplica la desnutrición infantil, la magnitud del desastre que arrasa con la economía venezolana ya no es el tema principal. La interrogante de fondo es por qué el presidente Nicolás Maduro se niega, o está imposibilitado, de cambiar el rumbo. Humberto García Larralde, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, aborda este aspecto de la coyuntura y analiza las variables que, desde su punto de vista, no permiten avizorar un alivio en el corto plazo. No duda en señalar que el Gobierno está manejado por un grupo privilegiado que expolia al país mientras desde el poder se vocifera un discurso irracional, alejado de la realidad, típico de una secta fanática.

La mayoría de las proyecciones contemplan un precio promedio del petróleo entre 45 y 50 dólares para este año versus 35 dólares en 2016. ¿Qué tanto puede respirar la economía con ese incremento en el ingreso? ¿Se detendrá el severo recorte de importaciones?
PDVSA tiene una cantidad de pagos pendientes, de deudas, de problemas para mantener la producción; no olvides que estamos importando gasolina y petróleo liviano. Todo esto hace que sea como una especie de esponja seca. Aun suponiendo que los precios del petróleo mejoren por el recorte de producción y este año registren un promedio cercano a cuarenta y cinco dólares, los compromisos de PDVSA van a absorber una porción importante de esos ingresos. Muy poco se va a transformar en importaciones extra.

Otro tema relevante es que este año hay que cancelar unos 9.500 millones de dólares por vencimiento de deuda externa. ¿El Gobierno va a seguir privilegiando a quienes tienen estos bonos en sus portafolios a costa de tener una economía que —sin un aumento relevante de las importaciones que garantice materia prima a las empresas— no va a crecer o a lo sumo lo hará de forma raquítica?
Por el malísimo manejo de la economía, la caída de los precios del petróleo, la falta de transparencia, los intereses que tienen que pagar PDVSA y la República para endeudarse son astronómicos. En este momento Venezuela no tiene crédito internacional. La razón por la que no se declara el default o se produce una renegociación de la deuda presionada por el Gobierno puede tener muchas explicaciones, yo no me negaría a pensar que buena parte de la deuda está en manos venezolanas, en bancos que han favorecido al Gobierno y lo menos que les interesa es una renegociación considere una rebaja del monto que se les adeuda. Debe haber un acuerdo tácito entre los bancos nacionales y el Gobierno para que no se deje de pagar.

Aparte del vencimiento de bonos, el Gobierno tiene pendiente el pago al sector privado de un importante monto por concepto de importaciones no liquidadas que Ecoanalítica calcula en 11 mil millones de dólares. A esta cantidad se suman 4.000 millones de dólares por dividendos que las empresas extranjeras en el país no han podido repatriar y 9.000 millones de dólares por deudas con empresas mixtas y proveedores que se desenvuelven en el sector petrolero. ¿Esto no indica que es urgente un plan para reestructurar todos los pasivos y obtener financiamiento en dólares?
Obvio. No hay forma de que el país se recupere con esa serie de compromisos y la poca capacidad de pago que tiene tras la caída de los precios del petróleo y porque nadie lo quiere financiar. Entonces, se necesita un plan financiero completo que contemple negociar préstamos en cantidades significativas con organismos financieros internacionales, una reestructuración de la deuda que aplane los picos de vencimiento, y dinero fresco para restablecer el flujo de maquinarias, de insumos y de materia prima que son imprescindibles para que la economía respire.

¿Está el Gobierno en condiciones de diseñar ese plan? ¿Tiene los ministros, el liderazgo necesario para impulsarlo, o le es imposible hacerlo y Venezuela seguirá en un ciclo de recesión o de crecimiento endeble?
Este Gobierno está incapacitado para hacer una negociación de esa naturaleza porque significaría renegar de todo lo que ha pretendido hacer en materia económica. A esto se añade que Maduro no tiene liderazgo propio. Es un designado, y lo único que puede hacer para mantener la cohesión en medio de las pugnas internas, de las apetencias, es decir que cumplirá de manera estricta las políticas heredadas de Hugo Chávez. Otro factor a considerar es que Maduro está preso de los poderosos intereses creados en torno a la intervención del Estado, de los controles que permiten que se amasen enormes fortunas.

Sólo en el segundo semestre de 2016 el financiamiento del Banco Central a PDVSA se incrementó de 946 mil 719 millones a 4,5 billones de bolívares, es decir, un aumento de 375 por ciento que elevó la presión inflacionaria. El BCV no ha difundido la inflación de 2016 pero un reporte de Reuters indica que cerró en torno a 800 por ciento. ¿Si este año hay elecciones de gobernadores y el Gobierno decide financiarse en mayor medida con emisión de dinero, ¿no estaríamos más cerca de una hiperinflación?
Claramente el riesgo existe. Pérez Abad contuvo la emisión de dinero y de esta forma disminuyó un tanto la tasa intermensual de la inflación y aguantó al dólar paralelo, aunque a costa de contribuir a deprimir más la economía y crearle severos problemas de caja a PDVSA. Tras ser destituido como vicepresidente de economía, nuevamente se utilizó con intensidad la emisión de dinero y aumentó la presión inflacionaria. El punto clave para ir a una hiperinflación es cuando nadie quiere conservar bolívares. Inmediatamente se gastan o se emplean para comprar dólares. Y el elemento central es indexar los salarios, algo que hasta ahora afortunadamente no ha ocurrido. Si esto comienza a pasar, estaríamos yendo a una inflación de dos mil o tres mil por ciento.

¿No hay una especie de trampa en el sentido de que si acabas con el financiamiento del Banco Central se profundiza la recesión, pero si recurres a esta práctica hay una inflación muy alta? ¿Un círculo vicioso donde eliges entre más recesión o inflación?
La solución es global, un ajuste que contemple distintas áreas, disminuir o eliminar el financiamiento monetario, reducir el déficit fiscal, liberar la economía, pedir financiamiento externo, un tipo de cambio de equilibrio. No es cortar de la noche a la mañana el financiamiento monetario, esto tendría que ser parte de un plan global que garantice que la economía responda.

El Gobierno no ha presentado ningún plan para contener la inflación, al punto de que lo único que uno podría pensar que puede actuar en ese aspecto es el descenso del consumo y que el aumento del petróleo permita disminuir la emisión de dinero por parte del BCV. ¿Por qué cree que se obvia por completo la necesidad de contener la inflación?
Porque el Gobierno no tiene ninguna respuesta, esconde su incapacidad con el subterfugio de la guerra económica, así remite el problema a una conspiración y al comportamiento no patriota de la gente, que compra o especula.

¿Cómo evalúa el cambio de gabinete, el nombramiento de Ramón Lobo como ministro de Finanzas y de Ricardo Sanguino como presidente del Banco Central? ¿Cree que habrá algún cambio de política?
El Banco Central ya no ejerce un rol institucional —regular la masa monetaria, preservar el poder adquisitivo del bolívar—, tiene un papel político y Ricardo Sanguino, más que un economista, es un militante que cumple las órdenes que le imparten. En el Ministerio de Finanzas va a ocurrir lo mismo.

Carlos Dorado, presidente de Italcambio, ayudó a crear un sistema que busca disminuir el tipo de cambio en la frontera con la venta de pesos colombianos. Llama la atención que este representante del empresariado no ha hecho ningún planteamiento de fondo en materia cambiaria. No mencionó temas como la caída de las reservas internacionales, la sobrevaluación de la tasa de 10 bolívares por dólar, la inconveniencia de un sistema de cambios múltiples, el fracaso del control de cambio, y se sumó a la idea del Gobierno de que lo principal es atacar a la página web DolarToday que difunde la tasa paralela. ¿Estamos ante un reacomodo de la relación entre miembros del sector privado y el madurismo?
Diría que se ha acentuado la propensión que siempre ha existido en el sector privado de buscar renta. En los gobiernos anteriores también hubo un Estado repleto de dinero por el ingreso petrolero y con discrecionalidad para asignar esos recursos a través de créditos, exoneraciones de impuestos, aranceles; eso hace que el empresario sepa que buena parte de su posibilidad de obtener renta tiene que ver con el Estado. Eso se ha exacerbado. Maduro y Chávez han sacado lo peor de la clase empresarial venezolana. Han arrinconado a los mejores y le han dado oportunidad a quienes buscan arrimarse al Gobierno para garantizar negocios.

¿Cree que la nueva junta directiva de PDVSA es capaz de detener el descalabro de la producción petrolera, que de acuerdo con la información suministrada de manera oficial a la OPEP en 2016 descendió 11,7%?
No conozco a las personas, pero ninguno es experto petrolero. Se designó a una vicealmirante no por su experticia sino porque viene a representar a los militares. PDVSA es una empresa desmantelada, que se dedicó a actividades que la hicieron abandonar su negocio medular, que tuvo una hemorragia terrible de mano de obra calificada y donde es evidente el malestar creciente de los trabajadores porque el salario no les alcanza, aparte de problemas con las empresas mixtas. PDVSA necesita una reestructuración profunda y los incrementos en el precio del petróleo difícilmente van a ser suficientes para rescatarla.

Es curioso que Maduro continúe recurriendo al sector militar que ha sido desastroso en la administración de los alimentos, de los dólares y de las áreas de la economía en las que han estado al frente. ¿Cree que es una apuesta del presidente Maduro o que simplemente el sector militar reclama más poder?
El sector militar ha adquirido muchísimo poder. Hay quienes dicen que Venezuela es una dictadura militar cobijada en una retórica revolucionaria. Uno de los grandes aportes que Chávez le hizo a los militares fue disfrazarlos de revolucionarios o herederos de Bolívar para que instalasen una dictadura militar como lo están haciendo, a través del control progresivo del poder.

Y en ese entorno florece una economía que favorece los manejos turbios.
Cuando tienes una economía que funciona de manera opaca, sin rendición de cuentas, con controles que se aplican de manera discrecional y leyes con un alto poder sancionatorio se crean enormes oportunidades para enriquecerse de la noche a la mañana.

La diferencia entre el precio al que se consiguen muchos bienes y el regulado, el contrabando de gasolina, el abismo entre los tipos de cambio oficiales y el mercado paralelo, dan una idea de las inmensas oportunidades para ganar con el arbitraje, la sobrefacturación y el desvío de recursos. ¿Las ganancias de esos grupos, que usted ha llamado en sus escritos “oligarquía”, se fundamentan en una madeja de intereses que hacen muy difícil un cambio de política económica?
Por supuesto, por eso es que el Gobierno no rectifica. Desde luego uno imagina que hay mucha lucha interna porque los grupos tienen intereses particulares y hay múltiples complicidades. Esa es una madeja de intereses atrincherados y que son los primeros en tratar de evitar cualquier cambio de política que desmantele estas irregularidades. Si se abriera la economía a un sistema de precios no controlados, a la iniciativa privada, habría un giro de ciento ochenta grados porque estos grupos perderían poder. Esta gente expolia al país porque está en los nodos de decisión que tienen que ver con los controles, las sanciones, en un ambiente donde no hay transparencia.

En sus artículos menciona que la conducta de esta oligarquía trasladó la dinámica política y el acontecer económico al mundo de lo irracional. ¿No existe la racionalidad de permanecer en el poder a toda costa?
Este Gobierno concibe la política como una guerra, la prioridad no es resolver la crisis económica sino permanecer en el poder y entonces todo es válido. Se busca mantener galvanizada a la población que aún los apoya con cualquier tipo de argumentos, así no tengan relación con la realidad. Lo que queda del chavismo es una especie de secta fanática unida por una razón mágico-religiosa del Comandante Eterno. Ha perdido todo contacto con la realidad, estamos en el mundo de lo irracional. La realidad no es un dato para la toma de decisiones, el tema es cómo permanecer atrincherado en el poder.

¿La imagen falsa no incluye a un Gobierno que supuestamente combate a la oligarquía, que canta oligarcas temblad?
Ellos son la oligarquía, el chavismo se convirtió en una oligarquía expoliadora con algo de base popular.

¿Se le ha ofrecido al país un proyecto económico como alternativa al chavismo?
Pertenezco a un grupo de economistas donde hemos coincidido en los lineamientos generales de ese proyecto y hay una lógica que es fácil defenderla. En el corto plazo eliminar la inflación y los desequilibrios, una política social, ir a una economía que se sustente en la competitividad lo cual implica quitarle el rol intervencionista al Estado.

¿Se lo han planteado a los políticos de oposición?
Hemos tenido encuentros, pero el problema está en que el elemento central es que la renta petrolera se coloque en fondos blindados, con reglas de juego que formen parte de un acuerdo nacional para atender necesidades sociales, infraestructura, servicios, constituir un fondo de estabilización. Y esa no es una propuesta agradable para los políticos porque el gran premio al llegar al poder es manejar la renta de manera discrecional, hay que quitarles ese manejo discrecional y crear instituciones que impidan el uso de los recursos con fines políticos. Y la economía tendría que funcionar con base a la competitividad y no por la búsqueda de renta.

¿No cree que ha faltado un discurso alternativo al chavismo, que la oposición no tiene una propuesta clara?
Coincido contigo, pero hay que ver al sector opositor. Hay una variedad muy grande de partidos, algunos tienen la mente en el pasado, con la idea de regresar al sistema anterior, rescatar las instituciones, corregir desequilibrios económicos, pero no entienden cómo superar el tema del rentismo.

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